Saludos.
No es que este apurado a postear todo lo que hice en mi vida, pero este post lo escribi el 2010 en otro foro y queria tenerlo en este foro porque me parece genial!, y.. total, como el relato es mio, es solo copy & paste 🙂
marzo-2010
11 años de placer y lujuria
Ahora que tengo casi 47 años y una familia estable y bien formada, quiero dar a conocer lo que vivà al lado de una morena que pudo haber cambiado el rumbo de mi vida.
Dedicado a ella…
================================================== ===
Cuando la conocĂ, yo tenĂa 28 años, era soltero y trabajaba en una empresa que aceptaba universitarios que estaban cursando sus Ăşltimos años o hacĂan pasantĂas mientras preparaban su tesis, supongo que era para que fueran ganando experiencias en el mundo laboral.
Esta morena de casi 22 años, fue asignada por la gerencia a mi área y llegĂł a la oficina en calidad de secretaria adjunta. Estaba recibiĂ©ndose como Administradora de Empresa, pero necesitaba hacer las pasantĂas y aceptĂł el puesto de adjunta, con la idea de cumplir con las horas impuestas por la universidad, ya que era requisito para la tesis.
La llamarĂ© Martha. Sin embargo, me gusta referirme a ella como la morena o la negra, asĂ la llamaba yo, normalmente. TenĂa el pelo negro azabache, lacio y largo hasta casi a la cintura; usaba lentes y tenĂa una voz casi ronca. Sus escandalosas risas, impedĂan que pasase desapercibida en cualquier lugar donde se encontrara. Sus hombros, eran un poco más desarrollados de la media normal, debido a las clases de nataciĂłn que alguna vez realizĂł. Su cuerpo era bien torneado y se notaba que cada parte de ella estaba bien puesta y en su respectivo lugar.
Cuando usaba pantalones, los que normalmente eran de tela, resaltaban el tamaño de su vulva y, a veces, se marcaban separando los labios y mostrando la hendidura de sus entrañas, lo que otorgaba aun más placer a la vista, estimulando mis perversiones hasta el punto de imaginar… ÂżCĂłmo serĂa?... ÂżQuĂ© sabor tendrĂa?…
Ella, intentaba vestirse formalmente, aunque en sus gestos y acciones le salĂa de dentro todo lo caliente y puta que era. Me refiero a sus movimientos, muy sensuales y las poses que normalmente asumĂa, al menos eso era lo que yo percibĂa. Al acercarse a un escritorio, se agachaba desde la cintura hacia el escritorio, mostrando las piernas morenas y perfectas y conforme al vestido que usaba, siempre ligeramente arriba de la rodilla, iba subiĂ©ndolo con picardĂa cĂłmplice del juego que la morena proponĂa. No se podĂa dejar pasar por alto la redondez de su culo, que más de una vez, hacĂa despertar aĂşn más mi excitaciĂłn y perder la concentraciĂłn de lo que estaba haciendo, teniendo que volver a empezar nuevamente.
Todas estas situaciones que les cuento, con los años, llegarĂan a ser mi peor enemigo, porque a ella le salĂan de manera natural, no las provocaba, ella era asĂ y punto. Como yo le decĂa, era una perfecta perra.
Poco a poco fuimos conociĂ©ndonos, ya que le toco realizar trabajos de actualizaciĂłn de datos de las cosas que yo tenĂa a cargo, por lo tanto, la cercanĂa entre nosotros era de casi todo el dĂa de oficina. Hablábamos de su universidad, y de nuestras vidas sentimentales. Ella tenĂa un enamorado, que por las referencias y conclusiones que saquĂ© posteriormente, no le daba mucho para satisfacer a esta morena que tenĂa un infierno atrapado dentro de su cuerpo.
