Blue Angel es una hija de papá que nunca ha tenido que preocuparse por el dinero, sin embargo a la hora de hacer negocios es demasiado tacaña y dónde pueda pedir rebaja la pide.
Por estos días anda buscando comprar una mansión dónde poder hacer las fiestas y bacanales con sus amigos y ha concretado una cita con un agente de inmobiliaria que le va a mostrar una casa que se ajusta a sus necesidades. Después de enseñársela, el agente y la rubia se sientan a hablar del precio, pero cuando el tipo le dice la cifra, Blue no siente que sea un valor justo y habiendo notado que el tipo no despega la mirada de sus sandalias, decide negociar el precio usando literalmente sus pies. La fémina le ofrece un generoso footjob a cambio de una jugosa rebaja en el precio.
El pelado no puede resistirse ante la visión angelical de las piernas seductoras de la rubia y, aunque sabe que se arrepentirá de haber bajado el precio después de haberse corrido, el deseo de probar los pies de esta putilla doblega a su espíritu, pero no a su poronga que crece, crece y crece entre sus pantalones. Ante tal visión del bulto prominente que se agolpa en la entrepierna del vendedor, la angelita de cabellos dorados se compadece de su sufrimiento y usando sus pies lo libera de los pantalones, dejando a la vista una desproporcional y venosa verga palpitante.
Y no estrechando las manos, sino estrechando la verga entre sus pies, clienta y vendedor cierran el trato... Pero el vendedor es débil y ante la visión celestial de la concha rasurada y rosadita de su clienta (pues bajo ese vestido ceñidito no lleva ni un calzón), no puede evitar pedirle que se la deje chupar. Ella, sabiendo que la trampa surtiría efecto, le pide otra generosa rebaja a cambio del cunnilingus... el vendedor luchando contra su voluntad, accede a la rebaja y procede a comerle el coño como si su vida dependiera de ello. Y así a cada nueva acceso al cuerpo de la rubia, él devalúa el precio de la propiedad, hasta que finalmente la rubia se entrega totalmente a él, ya no sólo excitada por haber logrado una cuantiosa rebaja, sino también por la sensación de placer que le produce sentir la colosal verga masajeándole el coño.
Para cuando finalmente el vendedor explota de placer, la propiedad sólo valía unas decenas de dólares. El pelado es despedido de la inmobiliaria, pero sonríe al acordarse de las visiones angelicales de aquel día. Por su parte, Blue se divierte follando como loca en las orgías que ofrece en su nueva mansión.














































































































































Por estos días anda buscando comprar una mansión dónde poder hacer las fiestas y bacanales con sus amigos y ha concretado una cita con un agente de inmobiliaria que le va a mostrar una casa que se ajusta a sus necesidades. Después de enseñársela, el agente y la rubia se sientan a hablar del precio, pero cuando el tipo le dice la cifra, Blue no siente que sea un valor justo y habiendo notado que el tipo no despega la mirada de sus sandalias, decide negociar el precio usando literalmente sus pies. La fémina le ofrece un generoso footjob a cambio de una jugosa rebaja en el precio.
El pelado no puede resistirse ante la visión angelical de las piernas seductoras de la rubia y, aunque sabe que se arrepentirá de haber bajado el precio después de haberse corrido, el deseo de probar los pies de esta putilla doblega a su espíritu, pero no a su poronga que crece, crece y crece entre sus pantalones. Ante tal visión del bulto prominente que se agolpa en la entrepierna del vendedor, la angelita de cabellos dorados se compadece de su sufrimiento y usando sus pies lo libera de los pantalones, dejando a la vista una desproporcional y venosa verga palpitante.
Y no estrechando las manos, sino estrechando la verga entre sus pies, clienta y vendedor cierran el trato... Pero el vendedor es débil y ante la visión celestial de la concha rasurada y rosadita de su clienta (pues bajo ese vestido ceñidito no lleva ni un calzón), no puede evitar pedirle que se la deje chupar. Ella, sabiendo que la trampa surtiría efecto, le pide otra generosa rebaja a cambio del cunnilingus... el vendedor luchando contra su voluntad, accede a la rebaja y procede a comerle el coño como si su vida dependiera de ello. Y así a cada nueva acceso al cuerpo de la rubia, él devalúa el precio de la propiedad, hasta que finalmente la rubia se entrega totalmente a él, ya no sólo excitada por haber logrado una cuantiosa rebaja, sino también por la sensación de placer que le produce sentir la colosal verga masajeándole el coño.
Para cuando finalmente el vendedor explota de placer, la propiedad sólo valía unas decenas de dólares. El pelado es despedido de la inmobiliaria, pero sonríe al acordarse de las visiones angelicales de aquel día. Por su parte, Blue se divierte follando como loca en las orgías que ofrece en su nueva mansión.














































































































































0 comentarios - Negociando una casa con las patas (literalmente)