Infidelidad... un problema? o un acto erótico para la pareja?

Salíamos de viaje al día siguiente a nuestra boda. Yo había previsto la ropa más sexy y provocativa para hacer que esos días fuesen absolutamente inolvidables.

Era un poco tarde cuando nos levantamos y mi estrenado marido no se encontraba bien, ¡vaya!. En vez de salir a primera hora, comimos con la familia y luego emprendimos la marcha.

No habíamos hecho reserva en ningún hotel porque pensábamos hacer una ruta de paradores. Y aunque no había prisa, yo quería salir ese mismo día a toda costa, y eso hicimos.

Estaba anocheciendo y pensamos en dormir en Baiona, donde llegaríamos con tiempo suficiente para darnos una ducha y cenar. Pero yo estaba ansiosa por hacer cosas nuevas y tenía previsto no perder ninguna oportunidad para empezar a desplegar mis ganas de ofrecerle a m marido mi verdadera manera de ser: una zorra que le haría el mayor cornudo del universo-.

Pasamos al lado de un bar con muchas luces

-Es un puticlub, pregunté?

-No se, parece que sí, dijo mi marido sin aminorar la marcha y bastante distraído.

-Pues quiero entrar ahí…AHORA. Así que da la vuelta donde sea que quiero pasar a tomar una copa y ver el ambiente.

Me miró con esa cara que empezaba ya a imaginar que algo sucedería y muy obediente, dio la vuelta en cuanto pudo y nos dirigimos al puticlub.

Joder, era una de mis fantasías de toda la vida!! Entrar en un sitio lleno de putas y de tíos que vienen a pagar por sexo…y confundirme con una de ellas!!!. Mi cornudo no estaba muy convencido, pero le dije que tendría cuidado y que no provocaría problemas. Me mataba la curiosidad y el morbo…ufff…

Era un sitio pequeño, bastante oscuro, con una camarera muy tetona y tres tíos sentados en la barra acompañados de dos chicas…nada más. En cuanto entramos se acercó la camarera y nos advirtió que era "otro tipo de bar", que las consumiciones eran caras, pero que si queríamos…nos serviría una copa. Tenía el coño empapado y se lo hice saber a mi marido agarrando su mano descaradamente y metiéndola entre las bragas. Le dije que claro que tomaríamos una copa y me fui al baño. Había un espejo pequeño, donde me estuve mirando detenidamente: me pinté como una zorra, me quité el sujetador y las bragas y me subí la falda vaquera de modo que se me veía el culo al andar...y salí a la barra. Con tan buena suerte que habían llegado dos tipos más, bastante bien vestidos. Uff…me estaba poniendo muuuuuuuuuuuy nerviosa…me senté al lado de mi marido y como las miradas de los dos nuevos se hacían insistentes y estaban a punto de entrarme, fui a decirle a la camarera que era mi luna de miel y que estar allí era un capricho, que no pretendía molestar ni causar problemas…y que si sabía algún sitio cercano para pasar la noche porque se nos estaba haciendo tarde. La camarera me dijo que prefería que nos marcháramos del bar y que había un motel cercano donde paraban los camioneros y donde algunas de las chicas del bar hacían horas extras…

Mi marido no acababa de encontrarse bien, pero en ningún momento me quitó la ilusión de sentirme una puta en un bar de putas, y nos marchamos al motel. Dios, qué cutre…pero qué excitante. Cogimos una habitación cualquiera y nos dispusimos a pasar la noche. Reconozco que no fui buena con mi marido en esa ocasión: él estaba jodido y yo con muchas ganas de joder. Escuchaba sollozos, gritos, gente follando. Me imaginaba que no había paredes, que todo era una sala inmensa de gente follando y yo estaba allí!!! Le pedí que me la metiera por el culo en plan bestia...me sentía muy guarra y quería que me lo gritara una y otra vez, que me llamara puta, zorra…nunca hasta entonces habíamos hablado de lluvia dorada ni nada por el estilo y esa noche le pedí que me que me meara, que se corriera sobre mi cara y me pelo…lo dejé K.O, a mi pobre. No sé las veces que me corrí esa noche...Pero os juro que también acabé exhausta. En definitiva: la mejor noche para comenzar la luna de miel.