Transcurridas las semanas, ya Ă©ramos amigos de muchas charlas, secretos y hasta picardĂas que rayaban entre lo inocente y lo prohibido. Un dĂa, se presentĂł a trabajar con un vestido rojo con botones grandes en la parte delantera y bastante separados entre sĂ y cada vez que se sentaba, me mostraba un poco de su piel canela, ya fuera la cintura acompañada de un poquito de un tanga blanco, que mis ojos escudriñaban casi descaradamente, o las piernas, que cuando las cruzaba, el ultimo botĂłn del vestido, que le quedaba a la mitad de las piernas, querĂa saltar para dejar salir ese fuego desenfrenado que contenĂa la morena… En mi calentura, ya podĂa sentir el olor y el sabor de esa piel canela.
Ya caliente y sin control, pues estaba casi quemándome, le dije mirándola a los ojos… “¿SabĂ©s quĂ© negra?… Vos, vas a ser mĂa… me tenĂ©s loco...”. Me mirĂł a travĂ©s de los lentes que le quedaban bastante sensuales, esbozĂł una sonrisa maliciosa y luego lanzo una carcajada casi sin control y me dijo “de verdad está loco, sabe que yo tengo novio”… nos sonreĂmos y continuamos cada uno en lo suyo.
Para mĂ, con lo que le habĂa dicho fue suficiente por el momento, porque los deseos que le tenĂa, me podrĂan llevar a crear situaciones incomodas en la oficina. Sin embargo, las miradas y las sonrisas peligrosas continuaron durante toda la jornada laboral, ya casi podĂa sentir el sabor de sus besos en mi boca y estaba sin control. Mi pene latĂa constantemente y hasta me dolĂa, ya no lo ocultaba, dejaba que se notaran mis intenciones, pues habĂa llegado un paso más allá de la reserva.
No podĂa invitarla a salir despuĂ©s del trabajo, porque su novio venĂa a buscarla y juntos se iban a la universidad. Como yo era soltero, busquĂ© el telĂ©fono de una mujer que yo sabĂa que podĂa utilizar para descargar toda la pasiĂłn contenida que tenĂa dentro de mĂ esa noche, y asĂ fue.
Al otro dĂa, como de costumbre, llegĂł y nos saludamos con un beso en la mejilla, pero esta vez, le pasĂ© el brazo por detrás de la espalda, bien debajo de la cintura y agarrando un poquito de nalga y pierna maliciosamente y la apretĂ© hacia mĂ. Ella cedió… se acercĂł a mĂ poniendo su costado en mi entrepierna y apretando un pecho en el mĂo, haaaa quĂ© placer…
A partir de ahĂ, empezaron nuestros juegos de acercamiento cada vez más intensos, mientras yo pedĂa la oportunidad para que nos viĂ©ramos fuera de la oficina, solicitudes que eran rechazadas por el miedo a su novio, supongo.
En un acercamiento de los tantos, me comentĂł que le gustaba mirarme el pene y que le parecĂa que yo lo tenĂa de un buen tamaño, eso dio lugar a que le pusiera la mano en su entrepierna y le diera mi opiniĂłn de lo que ella tenĂa. Todo pasaba entre risas pĂcaras y deseos ardientes que aĂşn estaban fieramente contenidos. Se podĂan percibir en el aire las feromonas que despedĂamos, Ă©ramos dos bestias en celo.
Tanto insistir con la oportunidad de que nos viĂ©semos, la morena aceptĂł y dijo que ella buscarĂa un pretexto para salirse de la universidad e irse conmigo (dolor de cabeza o algo asĂ) dejando a su novio solo en clase. Pactamos esa noche.
La recogĂ a una cuadra de la universidad, vestĂa la tĂpica falda arriba de la rodilla y una blusa a la cintura, eran las 8:30 de la noche. Cuando subiĂł al auto, mi primer reacciĂłn fue robarle un beso que durĂł unos 10 minutos, mientras recorrĂa su cuerpo con mi mano reconociendo todo lo que serĂa mĂo y que, posteriormente, se convertirĂa en once años de lujuria, sexo desenfrenado, pasiĂłn, romance, y al final, dolor y olvido.
El único comentario que ella hizo en ese momento fue… “Me encienden sus besos, béseme de nuevo…”
Y eso fue lo que hicimos toda la noche hablar de sexo de las opciones que tenĂamos para seguir viĂ©ndonos, besarnos, acariciarnos y nada más… estaba con su regla.
