Me llamo Andrea. Mido poco más de metro y medio, pero aprendí hace tiempo que la estatura no define la presencia. Tengo la piel clara, el cabello negro y largo, de esos que caen sin esfuerzo sobre la espalda y a veces me cubren parte del rostro. Mis ojos suelen decir más de lo que quisiera admitir, sobre todo cuando bebo un par de tragos de más y dejo de fingir que todo me da igual.
Tengo un cuerpo curvo, compacto, de caderas marcadas y muslos firmes. No soy de llamar la atención de manera evidente, pero sé cuándo una mirada se queda un segundo más de la cuenta ,cuándo alguien se acerca demasiado al hablarme. Me gusta sentirme deseada, aunque no siempre tenga claro por quién ni qué hacer con eso. Trabajo en una oficina donde casi todos creen conocerme, pero pocos saben quién soy cuando cae la noche y bajo la guardia.
El sábado pasado había quedado con un amigo. Nos vemos de vez en cuando, la química es fácil, nos conocimos de casualidad y una cosa llevo a la otra y aunque este casado siempre tiene tiempo para verme y nunca hace demasiadas preguntas. El plan era simple: vernos en el hotel de siempre. Ese mismo día, sin embargo, mi compañera de oficina me escribió emocionada. Había empezado a salir con un chico de administración y quería que lo conociera. Habían quedado en un bar y me insistió para que vaya. Se le notaba ilusionada, y no quise decirle que no.
Le propuse a mi amigo cambiar un poco el plan: primero el bar y luego nosotros. Aceptó sin problema. Cuando llegamos, entendí enseguida que nada iba a salir como lo había imaginado. No estaban solo mi amiga y su novio; había más gente de la oficina. Algunos rostros familiares, pero nadie cercano hasta que lo vi. Mi jefe y ex novio, Con quien hasta el año pasado seguíamos acostándonos en secreto.
Sentí ese golpe seco en el pecho, una mezcla incómoda de sorpresa, nervios y una tensión que nunca desapareció del todo. Lo nuestro siempre fue discreto, nadie en la oficina sabía nada. El estaba apoyado en la barra, mirándome con esa seguridad que siempre me desarmó, como si todavía tuviera permiso sobre mi cuerpo.
Saludé a todos intentando parecer normal. Nos acomodamos en una mesita cerca del grupo, pedimos tragos, conversamos. Conocí al novio de mi amiga, sonreí, reí cuando tocaba. Pero yo estaba demasiado consciente de mi jefe: de sus ojos siguiéndome, de cómo se inclinaba apenas hacia mí cuando hablaba, de esa tensión silenciosa que se iba acumulando.
Después de un par de copas, mi amiga me tomó de la mano y me llevó a la pista. Bailamos juntas, riéndonos, mirándonos en los espejos, jugando a provocar desde lejos. El ambiente se fue encendiendo, la música subió, más gente se sumó. Mi amigo se quedó en la mesa; él no baila.
En medio del ritmo sentí una mano firme en mi cintura. No me sobresalté. Supe que era mi jefe antes de girarme. Me atrajo hacia él con naturalidad, como si ese gesto todavía nos perteneciera. Dudé un segundo, pero no me aparté. No quería hacer una escena. No quería que nadie notara nada.
Su cuerpo se pegó al mío y empezó a moverse con el ritmo. Sus manos recorrían mi cintura, subían apenas por mi espalda, bajaban de nuevo a mis piernas. Todo parecía normal desde afuera, un baile más. Pero yo sentía cada roce, cada presión, cada vez que su pulgar se hundía un poco más de la cuenta en mi piel.
-Seguís bailando igual —me dijo cerca del oído—. Nunca supe olvidarte así.
Tragué saliva.
-no deberíamos...
-Míranos —susurró—. Nadie está mirando.
Y era verdad. O al menos eso parecía. Aprovechaba cada giro para acercarme más, para rozarme de formas que solo yo podía sentir. Su mano se detuvo un segundo más de lo normal en mi cintura, bajó por mi espalda, volvió a subir. Yo no lo frené. Me limité a moverme con él, a disimular, a fingir que no me estaba encendiendo por dentro.
Sentía el calor subir, la música vibrar en el cuerpo, el recuerdo de su forma de tocarme despertando algo peligroso. En un momento su rostro se acercó demasiado. Rozó mi mejilla, mi cuello, buscó mis labios sin llegar del todo. Sonreí apenas, giré la cara, lo justo para evitarlo sin alejarme. La canción parecía eterna.
