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Noche en el bar

Era un viernes por la noche, y el bar estaba lleno, brillante y ruidoso como siempre.
Llegué puntual —más por orgullo que por costumbre— y me abrí paso entre la gente hasta la barra.
Traía un top negro cortito que dejaba mi cintura descubierta, una chaqueta de mezclilla corta, shorts blancos y medias debajo.
El outfit perfecto para sentirme linda sin intentarlo demasiado.
El barman me miró apenas llegué.
—¿Te preparo algo? —preguntó, apoyándose en la barra como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—Por ahora no —dije, acomodándome el cabello detrás de la oreja—. Estoy esperando a alguien. En cuanto llegue, pedimos.
Él asintió, como si escuchara esa frase todas las noches.
Cinco minutos. Diez. Quince.
El lugar se hacía más ruidoso, más cálido, más lleno de gente que sí tenía con quién brindar.
El barman volvió.
—¿Seguro que no quieres nada? —preguntó, con una sonrisa cómplice.
Suspiré.
—Está bien… una margarita. Total, ya estoy aquí.
—Eso me gusta —dijo mientras comenzaba a prepararla—. Una chica decidida.
Rodé los ojos, pero sonreí.
A veces era mejor dejarse consentir por pequeñas tonterías que por personas irresponsables.
Pasó media hora.
Luego otra margarita.
Luego otra más, porque el barman insistió en invitarme una “por la espera”.
Y mi cita… nada.
Yo ya tenía la mano sobre mi chaqueta, lista para irme, cuando alguien se detuvo justo a mi lado, tan cerca que pude sentir el aroma a colonia fresca.
—¿Te puedo decir algo sin sonar intenso? —preguntó una voz masculina, cálida, suave.
Lo miré.
Moreno, ojos claros, sonrisa que parecía entrenada para meterse debajo de la piel.
—Depende —respondí—. ¿Qué tan intenso?
Él soltó una risa baja.
—Lo justo como para no dejarte ir sin intentarlo.
—¿Intentar qué?
—Hablarte, claro. Llevo viéndote desde que llegaste. Ya estaba por arriesgarme, pero pensé que estabas con alguien. Aunque… —miró las margaritas vacías frente a mí— …parece que te dejaron plantada.
Me encogí de hombros.
—Pasa. No es la primera vez.
—¿Y siempre te dejas ver tan tranquila? —preguntó inclinándose un poco hacia mí.
—¿Qué quieres que haga? ¿Llorar sobre la barra? Me arruinaría el maquillaje.
El chico sonrió.
—Tenías que ser tú. Te ves como alguien que hace que la noche valga la pena con o sin cita.
Me cubrí la sonrisa con la mano, negando lentamente.
—¿Siempre dices cosas así a las chicas solas en un bar?
—No. Solo a las que se ven interesantes.
—¿Interesantes cómo?
Él me señaló con un gesto leve.
—Top negro, shorts blancos, medias… y esa cara de “no vine a jugar, pero si juego, gano”. Difícil no notarte.
—Mmm… qué observador.
—Es que me diste tiempo —respondió, riendo.
Soy Daniel y tu?
Le di un nombre falso solo para hacerme la interesante, el lo sabía pero no le importó
Nos quedamos un momento así, mirándonos entre el ruido y las luces.
¿Me dejas invitarte algo? Para que no culpes al universo por haber venido.
—Solo si prometes que eres más puntual que el tipo que me dejó plantada.
Daniel acercó su cara a la mía lo justo para que pudiera sentir su sonrisa.
—Te prometo que soy mejor compañía que él.
Daniel y yo seguimos hablando un buen rato. La conversación fluía sola, sin forzar nada. Él tenía ese humor ligero que hace que todo parezca más fácil. Cada tanto me decía algo que me sacaba una risa sin querer, y a veces yo le contestaba con alguna picardía que lo hacía sonreír como si acabara de ganar un punto.
—¿Siempre hablas así con desconocidos? —me preguntó, apoyado en la barra, inclinado hacia mí.
—Solo con los que no se ven peligrosos —dije, dándole un golpecito en el brazo—. Tú pareces más… inquieto que peligroso.