Todo transcurrĂa como era costumbre en la oficina, yo caliente y esperando que terminaran sus dĂas incĂłmodos y ella, provocando y seduciendo en todo momento. Hasta que llegĂł el dĂa en que se repetirĂa nuestra salida. Me llamĂł a mi casa desde la universidad y me citĂł de igual manera que en el anterior encuentro, a una cuadra de la universidad, en una calle casi en penumbras, por la altura de los árboles que cubrĂan las luminarias. LleguĂ© ansioso, tanto que creo que me excedĂ porque me adelantĂ© como cuarenta minutos. Mi corazĂłn palpitaba, mi excitaciĂłn era tremenda, yo sabĂa que esta vez nada podrĂa impedir que la morena fuera mĂa. HabĂa comprado un vino para tomarlo juntos y asĂ poder relajarla, y si era posible, convencer a la negra de mis intenciones. Pero cuando reparĂ©, me lo habĂa tomado solo, sentado en el auto, durante la espera, hacĂa calor, estaba caliente, habĂa llegado la hora.
Cuando la vi venir, me bajĂ© del auto para esperarla, puso los libros sobre el techo del auto, me abrazĂł y me dio un beso largo que yo respondĂ de igual manera y ahĂ parados, nuestros cuerpos empezaron a juntarse y a rozarse con desenfreno, sĂ, ahĂ en la calle… de repente… siento un dolor tremendo, no podĂa gritar, la separĂ© de golpe, pero casi se queda con mi lengua… ¡Me habĂa mordido! ÂżQuĂ© paso? La morena habĂa terminado, ahĂ mismo, con ese beso que casi me cuesta la lengua.
La soltĂ©, la empujĂ©, escupĂ a un lado un poco de sangre y le dije “perra de mierda me mordiste”, mientras ella pedĂa perdĂłn entre risas burlescas y miedo a que reaccionara de otra forma. Fue la primera vez que la llamĂ© perra, al parecer le gustĂł y se llenĂł más de lujuria, porque me pidiĂł que nos fuĂ©ramos ya, me querĂa pedir perdĂłn de la manera que ambos habĂamos estado esperando y deseando.
El camino al motel transcurriĂł entre rabietas mĂas por la mordida, carcajadas casi nerviosas y de desenfreno de ella, caricias y deseos, ¡Dios, como me dolĂa la lengua! ÂżSerá que necesitarĂ© puntos? –pensaba, mientras escupĂa.
Entramos a la habitaciĂłn del motel, mientras nos besábamos y nos tocábamos, aunque yo estaba lesionado de la lengua intentaba darle todo el placer que la negra exigĂa. La fui desvistiendo mientras la besaba, le saquĂ© la blusa y el sostĂ©n, quedaron al aire dos hermosos pechos medianos, casi pequeños y sin embargo, llenos y duros y con una areola grande, que prácticamente se confundĂa con la piel del pecho en suavidad, a no ser, por la diferencia de color, notablemente, más obscura y los pezones bien parados, que saltaban desde su base, en completa erecciĂłn por la excitaciĂłn que tenĂa la negra. MetĂ uno a la boca, mientras con la otra mano, acariciaba el otro pecho y los placeres llenaban de susurros y gemidos la habitaciĂłn.
Yo sabĂa que la negra ya no era virgen en cuestiĂłn de amores, pero me di cuenta que aĂşn no tenĂa todo el recorrido necesario para manejar las situaciones de alcoba, ya que simplemente dejaba que las cosas sucedieran sin hacer mucho de su parte, simplemente se dejaba ir, dedicándose a quejarse y a recibir los placeres como venĂan.
