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Mi novia en la Universidad

Desde que mi novia, Sofía, comenzó sus clases en la universidad, supe que el profesor Martínez sería un problema. Tenía unos 50 años, canas salientes en las sienes, y una reputación bien ganada de coquetear con sus alumnas más atractivas. Era casado, pero eso nunca le impidió dirigirles comentarios inapropiados o darles un trato especial a las chicas que le prestaban atención.

Sofía, con sus 18 años, era exactamente el tipo de alumna que atraía a hombres como él. Bajita, hermos cuerpo con curvas en los lugares correctos, y ese culo que provocaba diferentes reacciones. Yo sabía que a ella le gustaban los hombres mayores, y aunque siempre decía que las insinuaciones del profesor Martínez no la impresionaban, notaba cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente cuando él le dedicaba sus cumplidos.

"Es un viejo cerdo” me decía Sofía una noche mientras se preparaba para la clase del día siguiente. "Pero es divertido ver cómo intenta conquistar a todas."

Se estaba poniendo unos leggings ajustados que resaltaban cada curva de su culo perfecto. Sabía que los usaba precisamente por esa razón, le gustaba la atención, le excitaba saber que los hombres la miraban con deseo.

"Vas así a su clase?" le pregunté, sintiendo una mezcla de celos y excitación.

"Claro” sonrió Sofía, ajustándose los leggings en el espejo. "Así se le pone más difícil concentrarse en la lección."

El grupo de WhatsApp de la clase era otro campo de juego para ella. Un día, después de que el profesor añadiera a todos al grupo, Sofía se dio cuenta de que él también la tenía agregada personalmente, ya que podía ver sus estados. Empezó a subir fotos más provocadoras, disfrutando de las reacciones.

La semana pasada subió una foto en la que salía de espaldas, con esos leggings que dejaban ver la forma perfecta de sus nalgas. El teléfono vibró casi inmediatamente con decenas de notificaciones, pero fue el mensaje del profesor Martínez el que captó su atención: "Wow, te miras muy apetecible."

Sofía sonrió y respondió: "Gracias guapo."

El profesor le escribió directamente: "Esa foto debería estar prohibida"

"Jaja, es tan impactante?" respondió Sofía, jugando con él.

"Para mí, sí” continuó él. "Tienes un cuerpo increíble Sofía. Deberías tener más cuidado con a quién le muestras esas fotos."

"Y si solo quiero que las vea gente especial?" respondió ella

Hubo una pausa antes de que él respondiera: "Me encantaría platicar más contigo. En privado."

"Mañana tenemos última hora con usted” escribió Sofía, sintiendo cómo su pulso se aceleraba. "Cuando termine la clase, me quedaré a platicar con usted."

"Claro que sí," respondió él casi de inmediato. "Con mucho gusto la atiendo."

Esa noche, Sofía apenas pudo dormir. Se daba vueltas en la cama, imaginando lo que pasaría al día siguiente. A media noche, me envió un mensaje: "Estás seguro de que estás bien con esto?"

Le respondí de inmediato: "Sí. Cuéntame todo después. Quiero saber cada detalle."

"Estoy nerviosa," confesó. "Pero también excitada. Nunca he hecho algo así."

"Esa es la emoción," le escribí. "Disfrútalo."

Al día siguiente, Sofía se vistió con más cuidado de lo habitual. Se puso los mismos leggings grises del día anterior, pero esta vez con una blusa más escotada que dejaba ver el valle entre sus pechos. No llevaba sostén, y sus pezones se marcaban ligeramente contra la tela fina.

Durante toda la mañana, mi teléfono vibraba con mensajes de ella:

"Acabo de entrar a clase. Ya me está mirando."
"Se pasó por mi escritorio y me susurró 'qué bien hueles hoy'."
"Me está costando concentrarme. Estoy mojada solo de pensar en lo que pasará después."

La última hora del día llegó finalmente. Sofía me envió un último mensaje: "Es ahora. Te escribo después."