—¿Inquieto?
—Sí… inquieto de más —respondí, levantando mi margarita.
Su sonrisa decía claramente que el comentario le gustó.
Un ritmo fuerte empezó a sonar, reguetón del tipo que no deja a nadie quieto. Daniel miró hacia la pista improvisada, luego a mí.
—¿Quieres bailar? —preguntó estirando una mano hacia mí.
—¿Así de directo?
—Pues… desde hace rato quería hacerlo.
—Bueno… —tomé su mano—. Vamos a ver si bailas tan bien como hablas.
Nos mezclamos entre la gente. Las luces bajaron, el bajo retumbaba en el pecho, y la piel se sentía más caliente de lo normal. Daniel puso sus manos sobre mi cintura con una naturalidad que no se sintió invasiva… más bien segura. Yo me acerqué lo justo, dejándole espacio, pero marcando el ritmo.
Nos movíamos al mismo tiempo —o eso parecía— y cada que subía el beat, él aprovechaba para acercarme un poco más.
El tiempo se nos fue entre risas, vueltas improvisadas y muchos roces de piel
Hasta que, en una pausa de la música, yo misma me acerqué a su oído.
—¿Quieres seguir platicando? Aquí ya no escucho nada… —le dije, tocándole el hombro con la punta de mis dedos.
Daniel se acomodó el cuello de la camisa y asintió rápido.
—Sí. Vámonos a otro lado —dijo, sacando su celular—. Pido un Uber.
Lo vi mientras buscaba la app; tenía las manos grandes, aún tibias del baile.
—No traje carro —explicó—. Ya sabía que iba a tomar unas cuantas.
—Bien pensado —contesté—. Mejor eso que manejar borracho.
Tecleó su destino, pero frunció el ceño.
—Veinte minutos…
—¿Tanto? —pregunté, arqueando la ceja.
—Parece que hay poca disponibilidad. Es tarde.
Yo me guardé el celular en el bolsillo del short y lo miré con una sonrisa ladeada.
—Bueno… en lo que llega, ¿qué? ¿Nos quedamos parados aquí como dos tristes esperando transporte?
Daniel chasqueó la lengua.
—No suena muy divertido.
—Exacto —respondí, dándole un empujoncito suave con la cadera—. Vámonos a caminar. Hay una vuelta por aquí donde pega bien el aire.
—¿Así, nada más?
—¿Tienes miedo? —pregunté, retándolo con la mirada.
—No, pero… —se encogió de hombros—. Hace frío.
Le señalé mi chaqueta corta y reí.
—Nos movemos rápido. Así no te congelas.
Daniel guardó el celular, todavía sonriendo.
—Ok. Vamos. Me intriga ver a dónde me llevas.
—Pues sígueme —dije, dándole la espalda con la seguridad de alguien que sabe exactamente lo que hace—. Y no te me quedes atrás.
Y salimos del bar, con la noche envolviéndonos y el ritmo todavía vibrando en las piernas.
Salimos del bar y el ruido quedó atrás como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo. Las calles estaban vacías, apenas iluminadas por luces amarillas que hacían brillar el pavimento mojado. El aire estaba fresco, con ese olor urbano entre asfalto y madrugada.
Daniel caminaba a mi lado, manos en los bolsillos, acompañando mi paso sin decir mucho. Pero lo sentía mirándome de reojo de vez en cuando. Esa mirada que no necesita palabras para decir “me gustas, y lo sabes”.
Yo frené de golpe.
Él dio dos pasos más antes de voltearse hacia mí.
—¿Pasa algo? —preguntó.
Sin responder, me acerqué.
Él retrocedió un paso, luego otro, hasta que su espalda tocó la pared fría de un local cerrado.
Lo tenía exactamente donde quería.
Puse una mano a su costado, cerca de su cintura, otra junto a su hombro. No lo tocaba del todo… pero lo tenía acorralado igual.
—No creo que pueda esperar veinte minutos al Uber —le dije, mirándolo directo a los ojos.
Daniel tragó saliva.
—¿Ah… no?
Negué despacio.
Me acerqué más.
Nuestro aliento se mezcló antes que nuestras bocas.
