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Miranda y su cornudito 36 - orgia familiar de cumpleaños

Miranda sonrió con morbo maternal y decidió cambiar el orden.
—Ahora le toca a Camilita, mi nenita más chiquita —dijo con voz suave pero firme—. Papá va a follarte el culito esta noche.
Camilita se sonrojó intensamente, pero obedeció. Se puso en cuatro patas sobre el sillón, levantó su vestidito blanco corto y ofreció su culito pequeño y respingón. Miranda escupió en la verga pequeña de Eduardo y la guió hasta la entrada del ano de su hija trans.
—Despacio, mi amor… es el culito de tu nenita —susurró Miranda.
Eduardo empujó. Su pene pequeño entró lentamente en el ano apretado de Camilita. La nenita soltó un gemido aniñado y tembloroso cuando sintió a su propio padre penetrándola por el culo.
—Papá… te tengo adentro… en mi culito… —gimió Camilita con voz suave y avergonzada.
Eduardo empezó a moverse con embestidas cortas y suaves, follándola analmente mientras sus manos temblaban sobre las caderas de su hija. Al mismo tiempo, Carla y Juana se acercaron por ambos lados.
Miranda les ordenó con voz ronca:
—Besá a su papi, nenitas. Besos bien sucios y asquerosos.
Carla y Juana obedecieron. Se inclinaron sobre su padre y empezaron a besarlo con lengua profunda y babosa. Eduardo gemía dentro de los besos mientras follaba el ano de Camilita. Las tres lenguas se enredaban de forma caótica y pervertida: padre besando a sus dos hijas mayores mientras penetraba analmente a la más chica.
Los besos eran asquerosos y desesperados: saliva corriendo por las barbillas, lenguas chupándose, gemidos compartidos. Carla y Juana besaban a su papá con pasión incestuosa, mientras Camilita gemía bajito cada vez que su padre empujaba dentro de su culito.
Miranda, sentada al lado, observaba todo con orgullo. Metió una mano entre las nalgas de Carla y otra entre las de Juana, y les introdujo un dedo en el ano a cada una al mismo tiempo.
—Así… mis putitas —susurró mientras movía los dedos dentro de los culos de sus hijas mayores—. Mamá les mete los deditos en el orto mientras papá le folla el culito a Camilita y las besa a ustedes.
Carla y Juana gemían dentro de los besos con su padre. Sentían los dedos de su mamá moviéndose dentro de sus anos mientras besaban a Eduardo con lengua profunda y babosa.
Eduardo estaba completamente perdido en el placer y la culpa. Follaba el ano apretado de Camilita con su verga pequeña, besaba de forma asquerosa a Carla y Juana, y sentía cómo su esposa les metía los dedos en el culo a sus otras hijas.
“Estoy follándole el culo a mi propia hija trans… mientras beso con lengua a sus hermanas… y su mamá les mete los dedos en el ano… Soy un monstruo… un pervertido… un mal padre… pero no puedo parar… se siente tan prohibido… tan rico…”
Miranda seguía moviendo los dedos dentro de los anos de Carla y Juana, hablando con voz maternal y sucia:
—Besense más rico con papá, nenitas… metanle la lengua hasta la garganta… mientras mamá les juega con el culito. Esta noche papá tiene permiso para usarlas… aunque mañana vuelva a ser nuestra putita pasiva.
Camilita gemía bajito, empujando su culito contra la verga de su padre:
—Papá… me estás follando el culito… se siente raro… pero me gusta un poquito…
Los besos entre Eduardo, Carla y Juana eran cada vez más babosos y desesperados. Saliva chorreaba por sus barbillas mientras Miranda les metía los dedos más profundo en el ano a las dos hermanas mayores.
La orgía familiar estaba en su punto más intenso y depravado.


Una ves penetradas las tres necas la noche siguio:


