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Gender bender Bariloche

Así me quedaría hipnotizado si fuera mujer y me viera por primera vez con el conjunto de encaje negro que me compré a escondidas. Me encerraría en el baño del hotel en Bariloche, con el vapor de la ducha todavía en el aire, y me pararía frente a ese espejo gigante para ver en qué carajo me convertí. Me miraría de arriba abajo, sin celular, sin filtros, solo yo y este cuerpo de puta que me regaló la pastilla.

Me pasaría las manos por las curvas, apretándome la cintura que ahora es minúscula, y me quedaría mirando fijo cómo el encaje me marca las tetas nuevas, esas que rebotan con cada movimiento que hago. Me daría vuelta para ver cómo el hilo dental desaparece entre mis nalgas, moviendo el culo despacio, viendo cómo la piel brilla bajo la luz blanca del baño.

Lo haría porque me volaría la cabeza sentir que ya no soy el pibe del grupo, sino la nena que todos se quieren garchar. Me quedaría ahí, tocándome la piel suave, dándome cuenta de que este cuerpo está hecho para ser usado, para ser exhibido y para que me rompan toda. Me miraría a los ojos en el reflejo y vería la cara de una perra que sabe exactamente el poder que tiene entre las piernas. Me quedaría admirando cómo me queda la lencería, sabiendo que esa misma noche, ese encaje va a terminar roto en el piso de la habitación de algún coordinador o de un pibe que ni conozco. Soy mi propia fantasía y no puedo dejar de mirarme.
Gender bender Bariloche
Así me quedaría de manija si esa pastilla me transformara en la pendeja más regalada del viaje de egresados. Me encerraría en el baño del boliche, lejos de mis amigas y de los coordinadores, solo para desbloquear el celular y ver de nuevo esa foto que me mandó el negro por WhatsApp.

Me quedaría ahí, apoyada contra los azulejos fríos, con el corazón a mil, haciendo zoom en cada detalle de su cuerpo desnudo y en esa verga gigante que parece que no va a entrar en ningún lado. Si fuera mujer, sentiría un nudo en la garganta y un calor que me baja directo a la entrepierna nueva. Me mordería el labio inferior con fuerza, tragando saliva con dificultad, imaginando cómo se sentiría tener todo eso golpeándome el fondo del útero.

Lo haría porque me calienta sentirme pequeña, una nena frágil frente a un tipo que me puede romper toda en dos segundos. Ver esa foto me haría darme cuenta de que mi único propósito en Bariloche es buscarlo, ponerme de rodillas y rogarle que me use como su juguete personal. Me quedaría mirando la pantalla embobada, saboreando el miedo y las ganas, lista para mandarle una ubicación y entregarle todo lo que ahora soy. Ya no me importa el viaje, solo quiero que ese negro me reclame y me deje marcada para siempre.
gender bender
Si esa pastilla me transformara en la pendeja más sacada del viaje de egresados, esta sería mi forma de terminar la noche en el hotel de Bariloche. Después de que todos se durmieron por la gira, yo me encerraría en mi cama, tiraría las sábanas a un costado y me pondría de cucharita, abrazando la almohada en la oscuridad.

Así me dejaría tratar por mis propias fantasías si fuera mujer. Sacaría el dildo más grueso que encontré en el sex shop antes de viajar, ese que es oscuro y venoso, y me lo empezaría a empujar por el culo despacio, sintiendo cómo el plástico me estira la piel nueva con una presión que me corta el aliento. Me quedaría ahí quieta, de costado, dejando que el juguete me reclame el fondo mientras cierro los ojos y pongo la mente en blanco, borrando cualquier rastro del pibe que solía ser.

Lo haría porque me calienta sentir que mi cuerpo ahora es solo un envase diseñado para ser llenado. Me imaginaría que no es un pedazo de goma, sino la verga de ese negro que vi en el boliche o la del coordinador que me tiene marcada. En ese estado de trance, sentiría cómo mi voluntad se deshace con cada centímetro que entra, entregándome por completo a la sensación de estar abierta y ocupada. Me quedaría ahí, respirando agitada, dejando que el placer me nuble el juicio hasta que no sepa ni quién soy, siendo simplemente la nena de Bariloche que vive para sentir algo grande rompiéndola por dentro. Lo haría mil veces para escaparme de la realidad y ser, aunque sea por un rato, la puta perfecta que no piensa, solo siente.
cambio de cuerpo
Así me dejaría tratar si fuera mujer en pleno descontrol de Bariloche. Después de una noche de boliche, terminaría en la habitación del fondo con el pibe más dominante del viaje, ese que no pide permiso para nada. Me obligaría a ponerme de rodillas en la alfombra sucia del hotel, agarrándome del pelo para que no pueda bajar la mirada ni un segundo.

