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Un Gangbang con 5 jóvenes y con mi amante

El 31 octubre cumplió valentin 7 años. Ramón ,mi amigo íntimo y socio de mi esposo Pablo, el no pudo estar presente, pero la última semana me avisó que disponía de un par de días libres y se venía para Buenos Aires.
Pero por supuesto el no venía solo para ver y saludar por su cumpleaños a mi hijo valentin.

Un Gangbang con 5 jóvenes y con mi amante

Ramón-vengo para follarte, mi flaca.
-me decía con esa vos de Español pervertido que tenía cuando conversamos a escondidas de mi marido Pablo, y me resulta tan sexy, sobre todo cuando habla de follarme y de lo que me iba a hacer a escondidas de su socio.
y Por supuesto que antes de ver a valentin íbamos a tener nuestro "encuentro sexual como el me decía y me calentaba por llamada". Mi idea era pasar la noche juntos. Hace tiempo que no nos veíamos, por lo que la oportunidad resultaba de lo más propicia. 
con el nuevo cargo polico que me dieron en el interior del País, me serviría de excusa para volver a ausentarme de casa por un par de días. Lourdes ya había retomado su cargo en la política de Corrientes, pero previendo cualquier futura escapada, le había dicho a mi marido Pablo que, por decisión del gobierno de Corrientes, iba a seguir siendo yo la nueva Presidenta del instituto de cultura de la provincia.
Así que ese fin de semana me inventé una supuesta crisis que debía resolver personalmente en Corrientes. Ramón llegaría la noche del sábado, por lo que esa misma tarde, me despedí de mi marido Pablo, de mi hijo Valentin, y con una maleta de mano, me subí a un taxi para que me lleve, supuestamente, al aeropuerto. Apenas iniciado el trayecto, le digo al taxista que hubo un cambio de planes, ya no vamos a Aeroparque, sino a un Hotel del Centro.
La reserva también está a mi nombre, así que solo es presentarme en recepción y pedir la llave.
En la suite preparo todo para la llegada de Ramón. Velas, fragancias afrodisíacas, pétalos de rosas, música para hacer el amor, champagne. Para cuando estoy alistando el conjunto de ropa interior que voy a estrenar esa noche, me llega un mensaje de la secretaria de Ramón. Me pide disculpas por no haberme avisado antes, pero Ramón no pudo tomar el vuelo que tenía programado, tomaría el siguiente, por lo que recién estaría llegando el domingo al mediodía.
¿Y ahora qué?, me pregunto. No puedo volverme a casa y hacer como que se canceló el vuelo, aunque con todos los paros que hay actualmente, hubiera sido una excusa válida. Lo pienso un rato y al final decido quedarme. 
Me cambio de ropa, me pongo un vestido que también iba a estrenar ese fin de semana y bajo al bar del Hotel. No iba a pasar la noche con mi amante Ramón, pero con alguien, seguro, me iba a acostar.
En uno de los salones se estaba realizando un evento corporativo, por lo que había bastante gente deambulando por el lugar.
Me siento en la barra y pido un trago. Por experiencia propia sé que no van a tardar en acercarse.
A una mujer, vestida como yo lo estaba en ese momento, bebiendo sola, es una tentación irresistible para los depredadores.
Y en efecto, no pasan ni cinco minutos, que se acerca un flaco alto joven de treinta y algo, fuertísimo, pide un whisky y señalando mi trago, me pregunta si puede invitarme otro.
Lourdes- Si, claro...- le digo con una sonrisa de aceptación.
Le hace un gesto al barman para que me renueve la copa y se sienta al lado mío.
Franco- se presenta, tendiéndome la mano.
Lourdes- le correspondo, estrechándosela.
Me pregunta si estuve en el evento. Y le digo que no, que soy huésped del hotel.
Franco- me dice de ¿Viaje de negocios o de placer?- el joven me pregunta, cómo para sacarme conversación.
Lourdes- y yo diría que de placer, aunque en realidad no estoy de viaje, soy de acá, de Buenos Aires- le aclaro.
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Franco- aah, ¿y viniste solo por una copa o estás buscando compañía?- el joven me dijo se interesa, en un tono más reservado.
Lourdes-¡ yo me río en carcajada ! No, no, Estoy esperando a un amigo, es él quién se aloja en el hotel, iba a llegar hoy, pero se retrasó el vuelo, así que llega recién mañana- le respondo.
Franco- Entonces tenés la noche libre, me responde sonriendo.
Lourdes- Así parece le respondo, coincido con el joven, frunciendo el ceño, como si recién me estuviera dando cuenta de la situación en que me estaba proponiendo.