Escena 1: Eduardo follándola analmente a Carla mientras Juana y Camilita se besan y lamen
Miranda hizo que Carla se pusiera en cuatro patas sobre el sillón, con el culo bien levantado. Eduardo se colocó detrás de su hija mayor y, con la ayuda de Miranda, metió su verga pequeña en el ano de Carla.
—Así, mi amor… metésela por el culito a tu hija mayor —susurró Miranda, guiando la penetración.
Eduardo empujó y su pene entró en el ano apretado de Carla. Empezó a follarla analmente con embestidas cortas pero constantes. Carla gemía bajito, sintiendo la verga de su padre dentro de su culo.
—Papá… me estás follando el ano… —susurró, con la voz entrecortada.
Mientras tanto, Miranda ordenó a las otras dos:
—Juana y Camilita, pónganse frente a Carla y bésense rico. Lámense la lengua mientras papá le rompe el culito a su hermana.
Juana y Camilita se arrodillaron frente a Carla y empezaron a besarse de forma profunda y babosa. Sus lenguas se enredaban, saliva corría por sus barbillas, y gemían dentro del beso mientras veían cómo su padre follaba analmente a Carla.
Miranda se sentó al lado y metió un dedo en el coño de Carla mientras su marido la sodomizaba.
—Gemí más fuerte, Carla… dejá que papá te sienta el culo. Juana, metele la mano a Camilita en el ano mientras la besás… quiero ver cómo se tocan mis nenitas.
La escena era caótica y pervertida: Eduardo follaba el ano de Carla con su verga pequeña, Miranda le metía un dedo en el coño, y Juana y Camilita se besaban con lengua mientras se masturbaban mutuamente.
Carla gemía:
—Papá… se siente raro… pero seguí… follame el culo…
Escena 2: Eduardo penetrándola vaginalmente a Juana mientras las otras la lamen
Miranda cambió de posición. Hizo que Juana se acostara boca arriba en el sillón, con las piernas abiertas y levantadas. Eduardo se colocó entre sus piernas y metió su verga pequeña en el coño apretado de su hija del medio.
—Ahora follá el coñito de Juana, mi amor —dijo Miranda—. Sentí lo apretadito que es.
Eduardo empezó a penetrarla vaginalmente con embestidas suaves. Juana gemía y arqueaba la espalda.
—Papá… estás adentro de mí… en mi coño… —susurró, sonrojada.
Miranda ordenó a las otras:
—Carla y Camilita, vengan y laman las tetitas y el clítoris de su hermana mientras papá la folla.
Carla y Camilita se inclinaron sobre Juana. Carla le chupaba las tetitas pequeñas y Camilita lamía su clítoris mientras Eduardo la penetraba. Juana gemía fuerte, sintiendo la verga de su padre en el coño y las lenguas de sus hermanas en su cuerpo.
Miranda se acercó y besó a su marido en la boca mientras él follaba a Juana.
—Mirá cómo tus hijas se lamen entre ellas… qué familia más puta tenemos. Follala más fuerte, mi mariquita… hacela gemir.
La escena era intensamente lésbica e incestuosa: Eduardo follaba vaginalmente a Juana, mientras Carla y Camilita la lamían y besaban por todos lados.
Escena 3: Eduardo follándola analmente a Camilita mientras las tres hermanas se besan en un beso triple y Miranda dirige
Miranda puso a Camilita en cuatro patas sobre la alfombra. Eduardo se arrodilló detrás de su hija trans y metió su verga pequeña en su culito apretado.
—Ahora follá el culito de tu nenita trans, mi amor —ordenó Miranda—. Es el más chiquito y apretado.
Eduardo empezó a penetrarla analmente. Camilita gemía con voz aniñada:
—Papá… me estás follando el culito… se siente raro…
Miranda hizo que Carla y Juana se arrodillaran frente a Camilita.
—Las tres, dense un beso triple. Lengua con lengua, bien baboso.
Carla, Juana y Camilita juntaron sus bocas en un beso triple desordenado y sucio. Las tres lenguas se enredaban, saliva corría por sus barbillas, y gemían dentro del beso mientras Eduardo follaba analmente a Camilita.
Miranda se sentó al lado y metió un dedo en el ano de Carla y otro en el de Juana mientras observaba.
—Besense más rico, mis putitas… mientras papá le rompe el culito a Camilita. Quiero ver cómo mis tres hijas se besan como lesbianitas mientras su padre las usa.
El beso triple se volvió más baboso y desesperado. Eduardo follaba el ano de Camilita con embestidas cortas, mirando cómo sus tres hijas se besaban con lengua frente a él. Miranda seguía metiendo los dedos en los anos de Carla y Juana, dirigiendo toda la escena.
—Así… esta es nuestra familia perfecta —susurró Miranda con orgullo—. Papá follándolas… y mis nenitas besándose entre ellas como putitas incestuosas.
Eduardo gemía, abrumado por el placer y la culpa, mientras follaba analmente a su hija trans y veía a sus otras dos hijas besándose de forma asquerosa y lésbica.


Miranda no aguanto mas y se unio a la accion....




