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Calientitos los panchos

Una amiga estaba peleada con su pareja, se habían separado. Y se enteró que este chico iba a estar en un cumpleaños al que nos habían invitado. Yo ni pensaba ir porque no me llevaba bien con la cumpleañera, y hacía mucho que no la veía, pero mi amiga quería ir a toda costa para tratar de reconciliarse así que tuvimos que hacerle la gamba. De entrada me sentí fuera de lugar. No me gustaba la música, y había demasiadas luces blancas. No soy de tomar mucho pero prefiero un poco de cerveza antes que un trago recargado de alcohol. Algunas de las chicas decían que la gente estaba en otra, que algunos nos miraban raro, que fuéramos a algún boliche, y así. Pero al menos dos de nosotras teníamos que hacerle el aguante a Belu. Por eso yo había quedado con mi novio de esperarlo ahí hasta las tres de la mañana más o menos, para después pasar el resto de la noche juntos.
En lo que las demás seguían buscando excusas para irse yo decidí distraerme un poco y fui hasta la cocina a buscar algo de tomar, y esquivando gente me topé de frente con Héctor, el padre de uno de mis primeros novios. Todos conocíamos a la cumpleañera pero ni me imaginaba que él fuera a estar ahí. Era la última persona que hubiese pensado encontrarme. Este señor siempre me hizo hervir la lechita, digamos, jaja. Pero nunca me animé a cruzar esa línea. A traicionar la confianza de su hijo, Mariano, con quien entonces salía. Ni siquiera al final de nuestra relación cuando su padre le hacía preguntas demasiado personales sobre mí: Cómo era yo en la cama, de qué tamaño la tenía, y cosas por el estilo. Héctor estaba divorciado hacía bastante de su mujer, y yo lo recordaba con cariño, incluso las madrugadas que llegaba de alguna caravana cortándonos más de un polvo. Pero bueno, era su casa. Para mí era inevitable quedarme viéndolo, con su look de motoquero: pelo largo, aros, tatuajes descoloridos, campera de cuero... Me parecía tan hombre! Me ponía boba. Él también era mirón, y bastante toquetón y besuquero. Siempre me sonreía, con guiños cómplices y una voz segura, con buena onda... La verdad que si quería me tenía. Pero supongo que él también respetaba más a su hijo porque sus avances nunca fueron concretos. Aunque con sus dotes de seductor nato siempre estuvimos ahí de que pase algo.
Y ahora lo tenía enfrente, unos diez años de por medio, algo encanecido pero muy perro todavía. Estaba con otro tipo, que debía pasar los cincuenta como él. Re cancheros los dos. De cuero y jeans gastados. Se sarpaban de sugars.

_"Hola, hermosa!", me tiró. "Ella es como mi hija!", le dijo al amigo.

Cuando me acerqué a saludarlo me agarró de la nuca y me besó demasiado cerca de la boca, como hizo siempre. El otro me dio un beso en la mejilla mientras me apoyaba la mano por la cintura desnuda. No vi mejor opción en la fiesta para pasar el rato y me planté ahí, disfrutando del placer de una calentada de pijas disfrazada de charla adulta. Bueno, yo quería hacerme la adulta, quería demostrarle que ya estaba bastante crecidita y que había aprendido muchas cositas. A las chicas no se las veía por ningún lado. O yo no las quería ver, jaja. Los vetes me ofrecieron sus vasos de fernet, que rechacé amablemente arguyendo que prefería una cerveza, y "mi suegro", muy caballero, propuso que salgamos a comprarme una. En la esquina había un drugstore y me trajo un latón medio tibio que era demasiado para mí. Seguía el ritmo de la música, claramente presumiéndole, haciéndome la interesante y todo el numerito. A cada rato nuestras miradas se cruzaban y sentía que me violaba con los ojos. Me contaba cualquier cosa para entretenerme y hacerme reír y yo me imaginaba que me subía encima suyo y lo comía a sentones. Me olvidé completamente que existían mi novio y mi ex. Vi a las chicas asomarse por la puerta con unas caras de orto y me hice la boluda. Volvieron a entrar y nosotros seguímos seduciéndonos mientras la conversación se hacía cada vez más directa y deshinibida. El otro también tenía lo suyo, y yo también le daba cabida, por educación y para no mostrarme tan obvia con Héctor. Pero creo que en realidad estos chongos maduros ya estaban de vuelta y me sacaron la ficha de putita ansiosa todo el tiempo. Hasta me imaginaba un trío mientras charlábamos, jaja.
En lo mejor que estábamos llega un auto, y mi viejo verde dice: 

_"Ahí está Marianito...!". 