Me desvestĂ hasta quedar en ropa interior y sentado en la orilla de la cama mientras ella permanecĂa ahĂ, parada frente a mĂ y mientras me miraba, preguntándome con ansiedad que más hacia falta por hacer, la tomĂ© de las caderas y la atraje hacia mĂ suavemente mientras le miraba la cara. Le desabrochĂ© el pantalĂłn y lo fui bajando lentamente, disfrutando cada centĂmetro que se descubrĂa ante mis ojos. Quedaron expuestas esas hermosas piernas que dejaban notar la excitaciĂłn en su piel estremecida y el temblor que la denunciaba a gritos y exclamando ¡estoy dispuesta! Me acariciaba la cabeza y la cara, intentando casi obligarme, a que separara mi vista de entre sus piernas para robarme otro beso.
La acerquĂ© todavĂa más a mĂ. AĂşn conservaba el calzoncito blanco, con un pequeño lazo al frente y alguna que otra transparencia que permitĂa ver la abundancia de pelos que cubrĂan su hermosa vagina. BesĂ© sus piernas, las acariciĂ© y pasĂ© mi dolorida lengua entre los labios de su vagina aĂşn cubierta por el calzĂłn, levantĂ© la cabeza, la agarrĂ© de las caderas y la recostĂ© a un lado de la cama.
Seguimos besándonos y acariciándonos hasta que quedamos desnudos. RecorrĂ su cuerpo con mis labios, intentando saciar toda la pasiĂłn que esta negra habĂa acumulado en mĂ y que habĂa invadido mi cuerpo desde meses atrás y terminĂ© internándome en las profundidades de su entrepierna, hasta que volvĂ a escuchar los gemidos que la negra daba mientras se retorcĂa de placer hasta terminar nuevamente, regalándome los deliciosos jugos de su vagina, que disfrutĂ© plenamente.
La morena tenĂa los labios externos de su vagina gruesos y terminaban en un monte de Venus que formaba casi en un cĂrculo perfecto. Su clĂtoris, era más bien pequeño y no sobresalĂa mucho, al igual que los labios internos cuando estaba con las piernas entrecerradas. La apertura hacia sus entrañas, apenas dejaba notar el pequeño hueco, el camino desenfrenado a los sueños y placeres mundanos que yo tenĂa galopando en mi cabeza, era perfecto.
AcerquĂ© mi miembro a su boca con la idea de recibir placeres orales como retribuciĂłn a mi primer acto de entrega hacia ella, independientemente del placer de saber que era ella quien me los proporcionaba, sentĂ que me lastimaba, la negra no sabĂa chupar un pene… pero ya habĂa empezado, pensé… mejor indicarle cĂłmo hacerlo y le dije, “que tus dientes no topen mi paloma, chĂşpamela solo con los labios” y asĂ la negra lo hizo. Disfrutamos un tiempo de este placer, hasta que nuestros deseos pasaron naturalmente a otras necesidades. Se acostĂł con las piernas entreabiertas, dejando entrever pudorosamente su sexo que ya estaba totalmente mojado. El camino de lĂquido blanco que se abrĂa paso hacia su culo, mostraba que la morena ya habĂa terminado al menos una vez más. AbrĂ sus piernas y me puse encima, la negra seguĂa ahĂ recostada, intentĂ© penetrarla, pero no me fue posible porque ella no habĂa levantado las piernas y le pedĂ que cooperara, me dijo inocentemente, “mi novio me pone la almohada debajo de las nalgas cuando lo hacemos”.
Sonriendo complacĂ a la negra, le puse la almohada debajo de esas hermosas duras y redondas nalgas y la penetrĂ© con todas mis ganas, ahora si ya era mĂa… Esa serĂa la Ăşltima vez que la negra iba a pedir una almohada, despuĂ©s aprenderĂa a moverse y a dar placer como una verdadera profesional del sexo, como una verdadera perra!!!
En resumen… la negra estaba mal culeada… ¡Hasta esa noche! Ella era un volcán esperando su momento de erupción para dar desenfreno a toda la lujuria y placer inimaginables, que entre dos, tres y más personas, pudiesen concebir… esa noche yo destapé y disfruté durante once años toda la fuerza y capacidad de amar de esta mujer.
