You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Las vacaciones Patagónicas de Nicki | Parte 1

Nicki Nicole llegó a Bariloche a principios de enero, huyendo del calor pegajoso de Buenos Aires y del ritmo frenético de la promoción de su último disco. Había alquilado una cabaña aislada sobre la costa del Nahuel Huapi, con un muelle privado que se perdía en el agua turquesa y un ventanal panorámico que enmarcaba el Cerro Catedral nevado incluso en pleno verano. El primer día lo pasó sola, caminando descalza por la playa de piedras, sintiendo el sol de enero quemándole la piel morena mientras el viento frío del lago le erizaba los vellos de los brazos.

Llevaba un bikini negro: la parte de arriba apenas cubría sus pechos llenos y firmes, con los pezones marcados bajo la tela delgada; la tanga alta dejaba al descubierto casi toda la curva de sus nalgas redondas y el piercing plateado en el ombligo que brillaba con cada movimiento. Su pelo negro ondulado caía salvaje sobre los hombros, y el sudor del mediodía le hacía brillar la piel como si estuviera aceitada.

Las vacaciones Patagónicas de Nicki | Parte 1

Esa tarde, recostada en una reposera de madera en la terraza, con un libro olvidado en el regazo y una copa de Malbec en la mano, vio a un tipo alto y moreno caminando por la orilla. Llevaba una cámara colgada del cuello, una remera gris ajustada que marcaba los músculos del pecho y unos shorts que dejaban ver unas piernas fuertes y tatuadas. Lucas, 28 años, fotógrafo freelance de Buenos Aires que había venido a capturar la Patagonia en crudo.

Cuando sus miradas se cruzaron, él levantó la cámara en saludo. Ella sonrió de lado, esa sonrisa lenta y peligrosa que usaba en los escenarios.

- ¿Sacando fotos del paisaje, o de chicas aburridas? - gritó ella, sin moverse.

Lucas se acercó despacio, pisando la arena caliente. - De lo que me inspire. Y vos... vos inspirás bastante. -

Nicki se incorporó un poco, dejando que el pareo se deslizara hasta la cintura. - Entonces subí y sacame una. Pero que sea buena, eh. No me conformo con cualquier cosa. -

Él subió los escalones, se sentó en la reposera de al lado. Olía a protector solar, a pino y a algo masculino que le aceleró el pulso. Hablaron durante horas: de música, de cómo el sur la hacía sentir viva de nuevo, de las noches frías que pedían fogones y cuerpos pegados. El sol empezó a bajar, tiñendo el lago de naranja y rosa intenso.

- Vení, te muestro el mejor lugar para el atardecer - dijo él, extendiendo la mano.

Nicki la tomó, sintiendo el calor áspero de su palma. Caminaron hasta el muelle. El viento les revolvía el pelo. Se sentaron en el borde, pies colgando sobre el agua helada.

- Sos más linda en persona - murmuró Lucas, mirándola fijo. - En los videos parecés inalcanzable. -

Ella giró la cara, sus labios a centímetros de los de él. - ¿Y ahora? ¿Te sigo pareciendo inalcanzable? -

No esperó respuesta. Se inclinó y lo besó con hambre. Labios suaves al principio, luego lengua invadiendo, explorando, mordiendo el labio inferior de él. Lucas gruñó, la tomó de la nuca con una de sus grandes manos y la otra bajó por su espalda hasta apretarle una un cachete del orto con fuerza.

- Quiero que me la metas ya - susurró ella contra su boca, jadeando.

Volvieron a la cabaña casi corriendo. Apenas cerraron la puerta de madera, él la estampó contra la pared de troncos. Las manos bajaron rápidas: desató el nudo del top del bikini y los pechos de Nicki saltaron libres. Sus pezones ya duros como piedras. Lucas los miró un segundo antes de bajar la boca a uno. Lo succionó con fuerza, lengua girando alrededor del botón sensible, dientes rozando justo lo suficiente para hacerla gemir alto.

- Más... chupame más fuerte, por favor - pidió ella, enredando los dedos en su pelo y empujándole la cabeza contra su pecho.

Él obedeció: mordió suave, tiró del pezón con los dientes mientras la otra mano masajeaba el otro pecho, pellizcando y retorciendo hasta que ella arqueó la espalda y soltó un gemido ronco. Nicki bajó una mano entre sus piernas, metiéndosela dentro de la tanga. Estaba toda mojada. Los dedos resbalaban por su clítoris.

