Siete Madres Desesperadas: Ellis, Aisha

Siete Madres Desesperadas: Ellis, Aisha


Ellis, Aisha

Estoy en el hospital Saint Memorial, pregunto por mi hijo, me han llamado diciéndome que lo traían aquí, que había sufrido un accidente compitiendo con unos amigos en un circuito muy peligroso en la montaña.
Por fin lo veo, está intubado y hablo con el doctor, él me da la terrible noticia, no va a poder caminar.
Cuando vuelve en sí, lo abrazo, lo beso, ambos lloramos, ¡está vivo!
Su novia también viene a verle, es buena chica, llora cuando se saludan, ya fuera le comento la terrible noticia, llora más, se derrumba. Me dice que le quiere mucho y que no lo dejará. La consuelo, no es momento para hablar de ese tema.
Pasan seis meses, Theo no acepta su nueva situación, discute conmigo, discute con su novia, discute con los que tratan de ayudarle.
Un año más tarde explota, rompe con su novia, me saca de quicio, no hace nada en todo el día, se le ve cabizbajo. Intento hablar con él, pero no me quiere, rehúye hablar.
Esta noche le he preparado un baño, eso le relaja y le ayuda a dormir. El único inconveniente es que tengo que ayudarle a meterse en la bañera con el agua lista y luego aclararlo, secarlo y ayudarle a salir. Todo un poco aparatoso, pero bueno.
Se que no le gusta que lo vea desnudo, por eso trato de hacerlo lo más natural posible tapándolo cuando puedo con una toalla. Cuando está metido dentro con cuatro dedos de espuma, por fin hablamos.
— ¡Gracias mamá! Últimamente no te las doy.
— Gracias hijo, es cierto, últimamente no me las das.
— Creo que tengo que cambiar, ¡lo haré mamá!
— Eso está bien hijo.
Él echó un poco más de agua caliente.
— El otro día me encontré a Brooke comprando, me preguntó por ti.
Theo no tuerce el gesto, aún le duele hablar de ella.
— Creo que deberías llamarla.
Insisto sin obtener respuesta.
— No quiero hablar de eso mamá —me dice.
— No se hijo, ella parecía querer verte.
Sigue sin mirarme.
— Ya sé que me meto donde no me llama, pero te quería Theo, ¿por qué rompisteis?
— ¡De verdad quieres que te lo diga mamá! —protesta alterado.
— Son cosas vuestras, no tengo porqué saberlo.
— Bien, pues te lo diré, lo dejamos porque no se me levanta mamá, nunca podré hacerlo con ella, ¿entiendes?
Rompe a llorar, le consuelo arrodillada en la bañera junto a su cabeza.
— El doctor dijo que nunca se sabe, hay gente que pasado un tiempo tras la lesión sienten en esa parte.
Le digo para mantener la esperanza.
— Creo que no es mi caso mamá —se lamenta.
Le froto la espalda y se relaja, luego le sigo frotando el resto del cuerpo, hoy no le importa que lo haga, le froto las piernas y voy subiendo, sé que no siente nada, pero hay que lavarse.
Echamos el agua fuera y lo aclaro, ahora está desnudo completamente, cuando siento que necesito hacer pis al levantarme, no aguanto más. Así que se lo digo y lo hago, me bajo las braguitas y me subo la falda discretamente, me siento en la taza y el pipí cae con fuerza, luego me seco con un poco de papel mientras mis bragas están a mitad de mis muslos, lo tiro, me las subo y dejo caer los pliegues de la falda.
Entonces descubro a Theo mirándome.
— ¡Me estabas espiando! —le sonrío.
— ¡No no! —contesta poniéndose colorado.
Me acerco risueña dispuesta a hacerle cosquillas y entonces lo veo, creo que él ni se había dado cuenta aún, lo mira y sorprendidos ambos nos miramos.
Su pene se ha puesto erecto, tiene una buena erección diría yo. No sé qué decir y él tampoco, finalmente se pone colorado y lo admite.
— Perdona mamá, ¡no sé que me ha pasado!
— No hay nada que perdonar Theo, ¡mira, ahí está tu erección! —exclamo sonriente.
Vemos que empieza a bajársele entonces no lo pienso se la cojo y comienzo a movérsela.
— ¡Pero mamá, qué haces! —me grita intentando apartar mi mano avergonzado, casi ni se atreve a tocarme.
— Tenemos que ver si esto se mantiene Theo, vamos, ¡hazlo tú! —le ordeno.
La suelto, Theo lo intenta, pero veo como me mira de reojo, se avergüenza de que lo vea hacerlo.
— ¡Vamos Theo, ha sido el principio, ahora cuando estés en tu cama inténtalo, piensa en algo que te excite! ¿Lo harás?
— Bueno, lo intentaré mamá.
No hablamos más, le ayudo a salir, lo visto y se va a dormir.
 
