¡Hola, compañeros de Poringa! Les debía contarles qué pasó cuando el hijo de la amiga de mi mujer nos visitó en Rosario meses después de lo que les relaté en "Mi mujer con el hijo de una amiga…".
Unos seis meses después de que volvimos de Entre Ríos, mi mujer un día me dijo que A había vuelto a Rosario, a la casa de su madre, y que le gustaría que nos visitara. Yo le dije que sí, que lo invitara a cenar. M (mi mujer) me miró con una sonrisa pícara y aceptó.
El sábado siguiente, mi mujer le mandó un mensaje a A, invitándolo a cenar en nuestra casa esa noche. A le respondió que sí, y quedaron que pasaría sobre las 21:00 hs.
Mi mujer se preparó para la ocasión. Se puso un vestido negro ajustado que se adhería perfectamente a su cuerpo. El vestido era tan corto que si se agachaba un poco se le subía y dejaba a la vista los cachetes del culo, pantys negras y zapatos de taco.
Llegó A puntual a las 21:00. Mi mujer lo recibió en la puerta con un abrazo un poco más largo de lo normal. El pibe no podía ocultar su asombro al ver a mi mujer así vestida. La comida transcurrió sin contratiempos, pero cada vez que mi mujer se levantaba a buscar algo, A no dejaba de mirarle el culo.
El vino fue haciendo efecto de a poco y la charla se puso un poco más relajada y con doble sentido. Después de un rato, mi mujer se levantó y nos dijo: "Ya vuelvo", me mira y sonríe.
Se notaba que el pibe estaba un poco incómodo, y yo para empeorar la cosa le tiré: "Te vi en tu casa como le hiciste el orto a M, es más, ella me contó cómo la cogieron vos y tu amigo en el río".
A se quedó helado, no sabía por dónde venía la cosa y medio amagó a levantarse e irse, pero yo lo calmé y le dije que estaba todo bien que se quede.
En eso escuchamos atrás nuestro: "¿Y? ¿Se van a seguir hablando al pedo o me van a coger?"
Nos damos vuelta y la vemos parada con las manos en la cintura, mirándonos con una sonrisa pícara.
Se había sacado el vestido. Llevaba un corpiño de encaje negro, con tiras finas que se cruzaban por su espalda que levantaban sus tetas y dejaban asomar sus pezones por encima del borde del encaje. Una tanguita diminuta, apenas un triangulito con una tirita que se perdía entre los cachetes del culo. Acompañado con medias bucaneras negras de red, que subían por sus muslos hasta el borde de los cachetes del culo y zapatos de tacón aguja negros, que hacían que sus piernas se estilizaran.
Mi mujer me miró con una sonrisa malvada, se sentó a horcajadas mío dándole la espalda a A, me dio un largo beso de lengua mientras yo le separaba los cachetes del culo. En eso me dice "¡Mi vida cógeme, estoy toda mojada”! La recosté contra la mesa, ella separó las piernas mientras yo me bajaba los pantalones. Le corrí el hilo de la tanga y se la metí despacito en su concha, ella solo atinó a lanzar un suave gemido.
Yo empecé a bombearla cada vez con más fuerza; a cada embestida mía ella gemía, ella lo miraba a los ojos a A, que a esta altura ya no podía esconder su erección bajo el pantalón.
El, la miraba con una cara de asombro y devoción, estaba como ido con lo que estaba sucediendo.
Yo no aguanté mucho más y le acabé con un fuerte gemido. Me separé de ella y la besé con mucha pasión y me dice "Ahora ¡le toca a él!".
Mi mujer se arrodilló frente a A, le desabrochó el pantalón y le sacó la pija y empezó a chupársela con unas ganas que me sorprendieron, se la metía toda hasta las bolas y la sacaba lentamente, mientras le pasaba la lengua por todo el largo. A la agarró de la cabeza y empezó a moverla hacia adelante y hacia atrás, mientras ella se la mamaba con cada vez más fuerza.
¡Así, así! - decía A, mientras mi mujer se la mamaba - ¡Cométela toda!