Al día siguiente nos levantamos tarde, recogimos todo y nos fuimos al norte, queríamos llegar a comer a Baiona. Como era una ocasión única, decidimos irnos a comer al club de yates. Mi marido estaba bastante recuperado (le dejé seco por la noche, pero luego durmió con un bendito) y decidió darse un festín: pudo comerse un kilo de gambas y otro de langostinos a la plancha él solo…resultado: volvió a ponerse malo del estómago. Esta vez no fui tan condescendiente y desde luego que me enfadé con él.

Le dejé en el hotel. No quise quedarme a hacerle compañía y me di una vuelta para que se me pasara el mal rollo que tenía por lo bobo que se había puesto. Entré en un bar precioso a tomar un café, saqué un cigarrillo y me fui a pedir fuego a un tipo que también estaba solo en la barra. La conversación entre los dos fue espontánea: que no éramos de la zona, que estábamos pasando unos días de vacaciones, él esperaba a su señora que vendría en dos días y yo le dije que estaba con mi marido (no le dije lo de la luna de miel porque estaba indignada por cómo el maricón había sido tan poco considerado de dejarme sola y largarse al hotel a "descansar", diosss, como si no hubiera tiempo para descansar en otro momento…), pero que se había ido al hotel por no encontrarse bien.

Detrás del café, una copa. Y detrás de esa copa, otra…y…aún otra copa más. Al inicio de la segunda consumición pensé que el cornudo (el cornudo, el cornudo, dios sabe que le voy a hacer cornudo) habría descansado y estaría despierto, esperando a su mujercita, pero...se lo tiene merecido: que espere. Luego ya mis pensamientos fueron por otro camino. Antonio, el tipo del bar, me estaba poniendo cachonda. Había prescindido del sujetador en todos esos días y los pezones indiscretos se estaban pegando a la camiseta y el pobre de Antonio no hacía más que mirarlos descaradamente. Me invitó a cenar, pero en un momento de "cordura" no quise llevar más lejos la situación y me despedí de él con un beso en los labios, diciéndole que había sido un momento estupendo y que ya nos volveríamos a ver en esos días.

Llegué al hotel y mi adorado marido me estaba esperando, un poco molesto. Me preguntó dónde había estado y…bueno, tomando un café y una copa y dando un paseo por ahí. Vengo caliente, así que ven a comerme el coño que me tranquilice…él se dio cuenta de que venía muy excitada, pero…casi siempre estoy así, así que no intentó buscar ninguna explicación a mi coño hinchado de ganas.

Nos duchamos y salimos a cenar. De ahí a tomar un café al mismo bar al que estuve por la tarde y...a quién me encontré allí??? Joder, estaba Antonio en la barra nuevamente. Le hice señas para que no me dijera nada y él entendió perfectamente la situación. No había contado nada del tipo ese y ahora no sabía cómo dar a mi marido las explicaciones oportunas y sobre todo no tenía ganas. Me fui para el baño y le pedí con la mirada que me siguiera. Cuando entramos en el pasillo de los baños le dije que quería hablar con él, que me sentía muy violenta en ese momento, pero que iba a acompañar a mi marido al hotel y que luego regresaría al bar.

Hice ver a mi marido que estaba cansado pese a su asombro, porque decía que ya estaba bien. Pues no, no lo estás porque te digo yo que tienes que irte a descansar, que así no me sirves para nada y te marchas ¡¡YA!! Él acató mi orden (aquello no fue una petición precisamente) y lo dejé en la habitación viendo la televisión.

Volví nuevamente al bar y le expliqué a Antonio mi verdadera situación: que estaba de luna de miel, pero que no había querido contárselo por si él se sentía incómodo. Sí, sí, incómodo, cuando le dije lo de la luna de miel se le iluminó la mirada y vi cómo su pantalón empezaba a marcar una linda polla dura debajo. He regresado para explicártelo y para devolverte la invitación a una copa, que espero que aceptes. Por supuesto, me dijo, pero insisto en pagar yo y luego tú me lo agradeces como quieras. Esas palabras retumbaron en mi cabeza y mi coño empezó a latir. Qué puta me siento, joder.

