You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

La rubia tetona y los seis viejos

Kassandra era una diosaterrenal de 22 años, su nombre ya sonaba a pecado, y su cuerpo lo confirmaba,rubia natural con una melena dorada y brillante que caía en ondas perfectashasta la mitad de su espalda, medía solo 155 cm, pero su estatura era lo únicopequeño que tenía, cada centímetro estaba diseñado para volver locos a los hombres,sus senos eran enormes, redondos, firmes y naturales, dos melones pesados quedesafiaban la gravedad, tenía el estómago plano, cintura de avispa, caderasanchas y un culo grande, jugoso, redondo y perfectamente levantado que se movíahipnóticamente con cada paso, todo un regalo de la naturaleza, no se preocupabade lo que comía o bebía, nunca ha pisado un gimnasio y aun así, su cuerpo es todo un sueño húmedo.
Su rostro era pura inocencia engañosa: ojos grandes color mielcon pestañas largas, nariz pequeña, labios carnosos y mejillas suaves que sesonrojaban con facilidad, parecía una muñeca angelical… pero Kassandra no teníanada de inocente, disfrutaba de su juventud al máximo, de su cuerpo y de todoel placer que podía extraer de él, se arreglaba con devoción casi religiosa, suapariencia era su mayor arma y su mayor placer, jamás salía de casa sin el peloimpecable, el maquillaje perfecto y una ropa que gritara sexo sin decir unapalabra.
Le encantaba que la miraran, que la desearan, que envidiaran alhombre que la llevaba del brazo y ser el trofeo más deseado de la noche era unode sus mayores vicios.
Desde hacía unas semanas salía con Roberto, un hombre de 53años, locatario de la zona, para ella era “todo un viejo”, pero no leimportaba,  no le molestaba en absoluto. El la consentía como nadie: ropa,bolsos, perfumes y la llevaba a buenos lugares, nada muy lujoso, pero lebastaba. A cambio, Kassandra le daba su cuerpo joven y caliente sinrestricciones, solo dos días después de conocerse ya estaban follando y aunquela polla de Roberto era más bien pequeña y sus habilidades sexuales mediocres,ella disfrutaba como loca del sexo, sabía apretar su coñito depilado en elmomento justo, mover las caderas en círculos con habilidad gimnastica, gemircomo una puta cara y correrse con facilidad. Para Kassandra, cada polvo era unaoportunidad de sacar el máximo placer posible, sin importar con quién y siemprelo conseguía.
Esa noche Roberto la invitó a una fiesta con sus amigos, aKassandra no le apetecía nada pasar la noche rodeada de más viejos, con uno yatenía suficiente, pero aceptó, porque sabía que ninguno de ellos llevaría unachica como ella y a Roberto le gustaba presumirla y eso era adictivo paraKassandra.
Se preparó durante casi dos horas, se puso una blusa rojabrillante, tan apretada que parecía una segunda piel, el escote era profundo ygeneroso, dejando ver el borde de un diminuto sostén de encaje rojo que apenaslograba contener sus enormes tetas, también eligió una falda de mezclillaajustada, no demasiado corta, pero lo suficientemente provocadora como paraque, si se agachara, el comienzo de su culo quedara completamente expuesto,debajo llevaba un conjunto infernal: ligueros rojos de encaje, mediastransparentes del mismo color y una tanguita roja tan pequeña que apenas cubríasu coño suave y rosado. Remató el look con unos tacones rojos de aguja de 12centímetros que hacían que su culo se elevara aún más y sus piernas se vieraninfinitas.
Cuando Roberto la vio salir de su departamento, se quedó sinaliento.
—   Joder, Kassy… vas a matarlos a todos —murmuró con la voz ronca.
Ella sonrió con esa carita de ángel y le dio un beso lento enlos labios.
—   Esa es la idea, papi, quiero que tus amigosse mueran de envidia, y vean al tremendo mujeron que te estas follando.
Caminaron a la casa de su amigo donde seria la fiesta, mientrasRoberto sobaba con total descaro el trasero de Kassandra por sobre la falda.
Al llegar al lugar, era un departamento no muy grande, en unazona de clase media, nada lujoso, Kassandra entró contoneando las caderas, eltacón resonaba con autoridad sobre el piso, en cuanto cruzó la puerta, sintiólas miradas, cinco hombres, todos entre 56 y 64 años, se encontraban en lasala.
Al avanzar unos pasos su sonrisa coqueta empezó a desdibujarse,aquello no parecía una fiesta en absoluto, no había música, ni luces decolores, ni mesa con comida o bebida para invitados, solo un pequeñodepartamento de sala-comedor bastante modesto, con muebles viejos y un sofágrande de cuero negro que ocupaba casi todo el espacio, todo arreglado como loesperarías de un departamento de soltero de un cincuentón.