1
Desde lo de anoche no hemos vuelto a hablar del asunto, hoy en la cena saco el tema y Theo me rehúye de nuevo la conversación.
— Vamos Theo, ¡no pasa nada hombre! Soy tu madre, puedes confiar en mí.
— Lo se mamá, pero aún me da vergüenza, no sé por qué se puso dura anoche y no he conseguido repetirlo.
— Bueno no importa Theo, ya volverá, quien sabe, ¿te preparo el baño?
— Está bien mamá.
De nuevo en la bañera, le froto la espalda y repito el ritual de ayer lavándolo, Theo se relaja y me deja que lo acaricie, llego incluso a rozar con la manopla su miembro, pero este no despierta.
Entonces recuerdo, pis me viene a la mente.
Voy al váter y me bajo las braguitas, hago un poco de pipí, me levanto y me limpio, lo hago disimuladamente, pero me tomo mi tiempo, miro a Theo y él me mira, entonces me subo las bragas muy despacio, las ajusto a mi culo y me dejo caer la falda.
Me acerco a Theo y ambos miramos abajo. Hoy no ha surtido efecto.
Me niego a rendirme, me pongo delante de Theo y me levanto la falda, me nuestro desnuda ante él, me giro y lo vuelvo a mirar. Permanecemos en silencio.
— Sabes Theo, a veces me masturbo, no puedo evitarlo, desde tu accidente no salgo con hombres, no te sientas culpable, no lo necesito, cuando me toco me doy mucho placer.
Le digo con la falda levantada delante suyo.
— Vamos mamá, ¡me da mucha vergüenza!
— ¿Tú ya no recuerdas lo que se siente al meneártela Theo? ¿Tú lo hacías verdad? ¿Pensabas en Brooke?
Le atosigo a preguntas mientras le muestro mis muslos desnudos y metiéndome las braguitas en la raja de mi culito me giro para que me vea.
— Guardo un buen culo aún de mi juventud, siempre lo tuve bonito, ¿no crees? —le pregunto.
— ¡Mamá, esto no me ayuda mucho!
— Bueno hijo, ¡al menos tenía que intentarlo! ¿No? —protesto.
Tiro el agua y lo aclaro, lo seco y le ayudo a salir y a vestirse. Vamos a su cuarto y se acuesta. Me siento en su cama y entonces noto que se está fijando en mis pezones. Se me ha n puesto duros y manchada por el agua, no me he dado cuenta de que mi camiseta se ha pegado a uno de ellos y se transparenta un poco.
Entonces meto la mano entre las sábanas y, ¡ahí está de nuevo! Theo tiene una media erección, no lo dudo, le meto las manos en los calzoncillos y a flor de piel se la muevo. Tiro de la sábana y se la saco, Theo la mira asombrado y me mira a mí.
Tomo su mano y la poso sobre mi pecho mojado por el agua, no llevo sujetador, para dormir me lo quito y sólo llevo la camiseta.
— Mira qué duro mi pezón, te imaginas que soy Brooke y estoy aquí contigo, ¿eh?
Le insinúo y sigo masturbándolo. Me levanto la camiseta y me la saco por los hombros, sin perder un segundo empuño su pene y sigo moviéndolo.
— ¿Puedo? —me pregunta Theo refiriéndose a mis pechos.
— ¡Claro, tengo una idea mejor!
Me inclino y le pongo uno en la boca.
— ¡Chúpamelos Theo, como cuando eras bebé y mamabas de estos pechos, vamos no te avergüences hijo!
Siento como lo hace, es una sensación extraña pero placentera, sigo meneándosela, su erección es cada vez mayor, está realmente tiesa.
Siento que se estremece, al menos su torso lo hace, su pene empieza a soltar andanadas de semen que sube y vuelve a caer manchando mi mano, su pelvis, los muslos y su barriga.
Nos quedamos anonadados mirando el espectáculo, se la estrujo y tomando una toalla lo limpio.
— ¡Qué has sentido! —le pregunto emocionada.
— No sé mamá, no ha sido un orgasmo exactamente, pero: ¡me ha gustado! —concluye sonriente.
Le doy las buenas noches y me voy a mi cama.
La noche aún no ha acabado para mí, me acaricio mi sexo, estoy tan excitada y caliente que me deleito largo rato aproximándome al orgasmo y retrasándolo hasta que me corro por todo lo alto.
 