Franco- Mirá, yo estoy con unos amigos, qué vinimos del interior País solo para el evento de está noche, y ya nos vamos mañana a la tarde, así que ésta noche estamos invitados a la Bresh, con pases VIP, si queres y no te molesta venite con nosotros. -me propone el joven.
Lourdes- responde con una sonrisa y una carita de una madura caliente ¿ Seguro me lo decís ?.
Franco- Sí, si, sin ningún compromiso, además, si tú amigo llega recién mañana, ¿qué te vas a quedar haciendo acá toda la noche sola, un sábado encima ? -el joven le insiste a lourdes.

Lourdes- Gracias, es una invitación muy tentadora tengo que pensarlo. le digo, bebiendo de mi copa.
Franco- Entonces, que vas hacer ¿venís...?.
Lourdes- si voy, pero antes me gustaría conocer a tus amigos, deciles que vengan, que les invito un trago.
Franco- vos ¿Estás segura? Mirá que estoy con muchos amigos.
Lourdes- y sí, no creerás que me voy a ir con unos desconocidos sin saber ni siquiera cómo se llaman.
Franco- si tenés razón flaca. -el joven coincide con Lourdes.
el joven saca su celular y hace una llamada.
"Miguel, estoy en el bar... Sí, en el hotel... Buscá a los changos y vengan rápido que ahí alguien qué les quiere invitar unos trago, Es una sorpresa viejo ".
Al rato aparecen los amigos. Son cuatro, todos no llegaban a las cuarenta, eran no tan musculosos pero eran lindo, con esa energía de hombres jóvenes y cargados de testosterona.
Apenas llegan a la barra del bar, sus ojos recorren, sin disimulo, mis pechos, mis piernas, imaginándose seguramente lo que yo también ya me estaba imaginando lo qué pasaría con tragó de más.
En un primer momento pensé que terminaría cogiendo con Franco, por ser el primero en acercarse, pero cuando ví a los demás y sentí, sobre todo, la tensión sexual que sentía de sus cuerpos jóvenes y fuertes, Lourdes se preguntó en su mente:
¿Y porqué no? ¿Porqué conformarme con uno, si puedo tenerlos a todos?. 
Ya hacía tiempo que no me entregaba a un gangbang, y esta noche, la oportunidad se me presentaba sin que yo la haya buscado siquiera. Lo que me termina de convencer es el lugar en el que estamos: un hotel cinco estrellas. He tenido sexo grupal en ambientes mucho menos seguros, donde el riesgo estaba siempre al acecho, listo para estallar con cada impulso.
Un solo hombre excitado ya puede ser difícil de manejar… imaginen cuatro, cinco, seis o más al mismo tiempo, todos buscando imponer su hombría, destacarse por sobre los demás.
-Ellos son Lucas, Ariel, Miguel y Matias.
Franco- me los presenta a cada unos de los Chicos, ella es Lourdes una amiga que conocí esta noche.
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Lourdes- Los saludo uno por uno, con un apretón de manos lento, casi insinuante, acentuando el roce, tras lo cuál le pido al barman que les sirva lo que ellos quieran.
Me agradecen la invitación, y mientras cada uno bebe de su trago, y no dejan de mirarme en esa forma que delata una atracción casi animal, irresistible. Una atracción recíproca, debo decir.
Mientras los chicos cuentan anécdotas del viaje y del evento, surge la pregunta de si están solteros. Oh todos están en pareja, admiten.
Lourdes- y si viajaron sin sus mujeres o novias, me imagino que es porque van a. - Lourdes le dice, haciendo el gesto de los cuernos.
Ellos se miran entre ellos, acertaste le dicen los chicos, y se ríen entre ellos.
Miguel -Nos descubriste...- dice uno.
Lucas- No irás a decirnos que hacemos mal, ¿no?- dice otro.
Lourdes- no, Para nada, si yo también estoy acá para...- Lourdes le confirmo, haciendo de nuevo el mismo gesto 👿.
Ariel- Bienvenida al club, entonces...- celebra un tercero.
Lourdes- Mi amante llega recién mañana, por suerte aparecieron ustedes, si no me quedaba toda la noche solita, - Lourdes les dice, mordiéndose los labios con una carita de putita.
Matias- No te preocupes, que con nosotros vas a estar bien acompañada- resalta otro.
Lourdes- ¡Mmmm...! ¡Todos ustedes para mí sola! Eso merece un brindis chicos- replico, provocando un estremecimiento general.
Le pido al barman otra ronda y brindamos.
-¡Una para todos, todos para una!- exclamo al chocar los vasos, entre risas y miradas conspirativas.