Mi mujer no paraba de chupar, después de un buen rato paró de golpe. Se recostó sobre la mesa arqueando la espalda, se corrió la tanguita y con las dos manos se separó los cachetes del culo, dejando ver su agujerito húmedo y abierto.
¡No aguanto más! - gimió, con la voz rota - ¡Ponérmela! ¡Culeame delante de mi marido!
A no lo dudó un segundo. Se acercó por detrás, le escupió en el culo y le metió toda la pija de un solo embiste. Mi mujer lanzó un grito que mezclaba el dolor y place.
“¡AAAAHHHH, HIJO DE PUTA! ¡SÍ, ASÍ, ¡ASÍ!” - gritaba, mientras A empezaba a bombearla sin piedad.
Yo me quedé mirando. La escena era increíble: mi mujer, recostada en nuestra mesa, siendo cogida por el culo por ese pendejo mientras le pedía más a gritos.
¡MÁS FUERTE, HIJO DE PUTA, ¡MÁS FUERTE! - le gritaba a A - ¡ROMPEME EL ORTO! ¡MOSTRALE A MI MARIDO CÓMO ME HACES ACABAR POR EL CULO!
A la cogía como un animal, le sacaba la pija despacio hasta la cabeza y se la clavaba de golpe hasta el fondo. Mi mujer pegaba un grito ahogado cada vez que le llegaba al fondo. Después de unos minutos, A aceleró el ritmo, la agarró fuerte por la cintura y, con un rugido, se corrió bien adentro de su culo llenándola de leche, ella tuvo una acabada que la hizo temblar sobre la mesa.
A se apartó, y el culo de mi mujer quedó abierto, chorreando semen. Yo estaba al palo de nuevo, me acerqué, y sin decir nada, le metí mi pija en ese orto recién usado y lleno de leche. ¡Sí, mi vida, metémela! - me suplicó - ¡Culeate a tu putita!
La agarré de los hombros y empecé a clavarle mi pija con la misma brutalidad que lo había hecho A. La mesa empezó a crujir. Yo la cogía con toda mi fuerza, mientras ella me pedía más y más.
¡Más, así, más! - decía, mientras se agarraba a la mesa - ¡Rompéme bien el culo, hijo de puta!
La empecé a dar cada vez más fuerza, hasta que le acabé de nuevo en el culo. Me quedé un momento con la pija dentro de ella, sintiendo cómo los músculos de su culo se contraían alrededor de mi pija con sus orgasmos; yo no quería separarme y ella no podía moverse del orgasmo fuerte que tuvo.
Nos separamos y cuando pudo pararse, fue a lavarse al baño ya que le chorreaba leche por los muslos.
Nos quedamos un rato solos con A, en un silencio que noté que lo incomodaba. Para romper el hielo le pregunté si había disfrutado lo que sucedió, me dijo que mucho y empezamos a hablar de ella.
En eso sale mi mujer del baño y nos dice sonriente: "¡Segunda vuelta!"
Ella se arrodilló delante nuestro y empezó a chuparnos las pijas, se iba alternando. La verdad es que A se puso al palo enseguida y mi mujer se dedicó a chupársela solo a él con dedicación. Después de un rato le pregunta: "
"¿Me querés culear de nuevo?", a lo que A asintió con la cabeza.
A y yo nos miramos y sonreímos. Mi mujer nos miró y se puso en cuatro en el suelo arqueando la espalda con el culo bien parado y los tacones negros apuntando hacia el techo.
"¡Veni, bebé, no me hagas esperar!", moviendo el culo de forma provocativa.
A se acercó por detrás, y sin más, le metió la pija en el culo que para este punto ya tenía reabierto. Mi mujer gimió, yo me arrodillé frente a ella, le agarré la cabeza y le metí la pija en la boca.
"¡Así, hijos de puta, así!" - decía, con la voz rota por la excitación – "¡Denme pija! ¡Denme pija!"
A la cogía por el culo con fuerza, mientras yo le clavaba la pija en la garganta. Mi mujer solo atinaba a gemir.