Me subió un escalofrío del culo hasta la nuca. Ustedes nunca lo van a experimentar pero es una sensación muy incómoda encarar de nuevo a alguien que te cogió, que te poseyó, que estuvo dentro tuyo literalmente, y que al final terminó todo mal. No lo veía desde que era una ingenua adolescente. Enseguida empezaron a pasar por mi cabeza imágenes de cómo me atragantaba con su pija de diecisiete centímetros, llenándome la boca de leche ácida sin avisarme, y rompiéndome el culo sin lubricante, sin importarle nada más que su propio placer. Pegándome chirlos, enrollando mi cabello alrededor de su puño y diciéndome:
Vos sos mí puta...
Para colmo el otro día mi novio me dijo que quería que un par de mis ex me cojan otra vez, y uno de ellos era Mariano, justamente. Y aquí estábamos. Cortamos en malos términos. Él me había engañado, yo también, y hasta ahora había sorteado con éxito todos los encuentros casuales que pudiéramos haber tenido, evitando lugares y amigos en común. Pero ningún encuentro podía ser tan cercano como este. Lo vi venir en cámara lenta. Pensé que iba a estar hecho mierda pero no. La facha del padre: seguro, descarado, fanfarrón. Lo vi más alto, más musculoso, no sé, pero no me desagradó. Me encaró de una y lo saludé tímidamente con un beso en la mejilla, sin abrazo ni efusividad fingida, sin saber qué decir. Él saludó a su papito y al compinche y entró a saludar a la cumpleañera. Cuando volvió recordamos por compromiso algunas anécdotas vanas, como si entre nosotros nunca hubiese pasado nada más importante que un par de boludeces. Con la cerveza haciendo su efecto, lo sumé a mi trío imaginario. Qué complicadas son las cosas. Pensar que si fuéramos fieles a nosotros mismos no nos importaría nada y haríamos exactamente lo que sentimos. Por lo menos "mi suegro" y yo, que estábamos re calientes uno con el otro. Qué lindo ejemplar de macho experimentado, con un cuerpo curtido, y seguramente una pija dura y una lengua culeadora que me haría gemir incontrolablemente y tener un orgasmo de culo en cinco minutos.
Ya eran casi las cuatro de la mañana y vi llegar el auto de mi novio. Miré el celular y tenía varias llamadas silenciadas. Me excusé y corrí a buscar a las chicas, para que no me viera con Mariano y compañía. Muchos ya se estaban yendo, capaz que a un after. Salimos juntas pero ellas ya tenían con quiénes volverse. Mi amiga se reconcilió! Nos despedimos y se subieron a una camioneta. Mi novio saludó a unos conocidos y yo quedé sola en la vereda. Alguien gritó mi nombre desde un auto que no reconocí, y el amigo reo de Héctor se bajó para preguntarme si tenía quién me lleve. Dije que sí con una voz débil, automática. Y arrancaron. Mariano y Héctor no bajaron, me saludaron de lejos. Pero se me hizo que quedaron igual de calentitos que yo.
Subí con mi novio a su auto y mientras me hablaba de sus cosas mi mente empezó a flashear lo que hubiese pasado si me iba con esos tres chongos predadores de putitas como yo.
Durante el viaje a casa hablamos de este raro reencuentro. Mi novio iba callado, mirando al frente. Cuando le hablé de Mariano hizo un gesto involuntario con la cara. Una expresión de sorpresa y hasta de agrado diría.

_"Ya está pasando...", dijo sin dejar de mirar la ruta.

_ "¿Qué cosa...?", pregunté.

_ "Apareció ese forro de tu ex. Te dije que te iba a hacer coger con él. Y lo atrajimos...".

_ "No quiero...", le respondí.

Me preguntó por qué.

_ "Porque ya pasó mucho tiempo. Y ya no siento lo mismo...".

Pero la verdad era que sentía vergüenza de mí misma y no quería quedar como una regalada con alguien como Mariano. No quería que me volviera a usar.