Era evidente que por la cabeza de cada uno de ellos, ya había empezado a rondar la idea de algo grupal. Pero aunque las señales eran más que claras, ninguno se animaba a plantear lo que todos ya deseábamos en ese momento.
Franco- Nadie te va a decir así de una: "¿Te va si te cogemos entre todos?"
Así que para cuando la tensión sexual se hizo ya irresistible, Lourdes se decide a tomar la iniciativa:
Lourdes- ¿Saben qué? Se me ocurrió una idea loquísima. Tengo una suite, con todo incluído, ¿qué les parece si seguimos la previa ahí?.
Obvio que todos ellos estuvieron de acuerdo al ver una milf sola no tan mayor. Aunque no lo dijéramos, todos pensábamos lo mismo.
Lourdes- Agarro una servilleta, escribo con mi labial el número de la suite, y les digo:
- En quince minutos, Termino mi trago, le dejo la servilleta sobre la barra y salgo del bar, caminando moviendo las caderas, muy provocativa mente, y sintiendo sus miradas hambrientas sobre mí.
Ya en la Suite, llamo a mi marido Pablo para avisarle que llegué bien, y que me estoy por ir a dormir, para que no me esté llamando más tarde. 
Me pongo la lencería que iba a estrenar con Ramón, un kimono de seda, cortísimo, estrecho, con tan solo una tanga debajo, y me preparo para recibir a mis invitados.
Tal como esperaba, los chicos llegan antes del tiempo estipulado. Los hago esperar un momento, como para ponerlos más ansiosos todavía. 
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Lourdes-¿Qué desean los señores?- les pregunto al abrirles la puerta de la suite, posando junto a la puerta.
Los cinco están ahí parados, espléndidos, hermosos, devorándome con los ojos, imaginándose, al igual que yo, todo lo que habría de ocurrir a partir de ese momento.
Los hago pasar y cierro la puerta, quedándome con la espalda apoyada contra la misma puerta diciéndole.
-¿Y? Todavía no me dicen que desean, - Lourdes les insistió de nuevo.
Miguel- ¡ Hacerte de todo flaca ! - diciendo uno de los chicos.
Lourdes- Me suelto el cinturón del kimono, y como si esa fuera la señal de ataque, los cinco avanzan y me rodean, formando con sus cuerpos, un muro caliente contra mi, al que yo no puedo, ni quiero, escapar de los manoseó de los cinco de ellos sobre mi cuerpo caliente hembra qué soy.
Los empiezo a besar a los cinco. con besos jugosos, calientes, besos de lengua a cada uno de ellos cargados de morbo, y de calentura. abrazándome con cada uno, sintiendo en mi piel la tensión, el vigor de sus cuerpos pegados así mi apoyándome sus vergas ya erecta de tanta exitacion que le producía al verme tan hermosa sensual y caliente. Ya sus manos resbalan por mi cuerpo, y cada uno de ellos tocándome y manoseando por todas partes, agarrándome las tetas, pellizcándome los pezones, uno de ellos metiéndose por detrás mío apoyando su verga en mi cola y otro por adelante frontandome su verga en vagina ya mojáda con la calentura que me producía esos jóvenes manoseando mi cuerpo.
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El ritmo crece, y con él mi excitación. Ya no distingo quién está de un lado y del otro, o a quién tengo al enfrente mio, lo único real son sus cuerpos pegados al mío, el roce, la fuerza de sus brazos. 
Uno me besa, otro me abre las nalgas, no hay pausas, cada vez que uno se aparta, otro ocupa su lugar, disputándose todos una porción de mi cuerpo.
Yo tampoco me quedo quieta, me entrego a todos, sin guardarme nada, manoteando sus vergas paradas por doquier, sintiendo ya, con el tacto, la potencia, el vigor que amenaza con hacerles explotar los pantalones.
Mis sentidos están desbordados: las manos, las bocas, las miradas hambrientas. Todo es una mezcla de respiraciones agitadas, murmullos encendidos, risas contenidas y esa sensación abrumadora de ser abordada desde todos los ángulos posibles. 
Cuando me doy cuenta, ya estoy desnuda, la tanga y el kimono tirados en el suelo, hechos un revoltijo, ellos desnudándose también, apurados, ansiosos. 
sus vergas saltan frente a mío, venosas, cabezonas y grandes y gruesas, algunas ya hasta goteando de semen. Todos los chicos tan muy bien dotados, con unos tamaños que superan ampliamente la verga de mi maridoPablo y también quizás la de mi amante Ramón también.
"Me van a destrozar..." pienso, mientras me pongo de rodillas y levantando la cara, me dejo rodear por tales volúmenes.
