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Mi inquilino y yo

Soy una mujer de 20 años, bajita, de cabello medio largo, senos firmes y piernas sexis creo jajaja. Me dedico a la renta de departamentos, rento los departamentos de mis papás es decir cómo si yo fuera su agente inmobiliaria. En ese momento me consideraba una mujer recatada y conservadora, que solo en la intimidad me mostraba algo apasionada.

Pero todo cambió cuando una noche de copas mi inquilino me mostró el placer de la infidelidad, enseñándome gustos prohibidos para mí. Su nombre era Gerardo, él era taxista y por necesidades económicas le renté un cuarto en mi departamento. Yo no dormía allí porque vivía con mi mamá y mi papá, pero lo ocupaba para cuando salía muy cansada de la uni y no quería regresar hasta la casa de mis papás y en ocasiones para alguna reunión con amigas o con mi novio, con el que tenía una relación de un año. Cabe aclarar que esto ocurrió hace como 9 meses.

MI inquilino era un hombre alto, moreno y calvo, aunque me parecía feo y grosero, siempre me trató con respeto, además de muchas veces apoyarme en trasladarme y así, por lo que nunca desconfié de él. Además, yo procuraba estar siempre desmaquillada y con ropa holgada cuando coincidíamos por las mañanas en el departamento, ya que cuando llegaba a preparar mis cosas o algo, el iba de salida para su trabajo. Pero, cuando le renté el cuarto mi novio se puso celoso, lo que me provocó conflictos que luego terminaría en lo que les confesaré.

Recuerdo que la noche de mi cumpleaños, salí de antro con mi novio, me puse una blusa tipo ombliguera, una faldita bastante corta y mis tacones.
Mi inquilino y yo

Entonces después de varias copas empezamos a discutir por mi inquilino y para colmo el taxista me marcó:
- Buenas noches, solo la llamé para decirle que no llegaré al departamento, pero, si se le ofrece algo estoy a sus órdenes, dejé todo cerrado y las llaves en el buzón por cualquier cosa.
Cuando contesté mi novio casi gritando que quién me estaba marcando, que seguramente era el calvo de mi inquilino. Le dí las gracias y colgué rápidamente. Sin embargo, mi novio se molestó tanto que sin pensarlo dejó el antro y me quedé sola.

Ya había bebido bastante, así que estaba mareada y además enojada, pues se suponía que mi novio y yo pasaríamos una noche de pasión, por eso me había puesto ese tipo de ropa, además de una mini tanguita. Sintiéndome algo asustada por quedarme sola, solo atiné a marcarle al taxista:

- Señor Gerardo, puede pasar por mí, le mando ubicación por WhatsApp.

- Claro que sí, ¿pasó algo?

- Nada, luego le cuento - respondí.
Afortunadamente, pensé, traigo un abrigo largo, así el taxista no verá como vengo vestida, pues, a pesar de todo, mi pudor no me dejaba mostrarme a mi inquilino. Cuando llegó le dije:

- Gracias, ¿me puede llevar al departamento y luego a casa de mi mamá?

- Claro que sí, o ¿no quiere que la lleve directamente a casa de su mamá?

- Primero voy a cambiarme al departamento, además la casa de mi mamá está más lejos y si no mejor me quedo en el depa.

- Está bien.

Durante todo el camino noté que no quitaba la vista de mis piernas, pues al sentarme el abrigo no las cubría totalmente. Me preguntó que, si había pasado algo con mi novio, yo solo le dije que había tenido una emergencia y que después nos veríamos en el departamento. Pensé que si tenía alguna intención con eso lo desanimaría.

Para cuando llegamos al estacionamiento de la unidad habitacional se apresuró a abrirme la puerta y ayudarme a bajar, pues según él me veía algo tomada. Ahora creo que lo hizo para poder ver mejor mis piernas. Al llegar al edificio, teníamos que subir las escaleras para llegar a su departamento, entonces me dijo:

- Suba usted primero, así cuido que no se vaya a resbalar o a caer.

Al llegar al departamento, dijo que aprovecharía para entrar al baño. Mientras el salía, y sin pensar lo que pasaría después, decidí sacar una botella de vino y me serví una copa, me senté en una silla del comedor sin quitarme el abrigo.

- ¿Se siente bien? - me preguntó cuando salió del baño.
- Si, solo que se me antojó una copa, pero cuando me la termine me cambio y ahora si nos vamos a casa de mi mamá.

