Todo empezó sin que me diera cuenta. Lucas me hablaba por cosas de la facultad, cosas simples… hasta que un día, los mensajes ya no eran tan inocentes. Y yo ya no los leía igual.
Lucas: “Che, ¿hiciste el práctico de Administración? Te quedó bien el resumen.”
Andrea: “Sí, lo terminé anoche. Me costó un poco.” Lucas: “A vos todo te queda bien.”
Andrea: "A qué te referís?”
Lucas: “No te hagas la que no entendés lo que quise decir.”
Andrea: “Tengo novio, Lucas.”
Lucas: “No dije nada malo.”
Andrea: “Ajá.”
Lucas: “Igual… si lo tuviera enfrente, le diría que tiene suerte.”
Ese fue el primer mensaje que me hizo quedarme mirando el celular más de lo normal. Y no lo borré. De ahí en adelante, las conversaciones empezaron a cambiar.
Lucas: “¿Ya te fuiste a dormir?”
Andrea: “Todavía no.”
Lucas: “Yo tampoco. Me quedé pensando en algo que me dijiste hoy.”
Andrea: “¿Qué cosa?”
Lucas: "Deja de hacerte, ya sabes, y sabes que pienso?”
Andrea: “No sé si quiero saberlo.”
Lucas: “Sí querés.”
Andrea: “…”
Lucas: “Si estuviera ahí, te mostraría lo que pienso.”
Andrea: “Lucas…”
Lucas: “¿Qué?”
Andrea: “Tenés novia vos también.”
Lucas: “No. Vos sí.”
Andrea: “Sí.”
Lucas: “Entonces el problema lo tenés vos.”
Me acuerdo que después de eso, me quedé pensando en él. En cómo me hablaba. En por qué me gustaba que me hablara así. Y esa fue la primera vez que soñé con él. La primera vez que me imaginé algo. Y también la primera vez que sentí culpa.
Pasaron unos días sin que habláramos. Pero cuando volvió a escribirme, ya no me hice la difícil. Era como si los dos supiéramos a dónde iba todo esto.
Lucas: “Estuve pensando en vos.”
Andrea: “¿Y eso?”
Lucas: “No me olvido de cómo me miraste el otro día.”
Andrea: “No te miré de ninguna forma.”
Lucas: "justo te agarre viendome ahí abajo”
Andrea: “Bueno, capaz un poco.”
Lucas: “Te delataste.”
Andrea: “Capaz.”
Lucas: “Te gustaría que pasara algo?”
Andrea: "Ya sabes que no, tengo novio”
Lucas: “No me mientas.”
Andrea: “No sé.”
Lucas: “Yo sí sé.”
Después vinieron los audios. Las risas, las charlas más largas. Hasta que una tarde me pidió que lo ayudara con un trabajo práctico. Y fui. No me acuerdo bien qué excusa le di a mi novio, pero fui igual.
Desde ese día ya no hubo vuelta atrás.
Lucas: “¿Sabés que esto no tiene marcha atrás, no?”
Andrea: "Ay ya sé”
Lucas: “Después no me digas que no te avisé.” Andrea: “No te voy a decir eso.”
Lucas: “Entonces vení.”
Después de aquel día… todo cambió.
Los mensajes ya no eran solo bromas o comentarios de la facultad.
Ahora había algo más, algo que me hacía sonreír sola mirando el celular, que me aceleraba el corazón incluso cuando mi novio estaba al lado mío.
Lucas: “No sabés lo que me pasó hoy pensando en vos.”
Andrea: “¿Ah sí?”
Lucas: “Sí… te imaginé de cierta forma.”
Andrea: “No me digas que otra vez estás….”
Lucas: “Sí, otra vez. Y me gustó.”
Andrea: "A mi también pero solo fue esa vez”
Lucas: “Te va a encantar la próxima vez.”
Andrea: “No sé si debería…”
Lucas: “Claro que deberías. Sabés que me tenés.”
Andrea: “Y vos que me tenés a mí…”
Lucas: “Más de lo que imaginás.”
Pasaron los días y los mensajes se volvieron casi una rutina.
Cada aviso de “te escribí” hacía que mis manos se pusieran húmedas, mis pensamientos corrieran a él.
Y cada vez que contestaba, me sentía un poquito más… entregada, más perra, más consciente de lo que nos pasaba.
Lucas: “Hoy estuve viendo las fotos que me mandaste…”
Andrea: “No las miro mucho…”
Lucas: “Sí, y te aseguro que me vuelvo loco.”
Andrea: “No puedo creer que me digas eso…”
Lucas: “Porque es verdad. No sabés cómo me calentás.”
Andrea: "Ay Lucas”
Lucas: “¿Sabés qué sería divertido?”
Andrea: “¿Qué?”
Lucas: “Seguir compartiendo más. Ya sabés… subir un poco más de eso que hacemos.”
Andrea: “Que cosa?”
Lucas: “Sí, vos sabés a lo que me refiero.”
Y ahí empezó la parte más morbosa.
