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Mi hijo comenzó con masajes y termino follándome

Mi nombre es Begoña y vivo enuna ciudad del norte de España, cuyo nombre prefiero no decir para mantener el anonimatode mi relato. Tengo 38 años y mi físico entra dentro del estándar que puedeconsiderarse normal para una mujer de mi edad: 1,68 m. de altura, pechos másbien voluminosos, anchas caderas, culo apretado, ojos verdes y cabello castaño.
Estoy casada desde hace 15 años con Carlos, de 42 años, él teníadel su matrimonio anterior una hija, Cristina, de 24 años, y un hijo, Borja, de19 años. Lamentablemente su esposa anterior falleció de un tumor, son esascosas amargas de la vida. Afortunadamente después de 3 años nos conocimos ypudimos armar una familia entre los 4, ya que yo nunca tuve hijos propios.
Pertenecemos a la clase media gracias al esfuerzo de mi marido,quien se pasa casi todo el día trabajando, demasiado tiempo para mi gusto. Es,como le digo muchas veces, un verdadero adicto al trabajo. Tanto es así que susobligaciones “maritales” las tiene bastante olvidadas por lo que muchos díastengo que autosatisfacerme a escondidas, cuando estoy sola en casa, paracompensar esa falta de atención de mi esposo.
El relato que les voy a contar ocurrió este verano, cuandoalquilamos una pequeña casa en la costa para pasar las vacaciones de verano.Por razones de trabajo, mi marido solo podía venir los fines de semana a estarcon nosotros, y lo mismo ocurría con mi hija Cristina, que se quedó en casaporque tenía que estudiar algunas asignaturas de la universidad que le habíanquedado pendientes para los exámenes de septiembre. Así pues, nos encontramossolos mi hijo Borja de 19 años y yo en la casa de la playa (salvo los fines desemana) durante todo el mes de agosto. Jamás había pensado que podría ocurrircon mi hijo lo que ocurrió ese mes.
Yo siempre me refiero a ellos como mis hijos, ya que, a pesar deser mis hijastros, ambos me hicieron sentir desde el primer momento como sumamá, y a pesar de no querer tapar ese vacío que la vida les había dejado,terminé convirtiéndome en la mamá de ambos.
Los dos primeros días transcurrieron con normalidad, pero eltercer día las cosas cambiaron. Como consecuencia de tomar excesivamente elsol, nuestra piel se había quemado bastante, lo que nos producía un ciertoescozor y grandes molestias. Al llegar por la tarde a casa decidí ducharme paraquitarme la sal y la arena de la playa y al terminar le pedí a mi hijo que mediera crema por la espalda.
Yo: Si quieres, Borja, me tumbo en la cama para que puedasextenderme bien la crema por la espalda.
Borja: Está bien, mami, como tú prefieras.
Solo tenía puesta una toalla de baño, así que me giré deespaldas a él y me tumbé boca abajo en la cama, cubriéndome solamente el culocon la toalla. Borja se echó crema en las manos y comenzó un lento masaje desdeel cuello. Se entretuvo bastante en mi espalda y disimuladamente trataba desobarme la parte lateral de mis pechos que sobresalían por ambos lados al estarboca abajo. Después de unos minutos así noté que empezaba a calentarmeligeramente, pero enseguida traté de dejar mi mente en blanco porque elmasajista era mi hijo y esos pensamientos no estaban bien. Llegó hasta mi culoy me preguntó:

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Borja: Mami, ¿te importa si tequito la toalla para darte mejor la crema?
Yo: “Está bien, Borja, pero que no se entere nadie que me hasvisto desnuda - le dije en broma.
Borja: Vamos, mami, hoy en día cualquier mujer enseña sus nalgasen la playa con esos mini tangas que llevan y nadie se extraña – contestó élriendo.
Comenzó a masajearme las nalgas, apretándolas fuertemente una yotra vez, lo que provocó un aumento de mi calentura. Al llegar a los muslos, abríligeramente las piernas para que pudiera extender mejor la crema, siendoconsciente de que con este movimiento quedaría parcialmente a la vista mi raja,aunque seguía tumbada boca abajo.
Y no me equivoqué… porque con disimulo sus manos llegaban hastala parte alta de los muslos y me rozaba con sus largos y finos dedos el iniciode mi vagina. Con estos leves movimientos mis flujos empezaron a ir en aumentoa la par que mi calentura. A pesar de que mi conciencia me decía que terminaraesa situación, mi cuerpo me pedía lo contrario. Yo pensaba: No es tu hijo, estu hijastro… técnicamente no es tu hijo… y comenzaba a batallar mis ganascontra mi moral… Así que le dije:
Yo: Borja, me gustaría que me extendieras la crema también pordelante, si no te avergüenzas de ver a tu madre desnuda. ¿Estás de acuerdo?
Borja: Claro que no mami, tienes un cuerpo estupendo, además,estamos solos y nadie va a enterarse. ¡Sí, por favor!”, respondió élentusiasmado.
Sus palabras terminaron de convencerme y me giré en la cama, quedandoboca arriba y totalmente desnuda delante de mi hijo de 19 años. Al principio élse quedó medio paralizado. Sus ojos iban de mis enormes tetas a mi muydesprotegido monte de Venus.
Yo: Oye, Borja, dime la verdad. ¿Nunca habías visto a una mujerdesnuda?
Borja: No, en serio, nunca en vivo y en directo.
Yo: Bueno, pues, no pongas esa cara de asombro – le dijecogiéndole de la mano para tranquilizarle – Al fin y al cabo, todas las mujeressomos parecidas y alguna vez tenía que ser la primera. Aprovecharemos el masajepara darte una lección de anatomía femenina, si te apetece.
Le puse sus manos sobre mis pechos y no tuve que animarle mucho.Rápidamente comenzó a masajearlos y a pellizcar ligeramente mis pezones, almismo tiempo que con sus dedos rozaba con sensuales movimientos circulares lasaureolas de mis tetas. Mientras realizaba este movimiento le miraba fijamente asus ojos, que no perdían su aire aparentemente inocente, lo que me excitaba aúnmás.
Siguió recorriendo micuerpo con sus manos, y al llegar a mi monte de Venus, abrí descaradamente conmis propias manos mi raja para explicarle como era una vagina. A su vista quedóexpuesta toda mi intimidad, totalmente húmeda y