Con siete personas dentro —ella y los seis hombres— el lugar sesentía diminuto, casi asfixiante, como si las paredes se cerraran sobre ellos.
Todos los viejos tenían vasos de whisky en mano, cigarros yconversaciones que se cortaron de golpe al verla, el silencio fue casireverencial, Kassandra recorrió la habitación con sus ojos grandes e inocentes,decepcionada, pero por dentro sentía esa satisfacción que le daba ser el centrode atención, todos la estaban devorando: sus tetas enormes apretadas en lablusa roja, su cintura, sus caderas anchas, ese culo que parecía hecho para seragarrado con fuerza, podía sentir el deseo crudo en el aire. Algunos nisiquiera disimulaban, bajaban la mirada directamente a su escote o a suspiernas. 
Roberto, orgulloso como un pavo real, la tomó por la cintura conposesión y la presentó:
—   Hola muchachos, llegamos. Ella es Kassandra,mi novia.
Los hombres murmuraron saludos, algunos con la voz más ronca delo normal, uno de ellos, un tipo calvo y corpulento de unos 60 años, no pudoevitar que se le escapara una mirada hambrienta hacia sus senos, otro se ajustódiscretamente el pantalón, Kassandra sonrió con dulzura, como si no se dieracuenta del efecto que causaba, pero por dentro estaba encantada, lo notabatodo, le fascinaba  esto, le gustaba ser la fantasía de todos esos viejosque probablemente no habían visto un cuerpo tan joven y perfecto en años o talvez nunca. Se sentó con elegancia en el sofá que Roberto le indicó, cruzandolas piernas lentamente, dejando que la falda se subiera un poco y revelara elencaje rojo de las medias en sus muslos suaves, sabía que más de uno ya estabaimaginando qué había debajo de esa ropa.
Sus ojos miel recorrieron la habitación y se detuvieron en lamesa del centro, dos cámaras de video semiprofesionales montadas en trípodespequeños apuntaban directamente hacia el sofá.
—   Oye, Roberto… —dijo Kassandra bajando la voz,acercándose a él—. Me dijiste que esto era una fiesta ¿a qué hora comienza?
Los cinco hombres soltaron una risa ronca y cómplice al mismotiempo, Roberto también rio, claramente divertido por su confusión.
Uno de los amigos, un tipo calvo y flaco de más de 60 años concamisa abierta que revelaba el pelo gris de su pecho, respondió con una sonrisalobuna:
—   Pero de que hablas preciosa, la fiesta yaestá aquí — Dijo uno de los viejos.
Kassandra decepcionada y claramente confundida, dijo:
—   Ah, ok…  y… ¿a que hora llegan los demásinvitados?
Nuevamente risas llenaron el departamento.
—   Ya llegamos todos los que vamos a disfrutar“la fiesta”— Dijo otro de los viejos.
Kassandra parpadeó, más confundida aún, su carita de muñecainocente mostraba genuina extrañeza, Roberto se sentó a su lado y la tomósuavemente por la cintura y le habló cerca del oído:
—   Tú eres la fiesta, cariño.
Kassandra sintió un escalofrío recorrerle la espalda, una mezclade miedo y una curiosidad peligrosa le subió por el estómago, antes de quepudiera decir algo más, otro de los amigos, un hombre alto y muy delgado decabello canoso mal teñido de rubio, le sonrió y le preguntó:
—   ¿Quieres ver qué hicimos con la últimafiesta?
Kassandra dudó solo un segundo, su corazón latía rápido, pero lacuriosidad pudo más, con esa vocecita suave y casi angelical respondió:
—   …Sí.
Le acercaron uno de los monitores de las cámaras y presionaronplay, en la pantalla apareció inmediatamente una mujer de unos 45 años, decuerpo voluptuoso, con buenas tetas y culo grande, pero claramente inferior alde Kassandra, estaba completamente desnuda, arrodillada sobre un sofá, chupabacon ganas una polla gruesa, metiéndosela hasta la garganta mientras gemía,segundos después, otro hombre entró por detrás de ella, le abrió las nalgas yla penetró de un solo empujón, la mujer soltó un grito ahogado de placer yempezó a moverse como loca entre los dos, la cámara captaba perfectamente cómosus tetas se balanceaban y cómo su cara se deformaba de gusto. Kassandrareconoció enseguida el lugar, el mismo sofá, la misma lámpara de pie, lasmismas cortinas,  en lugar de asustarse o mostrar vergüenza como cualquierchica normal habría hecho, Kassandra sintió un calor entre las piernas, unasonrisa lenta y traviesa se dibujó en sus labios carnosos.