En clase, la tensión era palpable. Cada vez que el profesor Martínez pasaba cerca del escritorio de Sofía, sus manos rozaban "accidentalmente" su hombro o espalda. Sus miradas se cruzaban, y él le sonreía con una intensidad que hacía que a Sofía se le erizara la piel.

Cuando fue hora de salida, los demás alumnos comenzaron a recoger sus cosas con prisa. Sofía, en cambio, se movía lentamente, guardando sus cuadernos uno por uno en su mochila.

"Necesitas ayuda, Sofía?" preguntó el profesor, acercándose a su escritorio.

"No, gracias. Ya casi termino," respondió ella, sintiendo cómo su corazón golpeaba contra sus costillas.

Cuando el último alumno salió del aula, Sofía se levantó y caminó hacia la puerta. El profesor la observaba desde su escritorio, con una expresión de expectativa en su rostro.

Con un movimiento deliberado, Sofía cerró la puerta y giró la llave en el candado. El sonido metálico resonó en el silencio del aula vacía.

"Ahora estamos solos” dijo ella, volteando hacia él.

El profesor se levantó lentamente de su silla. "Sí, ahora estamos solos."

Sofía caminó hacia él con una confianza que no sabía que poseía. "He estado pensando en lo que me dijiste ayer."

"Ah sí?" preguntó él.

"Sí” continuó ella, deteniéndose frente a él. "Sobre mi cuerpo. Sobre mis fotos."

El profesor tragó saliva. "Tienes... tienes un cuerpo increíble Sofía."

"Gracias" sonrió ella. "Y tú tienes un cuerpo de hombre mayor, experimentado. Me gusta."

Sus manos subieron lentamente hacia su cintura. "Bájate los pantalones" ordenó suavemente.

El profesor vaciló por un momento, pero luego obedeció. Sus manos temblaban ligeramente mientras desabrochaba su cinturón y bajaba la cremallera. Sus pantalones cayeron al suelo, dejándolo solo en sus boxers, donde su erección era claramente visible.

Sofía se volteó y se apoyó en el escritorio con las manos extendidas, arqueando la espalda para resaltar sus nalgas perfectamente redondeadas. "Ven" susurró.

El profesor se acercó lentamente. Se detuvo justo detrás de Sofía, tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.

"Sofía..." susurró él, su voz de deseo.

"Silencio” respondió ella sin voltearse. "Solo haz lo que te pido."

Él obedeció, acercando su miembro erecto, todavía cubierto por el boxer, contra las nalgas de Sofía. El contacto inicial hizo que ambos emitieran un gemido ahogado.

"Oh Dios” murmuró él, comenzando a moverse suavemente, rozando su erección contra las mejillas traseras y perfectas de Sofía, separadas solo por la tela fina de sus leggings y su ropa interior.

Sofía cerró los ojos, disfrutando de la sensación. Podía sentir el calor y la dureza de él a través de las telas, la forma de su verga mientras se deslizaba arriba y abajo, presionando en el lugar correcto.

"Te gusta?" preguntó ella.

"Me encanta" respondió él, aumentando ligeramente el ritmo. "Tienes un culo increíble, Sofía. Nunca he sentido nada igual."

Continuaron así por varios minutos, los suspiros y gemidos llenando el silencio del aula vacía. Las manos del profesor descansaban ahora en las caderas de Sofía, tirándola hacia él con cada movimiento.

Finalmente, Sofía se volteó. Sus ojos brillaban de deseo mientras sus manos subían hacia la cintura de los boxers del profesor.

"Quiero sentirte de verdad” dijo ella, y sin más preámbulos, bajó la última barrera que los separaba.

La verga del profesor saltó libre, gruesa y erecta, con la punta ya brillando de fluido pre seminal . Sofía la observó por un momento, sonriendo satisfecha, antes de volver a ponerse de espaldas, apoyándose nuevamente en el escritorio.