No me alcanzan las manos para tanta vergas, para tanto huevo.
Agarro un par al vuelo y empiezo a chupar la que tengo más cerca, pasando luego a la siguiente, intercambiando las que resbalan entre mis manos, para ocuparme de todos a la vez, sin desatender a ninguno.
Mi boca nunca queda vacía, en todo momento tengo una verga grande de un tamaño al parecer de 24 centímetros de largo y gruesa que mi mano no me llega a cerrar con su pedazo empiezo a tragarlas que no me cabe todo en la boca, resbalando entre mis labios, hundiéndose en mi garganta, y aunque me esté ahogando con sus pedazos de carne y la saliva que me sacaba, y no dejo de chupar, ni de pajear, saboreando a todos por igual.
Siento las venas palpitar contra mi lengua, la presión de cada glande queriendo reventarme la garganta. Ellos gruñen, jadean, me agarran del pelo para marcarme el ritmo, y yo me dejo hacer, feliz de ser la puta de todos esos jóvenes, y con la cara llena de saliva, de preseminal, la boca ocupada de vergas una tras otras sin parar.
Me empiezan a ahorcarme y me pengan cachetadas en la cara con sus vergas, saco la lengua para recibirlos, para no perder ni una gota de su semen con ese sabor espeso rico y que me pone cada vez más caliente.
Uno me pone las bolas justo enfrente para que se las chupe, y así lo hago, para luego chupárselas a los demás, en ronda, atragantándome cos sus pedazos de carne y me apretándome la nariz para que no respiré, y me ahogue con sus vergas grandes, Entonces me agarran de los brazos, me levantan, y me llevan a la habitación, tocándome el culo por el camino, apretándome las tetas, metiéndome los dedos, por atrás, por adelante.
Mi cama está preparada para recibir a mi amante Ramón, perfumada, salpicada de pétalos de rosa, pero nada de eso parece importarles. Como si fuera un bulto, me revolean sobre esa misma cama que yo esperaba a mi amante Ramón por horas, sin el menor asomo de delicadeza. Tampoco es que les exija ternura, me gusta así, brutal, desenfrenado.
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Caigo de espalda con la cola paradita, expuesta, indefensa, al merced de esa manada de lobos hambrientos, que lo único que quieren es devorarme sin piedad.
Uno me agarra de los tobillos, me arrastra casi hasta el borde de la cama, y dejándome con el culo medio colgado, me empieza a chupa la vagina, metiéndome la lengua tan adentro que pareciera querer lamerme el útero, con sus dedos me empieza a frotarme el clítoris.
Y en ese momento no sé quién me coge primero, porque de pronto sus vergas se amontonan sobre mi cara, reclamando de nuevo la atención de mi boca.
Chupo y rechupo lo que me ponen al alcance, mientras van desfilando por entre mis piernas, garchándome por turnos, pasándose la posta, como si fuera una competencia.
El ritmo es frenético, brutal, cada embestida es más fuerte que la anterior. 
PUM PUM PUM pasa uno... PUM PUM PUM pasa el otro... PUM PUM PUM el tercero... PUM PUM PUM el cuarto... el quinto. 
Todos me cogen en forma brutal, casi agresiva, tratando de imponer, cada uno, su propia virilidad por sobre los demás. 
Cuando terminan la cuarta o quinta pasada, habiéndomela metido sus vergas en mi vagina todos más de una vez, uno se tumba de espalda en la cama, y sacudiéndose su enorme verga con su mano, me apura para que me suba encima de él de tanta exitacion no sabía quién era de los cinco.
Ni siquiera tengo que moverme, ellos mismos me levantan de la cadera, y me sientan encima de un tremenda verga gruesa, pegando un gemido, ¡ aah dios mio !. decía Lourdes toda emputecida.
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Ya les dije que todos estaban muy bien dotados, pero ese chico en particular, que ya ni sé cuál era, la tenía más grande y gruesa que cualquiera que aya cogido en mi vida. Ya me daba cuenta cuando el me la metía, porque aunque ya me hubieran cogido antes todos los demás, cuando él me la metía, sentía una diferencia que me rompía la vagina de lo apretada que me entraba.
Me acomodo arriba suyo, a caballito, y me empiezo a mover despacio porqué me dolía mucho, mientras sus amigos me ponían sus vergas en mi boca para que las siga chupando, el de la verga enorme me metía manos abriéndome las nalgas y dediando mi ano.