Después de un buen rato A la agarró de las tetas y se las empezó a apretar con fuerza: "¡Voy a acabar!" - dijo A. "¡SIII, Llename de leche, hijo de puta!" - pedía mi mujer, con un hilo de voz.
Pude ver cómo A tembló cuando eyaculó y mi mujer tuvo un orgasmo que la dejó temblando, cayendo sobre el piso completamente agotada. Como no me podía seguir chupando la pija, me pajié un poco y le acabé en la cara.
Después nos quedamos hablando un rato, yo sentado en una silla y mi mujer sentada en la falda de A, que aprovechaba y le acariciaba el culo y las tetas.
Mi mujer, después de un rato, se fue a bañar ya que estaba toda sudada y pegajosa. De donde estábamos podíamos verla en la ducha, media oculta por el vapor del agua.
Como noté que A todavía no amagaba a vestirse y que era notorio que tenía la tenía dura de nuevo, le dije que si quería podía darse una ducha, guiñándole un ojo. Sonriendo, fue al baño y se metió en la ducha con mi mujer. Yo los miraba desde donde estaba, veía y escuchaba cómo se frotaban y reían. Me fui a la cocina a tomar un vaso de agua y cuando regresaba escucho: "¡No! ¡Otra vez por el culo no! ¡AAHHHH!". Me asomo y la veo a mi mujer apoyada contra la pared del baño y a A bombeándola desde atrás. Los dejé solos para no molestarlos y me senté para mirarlos más cómodamente.
El pibe, como había eyaculado varias veces, yo acababa nunca. Solo escuchaba el ruido del agua de la ducha y a mi mujer rogando que acabara: "¡Basta, basta! ¡Acabá de una vez, me estás matando, hijo de puta! ¡Basta!"
Pasó un buen rato y escucho a A pegar un gemido y a mi mujer decirle: "¡Me mataste, bebé! ¡Me encantó, pero me dejaste el culo a la miseria!" y le dio un largo beso en la boca.
Después nos quedamos tomando cerveza y charlando hasta las 2 de la mañana.
Espero que les haya gustado esta experiencia que les debía de ya hace tiempo.
Unos seis meses después de que volvimos de Entre Ríos, mi mujer un día me dijo que A había vuelto a Rosario, a la casa de su madre, y que le gustaría que nos visitara. Yo le dije que sí, que lo invitara a cenar. M (mi mujer) me miró con una sonrisa pícara y aceptó.
El sábado siguiente, mi mujer le mandó un mensaje a A, invitándolo a cenar en nuestra casa esa noche. A le respondió que sí, y quedaron que pasaría sobre las 21:00 hs.
Mi mujer se preparó para la ocasión. Se puso un vestido negro ajustado que se adhería perfectamente a su cuerpo. El vestido era tan corto que si se agachaba un poco se le subía y dejaba a la vista los cachetes del culo, pantys negras y zapatos de taco.
Llegó A puntual a las 21:00. Mi mujer lo recibió en la puerta con un abrazo un poco más largo de lo normal. El pibe no podía ocultar su asombro al ver a mi mujer así vestida. La comida transcurrió sin contratiempos, pero cada vez que mi mujer se levantaba a buscar algo, A no dejaba de mirarle el culo.
El vino fue haciendo efecto de a poco y la charla se puso un poco más relajada y con doble sentido. Después de un rato, mi mujer se levantó y nos dijo: "Ya vuelvo", me mira y sonríe.
Se notaba que el pibe estaba un poco incómodo, y yo para empeorar la cosa le tiré: "Te vi en tu casa como le hiciste el orto a M, es más, ella me contó cómo la cogieron vos y tu amigo en el río".
A se quedó helado, no sabía por dónde venía la cosa y medio amagó a levantarse e irse, pero yo lo calmé y le dije que estaba todo bien que se quede.
En eso escuchamos atrás nuestro: "¿Y? ¿Se van a seguir hablando al pedo o me van a coger?"
Nos damos vuelta y la vemos parada con las manos en la cintura, mirándonos con una sonrisa pícara.
