La Mansión



Soy el dueño de esta casa.


En otras épocas cumplía otras funciones. Fue una típica casa de “familia bien”, con muchos cuartos para los miembros de la familia, y para el personal doméstico, para los juegos, para la biblioteca, para las cenas y para los encuentros. Un espacio para cada momento del día. 


El tiempo pasó, y durante mucho tiempo se transformó en una clínica médica, y yo compré el inmueble así como estaba, en un remate, cuando la clínica entró en quiebra.


Hoy le voy rescatando su viejo esplendor, tratando de equilibrar lo clásico, con lo médico, e incorporándole toquecitos de modernidad. Y no es por vanidoso, pero quiero decir que quedó bien, al menos para mi gusto, al menos para lo que está diseñado en la actualidad.


Las habitaciones son grandes, con techos altos, con molduras en las paredes, y además de los leds empotrados en sus paredes, puse algunas obras con cuadros clásicos, otras con los inquietantes de Hopper.


Todos saben a qué vienen a este lugar. Hombres y mujeres y una noche onírica que propone el menú: comida sabrosa, bebidas embriagadoras, y sexo del más puro y duro.  


Sólo deben cumplir con la rigurosa etiqueta que propone la casa al entrar: dejar sus ropas y vestir las túnicas blancas y una máscara. 


Los que vienen a menudo saben que aquí hay una regla de oro: el anonimato. Soy el dueño de las identidades de cada uno de los visitantes, y todos saben que jamás será develada bajo ningún punto de vista. 


Hoy son diez los visitantes. Extrañamente sólo tres son hombres. Las mujeres están inquietas, pero la comida, la música suave y la bebida empieza a aflojarlas.


Me llamó la atención una de ellas: una señora, de contextura pequeña, con muy buenas curvas, y una boca que mareaba. Me clavó la mirada. Estoy acostumbrado a eso, porque soy el único que no lleva túnica y lleva el rostro al descubierto. Todos saben que soy el anfitrión, y siempre hay una que me pretende. A veces, me dejo seducir. Pero yo tengo una norma que nadie conoce: no doy ningún paso. Espero. Hoy puede ser el momento. Veo en su boca, en sus curvas algo que me llaman la atención. 


La vi levantarse de la mesa, en dirección contraria a la mía, y se acercó a una rubia monumental que no dejaba de reír. Le agarró la cara con sus manos, y le hundió la lengua en su boca. La mujer no se dejó amilanar, porque enseguida, metió la mano debajo de la túnica, y empezó a acariciarle el culo redondo de la pequeña mujer misteriosa, que, por cierto, no dejaba de mirarme, provocándome. 


Ese beso desencadenó el comienzo del juego. La pequeña mujer era un infierno, y llevó a la rubia y a la gordita que estaba sentada al lado a empezar a franelear a uno de los hombres que se mantenía sentado, atónito por lo que veía. Se ve que era su primera vez en la Mansión.


Y así se fueron agrupando, dos mujeres, un hombre; dos mujeres, el otro hombre, y estas tres que volvían loco al asombrado señor, que no cabía en la sorpresa. 


La pequeña, que se había convertido en el centro de la escena, se arrodilló frente al hombre, y levantándole la túnica, empezó a mamarlo. Siempre clavándome la mirada.


Los otros hombres, ya estaban sobando tetas, besando bocas, dedeando conchas. El primer trío había desaparecido, entrando a uno de los cuartos.


Detrás de ellos, otros tres buscaban la intimidad de un refugio para seguir el juego, y los cuatro que quedaban en la mesa, estaban prácticamente siendo empujados por la señora mirona, hacia el tercer cuarto, y para sorpresa de ellos, pero no para la mía, ella no ingresó.


Se dirigió directamente hacia mí, y me dijo


-Vos sos mío


Yo sólo puse esa media sonrisa morbosa, cuando le respondí


-Perfecto, pero eso te convierte en anfitriona. Tenemos que cuidar de todos ellos


-Eso era exactamente lo que estaba buscando.


La fiesta apenas había comenzado.





La Mansión

3 comentarios - La Mansión

Pervberto +1
Se presienten desbordes en recámaras escondidas, candelabros que pierden velas, antiguas camas crujiendo.

Si continúa, claro...
VoyeaurXVII +1
quizás, quizás...