Uno se para atrás mio, y me empieza a salivar el culo metiendo su lengua y sus dedos para que me dilatarme el ano y me empiezo a meter la cabeza de su verga de a poco en el culo y me empezaron a hacer una doble penetración y otro me mete la verga en la boca justo cuando estoy soltando un suspiro. Y otro se le pone al lado, así que los empiezo a chupar a los dos juntos, sin dejar de montar dos vergas juntas.
En ese momento se sale el que me estava penetrando el culo de la permiso a otro y no sé quién se pone por detrás de mi de nuevo y me empieza a meter los dedos en el culo como el que estaba primero se escupe en la mano y me lubrica con saliva, profundizando, dando vueltas y vueltas, como un tirabuzón, y entonces lo que siento, ya no son dedos, si no una verga que me entra brutalmente en mi ano, clavándose como un ariete entre mis intestinos. 
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Quedo empalada entre dos sementales, temblando mis piernas de puro placer, y un placer bruto, animal, mientras los que están parados, me agarran de la cabeza, para que no deje de chupar sus vergas.
La rotación es frenética, salvaje. Soy puro agujero para ellos. Todos pasan por mi concha, por mi culo, por mi boca, cogiendome de a tres, mientras los otros dos esperan su turno para volver a entrar en mi cuerpo.
Mis gemidos se mezclan con sus gruñidos, con el sonido húmedo de mis agujeros siendo usados, abusados, destrozados.
Ya no distingo quién está dentro mío, solo sé que son varios a la vez, y que me están rompiendo toda, que mi cuerpo ya no me pertenece.
Me usan sin pausa, de a dos, de a tres, decididos a no dejar ningún agujero libre. Mi garganta ya no distingue la saliva o de la leche preseminal, el culo me late, ya esta muy abierto, caliente, y mi concha palpita, empapada, brutalmente estirada.
Me voltean como si fuera un juguete, volviéndome a penetrar por ambos lados, estirándome al límite, mientras sigo chupando con desesperación la verga que tengo delante mio, babeándola hasta los huevos. Mis ojos lagrimean, mi cara está roja y mojada, pero no paro de chupar.
Me cambian de lugar como si fuera un objeto inanimado. En el suelo, contra la pared, sobre una mesa luz . En cada posición, siempre tengo algo adentro mío: una verga en la boca, otra en la vagina, y otra más forzándome y abriéndome el culo. 
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Mi cuerpo ya es un campo de batalla, asediado desde todos los jóvenes.
El de la verga enorme, me agarra de los tobillos y me dobla entera, metiéndomela con la furia de un animal, mientras otro me levanta la cabeza y me embiste la garganta hasta que me hacen caer lagrimas de mis ojos.
Los escucho reír, gemir, hablar entre ellos como si compartieran un festín. Se turnan, se alientan, se calientan viendo cómo me rompen en todos los agujeros. Yo ya no soy más que un cuerpo abierto, rendido al exceso.
Cada cambio de posición es más violento, más descontrolado. Me ponen boca abajo sobre la cama, me sujetan los brazos contra la espalda y vuelven a desfilar por detrás mío, siempre con ese vigor que parece no agotárseles nunca.
La habitación huele a sexo, a sudor y a látex. El ritmo es frenético, mi voz se quiebra en gemidos y ahogos, pero ellos siguen, incansables, asegurándose de que mis agujeros siempre estén rebalsados.
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Soy pura carne, estirada y ocupada en los tres huecos al mismo tiempo.
El sudor de ellos escurre sobre mi piel, siento la humedad de sus cuerpos pegándose al mío, sus manos fuertes clavándose en mi cintura, en mis tetas, en mis nalgas, ya enrojecidas de tanto cachetadas que me pegan tratándome como una puta. Todo mi cuerpo vibra con cada embestida que me dan, con cada choque de sus caderas contra las mías.
Mis gritos son mas fuerte y se mezclan con el jadeo animal de ellos, y aun así sigo chupando la verga que me acercan a la boca, babeando como si no tuviera límites.
Los cinco me usan como si mi cuerpo no me perteneciera, y yo, perdida entre tanta vergas duras y caliente, solo puedo gemir, tragar, abrirme más y dejarme destrozar en ese festín brutal que yo misma estuve buscando.
Los cinco ya están jadeando como bestias, sudados, descontrolados, empujándome sin parar. Siento cómo cada verga se endurece aún más dentro mío, cómo los movimientos se vuelven más frenéticos todavía, desesperados. Mi garganta, mi vagina y mi culo laten, saturados, explotados al límite.
Uno me agarra fuerte de la cintura y me penetra con violencia, otro me la mete en el culo hasta hacerme gritar como una puta, y un tercero me sacude la cabeza para que trague hasta ahogarme con su verga. Y los otros dos se pajean sobre mi cara y mis tetas, ansiosos por terminar. La escena es un torbellino de cuerpos y fluidos, un gangbang en su máxima expresión.