Lo besé primero despacio, probando, tanteando su reacción… y en cuanto lo sentí responder, lo tomé del cuello de la camisa y lo atraje más, haciendo el beso más intenso, profundo.
Daniel puso sus manos en mi cintura como si temiera que me fuera, y yo me pegué más a él sin pensarlo.
La calle estaba sola, silenciosa, cómplice.
Nos detuvimos apenas un segundo para respirar.
Comencé a desabotonar su camisa
—¿Que haces? —Susurró él, con la voz baja y cargada.
—Shh... No digas nada —le contesté, rozando mis labios con los suyos antes de volver a besarlo.
Tenía el cuerpo trabajado, acaricie con mis manos su pecho y su abdomen marcado. Estaba descubriendo un cuerpito delicioso y lo quería para mí.
Mientras lo besaba en el cuello y el pecho baje mi mano, acaricié su bulto sobre el pantalón, le lance una mirada mordiendose el labio y le desabroché el pantalón y bajandoselo lo suficiente deje salir su pene.
Por instinto lo tomé con mi mano, tenía un buen tamaño, se sentía muy bien en mi mano, durísimo, comencé a frotarlo firmemente, masturbandolo con movimientos suaves.
Nos seguimos besando mientras el se dejaba consentir.
Lo seguí besando ahora por su cuello, luego baje por su pecho y su abdomen marcado, me senté en cuclillas frente a el, luego con besos suaves recorrí todo su pene lentamente hasta llegar a la punta.
Lo metí dentro de mi boca, el soltó un largo gemido, comencé a chuparlo se sentía genial en mi boca, lo metí hasta el fondo y comencé a moverme chupándolo todo, lo mire a los ojos mientras lo hacía.
—Que bonitos ojos tienes — me dijo con la voz jadeante mientras acariciaba suavemente mi cara y mi cabello.
—¿te gustan? — le pregunté sacando su pene de mi boca un segundo, aproveché para tomar aire y lanzarle una mirada seductora mientras lo seguía chupando.
—Uff — es lo único que pudo decir, señal de que le gustaba lo que le hacía.
Después de unos minutos de juguetear con el usando mi boca y mi lengüita,me tomo de la cara sacando su pene de mi boca, me jalo hacia el para ponerme de pie. Me dió un beso muy apasionado y me empujó hacia un auto que estaba ahí estacionado.
Me levanto el top dejando mis tetas al aire, el fresco de la noche hizo que mis pezones se endureciera, él comenzó a besarme las tetas como loco, lamiendo y mordiendo mis pezones yo le acariciaba el cabello, pegandolo hacia mi.
Daniel bajo sus manos por mi cintura y empezó a abrir mis shorts.
Con mis manos los baje, moviendo mis caderas lo deje caer hasta mis pies
—Uff que linda tanguita, te queda perfecto—
—Venia preparada para mi cita — le dije guiñándole el ojo. Traía una pequeña tanga de encaje que combinaba con mis medias.
—Me tocará a mí aprovecharla— me dió la vuelta y me inclinó apoyándome sobre el coche. —que culito tan rico — dijo mientras me lo agarraba bien con ambas manos.
—¿te gusta? — le dije moviendolo suavemente para antojar lo más.
Su mano se deslizó a mi entrepierna acariciándome firmemente los labios, notó lo mojada que estaba, me acercó su pene empujando mi vagina sobre la tanga.
—¿Quieres? — me dijo presionando su pene contra mi.
Asentí con la cabeza mientras me mordía el labio y yo misma me hacía la tanga a un lado.
Con su mano se apoyó en mi espalda empujándome, mis pechos quedaban en el frío vidrio del auto, sentí la punta de su pene abrirse paso entre mis labios, estaba muy húmeda se deslizaba dentro de mi fácilmente, llenandome poco a poco, sentí su cadera chocar contra la mía y di un gemido largo que me hizo temblar un poco las piernas.
Luego comenzó a moverse de atras a adelante, con un ritmo muy marcado para hacerme sentir cada centímetro de su pene.
—¿te gusta? — me pregunto mientras me empujaba firmemente haciendo ruido al chocar con mis nalgas.
