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So hubiera sido mujer 1

— Sentate arriba mío de una vez y haceme cabalgar como la yegua que sos. Me ordenó mi bully, tirándome del pelo contra el piso de cemento alisado mientras se bajaba el jean a los tirones.
Caí a horcajadas sobre sus caderas y, con las tetas al aire rebotando con cada movimiento, empecé a saltar furiosa sobre su verga con la desesperación de una perra en celo.
— ¡Ay, por Dios, cómo me entra, no aflojes más! Le dije con la voz rota de placer, clavándole las uñas en los pectorales sudados y moviendo la cintura a mil por hora.
— ¡Eso, rebotame bien las tetas en la cara y tragate cada estocada, pelotuda! Me gritó él con los ojos inyectados en sangre, agarrándome de la cadera para golpearme con más fuerza todavía.
— ¡Haceme mierda, cojeme hasta romperme toda la concha! Le supliqué con la respiración entrecortada, apretando el culo y bajando con todo el peso de mi cuerpo hasta que me corrió adentro en medio de gritos y manotazos.
So hubiera sido mujer 1

Me quedé helada, con los ojos abiertos como platos y la boca semiabierta, apenas el turro del barrio se bajó el boxer y dejó ese monstruo venoso e inflamado a centímetros de mi cara.
— ¿Qué pasa, te asustaste con semejante bulto, perrita? Se burló él con una sonrisa canchera, sacudiéndome la verga pesada casi rozándome la nariz.
— No puedo creer el tamaño que tiene esto... Le dije tragando saliva con la garganta seca, sintiendo cómo el olor a transpiración y macho me mareaba por completo.
— Dejate de pavadas y ponete en la boca si querés saber cómo se siente en la boca, dale. Me ordenó el turro, agarrándome de la nuca sin dudar ni un segundo.
argentina


Me acerqué al living de casa con la bikini puesta y el sol pegándome en la espalda, pero mi única misión era terminar directo de rodillas entre las piernas de mi bully.
— Arrodillate y abrime la boca, que hoy te toca trabajar temprano. Me ordenó él, acomodándose el bulto con total desinterés.
Apenas le envolví el miembro con los labios, me agarró con saña del corpiño y del pelo, hundiéndome la cabeza de un solo golpe seco contra su entrepierna.
— ¡Kkh... mmmf...! Se me escabulleron las lágrimas al instante, ahogándome con semejante garganta profunda que me hacía lagrimear hasta el alma.
— ¡Tragatela toda hasta el fondo, perra, que para eso estás en mi casa! Me gritó el hdp, dándome otra estocada en la boca que casi me parte la garganta.
turro

Me quedé tiritando, apoyada con las manos y el pecho contra el borde de la cama, esperando a que mi bully decidiera abrirme el cuerpito.
— Date vuelta y levantame bien el culo, que hoy te voy a romper por atrás. Me ordenó él con voz ronca, escupiéndose la mano para lubricar.
Sin dudarlo un segundo, me encajó esa verga gorda y pesada directo en mi pequeño culo, haciéndome arquear los riñones del dolor.
— ¡Ay, por Dios, me rompiste al medio, aflojá un poco! Le supliqué apretando las sábanas con los nudillos blancos y las piernas temblando.
— ¡Aflojá el orto vos, trola, si te encanta que te deje sin aire! Me escupió al oído, dándome una estocada salvaje tras otra hasta dejarme mareada.
bully

No tuve ni un segundo de códigos cuando vi al amigo de mi hermano sentado en la cama sin pantalones y con la verga erecta flameando en el aire.
— ¿Qué pasa, te quedaste con las ganas de probar la carne de los grandes? Me dijo él con una sonrisa canchera, estirando las piernas.
Me tiré de rodillas a sus pies sin pensarlo y le rodearé el miembro con los labios, empezando a chupárselo con desesperación absoluta.
— ¡Mmmgh... ah...! Me ahogué de golpe cuando, sin avisar, me levantó la cadera de prepo y me empujó su miembro caliente directo a la boca.
— ¡Eso, tragate todo lo de los pibes de barrio, golosa! Me gritó riéndose, agarrándome de la nuca para seguir usándome de juguete.
gender bender

Me acurruqué contra su pecho simulando ver una película en el sillón, pero apenas sentí cómo su miembro se ponía duro y se me clavaba directo en los riñones, se me aflojó el cuerpo entero.
— Quedate quietita y abrime las nalgas para atrás, dale. Me susurró mi amigo al oído, metiéndome una mano por debajo del buzo para apretarme un teta.
— S-sí... hacémelo despacito... Le dije mordiéndome el labio con los ojos cerrados de la vergüenza y el morbo.
Sin decir nada más, me empujó la verga entera dentro del culo con una sola estocada lenta y profunda que me hizo arquear la espalda.
— Mmmh... qué apretadito que lo tenés, perra, relajate y recibime toda esta pijita. Me dijo él abrazándome fuerte de la cintura mientras empezaba a darme embestidas suaves contra el respaldo.
De hombre a mujer

Terminé tirada boca arriba en el colchón hecho pelota, con las sábanas revueltas y las piernas temblando mientras el turro del barrio me doblaba una pierna contra el pecho sin darme respiro.
— Abrí bien esa concha y aguantame los últimos tiros, turrita. Me ordenó él, agarrándome del tobillo con fuerza bruta.
— ¡Ay, por Dios, me rompés toda... no aflojes! Le dije gritando bajito, sintiendo cómo sus embestidas salvajes me sacudían todo el torso.
Apretó los dientes, se me vino adentro de la vagina con un chorro caliente y pesado, y me dejó ahí tirada, con las piernas abiertas y empapada en sus fluidos.
— Bien ahí, te dejé bien llena de leche, perra. Se burló el turro acomodándose el pantalón antes de irse de la pieza.
turito

