Desde que mi bully se enteró de mi transformación, me entregó a sus amigos como si fuera un regalo. Así me tienen ahora: cogida por tres negros en el galpón del fondo, cada uno usando un agujero diferente de mi nuevo cuerpo. Siento una verga en la boca, otra en la vagina y la de mi bully rompiéndome el culo, todo al mismo tiempo. Lo hace para demostrarme que, aunque ahora tenga curvas, sigo siendo su juguete, solo que ahora me usa de la forma más sucia posible

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Me enganchó en el baño del boliche, me levantó el vestido y me puso en cuatro contra el lavamanos. Me agarra del pelo con una fuerza que me hace lagrimear y me estampa la cara contra el espejo para que vea bien quién soy ahora. "Mirate la cara de puta que ponés cuando te la pongo, perra", me susurra mientras me embiste. Me obliga a mirar cómo mis ojos se ponen en blanco mientras me rompe toda en ese baño mugriento.

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Así me tiene mi bully en el pasillo de su casa: totalmente desnuda y estampada contra la pared fría. Me obliga a girar la cabeza para que vea cómo su verga negra entra y sale de mi culo dilatado. Ver ese contraste, mi piel blanca y suave contra su oscuridad rompiéndome por atrás, me hace dar cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Soy su depósito anal personal.

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Me hizo comprar la lencería más sexy y reveladora que encontró, de esas que no tapan nada. Me obliga a acostarme sobre él mientras está boca arriba y me ordena que le chupe la verga. Pero no me deja hacerlo a mi ritmo; él me agarra la cabeza con las dos manos y me la empuja cada vez más adentro de la boca, dándome arcadas, recordándome que mi garganta le pertenece.

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Me hace ponerme boca abajo, con el culo bien arriba, totalmente en bolas. Él apoya su verga enorme contra mi raya, sintiendo mi calor, y me ordena que mueva el culo rítmicamente, que lo trabaje para él. "Dale, movelo como la perrita que sos", me dice mientras me da nalgadas. Tengo que seducirlo con mis movimientos hasta que él decida que es momento de entrar.

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En la misma posición, boca abajo y entregada, me obliga a agarrar mi celular. Tengo que grabarme yo misma mientras él me hace su puta, enfocando bien cómo me penetra y cómo mi cuerpo reacciona a su brutalidad. Ese video es su trofeo; lo usa para recordarme que si no obedezco, todo el barrio va a ver cómo me deja el culo de abierto.

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A veces ni siquiera espera a que me desvista. Me agarra las tetas por arriba de la remera en medio de la calle o frente a sus amigos, apretándome con una posesividad que me corta el aliento. Es su forma de marcar territorio, de que todos vean que esas tetas nuevas tienen un solo dueño.

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Me hace ponerme de rodillas, totalmente humillada y desnuda en el piso. Mi tarea es lamerle y chuparle las bolas con devoción mientras con las manos le pajeo la verga, preparándolo para lo que me va a hacer después. Me trata como a una sirvienta sexual que solo vive para que él esté satisfecho.

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Me hace levantarme la falda en el medio de la plaza de noche y me obliga a tocarme mientras veo su gran verga moviéndose adelante de mi cara. Me hace mojar mis dedos y luego llevármelos a la boca mientras le ruego que me la meta. Disfruta de verme desesperada por su leche.

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Otra vez frente al espejo, en cuatro, pero esta vez es el final. Me rompe el culo con una saña impresionante hasta que siente que va a explotar. Se viene adentro mío, llenándome el culo de leche caliente, y me obliga a mirar en el reflejo cómo su semen empieza a chorrear por mis piernas. "Mirá cómo te dejé el culo, perra, sos pura semen, Jajaja".

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Me hace ponerme de rodillas frente al espejo con la lencería nueva y me obliga a mandarle videos a su celular diciendo cosas humillantes. "Soy la puta de mi dueño, me encanta que me rompa el culo y me use". Tengo que repetir cada palabra que él me dicta, grabando mi propia rendición para que él la vea cuando quiera.

