Angel Pink es una sirvienta muy puta que, para evitar trabajar, le come el rabo a sus patrones a cambio de que la dejen estar al pedo todo el día.
En esta ocasión, su nuevo patrón la ha descubierto mirando la tele mientras la casa permanece echa un cochambre. Angel, con toda la tranquilidad de mundo le ofrece su coño para compensar la falta, pero él es un hueso duro de roer y no caerá tan fácil... al menos no la primera vez, porque mientras ella le suplica que no la despida, nota que su jefe no puede despegar su lasciva mirada de sus pies.
Aprovechando esto, Angel lo seduce estirando sus piernas para dejar ver sus patitas en toda su extensión, a lo que el jefe no puede resistir chupárselas desaforadamente.
Con su patrón en la palma de su mano... o mejor en la planta de su pie, comienza a brindarle un pete y luego un footjob para acabar de doblegarlo y cuando ya él ha caído bajo sus encantos, lo deja que domine la situación dándole plena libertad de poseerla como le venga en gana, cogiéndosela en diferentes posiciones para terminar viniéndose en sus pies.
Y una vez más la sirvienta se gana el salario sin mover un dedo (al menos no uno de la mano).































































































En esta ocasión, su nuevo patrón la ha descubierto mirando la tele mientras la casa permanece echa un cochambre. Angel, con toda la tranquilidad de mundo le ofrece su coño para compensar la falta, pero él es un hueso duro de roer y no caerá tan fácil... al menos no la primera vez, porque mientras ella le suplica que no la despida, nota que su jefe no puede despegar su lasciva mirada de sus pies.
Aprovechando esto, Angel lo seduce estirando sus piernas para dejar ver sus patitas en toda su extensión, a lo que el jefe no puede resistir chupárselas desaforadamente.
Con su patrón en la palma de su mano... o mejor en la planta de su pie, comienza a brindarle un pete y luego un footjob para acabar de doblegarlo y cuando ya él ha caído bajo sus encantos, lo deja que domine la situación dándole plena libertad de poseerla como le venga en gana, cogiéndosela en diferentes posiciones para terminar viniéndose en sus pies.
Y una vez más la sirvienta se gana el salario sin mover un dedo (al menos no uno de la mano).































































































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