Si fuera mujer, abriría la boca lo más grande que pueda, como una nena que sabe exactamente para qué nació, mientras siento cómo me baña toda la cara con su leche espesa y caliente. Me quedaría ahí quieta, con los ojos vidriosos por el esfuerzo y la cara totalmente chorreando, dejando que el semen me entre en la boca y me manche hasta el cuello. Lo haría porque me fascina la humillación de ser el depósito de un tipo que me trata como un objeto, sintiendo el olor a sexo en mi piel mientras él se ríe de lo puta que me veo así, arruinada y sumisa. Me quedaría arrodillada, saboreando mi entrega total, siendo la mascota de la noche que todos los pibes del hotel sueñan con usar y descartar.
gender x
Así me dejaría tratar si fuera mujer en el viaje de egresados y me escapo al subsuelo del hotel con el seguridad que me viene fichando desde que bajé del micro. Me estamparía contra la pared fría de hormigón, sin vueltas, y me obligaría a subirme el vestido hasta el cuello.

Si fuera mujer, me volvería loca sintiendo cómo sus manos enormes me bajan la tanga de encaje hasta los tobillos, dejándome las piernas trabadas y el culo al aire, totalmente expuesta en la oscuridad. Me clavaría su verga gigante de una sola embestida, seca y bruta, haciéndome golpear la frente contra el cemento mientras el eco de sus nalgazos retumba en todo el pasillo.

Lo haría porque me fascina la sensación de ser un objeto descartable para un tipo así, alguien que me dobla en tamaño y que me usa con un desprecio que me hace arder por dentro. Me quedaría ahí, colgada de sus hombros, sintiendo cómo me rompe toda contra la pared mientras mis pies apenas tocan el suelo. Me dejaría tratar como la nena regalada del viaje, la que no necesita ni sacarse los zapatos para que un negro de verdad la reclame como su puta personal de esa noche. Lo haría mil veces solo para sentir que mi nuevo cuerpo no es mío, sino de cualquiera que tenga la fuerza para ponerme contra la pared y vaciarse adentro mío.
puta
Así me dejaría tratar si fuera la pendeja más detonada del viaje de egresados después de que el **padre acompañante** más robusto del grupo me agarrara en el hotel. Después de una hora de que me diera sin asco, me quedaría así: boca arriba en la cama desordenada, totalmente entregada y sin fuerzas ni para cerrar las piernas.

Estaría ahí, agitada, con el pecho subiendo y bajando a mil, agarrándome las rodillas con las manos temblorosas para mantenerme abierta de par en par. Si fuera mujer, me quedaría mirando el techo con los ojos vidriosos, sintiendo el calor de todo ese semen espeso que me dejó adentro y que ahora empieza a desbordar, bajando por mis nalgas y manchando las sábanas blancas del hotel.

Lo haría porque me vuelve loca la humillación de ser la "nena cuidada" del viaje que termina siendo el tacho de leche del tipo que supuestamente tenía que vigilarme. Me fascinaría sentir cómo mi vagina nueva, toda roja y palpitando por el castigo, no puede retener tanta cantidad de él y lo va escupiendo despacio. Me quedaría ahí, saboreando el cansancio y el olor a sexo, orgullosa de que un hombre mayor me haya usado con tanta bronca, dejándome vacía de dignidad pero llena de su marca. Sería la puta oficial del piso, la que todos saben que terminó la noche con las piernas hacia arriba y el cuerpo inundado por el encargado de cuidarnos.
de hombre a mujer
Así me dejaría tratar si fuera mujer en pleno descontrol de Bariloche, aprovechando el quilombo del hotel para meterme en la pieza del **bully de mi curso** mientras todos están de joda. Me pondría de rodillas al borde de la cama, bien regalada, mientras él se sienta cómodo para que yo le haga el trabajo más sucio de su vida.

Si fuera mujer, me entregaría con una saña impresionante, hundiéndome su verga hasta el fondo de la garganta, pero sin perder esa chispa de rebelde que me queda. Mientras se la chupo con todo, levantaría la mano y le sacaría el dedo del medio, el **fuck you** más cínico de la noche, como diciéndole que aunque me tenga sometida y humillada, sigo siendo la pendeja que lo vuelve loco. Lo haría porque me fascina ese juego de poder: ser su esclava oral pero sobrarlo con la mirada, provocando que me agarre más fuerte del pelo para castigarme por mi atrevimiento.