2
Hoy durante   la cena no comentamos nada, aunque estoy segura de que Theo lo piensa, ¿qué va a pasar en el baño?
Le digo que voy a preparar su baño y él me contesta mecánicamente.
Cuando vuelvo me mira asombrado, llevo unas picardías muy monas, hace años que no me lo pongo, pero aún me vale. Me giro para que me vea —hoy vamos a por todas—, me repito a mí misma.
En el baño Theo no para de mirarme, le froto y me exhibo sensual, provoco que el camisón se me moje, debajo mis pechos desnudos se transparentan sobre la gasa mojada.
— ¡Uy, creo que me hago pipí! —exclamo sonriente y voy al váter.
Repito el ritual, me bajo las braguitas, me siento, me levanto, me limpio sensualmente, y hoy me giro para subírmelas, me aseguro de que Theo me vea mi vello púbico depilado.
— Esta noche tienes que repetir, ¿crees que podrás? —le pregunto al acercarme para ver su erección.
Se la cojo y lo masturbo bajo el agua. Theo saca su mano de la bañera y se atreve a tocarme el culo tímidamente.
— Puedes apretar más, que me rompo, ¿eh?
— ¡Vale! —sonríe.
— Hijo, tómate esto como tu rehabilitación, cuando sepamos que estás a tono invitaremos a Brooke y quedará sorprendida, ¡créeme!
— ¡Vale! —repite.
En el baño lo masturbo y poco y me dejo tocar el culo y los pechos por él, mi camisón acaba muy perjudicado, al igual que mis pezones y me sexo, que palpita excitado por la rara situación.
Le seco y lo llevo desnudo a su cama, allí me quito el camisón y las bragas, y me muestro desnuda, le enseño mi sexo depilado y me recuesto junto a él a los pies de la cama con mis piernas hacia el cabecero. Dejo que me mire mientras me masturbo, le digo que haga lo mismo mientras me mira.
Se coge su pene y lo mueve, ambos nos miramos, no hay comunicación verbal, toda es corporal, sutiles gestos, sonrisas mientras nos tocamos.
— ¿Me dejas tocarte? —pregunta, sé lo que quiere y se lo doy.
Me acerco a él, abro mis piernas flexionándolas y con las manos hacia atrás dejo que me acaricie mi sexo, tengo el surco muy lubricado, él lo recorre con las yemas de los dedos.
— ¡Adelante, mételos! —le ordeno.
Obedece, siento un dedo entrar y lo mueve, me contoneo gustosa. Pero veo que su polla se ha bajado, me abalanzo sobre ella y la meto en mi boca.
Theo exhala nervioso, pero yo chupo sin parar, recupero su erección en segundos, crece en mi boca y se pone dura. Él ahora me acaricia mi sexo con la mano y vuelve a penetrarme con sus dedos, estoy tan cachonda.
— ¡Pónmelo en la boca! —me ordena.
Dudo, pero sigo su orden, me pongo cabeza abajo y le dejo lamerme el coño. Es delicioso, siento que me derrito. Sigo chupándosela y él comiéndomelo, me detiene, me dice que pare.
Entonces le doy un respiro, ambos jadeamos, estamos excitados, con la boca seca.
Decido que ya es hora de seguir, cojo un condón que había guardado en la mesilla y se lo enfundo. Theo me mira sin decir nada, tal vez incrédulo, tal vez expectante.
Me pongo en cuclillas sobre la cama, sobre su polla apuntando a mi sexo, la muevo un poco antes y me la clavo entera. Me echo hacia adelante y le ofrezco mis pechos para que me los chupe mientras comienzo a cabalgar encima suyo.
Theo chupa y yo me muevo, seguimos así no sé cuánto rato, me corro, pero él sigue ahí debajo de mi.
— Hoy no lo consigo —admite con pesar.
— Pues hoy sí, ¡lo harás! —le digo mientras me bajo me la trago de nuevo con el condón puesto.
Chupo con fuerza, me ayudo con las manos y persisto. Theo gruñe, me sujeta la cabeza y yo insisto e insisto hasta que siento que la mandíbula se me va a quedar encajada, entonces noto su tensión en los abdominales, me apoyo ahí con una mano mientras con la otra se la sujeto.
Una cálida sensación invade mi boca a través de látex, ¡lo he conseguido!
 
