LAS ANDANZAS DE ISABEL 19 entrega

Alucinada ¡!. Así había quedado con el encuentro. Creo que fue uno de los momentos de sexo que recuerdo con frecuencia.
Una noche salimos a cenar con Sofía, mi compañera de trabajo. Los cuatro con maridos, el esposo de ella era un petizo medio vejete que no hacía juego con la frescura de ella.
Fuimos al bajo de San Isidro, a una cabaña enorme de madera, no me acuerdo el nombre.
Sorpresa para las dos. En esa época empezaba a usarse para nosotras un saco tipo de hombre pero sin nada abajo, o sea sin corpiño. No se mostraba nada, pero se insinuaba todo. Además si hacías algún movimiento raro, o te inclinabas para adelante, seguramente dabas una hermosa vista de las tetas. Y dije sorpresa por que las dos habíamos ido igual vestidas, pollera y este famoso saco encima.
Sofía que era mucho mas tetona que yo tenía puesto ademas una remera transparente que le sostenía las lolas. Después de cenar en el mismo lugar había unos sillones para quedarse a tomar algo. Roberto propuso champagne y todos aceptamos. Los ojos de él no salían del escote de Sofía, se notaba que estaba esperando el momento de algún descuido para poder ver algo mas. Adentro hacía calor, pero yo no podía sacarme mi atuendo, estaba en pelotas, en cambio Sofía, muy descarada en un momento se sacó el saco y se quedó en remera o sea en tetas a la vista de todo el mundo. No era pornográfico pero si muy sensual, encima con semejante pedazo de melones llamaba la atención.
Creo que a partir de ahí los ojos de mi marido nunca mas miraron para otro lado. Las camareras pasaban para mirarla, realmente estaba exuberante, hasta a mí me llamaban la atención esas lolas.
Pensé que bien podría ser una buena compañera para Roberto, aunque a mí el vejete de su marido no me resultaba nada interesante y menos para ir a la cama. Lo del intercambio swinger tendría que esperar.
Al día siguiente pasé por el quiosco, Pablo me saludó muy correctamente y con su mejor sonrisa me dijo que había juntado algo de plata y que me quería invitar a cenar a algún lugar lindo. Acepté de buena gana, el encuentro anterior no me había satisfecho.
Quedamos para el día siguiente. Le avisé a Roberto que no iba a estar para cenar, que volvía tarde. Me vestí para la ocasión, no provocativa pero sí muy sensual, con vestido de noche, un vestido escotado, sin corpiño, con tajos a los costados que con algún movimiento dejaban ver los muslos. Nos encontramos a dos cuadras de casa, Pablo estaba impecable, de sport pero muy elegante. Nos saludamos con un pico cuando subió al auto. La cena se desarrolló sin problemas, me resultaba muy divertido ver como la gente observaba, la diferencia de edad se notaba.
Ya habíamos terminado, eran como las once de la noche y entonces él me agarró de las manos y me dijo que también había ahorrado para invitarme a pasar la noche en un hotel alojamiento.
La idea me encantó, sobre todo por que entendía el sacrificio que había hecho el pobre pendejo para juntar tanta plata.
Pero le dije que tenía que pasar por casa a avisar. Paramos el auto en la puerta, toqué el portero y Roberto atendió. Pregunté si todo estaba bien y dije que no volvía a dormir esa noche, que después le explicaba. Subí al auto y le conté a Pablo que le había avisado a mi marido. No lo podía creer, se había pensado que era una mucama o algo así. Entonces le expliqué lo de la pareja liberal. Seguía sin entender. Fuimos al mismo telo cerca de la Avenida Nazca.
Cuando entramos al cuarto nos abrazamos y nos besamos, apretandonos muy fuerte. El pendejo era todo músculo. Apenas nos tocamos ya tenía la pija dura debajo del pantalón. Le desabroché la camisa y le acaricié el pecho sin pelos que despedía un olorcito a piel fresca. Me besó el cuello y las orejas mientras me acariciaba la espalda y la cola. Le saqué la camisa mientras con el muslo le franeleaba la entrepierna. El pendex estaba a mil. Desabroché el cinturón, bajé el cierre y dejé que los pantalones se deslizaran abajo. Me agarré a los cachetes de la cola con fuerza, tenía un culo hermoso, durito y parado. Le refregué el abdomen por el bulto, era mas alto que yo. Le bajé el slip y apareció la hermosa poronga a la vista.
Se la agarré con las dos manos y la acaricié toda a lo largo, sobandole los huevos.
Le dije que me desabrochara el vestido de atrás, lo hizo y con un movimiento de hombros lo dejé caer al piso.
Pablo se agachó y empezó a lamerme las tetas y los pezones. Lo empujé hasta la cama, lo senté, me arrodillé y me fui directamente con la boca a la pija. La besé, le pasé la lengua y la chupé durante un buen rato. En un momento aflojé para respirar pero lo seguí masturbando con la mano para que no se perdiera esa enorme erección. No le gustó, pensaba que solo lo iba a pajear. Tenía que dar explicaciones, y bueno, era mi alumno y tenía que tratarlo como tal. Me puse en maestra y me pareció divertido, iba a ser sexo explicado.
