You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Segundo concurso de relatos: Vampira chupasemen

Desde que tengo memoria, me ha gustado la literatura gótica. Siempre me llamó la atención todo lo relacionado con esa cultura, vampiros, tumbas, cementerios, mansiones, la noche...un dia caminando por la ciudad, me encontré una de esas mansiones como las que aparecían en esas historias. Mi curiosidad fue más fuerte y decidí adentrarme, sin saber que ahora yo protagonizaría una de esas historias.

Al ingresar, todo parecía en un estado de total abandono, no había ninguna luz encendida para empezar, algo extraño, siendo que eran las diez de la noche. Los muebles tenían muchísimo polvo y telarañas, y la madera del suelo se encontraba en muy malas condiciones. La puerta de entrada, se cerró repentinamente, regresé hasta ella, asustado, para intentar abrirla y escapar, pero fue inútil. Estaba bloqueada de alguna forma, posiblemente algo mágico.

Sin tener muchas más opciones, decidí adentrarme más en esta mansión terrorífica, caminando por un pasillo, con varias puertas a los costados, cerradas desde el otro lado, por tanto, que conducían a lugares inaccesibles. Arañas y ratas abundaban por ese lugar, pero el aspecto cambió cuando llegué hasta el final de ese pasillo. Había ahora ante mí, una puerta blanca elegante, y con algunas decoraciones doradas, que se encontraba abierta. Ya estaba ahí, por lo que pasé hacia la sala a donde llevaba.

—Bienvenida a mi humilde morada, mi princesa. —Lo que escuché me descolocó, pero antes me había detenido a observar este lugar. Era una sala muy grande, con paredes de algún tipo de ladrillo color gris oscuro, debido a la oscuridad, no podía distinguir bien el material, con grandes ventanas cubiertas por unas cortinas blancas, unas pocas velas y faroles apenas iluminando algo, y en el cetro, una gran mesa redonda, con un libro encima, y un hombre sentado en una de las muchas sillas que se encontraban rodeando esa mesa.

—¿Bienvenida? ¿Princesa? Que sepas que soy un hombre. —respondí levemente enojado. Fue la exaltación de ese momento, aunque...

—Hmm, ¿vas a seguir escondiendo mucho más lo que sientes? Al menos, no me lo hagas a mí. —Ese hombre se puso de pie, tenía cabello rojizo, medianamente largo. Vestía una camisa blanca, con pantalón morado, y un elegante moño adornaba su cuello. Su voz...podría decir que era perfecta para hacer el doblaje de un galán de telenovela, era grave y muy seductora.

—Eh...yo.. —Me tomó por sorpresa eso que dijo, más que nada, el hecho de que supiera de ese gran secreto mío. En realidad, cuando estaba solo en casa, me encantaba probarme la ropa de mi mamá y la de mi hermana. Encontraba excitante y placentero el hacerlo, y más que a mi hermana le encantaba vestirse de manera muy provocativa. Era hermoso ponerme sus vestiditos cortos y ajustados, o sus muchas minifaldas, e incluso algunos disfraces eróticos que ella los cambiaba de lugar todo el tiempo para que nuestros padres no se los encuentren, y tomarme fotos así, sintiéndome muy sexy. Esas mismas fotos, las subía a páginas de internet de porno para que los hombres me enviaran imágenes de sus penes erectos, de su semen, o me dijeran cómo les gustaría cogerme. Pero todo esto era algo que no sabía absolutamente nadie, ni siquiera mis mejores amigos.

—¿Lo ves? No puedes darle la espalda a tus deseos. Ven conmigo. —Sin saber que hacer, le hice caso y lo seguí. Me pidió que tomara asiento en la mesa, y el tomó un maletín que escondía detrás del asiento dónde el estuvo antes. Lo colocó delante de mí, y lo abrió, revelando algo que me sorprendió. 

