La Joaqui acababa de bajar del escenario en el Luna Park de Buenos Aires, el sudor aún brillando en su piel morena bajo las luces del show. El público había enloquecido, gritando su nombre mientras ella cantaba con esa voz ronca y seductora que la había convertido en una estrella de la música argentina. Vestida con un top ajustado que apenas contenía sus curvas generosas y un short que dejaba poco a la imaginación, se sentía invencible. Pero esa noche, algo la inquietaba: un fanático en primera fila no había dejado de mirarla, con ojos que mostraban más que admiración.

Se llamaba Marcos, un tipo de veintiocho años, alto y atlético, con tatuajes asomando por las mangas de su camiseta negra. Había ganado un meet-and-greet a través de un concurso en redes sociales, pero no era solo un fan casual. La seguía desde sus inicios en el under, y esa noche, su mirada había sido como un imán. Después del show, el equipo de La Joaqui lo invitó al backstage, y allí estaba él, esperando en el camarín privado, con una botella de champagne en la mano que le habían dado los organizadores.
La puerta se abrió y La Joaqui entró, quitándose los auriculares inalámbricos. Su cabello colorado y largo caía en ondas salvajes sobre sus hombros.
- "¡Hola, boludo! ¿Vos sos el ganador del meet-and-greet, no?" - dijo ella con esa sonrisa pícara y su acento porteño cargado de picardía.
Marcos se levantó del sofá, intentando no parecer nervioso. - "Sí, Joaqui. Soy Marcos. Tu show fue una bomba, che. Me volaste la cabeza con la parte de Butakera, es mi tema favorito." -
Ella se rió, acercándose para darle un beso en la mejilla, su perfume a vainilla y jazmín lo envolvió por completo.
- "Gracias, amor. ¿Querés un trago? Estoy muerta de sed después de tanto saltar." -
Tomó la botella de champagne y sirvió dos copas, sentándose a su lado en el sofá de cuero. El camarín era íntimo: luces tenues, un espejo grande enfrente, y música suave de fondo, una playlist de reggaetón lento que ella misma había armado.
- "Contame, ¿qué te trae por acá además de mi música?" - preguntó ella, cruzando las piernas, su muslo rozando accidentalmente el de él.
Marcos tragó saliva, sintiendo el calor subir. - "Bueno, te sigo desde hace años. Me encanta cómo sos en el escenario, tan... dominante, tan sexy. No sé, me hacés imaginar cosas." -
La Joaqui arqueó una ceja, sorbiendo su champagne. - "¿Cosas? ¿Qué tipo de cosas, Marcos? No seas tímido, dale, contame." - Su voz se volvió más baja, juguetona.
Él se animó, mirándola a los ojos oscuros. - "Bueno, imagino cómo sería tocarte, besarte después de un show como este. Verte sudada, con esa energía... me pone loco." -
Ella se mordió el labio inferior, su piercing en la lengua brillando un segundo. - "Ah, ¿sí? ¿Y si te digo que a mí también me pone loca verte mirándome así? Los fans como vos me ponen loca. No todos los días encuentro a alguien que me mire con tanto hambre." -
Se acercó más, su mano posándose en el muslo de él, subiendo lentamente. - "Decime, ¿qué harías si te dejo tocarme?" -
Mateo sintió su pulso acelerarse. - "Te besaría primero, fuerte, para probar esa boca que tanto canta." -
Sin pensarlo dos veces, se inclinó y la besó. La Joaqui respondió con pasión, abriendo los labios para dejar que su lengua explorara la de él. El beso fue húmedo, intenso, con sabor a champagne y deseo acumulado.
- "Mmm, besás bien, boludo" -, murmuró ella contra sus labios, rompiendo el beso para mirarlo. - "Pero quiero más. Mostrame qué tanto me deseás." -
Se levantó, caminando hacia el espejo, y se quitó el top lentamente, revelando sus pechos firmes y redondos, con sus pezones ya endurecidos por la excitación. Se giró hacia él, apoyándose en su tocador. - "Vení, tocame." -
Marcos se acercó, sus manos temblando ligeramente al posarse en sus senos. Los masajeó con gentileza al principio, luego con más fuerza, pellizcando los pezones. - "Dios, Joaqui, sos perfecta. Tan suaves, tan calientes." -
Ella gimió suavemente, echando la cabeza hacia atrás. - "Más fuerte, Marcos. No soy de porcelana. Haceme sentir que me querés devorar." -
Él obedeció, bajando la boca para chupar uno de sus pezones, mordisqueando con los dientes mientras su mano bajaba por su abdomen marcado hasta el borde del short.
- "¿Puedo bajártelo?" - preguntó él, con su voz ronca.