3
Llevamos una semana de rehabilitación, en secreto hablo con Brooke y le expongo la situación. Sé lo que les pasó y se lo aclaro.
— Brooke, sé que él te quiere, sólo que sentía que no cumplir como hombre contigo era terrible y por eso te dijo que te marcharas.
— Ya, yo sabía que era el problema, pero ¡qué podía hacer! Lo intentamos sin éxito.
— Bueno pues parece que hay buenas noticias, él no sabe que estoy hablando contigo, pero su pene está de vuelta —le digo sonriente.
— ¿En serio? ¿Se lo ha dicho?
— ¡En serio! ¡Bueno más bien lo he podido ver en directo cuando le ayudo al baño por las noches! —exclamo poniéndome un poco colorada.
Ella no lo sabe, pero pienso en lo que he hecho y siento vergüenza admitir simplemente que lo he visto empalmado.
— Venta a cenar una noche, y ayúdale tu a bañarse, ¿quieres?
— Lo dice en serio, ¡me muero de ganas! No he estado con nadie desde su accidente, ¡créame señora Ellis!
— Te creo hija, te creo. Pero llámame Aisha, por favor.
Lo preparo todo y no le digo nada a Theo, va a flipar cuando la vea entrar.
Efetivamente Brooke se ha arreglado para la ocasión y viene preciosa, envidio su cuerpo joven y esbelto, me recuerda en cierta medida a mi juventud.
Cenamos y Theo está encantado de verla, aunque también lo noto nervioso. Llega la hora del baño y le insinúo que lo bañará ella.
— ¡Pero mamá, por favor la primera noche y le dices eso! —protesta nervioso.
— Tranquilo Theo, todo saldrá bien, ¡créeme! Ya lo hemos hablado tonto, y Brooke, ¡lo sabe! —le confieso mirándola y esta sonríe y se sonroja.
A regañadientes accede, les preparo el baño y luego los dejo solos. Espero fuera, el tiempo pasa y algo cotilla y tanto más nerviosa que mi hijo pego la oreja a la puerta.
Finalmente oigo llanto, es Theo y también Brooke. Decido entrar y los veo en la bañera, ella está desnuda a su lado.
— Perdonar, os he oído llorar y no he podido evitarlo, ¿estáis bien? —le pregunto dándole una toalla a Brooke.
— Si —contesta ella—, bueno creo que Theo está nervioso y la cosa no funciona.
— ¡Mamá te dije que no era buena idea! —exclama él echándome las culpas.
Me irrito y estallo.
— Vamos a ver, escuchadme los dos, la cosa es sencilla, pero ambos estáis nerviosos, os ayudaré, pero tenéis que hacer lo que yo diga sin protestar, ¿de acuerdo?
Brooke me mira con cara de asombro al escuchar que «les ayudaré».
Seco a Theo y lo llevo a la cama, allí le pido a Brooke que se tumbe junto a él y se descubra. Nerviosa asiente y obedece. Veo su hermoso cuerpo desnudo y me maravillo de la preciosidad de su figura, sus pechos y su pubis, delicadamente depilado dejando una espiga de bello en medio, le queda fenomenal.