Lucas lo notó y sonrió contra su piel. - Estás chorreando, nena. ¿Tanto te puse así? -

- Desde que te vi en la playa -
confesó ella, con voz temblorosa. - Quiero tu boca acá abajo. -

La levantó en brazos como si no pesara nada, con las piernas de ella rodeando su cintura, y la llevó a la habitación. La tiró sobre la cama. Le arrancó la tanga de un tirón. Nicki quedó desnuda, piernas abiertas, su zona íntima depilada y brillante, labios rosados, clítoris expuesto y palpitante.

Lucas se arrodilló entre sus muslos, respirando caliente contra su piel. - Te quiero comer toda, quiero escucharte gemir mientras decís mi nombre -

Bajó la cabeza y pasó la lengua desde el perineo hasta el clítoris, saboreando su humedad. Nicki gritó, agarrándose las sábanas con fuerza. Él separó los labios con los dedos, exponiendo todo, y se concentró en el clítoris: lamidas rápidas y cortas, luego círculos lentos y profundos, succionando con fuerza. Introdujo dos dedos dentro de ella, curvándolos hacia arriba, bombeando rápido mientras la lengua no paraba.

- ¡Ay la puta madre Lucas! Justo ahí... no pares, no pares... me voy a correr... -

Ella se retorcía, caderas levantándose contra su cara. El orgasmo la atravesó como una ola: cuerpo tenso, un grito largo y gutural, sus fluidos chorreando por la barbilla de él. Lucas no paró, siguió lamiendo despacio hasta que ella temblaba de sensibilidad.

Cuando recuperó el aliento, lo miró con ojos nublados de placer. -Ahora te toca a vos. Quiero esa verga en mi boca. -

Lo hizo sentar en el borde de la cama. Le bajó los shorts y el bóxer. La verga saltó libre: gruesa, venosa, cabeza hinchada y brillante, casi 20 cm de largo. Nicki la tomó con ambas manos, masturbándolo lento mientras lo miraba a los ojos.

- ¿Te gusta así? ¿O preferís que te la chupe toda? -

- Chupámela, por favor... tragátela entera. -


Ella sonrió pícara y se la metió hasta la garganta. Chupó fuerte, lengua jugando en la cabeza, bajando hasta la base, saliva corriendo por su mentón y goteando sobre sus tetas. Lucas gruñó, agarrándole el pelo con ambas manos, cogiéndole la boca despacio al principio, luego más profundo.

- Así, puta... tragátela toda... mirame mientras te la meto hasta el fondo. Mirame con esos ojos de puta que me encantan -

Nicki gemía alrededor de su pene, ojos lagrimeando, garganta relajada. Cuando sintió que él estaba al borde, se detuvo y se subió encima.

- Quiero que me rompas. - Dijo mientras caía una mezcla de baba y semen de su boca.
Se posicionó y bajó despacio, sintiendo cómo la abría centímetro a centímetro. Los dos jadearon al unísono. Ella empezó a moverse: subiendo y bajando, girando las caderas, clavándose hasta que la cabeza golpeaba el fondo.

- Estás tan apretada... me vas a hacer acabar rápido - gruñó él.

-  Y vos estás tan duro... me llenás toda - respondió ella, acelerando.

Lucas le agarró las tetas, pellizcando los pezones con fuerza. Luego la tomó de las caderas y la embistió desde abajo, golpes secos y profundos. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, mezclado con gemidos y jadeos.

- Date vuelta. Quiero cogerte en cuatro. -

Nicki obedeció, poniéndose a cuatro patas, culo para arriba, espalda arqueada. Lucas se puso atrás, le separó las nalgas y la penetró de una embestida. Profunda, brutal. Ella gritó de placer.

- Dios... Más fuerte... dame todo... haceme mierda. -

Él obedeció: agarrándola de las caderas, embistiéndola con fuerza, sus bolas golpeando contra su clítoris. Una mano bajó y frotó su clítoris en círculos rápidos.

- Te voy a llenar... ¿querés mi leche adentro? -

- Sí... damela toda... llename hasta que chorree. -

El segundo orgasmo de ella llegó primero: cuerpo temblando, las paredes vaginales apretando la pija como un puño. Lucas empujó profundo tres veces más y se vació dentro de ella, chorros calientes que la llenaron hasta rebosar. Se quedaron así, él aún dentro, respirando agitados.

Pero no terminó ahí... Continuará en PARTE 2

0 comentarios - Las vacaciones Patagónicas de Nicki | Parte 1