Saludos y espero que les haya gustado... no se olviden de puntuar 🙂
filibretm
No es que este apurado a postear todo lo que hice en mi vida, pero este post lo escribi el 2010 en otro foro y queria tenerlo en este foro porque me parece genial!, y.. total, como el relato es mio, es solo copy & paste 🙂
marzo-2010
11 años de placer y lujuria
Ahora que tengo casi 47 años y una familia estable y bien formada, quiero dar a conocer lo que vivà al lado de una morena que pudo haber cambiado el rumbo de mi vida.
Dedicado a ella…
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Cuando la conocĂ, yo tenĂa 28 años, era soltero y trabajaba en una empresa que aceptaba universitarios que estaban cursando sus Ăşltimos años o hacĂan pasantĂas mientras preparaban su tesis, supongo que era para que fueran ganando experiencias en el mundo laboral.
Esta morena de casi 22 años, fue asignada por la gerencia a mi área y llegĂł a la oficina en calidad de secretaria adjunta. Estaba recibiĂ©ndose como Administradora de Empresa, pero necesitaba hacer las pasantĂas y aceptĂł el puesto de adjunta, con la idea de cumplir con las horas impuestas por la universidad, ya que era requisito para la tesis.
La llamarĂ© Martha. Sin embargo, me gusta referirme a ella como la morena o la negra, asĂ la llamaba yo, normalmente. TenĂa el pelo negro azabache, lacio y largo hasta casi a la cintura; usaba lentes y tenĂa una voz casi ronca. Sus escandalosas risas, impedĂan que pasase desapercibida en cualquier lugar donde se encontrara. Sus hombros, eran un poco más desarrollados de la media normal, debido a las clases de nataciĂłn que alguna vez realizĂł. Su cuerpo era bien torneado y se notaba que cada parte de ella estaba bien puesta y en su respectivo lugar.
Cuando usaba pantalones, los que normalmente eran de tela, resaltaban el tamaño de su vulva y, a veces, se marcaban separando los labios y mostrando la hendidura de sus entrañas, lo que otorgaba aun más placer a la vista, estimulando mis perversiones hasta el punto de imaginar… ÂżCĂłmo serĂa?... ÂżQuĂ© sabor tendrĂa?…
Ella, intentaba vestirse formalmente, aunque en sus gestos y acciones le salĂa de dentro todo lo caliente y puta que era. Me refiero a sus movimientos, muy sensuales y las poses que normalmente asumĂa, al menos eso era lo que yo percibĂa. Al acercarse a un escritorio, se agachaba desde la cintura hacia el escritorio, mostrando las piernas morenas y perfectas y conforme al vestido que usaba, siempre ligeramente arriba de la rodilla, iba subiĂ©ndolo con picardĂa cĂłmplice del juego que la morena proponĂa. No se podĂa dejar pasar por alto la redondez de su culo, que más de una vez, hacĂa despertar aĂşn más mi excitaciĂłn y perder la concentraciĂłn de lo que estaba haciendo, teniendo que volver a empezar nuevamente.
Todas estas situaciones que les cuento, con los años, llegarĂan a ser mi peor enemigo, porque a ella le salĂan de manera natural, no las provocaba, ella era asĂ y punto. Como yo le decĂa, era una perfecta perra.
Poco a poco fuimos conociĂ©ndonos, ya que le toco realizar trabajos de actualizaciĂłn de datos de las cosas que yo tenĂa a cargo, por lo tanto, la cercanĂa entre nosotros era de casi todo el dĂa de oficina. Hablábamos de su universidad, y de nuestras vidas sentimentales. Ella tenĂa un enamorado, que por las referencias y conclusiones que saquĂ© posteriormente, no le daba mucho para satisfacer a esta morena que tenĂa un infierno atrapado dentro de su cuerpo.