Había un conjunto de lencería negra con mucho encaje, algo que parecía un disfraz sexy de colegiala, pero con un top y minifalda en color negro, y un vestido negro, largo con una abertura en un costado para dejar ver por completo una de mis piernas. Tenía un diseño muy gótico, con una tela en forma de araña, en el centro del escote, cuyas patas se conectaban directamente en sus puntas con el vestido. Debajo de todo, me esperaba una peluca que me enamoró, tenía unos cuarenta centímetros de largo, y un color gris muy claro, casi plateado. 

»—El cambiador es por allá. —Me señaló algo que podría describir como un pequeño cuartito ubicado en una esquina oscura de esa misma sala, formando parte de ella.

El interior, era bastante normal, con paredes cubiertas por un empapelado verde que presentaba muchas manchas de humedad y suciedad. En el fondo de este lugar, había un asiento, supuse yo, que era para ponerse algún calzado con comodidad. Tras haber estudiado muy bien ese lugar, empecé a prepararme. Me quité todo  lo que llevaba encima, esa aburrida ropa de hombre que no era para mí, no era lo que yo quería vestir. Me puse esa bella peluca grisácea, la lencería, la cual me enamoraba cada vez más, y ese uniforme de colegiala negro. Dentro de ese maletín, también encontré algo de maquillaje, asi que me lo apliqué.

Segundo concurso de relatos: Vampira chupasemen



Una base muy clara, que me dejaba la piel del rostro muy pálida, como si fuera un cadáver, junto con sombras de ojos y labiales en color negro. Me sentía como toda una princesa gótica, y amaba verme así, tan linda, tan elegante, tan...puta. Cuando terminé de prepararme, una mujer ingresó al cambiador, sus ojos portaban un color rojizo, y llevaba puesto un vestido negro muy similar al que yo tenía en aquel maletín para ponerme yo. Sin mediar palabra, ella se acercó, me dio un fuerte mordisco en el cuello y se retiró rápidamente, haciendo un sonido que casi parecía un siseo.



En ese momento, empecé a sentirme rara...momento, ¿rara? Empezaba a pensar en mí como mujer, ¿tanto me había encantado esa ropa o esa mordida tuvo algún efecto extraño en mí? La verdad, era que mi mente empezó a generarme imágenes de penes, semen y hombres desnudo, mi boca babeó un poco mientras crecían unos colmillos superiores, aún pequeños. Salí de ahí corriendo, y sentí la fuerte necesidad de acercarme hasta el hombre que me recibió en la mansión y tocarle el pantalón. Le sentía perfectamente su erección...su miembro muy duro. No sabía por qué me sentía así de repente, pero me encantó.

—Veo que conociste a mi amiga. Ja, ja, ja. —El siguió riendo un poco mientras veía la escena de mí, parada frente a él, en una desesperación por lo que había bajo su pantalón—. ¿Acaso sientes esa magia oscura corriendo dentro de tí? Pues te han convertido en una vampira. Más específicamente, en una vampira chupasemen. A partir de ahora, no podrás sobrevivir si no tomás una cierta cantidad de semen al día. ¿Y esto en qué me beneficia? Que te tendré todos los días, arrodillada frente a mí, implorando por mi verga. Pero primero, lo más importante. —Él sacó de su bolsillo, un cinturón de castidad, me arrinconó contra la gran mesa central, y me lo colocó casi por la fuerza, para luego, arrojar la llave del mismo por una ventana. 

Cuando regresó hacia mí, empezó a manosear mi culito por encima de la falda, mientras él continuaba sintiendo mis manos en su entrepierna. Mis toqueteos, parecían mantener un ritmo constante, pero los suyos aumentaban en intensidad, agregando apretujones, nalgadas, y levantarme la falda para sentir mi piel directamente, y observar cómo me quedaba la tanga negra que traía puesta.

Rápidamente —al parecer—, él se cansó de sólo tocar, por lo que se bajó el pantalón y dejó libre su gran verga. Era grande, estaba muy dura, y su glande derrochaba mucho líquido preseminal. Me hipnotizó. No dudé, ni por un segundo, en acercar mi boca. Mi lengua se dejó empapar, por ese fluido que denotaba la excitación del hombre, mientras lo mezclaba con mi saliva. Mi boca parecía ser un poco pequeña para ese miembro, era muy grueso y debía abrir mucho la boca para poder disfrutar de ese delicioso glande.