- "Sí, dale, sacame todo" -, respondió ella, ayudándolo a deslizar el short y su tanga negra por sus piernas. Quedó desnuda frente a él, su cuerpo curvilíneo expuesto, el vello púbico recortado en una fina línea. - "Mirame bien, amor. Esto es lo que soñabas, ¿no?" -
Mateo cayó de rodillas, besando su vientre, bajando hasta su zona íntima. - "Sí, Joaqui. Quiero probarte." - Separó sus labios vaginales con los dedos, exponiendo su clítoris hinchado, y comenzó a lamerla con lentitud, saboreando su humedad. Su lengua giraba en círculos, chupando con ansias.
- "Ahh, sí, así... comeme bien, Marcos, no pares" - jadeó ella, enredando los dedos en su cabello, empujándolo más contra ella. - "Mete la lengua más profundo. Mmm, me estoy mojando toda." -
Sus caderas se movían al ritmo, frotándose contra su boca. El sonido de sus gemidos llenaba el camarín, mezclándose con la música de fondo.
Después de unos minutos, ella lo levantó, besándolo para probarse a sí misma en sus labios. - "Ahora es mi turno. Sacate la ropa, quiero verte." -
Marcos se desvistió rápidamente, revelando su erección dura y venosa, apuntando hacia arriba. La Joaqui lo miró con lujuria, arrodillándose frente a él. - "Mirá qué linda pija tenés. Grande, gruesa... perfecta para mí." -
Tomó su pene con su mano, acariciándolo de arriba a abajo, sintiendo cómo palpitaba. - "Decime, ¿querés que te la chupe?" - preguntó, mirándolo a los ojos con esa expresión traviesa.
- "Sí, por favor, Joaqui. Chupámela" -, suplicó él.
Ella sonrió, abriendo la boca para tomarlo. Primero lamió la punta, saboreando el líquido preseminal, luego lo engulló entero, chupando con fuerza mientras su mano masajeaba sus testículos. Marcos gimió con fuerza, sujetando su cabeza. - "Dios mío, qué bien que lo hacés. Tu boca es tan caliente, tan húmeda. Me encantás" -
La Joaqui aceleró el ritmo, gimiendo alrededor de su poronga, el sonido vibrando en él. - "Mmm, estás tan rico, amor. Quiero que me cojas la boca." - Él comenzó a empujar suavemente, cogiendo su boca mientras ella lo dejaba hacer, sus ojos lagrimeando un poco por la profundidad.
Se detuvieron antes de que él terminara, y ella se levantó, empujándolo hacia el sofá. - "Ahora cogeme, Marcos. Quiero tenerte adentro." -
Se subió sobre él, guiando su pene hacia su concha húmeda. Bajó lentamente, sintiendo cómo la llenaba centímetro a centímetro. - "Ahh, qué grande... me encanta." -Comenzó a cabalgarlo, sus caderas moviéndose en círculos, subiendo y bajando con fuerza. Sus pechos rebotaban con cada movimiento. - "Decime lo que sentís, boludo. ¿Te gusta cómo te aprieto?" -
- "Sí, Joaqui, estás tan apretada, tan mojada... me vas a hacer explotar" -, respondió él, agarrando su culo para ayudarla a moverse más rápido. Sus dedos se clavaron en su carne, dejando marcas rojas.
Ella se inclinó para besarlo, sus lenguas se entrelazaban mientras cogían cada vez más rápido. - "Más duro, amor. Golpeame el culo. Dale, azotame" - Marcos obedeció, dándole cachetazos en el orto, haciendo que ella gima más alto. - "Sí, así... soy tu puta esta noche." -
Cambió de posición, poniéndose en cuatro en el sofá, mirándolo por encima del hombro. - "Dame por atrás, como un animal." - Marcos se posicionó, penetrándola de un solo empujón profundo. - "Ay la puta madre, sí" - gritó ella, arqueando la espalda.
Él embistió con fuerza, sus caderas chocando contra su culo, el sonido de piel contra piel resonando. - "Te voy a llenar, Joaqui. Decime dónde querés la leche." -
- "Adentro, amor. Llename la concha" -, jadeó ella, sus dedos frotando su clítoris mientras él le daba duro. El orgasmo la golpeó primero, su cuerpo temblando, contrayéndose alrededor de él. - "Me vengo, Marcos... ahh, sí!" -
Eso lo empujó al límite. Con un gruñido, acabó dentro de ella, llenándola con chorros calientes. Se quedaron así un momento, jadeando, antes de colapsar en el sofá.