Transcurridas las semanas, ya Ă©ramos amigos de muchas charlas, secretos y hasta picardĂas que rayaban entre lo inocente y lo prohibido. Un dĂa, se presentĂł a trabajar con un vestido rojo con botones grandes en la parte delantera y bastante separados entre sĂ y cada vez que se sentaba, me mostraba un poco de su piel canela, ya fuera la cintura acompañada de un poquito de un tanga blanco, que mis ojos escudriñaban casi descaradamente, o las piernas, que cuando las cruzaba, el ultimo botĂłn del vestido, que le quedaba a la mitad de las piernas, querĂa saltar para dejar salir ese fuego desenfrenado que contenĂa la morena… En mi calentura, ya podĂa sentir el olor y el sabor de esa piel canela.
Ya caliente y sin control, pues estaba casi quemándome, le dije mirándola a los ojos… “¿SabĂ©s quĂ© negra?… Vos, vas a ser mĂa… me tenĂ©s loco...”. Me mirĂł a travĂ©s de los lentes que le quedaban bastante sensuales, esbozĂł una sonrisa maliciosa y luego lanzo una carcajada casi sin control y me dijo “de verdad está loco, sabe que yo tengo novio”… nos sonreĂmos y continuamos cada uno en lo suyo.
Para mĂ, con lo que le habĂa dicho fue suficiente por el momento, porque los deseos que le tenĂa, me podrĂan llevar a crear situaciones incomodas en la oficina. Sin embargo, las miradas y las sonrisas peligrosas continuaron durante toda la jornada laboral, ya casi podĂa sentir el sabor de sus besos en mi boca y estaba sin control. Mi pene latĂa constantemente y hasta me dolĂa, ya no lo ocultaba, dejaba que se notaran mis intenciones, pues habĂa llegado un paso más allá de la reserva.
No podĂa invitarla a salir despuĂ©s del trabajo, porque su novio venĂa a buscarla y juntos se iban a la universidad. Como yo era soltero, busquĂ© el telĂ©fono de una mujer que yo sabĂa que podĂa utilizar para descargar toda la pasiĂłn contenida que tenĂa dentro de mĂ esa noche, y asĂ fue.
Al otro dĂa, como de costumbre, llegĂł y nos saludamos con un beso en la mejilla, pero esta vez, le pasĂ© el brazo por detrás de la espalda, bien debajo de la cintura y agarrando un poquito de nalga y pierna maliciosamente y la apretĂ© hacia mĂ. Ella cedió… se acercĂł a mĂ poniendo su costado en mi entrepierna y apretando un pecho en el mĂo, haaaa quĂ© placer…
A partir de ahĂ, empezaron nuestros juegos de acercamiento cada vez más intensos, mientras yo pedĂa la oportunidad para que nos viĂ©ramos fuera de la oficina, solicitudes que eran rechazadas por el miedo a su novio, supongo.
En un acercamiento de los tantos, me comentĂł que le gustaba mirarme el pene y que le parecĂa que yo lo tenĂa de un buen tamaño, eso dio lugar a que le pusiera la mano en su entrepierna y le diera mi opiniĂłn de lo que ella tenĂa. Todo pasaba entre risas pĂcaras y deseos ardientes que aĂşn estaban fieramente contenidos. Se podĂan percibir en el aire las feromonas que despedĂamos, Ă©ramos dos bestias en celo.
Tanto insistir con la oportunidad de que nos viĂ©semos, la morena aceptĂł y dijo que ella buscarĂa un pretexto para salirse de la universidad e irse conmigo (dolor de cabeza o algo asĂ) dejando a su novio solo en clase. Pactamos esa noche.
La recogĂ a una cuadra de la universidad, vestĂa la tĂpica falda arriba de la rodilla y una blusa a la cintura, eran las 8:30 de la noche. Cuando subiĂł al auto, mi primer reacciĂłn fue robarle un beso que durĂł unos 10 minutos, mientras recorrĂa su cuerpo con mi mano reconociendo todo lo que serĂa mĂo y que, posteriormente, se convertirĂa en once años de lujuria, sexo desenfrenado, pasiĂłn, romance, y al final, dolor y olvido.
El único comentario que ella hizo en ese momento fue… “Me encienden sus besos, béseme de nuevo…”
Y eso fue lo que hicimos toda la noche hablar de sexo de las opciones que tenĂamos para seguir viĂ©ndonos, besarnos, acariciarnos y nada más… estaba con su regla.