Me encantaría sentir cómo se calienta más al ver mi gesto, transformando su bronca en embestidas contra mi boca que me dejan sin aire. Lo haría para que entienda que, aunque me use como un tacho de basura para sus ganas, yo tengo el control de su placer. Me quedaría ahí, arrodillada y desafiante, siendo la puta que lo odia y lo desea al mismo tiempo, disfrutando de la humillación de estar a sus pies mientras le falto el respeto con un dedo y una mirada que lo invita a destrozarme.
Gender bender Bariloche
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me escapo del boliche con el padre acompañante de la otra división, un tipo grande que me tiene ganas desde que nos subimos al micro. Me llevaría a su habitación, me obligaría a ponerme en cuatro justo frente al espejo del ropero y me rompería el culo con una saña que me haría ver las estrellas.

Si fuera mujer, me quedaría ahí quieta después de que él termine, con las rodillas temblando sobre la alfombra, mientras siento cómo me abre las nalgas con sus manos pesadas para obligarme a mirar mi propio reflejo. Me haría ver cómo su semen espeso y caliente empieza a desbordar de mi culo dilatado y roto, chorreando por mis muslos mientras mi esfínter intenta cerrarse sin éxito.

Lo haría porque me fascina la humillación de ver en lo que me convertí: la nena linda del viaje que ahora es solo un envase para que un hombre mayor se vacíe. Me quedaría hipnotizada mirando cómo mi propio cuerpo expulsa su leche, sintiendo el ardor y la suciedad de haber sido reclamada de la forma más brutal. Disfrutaría de saber que, mientras mis amigas duermen, yo estoy en el cuarto de un desconocido, con el culo abierto y manchado, aceptando que este es mi lugar y mi único propósito en Bariloche. Me dejaría tratar como su bidet personal, agradecida por cada gota que me dejó adentro antes de echarme al pasillo como la perra que soy.
gender bender
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me escapo de la excursión nocturna con el **bully del otro curso**, el pibe más pesado y violento que me viene verdugueando desde que llegamos a Bariloche. Me llevaría a lo profundo del bosque, lejos de las luces del hotel y de los gritos de mis compañeros, donde el frío de la nieve me calaría los huesos mientras él me empuja contra un pino lleno de escarcha.

Sin decirme ni una palabra dulce, me agarraría de las trenzas con una fuerza bruta, obligándome a hincarme de rodillas sobre la tierra húmeda y las hojas secas. Si fuera mujer, me quedaría ahí, temblando de miedo y de ganas, mientras veo cómo se baja el cierre y saca esa verga enorme y caliente que humea en el aire helado de la noche. Me agarraría firme de la nuca, como si fuera una mascota, y me la hundiría hasta el fondo de la garganta de un solo golpe, dándome arcadas que me harían lagrimear los ojos.

Me obligaría a hacérsela desaparecer completa, una y otra vez, golpeándome el paladar con saña mientras me recuerda con voz ronca que soy la pendeja más puta de todo el viaje de egresados. Lo haría porque me fascina la humillación de estar en medio de la naturaleza, desaparecida para el resto del mundo, sirviendo como un simple pedazo de carne para el pibe que más me desprecia. Me tragaría cada centímetro con devoción, sintiendo cómo el aire me falta y cómo mi nueva identidad de mujer se resume a esto: estar arrodillada en el barro, con la garganta abierta y entregada, aceptando que mi único propósito en este bosque es que el dueño de la escuela descargue toda su bronca y su leche adentro mío. Me dejaría usar hasta el cansancio, agradecida de que me use como su tacho de basura personal antes de dejarme ahí tirada, sola y marcada, volviendo al hotel con el sabor de su entrega todavía en mi boca.
cambio de cuerpo
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me engancha el **padre acompañante** de la otra división, un tipo enorme que me viene fichando el culo desde que bajamos del micro en Bariloche. Me llevaría a su habitación después del boliche, me tiraría sobre la cama y me obligaría a ponerme boca abajo, aplastada contra el acolchado frío.