A eso de las dos y media, me dejó Antonio en el hotel donde esperaba mi esposo. Estaba despierto y ya se imaginaba que algo había pasado. Yo estaba un poco pasada de alcohol. Me sentía guarra y me encantaba estar así: tenía poder sobre él y eso me hacía ser cada vez más osada.

En vez de preguntarme dónde había estado, me dijo:

-"¿Con quién has estado?".

Esbocé una sonrisa y empecé a desnudarme delante de él sin decir nada. Él seguía insistiendo en saber qué había hecho, dónde, con quién…. Yo, impasible, seguía quitándome la ropa.

-"No te levantes, -le dije- y mírame".

Una vez desnuda me senté a horcajadas en su cara y le obligué a lamerme el coño. Creo que cayó algo desde mi coño a su boca, pues empezó a hacer ascos y cuanto más se movía él para zafarse de mí más apretaba yo a su cara. Al final me lamió con una soltura impresionante, como queriéndome limpiar todo el coño de los restos que llevaba.

-"Cariño, te estás comiendo la corrida de un tipo que ni conozco, pero que me ha follado y me ha sometido a su voluntad y sabes qué? : Me ha gustado y veo que a ti te está gustando lo que él me ha dejado dentro del chochito, no?"

-"Cuéntamelo todo, perra", me dijo mientras notaba como su polla se ponía muy dura y gemía lamiendo a más no poder. Eso me puso muy burra y empecé a relatarle lo sucedido.

-"Me quedé en el bar y un tipo (sólo más tarde le confesé quién había sido) me entró de manera un poco grosera y eso me puso cachonda, porque me gustó que me hablara de esa manera tan descarada. Empezamos a tomar copas y el cabrón me tocaba la cintura, me sobaba las piernas, parecía un pulpo y yo cada vez me puse más mojada. Ya sabes como me pongo cuando tengo ganas de follar, ¿verdad, cariñito?"

Él seguía lamiendo la corrida de mi macho con la polla aún más dura si cabe.

-"Nos fuimos a otro bar y tomamos otra copa, de modo que cada vez yo estaba más relajada y más desinhibida. En el último sitio al que fuimos fui al baño para hacer pis y pensé que lo mejor era quitarme las braguitas y dejarle el camino abierto (jeje) por si quería meterme la mano, porque a esas alturas mi chocho estaba muuuuuuuy receptivo. Pero cual fue mi sorpresa que mientras estaba meando… entró dentro del servicio de chicas, me encontró y cerró la puerta detrás de él. Se sacó la polla y diosssss, qué polla, cariño, tendrías que haberla visto, era enooorme, (más que la tuya). Me agarró del pelo y me hizo comerle su POLLÓN, y claro, ¿cómo me iba a negar, viendo esa golosina cerca de mi boca?"

Cada vez que hacía comentarios así el cornudo de mi recién marido se pajeaba más fuerte. Estaba creciéndome a medida que se lo iba contando y notaba su reacción…diossss…cómo me estaba poniendo de guarra otra vez!!

-"Luego después de varias arcadas me cogió con violencia y me dio la vuelta, escupió en su polla y la dirigió al coño. Me la metió de un solo golpe y di un chillido de dolor y placer. Te aseguro que si hubiera habido más gente en el baño, no habrían dudado de que me estaban follado, mi vida".

-"Me tiraba del pelo me susurraba al oído lo puta que era y me preguntó por ti, mi amor, me dijo que le hubiese gustado que estuvieras allí y que vieras lo cerda que soy… y de recién casada… ufff cuando dijo eso fue cuando se corrió en el coñito de tu querida mujercita".

Noté como se tensaba su cuerpo. ¡¡El cornudo de mi marido se estaba corriendo mientras se tragaba el semen de Antonio!!! Y yo, en ese preciso instante, me corrí en su cara de cornudo. Dios como me gustó que nos compenetráramos tan bien.

Me bajé y le limpié la polla y el vientre hasta dejarlo reluciente. Nos abrazamos y sin decir ni una palabra más nos dormimos.