La Joaqui se acurrucó contra él, besando su pecho. - "Eso fue increíble, boludo. ¿Querés repetir en mi hotel?" -
Mateo sonrió, aún recuperando el aliento. - "Con vos, siempre, Joaqui." -
Y así, la noche después del show se extendió en una maratón de pasión, con más rondas de sexo salvaje, diálogos sucios y exploraciones que los dejaron exhaustos hasta el amanecer. La Joaqui había encontrado en su fanático un compañero perfecto para sus deseos más ocultos.

Se llamaba Marcos, un tipo de veintiocho años, alto y atlético, con tatuajes asomando por las mangas de su camiseta negra. Había ganado un meet-and-greet a través de un concurso en redes sociales, pero no era solo un fan casual. La seguía desde sus inicios en el under, y esa noche, su mirada había sido como un imán. Después del show, el equipo de La Joaqui lo invitó al backstage, y allí estaba él, esperando en el camarín privado, con una botella de champagne en la mano que le habían dado los organizadores.
La puerta se abrió y La Joaqui entró, quitándose los auriculares inalámbricos. Su cabello colorado y largo caía en ondas salvajes sobre sus hombros.
- "¡Hola, boludo! ¿Vos sos el ganador del meet-and-greet, no?" - dijo ella con esa sonrisa pícara y su acento porteño cargado de picardía.
Marcos se levantó del sofá, intentando no parecer nervioso. - "Sí, Joaqui. Soy Marcos. Tu show fue una bomba, che. Me volaste la cabeza con la parte de Butakera, es mi tema favorito." -
Ella se rió, acercándose para darle un beso en la mejilla, su perfume a vainilla y jazmín lo envolvió por completo.
- "Gracias, amor. ¿Querés un trago? Estoy muerta de sed después de tanto saltar." -
Tomó la botella de champagne y sirvió dos copas, sentándose a su lado en el sofá de cuero. El camarín era íntimo: luces tenues, un espejo grande enfrente, y música suave de fondo, una playlist de reggaetón lento que ella misma había armado.
- "Contame, ¿qué te trae por acá además de mi música?" - preguntó ella, cruzando las piernas, su muslo rozando accidentalmente el de él.
Marcos tragó saliva, sintiendo el calor subir. - "Bueno, te sigo desde hace años. Me encanta cómo sos en el escenario, tan... dominante, tan sexy. No sé, me hacés imaginar cosas." -
La Joaqui arqueó una ceja, sorbiendo su champagne. - "¿Cosas? ¿Qué tipo de cosas, Marcos? No seas tímido, dale, contame." - Su voz se volvió más baja, juguetona.
Él se animó, mirándola a los ojos oscuros. - "Bueno, imagino cómo sería tocarte, besarte después de un show como este. Verte sudada, con esa energía... me pone loco." -
Ella se mordió el labio inferior, su piercing en la lengua brillando un segundo. - "Ah, ¿sí? ¿Y si te digo que a mí también me pone loca verte mirándome así? Los fans como vos me ponen loca. No todos los días encuentro a alguien que me mire con tanto hambre." -
Se acercó más, su mano posándose en el muslo de él, subiendo lentamente. - "Decime, ¿qué harías si te dejo tocarme?" -
Mateo sintió su pulso acelerarse. - "Te besaría primero, fuerte, para probar esa boca que tanto canta." -
Sin pensarlo dos veces, se inclinó y la besó. La Joaqui respondió con pasión, abriendo los labios para dejar que su lengua explorara la de él. El beso fue húmedo, intenso, con sabor a champagne y deseo acumulado.
- "Mmm, besás bien, boludo" -, murmuró ella contra sus labios, rompiendo el beso para mirarlo. - "Pero quiero más. Mostrame qué tanto me deseás." -
Se levantó, caminando hacia el espejo, y se quitó el top lentamente, revelando sus pechos firmes y redondos, con sus pezones ya endurecidos por la excitación. Se giró hacia él, apoyándose en su tocador. - "Vení, tocame." -
Marcos se acercó, sus manos temblando ligeramente al posarse en sus senos. Los masajeó con gentileza al principio, luego con más fuerza, pellizcando los pezones. - "Dios, Joaqui, sos perfecta. Tan suaves, tan calientes." -
Ella gimió suavemente, echando la cabeza hacia atrás. - "Más fuerte, Marcos. No soy de porcelana. Haceme sentir que me querés devorar." -
Él obedeció, bajando la boca para chupar uno de sus pezones, mordisqueando con los dientes mientras su mano bajaba por su abdomen marcado hasta el borde del short.
- "¿Puedo bajártelo?" - preguntó él, con su voz ronca.