Todo transcurrĂa como era costumbre en la oficina, yo caliente y esperando que terminaran sus dĂas incĂłmodos y ella, provocando y seduciendo en todo momento. Hasta que llegĂł el dĂa en que se repetirĂa nuestra salida. Me llamĂł a mi casa desde la universidad y me citĂł de igual manera que en el anterior encuentro, a una cuadra de la universidad, en una calle casi en penumbras, por la altura de los árboles que cubrĂan las luminarias. LleguĂ© ansioso, tanto que creo que me excedĂ porque me adelantĂ© como cuarenta minutos. Mi corazĂłn palpitaba, mi excitaciĂłn era tremenda, yo sabĂa que esta vez nada podrĂa impedir que la morena fuera mĂa. HabĂa comprado un vino para tomarlo juntos y asĂ poder relajarla, y si era posible, convencer a la negra de mis intenciones. Pero cuando reparĂ©, me lo habĂa tomado solo, sentado en el auto, durante la espera, hacĂa calor, estaba caliente, habĂa llegado la hora.
Cuando la vi venir, me bajĂ© del auto para esperarla, puso los libros sobre el techo del auto, me abrazĂł y me dio un beso largo que yo respondĂ de igual manera y ahĂ parados, nuestros cuerpos empezaron a juntarse y a rozarse con desenfreno, sĂ, ahĂ en la calle… de repente… siento un dolor tremendo, no podĂa gritar, la separĂ© de golpe, pero casi se queda con mi lengua… ¡Me habĂa mordido! ÂżQuĂ© paso? La morena habĂa terminado, ahĂ mismo, con ese beso que casi me cuesta la lengua.
La soltĂ©, la empujĂ©, escupĂ a un lado un poco de sangre y le dije “perra de mierda me mordiste”, mientras ella pedĂa perdĂłn entre risas burlescas y miedo a que reaccionara de otra forma. Fue la primera vez que la llamĂ© perra, al parecer le gustĂł y se llenĂł más de lujuria, porque me pidiĂł que nos fuĂ©ramos ya, me querĂa pedir perdĂłn de la manera que ambos habĂamos estado esperando y deseando.
El camino al motel transcurriĂł entre rabietas mĂas por la mordida, carcajadas casi nerviosas y de desenfreno de ella, caricias y deseos, ¡Dios, como me dolĂa la lengua! ÂżSerá que necesitarĂ© puntos? –pensaba, mientras escupĂa.
Entramos a la habitaciĂłn del motel, mientras nos besábamos y nos tocábamos, aunque yo estaba lesionado de la lengua intentaba darle todo el placer que la negra exigĂa. La fui desvistiendo mientras la besaba, le saquĂ© la blusa y el sostĂ©n, quedaron al aire dos hermosos pechos medianos, casi pequeños y sin embargo, llenos y duros y con una areola grande, que prácticamente se confundĂa con la piel del pecho en suavidad, a no ser, por la diferencia de color, notablemente, más obscura y los pezones bien parados, que saltaban desde su base, en completa erecciĂłn por la excitaciĂłn que tenĂa la negra. MetĂ uno a la boca, mientras con la otra mano, acariciaba el otro pecho y los placeres llenaban de susurros y gemidos la habitaciĂłn.
Yo sabĂa que la negra ya no era virgen en cuestiĂłn de amores, pero me di cuenta que aĂşn no tenĂa todo el recorrido necesario para manejar las situaciones de alcoba, ya que simplemente dejaba que las cosas sucedieran sin hacer mucho de su parte, simplemente se dejaba ir, dedicándose a quejarse y a recibir los placeres como venĂan.