La rubia tetona y los seis viejos

—   Oigan… —dijocon voz suave pero cargada de curiosidad—, ¿todos ustedes se follaron a estachica?
Los hombres sonrieron con satisfacción, Roberto se sentó a sulado en el sofá, pasó una mano por su muslo suave y subió lentamente por debajode la falda de mezclilla, acariciando el encaje de las medias rojas. Acercó suboca al oído de la rubia y le susurró con voz ronca:
—   Sí, amor… Eso es lo que hacemos cuandollevamos “la fiesta” a casa de mis amigos, las invitamos, las grabamos y nosdivertimos con ellas todo lo que queremos.
Kassandra respiró más profundo, sus enormes senos subían ybajaban dentro de la blusa roja apretada, podía sentir las miradas hambrientasde los seis hombres recorriendo su cuerpo: sus tetas a punto de reventar elescote, sus caderas prominentes, ese culo jugoso que apenas cabía en la falda,el ambiente en la pequeña sala se había vuelto denso, cargado de deseo ytestosterona, mordió suavemente su labio inferior, todavía con esa carita de inocenciaque contrastaba con la situación. Su coñito, cubierto apenas por la diminutatanga roja, ya empezaba a humedecerse.
—   ¿Y… qué piensan hacer conmigo? —preguntó casien un susurro, mirando de reojo a Roberto mientras este seguía acariciando supierna cada vez más arriba.
Los hombres se quedaron en silencio un segundo, disfrutando elmomento, Roberto sonrió contra su oreja y le apretó el muslo con fuerza.
—   Lo que tú nos dejes hacerte, Kassandra… y porcómo te ves, creo que nos vas a dejar hacerte de todo.
Kassandra no era fácil de asustar, lejos de incomodarse oasustarse, se acomodó mejor en el sofá y siguió mirando el video con atención,casi como si fuera una película normal, en la pantalla, la mujer estaba enplena acción,  los gemidos crudos y desesperados de la película llenabanla pequeña sala.
—   Miren cómo se la metió Carlos ahí —comentóuno de los hombres con orgullo, señalando la pantalla—. Le entró hasta el fondode una.
—   Esa toma quedó brutal —añadió el calvocorpulento, claramente el más técnico—. El zoom cuando le abrí las nalgas quedóperfecto, se ve todo.
Otro rio y agregó con satisfacción:
—   La cabrona era una folladora de primera, secorrió como tres veces y pedía más y más, la muy puta.
Kassandra escuchaba todo con una sonrisita traviesa en loslabios, respirando agitadamente, sudando, Roberto se pegó más a ella y empezó atocarla con descaro, su mano gruesa subió por su muslo, metiéndose debajo de lafalda de mezclilla hasta rozar el liguero rojo de encaje, ella volteó la miradahacia la otra cámara que estaba sobre la mesa, con la lucecita roja encendida.
—   Entonces… ¿ustedes graban a todas las chicasque traen? —preguntó con curiosidad genuina.
—   Claro que sí —respondió uno de ellossonriendo—. Para recordar los buenos momentos.
Kassandra soltó una risita suave y miró directamente a lacámara.
—   Entonces… ¿me están grabando a mí en estemomento? — Dijo con picardía, apretando las piernas
Los seis hombres sonrieron al mismo tiempo.
—   Sí, princesa. Te estamos grabando —confirmóRoberto.
Kassandra sonrió aún más al verse reflejada en el lente de lacámara, no era la primera vez que la grababan, ni mucho menos, con todo el sexoque había tenido a sus 22 años, seguramente existían decenas de videos suyos,follando en distintas situaciones y eso solo la excitaba más.
—   Pero aún no saben si voy a aceptar ser una desus “amiguitas”… —dijo con voz juguetona, mordiéndose el labio inferior.
Parecería como si Roberto hubiera hecho una apuesta grandetrayéndola y proponerle tan pronto un gangbang,  pero en realidad noestaba apostando a ciegas, durante sus encuentros sexuales, Kassandra le habíaconfesado entre gemidos cómo había participado en varios tríos con dos hombresa la vez y lo mucho que había disfrutado sintiéndose usada, cuando le contabasobre esto, ella tenia un orgasmo casi de inmediato solo por recordarlo, elsabía perfectamente lo depravada y caliente que era su joven novia, y que estaapuesta estaba ganada.
La respiración de Kassandra ya se había vuelto más agitada,incluso se podía escuchar en la habitación, sus mejillas estaban ligeramenteruborizadas y, aunque ellos aún no lo notaban, su coñito estaba empapando ladiminuta tanga roja, el calor entre sus piernas crecía y aumentaba a cadamomento.
Roberto entonces, hizo una ultima jugada,  le susurró aloído mientras le acariciaba el muslo:
—   Si no quieres, no te obligo a nada, amor. Siprefieres nos vamos a comer y ya.
Kassandra volteó a mirarlo con esa carita de ángel pervertido yrespondió con voz baja y cargada de intención:
—   Tal vez… tengo mucha hambre, tal vez podríacomer… algo de carne jugosa y dura. — Mientras decía eso se mordió el labio confuerza y paseó su mirada lentamente por todos los hombres que la rodeaban.
Los gemidos de la chica del video no habían parado ni unsegundo; seguía gritando y pidiendo que la follaran más duro, Kassandra empezóa hablar con Roberto como si estuvieran en una plática normalísima, casi comosi acabara de conocer a sus amigos en un café:
—   ¿Y ustedes se conocen desde hace mucho?—preguntó con inocencia fingida—. ¿Todos están casados o tienen novia?
—   Ninguno estamos casado ya —respondió unoriendo—. Estamos libres y tranquilos para divertirnos.
La conversación seguía fluyendo de forma casual, pero la fiestaya había comenzado de verdad, Roberto metió la mano completa debajo de la blusaroja apretada y agarró uno de sus enormes senos con descaro, apretándolo ymasajeándolo por encima del sostén de encaje. Kassandra soltó un suave gemidito,otro de los hombres se acercó por el lado izquierdo y empezó a sobarle lapierna con la mano, subiendo poco a poco por el encaje de las medias. Untercero se sentó en el brazo del sofá y jugaba con su larga melena rubia,acariciándola y enredando sus dedos entre los mechones dorados, Kassandraseguía con la mirada fija en el video, respirando cada vez más pesado, mientrassentía cómo seis pares de ojos y varias manos empezaban a reclamar su cuerpojoven y espectacular.
Casi por reflejo, la mano de Kassandra ya se había deslizadosobre el pantalón de Roberto y sobaba su polla con movimientos lentos y firmespor encima de la tela, sus dedos sentían cómo se endurecía rápidamente. Uno delos hombres señaló la pantalla del video, donde la mujer todavía gemía comoloca, y dijo con una risa ronca:
—   Ya vieron lo buena mamadora que es la putaesa…
Kassandra, con esa carita inocente y una sonrisa llena depicardía, giro la cabeza, lo miró directamente a los ojos y respondió sindudar:
—   Yo doy mejores mamadas...