Se había sacado el vestido. Llevaba un corpiño de encaje negro, con tiras finas que se cruzaban por su espalda que levantaban sus tetas y dejaban asomar sus pezones por encima del borde del encaje. Una tanguita diminuta, apenas un triangulito con una tirita que se perdía entre los cachetes del culo. Acompañado con medias bucaneras negras de red, que subían por sus muslos hasta el borde de los cachetes del culo y zapatos de tacón aguja negros, que hacían que sus piernas se estilizaran.
Mi mujer me miró con una sonrisa malvada, se sentó a horcajadas mío dándole la espalda a A, me dio un largo beso de lengua mientras yo le separaba los cachetes del culo. En eso me dice "¡Mi vida cógeme, estoy toda mojada”! La recosté contra la mesa, ella separó las piernas mientras yo me bajaba los pantalones. Le corrí el hilo de la tanga y se la metí despacito en su concha, ella solo atinó a lanzar un suave gemido.
Yo empecé a bombearla cada vez con más fuerza; a cada embestida mía ella gemía, ella lo miraba a los ojos a A, que a esta altura ya no podía esconder su erección bajo el pantalón.
El, la miraba con una cara de asombro y devoción, estaba como ido con lo que estaba sucediendo.
Yo no aguanté mucho más y le acabé con un fuerte gemido. Me separé de ella y la besé con mucha pasión y me dice "Ahora ¡le toca a él!".
Mi mujer se arrodilló frente a A, le desabrochó el pantalón y le sacó la pija y empezó a chupársela con unas ganas que me sorprendieron, se la metía toda hasta las bolas y la sacaba lentamente, mientras le pasaba la lengua por todo el largo. A la agarró de la cabeza y empezó a moverla hacia adelante y hacia atrás, mientras ella se la mamaba con cada vez más fuerza.
¡Así, así! - decía A, mientras mi mujer se la mamaba - ¡Cométela toda!
Mi mujer no paraba de chupar, después de un buen rato paró de golpe. Se recostó sobre la mesa arqueando la espalda, se corrió la tanguita y con las dos manos se separó los cachetes del culo, dejando ver su agujerito húmedo y abierto.
¡No aguanto más! - gimió, con la voz rota - ¡Ponérmela! ¡Culeame delante de mi marido!
A no lo dudó un segundo. Se acercó por detrás, le escupió en el culo y le metió toda la pija de un solo embiste. Mi mujer lanzó un grito que mezclaba el dolor y place.
“¡AAAAHHHH, HIJO DE PUTA! ¡SÍ, ASÍ, ¡ASÍ!” - gritaba, mientras A empezaba a bombearla sin piedad.
Yo me quedé mirando. La escena era increíble: mi mujer, recostada en nuestra mesa, siendo cogida por el culo por ese pendejo mientras le pedía más a gritos.
¡MÁS FUERTE, HIJO DE PUTA, ¡MÁS FUERTE! - le gritaba a A - ¡ROMPEME EL ORTO! ¡MOSTRALE A MI MARIDO CÓMO ME HACES ACABAR POR EL CULO!
A la cogía como un animal, le sacaba la pija despacio hasta la cabeza y se la clavaba de golpe hasta el fondo. Mi mujer pegaba un grito ahogado cada vez que le llegaba al fondo. Después de unos minutos, A aceleró el ritmo, la agarró fuerte por la cintura y, con un rugido, se corrió bien adentro de su culo llenándola de leche, ella tuvo una acabada que la hizo temblar sobre la mesa.
A se apartó, y el culo de mi mujer quedó abierto, chorreando semen. Yo estaba al palo de nuevo, me acerqué, y sin decir nada, le metí mi pija en ese orto recién usado y lleno de leche. ¡Sí, mi vida, metémela! - me suplicó - ¡Culeate a tu putita!
La agarré de los hombros y empecé a clavarle mi pija con la misma brutalidad que lo había hecho A. La mesa empezó a crujir. Yo la cogía con toda mi fuerza, mientras ella me pedía más y más.
