Aproveché y me bajé duro a Estela

A todo esto, no me quedé sin miporción de torta con crema de leche. Había estado toda la noche del cumpleañospegadito a Estela, que fina, maquillada y perfumada me volvía loco con susaromas femeninos, finura, charla y convidándome sandwichitos y demás. Y queríaterminar la noche con ella, pero no sabía qué haría, así que si bien el pene mecrecía debajo del pantalón no podía hacer mucho. Al fin le pregunté qué iba ahacer, y la pelirroja potra me dijo que se iba a su casa, que tenía quelevantarse temprano el miércoles para un estudio, algo así. Le propuse,excitado, insistente, de tomar algo y Estela aceptó. "Dale amor, pero unratito, que mañana si no no me levanto más", respondió con su voz fina yamable. Aproveché y le consulté con qué iba a dormir, me contestó camisón,bombacha, todo, y obvio con su marido Ernesto, aparte de ponerse cremita en lasmanos antes de acostarse.
 
Bueno, con todo eso yo ya estabahecho. Pero no. Porque siempre quiero un poco más, más después de lossandwiches de miga con huevo, y de ver a María Teresa y María Beatriz irse conConsuelo al telo. Así que nomás me fui con Estela a un café. Pero mientras ibadel brazo de la fina mujer, que me excitaba cada vez más con su cartera decuero fina y el ruido de sus tacos, cambié de planes. "Teli, ¿y si vamos aun lugar más íntimo?" Es decir, un telo. Es decir, coger. Estela que no,que me tengo que levantar, que se me hace tarde. Yo insistí: "Dalecolorada, un polvo, te doy por vagina y listo, uno aunque sea", dije locoy mal hablado, es que no podía más. Estela al fin aceptó, pero un toque.
 
Y entonces imaginen cómo fui altelo cerca de su casa, casi jadeando por el camino, a los besos y mimos con lapelirroja, que me volvía loco con esa cartera, y eso que no vestía cuero, peroigual. Y cuando estuvimos en la pieza, mimos, besos, todo lo normal, Estela depronto se volvió loca, empezó a jadear,me sacó la ropa rápido, me bajó elcalzón, loca se sacó el corpiño y la bombacha y pidió pene a los gritos."Diegui, pija, tu pija, llename la concha amor", repetía agitada. Seme paró en segundos, sin jueguito ni nada me le tiré encima, la acosté, Estelase abrió perfecta y la penetré con violencia, locura y potencia con un penachopor su vagina, frotando enloquecido por su cuerpo delgado, perfumado, pielfina, acordándome todo lo suyo, sexo, cuero, sandwiches de miga, todo. Y lamayonesa no tardó en salir: tras menos de diez, eyaculé terrible semen en lavagina de Estela, que pegó unos alaridos de placer de aquéllos apenas fueinundada. Pero la pelirroja quiso más, pidió por la cola, la di vuelta y se lametí durísimo hasta acabarle semen a torrentes en la cola. Estela quiso semenen la boca, le acabé en la boca, le pasé la pija chorreante y ella lamió,tragó, chupó, me ofreció su flujo, tragué chocho. Besos, apreté tetas y pezones,ella mi pene como si fuera una goma, me supercreció y la divina me pidió otro,y me la empomé por la vagina hasta acabar. Pero parece que la mujer no estabaconforme, quiso por cola y le di por cola, y luego me dio cosas de su cartera yme pidió que le diera por sus dos orificios. Enloquecido, enfurecido, en todo,le metí de todo por la cola y mi pene por la vagina, hice al revés y al derechoy la volví a llenar y llenar con mi espeso semen. Estela me dio un besote, meayudó a lavarme, nos vestimos, me regaló otra de sus bombachas, otra prendapara mi colección, y luego de acompañarla como caballero a su casa, me fui a midepartamento. Menos mal que quería un solo polvo, que se tenía que levantar,qué sé yo. Pero vieron chicas, cuando el pene y la vagina se llaman, no hay conqué darle. O sí.
 

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