Lo miré sobre mi hombro, jadeando, con los ojos entrecerrados —si, que rico — le dije mientras paraba más el culo para el.
El siguió y aumentó el ritmo, haciendo que mis pechos se aplastaran en el vidrio del coche estacionado con cada empujón.
Me tomó de la cintura y con un ritmo firme y continuo me tuvo gimiendo de lo lindo por varios minutos, el choque de sus caderas se unió con el sonido de lo húmeda que me tenía, yo ya no pensaba en nada, gemia sin parar al sentir que me venía, mis piernas me temblaban mientras soltaba un fuerte gemido, el no bajaba el ritmo pero al sentir mi orgasmo se exitó tanto que el comenzó a venirse.
Sentí como sacó su pene de golpe de mi vagina, chorreando, apoyándolo entre mis nalgas derramando todo el semen sobre mi culo.
Era una sensación muy placentera sentir ese calorcito escurriendo en medio de mis nalgas.
Estuvimos unos segundos más así relajandonos, yo acariciándole el pene con mi culo, embarrandome su semen por todas partes.
No tenía como limpiarme así que solo me acomode la tanga en su lugar y subí mi short, lo abotoné y me acomode el top de nuevo, me di la vuelta y le di un buen beso en los labios.
—estuvo muy rico — le dije mientras lo miraba a los ojos.
El se arregló la ropa también.
Comencé a caminar de regreso al bar y el fue detrás de mi para alcanzarme.
Yo me alejé lo suficiente para sacar mi celular.
—Ok… ahora sí —dije sonriendo, todavía agitada—. Más vale que pida mi Uber.
—¿Te vas? —preguntó, como si no quisiera admitirlo.
—Sí. Ya es tarde.
Mientras caminábamos de regreso hacia la zona del bar, Daniel revisó su teléfono.
—Mi Uber ya lleva como… ¿cinco minutos esperando? ¡¿Qué onda?!
—Quién sabe —me reí—. Que aguante tantito.
Pedí el mío.
Un minuto de espera.
—Ah, mira. Me tocó uno rápido —dije, guardando el celular.
El auto llegó casi de inmediato y se estacionó frente a nosotros.
Daniel abrió la boca, como dudando.
—Oye… ¿me das tu número? Por si…
Negué con una sonrisa suave, divertida, segura.
—No. Pero gracias por la noche.
Él se quedó un momento sin saber qué decir.
Yo me acerqué, le di un beso rápido —un “para que te acuerdes”— y abrí la puerta del Uber.
—Cuídate, Daniel.
Me subí.
La puerta se cerró.
El auto avanzó unos metros… y entonces recordé mi teléfono vibrando antes.
Lo revisé.
Un mensaje tras otro.
Era mi cita original:
¿Dónde estás? Ya pedí la mesa.
¿Sigues viniendo?
No te veo.
me había mandado la ubicación y no era el lugar donde yo estaba
Me llevé una mano a la frente.
—Ay, no manches… —murmuré entre risas.
El chofer me miró por el retrovisor, curioso.
—¿Todo bien?
—Sí… solo que, uh… creo que hoy fui a una cita… que no era mi cita.
El chofer soltó una risa discreta.
—Pues se ve que salió bien de todos modos.
Dijo mirándome por el retrovisor, me mire en el espejo y mi ropa estaba un poco desordenada y mi maquillaje todo corrido, se notaba que había hecho alguna travesura.
Sonreí mirando por la ventana, todavía sintiendo el cuerpo de Daniel en el mío.
—Sí —respondí—. No me puedo quejar.
La ciudad pasaba en luces y sombras.
Y yo me dejé llevar por la noche que, sin querer, había salido mucho mejor de lo planeado.

4 comentarios - Noche en el bar

Bena223 +1
Woooow que historia uuff tiene todo y que rico me excite 🥵
Kira1298
Que rica historia solo faltó ilustraciones para comprenderla un poco mejor 😉
koopa2025
erótico y hot, muy bueno. me paraste la verga.
Canario_gc1
Un relato espectacular 👏👏, me ha encantado, te superas!!!
Uminekoz
Muchas gracias!!