Esa frase fue la señal que todos estaban esperando, el hombreque estaba sentado a su izquierda, no esperó ni un segundo, con un tirón fuertele bajó la blusa hasta la cintura, liberando sus enormes senos que rebotaronpesadamente. El sostén de encaje rojo apenas duró un instante antes de serbajado también. Se lanzó sobre uno de sus pezones rosados y lo chupó conavidez, mordisqueándolo y succionándolo con fuerza, Roberto sonrió con orgulloy le susurró cerca del oído:
—Cariño, sé amable con mis amigos, demuestra que tienes modales.
Detrás del sofá, dos de los hombres ya se habían puesto de pie,uno a cada lado de Kassandra, tenían las pollas fuera, duras y apuntando haciasu cara, ella sonrió con lujuria, giró la cabeza hacia la derecha y abrió suboquita carnosa para meterse la primera polla, chupó con ganas, moviendo lacabeza y haciendo ruidos húmedos y obscenos, después giró al lado izquierdo yrepitió la operación, alternando entre ambas pollas con hambre, babeando ylamiendo los testiculos de uno mientras masturbaba al otro con la mano.Roberto, mientras tanto, se había agachado un poco y atacaba el otro seno deKassandra, chupando y apretando su teta enorme con fuerza, otro de los hombresse arrodilló frente a ella, le separó las piernas sin pedir permiso y le subióla falda de mezclilla hasta la cintura, movió a un lado la diminuta tanga rojaempapada y enterró su cara entre sus muslos, su lengua gruesa empezó a lamerleel coño con desesperación, chupando su clítoris hinchado y metiendo la lengua dentrode ella. Kassandra soltó un gemido ahogado alrededor de la polla que tenía enla boca,  otro hombre acomodaba una de las cámaras con cuidado, ajustandoel ángulo para captar perfectamente la escena: los enormes senos de Kassandrasiendo chupados, su cara alternando entre dos pollas, y el otro comiéndole elcoño como si fuera su última comida.
Kassandra estaba excitada como loca, tener seis pollas solo paraella la ponía a mil, no le importaba que fueran viejas, feas, arrugadas,malolientes o que sus dueños tuvieran más edad que su padre, casi la misma quesu abuelo, al contrario, por alguna razón eso la ponía todavía máscachonda. 
Sentía cómo su coño chorreaba sobre la lengua del hombre que lalamía, sentía su piel arrugada y barba raposa entre sus muslos, mientras ellaseguía mamando con entusiasmo, alternando las dos pollas con habilidad ygimiendo como una verdadera puta.
Sus ojos grandes y supuestamente inocentes brillaban de puralujuria mientras el departamento se llenaba de gemidos, ruidos húmedos y elsonido de la cámara grabando cada segundo de su depravada fiesta.
Kassandra comenzó a gemir cada vez más fuerte, con la vozentrecortada, de repente soltaba gemidos altos y agudos, para luego bajar aunos ahogados y desesperados, se mezclaban con los gemidos de la película de lacámara; pero después la cámara se detuvo y los únicos gemidos que había eranlos de ella.
El hombre que tenía entre sus piernas era tremendamente hábilcon la lengua, la movía rápido sobre su clítoris, la metía profundamente ychupaba sus jugos sin parar, Kassandra no podía evitar mover las caderas contrasu cara. Los hombres, claramente acostumbrados a esto, empezaron a organizarsecon eficiencia, rotando posiciones, cambiaron las pollas en la boca deKassandra por las de otros dos, mientras ella seguía chupando con hambre,alternando entre una y otra.
Todos comenzaron a desnudarse, era una escena casi grotesca porel contraste, seis hombres viejos, la mayoría con grandes panzas, algunosflácidas y otros más prominentes, cuerpos cubiertos de vello canoso en elpecho, la espalda y los testículos, calvos o con poco pelo, algunos con lentes,piel arrugada, manchas de la edad y ese característico olor a viejo que llenabala pequeña sala, sus pollas, de diferentes tamaños y grosores, ya estaban durasy listas, y en el centro de todo, el cuerpo perfecto, voluptuoso y juvenil deKassandra: piel tersa y suave, completamente depilada, pezones rosados, vaginarosa e hinchada de excitación, vientre plano y firme, senos enormes y culo jugoso,junto con un perfume dulce y delicado, un contraste absurdo que parecía excitaraún más a los viejos.
Uno de los hombres tomó las piernas de Kassandra con fuerza, lasjaló hacia él y la acomodó mejor en el sofá, alineó su polla arrugada  yvenosa contra su coño y, sin avisar, la penetró de un solo empujón hasta elfondo.
—¡Aaaahhh! —gritó Kassandra de puro placer, abriendo mucho losojos.
Sentir la polla desnuda, caliente y sin condón entrando en ellala volvió loca en cuestión de segundos, empezó a mover las caderas pidiendo másmientras gemía como una perra en celo, ahora había dos viejos a cada lado de sucabeza, completamente desnudos, con las pollas apuntando directamente a suboca. Kassandra, sin dejar de gemir por la follada que estaba recibiendo,giraba la cabeza de un lado a otro chupando una y luego la otra, babeandoabundantemente. Mientras tanto, las manos de los demás no paraban, apretaban ypellizcaban sus enormes senos con rudeza, cada vez con menos control, letorcían los pezones rosados, los estiraban y los soltaban para ver cómorebotaban sus tetas. Kassandra, lejos de quejarse por el dolor, gemía másfuerte, ese dolor la excitaba brutalmente, los hombres se dieron cuenta rápidoy sonrieron con malicia, empezaron a apretar con más fuerza, pellizcando sustetas con saña, dejando marcas rojas en su piel blanca y perfecta, queríanhacerla gritar… y lo conseguían, el jugar ferozmente con sus senos se volvió unreto silencioso entre ellos.
Cambió el turno, los otros tres hombres tomaron sus lugares,ahora otro la penetraba con fuerza, y dos mas recibían una buena mamada,mientras  la pellizcaban, apretaban y sobaban sin ninguna contemplación:sus tetas, sus muslos, su cintura, su culo, manos ásperas y viejas recorrían ymaltrataban su cuerpo joven, ella gemía y gritaba cada vez más alto,completamente perdida en el placer, en aquella depravada y salvaje fiesta.
Kassandra estaba extasiada, con los ojos entrecerrados y la bocamuy abierta, gimiendo sin control alrededor de las pollas.
Los seis hombres reían y conversaban entre ellos como siestuvieran en una reunión cualquiera, comentando lo puta que se veía la rubia ylo bien que se estaba portando, cuando iban a cambiar de posición nuevamente,Roberto se sentó en el centro del sofá con la polla dura y tiesa.
—Ven para acá, puta —ordenó con voz ronca.
Jaló a Kassandra como si fuera una muñeca de trapo, ella se dejómanejar sin resistencia, Roberto la sentó encima de él dándole la espalda,alineó su polla y, de un solo golpe brutal, se la metió hasta el fondo.
—¡Aaaahhh! ¡Joder! —gritó Kassandra, arqueando la espalda. —¡Siiii! ¡Asiiii! ¡Rico!