"Ahora sí” susurró.

Esta vez, cuando él se acercó, no había tela entre el. La sensación de su piel caliente y erecta contra las nalgas de Sofía, todavía cubiertas por los leggings, fue electrizante.

"Uf qué rico" gimió él, comenzando a moverse con más confianza. "Qué ricas nalgas tienes, putita."

Sofía solo sonrió, empujando hacia atrás para aumentar la presión. El profesor la agarró de la cintura, apretándola más para que su verga quedara más apretada entre sus mejillas.

"Así?" preguntó él, embistiendo como si realmente estuviera penetrándola. "Te gusta así?"

"Sí" respondió Sofía, su voz más fuerte ahora. "Dame, dame más, papi."

El profesor comenzó a moverse con más fuerza, simulando una penetración completa cuando en realidad solo se frotaba contra las nalgas de Sofía a través de sus leggings ajustados. Sus manos subieron de su cintura a sus tetas apretándolas a través de la blusa.

"Tienes unas ricas tetas también,
" jadeó él, aumentando la velocidad de sus embestidas. "Todo en ti es perfecto."

Cada vez aumentaba más la velocidad, apretándola con más fuerza, nalgueándola ocasionalmente con sonidos agudos que resonaban en el aula. Sofía respondía con gemidos y aliento entrecortado, empujando hacia él con cada movimiento.

"Sí, te gusta como te doy verdad putita?" preguntó él, su voz cada vez más jadeada.

"Sí papi, sí," respondió Sofía. "Dame todo."

El profesor Martínez aumentó la intensidad de sus embestidas, cada vez más salvaje y desesperado. Sus manos se aferraban a las caderas de Sofía. El sonido de su cuerpo golpeando contra el de ella llenaba el aula, mezclado con sus jadeos y los gemidos de Sofía.

"Me voy a venir putita" jadeó él. "Me voy a venir en tu culo."

"Sí, papi dame tu lechita" respondió Sofía, mirándolo por encima del hombro con ojos vidriosos de deseo. "Quiero toda tu lechita en mis nalgas."

Con un último gemido profundo, el profesor se estremeció contra ella. Sofía sintió el calor repentino de su semen mientras eyaculaba sobre sus leggings, un chorro grande y persistente que parecía no tener fin.

"Oh, oh” gemía él, apretándose más contra Sofía mientras cada ola de placer lo recorría. "Toda... toda para ti."

Sofía sintió cómo la leche caliente se filtraba a través de la tela de sus leggings, mojando su calzón y la piel de sus nalgas. La sensación era increíblemente excitante, y ella se estremeció con un pequeño orgasmo.

"Dame toda tu lechita papi" susurró ella, moviendo sus caderas suavemente contra él. "La quiero toda."

Cuando finalmente terminó, el profesor se desplomó en su silla, completamente agotado. Su verga, todavía semi erecta, goteaba el último vestigio de su semen.

Sofía se volteó lentamente, sonriendo mientras lo observaba. Se arrodilló frente a él, sin importarle que sus leggings estaban manchados y mojados.

"Gracias por darme tu lechita papi" dijo ella, antes de inclinarse y limpiar su verga con la lengua, probando el sabor a carne y semen de su maestro.

El profesor la observaba sin palabras, con los ojos muy abiertos de asombro y satisfacción. Nunca había experimentado nada así con ninguna de sus alumnas anteriores.

Sofía se levantó después de limpiarlo completamente, ajustándose sus leggings manchados de semen. Agarró su mochila y caminó hacia la puerta.

"Hasta la próxima clase profesor," dijo ella, volteándose antes de salir. "Tengo más fotos que enseñarte."

Abrió la puerta y salió del aula, dejando al profesor Martínez sentado en su silla completamente atónito.
Mi novia en la Universidad

puta

2 comentarios - Mi novia en la Universidad

ZeroCum
Primer párrafo, me dió la sensación de que el escritor era mexicano y en efecto ah