La onicomicosis es una infección provocada por hongos en las uñas de los pies que cambia la coloración de las uñas a una amarillenta y puede generar mal olor. Aunque Chloe Temple intenta ocultar sus síntomas con una estilizada pedicura francesa el olor a pata no se le quita ni con bicarbonato de sodio.
Ante esto, Chloe evita usar sandalias o quitarse los zapatos delante de su novio para no pasar la vergüenza de ser una guarrilla desaseada. Incluso, en las últimas cogidas con él, no se ha quitado el calzado, a pesar de que el resto de su cuerpo está completamente desnudo... lo que ha despertado la curiosidad del novio.
Así que un día para averiguar qué es lo que sucede, él la sorprende ofreciendo darle un masaje en sus piecitos. Ella, asustada, en un principio se niega, pero ante la insistencia de su hombre, finalmente accede, esperando que los talcos y el bicarbonato logren enmascarar el mal olor.
No obstante, en cuanto su novio retira el primer tenis del pie, un intenso olor a pezuña sale despedido de su pie, llenando toda la habitación de aquel amargo aroma. Avergonzada, Chloe le pide disculpas a su novio, pero nota que él en vez de asquearse, se siente atraído por el olor, hasta el punto de que hunde su nariz al interior de la zapatilla, olisqueándolo con una devoción casi religiosa.
Bajo el trance en el que se encuentra ahora, el muchacho descalza por completo a su novia y comienza a adorarle los pies, lamiéndole las plantas desde el espolón hasta la punta de la uña del dedo gordo del pie, comiéndole a mordiscos los diez cerditos de sus dedos y degustando ese sabor a quesito podrido producto de sus uñas onicomicóticas.
Cachonda por la visión de su novio hipnotizado por sus pies, Chloe se desviste por completo y lo invita a comerle el coño para que se enjuague la boca con los jugos de su cuerpo. Mientras que él, después de haber descubierto su nueva pasión por la fragancia rancia de los pies, le proporciona a ella una buena cogida que deja el cuarto impregnado con olor a sexo y pecueca que no se quitará en menos de una semana.





























































































































































Ante esto, Chloe evita usar sandalias o quitarse los zapatos delante de su novio para no pasar la vergüenza de ser una guarrilla desaseada. Incluso, en las últimas cogidas con él, no se ha quitado el calzado, a pesar de que el resto de su cuerpo está completamente desnudo... lo que ha despertado la curiosidad del novio.
Así que un día para averiguar qué es lo que sucede, él la sorprende ofreciendo darle un masaje en sus piecitos. Ella, asustada, en un principio se niega, pero ante la insistencia de su hombre, finalmente accede, esperando que los talcos y el bicarbonato logren enmascarar el mal olor.
No obstante, en cuanto su novio retira el primer tenis del pie, un intenso olor a pezuña sale despedido de su pie, llenando toda la habitación de aquel amargo aroma. Avergonzada, Chloe le pide disculpas a su novio, pero nota que él en vez de asquearse, se siente atraído por el olor, hasta el punto de que hunde su nariz al interior de la zapatilla, olisqueándolo con una devoción casi religiosa.
Bajo el trance en el que se encuentra ahora, el muchacho descalza por completo a su novia y comienza a adorarle los pies, lamiéndole las plantas desde el espolón hasta la punta de la uña del dedo gordo del pie, comiéndole a mordiscos los diez cerditos de sus dedos y degustando ese sabor a quesito podrido producto de sus uñas onicomicóticas.
Cachonda por la visión de su novio hipnotizado por sus pies, Chloe se desviste por completo y lo invita a comerle el coño para que se enjuague la boca con los jugos de su cuerpo. Mientras que él, después de haber descubierto su nueva pasión por la fragancia rancia de los pies, le proporciona a ella una buena cogida que deja el cuarto impregnado con olor a sexo y pecueca que no se quitará en menos de una semana.





























































































































































0 comentarios - Le come hasta la onicomicosis