Al día siguiente me dijo que me había pasado un poco y le dije:

-"Cornudo!! Ya te avisé, ya te dije cómo sucederían las cosas. Estamos en la puta luna de miel y se te ocurre ponerte malo, pues..sabes???, en la luna de miel se pasan los días follando y si no es contigo, porque estás malito, cornudo y flojo...será con quien me salga del coño, entendido??

No sé cómo explicaros su reacción. Se le veía dolido, pero ese dolor parecía que intensificaba su ansia por ser dominado y humillado. Se recreaba en la angustia y el placer de soportar mis ganas de follar y ser follada por otros. Su respuesta, entre resignada y deseosa, me descolocó enormemente:

-"Creo que me voy a pasar todas las noches de viaje de novios yéndome pronto al hotel no?"

Pasamos un día más en Baiona simplemente descansando. Salimos dirección a Burgos y paramos en el Hotel Landa. Desde allí visitamos la cuidad e hicimos un recorrido turístico por toda la zona.

Fue un día tranquilo. Yo no estaba muy animada y no encontré a nadie que me sacara de mis casillas. Sólo un camarero en un mesón cerca de la plaza me pareció interesante. Me abrí de piernas cuanto pude para deleitarle con mi coño pero tardó mucho en fijarse. Pero una vez que me vio fue el tipo más diligente: vino a nuestra mesa infinidad de veces mirándome descaradamente, sin importarle que estuviera acompañada…y es que mi marido sabe hacerlo muuuy bien: pone cara de complacencia cuando un tío me desnuda con la mirada o si enseño descaradamente mi chochito. Todo eso me ponía muyyy caliente: tenía el chocho hinchado y los pezones se endurecieron debajo de la camiseta.

Tenía que conseguir que se acercara más a mí así que le pregunté dónde podríamos ir a divertirnos por la noche. Él se acercó a explicarnos y yo me abrí de piernas totalmente, sin ningún tipo de pudor. Además, me pasé los dedos por el coño discretamente y luego me los chupaba… El camarero nos invitó a una cerveza más, que yo agradecí pasándome de nuevo los dedos por el coño y tocándole la mano, con mis dedos mojaditos.

Acabamos de comer rápido y conduje a mi marido a un parquecito cercano. Hacía mucho calor y estaba desierto. Busqué de todos modos un sitio discreto: tenía que follar y esa era la mejor opción. Le hice sentar en un banco y desabrocharse el pantalón. Empezó a menearse la polla mientras yo me recreaba mirándole. Cuando la tuvo ya bien dura me senté encima de él, le cabalgué y me corrí enseguida. Él quiso hacerlo también, pero no le di ocasión:

-"Ahora no, perrito. Ahora mami no quiere leche, así que te la guardas para cuando yo te la pida". Estaba muy excitado, pero acató mi decisión dominado por un gran nerviosismo que terminó en una maravillosa sonrisa.

De ahí nos largamos al hotel, a dormir un rato y ducharnos para salir nuevamente por la noche: yo estaba descubriendo Burgos y quería que Burgos me descubriera a mí también…

Nos fuimos a un pub muy concurrido a tomar algo. Nos fuimos a bailar y nos mezclamos con toda la gente. Noté cómo me sobaban y no hice más que arrimarme y provocar el nerviosismo del que se había lanzado a tocarme. Me sentía muy zorra y mi marido estaba disfrutando enormemente. Parecía estar sola y me invitaron a alguna copa, aunque yo decía que no estaba sola, que mi novio estaba por allí. Eso les daba risa a esos cabrones, que decían que yo necesitaba más marcha que la que me daba ese panoli, que me dejaba por allí sola..anda, si ellos supieran! Aunque era cierto, en parte: mi marido solo no era capaz de satisfacerme, evidentemente.

Muy divertida, le fui a contar a mi marido todo lo que me estaba sucediendo y me suelta, sin esperarlo: "¿a que no eres capaz de llevártelo a los baños y hacerle una mamada? Dejaré que me trates como quieras, que me hagas lo que te apetece si lo consigues"

Joooder...¿pero cómo me puede decir esto mi marido? Aparentemente muy resuelta (no tanto, pero sé disimular) acepté el reto, no sin antes decirle cuál era mi capricho si ganaba: LE IBA A DAR POR EL CULO CON UNO DE MIS JUGUETES.