Y de golpe, todo explota.
El de mi boca me la entierra hasta el fondo y se corre a borbotones, llenándome la garganta hasta que casi no pueda respirar. Otro se descarga en mi vagina, gimiendo salvaje, mientras otro me revienta en mi culo con su bombeadas brutales. Los dos que esperaban, terminan al mismo tiempo, bañándome la cara, los labios, el pelo, las tetas, hasta quedar chorreando semen espesa por todos lados.
Y me desplomo sobre la cama, empapada en baba, sudor y semen. Mi piel está marcada por sus manos, mis labios hinchados de tanto chupar, mi garganta ardiendo, mis agujeros todavía latiendo, saturados.
Ellos caen a mi alrededor, jadeando, satisfechos, sacándose los forros, las vergas brillando de tantos fluidos.
Me quedo ahí, despatarrada, sonriendo entre gemidos cortados, con el cuerpo rendido y hecho un desastre hermoso. 
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Ellos, de a poco, se van recostando a mi alrededor, todavía jadeando, riendo entre sí, cómplices. Alguno me acaricia el pelo, otro me roza la piel con la yema de los dedos, esta vez con un gesto suave, casi tierno, tan opuesto a la brutalidad de hace unos minutos atrás.
Yo cierro los ojos y me dejo estar. Siento el latido de mi vagina y de mi garganta, el eco de las embestidas todavía vibrando en mi cuerpo, pero también una calma profunda. Me siento vacía y llena al mismo tiempo. Exhausta, sudada, pegajosa, pero con una sonrisa que no se me borra de la cara.
No digo nada, solo me dejo tocar, acariciar, besar de nuevo. Y en ese silencio cargado, con la piel todavía húmeda y mi cuerpo marcado por la brutalidad, sé que esa noche aún no termina… todavía queda más por dar, más por recibir, mucho más por romperme mis agujeros.
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Una vez recuperados del Gangbang, los chicos descorchan el champagne, que estaba reservado para Ramón, y saquean el frigobar. Después de tremendo desgaste físico, teníamos que reponer energías, así que pedimos servicio a la habitación. Comida y bebidas para todos.
Para entonces ya se habían olvidado de la Bresh y de cualquier salida nocturna. Todo lo que pretendían de la noche porteña, lo tenían ahí, en esa habitación.
Por supuesto que seguimos cogiendo de a ratos, aunque ya no en forma grupal, sino de a uno por vez, lo que me permite disfrutar de todos ellos en una forma mucho más íntima, más personal. Algunos me cogen en la cama, otros en el suelo, uno me pone de frente contra la pared y me garcha de parado... 
Con todos acabo, con unos más intensamente que con otros, pero con todos me echo un polvo.
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Entre la neblina del alcohol, recuerdo vagamente haberme levantado en algún momento de la madrugada, cuando ya todo había terminado, para ir al baño. Están todos durmiendo conmigo en la cama, desnudos y amontonados, por lo que tengo que pasar por encima de sus cuerpos.
Luego de orinar, me quedo frente al espejo, tratando de arreglarme el maquillaje, que está todo corrido. Viene uno de los chicos, no me pregunten cuál, y tambaleándose aún por la borrachera, se echa un meo, fuerte, cargado; cuando termina, se la sacude, y al darse cuenta que estoy ahí, en bolas, igual que él, no se la suelta, se la sigue sobando, y poniéndosela dura en cuestión de segundos, viene hacía mí, para cogerme ahí mismo me penetra por el culo, sobre el lavabo.
No sé quién da la voz de alerta, si alguien avisa, o son mis jadeos los que despiertan a los demás, pero enseguida hay una fila detrás nuestro, todos con las vergas paradas, esperando para terminar de romperme el culo un por uno.
Fue el epílogo perfecto, la cereza del pastel para una noche increíble.
Cuándo me despierto, horas más tarde, estaba sola, ya se habían ido. Tenía el cuerpo adolorido y la mente cargada de imágenes de la noche anterior. El desorden en la habitación era un recordatorio de lo que había pasado: botellas vacías, restos de comida, preservativos usados, manchas de semen, de sudor en las sábanas, y el olor a sexo y a macho que aún persistía en el ambiente.
Me di una ducha, limpié lo que fuera más comprometedor o vergonzoso, como por ejemplo los forros que los chicos habían dejado tirados por cualquier sitio, muchos de ellos repletos con sus semen, y pedí el servicio de limpieza. Bajé a desayunar siendo casi el mediodía. Imaginaba que ya a esa hora los chicos del interior del País debían estar volviendo a su provincia, comentando, seguramente, entre ellos, como fue cogerse entre todos a una porteña madura casada con hijo.
