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Le fui infiel a mi esposo con unos malandros del barrio. Fue la primera vez que estuve con varios a la vez y lo termine disfrutando muchísimo.
Siempre me decían cosas de todo lo que me harían si llegaba a estar con ellos, que me tratarian cómo a una mujer le gusta y se merece y merecía gozar con un hombre de verdad, aún cuando estaba acompañada de mi esposo.
Mi esposo me defendía y a ellos no parecía importarles lo que dijera. A mí me ponía cachonda lo que me decían.
Después de una discusión fuerte con mi esposo sali a despejarme un rato, me los encontré por la calle y como estaba furiosa decidí irme con ellos para desquitarme. Me cogieron como quisieron toda la tarde.
Llegué a casa tarde en la noche, con las piernas temblando y el chocho adolorido, pero feliz, contenta y muy satisfecha. Dormí feliz. A mí esposo ni le preste atención.















Me cogí a los dos albañiles que trabajaron en mi casa. Los contrató mi esposo para unas reparaciónes.
Mi esposo se iba a trabajar y me dejaba a mi al pendiente de los trabajos que hacían. Y hacían su trabajo muy bien, el que les pidió mi esposo y el que les pedí yo de que me dieran bien duro que esas hermosas herramientotas que tenían.
Durante las dos semanas que estuvieron en mi casa me cogieron a diario cuando mi marido no estaba, siempre estábamos locos de él se fuera para poder disfrutar. Y después que se terminó el trabajo busco cualquier excusa para poder verme con ellos en algún hotel o en sus casas o en la mia cuando estoy sola.


















Soy profesora en una escuela de un barrio problematico y mis alumnos siempre eran un problema para mí. Eran groseros, maleducados, irresponsables y no respetaban la autoridad de nadie, así que tuve que buscar una forma de remediar esa situación.
La mejor forma que encontré fue hacer reuniones especiales con sus padres o hermanos mayores y darles una buena motivación para que los reprendan y los pongan en su sitio, y vaya que lo han hecho.
Ahora va todo mejor para todos. Mis alumnos aprenden, son disciplinados, respetan a los profesores y en especial a sus padres y hermanos y yo...
Pues yo disfruto cogiendo con esos rico papacitos en esas reuniones que tenemos después de que terminó de enseñar a sus hijos.













Desde la primera vez que mi esposo trajo a su compañero del trabajo a comer a la casa sentía un rico cosquilleo en la panocha cuando lo tenía cerca. Él lo notaba, no dejaba de mirarme con deseo.
No pasó mucho tiempo para que obtuviera mi número y empezaramos a enviarnos mensajes cada vez más picantes, y y cuando tuvimos la oportunidad echamos el primero de muchos polvos muy ricos y hace más de un año nos vemos a escondidas de mi marido.







Tengo más de 25 años casada y casi desde el principio le he puesto los cachos a mi marido con varios hombres de todo tipo. Pero sin duda con quien disfruto más es con algún macho negro y vergón.
He tenido varios amantes morenos y cada vez que conozco alguno no pierdo la oportunidad de probar una de esas monstruosas vergas que me hacen ver el cielo.
Aún después de todo sigo felizmente casada y mi esposo o en verdad no se ha enterado de nada o se hace bien el pendejo.











Le fui infiel a mi esposo con unos malandros del barrio. Fue la primera vez que estuve con varios a la vez y lo termine disfrutando muchísimo.
Siempre me decían cosas de todo lo que me harían si llegaba a estar con ellos, que me tratarian cómo a una mujer le gusta y se merece y merecía gozar con un hombre de verdad, aún cuando estaba acompañada de mi esposo.
Mi esposo me defendía y a ellos no parecía importarles lo que dijera. A mí me ponía cachonda lo que me decían.
Después de una discusión fuerte con mi esposo sali a despejarme un rato, me los encontré por la calle y como estaba furiosa decidí irme con ellos para desquitarme. Me cogieron como quisieron toda la tarde.
Llegué a casa tarde en la noche, con las piernas temblando y el chocho adolorido, pero feliz, contenta y muy satisfecha. Dormí feliz. A mí esposo ni le preste atención.















Me cogí a los dos albañiles que trabajaron en mi casa. Los contrató mi esposo para unas reparaciónes.
Mi esposo se iba a trabajar y me dejaba a mi al pendiente de los trabajos que hacían. Y hacían su trabajo muy bien, el que les pidió mi esposo y el que les pedí yo de que me dieran bien duro que esas hermosas herramientotas que tenían.
Durante las dos semanas que estuvieron en mi casa me cogieron a diario cuando mi marido no estaba, siempre estábamos locos de él se fuera para poder disfrutar. Y después que se terminó el trabajo busco cualquier excusa para poder verme con ellos en algún hotel o en sus casas o en la mia cuando estoy sola.


















Soy profesora en una escuela de un barrio problematico y mis alumnos siempre eran un problema para mí. Eran groseros, maleducados, irresponsables y no respetaban la autoridad de nadie, así que tuve que buscar una forma de remediar esa situación.
La mejor forma que encontré fue hacer reuniones especiales con sus padres o hermanos mayores y darles una buena motivación para que los reprendan y los pongan en su sitio, y vaya que lo han hecho.
Ahora va todo mejor para todos. Mis alumnos aprenden, son disciplinados, respetan a los profesores y en especial a sus padres y hermanos y yo...
Pues yo disfruto cogiendo con esos rico papacitos en esas reuniones que tenemos después de que terminó de enseñar a sus hijos.













Desde la primera vez que mi esposo trajo a su compañero del trabajo a comer a la casa sentía un rico cosquilleo en la panocha cuando lo tenía cerca. Él lo notaba, no dejaba de mirarme con deseo.
No pasó mucho tiempo para que obtuviera mi número y empezaramos a enviarnos mensajes cada vez más picantes, y y cuando tuvimos la oportunidad echamos el primero de muchos polvos muy ricos y hace más de un año nos vemos a escondidas de mi marido.







Tengo más de 25 años casada y casi desde el principio le he puesto los cachos a mi marido con varios hombres de todo tipo. Pero sin duda con quien disfruto más es con algún macho negro y vergón.
He tenido varios amantes morenos y cada vez que conozco alguno no pierdo la oportunidad de probar una de esas monstruosas vergas que me hacen ver el cielo.
Aún después de todo sigo felizmente casada y mi esposo o en verdad no se ha enterado de nada o se hace bien el pendejo.











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