Después de esa noche en el antro con Lara, no podía parar de pensar en lo que había pasado. Ver a mi mejor amiga perder toda la timidez, salir del baño llena de leche y con esa sonrisa de “ya no hay vuelta atrás” me prendió como nunca. Cuando llegué a casa esa madrugada, Fede me estaba esperando despierto. Me miró de arriba abajo, olió el antro en mi ropa y me dijo bajito: “¿Qué pasó, Kei? Cuéntame todo…”.

Me senté en la cama, todavía caliente, y le conté lo de Lara primero: cómo bailó pegadita con esos dos morenos, cómo la llevaron al baño, cómo se la cogieron entre los dos, cómo salió temblando y diciendo “más… necesito más”. Mientras hablaba, Fede se ponía durísimo. Me agarró la mano y la puso en su polla: “¿Y tú? ¿No te quedaste atrás, verdad?”. Bajé la mirada sonrojada y negué con la cabeza despacio: “No… yo también… pero eso te lo cuento después. Primero quiero que sepas que me puse tan caliente viéndola… que ahora solo pienso en repetir lo nuestro”.
Le dije que quería volver al hotel con Max. Que la espina de Lara me había hecho darme cuenta de que yo también necesitaba más. Fede se quedó callado un segundo, luego me besó fuerte y susurró: “Hagámoslo. Invítalo. Quiero oírte otra vez pidiendo más duro… pero esta vez, quiero verte más suelta”.

Le escribí a Max esa misma semana: “¿Quieres repetir en el hotel? Fede quiere escucharme de nuevo… y yo quiero que me rompas más fuerte”. Respondió rápido: “Cuando quieras, preciosa. Prepárate para no poder caminar después”.
Reservamos la misma suite. Esta vez llegamos los tres juntos: Fede, yo y Max. No hubo sala contigua ni puerta entreabierta. Fede se sentó en el sillón del dormitorio, polla ya dura bajo los pantalones, y dijo bajito: “Quiero ver todo… no te tapes, Kei. Déjate llevar”.


Max me agarró por la cintura y me besó contra la pared, más brusco que la primera vez. Me arrancó el vestido (esta vez no llevaba lencería, solo tanguita diminuta). Me chupó las tetas con hambre, mordiendo los pezones hasta que gemí sin contenerme: “Ay… Max… sí…”. Me bajó la tanga de un tirón, me abrió las piernas y me metió la lengua profunda, lamiéndome el clítoris mientras yo me agarraba de su cabeza. Miré a Fede: estaba masturbándose lento, ojos fijos en mí.
Max me levantó y me tiró en la cama king size. Se quitó la ropa, su polla negra gruesa y venosa ya parada. Rasgó el condón y me la metió entera de una embestida. Grité bajito al principio: “Ay… despacio… es muy grande…”, pero en segundos ya estaba moviendo las caderas pidiéndole más: “Más duro… por favor… rómpeme…”.

Fede se acercó un poco más al borde de la cama, respirando agitado. Max me puso a cuatro patas, me agarró del pelo suave y empezó a bombear brutal: golpes profundos, rápidos, la cama golpeando la pared. Mi coño chapoteaba fuerte, jugos corriendo por mis muslos. Saqué la lengua más suelta esta vez, escupí en la sábana y gemí alto para que Fede oyera todo: “Más duro… joder… así me querías ver, ¿verdad, cornudito? Me estás rompiendo… se siente tan rico… más… dame más…”.
Max gruñó: “Dile a tu marido cuánto te gusta mi polla negra”. Miré a Fede con los ojos vidriosos y susurré: “Me gusta… me rompe mejor que tú… necesito más grande… más duro…”. Fede se masturbaba más rápido, gimiendo mi nombre.
Me corrí una, dos, tres veces seguidas, gritando bajito pero sin taparme la boca: “Me corro… ay… otra vez… no pares…”. Max aceleró como loco, me dio palmadas suaves en el culo y se corrió dentro del condón con un gruñido profundo, llenándome hasta que sentí el calor.
Cuando Max se fue (beso en la frente y salió), Fede se tiró encima de mí inmediatamente. Me besó el cuello, olió el sexo en mi piel y me penetró despacio, sintiendo lo hinchado y mojado que estaba mi coño después de Max. Mientras me follaba suave, le conté cada detalle: “Me lamió hasta hacerme temblar… me la metió tan profundo que sentí que me partía… bombeó más fuerte que nunca… me corrí gritando tu nombre en mi cabeza… y cuando me dijo que le dijera cuánto me gustaba su polla, lo hice… porque era verdad… necesito más, Fede… más grande… tú no me llenas como él”.
Fede se corrió dentro de mí en minutos, gimiendo: “Eres mi puta… y me encanta”. Después nos quedamos abrazados, yo todavía temblando. Ahora, cada vez que hablamos de repetir, bajo la mirada un segundo por costumbre, pero luego lo miro fijo, saco la lengua más confiada y le digo: “¿Quieres que Max me rompa otra vez? ¿Que te diga en vivo que necesito más grande? Porque ya no tengo tanta pena… y quiero que lo veas todo, cornudito”.
¿Quieren la Parte 3? Porque Lara y yo ya estamos planeando salir juntas otra vez…
Digan que nos harían 👀👀 quizás elijamos a uno para las dos 🫣🫣