Escena 1: Miranda uniéndose con fetiche de pies
Miranda se quitó el corsé y quedó completamente desnuda, sus tetas enormes y pesadas balanceándose. Se sentó en el sillón y levantó sus pies descalzos.
—Vení, Carla… besale los pies a mamá mientras papá te sigue follando el culo.
Carla, todavía empalada en la verga pequeña de su padre, se inclinó hacia adelante y empezó a besar y lamer los pies de su mamá. Chupaba los dedos uno por uno, pasaba la lengua por las plantas suaves y calientes de Miranda.
Miranda gemía de placer y le metía los dedos de los pies más profundo en la boca de su hija.
—Así… chupá bien los piecitos de mamá… sos mi nenita putita… mientras tu papá te rompe el orto.
Eduardo seguía penetrando analmente a Carla, pero ahora miraba cómo su hija mayor le chupaba los pies a su esposa. Miranda extendió el otro pie hacia Juana.
—Juana, vení vos también… lameme el otro pie.
Juana se arrodilló y empezó a lamer el pie de su mamá, chupando los dedos con devoción. Las dos hermanas mayores le lamían los pies a Miranda mientras Eduardo follaba el culo de Carla.
Miranda sonreía con morbo:
—Qué lindo… mis dos hijas mayores chupándome los pies como perritas mientras papá les da verga… esto es amor familiar.
Escena 2: Miranda y sus hijas en cadena de chupada de culo (fetiche rimming)
Miranda se puso en cuatro patas sobre la alfombra, levantó su culo grande y maduro y ordenó:
—Ahora quiero que me chupen el culo. Las tres. En cadena.
Camilita fue la primera. Se arrodilló detrás de su mamá y empezó a lamerle el ano con su boquita aniñada, metiendo la lengua lo más profundo que podía. Miranda gemía de placer.
—Más adentro, mi nenita… chupá el culito de mamá…
Luego le tocó a Juana. Se colocó detrás de Camilita y empezó a lamerle el ano a su hermanita trans mientras Camilita seguía lamiendo el de Miranda. Finalmente, Carla se puso detrás de Juana y le lamió el ano a su hermana.
Eduardo miraba todo desde el sillón, su verga pequeña dura y goteando. Miranda lo miró y le ordenó:
—Vení, mariquita… vos también. Ponete detrás de Carla y laméle el culo mientras ella me chupa el mío.
Eduardo obedeció. Se arrodilló y empezó a lamer el ano de su hija mayor mientras las cuatro mujeres formaban una cadena de rimming incestuoso: Miranda → Camilita → Juana → Carla → Eduardo.
Los gemidos llenaban la sala. Lenguas entrando en anos, saliva chorreando, gemidos de placer.
Miranda gemía más fuerte:
—Qué familia más puta… todas chupándonos el culo entre nosotras… esto es lo que quiero para siempre.
Escena 3: Miranda dirigiendo un trío lésbico mientras Eduardo mira
Miranda se acostó en el centro de la alfombra y abrió las piernas.
—Carla y Juana… vengan a comerme el coño y el culo.
Las dos hermanas mayores se arrodillaron entre las piernas de su mamá. Carla empezó a lamerle el coño grande y maduro, metiendo la lengua entre los labios hinchados. Juana se colocó debajo y empezó a chuparle el ano a su mamá con devoción.
Miranda gemía de placer y agarró la cabeza de Camilita:
—Camilita, mi nenita… vení y chupame las tetas mientras tus hermanas me lamen abajo.
Camilita se subió sobre su mamá y empezó a chuparle los pezones anchos y grandes, alternando entre una teta y la otra.
Miranda miró a Eduardo, que estaba sentado mirando todo con la verga pequeña dura y goteando.
—Mirá, mariquita… mirá cómo tus hijas me comen el coño y el culo como buenas putitas. Esto es lo que yo enseño… lesbianismo familiar. Vos solo mirá y tocate esa verga chiquita que tenés.
Eduardo se masturbaba lentamente, humillado y excitado, mientras veía a sus tres hijas lamiendo y chupando el cuerpo maduro de su mamá: Carla en el coño, Juana en el ano, Camilita en las tetas.
Miranda gemía fuerte, moviendo las caderas contra las caras de sus hijas:
—Más profundo… metan la lengua en el culo de mamá… chupen bien… mis nenitas lesbianitas…
Las chicas gemían mientras lamían, sus caras enterradas entre las nalgas y los labios de su madre. El sonido húmedo de lenguas chupando llenaba la habitación.
Miranda tuvo un orgasmo intenso, apretando la cabeza de Carla contra su coño mientras Juana le metía la lengua más profundo en el ano.
Cuando bajó del orgasmo, miró a Eduardo con ojos brillantes:
—Ahora… vení y limpiá el culo y el coño de mamá con tu lengua, mariquita. Mientras tanto, tus hijas van a besarse entre ellas.
Eduardo se arrodilló obedientemente y empezó a lamer el ano y el coño de su esposa, tragando los jugos de sus hijas.
Mientras tanto, Carla, Juana y Camilita se besaban en un beso triple baboso y lésbico, lenguas enredadas, saliva corriendo.
Miranda sonreía satisfecha, acariciando el cabello de su marido mientras él limpiaba.
—Esta es nuestra familia perfecta… mamá dominando, hijas lamiendo y besándose, y papá limpiando como la putita que es.

Miranda y su cornudito 36 - orgia familiar de cumpleaños


Escena 4: Miranda recibiendo doble rimming mientras besa a Carla
Miranda se acostó boca abajo en el centro de la alfombra, levantó su culo grande y maduro y separó las nalgas con ambas manos.
—Juana y Camilita… vengan a chuparme el culo. Las dos al mismo tiempo.
Las dos hijas menores se arrodillaron detrás de su mamá. Juana y Camilita acercaron sus caritas y empezaron a lamer el ano de Miranda al mismo tiempo. Sus lenguas se rozaban mientras entraban y salían del agujero maduro y rosado de su madre. Miranda gemía de placer, moviendo el culo contra sus bocas.
—Más profundo… metan la lengua bien adentro del culo de mamá… así… mis nenitas putitas…
Carla se subió encima de su mamá, quedando cara a cara con ella. Miranda la agarró del cabello y le metió la lengua en la boca en un beso profundo y baboso. Madre e hija se besaban con pasión mientras las otras dos le chupaban el ano.
Miranda gemía dentro del beso:
—Besame más sucio, Carla… mientras tus hermanas me comen el orto… qué familia más degenerada tenemos…
El sonido húmedo de las lenguas lamiendo el culo de Miranda llenaba la habitación. Juana y Camilita competían por meter la lengua más profundo, sus caras enterradas entre las nalgas grandes y suaves de su mamá.


Escena 3: Miranda follando lésbicamente a sus hijas con la lengua y los dedos
Miranda se sentó en el sillón con las piernas bien abiertas. Sus tetas gigantes colgaban pesadamente.
—Carla, vení a sentarte en mi cara.
Carla se subió y se sentó sobre la cara de su mamá. Miranda empezó a lamerle el coño y el ano con hambre, metiendo la lengua profunda en ambos agujeros. Carla gemía fuerte, moviendo las caderas sobre la cara de su madre.
—Juana y Camilita… vengan a chuparme las tetas mientras yo como el culo y el coño de su hermana.
Las dos hermanas menores se arrodillaron a cada lado de Miranda y empezaron a chuparle los pezones anchos y grandes, alternando entre una teta y la otra. Miranda gemía dentro del coño de Carla, vibrando contra su carne.
Luego Miranda metió dos dedos en el ano de Carla mientras le chupaba el clítoris. Carla empezó a temblar.
— ¡Mami… me voy a correr… en tu boca…!
Miranda lamió con más fuerza y Carla tuvo un orgasmo intenso, mojando la cara de su mamá con sus jugos.
Cuando Carla bajó, temblando, Miranda miró a Juana y Camilita con ojos brillantes:
—Ahora les toca a ustedes dos… vengan a sentarse una en mi boca y la otra en mis dedos.
Juana se sentó sobre la cara de su mamá y Camilita se sentó sobre su mano. Miranda alternaba: lamía el ano de Juana mientras metía tres dedos en el coño de Camilita, luego cambiaba.
Las dos hermanas se besaban apasionadamente encima de su mamá, lenguas enredadas, mientras Miranda las comía y las follaba con los dedos.
Miranda gemía debajo de ellas:
—Mis nenitas lesbianitas… corranse en la boca y en los dedos de mamá… esto es lo que quiero ver siempre.
Juana y Camilita se corrieron casi al mismo tiempo, gimiendo dentro del beso, mojando la cara y la mano de su mamá.
Miranda, con la cara y la mano empapadas, sonrió satisfecha y miró a Eduardo, que observaba todo con la verga pequeña dura y goteando.
—Mirá, mariquita… mirá cómo hago correr a tus hijas con mi boca y mis dedos… esto es lo que una mamá de verdad hace con sus nenitas.