Yo me di cuenta de que me encantaba mostrarme, pero que nadie más que Lucas me viera así.
Que el morbo de que él lo leyera todo me excitaba más que cualquier otra cosa.
Cada foto que él me sacaba, cada instante que compartíamos… se volvía parte de nuestra pequeña aventura secreta.
Andrea: “¿Te gustaría que subiera más?”
Lucas: “Sí. Totalmente.”
Andrea: “Solo vos vas a verlo…”
Lucas: “Eso me gusta. Que nadie más sepa que sos toda mía.”
Andrea: “Soy toda tuya (todos ustedes que están leyendo ya vieron mis fotos 🤣)”
Lucas: “Y vos seguís siendo… mi putita favorita.”
Andrea: “Jajaja… lo sabés.”
Últimamente me sentía más valiente.
Después de todo lo que pasó con Lucas, todo lo que hicimos juntos, me di cuenta de que había descubierto algo de mí que no sabía: me encantaba mostrarme así, y que solo él lo viera.
Entonces decidí llevarlo un paso más allá.
Andrea: “Mirá lo que subí hoy…”
Lucas: “No me digas que… esas son todas tuyas?”
Andrea: “Sí, todas nuestras.”
Lucas: “Uff… me volvés loco. Sos toda mía, y encima todo el mundo puede verlo…”
Andrea: “Jajaja, sí… aunque nadie sabe quién soy.”
Lucas: “Exacto. Solo yo sé quién sos de verdad.”
Andrea: “Y eso me encanta. Me hace sentir… especial.”
Mientras subía las fotos, me di cuenta de lo excitante que era.
No solo para Lucas, sino también para mí.
El poder de provocar, de ser deseada sin perder el control.
Sentía cómo mi corazón se aceleraba y la adrenalina me recorría.
Lucas: “Sos tremenda. Me encanta verte así, tan atrevida.
Y que además me hagas parte de todo esto… uff…”
Andrea: “Jajaja, me hace sentir más perra, ¿no?”
Lucas: “Sí… total. Y eso me vuelve loco.”
Y así empezó un nuevo juego:
Yo subía las fotos, provocaba un poquito con los comentarios, pedía puntos, preguntaba cosas picantes…
Y Lucas estaba ahí, leyéndome, disfrutando cada movimiento, cada mensaje, cada foto.
El morbo de que me viera y de que jugáramos juntos con esto me volvía más atrevida cada día.
Es como tener un secreto que solo nosotros compartímos… y me encanta.

Dejen puntos chicos y así subo más, pero de fotos nada más el post, les gusta? como me volví de una chica tranquila a la putita de Lucas y lo muestro acá?
Lucas: “Che, ¿hiciste el práctico de Administración? Te quedó bien el resumen.”
Andrea: “Sí, lo terminé anoche. Me costó un poco.” Lucas: “A vos todo te queda bien.”
Andrea: "A qué te referís?”
Lucas: “No te hagas la que no entendés lo que quise decir.”
Andrea: “Tengo novio, Lucas.”
Lucas: “No dije nada malo.”
Andrea: “Ajá.”
Lucas: “Igual… si lo tuviera enfrente, le diría que tiene suerte.”
Ese fue el primer mensaje que me hizo quedarme mirando el celular más de lo normal. Y no lo borré. De ahí en adelante, las conversaciones empezaron a cambiar.
Lucas: “¿Ya te fuiste a dormir?”
Andrea: “Todavía no.”
Lucas: “Yo tampoco. Me quedé pensando en algo que me dijiste hoy.”
Andrea: “¿Qué cosa?”
Lucas: "Deja de hacerte, ya sabes, y sabes que pienso?”
Andrea: “No sé si quiero saberlo.”
Lucas: “Sí querés.”
Andrea: “…”
Lucas: “Si estuviera ahí, te mostraría lo que pienso.”
Andrea: “Lucas…”
Lucas: “¿Qué?”
Andrea: “Tenés novia vos también.”
Lucas: “No. Vos sí.”
Andrea: “Sí.”
Lucas: “Entonces el problema lo tenés vos.”
Me acuerdo que después de eso, me quedé pensando en él. En cómo me hablaba. En por qué me gustaba que me hablara así. Y esa fue la primera vez que soñé con él. La primera vez que me imaginé algo. Y también la primera vez que sentí culpa.
Pasaron unos días sin que habláramos. Pero cuando volvió a escribirme, ya no me hice la difícil. Era como si los dos supiéramos a dónde iba todo esto.
Lucas: “Estuve pensando en vos.”
Andrea: “¿Y eso?”
Lucas: “No me olvido de cómo me miraste el otro día.”
Andrea: “No te miré de ninguna forma.”
Lucas: "justo te agarre viendome ahí abajo”
Andrea: “Bueno, capaz un poco.”
Lucas: “Te delataste.”
Andrea: “Capaz.”
Lucas: “Te gustaría que pasara algo?”
Andrea: "Ya sabes que no, tengo novio”
Lucas: “No me mientas.”
Andrea: “No sé.”
Lucas: “Yo sí sé.”