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Un Gangbang con 5 jóvenes y con mi amante

Ramón mi amante llegaría a la tarde, ya me había pasado la hora de su arribo, así que volví a la habitación, que estaba impecable, como si nadie la hubiera usado todavía, y me arreglé para esperarlo.
Tuve que desechar la lencería erótica que había comprado para recibirlo, ya que quedó hecha un trapo lleno de semen de jóvenes dotados, después de que los chicos la usaron para limpiarse no solo el sudor, sino también su semen.
Apenas aterriza el avión, Ramón me escribe para avisarme que ya está cerca. Bajé al lobby para esperarlo, ya que quedándome en la Suite, caminaba por las paredes de lo ansiosa e impaciente que estaba. Pese a todo el sexo brutal que había tenido tan solo unas pocas horas atrás con los cinco jóvenes que me usaron cómo ellos quieron, yo me moría por estar de nuevo entre sus brazos.
Cuando lo veo llegar, el corazón me empieza a latir desbocado. Allí está, impecable, con ese aire europeo que me fascina. Tiene el cabello entrecano, los ojos claros, y una sonrisa que me desarma. No está mal para sus ya, casi, sesenta años.
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Corro hacia él, para abrazarlo, para sentirlo, llenándome los pulmones con su perfume. Subimos a la suite tomados de las manos, disfrutando ese contacto que habíamos anhelado durante tanto tiempo.
Mientras el ascensor recorre los pisos, no puedo dejar de observarlo, sintiendo cómo, a pesar del cansancio y la resaca, mi deseo por él crece a pasos agigantados.
Cuando cerramos la puerta, no tarda en besarme. Un beso largo, ansioso, con sabor a reencuentro. Y aunque la noche anterior me habían besado cinco jóvenes diferentes, son sus besos los que de verdad me conmueven.
Sus manos recorren mi cintura, mis pechos, y yo ya estoy entregada, consciente de que, aunque mi cuerpo aún guarda las huellas de esos cinco jóvenes dotados que usaron hace horas atrás, y ahora solo él me importa.
Lo llevo hasta la cama, en dónde me desnuda con calma, como si cada prenda fuera la ofrenda de un ritual. Su mirada se posa en mi piel, descubriendo las marcas de los excesos de la noche anterior, pero no dice nada, después de todo él mismo me conoció en una situación similar, cuando, en aquel viaje a tulum México, donde tuve sexo al mismo tiempo con él y con los otros dos socios de mi amante.
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Un Gangbang con 5 jóvenes y con mi amante

Ramón- no te imaginas cuánto he deseado tenerte así, desnuda y cachonda. - Ramón metiéndome, sus dedos por entre la humedad de mi vagina.
Me agarra de la nuca y me lleva hacia su pantalón. No tiene que decirme nada. Arrodillada frente a él, le bajo el cierre del pantalón y le saco la verga parada no tan grande como la que me cogieron anoche, y
Me la meto en la boca haciendo una garganta profunda, cerrando los ojos, mientras lo siento endureciéndose todavía más entre mis labios. Mis gemidos ahogados vibran en su piel, y él, con una mano empujaba mi cabeza, me marca el ritmo, haciendo que se la coma toda su verga asta los huevos.
Cuando ya no resiste más de la chupada que le hacía a su verga, el me levanta y me tumba boca arriba en la cama. Se inclina sobre mí y empieza a chuparme, lento, experto, frotando mi clítoris con movimientos circulares con sus dedos, y hundiendo su lengua en mi vagina, como si quisiera borrar cualquier rastro de los jóvenes que me habían cogido la noche anterior. Yo me retorcía, gimiendo su nombre, suplicándole que no se detuviera.
Finalmente, se coloca sobre mí, y con un solo empuje, profundo, certero, me penetra por completo en la vagina. Un gemido desgarrador estalla en mi garganta cuando la tengo toda su verga adentro mío.
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El sexo con Ramón no es un torbellino descontrolado, como lo había sido con los cinco jóvenes dotados, sino un vaivén de olas profundas que me arrastran sin prisa, sin urgencia.
Se mueve con fuerza, pero también con control, marcando un ritmo que me lleva al límite. Sus manos aprietan mis nalgas, abriéndome más, reclamando cada rincón de mi cuerpo.