Recién cuando terminó, cuando él se distrajo saludando a alguien detrás de mí, aproveché para deslizarme fuera de su alcance. Me alejé despacio, sin correr, sin mirarlo, con el corazón acelerado y el cuerpo completamente despierto.
Volví a la mesa intentando recomponerme. Bebimos un poco más, hablamos de cualquier cosa. Al poco rato nos despedimos. Al salir del bar, el aire de la noche me golpeó distinto. Mi amigo me tomo de la cintura y caminamos buscando un hotel casi en silencio, pero apenas cruzamos el lobby su mano buscó la mía. Esta vez no la solté.
Los besos empezaron ahí mismo, contenidos desde hacía horas. Subimos las escaleras tocándonos, riéndonos en voz baja. Sentía el vestido subir y sus manos tocar mi cola, la piel expuesta ,el deseo acumulado explotando por fin. Llegamos a la habitación con el corazón acelerado. Cerramos la puerta y empezó a comerme la boca.
llegamos a la cama y lo tumbé en ella, de pie frente a el empecé a desabrochar mi vestido dejándolo caer, mis pechos en todo su esplendor se mostraban mientras él los saboreaba, me acerco hacia a él y siguió comiéndome la boca, ahora los pechos mientras aguantaba los gemidos. cambiamos de lado quedando debajo de él, siguió besándome mientras contenía mis gemidos, sus labios en mi pecho bajaron poco a poco a mi cintura, me quito la tanga q traía dejando mi conchita expuesta.
-tranquilo tigre, que estoy sensible.
- descuida nena, se lo que te gusta.
Me comió suavemente la conchita por fuera, pasaba la lengua de arriba a abajo, luego succiono mi clítoris mientras mis gemidos crecían, sentía como me mojaba con cada lamida suya, abrí las piernas y tomé su cabello con mis manos. El sabia como hacerme disfrutar.
Sentí mi primer orgasmo venir y lo deje fluir, gimiendo y mojándome mucho, él lo noto y rápidamente uso sus dedos para estimularme.
-sabia q eso querías nena...
- aaaaaaahhh y ahora quiero más-mirándolo a los ojos-
- me encanta esa cara de perra que tenes.
- calla y cógeme cabrón.
Se desabrocho el pantalón y saco ese miembro hermoso, aprox 17cm de carne gruesa y caliente. Lo tomo con ambas manos y lo acerco a mi conchita introduciéndolo de a pocos, entro como mantequilla de lo caliente que estaba. Empezó las embestidas así en misionero, lo abrase del cuello gimiéndole al oído:
-Soy tuya papi…
Eso lo excitaba y me daba más duro. Sentía como entraba y salía. Cerré los ojos y disfrute ese momento. Subió mis piernas a sus hombros y siguió cogiéndome, entregada gemía sin parar, quería venirme de tanta excitación que traía.
Me dio la vuelta poniéndome en 4, toda mi cola a su disposición, sentí sus manos manosear mis nalgas y sus labios disfrutar mis jugos, volví a gemir al sentir su verga entrando en mi conchita. Sus manos en mi cintura me tomaban con fuerza...pero eso me recordó a mi jefe y nuestro baile en el bar.
Me siguió embistiendo, duro, como quería, sentía su verga abrir mis paredes y sus testículos tocar mi clítoris. Gemía mucho y eso lo animaba mas
-dame cabrón, dame dame.
Apenas podía hablar de las embestidas, me nublaba la cabeza de tanto placer, me retorcía de la excitación y sentía el orgasmo venir…pero aun así en mi mente lo veía a él, a mi jefe.
Todo fue intenso. Mi cuerpo reaccionó sin pensar, como si todavía estuviera bailando. El primer orgasmo llegó rápido, inevitable. Seguimos, y mientras más profundo se volvía todo, más claro aparecía en mi mente el recuerdo de él, sus manos marcándome el ritmo, su voz baja diciéndome que nadie miraba.
Quede tumbada en la cama mientras mi mente iba reaccionando, tenía a mi amigo al lado mirándome
- Estuvo rico bebe, rico como siempre.
- Pero aún no termino, ahora me toca a mí – respondí.
Me levante, aun me temblaban las piernas, mi acompañante tumbado y su miembro duro, hermoso apuntando al cielo. Lo tome entre mis dedos y empecé a juguetear, bajaba subía, acerque mis labios a su cabeza brillante que olía a semen de su corrida anterior y sin dudar lo metía a mi boca, ese sabor me excitaba. Lo saboreaba jugando con mis labios, llenándolo de saliva y mis dedos tocándole el tronco q se ponía más duro. Levante la mirada y lo tenía retorciéndose de placer, me miro y sentí q se ponía más duro aún. Seguí succionando y ahora comiendo, entraba y salía de mi boca, tragaba lo más q podía y el me gemía excitándome más. sentir ese pedazo de carne en mi boca me volvió a poner cachonda y con más ganas de cogérmelo.