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Esta es la más arriesgada: me hace ponerme abajo de la barra del bar mientras él habla con mi viejo y le sirve un trago. Mi viejo piensa que él es un buen amigo, pero la realidad es que yo estoy ahí abajo, arrodillada, chupándole la verga con desesperación para que no haga ruido. El peligro de que mi papá me descubra me vuelve loca, y mi bully se ríe mientras me empuja la cabeza hacia su bragueta.

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Me enganchó en el baño del boliche, me levantó el vestido y me puso en cuatro contra el lavamanos. Me agarra del pelo con una fuerza que me hace lagrimear y me estampa la cara contra el espejo para que vea bien quién soy ahora. "Mirate la cara de puta que ponés cuando te la pongo, perra", me susurra mientras me embiste. Me obliga a mirar cómo mis ojos se ponen en blanco mientras me rompe toda en ese baño mugriento.

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Así me tiene mi bully en el pasillo de su casa: totalmente desnuda y estampada contra la pared fría. Me obliga a girar la cabeza para que vea cómo su verga negra entra y sale de mi culo dilatado. Ver ese contraste, mi piel blanca y suave contra su oscuridad rompiéndome por atrás, me hace dar cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Soy su depósito anal personal.

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Me hizo comprar la lencería más sexy y reveladora que encontró, de esas que no tapan nada. Me obliga a acostarme sobre él mientras está boca arriba y me ordena que le chupe la verga. Pero no me deja hacerlo a mi ritmo; él me agarra la cabeza con las dos manos y me la empuja cada vez más adentro de la boca, dándome arcadas, recordándome que mi garganta le pertenece.

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Me hace ponerme boca abajo, con el culo bien arriba, totalmente en bolas. Él apoya su verga enorme contra mi raya, sintiendo mi calor, y me ordena que mueva el culo rítmicamente, que lo trabaje para él. "Dale, movelo como la perrita que sos", me dice mientras me da nalgadas. Tengo que seducirlo con mis movimientos hasta que él decida que es momento de entrar.

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En la misma posición, boca abajo y entregada, me obliga a agarrar mi celular. Tengo que grabarme yo misma mientras él me hace su puta, enfocando bien cómo me penetra y cómo mi cuerpo reacciona a su brutalidad. Ese video es su trofeo; lo usa para recordarme que si no obedezco, todo el barrio va a ver cómo me deja el culo de abierto.

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A veces ni siquiera espera a que me desvista. Me agarra las tetas por arriba de la remera en medio de la calle o frente a sus amigos, apretándome con una posesividad que me corta el aliento. Es su forma de marcar territorio, de que todos vean que esas tetas nuevas tienen un solo dueño.

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Me hace ponerme de rodillas, totalmente humillada y desnuda en el piso. Mi tarea es lamerle y chuparle las bolas con devoción mientras con las manos le pajeo la verga, preparándolo para lo que me va a hacer después. Me trata como a una sirvienta sexual que solo vive para que él esté satisfecho.

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Me hace levantarme la falda en el medio de la plaza de noche y me obliga a tocarme mientras veo su gran verga moviéndose adelante de mi cara. Me hace mojar mis dedos y luego llevármelos a la boca mientras le ruego que me la meta. Disfruta de verme desesperada por su leche.

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Otra vez frente al espejo, en cuatro, pero esta vez es el final. Me rompe el culo con una saña impresionante hasta que siente que va a explotar. Se viene adentro mío, llenándome el culo de leche caliente, y me obliga a mirar en el reflejo cómo su semen empieza a chorrear por mis piernas. "Mirá cómo te dejé el culo, perra, sos pura semen, Jajaja".

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Me hace ponerme de rodillas frente al espejo con la lencería nueva y me obliga a mandarle videos a su celular diciendo cosas humillantes. "Soy la puta de mi dueño, me encanta que me rompa el culo y me use". Tengo que repetir cada palabra que él me dicta, grabando mi propia rendición para que él la vea cuando quiera.

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Esta es la más arriesgada: me hace ponerme abajo de la barra del bar mientras él habla con mi viejo y le sirve un trago. Mi viejo piensa que él es un buen amigo, pero la realidad es que yo estoy ahí abajo, arrodillada, chupándole la verga con desesperación para que no haga ruido. El peligro de que mi papá me descubra me vuelve loca, y mi bully se ríe mientras me empuja la cabeza hacia su bragueta.
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