You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Con la jefa en el almacén II

Gracias por el apoyo
Continuando con lo sucedido, tenía el gordo culo de doña Mariana frente a mi, sus shorts se le habían transparentado tanto que podía ver un par de lunares en su nalga izquierda...
Quede mudo ante la vista. _respondeme querido ¿De que color es?_ dijo suavemente y de manera muy provocativa casi como un ruego.
Me quedé pensando unos instantes y casi respondí pero se me ocurrió hacer otra cosa _no lo sé no tengo rayos x_ dije _me tocará averiguarlo_ sujete es culo gordo tan provocativo y que cada mañana veia, doña Mariana exhaló como si le cayera un balde de agua fría. Era un culo firme y a la vez suave, mis dedos se hundían en su carne y yo jugaba como un niño, lo apretaba lo estiraba y le di un para de nalgadas.
_veamos de que color es su calzon_ dije de manera juguetona. Estire los shorts que llevaba y para mí sorpresa se rompió más fácilmente de lo que pensé, se rompió por la costura central, esos shorts eran prácticamente una fina malla. Su trasero al ser liberado de la presión se veía incluso más grande.
_quien lo habría imaginado, su calzon es rosado_ dije mientras agarraba su calzon y lo estire para arriba haciendo que se meta entre sus nalgas. Ella solo soltó un gemido por la sorpresa, su respiración era tan intensa que era lo que más se escuchaba en ese estrecho cuartito.
_eres un atrevido_ dijo con tono de molesta _pero como respondiste bien no me queda otra que dejarte disfrutar tu sorpresa_ dijo mientras con una mano hizo a un lado su calzon dejandome frente a un primer plano de sus labios hinchados y completamente depilados y de su ano rosado. Yo estaba como un perro frente a un pedazo de carne, se me salía la saliva y me relamia los labios, sin decir una palabra me puse de rodillas y acerque mi cara, el aroma era increíble, un aroma puramente sexual y morboso que aumento mi calentura a niveles altísimos, oliendo ese aroma cualquier hombre sabria que ella rogaba porque le rompieran el orto. Saque mi lengua y la pase por su clítoris luego por su hinchada vulva y finalmente por su ano, el líquido era suavemente saldo y muy viscoso, claro como agua, doña Mariana genia y movía sus caderas acercando las a mi cara, volví a lamer de abajo para arriba, volví a lamer y volví a lamer, con cada pasada dejaba su vagina casi libre de sus fluidos pero no tardaba nada en volver a mojarse, los gemidos de mi jefa se volvían más fuertes y resonaban en el almacén.
Me concentre en su vagina, suavemente fui metiendo mi lengua y si yo había pensado que por fuera ella estaba caliente, por dentro de su concha ella estaba ardiendo literalmente. Ella se apoyo en una caja de carton mientras le lamía sus adentros, en un momento me tiró del cabello empujando mi cara contra su vagina, la punta de mi nariz frotaba su ano que se contraía y dilataba. Para mí sorpresa su vagina era muy estrecha y cada vez que sacaba mi lengua podía sentir como su vagina volvía a succionarla suavemente... Parecía un manantial al que nunca se le acaba el agua, mis mejillas y mi nariz estaban barnizadas con los jugos de doña Mariana, impregnando un aroma sexual al aire, cualquier persona habría adivinado que estaba pasado con tan solo oler.
Empecé a masajear su ano con mi pulgar, desde el inicio ese rosado agujero me atrajo, mientras chupaba y lamía esa vagina mi pulgar jugaba con su ano ya húmedo con los juegos de su vagina. 
Por la calentura y sin prevenirla metí mi pulgar por completo en su culo, ella dió un grito seco y tuvo que sujetarse como pudo de un estante. Sus piernas, antes firmes, ahora se estremecían y meneaba acercando su culo hacia mi cara. 
_eres un haaa. Eres haaa, un tonto_ decía doña Mariana intentando no gemir entre cada palabra a lo que yo metí mi lengua más adentro de su vagina _porfa haaa por haaaa por favor pa haaaa, para la próxima avísame haaa_ decía no pudiendo dejar de gemir...  
Sin hacerle mucho caso, seguí con lo mío, saque mi lengua de entre sus labios, saque mi dedo de su estrecho culo, con suavidad chupe su ano, casi besándolo, su ano rosado se contraía y dilataba, seguí chupando lo cada vez más fuerte, cuando lo deje bien húmedo intenté meter mi lengua pero apenas entraba la puntita, estuve un rato intentando meterle toda mi lengua en se culo hermoso pero era muy estrecho, como no había dejado de dedearle el clítoris con una mano mis dedos estaban chorreando los fluidos de mi jefecita así que, otra vez sin avisar, le meti el índice en el culo.
_Aaay aaay_ dijo ella pero estaba vez no hubo queja, hasta note como abrió un poco más sus pálidos muslos. Metí el índice de mi otra mano en su vagina para lubricar lo e igualmente lo metí en su culo...
Ella con mis dedos en su culito gemía y volteaba sobre su hombro viéndome jugar con sus agujeros, se mordía los labios y sus ojos me decían: hazme lo que quieras... Tras unos momentos de jugar con su culito saque mis dedos y su ano quedó más dilatado, acerque mi boca y estaba vez mi lengua entro completita, perdí la noción del tiempo con ese culo, cuando al fin me separé un poco de ese culo blanco, ví que mi saliva y los jugos de doña Mariana le habían lubricado ambas nalgas, nalgas que ya no estaban pálidas sino rojas con marcas de mi dedos y un ano abriéndo y cerrándose, sus muslos temblaban y tenían pequeños espasmos...
_¿lo estás disfrutando?_ me pregunta mi jefa, yo solo sonrió y sigo contemplado ese orto perfecto, me pongo de pie e intento quitarme el cinturón al lo que ella dice _ay cariño espera_
Doña Mariana se pone de pie y se da vuelta, no intento acomodar ni siquiera por un segundo su despeinada cabellera, sus desgarrados shorts que ya colgaban de sus muslos ni su calzon que estaba a un lado de culo _no agarres tu ropa con las manos sucias_ dijo con un tono muy pícaro, me miró fijamente sujeto mi mano que estaba aún chorreando sus fluidos vaginales y empezó a chupar y lamer dedo por dedo de ambas manos, limpio sus propios líquidos con su lengua.
_me toca a mi_ dijo besándome de la manera más sucia posible, mientras se comíamos a besos yo la rodee con mis brazos y masajeaba sus nalgas, sus muslos y su ano.
Bajo lentamente por mi cuello hasta ponerse de rodillas, me quito el cinturón y abrió mis pantalones me bajo el boxer y mi verga salió rebotando, ella quedó quieta un segundo con la mirada fija en mi pene...

Continuara dejen sus puntos plis...

0 comentarios - Con la jefa en el almacén II