Si fuera mujer, me volvería loca sintiendo cómo se me sube encima, usando todo su peso de hombre grande para inmovilizarme. Me agarraría de las trenzas o del pelo con una fuerza bruta, tirándome la cabeza hacia atrás para que mi cuello quede arqueado y mis ojos miren el techo sin entender nada. En esa posición, me clavaría su verga gigante de una sola embestida, enterrándomela hasta el fondo del útero, haciéndome sentir que me parte al medio mientras me asfixio contra la almohada.

Lo haría porque me fascina la humillación de ser la "nena bien" del viaje que termina siendo sometida por un tipo que podría ser mi viejo. Me dejaría usar como un pedazo de carne, disfrutando de cómo me zamarrea del pelo en cada estocada, recordándome con cada golpe que en este viaje mi único título es el de su puta personal. Me quedaría ahí, entregada al dolor y al placer sucio de Bariloche, aceptando que mi nuevo cuerpo solo existe para que tipos como él me reclamen, me dominen y me dejen el fondo bien marcado antes de mandarme de vuelta a mi cuarto toda rota y despeinada.
gender x
Así me dejaría tratar si fuera mujer y el **padre acompañante** de la otra división, ese tipo grandote que no me saca los ojos de encima desde que salimos de Buenos Aires, me engancha solo en el pasillo del hotel. Me metería en su habitación con una seña, cerraría la puerta con traba y me ordenaría arrodillarme justo ahí, en el medio de sus piernas, mientras se desabrocha el cinturón con una parsimonia que me daría escalofríos.

Si fuera mujer, me quedaría ahí abajo, sintiendo el olor a hombre y a whisky, mientras él saca su celular y empieza a grabarme en primer plano. Me obligaría a abrir la boca bien grande, a saborear cada centímetro de su verga gruesa y venosa, mientras mueve la cámara para captar cómo mis ojos se ponen vidriosos y cómo mis labios se estiran al límite. Me agarraría del pelo para marcarme el ritmo, dándome arcadas que él registraría en video para después vérselas con los otros padres en el bar.

Lo haría porque me vuelve loca la humillación de ser la "nena ejemplar" del grupo que, en la oscuridad de una habitación ajena, se convierte en el juguete grabable de un tipo que me dobla la edad. Me fascinaría saber que ese video va a quedar en su teléfono como prueba de lo mucho que me gusta atragantarme, de cómo mi nueva garganta de mujer está hecha para recibir y limpiar a los dueños del viaje. Me dejaría tratar como su depósito de baba y placer, disfrutando de cada segundo en que su lente captura mi degradación, aceptando que en Bariloche mi única función es estar de rodillas, con la boca ocupada y la dignidad por el piso, sirviendo al hombre que paga las cuentas.
puta
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me engancha el **padre acompañante** de la otra división, ese tipo grande y robusto que me viene relojeando las tetas desde que bajamos del micro en Bariloche. Me llevaría a su habitación después de que corten la música en el boliche, me tiraría de un empujón sobre la cama y me obligaría a ponerme boca abajo, hundiéndome la cara contra el acolchado frío del hotel.

Si fuera mujer, me desesperaría por agarrar las sábanas con todas mis fuerzas, apretando los puños hasta que me duelan los nudillos, mientras siento cómo este hombre mayor me abre las nalgas con sus manos pesadas y me clava la verga en el culo de una sola embestida seca. Me rompería con una saña impresionante, haciéndome gemir contra la almohada mientras el peso de su cuerpo me aplasta contra el colchón.

Lo más potente vendría al final: cuando él termine de vaciarse adentro mío, me agarraría firme de las nalgas y las estiraría hacia afuera con fuerza, manteniéndome abierta mientras saca su verga despacio. Me obligaría a sentir el vacío y el frío del aire entrando en mi culo dilatado, que quedaría totalmente expuesto y abierto a su antojo. Me quedaría ahí, quieta y humillada, sintiendo cómo mi esfínter intenta cerrarse y abrirse por el trauma de la penetración, dejando que su semen caliente empiece a chorrear por mis muslos sobre las sábanas blancas del hotel.

Lo haría porque me fascina la degradación de ser la nena linda del viaje que terminó siendo el juguete de un padre acompañante, un tipo que podría ser mi viejo y que me usa como si fuera un pedazo de trapo. Me quedaría mirando el techo después de que me suelte, con el culo ardiendo y el orgullo en el piso, agradecida de que un hombre de verdad me haya dejado marcada y abierta antes de mandarme de vuelta a mi cuarto a escondidas de mis amigas.
de hombre a mujer
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me escapo del boliche con un pibe de otra facultad, un rugbier de esos gigantes que están parando en el mismo hotel. Me llevaría a su habitación a oscuras, me tiraría boca arriba en la cama y se pondría arriba mío, pero al revés, armando un 69 invertido donde yo quedo totalmente indefensa. Me sujetaría las piernas con sus manos pesadas, abriéndomelas de par en par contra mis propios hombros, dejando mi nueva vagina expuesta y palpitando al aire, mientras él se concentra únicamente en romperme la garganta.