El turro del barrio seguía arriba mío, pesado, transpirado y oliendo a porro y vino, embistiéndome sin piedad a pesar de que ya se había corrido adentro mío hacía un rato largo.
— ¿Qué te pensás, que ya terminaste? A mí no me importa nada, te voy a coger hasta que me aburra. Me siseó él con una sonrisa perversa en la cara.
— S-sí... seguí cogiéndome... Le dije con la voz rota y la vista perdida en el techo de chapa, sin poder frenar semejante abuso.
Sentía perfectamente cómo el semen caliente que me había dejado adentro se desbordaba y chorreaba por mis muslos con cada estocada nueva y ruda que me daba.
— Miren cómo chorrea esta concha, sos una insaciable de mierda. Me bardeó el turro, dándome un cachetazo seco en la pierna mientras aceleraba el ritmo sin piedad.
So hubiera sido mujer 1

Los pibes del barrio me habían acorralado sola en la esquina y, a la fuerza, me hicieron caer de rodillas sobre el cemento frío de la cortada. Uno de los delincuentes se abrió el pantalón y me sacó una verga enorme y sudada directo a la altura de la boca.
— A ver cómo atendés a la banda, perra, abrime bien la boca y no me manchéis con los dientes. Me ordenó el turro, agarrándome fuerte de los pelos de la nuca.
— S-sí... dejámela acá, te la voy a chupar bien... Le dije temblando, con los ojos llenos de lágrimas de pura humillación.
— ¡Tomá, tragátela toda de golpe y aguantá las arcadas, trola! Me gritó él, dejándome caer la verga con violencia una y otra vez contra los labios y haciéndome chocar contra los dientes sin piedad.
— ¡Mmmh... mmmf! Le gimi ahogada y sumisa, dejándome usar como un trapo mientras los demás se reían mirándome desde arriba.
argentina

— Quedate quieta y abrime bien las cachas, que hoy te cojo a pelo porque se me canta las pelotas. Me siseó el turro al oído mientras yo me acomodaba boca abajo en el colchón.
— S-sí... cogeme a pelo, haceme tuya sin nada... Le dije mintiéndole y fingiendo una desesperación caliente, mientras disimuladamente le sacaba el preservativo del bolsillo del jean sin que se avive.
— ¡Eso, qué bien sabés entregarte, pedazo de puta! Me rugió él de inmediato, clavándome su verga gorda y caliente directo en la concha sin ningún tipo de protección.
— ¡Ay, por Dios, cómo me entra, llename bien adentro! Le supliqué chillando de falso placer, apretando el culo y sintiendo cada estocada cruda.
— ¡Tomá todo el chorro, te voy a vaciar la concha hasta que no te quede alma! Gritó el chabón, dándome la última embestida antes de corrérseme adentro sin asco.
turro

Mi bully me agarró por la espalda de sorpresa en medio de la pieza, me tiró de los pelos hacia adelante y me obligó a ponerme en cuatro sobre el piso. Sin sacarme la ropa del todo, me levantó la remera y me encajó su verga gigante y pesada directo en el culo de un solo golpe seco.
— ¡Aiaaaah! ¡No, por el orto no, me vas a partir al medio! Grité ahogada por el dolor agudo, apoyando los puños contra el suelo para no caerme.
— ¡Cerrá el orto y aguantá, que para eso estás, maldita esclava! Me retó él con furia, agarrándome de las caderas para empezar a martillarme sin anestesia.
— ¡Mmmh... sí... más fuerte... reviente el culo! Le mentí llorando y arqueando la espalda para complacerlo, sintiendo cómo el esfínter se me desgarraba con cada embestida.
— ¡Mirá cómo te tiemblan las piernas, perra, te encanta que te rompa la cola! Se burló el maldito, dándome los últimos manotazos hasta vaciarse adentro y dejarme totalmente aflojada y temblando de rodillas.
bully

Caminaba descalza por la cocina con un bikini diminuto que apenas me cubría lo justo, llevando la taza humeante en la mano mientras le menendaba el culo y le dejaba las tetas a la vista a mi bully en la mesa.
— Mirá cómo te paseás en pelotas sabiendo exactamente cómo me ponés, tarada. Me dijo él con la voz ronca, agarrándome de la cintura de un tirón seco y tirándome la taza a un costado.
— ¡Ay, pará, se va a caer el café! Le dije soltando una risa nerviosa, sintiendo su mano áspera metiéndose directo entre la tela del bikini para tantearme la concha chorreante.
— Me importa un carajo el café, vení para acá que te voy a usar en el piso antes de arrancar el día. Me ordenó el turro, levantándome en el aire sin piedad.
— ¡Sí, tirame al piso y haceme mierda de una vez! Le dije completamente mojada, abriéndole las piernas con desesperación mientras me aplastaba contra los mosaicos fríos.
gender bender

Estaba tirada boca abajo en el colchón, con las piernas temblando y el cuerpo completamente estrujado después de la paliza anal que acababa de darme mi bully sin anestesia.
— Bueno, perra, ya te destrocé bastante por hoy. Me dijo él sacándose la verga de golpe y acomodándose el pantalón con total desinterés.
— Mmmh... dios... me duele todo el orto... Le dije con la voz rota, apoyando la frente contra las sábanas sudadas y sin poder juntar las rodillas del ardor.
— Mirá cómo te dejé el agujero, pajera, se te abre y se te cierra chorreando mi leche como un grifo roto. Se burló mi bully parado en medio de la pieza, señalándome el culo destrozado con una sonrisa sádica.
— Sos un hijo de puta... le dije en un hilo de voz, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia, mientras veía cómo se iba de la habitación dejándome abierta y sola.
De hombre a mujer

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