Me senté en la cama, todavía caliente, y le conté lo de Lara primero: cómo bailó pegadita con esos dos morenos, cómo la llevaron al baño, cómo se la cogieron entre los dos, cómo salió temblando y diciendo “más… necesito más”. Mientras hablaba, Fede se ponía durísimo. Me agarró la mano y la puso en su polla: “¿Y tú? ¿No te quedaste atrás, verdad?”. Bajé la mirada sonrojada y negué con la cabeza despacio: “No… yo también… pero eso te lo cuento después. Primero quiero que sepas que me puse tan caliente viéndola… que ahora solo pienso en repetir lo nuestro”.
Le dije que quería volver al hotel con Max. Que la espina de Lara me había hecho darme cuenta de que yo también necesitaba más. Fede se quedó callado un segundo, luego me besó fuerte y susurró: “Hagámoslo. Invítalo. Quiero oírte otra vez pidiendo más duro… pero esta vez, quiero verte más suelta”.

Le escribí a Max esa misma semana: “¿Quieres repetir en el hotel? Fede quiere escucharme de nuevo… y yo quiero que me rompas más fuerte”. Respondió rápido: “Cuando quieras, preciosa. Prepárate para no poder caminar después”.
Reservamos la misma suite. Esta vez llegamos los tres juntos: Fede, yo y Max. No hubo sala contigua ni puerta entreabierta. Fede se sentó en el sillón del dormitorio, polla ya dura bajo los pantalones, y dijo bajito: “Quiero ver todo… no te tapes, Kei. Déjate llevar”.


Max me agarró por la cintura y me besó contra la pared, más brusco que la primera vez. Me arrancó el vestido (esta vez no llevaba lencería, solo tanguita diminuta). Me chupó las tetas con hambre, mordiendo los pezones hasta que gemí sin contenerme: “Ay… Max… sí…”. Me bajó la tanga de un tirón, me abrió las piernas y me metió la lengua profunda, lamiéndome el clítoris mientras yo me agarraba de su cabeza. Miré a Fede: estaba masturbándose lento, ojos fijos en mí.
Max me levantó y me tiró en la cama king size. Se quitó la ropa, su polla negra gruesa y venosa ya parada. Rasgó el condón y me la metió entera de una embestida. Grité bajito al principio: “Ay… despacio… es muy grande…”, pero en segundos ya estaba moviendo las caderas pidiéndole más: “Más duro… por favor… rómpeme…”.

Fede se acercó un poco más al borde de la cama, respirando agitado. Max me puso a cuatro patas, me agarró del pelo suave y empezó a bombear brutal: golpes profundos, rápidos, la cama golpeando la pared. Mi coño chapoteaba fuerte, jugos corriendo por mis muslos. Saqué la lengua más suelta esta vez, escupí en la sábana y gemí alto para que Fede oyera todo: “Más duro… joder… así me querías ver, ¿verdad, cornudito? Me estás rompiendo… se siente tan rico… más… dame más…”.
Max gruñó: “Dile a tu marido cuánto te gusta mi polla negra”. Miré a Fede con los ojos vidriosos y susurré: “Me gusta… me rompe mejor que tú… necesito más grande… más duro…”. Fede se masturbaba más rápido, gimiendo mi nombre.
Me corrí una, dos, tres veces seguidas, gritando bajito pero sin taparme la boca: “Me corro… ay… otra vez… no pares…”. Max aceleró como loco, me dio palmadas suaves en el culo y se corrió dentro del condón con un gruñido profundo, llenándome hasta que sentí el calor.
Cuando Max se fue (beso en la frente y salió), Fede se tiró encima de mí inmediatamente. Me besó el cuello, olió el sexo en mi piel y me penetró despacio, sintiendo lo hinchado y mojado que estaba mi coño después de Max. Mientras me follaba suave, le conté cada detalle: “Me lamió hasta hacerme temblar… me la metió tan profundo que sentí que me partía… bombeó más fuerte que nunca… me corrí gritando tu nombre en mi cabeza… y cuando me dijo que le dijera cuánto me gustaba su polla, lo hice… porque era verdad… necesito más, Fede… más grande… tú no me llenas como él”.
Fede se corrió dentro de mí en minutos, gimiendo: “Eres mi puta… y me encanta”. Después nos quedamos abrazados, yo todavía temblando. Ahora, cada vez que hablamos de repetir, bajo la mirada un segundo por costumbre, pero luego lo miro fijo, saco la lengua más confiada y le digo: “¿Quieres que Max me rompa otra vez? ¿Que te diga en vivo que necesito más grande? Porque ya no tengo tanta pena… y quiero que lo veas todo, cornudito”.
¿Quieren la Parte 3? Porque Lara y yo ya estamos planeando salir juntas otra vez…
Digan que nos harían 👀👀 quizás elijamos a uno para las dos 🫣🫣
0 comentarios - La fantasía que se hizo real – Parte 2