Me desvestĂ hasta quedar en ropa interior y sentado en la orilla de la cama mientras ella permanecĂa ahĂ, parada frente a mĂ y mientras me miraba, preguntándome con ansiedad que más hacia falta por hacer, la tomĂ© de las caderas y la atraje hacia mĂ suavemente mientras le miraba la cara. Le desabrochĂ© el pantalĂłn y lo fui bajando lentamente, disfrutando cada centĂmetro que se descubrĂa ante mis ojos. Quedaron expuestas esas hermosas piernas que dejaban notar la excitaciĂłn en su piel estremecida y el temblor que la denunciaba a gritos y exclamando ¡estoy dispuesta! Me acariciaba la cabeza y la cara, intentando casi obligarme, a que separara mi vista de entre sus piernas para robarme otro beso.
La acerquĂ© todavĂa más a mĂ. AĂşn conservaba el calzoncito blanco, con un pequeño lazo al frente y alguna que otra transparencia que permitĂa ver la abundancia de pelos que cubrĂan su hermosa vagina. BesĂ© sus piernas, las acariciĂ© y pasĂ© mi dolorida lengua entre los labios de su vagina aĂşn cubierta por el calzĂłn, levantĂ© la cabeza, la agarrĂ© de las caderas y la recostĂ© a un lado de la cama.
Seguimos besándonos y acariciándonos hasta que quedamos desnudos. RecorrĂ su cuerpo con mis labios, intentando saciar toda la pasiĂłn que esta negra habĂa acumulado en mĂ y que habĂa invadido mi cuerpo desde meses atrás y terminĂ© internándome en las profundidades de su entrepierna, hasta que volvĂ a escuchar los gemidos que la negra daba mientras se retorcĂa de placer hasta terminar nuevamente, regalándome los deliciosos jugos de su vagina, que disfrutĂ© plenamente.
La morena tenĂa los labios externos de su vagina gruesos y terminaban en un monte de Venus que formaba casi en un cĂrculo perfecto. Su clĂtoris, era más bien pequeño y no sobresalĂa mucho, al igual que los labios internos cuando estaba con las piernas entrecerradas. La apertura hacia sus entrañas, apenas dejaba notar el pequeño hueco, el camino desenfrenado a los sueños y placeres mundanos que yo tenĂa galopando en mi cabeza, era perfecto.
AcerquĂ© mi miembro a su boca con la idea de recibir placeres orales como retribuciĂłn a mi primer acto de entrega hacia ella, independientemente del placer de saber que era ella quien me los proporcionaba, sentĂ que me lastimaba, la negra no sabĂa chupar un pene… pero ya habĂa empezado, pensé… mejor indicarle cĂłmo hacerlo y le dije, “que tus dientes no topen mi paloma, chĂşpamela solo con los labios” y asĂ la negra lo hizo. Disfrutamos un tiempo de este placer, hasta que nuestros deseos pasaron naturalmente a otras necesidades. Se acostĂł con las piernas entreabiertas, dejando entrever pudorosamente su sexo que ya estaba totalmente mojado. El camino de lĂquido blanco que se abrĂa paso hacia su culo, mostraba que la morena ya habĂa terminado al menos una vez más. AbrĂ sus piernas y me puse encima, la negra seguĂa ahĂ recostada, intentĂ© penetrarla, pero no me fue posible porque ella no habĂa levantado las piernas y le pedĂ que cooperara, me dijo inocentemente, “mi novio me pone la almohada debajo de las nalgas cuando lo hacemos”.
Sonriendo complacĂ a la negra, le puse la almohada debajo de esas hermosas duras y redondas nalgas y la penetrĂ© con todas mis ganas, ahora si ya era mĂa… Esa serĂa la Ăşltima vez que la negra iba a pedir una almohada, despuĂ©s aprenderĂa a moverse y a dar placer como una verdadera profesional del sexo, como una verdadera perra!!!
En resumen… la negra estaba mal culeada… ¡Hasta esa noche! Ella era un volcán esperando su momento de erupción para dar desenfreno a toda la lujuria y placer inimaginables, que entre dos, tres y más personas, pudiesen concebir… esa noche yo destapé y disfruté durante once años toda la fuerza y capacidad de amar de esta mujer.
Saludos y espero que les haya gustado... no se olviden de puntuar 🙂
filibretm
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