La Fiesta del Cumpleaños Â
Era el cumpleaños de mi papá, y aunque la fiesta era en mi casa, Ă©l habĂa invitado a sus amigos más cercanos: todos hombres, todos mayores, y todos con una mirada que ya conocĂa demasiado bien. Mi novia, LucĂa, era la Ăşnica mujer ahĂ. Hermosa, dulce, con unas tetas enormes que hoy, por alguna razĂłn, parecĂan aĂşn más llamativas bajo ese vestido ajustado que se pegaba a cada curva de su cuerpo. Â

Desde que llegaron, no dejaron de mirarla. Mi papá, con esa sonrisa pĂcara, y sus amigos con sus comentarios “inocentes”. Â
—Ay, nena, Âży no te querĂ©s meter a la pileta? Hace un calor bárbaro —dijo uno mientras le recorrĂa el cuerpo con la mirada. Â
—No, no… mejor no —respondiĂł LucĂa, sonrojada, pero ya la estaban rodeando. Â
—Dale, flaca, no seas aburrida —insistiĂł otro, y entre risas forzadas, la convencieron. Â
El problema era que no tenĂa traje de baño, asĂ que alguien (seguro mi viejo) sugiriĂł que usara el bikini de mi hermana. Cuando saliĂł de la habitaciĂłn, casi me da un infarto: las tiras apenas le cubrĂan las tetas, el escote era imposible, y la parte de abajo se le clavaba entre las nalgas. Â

—¡Ufff, mirá eso! —resoplĂł uno de los amigos, y LucĂa se tapĂł la cara, pero ya era tarde. Â
EntrĂł a la piscina y, entre bromas “accidentales”, las manos “sin querer” rozaban su piel. Hasta que pasĂł lo inevitable: en un movimiento brusco, una de sus tetas saltĂł fuera del bikini, redonda, firme, el pezĂłn rosado y erecto por el frĂo del agua. Â
—¡Ay, no! —gritĂł ella, pero tardĂł en darse cuenta, y para entonces, ya todos lo habĂan visto. Â

—¡Bueno, eso sĂ que es un regalo de cumpleaños! —rugiĂł mi papá, y los demás soltaron carcajadas mientras ajustaban sus pantalones, las erecciones evidentes bajo la tela. Â
Yo estaba tan borracho de celos y alcohol que solo atinĂ© a ir al baño a vomitar. Cuando volvĂ, la escena era peor: LucĂa ya no tenĂa la parte de arriba del bikini (alguien lo habĂa escondido “de broma”), y sus tetas rebotaban mientras intentaba cubrirse. Â

—Dale, nena, total ya te vimos toda —dijo mi papá con voz ronca. Â
Y entonces, no sĂ© cĂłmo, la convencieron de sacarse todo. Â
—Solo un toque… para el festejo —susurrĂł uno. Â
Y ella, entre la vergĂĽenza y la presiĂłn, cediĂł. Â
DespuĂ©s vino lo peor: la empujaron contra el borde de la piscina, mi papá se bajĂł el short y, sin más, se la clavĂł ahĂ mismo. Los demás no perdieron tiempo: sacaron sus celulares, filmando, mientras le gritaban barbaridades. Â

—¡Sos una diosa, nena! ¡Mira cĂłmo te la come! Â

LucĂa gemĂa, confundida entre el placer y la humillaciĂłn, pero ya no habĂa vuelta atrás. Â

Y yo… yo solo seguĂ tomando, sabiendo que, despuĂ©s de esto, nada volverĂa a ser igual. Â
Era el cumpleaños de mi papá, y aunque la fiesta era en mi casa, Ă©l habĂa invitado a sus amigos más cercanos: todos hombres, todos mayores, y todos con una mirada que ya conocĂa demasiado bien. Mi novia, LucĂa, era la Ăşnica mujer ahĂ. Hermosa, dulce, con unas tetas enormes que hoy, por alguna razĂłn, parecĂan aĂşn más llamativas bajo ese vestido ajustado que se pegaba a cada curva de su cuerpo. Â

Desde que llegaron, no dejaron de mirarla. Mi papá, con esa sonrisa pĂcara, y sus amigos con sus comentarios “inocentes”. Â
—Ay, nena, Âży no te querĂ©s meter a la pileta? Hace un calor bárbaro —dijo uno mientras le recorrĂa el cuerpo con la mirada. Â
—No, no… mejor no —respondiĂł LucĂa, sonrojada, pero ya la estaban rodeando. Â
—Dale, flaca, no seas aburrida —insistiĂł otro, y entre risas forzadas, la convencieron. Â
El problema era que no tenĂa traje de baño, asĂ que alguien (seguro mi viejo) sugiriĂł que usara el bikini de mi hermana. Cuando saliĂł de la habitaciĂłn, casi me da un infarto: las tiras apenas le cubrĂan las tetas, el escote era imposible, y la parte de abajo se le clavaba entre las nalgas. Â

—¡Ufff, mirá eso! —resoplĂł uno de los amigos, y LucĂa se tapĂł la cara, pero ya era tarde. Â
EntrĂł a la piscina y, entre bromas “accidentales”, las manos “sin querer” rozaban su piel. Hasta que pasĂł lo inevitable: en un movimiento brusco, una de sus tetas saltĂł fuera del bikini, redonda, firme, el pezĂłn rosado y erecto por el frĂo del agua. Â
—¡Ay, no! —gritĂł ella, pero tardĂł en darse cuenta, y para entonces, ya todos lo habĂan visto. Â

—¡Bueno, eso sĂ que es un regalo de cumpleaños! —rugiĂł mi papá, y los demás soltaron carcajadas mientras ajustaban sus pantalones, las erecciones evidentes bajo la tela. Â
Yo estaba tan borracho de celos y alcohol que solo atinĂ© a ir al baño a vomitar. Cuando volvĂ, la escena era peor: LucĂa ya no tenĂa la parte de arriba del bikini (alguien lo habĂa escondido “de broma”), y sus tetas rebotaban mientras intentaba cubrirse. Â

—Dale, nena, total ya te vimos toda —dijo mi papá con voz ronca. Â
Y entonces, no sĂ© cĂłmo, la convencieron de sacarse todo. Â
—Solo un toque… para el festejo —susurrĂł uno. Â
Y ella, entre la vergĂĽenza y la presiĂłn, cediĂł. Â
DespuĂ©s vino lo peor: la empujaron contra el borde de la piscina, mi papá se bajĂł el short y, sin más, se la clavĂł ahĂ mismo. Los demás no perdieron tiempo: sacaron sus celulares, filmando, mientras le gritaban barbaridades. Â

—¡Sos una diosa, nena! ¡Mira cĂłmo te la come! Â

LucĂa gemĂa, confundida entre el placer y la humillaciĂłn, pero ya no habĂa vuelta atrás. Â

Y yo… yo solo seguĂ tomando, sabiendo que, despuĂ©s de esto, nada volverĂa a ser igual. Â
7 comentarios - El CUMpleaños de mi viejo 🎂đź«