Roberto la agarró fuerte de las caderas y empezó a hacerlasaltar arriba y abajo con fuerza, sus enormes senos rebotaban salvajemente concada embestida, dos viejos se subieron al sofá, uno a cada lado, y le pusieronsus pollas en la cara, Kassandra, sin dejar de gemir, abrió la boca y empezó achuparlos hábilmente, alternando entre ambas, aunque a veces se quedaba sinaire varios segundos, babeando y tosiendo mientras las lágrimas de placer lecorrían por las mejillas, la excitación la tenía completamente confundida ysometida, ya no pensaba, solo sentía. Los demás hombres seguían con el juego demaltratar sus tetas al máximo: las apretaban con fuerza bruta, pellizcaban yestiraban sus pezones rosados hasta ponerlos rojos e hinchados, cada pellizcofuerte hacía que Kassandra gritara alrededor de las pollas que tenía en laboca. Los hombres se movían con experiencia, como un equipo bien coordinado.

gangbang

Cada vez que sacaban una pollade su coño para que entrara otra, Kassandra suplicaba desesperada:
—No… por favor… ¡más polla! ¡No la saquen! ¡Por favor!
Los hombres estallaban en carcajadas y la insultaban sin piedad:
—Mira nada más qué puta tan depravada eres.
—Tan joven y ya eres una zorra insaciable, devoradora de pollas.
—Roberto, eres un mentiroso, esta no es tu novia, trajiste a unaputa profesional, cabrón.
Otro hombre se subió al sofá y ahora Kassandra tenía tres pollasrodeándole la cara, ella intentaba chuparlas como podía, lamiendo, besando ymetiéndose dos a la vez en la boca, babeando profusamente mientras Roberto lafollaba desde abajo, después de varios minutos de esa locura salvaje, de pollasentrando y saliendo de su coño, Kassandra soltó un chillido agudo y largo, sucuerpo entero se tensó y empezó a retorcerse violentamente, se había corridocon fuerza, chorreando alrededor de la polla que la penetraba, tal vez elorgasmo más intenso que había tenido nunca. 
Los hombres rieron con burla al verla convulsionar de placer:
—Mírenla, ya se corrió la muy puta.
—Qué fácil se moja esta zorrita y apenas estamos comenzando.
—No pares cabron, sigue metiéndosela, que no termine de chorrearla muy golfa.
No le dieron ni un segundo de descanso, todavía estaba perdidaen su orgasmo, cuando otro de los hombres se sentó en el sofá y la jaló haciaél, ahora Kassandra quedó sentada de frente, mirándolo a la cara, mientras élla empalaba profundamente en su polla gruesa. Roberto se colocó detrás del sofáy continuó follando su boca, la follaban sin piedad, ella mamaba condesesperación y ellos seguían castigando su cuerpo joven: apretando sus tetas,pellizcando sus pezones y, ahora también, azotándole el culo con violencia. Lasnalgadas resonaban en la pequeña sala, cada vez mas fuerte, dejando las marcasrojas de manos en su grande y jugoso trasero, cada azote era como un choqueeléctrico que iba directamente a su coño, que la hacia apretar con mas fuerzala polla que tenia metida.
Kassandra gemía, gritaba y suplicaba más, completamente perdidaen el placer, mientras las cámaras seguían grabando cada segundo de su salvajedegradación, gritaba sin control, completamente fuera de sí. 
—¡Más duro! ¡Fóllenme más duro! ¡Más pollas! ¡No paren, porfavor! ¡No paren! —suplicaba entre gemidos y gritos, con la voz rota de placer.
Uno de los hombres, excitado por sus súplicas, agarró la blusaroja que aún colgaba arrugada alrededor de su cintura y la rompió de un tirónviolento, dejando sus enormes senos completamente libres, rebotandosalvajemente,  Kassandra no protestó en absoluto, al contrario, el sonidode la tela rasgándose la excitó todavía más y soltó un gemido largo y profundode pura lujuria, su falda, su tanga y su sosten ya habian desaparecido en algunmomento de la salvaje orgia, ella no supo ni como ni cuando, pero ya solo teniapuesta sus medias y los ligueros.
—Es hora de cambiar, chicos —anunció Roberto con autoridad.
Kassandra, confundida y como si la hubieran sacado de un tranceprofundo, parpadeó y preguntó casi desesperada:
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Y las pollas? ¿Dónde están las ricas pollas?
El calvo corpulento le agarró la cara con una mano y le ordenócon voz grave:
—Ponte en cuatro, cerda.
Kassandra obedeció al instante, sin rechistar, con agilidadfelina se puso a gatas sobre el sofá con rapidez, levantando su culo grande yjugoso, ofreciéndose como una perra en celo, agitándolo, esperando serpenetrada, necesitaba las pollas dentro de ella ¡ya!
Apenas estuvo en posición, uno de los hombres se colocó detrásy, con un golpe brutal, le metió toda la polla de una sola embestida, Kassandragritó de placer, arqueando la espalda, casi al mismo tiempo, otro le metió supene en la boca, silenciando sus gritos, Empezaron a turnarse salvajemente, unminuto de embestidas profundas y fuertes en su coño, luego cambiaban de polla,Lo mismo hacían con su boca, en esta posición podían follársela mucho mássalvajemente, las nalgadas resonaban fuerte, los testículos golpeaban contra sucoño empapado una y otra vez, produciendo un sonido obsceno y húmedo que laenloquecía.
Por un momento, Kassandra sacó la polla que tenía en la boca,volteó la cabeza hacia la cámara con cara de puta total y dijo entre gemidos:
—Así… para que todos vean a la putita que están follando… Quevean bien mi carita de perra en celo… — Regresó inmediatamente a chupar con másganas, metiéndose dos pollas a la vez como podía, babeando sin control.
Los hombres estallaron en risas burlonas:
—Mira nada más qué puta tan descarada, ahora quiere ser laprotagonista, jaja.
—Tan inocente que se ve y es una guarra mamadora de primera.
—Roberto ¿de qué prostíbulo de mala muerte trajiste a tandegenerada tragapollas?
La follaban con más fuerza, su culo estaba rojo e hinchado porlos azotes, otros le apretaban y pellizcaban las tetas bamboleantes conbrutalidad, estirando sus pezones y golpeando sus senos pesados mientras lapenetraban.
Kassandra, completamente ida de placer, bajó una mano y empezó afrotarse el clítoris con desesperación, moviendo los dedos rápido y conpresión, sus gemidos se volvieron cada vez más agudos y entrecortados, derepente, todo su cuerpo se tensó, su boca chupo con fuerza y apretó su coño,soltó un gemido ahogado callado por la polla que tenía en la boca y tuvo unorgasmo abrumador, mucho más fuerte que el anterior, sus piernas temblaban sincontrol y chorros de sus jugos corrieron por sus muslos, se retorcía yconvulsionaba mientras los hombres seguían follándola sin parar, riendo yburlándose de lo fácil que se corría la joven rubia.
—Mírenla cómo tiembla, la muy puta —reía uno, sin parar defollarle el coño.
—es la zorra más grande que hemos traído —decía otro que leazotaba el culo.
—Esta guarra nació para follar, mira cómo pide más.
Se intercambiaban constantemente, cada uno buscaba la forma dedarle más duro en esa posición, la agarraban fuerte de las caderas, clavandosus dedos en su carne, tiraban de su melena rubia como riendas, como si domarana una yegua salvaje y la embestían con toda su fuerza, haciendo que cada golpecontra su coño empapado, la hicieran balancear sus gigantescas tetas, ella noparaba de gemir y gritar, completamente embriagada de placer.
Tuvo dos orgasmos más en esa posición, el primero la hizo gritarsacando la polla que tenía en la boca, el segundo fue tan fuerte que por unmomento sus brazos fallaron y cayó con la cara contra el sofá, con el culotodavía levantado recibiendo polla en su coño.
Los hombres, sudados y excitados, seguían riendo y conversandoentre ellos.
—Para una puta así no es suficiente tratarla bien —dijo uno.—Hayque tratarla como la cerda que es.
—Exacto… ya es hora de reventarle ese lindo culo que tiene.
Kassandra gimió sorprendida al escucharlos y sacó la polla quetenía en la boca haciendo un sonido húmedo, por un segundo su carita pareciócomo si fuera a protestar, con los ojos muy abiertos y la boca babeando, peroen lugar de eso, con voz ronca y cargada de lujuria, gritó:
—¡Sí! ¡Esta cerda se merece que le rompan el culo! ¡Reviéntenlesu asqueroso ano!
Los seis hombres estallaron en carcajadas fuertes y burlonas,mirándola con una mezcla de sorpresa y satisfacción animal.
—Mira nada más a esta guarra…
—Pide que le destrocen el culo y todo.
—Qué puta tan asquerosa eres, Kassy.