Miranda se levantó del sillón con una sonrisa dominante y perversa. Fue hasta el cajón y sacó su arnés favorito, el de 18 cm, grueso y realista. Se lo colocó con calma alrededor de la cintura, ajustándolo bien. El consolador quedó apuntando hacia adelante, listo para usar.
—Ahora vamos a hacer algo más intenso —anunció con voz ronca—. Eduardo, vos vas a follar a una de tus hijas. Yo voy a follar a la otra con mi verga. Al mismo tiempo.
Miró a sus tres hijas y señaló:
—Carla, ponete en cuatro patas sobre la alfombra. Juana, acostate boca arriba al lado de tu hermana, con las piernas abiertas.
Carla obedeció, levantando el culo y ofreciéndoselo a su padre. Juana se acostó boca arriba, abriendo las piernas con timidez.
Miranda se colocó detrás de Juana y apoyó la cabeza del arnés contra su coño joven y apretado.
—Eduardo, metésela a Carla por el coño. Yo voy a follar el coñito de Juana.
Eduardo, todavía temblando de culpa y excitación, se arrodilló detrás de Carla y empujó su verga pequeña dentro del coño de su hija mayor. Carla soltó un gemido bajito cuando sintió a su padre penetrándola vaginalmente.
Al mismo tiempo, Miranda empujó el arnés y entró profundamente en el coño de Juana. La nenita arqueó la espalda y gimió fuerte:
— ¡Mami… me estás follando el coño… tan profundo…!
Miranda empezó a mover las caderas, follándola con embestidas firmes y profundas, mientras Eduardo penetraba a Carla con su verga pequeña y torpe.
Mientras ambos follaban a sus hijas, Miranda miró a su marido a los ojos y le habló con voz baja y cargada de morbo y culpa:
—Mirá lo que estamos haciendo, Eduardo… estamos follándonos a nuestras propias hijas… Somos unos padres horribles… unos pervertidos asquerosos…
Eduardo gemía mientras penetraba a Carla, la voz quebrada por la vergüenza:
—Tienes razón… soy un mal padre… estoy metiendo mi verga dentro de mi hija mayor… la misma que crié… la que me llamaba “papito”… Ahora la estoy usando como una puta… Perdón, hijas… perdón…
Miranda aceleró las embestidas dentro del coño de Juana, sus tetas gigantes balanceándose pesadamente.
—Exacto, mi mariquita… somos unos monstruos… Yo estoy rompiendo el coñito de mi hija del medio con mi verga de plástico… y vos la estás follando a tu hija mayor con esa verga chiquita y patética… ¿Qué clase de padres somos? Criamos a estas nenitas para que fueran buenas… y ahora las estamos usando como juguetes sexuales…
Carla gemía debajo de su padre, sintiendo la verga pequeña de Eduardo entrando y saliendo de su coño.
—Papá… mami… tienen razón… somos una familia de pervertidos… pero no paren… se siente rico…
Juana gemía más fuerte mientras Miranda la follaba con el arnés:
—Mami… me estás abriendo el coño… y papá está follando a Carla al lado mío… somos tan malas… tan sucias…
Miranda miró a su marido con ojos brillantes de placer y culpa:
—Seguí follándola, Eduardo… metele esa verga inútil a tu hija… mientras yo le rompo el coñito a Juana… Somos los peores padres del mundo… pero mirá cómo nos excita… mirá cómo gemimos nuestras hijas mientras las usamos…
Eduardo gemía, embistiendo con más fuerza dentro de Carla, aunque su verga era mucho más pequeña.
—Soy un mal padre… un degenerado… estoy follando a mi propia hija… y me encanta… perdón, Carla… perdón por ser tan débil…
Miranda sonrió con morbo y aceleró el ritmo, follándole el coño a Juana con embestidas fuertes y profundas.
—Así, mi mariquita… reconozcamos lo que somos… unos padres pervertidos que se follan a sus propias hijas… pero no podemos parar… porque nos encanta…
Carla y Juana gemían al unísono, una siendo follada por su padre, la otra por su madre. Miranda y Eduardo seguían penetrándolas mientras se decían lo malos padres que eran, alimentando la culpa y la excitación al mismo tiempo.
La orgía familiar seguía su curso, cada vez más intensa y depravada.




La orgia siguio...