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de un fuerte color sonrosado,que contrastaba fuertemente con el color negro de mi zona púbica.
Le cogí su mano y la llevé a mi chocho para que pudiera palpar ysentir personalmente como era el órgano femenino, explicándole cómo se puededar placer a una mujer. Dejé totalmente expuesto a su vista mi clítoris,diciéndole que ese “botoncito” era el que nos permitía a las mujeres llegar alorgasmo la mayoría de las veces. Estaba realmente embobado con esa visión, y supene, como dejaba traslucir su corto pantalón estaba a punto de estallar.
Le expliqué que las mujeres disfrutan más cuando le chupan el“botoncito”, y al mismo tiempo que empujaba su cabeza delicadamente entre mispiernas para que me lo comiera. Yo: ¿Quieres lamérmelo, Borja? ¿Te apeteceprobar?
Borja; ¡Sí, mami, claro!” – respondió él ansioso.
Ya no podía aguantar más. Él no opuso ninguna resistencia yempezó a lamer suavemente con la punta de su lengua mi clítoris, dándomepequeños mordisquitos, lo que me provocó un salvaje orgasmo. Eran tan fuertesmis gemidos que Borja pensó que me había lastimado. Tuve que explicarle que noeran gritos de dolor, sino de placer.
Llevé otra vez su cabeza entre mis piernas para que siguieralamiendo y experimenté una serie de continuados y maravillosos orgasmos,posiblemente los mejores de mi vida hasta ese momento. Solo pensar que era mihijo de 19 años quien me los producía me excitaba sobremanera. Después de másde cinco o seis orgasmos seguidos quedé rendida en la cama. Pero la cosa nopodía quedar así porque mi hijo iba a explotar de un momento a otro. Paraentonces los dos ya habíamos perdido todo recato y vergüenza.
Le dije que se desnudara, y frente a mí quedó expuesta una pollacomo nunca había imaginado que pudiera tener un chico de 19 años. Fácilmentetenía un tamaño casi el doble que la de su padre. Calculo que podría llegar alos 22 cm. de larga, por no menos de 7 cm. de ancha. Literalmente me laengullí, aunque a duras penas cabía en mi boca. Inicié una espectacular mamada,chupándole su enorme y rojo glande y recorriendo con la lengua el tronco de supolla, donde resaltaban sus potentes y jóvenes venas.
No me dio mucho tiempo a disfrutarla porque en pocos segundos medi cuenta que se iba a venir y aceleré el ritmo de la masturbación con ambasmanos, soltando un inmenso chorro de espeso y caliente semen que me llenó lacara, tetas y pelo, tanta cantidad como si hubieran eyaculado tres hombres a lamisma vez, y con una fuerza tremenda. Nunca había visto algo así, aunquedespués tendría oportunidad que eso era algo habitual en él.
Quedamos los dos abrazados y tendidos en la cama, descansando,pero al poco más de media hora noté como su verga se hinchaba de nuevo. No lopensé dos veces y la dirigí directamente a la entrada de mi vagina.
Yo: ¿Quieres follarme, Borja? Métemela toda.
Con algo de esfuerzo,debido a su gran tamaño, me la metió hasta dentro. Llenaba todo mi hueco eincluso algunos centímetros quedaban fuera. Comenzó

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 una magnífica cabalgada que meprovocó varios orgasmos más hasta que se corrió y me volvió a inundar pordentro. Ese mismo día lo volvimos a hacer otras dos veces más, y yo perdí lacuenta de mis innumerables orgasmos que tuve.A la noche, para que no se confundiera, le explique que lo queestaba pasando no estaba bien, pero mientras tanto sea un secreto entrenosotros dos, y nadie se enterara, podríamos seguir adelante. También hice queél duerma en su cama y yo en la mía, para que no se confunda.
A eso de las 2 de la mañana, él se despertó súbitamente, con laverga parada adentro de mi boca… yo lo había despertado dándole una mamadaincreíble esa noche, y cuando se despertó, enseguida me monté sobre esamaravillosa polla y lo cabalgué, hasta tenes dos o tres orgasmos más, antes deque él me vuelva a inundar el coño de leche.
Esas fueron unas vacaciones increíbles, de placer y enseñanzapara ambos. Lo hacíamos 3 o 4 veces por día, en la semana, y los fines desemana estaba mi esposo, que con suerte me tocaba apenas…
Y el lunes era el día donde ambos nos buscábamos comoadolescentes calientes (en su caso él lo era, pero yo me sentía como una)después de un fin de semana con casi nada de sexo, los lunes eran de puro sexo,por lo menos durante esas vacaciones calientes.
Desde entonces, cuando estamos solos, repetimos nuestrosencuentros, lo que ocurre con muchísima frecuencia.

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