Las risas y burlas llenaban la pequeña sala, Kassandra todavíajadeando y con la cara llena de baba, sonrió con esa expresión depravada yrespondió con voz entrecortada:

grupal

—Para una puta tan asquerosacomo yo… no basta con una polla.
Roberto se sentó en el sofá, disfrutando de las palabras deKassandra, ella se subió encima de inmediato, agarró su polla y se la metióentera en el coño de un solo movimiento, soltando un gemido largo y profundo,empezó a mover su culo en círculos, follándose a Roberto con ganas.
—Estoy lista… —dijo mirándolos con ojos vidriosos de lujuria—…rómpanmelo.
Uno de los hombres, se colocó detrás de ella sonriendo conmalicia y excitación, escupió abundantemente sobre el ano de ella, lo queprovoco que gimiera levemente y sin ningún cuidado ni preparación extra, empujósu polla gruesa y venosa hasta el fondo de un solo golpe brutal.
—¡AAAAAGGGGGHHHHH! —gritó Kassandra con fuerza, abriendo mucholos ojos por el dolor desgarrador.
Casi al instante, otra polla gruesa se plantó frente a su cara yse la metió hasta la garganta, callándola. Sintió un desgarro intenso yardiente en su ano, el dolor era sumamente fuerte, las lágrimas corrieron porsus mejillas mientras gritaba ahogadamente alrededor de la polla que le follabala boca.
Los hombres no se apiadaron de ella ni por un segundo, el queestaba en su culo comenzó a bombear con fuerza, sacándola casi toda yvolviéndola a clavar hasta los testículos, Kassandra intentó zafarse porinstinto, retorciéndose, pero varios pares de manos arrugadas la sujetaronfirmemente por las caderas, los hombros y el cabello, manteniéndolacompletamente inmóvil y sometida.
—¿Qué pasa, puta? ¿No querías que te rompiéramos el culo? —seburlaba uno.
—Vamos cerda… esto es lo que pediste, te vamos a dejar echapedazos.
—Mírenla, hace un segundo muy valiente pidiendo polla en su anoy ahora llora como una niñita.
Poco a poco, entre embestida y embestida, el dolor intensoempezó a transformarse en un placer oscuro y profundo, Kassandra comenzó agemir de forma diferente, más gutural y ansiosa, su cuerpo respondió al castigode su culo y  tuvo otro orgasmo violento, su coño se contrajofuertemente alrededor de la polla de Roberto y su ano apretó con fuerza lapolla que la estaba partiendo por atrás, los hombres no daban crédito a lo queveían y nuevamente estallaron en risas al verla.
—¡Ja ja ja! ¡Mírenla! De llorar de dolor pasó al placer la muyputa.
—Qué cerda degenerada, se corre con el culo roto.
—Esta zorra ya está completamente arruinada, no podrá vivir sinnuestras pollas.
Kassandra temblaba y gemía sin control, sintiéndosecompletamente llena por ambos lados, era el éxtasis total, completamenteagotada tras una larga cadena de orgasmos intensos, se dejó caer hacia adelantesobre el pecho de Roberto, con su cara enterrada en su cuello, su cuerpo joveny sudoroso temblaba sin control, sus enormes senos aplastados contra él, y surespiración era un jadeo entrecortado, su ano palpitaba, abierto y sensibledespués de la salvaje penetración.
Pero los hombres no tenían la menor intención de darle descanso.
—Todavía no, puta, esto apenas empieza —gruñó uno de ellos.
Otro viejo, de panza prominente y manos ásperas, se colocórápidamente detrás de ella Kassandra apenas tuvo un segundo de alivio cuando lapolla anterior salió de su ano, dejando un vacío ardiente, e Inmediatamentedespués, sintió cómo una nueva polla empujaba con fuerza brutal dentro de susentrañas, abriéndola de nuevo hasta el fondo.
—¡AAAAAHHHHH! ¡Duele! ¡Me duele mucho! —gritó Kassandra entrelágrimas, retorciéndose violentamente.
El dolor era intenso, como si le estuvieran desgarrando elinterior con una vara ardiendo.
nuevamente la sujetaron sin piedad, Roberto la agarró firme dela cintura desde abajo, otros le tiraron del cabello rubio y le sujetaron losbrazos, inmovilizándola completamente, mientras reían con crueldad.
—Mírenla, la zorrita ya está llorando de nuevo—se burló el calvocorpulento
—Hace rato corriéndose con el culo roto y ahora llora como sifuera virgen.
—Qué patética eres, Kassy, con esa carita de ángel y eres lacerda más degenerada que hemos tenido —añadió otro, dándole una fuerte nalgada.
Hicieron esto varias veces, cambiando de polla en su ano solopara disfrutar el espectáculo de verla retorcerse, gritar y pasar del dolor alplacer una y otra vez. El cambio repentino era agonizante, su ano, ya sensibley abierto, protestaba con cada nueva invasión, cada nueva penetración eraacompañada de risas y comentarios humillantes y Kassandra alternaba entresúplicas desesperadas:
—¡Por favor… deténganse un momento! ¡Me duele demasiado! ¡Miculo está ardiendo! —lloraba con lágrimas de dolor, sudando y jadeando
Y solo segundos después, con la voz quebrada y llena de lujuria:
—¡No! ¡Más duro! ¡Rómpanme el culo! ¡Quiero que me destrocencomo la puta barata que soy! ¡Por favor, denme más polla!
Los hombres no paraban de reir.
—Escúchenla, no sabe ni lo que quiere. Llora y pide más al mismotiempo. —Eres una masoquista de mierda. Una cerda bipolar. —Creo que yaquebramos a la guarra, está completamente rota.

—   Dale más duro, que sienta cómo duele.