Intente tragarlo entero, rápido entro y salió, el gimió fuerte y mi concha se mojó más.
- Tranquila cabrona, se nota quete gusta mi verga.
- Me encanta cabrón, me encanta-y la volví a tragar.
Comí un poco más y me la saqué dela boca, ahora venia mi turno. Me coloque sobre él y me introduje ese miembro, estaba tan caliente que se deslizo hasta el fondo, me quede quieta, sentada, sintiendo como mis paredes se abrían y conteniendo el gemido, cerré los ojos y no dejaba de verlo a él, mi jefe. imaginaba como me gustaba montarlo y el aguante que tenía conmigo.
Empecé a cabalgarlo con fuerza, profundo y duro, fui subiendo la intensidad, sentía q entraba y salía. Sus manos a mis pechos q rebotaban al ritmo, los gemidos resonaban en la habitación. cerré los ojos y solo pensaba en él. Cabalgaba fuerte, brincaba en ese miembro hermoso, duro y caliente y sentí ese recorrido en mi espalda, desde mi clítoris hacia todo mi cuerpo, un calor que me carcomía, una fuerza extrema, una avalancha de placer que venía de esa verga preciosa y me dejé llevar....
Ese segundo orgasmo fue intenso, más largo, más descontrolado. Y cuando me rompí por dentro, me corrí sobre él y no lo pude evitar, grité el nombre de mi jefe:
Aaaaaaahn Antony… siiiiiiiaaaaaaaaahh
Mi amigo no se detuvo. Yo tampoco quise hacerlo. Me dejé llevar hasta el final, empapada, temblando, sin arrepentirme de nada.
Después, mientras recuperaba el aliento, sentí más placer que culpa.... tumbados en la cama lo mire y le sonreí.
- Gracias por todo, tan rico como siempre.
- De nada bebe, pero… ¿Por qué dijiste otro nombre? —preguntó.
Sonreí apenas. —Porque algunas cosas no se olvidan tan fácil.
Así fue mi sábado pasado. Y todavía, cuando cierro los ojos, sé exactamente en qué momento empezó todo.
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Gracias por leerle, es mi primerrelato. Espero les haya gustado.
besitos...
Tengo un cuerpo curvo, compacto, de caderas marcadas y muslos firmes. No soy de llamar la atención de manera evidente, pero sé cuándo una mirada se queda un segundo más de la cuenta ,cuándo alguien se acerca demasiado al hablarme. Me gusta sentirme deseada, aunque no siempre tenga claro por quién ni qué hacer con eso. Trabajo en una oficina donde casi todos creen conocerme, pero pocos saben quién soy cuando cae la noche y bajo la guardia.
El sábado pasado había quedado con un amigo. Nos vemos de vez en cuando, la química es fácil, nos conocimos de casualidad y una cosa llevo a la otra y aunque este casado siempre tiene tiempo para verme y nunca hace demasiadas preguntas. El plan era simple: vernos en el hotel de siempre. Ese mismo día, sin embargo, mi compañera de oficina me escribió emocionada. Había empezado a salir con un chico de administración y quería que lo conociera. Habían quedado en un bar y me insistió para que vaya. Se le notaba ilusionada, y no quise decirle que no.
Le propuse a mi amigo cambiar un poco el plan: primero el bar y luego nosotros. Aceptó sin problema. Cuando llegamos, entendí enseguida que nada iba a salir como lo había imaginado. No estaban solo mi amiga y su novio; había más gente de la oficina. Algunos rostros familiares, pero nadie cercano hasta que lo vi. Mi jefe y ex novio, Con quien hasta el año pasado seguíamos acostándonos en secreto.
Sentí ese golpe seco en el pecho, una mezcla incómoda de sorpresa, nervios y una tensión que nunca desapareció del todo. Lo nuestro siempre fue discreto, nadie en la oficina sabía nada. El estaba apoyado en la barra, mirándome con esa seguridad que siempre me desarmó, como si todavía tuviera permiso sobre mi cuerpo.
Saludé a todos intentando parecer normal. Nos acomodamos en una mesita cerca del grupo, pedimos tragos, conversamos. Conocí al novio de mi amiga, sonreí, reí cuando tocaba. Pero yo estaba demasiado consciente de mi jefe: de sus ojos siguiéndome, de cómo se inclinaba apenas hacia mí cuando hablaba, de esa tensión silenciosa que se iba acumulando.