Escena 1: Miranda penetrando analmente a Carla mientras Eduardo lame pies
Miranda tenía a Carla en cuatro patas sobre la alfombra. Se colocó detrás de su hija mayor y empujó el arnés de 18 cm directamente en su ano. El consolador grueso abrió el culo de Carla con una embestida profunda y firme.
— ¡Aaaahhh… mami… me estás rompiendo el culo otra vez…! —gimió Carla.
Miranda empezó a follarla analmente con ritmo constante y fuerte, sus tetas enormes y pesadas balanceándose con cada embestida. El contraste era brutal: el cuerpo maduro y voluptuoso de Miranda (caderas anchas, tetas colgantes, culo grande y suave) contra el cuerpo juvenil y firme de Carla (cintura estrecha, tetitas pequeñas y firmes, culito redondo y apretado).
Mientras follaba a su hija, Miranda levantó un pie y se lo puso en la cara de Eduardo, que estaba arrodillado al lado.
—Lamele los pies a mamá mientras yo le rompo el orto a tu hija, mariquita.
Eduardo obedeció inmediatamente. Tomó el pie maduro y suave de su esposa y empezó a chuparle los dedos uno por uno, pasando la lengua por la planta caliente. Miranda gemía de placer, follándole el culo a Carla con más fuerza.
—Mirá el contraste, Eduardo… yo con este cuerpo de mujer madura que parió tres hijas… y tu hija con ese culito juvenil y apretado… y vos ahí, lamiendo los pies de tu esposa como la putita que sos.
Carla gemía fuerte, empujando el culo contra el arnés de su mamá.
—Papá… estás chupando los pies de mamá… mientras ella me abre el culo…
Escena 2: Eduardo penetrando analmente a Juana mientras Miranda y Camilita le chupan los pies
Eduardo estaba detrás de Juana, que se encontraba en cuatro patas. Con manos temblorosas metió su verga pequeña en el ano apretado de su hija del medio.
—Así… follá el culito de tu hija, mi amor —dijo Miranda, observando todo.
Eduardo empezó a penetrarla analmente con embestidas cortas y torpes. Juana gemía bajito, sintiendo la verga de su padre dentro de su culo.
El contraste era evidente: el cuerpo maduro y dominante de Miranda (tetas pesadas, caderas anchas) versus el cuerpo juvenil y delgado de Juana (piernas finas, tetitas pequeñas, culito redondo y firme). Eduardo, con su cuerpo de hombre maduro pero sumiso y con la jaula ya quitada, penetraba a su hija con su verga pequeña.
Miranda se acercó y levantó sus pies hacia la cara de Juana.
—Chupame los pies mientras tu papá te folla el culo, nenita.
Juana abrió la boca y empezó a lamer y chupar los pies de su mamá. Al mismo tiempo, Camilita se arrodilló al lado y también empezó a chuparle los dedos de los pies a Miranda.
Miranda gemía de placer, acariciando el cabello de sus hijas.
—Miren qué lindo… papá follándole el culito a Juana… y mis dos nenitas chupándome los pies al mismo tiempo. Qué contraste tan rico… yo con este cuerpo de mamá madura y voluptuosa… y ustedes con sus cuerpitos jóvenes y firmes… y su padre, el mariquita, follándolas mientras lame y sirve.
Juana gemía con la boca llena de los pies de su mamá:
—Papá… me estás follando el culo… y yo estoy chupando los pies de mamá… somos tan sucios…
Escena 3: Miranda penetrando analmente a Camilita mientras Eduardo lame pies y culo
Miranda puso a Camilita en cuatro patas sobre el sillón. Se colocó detrás de su hija trans más chica y empujó el arnés directamente en su ano pequeño y apretado.
— ¡Mami… me estás metiendo toda la verga en el culito…! —gimió Camilita con voz aniñada.
Miranda empezó a follarla analmente con embestidas profundas y constantes. El contraste era muy fuerte: el cuerpo maduro y curvilíneo de Miranda (tetas gigantes colgantes, culo grande) contra el cuerpo delicado y casi infantil de Camilita (delgada, pechitos incipientes, culito pequeño y respingón).
Mientras follaba a Camilita, Miranda miró a Eduardo:
—Vení acá, mariquita. Primero lame los pies de mamá… después lame el culo de tu hija mientras yo se lo follo.
Eduardo se arrodilló. Primero empezó a chupar y lamer los pies maduros y suaves de su esposa. Luego se movió y empezó a lamer el ano de Camilita alrededor del consolador que su mamá le metía.
Miranda gemía de placer:
—Así… lamé el culito de tu hija mientras yo se lo abro con mi verga… mirá el contraste, Eduardo… yo con este cuerpo de mujer madura y dominante… y tu nenita trans con ese culito chiquito y delicado… y vos ahí, lamiendo como el pervertido mal padre que sos.
Camilita gemía fuerte:
—Papá… estás lamiendo mi culito mientras mamá me folla… somos una familia tan pervertida…
Miranda aceleró las embestidas, follándole el ano a Camilita con fuerza mientras Eduardo lamía alternadamente sus pies y el ano de su hija.
—Seguí lamiendo, mariquita… esta es tu función: lamer pies y culos mientras mamá usa a tus hijas… qué mal padre eres… y qué rico se siente.