orgias sexuales

Después de varios minutos deesta rotación brutal y humillante, uno de los hombres —el más viejo yescualido— aceleró sus embestidas salvajemente, gruñendo como un animal, justocuando estaba a punto de correrse, clavó sus uñas con fuerza en las caderas suavesy tersas de Kassandra, dejando profundos surcos rojos.
—¡AAAAAAGHHHHH! —chilló Kassandra de dolor, ese dolor agudo ypunzante, combinado con las fuertes embestidas, la hizo explotar.
El hombre eyaculó profundamente dentro de su ano, inundándolacon chorros calientes y espesos de semen, Kassandra sintió el calor dentro desus entrañas y su ano se contrajo con fuerza alrededor de la polla, apretándolacomo si quisiera sacarle hasta la última gota, ese orgasmo fue tremendo ysalvaje. Todo su cuerpo sufría de espasmos, sus ojos se pusieron en blanco, suspiernas temblaron sin control y soltó un grito gutural y prolongado mientraschorros de sus jugos salían disparados de su coño, empapando a Roberto y elsofá.
Los hombres felicitaron al sujeto:
—¡Bien hecho, viejo! ¡Llenaste bien el culo de la cerda!
—Mírenla cómo se corre con el ano lleno de leche, qué puta tanestuipda.
—Esta zorra ya no tiene remedio.
—Sigue apretando el culo guarra, ordeña bien esa polla.
Ella seguía temblando y gimiendo, con el ano lleno de semencaliente, las marcas de uñas ardiendo en sus caderas, completamente sometida,usada y humillada. El hombre que acababa de correrse en su ano sacó la pollalentamente, Kassandra soltó un grito largo y ronco, mezcla de dolor ardiente yplacer enfermizo, mientras su ano quedaba abierto, palpitando y chorreandosemen espeso que corría por sus muslos.
—¡Aaaahhh! ¡Quema! —gimió
Antes de que pudiera recuperarse, otro hombre ocupó su lugar yle clavó la polla hasta el fondo de un solo empujón sin importarle el dolor dela chica, así siguieron, uno tras otro, rotando sin descanso, Kassandra ya nosabía ni qué pasaba a su alrededor, el mundo se había reducido a pollasentrando y saliendo de su coño y de su ano, sin parar.
Cuando terminaban de follarle la vagina y querían cambiar,simplemente la soltaban sin cuidado, dejándola caer de lado sobre el sofá comosi fuera un costal de papas, su cuerpo sudoroso y tembloroso rebotaba contralos cojines, luego la agarraban de nuevo por las caderas o el cabello, la poníanen cuatro, la sentaban o la tiraban como querían, ella se dejaba hacer,completamente sometida, gritando, llorando y gimiendo sin control:
—¡Ay Dios…! ¡Me están destrozando! ¡Por favor…! ¡No puedo más…!—gritaba en algunos momentos, con lágrimas corriendo por su carita angelical.
Pero solo segundos después suplicaba lo contrario:
—¡Más! ¡Fóllenme más duro! ¡Rómpanme el culo y el coño!¡Revienten a su puta…! ¡Soy su cerda…!
Llevaba incontables orgasmos pequeños que la hacían temblar,medianos que la dejaban jadeando, y grandes que la hacían convulsionar ychorrear como una fuente, su cuerpo ya no respondía como ella quería, estabacasi inconsciente de puro cansancio, con los ojos vidriosos y la bocaentreabierta, babeando. De pronto sintió cómo uno de los hombres acelerabasalvajemente la embestidas dentro de su coño y eyaculaba con fuerza,inundándola de semen caliente, Kassandra gritó de placer, apretando losmúsculos internos, en ese mismo instante, otro hombre le metió la polla en laboca, el sabor la sorprendió momentáneamente, sabi a esperma espeso, amargo…mezclado con algo más terroso y fuerte, abrió los ojos con dificultad y vio almismo hombre que había eyaculado antes en su culo, estaba allí de nuevo, con lapolla todavía dura como una roca, sucia de semen y jugos de su propio ano,metiéndosela hasta la garganta. Kassandra se sorprendió mucho, había estado consuficientes hombres mayores como para saber que, normalmente, después decorrerse quedaban fuera de combate hasta el día siguiente; pero este estabalisto para seguir.
Si no estuviera perdida en el placer, ella se hubiera percatadoque  el Viagra se lo repartían como dulces, además de tantas bebidasenergizantes que era sorprendente que no les diera un paro cardiaco, pero erancosas necesarias para poder usarla durante horas.
Sus entrañas se fueron llenando poco a poco de semen: primero elano, luego el coño, luego otra vez el ano, chorros calientes y espesos lainundaban por dentro.
Cuando sacaban la polla de sus agujeros, la obligaban a limpiarlacon la boca.
—Límpiala, cerda —le ordenaban—. Chúpala bien, que para esosirves.
Durante todo este tiempo, no dejaban de castigarla con crueldad,le apretaban y pellizcaban las tetas con saña, le golpeaban las tetas paraverlas rebotar, le torcían los pezones hinchados y rojos, le daban nalgadasfuertes y brutales, dejando su culo completamente rojo e hinchado, y hablabande ella, como si Kassandra no estuviera presente, como si fuera un simpleobjeto:
—Esta puta tiene el culo más apretado que he probado—decía unoriendo. —Miren cómo chorrea semen, parece una puta de barata de carretera.
—Con esa carita de niña buena y es la cerda más loca que hemostenido.
—Roberto, la próxima vez tráela más temprano para que la usemosdía y noche
—Este culo ya no aprieta mucho que digamos — dijo uno de losviejos soltando una carcajada — está completamente arruinado, miren cómo quedaabierto como túnel de tren. 
—Ella es solo un pedazo de carne para follar. Nada más.
Kassandra escuchabatodo entre gemidos, lágrimas y orgasmos, completamente rota, usada y llena deesperma por todos lados, sudaba como si estuviera dentro de un sauna, su pielsuave y dorada brillaba completamente empapada, el cabello