¡Más, así, más! - decía, mientras se agarraba a la mesa - ¡Rompéme bien el culo, hijo de puta!
La empecé a dar cada vez más fuerza, hasta que le acabé de nuevo en el culo. Me quedé un momento con la pija dentro de ella, sintiendo cómo los músculos de su culo se contraían alrededor de mi pija con sus orgasmos; yo no quería separarme y ella no podía moverse del orgasmo fuerte que tuvo.
Nos separamos y cuando pudo pararse, fue a lavarse al baño ya que le chorreaba leche por los muslos.
Nos quedamos un rato solos con A, en un silencio que noté que lo incomodaba. Para romper el hielo le pregunté si había disfrutado lo que sucedió, me dijo que mucho y empezamos a hablar de ella.
En eso sale mi mujer del baño y nos dice sonriente: "¡Segunda vuelta!"
Ella se arrodilló delante nuestro y empezó a chuparnos las pijas, se iba alternando. La verdad es que A se puso al palo enseguida y mi mujer se dedicó a chupársela solo a él con dedicación. Después de un rato le pregunta: "
"¿Me querés culear de nuevo?", a lo que A asintió con la cabeza.
A y yo nos miramos y sonreímos. Mi mujer nos miró y se puso en cuatro en el suelo arqueando la espalda con el culo bien parado y los tacones negros apuntando hacia el techo.
"¡Veni, bebé, no me hagas esperar!", moviendo el culo de forma provocativa.
A se acercó por detrás, y sin más, le metió la pija en el culo que para este punto ya tenía reabierto. Mi mujer gimió, yo me arrodillé frente a ella, le agarré la cabeza y le metí la pija en la boca.
"¡Así, hijos de puta, así!" - decía, con la voz rota por la excitación – "¡Denme pija! ¡Denme pija!"
A la cogía por el culo con fuerza, mientras yo le clavaba la pija en la garganta. Mi mujer solo atinaba a gemir.
Después de un buen rato A la agarró de las tetas y se las empezó a apretar con fuerza: "¡Voy a acabar!" - dijo A. "¡SIII, Llename de leche, hijo de puta!" - pedía mi mujer, con un hilo de voz.
Pude ver cómo A tembló cuando eyaculó y mi mujer tuvo un orgasmo que la dejó temblando, cayendo sobre el piso completamente agotada. Como no me podía seguir chupando la pija, me pajié un poco y le acabé en la cara.
Después nos quedamos hablando un rato, yo sentado en una silla y mi mujer sentada en la falda de A, que aprovechaba y le acariciaba el culo y las tetas.
Mi mujer, después de un rato, se fue a bañar ya que estaba toda sudada y pegajosa. De donde estábamos podíamos verla en la ducha, media oculta por el vapor del agua.
Como noté que A todavía no amagaba a vestirse y que era notorio que tenía la tenía dura de nuevo, le dije que si quería podía darse una ducha, guiñándole un ojo. Sonriendo, fue al baño y se metió en la ducha con mi mujer. Yo los miraba desde donde estaba, veía y escuchaba cómo se frotaban y reían. Me fui a la cocina a tomar un vaso de agua y cuando regresaba escucho: "¡No! ¡Otra vez por el culo no! ¡AAHHHH!". Me asomo y la veo a mi mujer apoyada contra la pared del baño y a A bombeándola desde atrás. Los dejé solos para no molestarlos y me senté para mirarlos más cómodamente.
El pibe, como había eyaculado varias veces, yo acababa nunca. Solo escuchaba el ruido del agua de la ducha y a mi mujer rogando que acabara: "¡Basta, basta! ¡Acabá de una vez, me estás matando, hijo de puta! ¡Basta!"
Pasó un buen rato y escucho a A pegar un gemido y a mi mujer decirle: "¡Me mataste, bebé! ¡Me encantó, pero me dejaste el culo a la miseria!" y le dio un largo beso en la boca.
Después nos quedamos tomando cerveza y charlando hasta las 2 de la mañana.
Espero que les haya gustado esta experiencia que les debía de ya hace tiempo.
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