Él llevó una de sus manos hasta la parte trasera de mi cabeza y comenzó a empujar, con el objetivo de que toda su verga entrara en mi boca. Cuando lo logró, no pude evitar algunas arcadas, pero mi garganta estaba llena con su pene. La sentía ahí, muy profundo. Rápidamente lo quitó de mi boca, dejó que chupara un poco yo, por mi cuenta, y volvió a empujarme la cabeza. Así siguió durante un rato, hasta que, al parecer, mi garganta se había acostumbrado al tamaño de su miembro, y logré metérmela entera en la boca, sin necesidad de que el empujara. Eso lo puso muy contento.

—Veo que lo estás disfrutando, putita. —Hablando con un tono de voz que sonaba levemente agresivo, me giró y me desplomó sobre aquella mesa, dejando todo mi culito totalmente entregado a él. 

Se quitó uno de los guantes blancos que llevaba cubriéndole las manos, y empezó a realizarme algunos golpes en las nalgas con la mano abierta. Era doloroso, y me dejaba unas marcas rojas, que por un momento habían empezado a tornarnse moradas, pero no era un dolor insoportable de esos que querías dejar de sentirlos. Éste era un dolor muy placentero, me encantaba sufrirlo y quería más. Lo necesitaba.

Cuando mis nalgas ya comenzaban a cobrar un tono morado muy leve, él frenó, se desnudó completamente, me bajó la falda y me corrió la tanga. Sentí brevemente su lengua disfrutando de mi culito, pero prontamente pasó a usar mi amado orificio para insertar su verga. Inicialmente dolió y mucho, puesto que no había demasiada lubricación y tenía un tamaño considerable, pero fue un dolor similar al anterior. Me encantó sentirlo. De todas formas, duró poco porque mi ano logró adaptarse a su grosor. 

Ahora podía sentir mucho mejor cómo disfrutaba y usaba mi cuerpo para satisfacerse, con el movimiento que generaba en todo mi cuerpo la fuerza que empleaba en sus embestidas, y el temblor excitante que me generaba tener todo su pene entero dentro de mí. También sentir su voz, diciéndome "puta", cada tanto, me generaba una sonrisa y placer extra. Siempre me encantó sentirme putita, y que me lo diga un macho, se siente como todo un halago. Porque ser una puta siempre fue lo que más añoré, y ahora por fin vivía esa oportunidad.

Su verga empezó a disminuir drásticamente en la velocidad de sus embestidas. Me tomó del hombro para girarme y quedar frente a él, y me arrodilló. Su pene descargó una gran cantidad de semen sobre mi boca, la cual yo la abrí inmediatamente para recibirla toda adentro, y las pocas gotas que quedaron fuera, las tomé con los dedos y las alcancé hasta mi lengua. Le mostré como toda mi boca entera estaba llena con su semen y lo tragué. Ahí sentí algo único, sentí energía, ganas de hacer cosas, y ánimos para seguir siendo una linda putita.



Más adelante, me enteré que en esa mansión vivía todo un clan de vampiros, que me recibieron como una integrante más de ellos, aunque diferente, ya que yo no necesitaba beber sangre para vivir, como ellos, yo necesitaba semen, por lo que siempre iba con aquel hombre elegante para que me de mi dosis diaria todos los días, y si llegaba a necesitar dosis extra, entre varios más me regalaban un bukkake hermoso. 

Quizás haya sido un cambio muy radical en mi vida, pero me encanta mostrarme como la linda nenita putita que soy, y no tener miedo en acercarme a un hombre vampiro y pedirle su pene para que me descargue su semen porque tengo sed. Esta es mi vida soñada.

0 comentarios - Segundo concurso de relatos: Vampira chupasemen

Tienes que ser miembro para responder en este tema