Después de un par de copas, mi amiga me tomó de la mano y me llevó a la pista. Bailamos juntas, riéndonos, mirándonos en los espejos, jugando a provocar desde lejos. El ambiente se fue encendiendo, la música subió, más gente se sumó. Mi amigo se quedó en la mesa; él no baila.
En medio del ritmo sentí una mano firme en mi cintura. No me sobresalté. Supe que era mi jefe antes de girarme. Me atrajo hacia él con naturalidad, como si ese gesto todavía nos perteneciera. Dudé un segundo, pero no me aparté. No quería hacer una escena. No quería que nadie notara nada.
Su cuerpo se pegó al mío y empezó a moverse con el ritmo. Sus manos recorrían mi cintura, subían apenas por mi espalda, bajaban de nuevo a mis piernas. Todo parecía normal desde afuera, un baile más. Pero yo sentía cada roce, cada presión, cada vez que su pulgar se hundía un poco más de la cuenta en mi piel.
-Seguís bailando igual —me dijo cerca del oído—. Nunca supe olvidarte así.
Tragué saliva.
-no deberíamos...
-Míranos —susurró—. Nadie está mirando.
Y era verdad. O al menos eso parecía. Aprovechaba cada giro para acercarme más, para rozarme de formas que solo yo podía sentir. Su mano se detuvo un segundo más de lo normal en mi cintura, bajó por mi espalda, volvió a subir. Yo no lo frené. Me limité a moverme con él, a disimular, a fingir que no me estaba encendiendo por dentro.
Sentía el calor subir, la música vibrar en el cuerpo, el recuerdo de su forma de tocarme despertando algo peligroso. En un momento su rostro se acercó demasiado. Rozó mi mejilla, mi cuello, buscó mis labios sin llegar del todo. Sonreí apenas, giré la cara, lo justo para evitarlo sin alejarme. La canción parecía eterna.
Recién cuando terminó, cuando él se distrajo saludando a alguien detrás de mí, aproveché para deslizarme fuera de su alcance. Me alejé despacio, sin correr, sin mirarlo, con el corazón acelerado y el cuerpo completamente despierto.
Volví a la mesa intentando recomponerme. Bebimos un poco más, hablamos de cualquier cosa. Al poco rato nos despedimos. Al salir del bar, el aire de la noche me golpeó distinto. Mi amigo me tomo de la cintura y caminamos buscando un hotel casi en silencio, pero apenas cruzamos el lobby su mano buscó la mía. Esta vez no la solté.
Los besos empezaron ahí mismo, contenidos desde hacía horas. Subimos las escaleras tocándonos, riéndonos en voz baja. Sentía el vestido subir y sus manos tocar mi cola, la piel expuesta ,el deseo acumulado explotando por fin. Llegamos a la habitación con el corazón acelerado. Cerramos la puerta y empezó a comerme la boca.
llegamos a la cama y lo tumbé en ella, de pie frente a el empecé a desabrochar mi vestido dejándolo caer, mis pechos en todo su esplendor se mostraban mientras él los saboreaba, me acerco hacia a él y siguió comiéndome la boca, ahora los pechos mientras aguantaba los gemidos. cambiamos de lado quedando debajo de él, siguió besándome mientras contenía mis gemidos, sus labios en mi pecho bajaron poco a poco a mi cintura, me quito la tanga q traía dejando mi conchita expuesta.
-tranquilo tigre, que estoy sensible.
- descuida nena, se lo que te gusta.
Me comió suavemente la conchita por fuera, pasaba la lengua de arriba a abajo, luego succiono mi clítoris mientras mis gemidos crecían, sentía como me mojaba con cada lamida suya, abrí las piernas y tomé su cabello con mis manos. El sabia como hacerme disfrutar.
Sentí mi primer orgasmo venir y lo deje fluir, gimiendo y mojándome mucho, él lo noto y rápidamente uso sus dedos para estimularme.
-sabia q eso querías nena...
- aaaaaaahhh y ahora quiero más-mirándolo a los ojos-
- me encanta esa cara de perra que tenes.
- calla y cógeme cabrón.
Se desabrocho el pantalón y saco ese miembro hermoso, aprox 17cm de carne gruesa y caliente. Lo tomo con ambas manos y lo acerco a mi conchita introduciéndolo de a pocos, entro como mantequilla de lo caliente que estaba. Empezó las embestidas así en misionero, lo abrase del cuello gimiéndole al oído:
-Soy tuya papi…
Eso lo excitaba y me daba más duro. Sentía como entraba y salía. Cerré los ojos y disfrute ese momento. Subió mis piernas a sus hombros y siguió cogiéndome, entregada gemía sin parar, quería venirme de tanta excitación que traía.
