Crónicas Cornudas: Cap. 4 - Verdulería

Aquella primera vez que ella acabó repitiendo enajenada que yo nunca iba a poder llenarla como el pijudo, también fue la primera vez que yo acabé sin tocarme. Mientras se reponía de su orgasmo, cayó en cuenta que tenía todo el muslo enlechado y que era imposible que me hubiera tocado: mi brazo izquierdo estaba debajo de su cuerpo y ella todavía tenía los dedos de mi mano derecha hundidos mano derecha hundidos en su conchita húmeda. Me miró incrédula y creo terminó de entender que todo ese juego me provocaba una excitación incontrolable.

Si bien el diálogo se repitió muchas veces en las semanas posteriores, no sería hasta casi un año más tarde que volvería a acabar sin tocarme. Igual el morbo era cada vez mayor. Ella se excitaba de verme a mí tan caliente y empezaba a disfrutar esas situaciones.

-¿Te gusta humillarme un poquito?
-No lo digas así, porque me siento una forra.
-Me encantas que seas una forra.
-No seas idiota. No quiero lastimarte.
-¿No te das cuenta de que me encanta?
-Obvio que me doy cuenta, y eso es lo que más me calienta. No sé cómo explicarlo, vos estás así, entregado, y yo siento que tengo el poder de volverte loco.
-¿Te sentís poderosa?
-Sí, es una buena forma de describirlo. Me siento poderosa.
-Y eso me encanta, amor. Quiero que te sientas así, porque quiero que tengas libertad para vivir tu sexualidad. Conmigo y con quien vos quieras. Sabés que podés cogerte al que quieras.
-No empieces con eso otra vez, ya te dije mil veces que una cosa es fantasear y otra muy distinta es concretarlo. ¿Ves? Rompiste la magia, ¡sos un tarado!

Cada tanto yo le insistía en que ella tenía libertad para hacer lo que quisiera, pero ella siempre contestaba más o menos lo mismo. Entonces decidí no insistir más y dedicarme a disfrutar lo que teníamos, que ya era mucho más de lo que había logrado con mi exmujer.

Un sábado a la mañana, luego de dejar a mis hijos con la madre, fui a la casa de Andrea a pasar el fin de semana. Salimos a hacer las compras para preparar algo de almorzar. Pasamos por la carnicería y después por una verdulería de esas que uno se sirve uno mismo. En un momento ella agarra un pepino enorme y me dice bajito:

-Así de grande la tenía Daniel.
-Hija de puta, ¡no me hagas esto acá!
-¿Por qué, amor? Upa, parece que se te paró la pija. Menos mal que vos la tenés como este otro pepino que es más fácil de disimular. ¡Mirá la diferencia entre uno y otro!
-Uh, hija de puta, me estás volviendo loco. ¡Comprá esos dos pepinos y vamos a tu departamento, ya!

Ella pagó la mercadería con una sonrisa, mientras yo trataba de tapar mi erección con las bolsas. Esos metros hasta su departamento me parecieron eternos, mientras ella me preguntaba con malicia por qué estaba tan apurado. Al entrar al departamento, largué las bolsas y la agarré con fuerza. Empecé a besarla con fuerza, la llevé hasta la mesa y la di vuelta, le bajé el jean y la tanga a las apuradas y la penetré con violencia. Ella estaba empapada y mi pija entró con facilidad. No pude contenerme mucho después de toda esa escena y a las cuatro o cinco embestidas ya estaba llenándola de leche. Ella no había acabado todavía y, como empezó a notar que yo había bajado la intensidad y mi pija se iba aflojando, me empujó para atrás para darse vuelta y me agarró de la pija fuertemente y se la frotaba en la concha.

-¡No me vas a dejar así! ¿Escuchaste? Necesito que me sigas cogiendo.
-Si, mi vida.
-No, así no. No quiero que me cojas con la pija gomosa. La quiero bien dura, como la tenías en la verdulería cuando te mostraba la diferencia que había entre los pepinos.
-Uh, hija de puta.
-¿Ves cómo se te va parando otra vez? Ahora sí, ¡cógeme!
-Si, mi amor. ¡Tomá pija!
-Cogeme fuerte, vida. Estoy empapada y enlechada, necesito sentirte más fuerte.
-Uh, hija de puta ¿con el pijudo te pasaba lo mismo?
-No mi amor, a él lo sentía siempre. Esa pija era imposible de no sentir.
-Uy, la puta madre, me vas a hacer acabar otra vez.
-¡Más fuerte! ¡Cogeme más fuerte!
-¿No me sentís la pija, hija de puta? ¿Te gustaría una pija más gorda, puta?
-Así, así. ¡Cogeme con fuerza!
-¡Contestá, putita! ¿Te gustaría una pija más grande que llene más?
-Siiiiiiiiiiii.

Su orgasmo disparó el mío inmediatamente. No había pasado ni 15 minutos y yo ya había acabado dos veces y ella una. Ese fue el comienzo de un finde extraordinariamente morboso. Para no crear falsas expectativas, anticipo que no me hizo cornudo ese finde sino muchos meses más tarde. En medio fuimos dando pasos y algunos saltos que iré narrando cronológicamente.

Continuará…

9 comentarios - Crónicas Cornudas: Cap. 4 - Verdulería

Si-Nombre
Gracias por compartir muy bueno
Omar896
Excelente esta saga
caagon
soberbio, que calenton
gabrielmiriam
Excelente relató pero no nos hagas esperar tanto para el próximo
Sergiocorno
Muy buen relato esperamos ansiosos el momento en que te hacen cornudo,van 10 pts.
nissan
muy buen relato, genio ... +10