— Está bien Brooke, ahora dale tus pechos y que te los chupe, ¿vale? Anda bonita.
— ¿Y usted mirará? —pregunta nerviosa.
— Sólo hasta que vea que la cosa funciona, luego me marcharé.
Brooke obedece, se besan y luego Theo besa sus pechos, se los chupa y ella gime.
— Ahora Brooke, ¡acaríciate, excítate!
Ella obedece, esta vez no me pregunta, sólo obedece. La miro, es tan joven y deseable, me gustaría acariciar yo su sexo y besar sus pechos.
Me siento en la cama a su lado, sin que se den cuenta, cuando me miran estoy cogiendo el pene aún flácido de Theo, Brooke me mira con los ojos como platos.
— Vamos querida sigue, ponle tu coño en la boca y que te lo coma un rato, a Theo le gustará —sonrío.
La joven se encarama y le pone su rajita en la boca, Theo se abraza a sus caderas y se lo come todo.
Sin que me vean me inclino y chupo su glande, lo hago crecer en mi boca, pero mi plan falla y Brooke me descubre, anonadada no dice nada sólo se gira y sigue disfrutando de la lengua de Theo.
Algo me pasa, estoy nerviosa, no puedo evitarlo, me pego a Brooke, a su espalda y la abrazo, le cojo los pechos y se le aprieto los pezones, le chupo la oreja y el cuello.
— ¡Señora Ellis! —exclama girándose.
Cojo su cabeza y le como los labios dulcemente introduciendo mi lengua en busca de la suya. Se encuentran a medio camino mientras la abrazo.
Comienzo a moverme, a subir y a bajar y noto como la excitación de Theo no baja en mi interior, ¡está bien dura!
Brooke mira detrás de mi asombrada, no puede creerlo sin duda. Entonces le digo que se gire y la beso de frente mientras nuestros pechos se juntan y Theo le come el culo desde atrás, yo por mi pártele meto los dedos en su delicada rajita la hago gemir con su boca dentro de la mía.
Libero a Theo y pongo a Brooke a sustituirme, él la penetra y ésta le cabalga. Me echo a su lado y me masturbo mientras Brooke decide ayudarme con sus dedos mientras yo también la agasajo en su clítoris mientras Theo la penetra. De pronto Theo se corre bajo Brooke y queda tendido tras su orgasmo.
Entonces Brooke sólo tiene ojos para mi, se echa encima de mí y une su sexo con el mío, nuestros coños se comen como antes lo hacían nuestras bocas y nuestras bocas siguen comiéndose sin parar.
Gemimos y gemimos, creo que Theo mañana va a estar celoso de mi, pero no puedo parar, Brooke es deliciosamente placentera, tendrá que compartirla conmigo, después de todo yo lo he hecho por él…


PD.: Soy Zorro Blanco 2003, ¿quieres más? Tienes más información acerca de esta novela en mi blog.

2 comentarios - Siete Madres Desesperadas: Ellis, Aisha

Simonmer74
Excelente entrega gracias, de los mejores relatos que he leído últimamente...