Me dio la vuelta poniéndome en 4, toda mi cola a su disposición, sentí sus manos manosear mis nalgas y sus labios disfrutar mis jugos, volví a gemir al sentir su verga entrando en mi conchita. Sus manos en mi cintura me tomaban con fuerza...pero eso me recordó a mi jefe y nuestro baile en el bar.
Me siguió embistiendo, duro, como quería, sentía su verga abrir mis paredes y sus testículos tocar mi clítoris. Gemía mucho y eso lo animaba mas
-dame cabrón, dame dame.
Apenas podía hablar de las embestidas, me nublaba la cabeza de tanto placer, me retorcía de la excitación y sentía el orgasmo venir…pero aun así en mi mente lo veía a él, a mi jefe.
Todo fue intenso. Mi cuerpo reaccionó sin pensar, como si todavía estuviera bailando. El primer orgasmo llegó rápido, inevitable. Seguimos, y mientras más profundo se volvía todo, más claro aparecía en mi mente el recuerdo de él, sus manos marcándome el ritmo, su voz baja diciéndome que nadie miraba.
Quede tumbada en la cama mientras mi mente iba reaccionando, tenía a mi amigo al lado mirándome
- Estuvo rico bebe, rico como siempre.
- Pero aún no termino, ahora me toca a mí – respondí.
Me levante, aun me temblaban las piernas, mi acompañante tumbado y su miembro duro, hermoso apuntando al cielo. Lo tome entre mis dedos y empecé a juguetear, bajaba subía, acerque mis labios a su cabeza brillante que olía a semen de su corrida anterior y sin dudar lo metía a mi boca, ese sabor me excitaba. Lo saboreaba jugando con mis labios, llenándolo de saliva y mis dedos tocándole el tronco q se ponía más duro. Levante la mirada y lo tenía retorciéndose de placer, me miro y sentí q se ponía más duro aún. Seguí succionando y ahora comiendo, entraba y salía de mi boca, tragaba lo más q podía y el me gemía excitándome más. sentir ese pedazo de carne en mi boca me volvió a poner cachonda y con más ganas de cogérmelo.
Intente tragarlo entero, rápido entro y salió, el gimió fuerte y mi concha se mojó más.
- Tranquila cabrona, se nota quete gusta mi verga.
- Me encanta cabrón, me encanta-y la volví a tragar.
Comí un poco más y me la saqué dela boca, ahora venia mi turno. Me coloque sobre él y me introduje ese miembro, estaba tan caliente que se deslizo hasta el fondo, me quede quieta, sentada, sintiendo como mis paredes se abrían y conteniendo el gemido, cerré los ojos y no dejaba de verlo a él, mi jefe. imaginaba como me gustaba montarlo y el aguante que tenía conmigo.
Empecé a cabalgarlo con fuerza, profundo y duro, fui subiendo la intensidad, sentía q entraba y salía. Sus manos a mis pechos q rebotaban al ritmo, los gemidos resonaban en la habitación. cerré los ojos y solo pensaba en él. Cabalgaba fuerte, brincaba en ese miembro hermoso, duro y caliente y sentí ese recorrido en mi espalda, desde mi clítoris hacia todo mi cuerpo, un calor que me carcomía, una fuerza extrema, una avalancha de placer que venía de esa verga preciosa y me dejé llevar....
Ese segundo orgasmo fue intenso, más largo, más descontrolado. Y cuando me rompí por dentro, me corrí sobre él y no lo pude evitar, grité el nombre de mi jefe:
Aaaaaaahn Antony… siiiiiiiaaaaaaaaahh
Mi amigo no se detuvo. Yo tampoco quise hacerlo. Me dejé llevar hasta el final, empapada, temblando, sin arrepentirme de nada.
Después, mientras recuperaba el aliento, sentí más placer que culpa.... tumbados en la cama lo mire y le sonreí.
- Gracias por todo, tan rico como siempre.
- De nada bebe, pero… ¿Por qué dijiste otro nombre? —preguntó.
Sonreí apenas. —Porque algunas cosas no se olvidan tan fácil.
Así fue mi sábado pasado. Y todavía, cuando cierro los ojos, sé exactamente en qué momento empezó todo.
_____________________________________________________________________________________Gracias por leerle, es mi primerrelato. Espero les haya gustado.
besitos...
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