Mi novio siguió con su monomanía:

_ "Te vas a dejar coger con ese pajero... y con tu otro macho también. Ya va a aparecer...".

Soltó una mano del volante y me tocó la entrepierna. Yo estaba al palo.

_ "Apa...! ¿Calentitos los panchos, mi amor...?". 

Una broma recurrente nuestra.
Metió los dedos debajo de mi bombi y los sacó viscosos.

_ "Mirala a la putita... ¿Cómo te dejó ese viejo, ¿no?".

Qué le iba a decir. Nunca fui buena mintiéndole. Además estaba medio borracha. Empezó a buscar un lugar para estacionar, y paró bajo la sombra oscura de un edificio en construcción, en una cuadra muy poco transitada a esa hora.
Apenas frenó, miró para los costados y me bajó de la nuca hasta su pija.

_"Putita de mierda... Calentita con esos viejos, ¿no?".

No dije nada. La que calla otorga. Empecé a chupársela mientras su mano se deslizaba debajo de mi jean.

_"¿Qué hacés?", le dije. "Mejor vamos a tu casa".

Me incorporé pero me volvió a bajar de la nuca.

_"Callate y seguí chupando. Me excita que seas tan puta y te hayas calentado así. Capaz que si no te venía a buscar terminabas con esos en cualquier lado ".

_"No seas boludo, ¿querés?", le dije dejando de chupar y haciéndome la ofendida.

Ahí nomás reclinó mi asiento y me ordenó que me diera vuelta. Le dije que no teníamos ni lubricante, y se puso a revisar la gaveta. Sacó un pote de crema de ordeñe de su mamá que también usaba el auto. Me obligó a ponerme un poco y lo hice aún sabiendo que no era buena idea. Me bajé el jean y me di vuelta. Apenas entró me dolió igual, con crema y todo, y él empezó a decir enardecido:

_"¿Así te cogía ese hijo de puta? ¿Así...?".

Se refería a Mariano, con quien siempre lo hacíamos en el auto en situaciones similares. De ahí esta parada improvisada.
Me tenía contra la puerta, el vidrio era medio oscuro pero igual se veía, y de cuando en cuando pasaba algún transeúnte por la vereda que se nos quedaba mirando mientras se alejaba. A mi novio no le importaba.

Me dolía pero él tenía razón, estaba recontra caliente. A mí también dejó de importarme la gente que pasaba. Cerré los ojos y empecé a pensar en Héctor. En lo que me habrían hecho esos tres con una cerveza más. Ya la tenía hasta los huevos, y empecé a empujar contra su cuerpo, como diciéndole:
"Dale, ¿eso es todo lo que tenés? Me la re banco!".
Él también empezó a bombear más fuerte. Me agarró del pelo y me tenía así, arrinconada y con todita adentro. Ni música había puesto. Los vidrios empezaron a empañarse y el auto a crujir; y retumbaba en toda la cuadra desierta el sonido de su pelvis contra mi cola: Chas, chas, chas!
Me dijo que le avise cuándo esté por acabar, porque a él le excita más que yo acabe primero. Empecé a tocarme para terminar más rápido y seguirla después en la comodidad de una cama. En eso pasó un tipo con un camperón negro que se paró frente a mi cara detrás del vidrio. Miró para ambos lados y sacó la pija y empezó a pajearse. El corazón me latía a mil. Quise desabrocharme de mi novio pero me retuvo de las caderas.

_"Ese tipo nos está viendo!", le dije con miedo. "Se está pajeando...!".

_"Dejalo...", respondió.

Eso me la bajó un poco pero mi novio se puso más duro y grande y empezó a bombearme más fuerte.
El tipo acercó la pija a la ventana y mi novio me empujó la cabeza contra el vidrio. Yo saqué de memoria la lengua como esperando el lechazo y el tipo acabó un montón enchastrando toda la ventana. Hice como que lamía la leche que chorreaba por el otro lado y yo también me acabé, salpicándome hasta la cara.
El tipo se la sacudió y se fue riendo, y mi novio me inundó la cola, con un bramido de placer. Cuando terminó de rellenarme le pedí por favor que nos fuéramos de ese lugar.

_"La que te espera en casa, putita...", me dijo. Y arrancamos.

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