Mi joven secretaria era una belleza de 23; su carita inocente me traía loco, mojigata de esas que no rompen un plato. Comenzó a trabajar con nosotros hace 2 meses; yo le tenía ganas, pero no me había atrevido a nada por mi esposa, aunque ya habíamos ido a comer y tomar unos tragos con la excusa del trabajo, jajajaja.

Me contaba cosas de su novio, sus padres, la universidad. Un día llegó muy acongojada; le dije: "¿Qué te pasa?". "Terminé con mi novio", me dijo y la verdad no quiero ir a casa". Entonces, zaaaaaaap, Dios existe, dije, comencé a dejar trabajo para la salida, para tener la empresa solo para los 2; ahí fue cuando le dije que hay algo pendiente si no te molesta quedarte. Dijo que claro que no; de todas maneras no quiero llegar a casa. Esperé a que todos se fueran; cuando nos quedamos los 2, le pregunté por la pelea con su novio. Contó blablablá como de 15 minutos. Entonces le dije: "Con razón te veo estresada". NECESITAS UN MASAJE Y MI PLAN COMENZÓ, JAJAJAJAJA.

Con un masaje suave en sus hombros, comencé a hablarle de lo inteligente, trabajadora, buena mujer que era y más cosas. Poco a poco se fue ablandando y decía cualidades de mi buen jefe: buen padre, buen marido, etc. Poco a poco yo le decía que si no fuera por mi compromiso y mis años de más, saldría con ella; entonces me dijo que los años no importan. Entonces le bese el cuello, le di un beso suave en la boca, y no se me quitó ni nada. Ahí seguí con uno más fuerte, y ella siguió el juego. Ahí le tomé de la mano y se la puse en mi verga.

Al principio la tocaba con curiosidad con la yema de los dedos; eso me calentaba. Luego le dije: "Te voy a ayudar a olvidar a ese estúpido". La tomé de la mano y la bajé de la silla y puse su mano en mi verga.

Luego me abrí la cremallera, saqué mi verga que ya estaba parada con esos toquecitos. La muy puta de una vez se la metió en la boca.

Empezó a comerla como Dios manda, con esos movimientos de experta que ya sabía muy bien; el novio la tenía muy bien entrenada, ya saben sus toquecitos de lengua en la punta y ese masajito cuando se la metía en la boca.


Después de esa mamada, comencé a acogérmela en el escritorio sin control; esa flaca tenía candela; se sabía mover con esas caderas y gemía como perra en celo.

La puse sobre la silla de los invitados y también le di sin control; excitaba ver cómo me miraba con el rabillo del ojo.

Al final de esta faena, bruscamente la tomé de la mano, la bajé de la silla y me vine en su boca, dejando mi leche en esos labios y esa carita de niña inocente que de inocente no tenía nada.

Me contaba cosas de su novio, sus padres, la universidad. Un día llegó muy acongojada; le dije: "¿Qué te pasa?". "Terminé con mi novio", me dijo y la verdad no quiero ir a casa". Entonces, zaaaaaaap, Dios existe, dije, comencé a dejar trabajo para la salida, para tener la empresa solo para los 2; ahí fue cuando le dije que hay algo pendiente si no te molesta quedarte. Dijo que claro que no; de todas maneras no quiero llegar a casa. Esperé a que todos se fueran; cuando nos quedamos los 2, le pregunté por la pelea con su novio. Contó blablablá como de 15 minutos. Entonces le dije: "Con razón te veo estresada". NECESITAS UN MASAJE Y MI PLAN COMENZÓ, JAJAJAJAJA.

Con un masaje suave en sus hombros, comencé a hablarle de lo inteligente, trabajadora, buena mujer que era y más cosas. Poco a poco se fue ablandando y decía cualidades de mi buen jefe: buen padre, buen marido, etc. Poco a poco yo le decía que si no fuera por mi compromiso y mis años de más, saldría con ella; entonces me dijo que los años no importan. Entonces le bese el cuello, le di un beso suave en la boca, y no se me quitó ni nada. Ahí seguí con uno más fuerte, y ella siguió el juego. Ahí le tomé de la mano y se la puse en mi verga.

Al principio la tocaba con curiosidad con la yema de los dedos; eso me calentaba. Luego le dije: "Te voy a ayudar a olvidar a ese estúpido". La tomé de la mano y la bajé de la silla y puse su mano en mi verga.

Luego me abrí la cremallera, saqué mi verga que ya estaba parada con esos toquecitos. La muy puta de una vez se la metió en la boca.

Empezó a comerla como Dios manda, con esos movimientos de experta que ya sabía muy bien; el novio la tenía muy bien entrenada, ya saben sus toquecitos de lengua en la punta y ese masajito cuando se la metía en la boca.


Después de esa mamada, comencé a acogérmela en el escritorio sin control; esa flaca tenía candela; se sabía mover con esas caderas y gemía como perra en celo.

La puse sobre la silla de los invitados y también le di sin control; excitaba ver cómo me miraba con el rabillo del ojo.

Al final de esta faena, bruscamente la tomé de la mano, la bajé de la silla y me vine en su boca, dejando mi leche en esos labios y esa carita de niña inocente que de inocente no tenía nada.
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