Me gira de espaldas, tomándome por la cintura y me penetra por detrás por mi vagina. Su palma golpea contra mi piel con cada embestida, y yo solo puedo gritar de placer, hundiendo el rostro en la almohada. La brutalidad mezclada con ternura me hace perder la noción de todo.
En un momento me atrae de nuevo hacia él, haciéndome montar sobre su cuerpo. Me sostiene de la cintura mientras yo lo cabalgo, perdida, con los pechos rebotando frente a su mirada ardiente. Sus manos recorren mi espalda, y mis nalgas, y al mirarlo a los ojos me doy cuenta que para él no soy solo una amante más: soy y seré siempre su mujer, aunque nos separe un océano (literal) de distancia.
El orgasmo llega arrasador, contundente, arrancándome un grito, mientras que él, jadeando, se derrama dentro mío, con un gemido profundo, apretándome contra su pecho.
Quedamos abrazados, sudorosos, temblando todavía. Sus dedos acarician mi cabello cuando me susurra:
-Valió la pena cada kilómetro recorrido solo por éste momento.
Entre los espasmos del placer, lo miro, le sonrío complacida y lo beso con ese amor que solo le puedes profesar al hombre que satisface mas que tu propio marido.
Su respiración aún golpea mi cuello cuando vuelve a endurecerse dentro de mí. No me da tiempo ni a descansar, el me pone en cuatro sobre la cama parando la cola hacia a el, Ramón me empezó abrir las nalgas empezando a meterme sus dedos mojado con su propia saliva, y siento la cabeza de su verga rozándome el culo ya abierto y desgarrado, y me entró su verga toda completa en mi ano, haciéndome arquear la espalda y mientras mordía la almohada. Me sujeta fuerte de las caderas, marcando el ritmo, mientras yo empujo contra su pelvis, pidiéndole más, más fuerte la embestida que me daba.
Cada embestida resuena en la habitación, húmeda, intensa. 
Me inclina hacia abajo, pegando mi pecho al colchón, mientras me domina, con movimientos cada vez más rápidos, agitados. Luego me tira del pelo, obligándome a levantar la cara, y me susurra al oído, con voz ronca:
Estás muy rica flaca.
amante
esposa puta

El temblor me recorre entera. El placer sube como una ola y lo siento llegar, pero Ramón cambia de posición antes de dejarme terminar. Me gira bruscamente y me levanta las piernas sobre sus hombros, entrando en mí en un ángulo que me arranca más de un grito. 
Mi cuerpo se convulsiona bajo él, presa de un orgasmo que no puedo contener.
-¡Seguí, por favor, no pares...!- le suplico, ahogada, entre gemidos.
Ramón me complace, penetrándome profundo, bombeando implacable, provocando que mi placer se desborde. Grito su nombre, mientras acabo violentamente, con el cuerpo arqueado y los músculos temblando sin control.
Montándolo de frente, me aferro a su torso desnudo, cabalgando su erección con movimientos circulares y desesperados, buscando más fricción en mi clítoris. Ramón gime fuerte, apretándome las nalgas, guiando mi vaivén. Nuestros sudores se mezclan, en medio de un calor insoportable y delicioso.
Cuando mi orgasmo regresa, me levanta y cargándome, con mis piernas enlazadas en torno a su cintura, me lleva hasta el gran ventanal y sosteniéndome contra el vidrio, me garcha más fuerte.
La ciudad brilla debajo, indiferente a nuestros cuerpos desnudos y sudorosos, retorciéndose el uno contra el otro.
-¡Eres mía Lourdes...!- me susurra Ramón, clavándomela hasta el fondo.
Un Gangbang con 5 jóvenes y con mi amante
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No resisto más. El orgasmo me desgarra, prolongándose, con convulsiones que me dejan sin aliento. Y ahí él también se desborda, con un rugido grave, apretándome la espalda contra el cristal, mientras se descarga en mi interior, con embestidas finales, lentas y profundas.
Quedamos jadeando, abrazados, con el pulso descontrolado. Yo temblando, con las piernas débiles, con él sosteniéndome fuerte, sin soltarme. Su pecho sube y baja contra mi propio pecho, mientras me besa y muerde el cuello, suave, como un depredador que calma a su presa después de dominarla.
-¡Cuánto esperé por éste polvo, Lourdes...!- me dice, con la voz entrecortada.
Yo no le digo nada, estoy demasiado conmovida como para poder articular palabra.
Y en ese silencio húmedo, con el cuerpo aún palpitando, su semen chorreándome por entre las piernas, me siento feliz, complacida.
Sí, el Gangbang fue una experiencia intensa, superadora, la disfruté plenamente y no me arrepiento, pero ahí, con Ramón, es dónde quiero estar...
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