rubia
rubio pegado a su cara ycuello, su sudor corría entre sus enormes senos y por su espalda como ríos, suano ardía como fuego con cada embestida, un fuego constante que no cesaba, sucoño se sentía entumecido, hinchado y abusado después de tantas penetracionesseguidas, pero aun así seguía chorreando, la mandíbula le dolía horriblementede chupar y tragar polla tras polla durante tanto tiempo, los labios hinchadosy rojos, la baba y el semen resbalando por su barbilla, y aun así, el placer noterminaba. Del dolor más intenso pasaba al orgasmo una y otra vez, como si sucuerpo ya no le perteneciera.
Los hombres, sudados y excitados, decidieron cambiar de posiciónuna vez más.
—Vamos a partirla en dos —dijo uno riendo.
Sacaron las pollas de su interior, Kassandra apenas tuvo tiempode gemir al sentirse vacía, antes de que la levantaran como a una muñeca rota,Roberto se sentó en el sofá con la polla tiesa y la bajaron de espaldas encimade él, empalándola profundamente en el ano de un solo golpe.
—¡Aaaahhh! ¡Mi culo! —gritó Kassandra, arqueando la espalda,sintiendo un intenso dolor.
Apenas se acomodó, otro hombre se colocó frente a ella, le abriólas piernas al máximo y le metió la polla en el coño ya hinchado, la doble penetraciónfue devastadora, las dos pollas entraban mucho más profundo que antes,rozándose entre sí a través de la delgada pared que separaba sus dos agujeros,Kassandra sintió que la estaban partiendo al medio.
—¡Nooo! ¡Por favor! ¡Así no! ¡Me van a romper! ¡Duele mucho!¡Paren! ¡Se lo suplico! —gritaba llorando, mientras intentaba cerrar laspiernas inútilmente.
Los hombres solo se reían con crueldad, sujetándola fuerte paraque no pudiera escapar.
—¿Ahora pides que paremos, puta? —se burló uno, dándole unafuerte nalgada—. Hace rato eras toda “rómpanme el culo como  a una cerda”.
—Mira cómo llora la zorrita con las dos pollas adentro ¡Vamos areventarte!
—Calla sucia puta, este coño y este ano están hechos para esto.Cállate y disfruta, cerda.
Las dos pollas empezaron a moverse al unísono, una entrandomientras la otra salía, follándola con fuerza brutal, Kassandra gritaba ysollozaba, el dolor era casi insoportable… pero poco a poco, como antes, sucuerpo empezó a acostumbrarse y el placer regresó como una ola gigantegolpeandola.
—Ah… ah… ¡joder! —gimió, cambiando el tono de sus gritos—. Más…más adentro… ¡llénenme!
Cada vez que uno delos hombres se corría dentro de ella, Kassandra lo sentía todo con unaintensidad brutal: el chorro caliente inundando su ano o su coño, el palpitarde la polla contra sus paredes internas, y con cada eyaculación tenía unorgasmo nuevo, más débil que el anterior por el cansancio, pero igual de

La rubia tetona y los seis viejos

devastador, su cuerpo seconvulsionaba, apretaba las pollas con fuerza y soltaba gemidos roncos yentrecortados.
—Siente cómo te lleno, puta —gruñía uno mientras se corría en sucoño.
 —Traga mi leche, cerda —decía otro eyaculando en loprofundo de su ano.
Kassandra solo podía gemir y temblar, completamente llena desemen, rota, sudada y destruida, mientras los hombres seguían follándola sinpiedad, riéndose de lo fácil que era hacerla pasar del llanto al placer una yotra vez.
La salvaje sesión continuó sin misericordia, las pollas volvíanuna y otra vez a su boca, obligándola a chupar, lamer y tragar incluso cuandoya apenas podía mantener los ojos abiertos, sus pezones rosados eran estiradosbrutalmente, pellizcados y retorcidos como si los hombres quisieranarrancárselos, Kassandra gritaba de dolor alrededor de las pollas, su coño chorreabaaún más con cada cruel pellizco.
Poco a poco la rotación de pollas se volvió más lenta, loshombres empezaban a cansarse, sudados y respirando con dificultad, pero noquerían terminar todavía, decidieron cerrar la noche por turnos.
—Uno por uno, chicos, última corrida —anunció Roberto.
Empezaron a follarla de forma más ordenada, cada hombre elegíadónde quería descargar su última ración de esperma. Uno la penetró con fuerzaen el coño, gruñendo mientras se vaciaba dentro de ella, Kassandra casi inconscienteabrazo con sus piernas la cintura del hombre, esperando recibir todo el semen.
Otro prefirió su ano ya destruido y abierto, bombeando hastacorrerse profundamente, Kassandra estaba boca abajo con la cara enterrada en elsillón, ya no tenía fuerzas ni para levantar el rostro.
Varios eligieron su boca, sujetándole la cabeza y corriéndosedirectamente en su garganta o sobre su lengua, obligándola a tragar o dejandoque el semen espeso le cayera por la barbilla, tetas y cara, Kassandra soloobedecía, estaba al límite de sus fuerzas, pero aún respondía como una muñecasexual. Su joven cuerpo quedó completamente cubierto de semen: chorros blancosy espesos corrían por su cara, por su cabello, senos, estómago, muslos yentrepierna, su coño y ano chorreaban sin parar, el semen salia espesoensuciando el sofá.
Cuando todos habían terminado, uno de los hombres acercó lacámara principal a su cara, enfocando su expresión destruida pero llena deplacer: ojos vidriosos, mejillas sonrojadas, labios hinchados, rostro cubiertode semen y una boba sonrisa .
—Díselo a la cámara, puta: Nombre completo, edad, dónde vives yqué te hicimos esta noche.

Kassandra, con voz ronca, débil y entrecortada, confundida, peroclaramente excitada, miró a la cámara y habló:
gangbang

 —Me llamo… Kassandra López…tengo 22 años… vivo en el centro… Esta noche… me trajeron a este departamento…y seis viejos asquerosos me usaron como su puta… Me follaron el coño, el culo yla boca durante horas… Se corrieron adentro y afuera… Me insultaron, me pellizcaronlas tetas, me rompieron el ano… y yo… yo me corrí como una cerda degenerada…Porque soy una puta asquerosa… que ama que la degraden y la llenen de semen…Roberto sonrió con orgullo y le ordenó:
—Ahora dales las gracias a los chicos por ser tan atentoscontigo Kassy.

grupal

—Ahora dales las gracias a loschicos por ser tan atentos contigo Kassy.
Todavía desparramada en el sofá con las piernas abiertas y semengoteando de ella, miró a cada uno de los hombres, solo podía intentar abrir unode sus ojos, ya que el otro estaba cubierto de semen grumoso. Uno por uno seacercaron y le pusieron sus sucias pollas frente a la boca, ella las limpió conesmero, lamiendo y chupando cada resto de esperma y fluidos, aunque apenas lequedaban fuerzas.
—Gracias… por follarme el coño… —le dijo al primero.
—Gracias por romperme el culo… —al segundo.
—Gracias por correrse en la boca y tratarme como puta… —altercero.
Y así con cada uno, agradeciendo humildemente mientras loslimpiaba, al terminar, uno de los hombres gritó con voz fuerte y burlona:

—¡Corte!

orgias sexuales

Esto los hizo reit y comenzaronlos aplausos fuertes, felicitándose entre sí, contentos y satisfechos por lasesión.

Kassandra apenas logró esbozar una débil sonrisa de placerabsoluto, todo empezó a sonar más lejano: las risas, las voces, los aplausos…El mundo se fue alejando, sintió el placer más grande y profundo de toda suvida recorriendo su cuerpo destrozado, y finalmente perdió el conocimiento,desplomándose sobre el sofá, cubierta de semen, sudor y marcas en todo sucuerpo, con una expresión de éxtasis total en su rostro angelical.

rubia


 

0 comentarios - La rubia tetona y los seis viejos