Escena 1: Miranda penetrando analmente a Carla mientras Eduardo lame pies y recuerda el parto
Miranda tenía a Carla en cuatro patas sobre la alfombra. Se colocó detrás de su hija mayor y empujó el arnés grueso de 18 cm directamente en su ano. Carla soltó un gemido largo cuando el consolador la abrió por completo.
— ¡Aaaahhh… mami… me estás rompiendo el culo… tan profundo…!
Miranda empezó a follarla analmente con embestidas fuertes y constantes. Sus tetas enormes y pesadas colgaban y se balanceaban pesadamente con cada golpe, golpeando contra su propio torso. El contraste era brutal: el cuerpo maduro y voluptuoso de Miranda (tetas pesadas que habían amamantado, caderas anchas de haber parido) contra el cuerpo juvenil y firme de Carla.
Eduardo estaba arrodillado al lado. Miranda levantó uno de sus pies maduros y se lo puso en la cara.
—Lamele los pies a mamá mientras yo le follo el culo a tu hija.
Eduardo obedeció. Tomó el pie suave y caliente de su esposa y empezó a chuparle los dedos uno por uno, pasando la lengua por la planta. Mientras lamía, su mente voló a un recuerdo doloroso y erótico:
Recordó cuando Miranda estaba embarazada de Carla. Su panza enorme, las tetas ya pesadas y llenas de leche. Recordó el día del parto: Miranda sudando, gritando, apretándole la mano mientras empujaba. “¡Duele mucho, Eduardo… pero es nuestra hija!”. Y luego vio por primera vez a Carla, pequeña y llorando, saliendo de entre las piernas de su esposa.
Ahora, años después, estaba lamiendo los pies de esa misma mujer mientras ella follaba analmente a esa misma hija.
“Fui yo quien la ayudó a parir… y ahora estoy lamiéndole los pies mientras ella le rompe el culo a nuestra hija… Soy un pervertido… un mal padre…”
Miranda gemía de placer, follándole el ano a Carla con más fuerza, sus tetas pesadas balanceándose.
—Lamé más rico, mariquita… recordá cuando me lamías los pies mientras estaba embarazada de Carla… ahora estoy usando el culo que yo parí.
Escena 2: Eduardo penetrando analmente a Juana mientras Miranda le mete las tetas en la cara y recuerda el embarazo de Juana
Eduardo estaba detrás de Juana, que se encontraba en cuatro patas. Con manos temblorosas metió su verga pequeña en el ano apretado de su hija del medio y empezó a penetrarla analmente con embestidas cortas.
Juana gemía bajito:
—Papá… me estás follando el culo…
Miranda se acercó por delante. Se arrodilló frente a Juana y le metió una de sus tetas pesadas y enormes en la boca.
—Chupá las tetas de mamá mientras tu papá te folla el orto.
Juana empezó a chupar el pezón ancho y grande de su mamá, succionando como cuando era bebé. Miranda gemía y le acariciaba el cabello.
Mientras tanto, Eduardo follaba el ano de Juana con su verga pequeña. Su mente volvió al embarazo de Juana:
Recordó a Miranda con la panza redonda de Juana, caminando pesadamente por la casa. Sus tetas ya estaban enormes y llenas de leche. Recordó el parto: Miranda gritando de dolor, apretándole la mano, y luego la carita arrugada de Juana saliendo de entre sus piernas. “Es otra nena, Eduardo… otra hija nuestra”.
Ahora, años después, estaba follándole el culo a esa misma hija mientras ella chupaba las tetas que la habían alimentado.
“La ayudé a nacer… y ahora estoy metiendo mi verga en su culo… Soy un monstruo… un padre degenerado que usa el cuerpo que crió…”
Miranda miró a su marido con ojos brillantes:
—Recordás cuando parí a Juana, ¿verdad? Cómo me dolía… cómo empujaba… y ahora estás follándole el culito que yo parí. Qué mal padre eres… pero qué rico se siente, ¿no?
Escena 3: Miranda penetrando analmente a Camilita mientras Eduardo lame pies y tetas, recordando la “gestación” de Camilita
Miranda puso a Camilita en cuatro patas. Se colocó detrás de su hija trans y empujó el arnés grueso en su ano pequeño y apretado. Camilita soltó un gemido aniñado y tembloroso.
— ¡Mami… me estás abriendo el culito… tan grande…!
Miranda empezó a follarla analmente con embestidas profundas. Sus tetas pesadas y maduras se balanceaban pesadamente con cada movimiento.
Eduardo se arrodilló al lado. Miranda levantó un pie y se lo puso en la boca.
—Lamele los pies a mamá… y después chupame las tetas.
Eduardo obedeció. Primero chupó los pies maduros de su esposa, luego subió y empezó a lamer y chupar sus tetas enormes y pesadas, succionando los pezones anchos como si fuera un bebé.
Mientras lamía, su mente viajó al “nacimiento” de Camilita (cuando todavía era Camilo). Recordó cuando Miranda decidió feminizarlo, las hormonas, la ropa de nenita, el primer día que lo llamó Camilita. No hubo un parto físico, pero sí un parto emocional: el momento en que su hijo se convirtió en su hija.
“Crié a un niño… y ahora estoy lamiendo las tetas de mi esposa mientras ella le folla el culo a esa misma criatura convertida en nenita… Soy un padre horrible… permití que mi hijo se convirtiera en esto… y ahora estoy participando…”
Miranda gemía de placer, follándole el ano a Camilita con fuerza mientras Eduardo le chupaba las tetas.
—Recordás cuando decidimos convertir a nuestro hijo en nenita, ¿verdad? Ahora estoy follándole el culito de nenita… y vos estás chupando las tetas que alimentaron a tus hijas… Qué familia más pervertida… pero qué rico se siente ser malos padres juntos.
Camilita gemía bajito:
—Papá… estás chupando las tetas de mamá… mientras ella me folla el culo… somos tan sucios…
Miranda sonrió con morbo y aceleró las embestidas dentro del ano de Camilita, sus tetas pesadas balanceándose contra la cara de Eduardo.
—Seguí chupando, mariquita… lamé las tetas que parieron y alimentaron a tus hijas… mientras yo uso el culito de nuestra nenita trans… Somos los peores padres del mundo… y nos encanta.
De repente, el timbre de la casa sonó fuerte y claro.
¡Ding-dong!
Todos se quedaron congelados en la alcoba matrimonial. Eduardo, todavía con la verga pequeña dentro del ano de Camilita, se tensó. Carla y Juana levantaron la cabeza, interrumpiendo sus besos babosos. Camilita soltó un gemido asustado.
—¿Quién será? —preguntó Eduardo con voz temblorosa, el corazón latiéndole con fuerza.
Miranda, en cambio, permaneció completamente tranquila. Una sonrisa lenta y perversa se dibujó en sus labios. Se levantó con calma, sus tetas enormes balanceándose pesadamente, y se puso una bata corta de seda negra que apenas le cubría el cuerpo.
—Tranquilos… —dijo con voz ronca y segura—. Es el segundo regalo de cumpleaños para tu papi. Quédense aquí y no se muevan. Mamá ya vuelve.
Las tres hijas y Eduardo se miraron entre sí, nerviosos y confundidos. Miranda bajó las escaleras con paso seguro y abrió la puerta principal.
Allí estaban cinco indigentes ancianos, todos mayores de 60 años, sucios, desalineados y con olor fuerte a sudor, alcohol y ropa sin lavar. Miranda los había invitado en secreto esa misma tarde. Eran conocidos del refugio: hombres brutales, groseros y con vergas grandes y sucias que ella ya conocía de otras ocasiones.
—Pasen, muchachos —dijo Miranda con una sonrisa seductora—. Mi marido está arriba esperándolos. Hoy es su cumpleaños y quiero que lo traten muy bien… especialmente por el culo.
Los cinco viejos entraron con sonrisas lascivas y comentarios groseros. Uno de ellos, un anciano calvo y panzón, se rio:
—¿El cornudito de la casa va a recibir verga esta noche? Qué regalo más rico.
Miranda cerró la puerta y los guio escaleras arriba, dejando que su olor nauseabundo invadiera la casa.
Mientras tanto, en la alcoba matrimonial, la familia esperaba en silencio. Eduardo estaba pálido.
—¿Qué habrá traído tu mamá? —susurró Carla, todavía desnuda y con el culo sensible.
Juana y Camilita se abrazaron nerviosas.
Miranda abrió la puerta de la habitación con una sonrisa triunfal. Detrás de ella entraron los cinco indigentes ancianos, mirando con hambre la escena: Eduardo desnudo, las tres hijas semidesnudas y con ropa sexy-inocente, y el ambiente cargado de sexo incestuoso.
—Feliz cumpleaños, mi amor —dijo Miranda con voz dulce y perversa—. Este es tu segundo regalo. Cinco machos sucios y vergones para que te follen el culo toda la noche. Quiero que sientas lo que es ser usado como la putita pasiva que eres… mientras tus hijas miran.
Los cinco viejos soltaron risas groseras y empezaron a desvestirse, mostrando vergas grandes, sucias y ya semi-duras.
Eduardo palideció completamente. Sus hijas se quedaron mudas, mirando a los indigentes con una mezcla de shock y excitación prohibida.
Miranda se sentó en una silla al lado de la cama, cruzando las piernas con elegancia.
—Empiecen cuando quieran, muchachos. Mi marido está listo para recibirlos. Y mis nenitas… miren bien cómo follan a su papi. Esta noche papá va a ser la puta de la casa.
Los cinco indigentes se acercaron a la cama con sonrisas lascivas, rodeando a Eduardo mientras Miranda observaba todo con orgullo y morbo maternal.
La noche del cumpleaños acababa de volverse mucho más intensa.