- ¿Le molesta si me sirvo un poco de vino para acompañarla?

- Claro que no, si quiere tome una copa de la cantina - acepté

Se levantó por el vaso y después se sirvió un poco de vodka y se sentó también en la mesa frente a mí.

- gusta un cigarro- agregó

- No, está bien, gracias

Al poco rato cuando se terminó el contenido de su vaso, sin preguntarme me sirvió un poco más de alcohol.

- Quiero que brindemos por el cumpleaños de una mujer tan bella como usted – me dijo.

- Gracias – le respondí, sorprendida y apenada por el piropo.
Bebimos todo el vino de un solo trago, entre eso y el humo del cigarro empecé a marearme más. El taxista lo notó así que sin darme oportunidad me propuso poner algo de música, prendió el estéreo y puso un disco de bachata que estaba sobre el librero. Subió el volumen y me pidió que bailáramos para que se me bajara el efecto del alcohol. No sé si por lo enojada que aún estaba con mi novio o el alcohol, acepté poniéndome de pie. Total, sólo sería un baile y mi novio no se enteraría. Mi inquilino se apresuró a quitarme el abrigo.

Entonces noté como la mirada de Gerardo recorría todo mi cuerpo, algo apenada pensé en negarme, pero sin darme oportunidad me tomó entre sus brazos y a pocos minutos ya me hacía girar al ritmo de la música.

- Qué bien baila – dijo, luego agregó - que bonitos se ven sus pies siguiendo el ritmo de la música - a pesar de las plataformas, mi cabeza apenas llegaba a sus hombros, pues como dije antes soy chaparrita.
En eso estábamos cuando terminó la canción y entonces le dije:

- Voy a cambiarme, espero que todavía quiera llevarme a casa de mi mamá.

- Claro que sí, pero qué le parece si antes tomamos un último vaso de vino sentados en la sala.

- Está bien, aunque es un poco tarde y mañana usted irá a trabajar – dije tratando de no ser grosera.

- No se preocupe, ya estoy acostumbrado – contestó.

Sin poder decirle nada, pues ya era tarde y no quería ir en un taxi desconocido, acepté y nos sentamos en la sala. Don Gerardo ame estaba sirviendo cuando sin querer derramó un poco de vino sobre mis muslos, y antes de que pudiera reclamarle, tomó una servilleta y empezó a secarme. Al sentir sus manos sobre mis piernas sentí que le temblaban.
- No se preocupe ya después lavo mi falda- agregué

Sirvió un poco más de vino en las copas y dijo:

- ¿Me acompaña con un hidalgo? por el gusto de habernos conocido y permitirme bailar con usted.

Acepté, pero cuando alzábamos los vasos, volvió a derramar un poco más de vodka, esta vez mojando mis pies por encima de mis zapatillas. En eso tomó otras servilletas y se agachó para secarlos. Esta vez sentí mucho placer al sentir sus rudas manos en mis pies.

De pronto tomó mis pies y los subió sobre el sillón.

- Perdón, pero es que, así es más fácil secarlos - vi que su cara se enrojecía al ver y sentir como sus manos acariciaban mis piernas y mis pies-luego agregó.
- Tiene unos lindos pies, se ven muy bellos con las zapatillas y sus deditos con las uñas pintadas de barniz blanco con su piel blanquita le queda espectacular.

Sus manos los acariciaban y apretaban con algo más de fuerza, sin querer soltarlos. Reí de nervios y también porque sus manos me hacían cosquillas:

- Ay, señor Gerardo no es necesario, de verdad yo lavaré después – mis dedos se movían por debajo de las correas de las zapatillas al sentir sus manos. – nos fumamos un cigarro – agregó. Como estaban sobre la mesa, se levantó por ellos, lo que aproveché para bajar mis piernas del sillón.

Mientras el fumaba y yo lo acompañaba noté que no dejaba de ver mis piernas, mientras sonaba otra bachata más movida, de improviso le dije:

- Voy a cambiarme para quitarme la ropa mojada¿Qué le parece si ahora si nos vamos a casa de mi mamá?

- Bueno, pero ¿qué tal si bailamos esta última canción? - entre lo tomada y excitada que estaba al haber sentido sus manos en mis pies, no me negué por lo que nos pusimos a bailar.