- "Sí, dale, sacame todo" -, respondió ella, ayudándolo a deslizar el short y su tanga negra por sus piernas. Quedó desnuda frente a él, su cuerpo curvilíneo expuesto, el vello púbico recortado en una fina línea. - "Mirame bien, amor. Esto es lo que soñabas, ¿no?" -
Mateo cayó de rodillas, besando su vientre, bajando hasta su zona íntima. - "Sí, Joaqui. Quiero probarte." - Separó sus labios vaginales con los dedos, exponiendo su clítoris hinchado, y comenzó a lamerla con lentitud, saboreando su humedad. Su lengua giraba en círculos, chupando con ansias.
- "Ahh, sí, así... comeme bien, Marcos, no pares" - jadeó ella, enredando los dedos en su cabello, empujándolo más contra ella. - "Mete la lengua más profundo. Mmm, me estoy mojando toda." -
Sus caderas se movían al ritmo, frotándose contra su boca. El sonido de sus gemidos llenaba el camarín, mezclándose con la música de fondo.
Después de unos minutos, ella lo levantó, besándolo para probarse a sí misma en sus labios. - "Ahora es mi turno. Sacate la ropa, quiero verte." -
Marcos se desvistió rápidamente, revelando su erección dura y venosa, apuntando hacia arriba. La Joaqui lo miró con lujuria, arrodillándose frente a él. - "Mirá qué linda pija tenés. Grande, gruesa... perfecta para mí." -
Tomó su pene con su mano, acariciándolo de arriba a abajo, sintiendo cómo palpitaba. - "Decime, ¿querés que te la chupe?" - preguntó, mirándolo a los ojos con esa expresión traviesa.
- "Sí, por favor, Joaqui. Chupámela" -, suplicó él.
Ella sonrió, abriendo la boca para tomarlo. Primero lamió la punta, saboreando el líquido preseminal, luego lo engulló entero, chupando con fuerza mientras su mano masajeaba sus testículos. Marcos gimió con fuerza, sujetando su cabeza. - "Dios mío, qué bien que lo hacés. Tu boca es tan caliente, tan húmeda. Me encantás" -
La Joaqui aceleró el ritmo, gimiendo alrededor de su poronga, el sonido vibrando en él. - "Mmm, estás tan rico, amor. Quiero que me cojas la boca." - Él comenzó a empujar suavemente, cogiendo su boca mientras ella lo dejaba hacer, sus ojos lagrimeando un poco por la profundidad.
Se detuvieron antes de que él terminara, y ella se levantó, empujándolo hacia el sofá. - "Ahora cogeme, Marcos. Quiero tenerte adentro." -
Se subió sobre él, guiando su pene hacia su concha húmeda. Bajó lentamente, sintiendo cómo la llenaba centímetro a centímetro. - "Ahh, qué grande... me encanta." -Comenzó a cabalgarlo, sus caderas moviéndose en círculos, subiendo y bajando con fuerza. Sus pechos rebotaban con cada movimiento. - "Decime lo que sentís, boludo. ¿Te gusta cómo te aprieto?" -
- "Sí, Joaqui, estás tan apretada, tan mojada... me vas a hacer explotar" -, respondió él, agarrando su culo para ayudarla a moverse más rápido. Sus dedos se clavaron en su carne, dejando marcas rojas.
Ella se inclinó para besarlo, sus lenguas se entrelazaban mientras cogían cada vez más rápido. - "Más duro, amor. Golpeame el culo. Dale, azotame" - Marcos obedeció, dándole cachetazos en el orto, haciendo que ella gima más alto. - "Sí, así... soy tu puta esta noche." -
Cambió de posición, poniéndose en cuatro en el sofá, mirándolo por encima del hombro. - "Dame por atrás, como un animal." - Marcos se posicionó, penetrándola de un solo empujón profundo. - "Ay la puta madre, sí" - gritó ella, arqueando la espalda.
Él embistió con fuerza, sus caderas chocando contra su culo, el sonido de piel contra piel resonando. - "Te voy a llenar, Joaqui. Decime dónde querés la leche." -
- "Adentro, amor. Llename la concha" -, jadeó ella, sus dedos frotando su clítoris mientras él le daba duro. El orgasmo la golpeó primero, su cuerpo temblando, contrayéndose alrededor de él. - "Me vengo, Marcos... ahh, sí!" -
Eso lo empujó al límite. Con un gruñido, acabó dentro de ella, llenándola con chorros calientes. Se quedaron así un momento, jadeando, antes de colapsar en el sofá.
La Joaqui se acurrucó contra él, besando su pecho. - "Eso fue increíble, boludo. ¿Querés repetir en mi hotel?" -
Mateo sonrió, aún recuperando el aliento. - "Con vos, siempre, Joaqui." -
Y así, la noche después del show se extendió en una maratón de pasión, con más rondas de sexo salvaje, diálogos sucios y exploraciones que los dejaron exhaustos hasta el amanecer. La Joaqui había encontrado en su fanático un compañero perfecto para sus deseos más ocultos.
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