Si fuera mujer, me volvería loca sintiendo el peso de su cuerpo sobre el mío y la falta de aire mientras me clava la verga hasta el fondo, obligándome a tragarme cada centímetro de su virilidad. No me dejaría cerrar las piernas, me tendría ahí, abierta y humillada, sirviéndole de juguete doble mientras él disfruta de ver cómo mis ojos se ponen en blanco por las arcadas.

Lo haría porque me fascina la entrega total, sentir que no tengo control sobre mis propios movimientos y que mi único trabajo en Bariloche es ser el recipiente de un desconocido que ni sabe mi nombre. Disfrutaría de ese ahogo constante, sabiendo que mientras él me usa la boca con saña, todo el resto de mi cuerpo está ahí, regalado y a su merced, esperando el momento en que decida bajar y terminar de destrozarme. Me dejaría tratar como su objeto de placer absoluto, agradecida de que un tipo con semejante lomo me haya elegido para usarme de bidet humano en medio del viaje.
Gender bender Bariloche
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me escapo del boliche con un pibe de otra universidad, un chabón que me triplica en fuerza y que me fichó desde que entré al VIP. Me llevaría a su habitación, me tiraría sobre la cama con una violencia que me dejaría sin aire y me ordenaría ponerme en cuatro, con el culo bien alto, apuntando al techo como la perra que soy.

Si fuera mujer, me volvería loca sintiendo cómo se acomoda atrás mío y, sin darme ni un segundo para respirar, se deja caer con todo su peso encima, usándome de colchón mientras me clava su verga lo más profundo que puede. Sentiría cómo sus huesos impactan contra los míos y cómo su pecho ancho me aplasta contra el colchón, dejándome totalmente inmovilizada bajo su cuerpo de hombre de verdad.

Lo haría porque me fascina la humillación de ser aplastada, de sentir que no tengo escapatoria y que mi nuevo cuerpo de nena linda está diseñado para soportar todo el peso de su deseo sucio. Me quedaría ahí, con la cara hundida en la almohada y los ojos vidriosos, disfrutando de cómo cada embestida me entierra más su verga en las entrañas mientras él me agarra de las caderas con saña. Disfrutaría de saber que para este desconocido de Bariloche no soy más que un agujero donde vaciarse, una pendeja que se deja romper con tal de sentir que un tipo con poder la reclama. Me dejaría tratar como su juguete de carne, agradecida de que me use con esa brutalidad, aceptando que mi único propósito en este viaje es ser el depósito donde él descarga toda su furia.
gender bender
Así me dejaría tratar si fuera mujer y me escapo del boliche con un pibe de otra universidad, un tipo que no conozco de nada pero que me marcó desde que cruzamos miradas en la pista. Me sacaría por la salida de emergencia, me llevaría contra la pared de un callejón oscuro atrás del hotel y me obligaría a ponerme de espaldas, totalmente desnuda y transpirada por el calor del baile.

Si fuera mujer, me volvería loca sintiendo cómo me agarra del pelo con una mano pesada, tirándome la cabeza hacia atrás para que voltee y vea con mis propios ojos cómo mi culo se traga su verga gigante de una sola embestida. Me quedaría hipnotizada mirando ese movimiento sucio, viendo cómo mi piel se estira y mi esfínter desaparece bajo su presión, mientras el frío del cemento en mi pecho contrasta con el fuego que me mete por atrás.

Lo haría porque me fascina la humillación de ser la nena linda que terminó estampada contra un muro por un desconocido que me usa con saña, rompiéndome el orgullo a base de golpes secos. Me dejaría destrozar ahí mismo, con el sudor pegándome el pelo a la cara y el ruido de la noche de Bariloche de fondo, aceptando que mi nuevo cuerpo es solo un juguete para que los hombres de verdad descarguen su bronca. Disfrutaría de sentirme pequeña, usada y totalmente abierta, agradecida de que un tipo que ni siquiera sabe mi nombre me haya elegido para dejarme el culo roto y reclamarme como su perra callejera de la noche.
cambio de cuerpo

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