Esta vez don Gerardo no ocultó su deseo y empezó a acariciarme por encima del vestido la espalda baja, yo sentía que mi falda poco a poco se iba levantando. Me tomó por las caderas y entonces me dijo:

- Qué bien baila, señorita Y – sin saber por qué, le di un beso en la mejilla.

Entonces me besó en la boca y puso sus manos sobre mi espalda sin dejar de bailar. Sentí como sus manos acariciaban mis hombros para luego ir subiendo delicadamente la blusa descubriendo mis pechos con mis pezones encendidos por el frío y por la situación. Traté de bajar la blusa, pero tomó mis manos colocándolas en su cuello, mientras seguía besándome. Traté de separarlo, pero él no dejaba de abrazarme, así que solo le dije.

- Señor Gerardo, hace frío, mi ropa está manchada y mojada y además mi novio puede venir al departamento. Él es muy celoso, mejor ya vámonos a casa de mi mamá

Pero su boca ya se deslizaba acariciando mi cuello hasta llegar a mis pechos, mientras al ritmo de la música me llevaba hacia el sillón otra vez. Me sentó, colocándose sobre mi besando sensualmente mis pezones, que ya estaban endurecidos por el placer de sentir como los succionaba.

- Que lindas nenas tiene, sus hombros la hacen ver muy sensual y el perfume que lleva puesto huele tan rico – se veía que su lujuria estaba al máximo.

- Ay, no tan fuerte, me estaba mordiendo y haciendo chupetones en mis tetas¿qué hace? Tengo novio, ay, por favor, mejor ya vámonos – le decía mientras su saliva escurría por mis pezones.

- No le gusta como beso sus pechos – me respondió

- Suélteme, qué tal si mi novio se entera o viene al departamento – le repetí con temor de lo que podía pasar, ya que sabía que nadie vendría.

Sin hacer caso, se hincó sobre la alfombra, para abrir mis piernas. Traté de resistirme, al mismo tiempo que tapaba mis pechos con la blusa, pero, al sentir como sus manos sujetaban con deseo mis muslos, por fin cedí dejando al descubierto el interior de mis piernas. Ese día yo llevaba una tanga de encaje muy pequeña y ajustada que apenas tapaba mi vagina y que se sujetaba por unos finas tiras de mi cadera.

Puso su boca sobre la tanga que ya estaba húmeda por los jugos de mi vagina. Su lengua trataba de atravesar la tela de mi tanga para saboréalos, entonces hizo a un lado la tanga y ahora nada separaban mi clítoris de su boca. Entonces me dijo:
- Sabes que las damas que no usan tanga son las más cachondas - y poniendo sus manos debajo del vestido fue deslizando las tiras de la tanga sobre mis muslos al mismo tiempo que los acariciaba.

- Ahhhhh, no, por favor, no me la quite – dije

La tanga quedó sobre la alfombra, luego subió mis piernas en sus hombros al mismo tiempo que sus manos nuevamente levantaban mi blusa para acariciar y apretar mis pezones.

Su boca no dejaba de saborear mi vagina.

- Que sensual se ve tu clitoris – me dijo.

Estaba muy excitada, pero todavía traté de quitar sus manos de mis senos, mientras sus dedos los apretaban.

- Ay, ya., ya vámonos – decía entre gemidos – Ahhh, ya, ahhh, ya – volví a tratar de quitar su manos de mis pechos.
Entonces bajó sus manos para volver a acariciar y apretar mis piernas con mucho deseo, desde la cadera hasta los pies. Yo seguía gimiendo con placer, mientras mis pies se estiraban y contraían dentro de las zapatillas al ritmo de sus chupadas.

- Qué piernotas tan calientes tienes, señorita Y, se nota que gozan mucho cada que chupo su rica vagina.

Entonces se levantó para bajar sus pantalones y sacar su miembro endurecido y babeante. Lo arrimó hasta mi vagina, tratando de introducirlo así. Su cara se veía llena de placer al sentir lo que había debajo de mi falda, empezó a frotar su miembro en mi vagina mientras con sus manos apretaba mis tetas, la verdad lo tenía bastante gruesa y muy larga era perfecta y sabía que si se daba algo la iba a pasar muy bien

- Ya, por favor. Va a romperme la falda y la blusa que me regaló mi novio, las está llenando de su porquería – le dije.

Continúa....

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