Después vinieron los audios. Las risas, las charlas más largas. Hasta que una tarde me pidió que lo ayudara con un trabajo práctico. Y fui. No me acuerdo bien qué excusa le di a mi novio, pero fui igual.
Desde ese día ya no hubo vuelta atrás.
Lucas: “¿Sabés que esto no tiene marcha atrás, no?”
Andrea: "Ay ya sé”
Lucas: “Después no me digas que no te avisé.” Andrea: “No te voy a decir eso.”
Lucas: “Entonces vení.”
Después de aquel día… todo cambió.
Los mensajes ya no eran solo bromas o comentarios de la facultad.
Ahora había algo más, algo que me hacía sonreír sola mirando el celular, que me aceleraba el corazón incluso cuando mi novio estaba al lado mío.
Lucas: “No sabés lo que me pasó hoy pensando en vos.”
Andrea: “¿Ah sí?”
Lucas: “Sí… te imaginé de cierta forma.”
Andrea: “No me digas que otra vez estás….”
Lucas: “Sí, otra vez. Y me gustó.”
Andrea: "A mi también pero solo fue esa vez”
Lucas: “Te va a encantar la próxima vez.”
Andrea: “No sé si debería…”
Lucas: “Claro que deberías. Sabés que me tenés.”
Andrea: “Y vos que me tenés a mí…”
Lucas: “Más de lo que imaginás.”
Pasaron los días y los mensajes se volvieron casi una rutina.
Cada aviso de “te escribí” hacía que mis manos se pusieran húmedas, mis pensamientos corrieran a él.
Y cada vez que contestaba, me sentía un poquito más… entregada, más perra, más consciente de lo que nos pasaba.
Lucas: “Hoy estuve viendo las fotos que me mandaste…”
Andrea: “No las miro mucho…”
Lucas: “Sí, y te aseguro que me vuelvo loco.”
Andrea: “No puedo creer que me digas eso…”
Lucas: “Porque es verdad. No sabés cómo me calentás.”
Andrea: "Ay Lucas”
Lucas: “¿Sabés qué sería divertido?”
Andrea: “¿Qué?”
Lucas: “Seguir compartiendo más. Ya sabés… subir un poco más de eso que hacemos.”
Andrea: “Que cosa?”
Lucas: “Sí, vos sabés a lo que me refiero.”
Y ahí empezó la parte más morbosa.
Yo me di cuenta de que me encantaba mostrarme, pero que nadie más que Lucas me viera así.
Que el morbo de que él lo leyera todo me excitaba más que cualquier otra cosa.
Cada foto que él me sacaba, cada instante que compartíamos… se volvía parte de nuestra pequeña aventura secreta.
Andrea: “¿Te gustaría que subiera más?”
Lucas: “Sí. Totalmente.”
Andrea: “Solo vos vas a verlo…”
Lucas: “Eso me gusta. Que nadie más sepa que sos toda mía.”
Andrea: “Soy toda tuya (todos ustedes que están leyendo ya vieron mis fotos 🤣)”
Lucas: “Y vos seguís siendo… mi putita favorita.”
Andrea: “Jajaja… lo sabés.”
Últimamente me sentía más valiente.
Después de todo lo que pasó con Lucas, todo lo que hicimos juntos, me di cuenta de que había descubierto algo de mí que no sabía: me encantaba mostrarme así, y que solo él lo viera.
Entonces decidí llevarlo un paso más allá.
Andrea: “Mirá lo que subí hoy…”
Lucas: “No me digas que… esas son todas tuyas?”
Andrea: “Sí, todas nuestras.”
Lucas: “Uff… me volvés loco. Sos toda mía, y encima todo el mundo puede verlo…”
Andrea: “Jajaja, sí… aunque nadie sabe quién soy.”
Lucas: “Exacto. Solo yo sé quién sos de verdad.”
Andrea: “Y eso me encanta. Me hace sentir… especial.”
Mientras subía las fotos, me di cuenta de lo excitante que era.
No solo para Lucas, sino también para mí.
El poder de provocar, de ser deseada sin perder el control.
Sentía cómo mi corazón se aceleraba y la adrenalina me recorría.
Lucas: “Sos tremenda. Me encanta verte así, tan atrevida.
Y que además me hagas parte de todo esto… uff…”
Andrea: “Jajaja, me hace sentir más perra, ¿no?”
Lucas: “Sí… total. Y eso me vuelve loco.”
Y así empezó un nuevo juego:
Yo subía las fotos, provocaba un poquito con los comentarios, pedía puntos, preguntaba cosas picantes…
Y Lucas estaba ahí, leyéndome, disfrutando cada movimiento, cada mensaje, cada foto.
El morbo de que me viera y de que jugáramos juntos con esto me volvía más atrevida cada día.
Es como tener un secreto que solo nosotros compartímos… y me encanta.

Dejen puntos chicos y así subo más, pero de fotos nada más el post, les gusta? como me volví de una chica tranquila a la putita de Lucas y lo muestro acá?
9 comentarios - Infiel a mi novio y puta en Poringa