Eduardo se quedó petrificado en la cama, completamente desnudo, con la verga pequeña todavía semi-dura por la excitación anterior. Sus ojos se abrieron como platos al ver entrar a los cinco indigentes ancianos: hombres sucios, panzones, con dientes amarillos, ropa rota y olor nauseabundo a sudor, pies sucios y alcohol barato.
“¡Cinco…!”, pensó, el corazón latiéndole con fuerza.
Sus hijas también se quedaron mudas. Carla, Juana y Camilita estaban sentadas en la cama, todavía con su ropa sexy-inocente, mirando a los cinco viejos que se desvestían lentamente. Ya habían visto a su padre siendo follado por un solo indigente en el pasado, pero esto era diferente. Cinco machos asquerosos, todos mayores, todos con vergas grandes, sucias y ya endureciéndose.
Eduardo sintió una oleada de vergüenza abrasadora. Sus mejillas ardían. “Mis hijas… mis nenitas… van a verme siendo usado por cinco viejos sucios al mismo tiempo. Van a ver cómo su padre, el que las crió, se convierte en una puta pasiva… van a verme gemir y abrir el culo como una perra…”
Pero en el fondo, muy en el fondo, esa misma vergüenza le provocaba una excitación enfermiza. Su verga pequeña palpitaba solo de imaginarlo.
Miranda notó inmediatamente el miedo y la vergüenza de su marido. Se acercó a él con una sonrisa calmada y dominante, se arrodilló frente a los cinco indigentes y tomó dos vergas sucias en sus manos.
—Tranquilo, mi mariquita —le susurró con voz cariñosa pero firme—. Mamá está aquí. No tengas vergüenza delante de tus hijas. Ellas ya saben qué clase de padre eres… y les encanta.
Sin dudarlo, Miranda abrió la boca y empezó a chupar una de las vergas grandes y fetidas de un indigente. La metió hasta la garganta, chupando con hambre, pasando la lengua por el esmegma acumulado. Luego sacó la verga brillante de saliva y miró a su marido.
—Vení, Eduardo… únete. Chupá con mamá. No tengas miedo de que tus hijas te vean. Mostrales lo putita pasiva que es su papi.
Eduardo dudó un segundo, temblando de vergüenza. Miró a sus tres hijas, que lo observaban con ojos muy abiertos y una mezcla de shock, curiosidad y excitación. Carla se mordía el labio. Juana apretaba las piernas. Camilita se abrazaba las rodillas.
Con la cara roja de humillación, Eduardo se arrodilló al lado de su esposa. Miranda le acercó una verga sucia y gruesa.
—Chupala, mi amor… mostrales a tus hijas cómo se hace.
Eduardo abrió la boca y metió la cabeza de la verga en su boca. El sabor era fuerte, amargo y rancio. Empezó a chupar torpemente, mientras Miranda chupaba otra verga con más experiencia, sus tetas enormes balanceándose.
Los cinco indigentes gruñían de placer, mirando hacia abajo cómo la esposa y el marido cornudo les mamaban las vergas sucias al mismo tiempo.
Miranda sacó la verga de su boca con un sonido húmedo y miró a su marido con cariño perverso:
—Así, mi mariquita… chupá rico. No tengas vergüenza. Tus hijas ya saben que su papá es una putita que se deja follar por machos sucios. Miren, nenitas… miren cómo mamá y papá chupan vergas juntas para que después papá pueda recibirlas todas en el culo.
Carla, Juana y Camilita miraban hipnotizadas. La vergüenza de su padre era evidente, pero también veían cómo su verga pequeña goteaba de excitación.
Miranda siguió chupando con hambre y animando a su marido:
—Más profundo, Eduardo… tragátela. Mostrales a tus hijas lo bien que chupás verga de indigente. Esta noche vas a ser follado por los cinco… y ellas van a ver todo. ¿No te excita que tus propias hijas te vean siendo la puta de la casa?
Eduardo gemía alrededor de la verga que tenía en la boca, la cara roja de vergüenza, pero chupaba con más ganas. En el fondo, le gustaba que sus hijas lo vieran así: sometido, humillado, usado.
Miranda sonrió satisfecha y siguió chupando otra verga, preparando el terreno para lo que vendría después.
Los cinco indigentes gruñían de placer, rodeando a la familia, listos para usar al cornudito de la casa mientras sus hijas miraban.