Me tiré encima de él y lo besé. Los labios, la cara, los ojos, todo, eran lenguetazos que nos dabamos por todos lados. Sentía la pija apoyada en mi vientre y durísima. Con las tetas hacía movimientos circulares sobre su pecho.
Me incorporé un poquito, levanté un poco el culo para liberar la presión del vientre sobre él y con una mano agarré la pija, la fui llevando hasta que sentí la puntita en el borde de los labios de mi concha. Me fui ensartando yo sola diciéndole que él no hiciera movimientos. Un placer. Sentir como iba entrando y se abría camino adentro de la vagina que ya estaba empapada. Lo monté un rato así, apoyandome con las manos en su pecho. El me acariciaba las tetas y las ancas. Unos cuantos bombazos y sentí como la leche se desparramaba adentro mío. Lástima, no quería que acabara tan rápido, pero el pendejo como tal era impulsivo. Me salí y me tiré en la cama acariciándolo. Entonces él tomó la iniciativa, se puso encima mío y me ensartó de nuevo. A pesar de la acabada tenía la pija re parada como al principio. Me agarró la cabeza y empezó a bombear con un ímpetu impresionante. Iba acelerando el ritmo, entraba y salía con velocidad, cosa que me producía un placer distinto a los otros. Yo lo incitaba a aumentar el ritmo con las manos apoyadas en la cola y cada tanto le rasguñaba la espalda y el culo. Estaba enloquecida de placer, le hablaba le decía que quería mas y el pendex seguía acelerando. Le dije que iba a acabar y que me gustaba gritar cuando lo hacía y si a él le faltaba mucho. Quería que acabáramos juntos.
Le puso todavía mas vigor a la cosa y cuando sentí que se tensaba yo ya estaba a punto. Grité con todas mis fuerzas mientras la leche se desparramaba por la vagina y la mía salía y me chorreaba la raya del culo. Le clavé las uñas en la cola para atraerlo mas adentro mío. Impresionante. Se quedó un momento encima y después se tiró al lado mío. Los dos teníamos que recuperar fuerzas.
Nos quedamos toqueteándonos un rato, yo jugaba con una uña en el pecho de él y con la otra mano le acariciaba la cabeza y el hermoso pelo que caía sobre la sábana. Pensé, dos al hilo como dicen los varones, muy buena perfomance para el chico.
Le propuse que nos ducharamos para recuperar fuerzas.
Nos metimos debajo de la ducha jugando a tocarnos por todos lados, le pregunté si me dejaba que lo bañara como cuando era chiquito, aceptó. La novia jamás le había propuesto algo así.
Champú, jabón, enjuague. Lo bañé como a uno de mis hijos, solo que en algunos lugares me detuve y lo hice con erotismo. Quise insinuarme con un dedo en el orto pero me sacó la mano, aflojé, no quería asustarlo, ya iba a aprender esa clase mas adelante.
Entre tanto franeleo la pija se había puesto dura de nuevo, tenía que aprovechar este regalito. Me arrodillé y se la chupé pajeandoló con el paladar. Me agarraba de las caderas, de los muslos, le apretaba la cola para que me entrara mas en la boca. Sentí el estertor de la acabada. La leche se fue deslizando por mi garganta en chorritos suaves y calentitos. Que placer estar con un pendejo, su rendimiento era admirable.
Salimos de la ducha, lo sequé y me permití seguir con el juego, agarré el secador de pelo y lo peiné. Al pedo, pero la carga erótica que tenía ese acto me hacía calentar mucho. Lo abracé desde atrás, lo apreté con las tetas mientras le besaba la nuca y las orejas. Fuimos a la cama estaba agotado. Me pidió que lo despertara en un rato, que quería seguir, pero yo también estaba muerta. Lo tapé con la sábana, me acosté atrás de él y me dormí con la mano agarrándole la pija.
A la madrugada me desperté, pedí dos desayunos mientras me prolijaba un poco en el baño, me duché. Cuando llegó el café lo desperté. Se enojó por que lo había dejado dormir, pero nada que unos besos bien dados no pudieran solucionar. Desayunamos nos vestimos y nos fuimos del telo. Llegué a casa a las nueve de la mañana en una situación un tanto embarazosa, cara de haber dormido poco, sin maquillaje, el pelo mojado y vestido de noche, daba toda la sensación que no había dormido en casa. Algunos vecinos me miraban de arriba abajo sin poder creer lo que veían. Yo les ofrecía la mejor de mis sonrisas, la noche la había disfrutado a full.
Roberto ya se había ido a trabajar y la chica estaba limpiando me recosté en la cama y me quedé profundamente dormida. La noche había sido corta.
Besos