Eduardo estaba arrodillado en el centro de la alcoba matrimonial, completamente desnudo y temblando. Los cinco indigentes ancianos lo rodeaban, con sus vergas grandes, sucias y ya duras apuntando hacia su cara. El olor nauseabundo a pies sucios, axilas sudadas y vergas sin lavar llenaba toda la habitación.
Miranda se sentó en el borde de la cama, con las piernas cruzadas y una sonrisa dominante y maternal. Sus tetas enormes colgaban pesadamente. Miró a su marido con cariño perverso y le habló con voz clara para que sus hijas escucharan todo:
—Miren, nenitas… hace unos minutos su papá era el “macho” de la casa. Las estaba besando, tocando y hasta metiéndoles su verga chiquita. Ahora miren cómo se arrodilla como la putita pasiva que realmente es.
Eduardo, con la cara roja de vergüenza, abrió la boca y tomó la primera verga sucia que tenía delante. Era gruesa, venosa y cubierta de una capa espesa de esmegma blanco-amarillento. Empezó a chuparla torpemente, pasando la lengua alrededor de la cabeza, tragando el sabor fuerte y rancio.
Miranda siguió humillándolo frente a sus hijas:
—Miren qué rápido cambió. Hace un rato era “papá el macho” follándolas… y ahora está de rodillas chupando vergas de indigentes como una puta barata. ¿Ven cómo le brilla la boca de saliva y esmegma? Ese es su verdadero lugar.
Carla, Juana y Camilita miraban en silencio, sentadas en la cama. Sus caras reflejaban una mezcla de shock, vergüenza ajena y excitación prohibida.
Miranda continuó, con voz dulce pero cruel:
—Chupá más profundo, Eduardo. Metétela hasta la garganta. Muéstrales a tus hijas cómo se hace. Hace un rato eras tú quien las penetraba… ahora sos tú el que está siendo usado. Qué patético se ve el “macho” de la casa arrodillado y mamando verga sucia, ¿verdad?
Eduardo gemía alrededor de la verga que tenía en la boca. Sacó una, jadeando, y pasó a chupar otra. El sabor era intenso: amargo, salado, pastoso. Tenía la barbilla llena de saliva y esmegma. Los cinco viejos gruñían de placer, agarrándole la cabeza y follándole la boca alternadamente.
Miranda se rio bajito y siguió humillándolo:
—Miren, hijitas… hace unos minutos papá las besaba con orgullo… ahora tiene la boca llena de verga de indigente. Ese es el verdadero Eduardo. El mariquita cornudo que se excita siendo humillado delante de sus propias hijas. Chupá más rico, mi amor… tragate todo ese esmegma. Muéstrales a Carla, Juana y Camilita lo puta que es su papi.
Carla se mordía el labio, excitada a pesar de la vergüenza. Juana apretaba las piernas. Camilita miraba con los ojos muy abiertos, sonrojada.
Eduardo pasaba de una verga a otra, chupando con más ganas, la cara empapada. Cada vez que sacaba una verga de su boca, un hilo grueso de saliva y esmegma le colgaba de los labios.
Miranda se inclinó hacia adelante y le acarició el cabello a su marido mientras él mamaba:
—Qué bueno que seas, mi mariquita… chupando verga como una profesional delante de tus hijas. Hace un rato eras el “papi”… ahora sos solo una boca para que estos viejos descarguen. ¿Te gusta que tus nenitas te vean así? ¿Te excita que sepan que su padre es una puta sumisa?
Eduardo solo pudo gemir alrededor de la verga que tenía en la garganta, asintiendo levemente con la cabeza. Las lágrimas de vergüenza le corrían por las mejillas, pero su verga pequeña estaba dura y goteando.
Miranda sonrió satisfecha y miró a sus hijas:
—Miren bien, mis nenitas… este es su papá. El que las crió. El que ahora chupa vergas sucias para que después lo follen como a una perra. ¿No es hermoso?
Los cinco indigentes gruñían de placer, follándole la boca a Eduardo uno tras otro, mientras Miranda seguía humillándolo verbalmente frente a sus propias hijas.
La noche del cumpleaños acababa de volverse mucho más humillante y depravada.

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