Maria I

Siempre me gustó el sexo salvaje, duro, rudo. No se por que. Sería motivo para charlar con mi psicóloga. Soy un hombre de 30 años, profesional, y en estos posteos les voy a ir relatando mis andanzas sexuales. Siempre he leído a los demás y creo que llego el momento de dejar retratados aquí los siguientes hechos.
Al ser mi primer relato les pido me tengan paciencia y obviamente se aceptan críticas y comentarios acerca de lo que les va pareciendo. Los nombres obviamente están cambiados, pero en cuanto a los hechos voy a tratar de mantener la fidelidad de los mismos.
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Cuando arme mi perfil en Badoo fue con el nombre de "buscosumisa" y la verdad no me decepcionó para nada. Hubieron personas que se rieron por mi nombre, otras que preguntaron lo que era ser sumisa, y otras tantas que se pusieron a mis órdenes como sumisas.
Hay un dicho que es "del dicho al hecho hay mucho trecho", y así fue, sinceramente la mayoría de las personas que aceptaban el rol de "sumisas" no llegaban ni a la semana, ya que durante esa primer semana es donde se ve quien realmente tiene alma de sumisa y quien lo hace tan simplemente "para experimentar algo nuevo"
Me encontré con un perfil, se llamaba "maria" Ella era medianamente linda, recientemente había leído "50 sombras de Grey" (estaba el auge en ese momento, era la novedad) y sinceramente no le di mucha cabida. Empezamos una charla normal, superflua, en donde la conocí, tenía 21 años, estudiaba en la facultad de derecho (donde yo también estudiaba en ese momento) y me empezó a parecer un poco interesante el poder tener un encuentro con ella, más con las ideas que me iba tirando.
Que le gustaría que entremos los dos en un aula que no se esté utilizando y que le haga chuparme la pija como nunca antes nadie lo había hecho, que la apriete contra la pared haciéndola sentir mi palpitante ereccion en su culo, entre otras tantas situaciones.
Sin más dije "esta es la mía", aunque algo no me terminaba de cerrar. Para sus 21 años empezaba a tener arranques como de celos que no lograba descifrar, por lo que la fui dejando de lado para ver hasta donde llegaba.
Empezamos a hablar por WhatsApp, por teléfono, pero nunca quería hacer videollamada, lo que me terminó de cerrar algunas cosas. Teníamos sexo virtual en donde le enseñe a tocarse como a mi me gustaba. Yo mucho no era muy asiduo a esto, pero para ir "modelando" a mi putita era perfecto. Le enseñe donde encontrar su punto G, le enseñe como tocarlo, como aguantarse los orgasmos (cosa que siempre me gusto hacer) y hasta llegué a hacerla iniciar, aunque era muy reticente a eso, en el sexo anal.
Pero todavía había algo que me rondaba la cabeza, y era que en algo me mentía, así que fui ideando mi plan para hacerla hablar.
A todo esto, desde que habíamos empezado a hablar habrían pasado 10 días en los que mi "sumisa" se fue entregando a cada pedido mio. Desde fotos de sus partes, hasta llegar a masturbarse en el baño de la facultad. Sinceramente tenía varias sumisas en ese momento y no dejaba a ninguna de ellas sin su ración diaria de AMO.
Llego el momento de cumplir con mi plan con Maria, y la dejé 2 días sin poder tocarse, y si la hacía tocarse, tenía prohibido acabar. Puedo imaginar la frustración que había en su cabeza, en su mente y en su cuerpo. Luego de esos dos días ella me pedía por favor que la dejara acabar, me decía que lo necesitaba, que su cuerpo se lo pedía, que soñaba conmigo y se levantaba mojada y que no hacía nada, simplemente se ponía a pensar en otra cosa hasta que se le pasara. La noche en la que decidí que había pasado el tiempo prudencial se dio también de que Maria se había quedado sola en su casa, así que la llamé, y al no contestarme su celular la llame a la casa. Durante los día hablados con ella fui recolectando información y no fue difícil dar con su dirección y su número de teléfono. Cuando atendió el teléfono de su casa y me escucho decir "que mierda estas haciendo, te estoy llamando al celular" corte y espere. A los 10 segundos era ella quien me estaba llamando a mi al celular. Le dije que esa noche iban a cambiar las cosas, que se iba a convertir en mi putita, a lo cual ella respondió, muy para mi sorpresa, que era lo que estaba esperando escuchar de mi.
La hice desnudarse y empezar a acariciar sus pechos muy lentamente. Al empezar a notar su respiración entrecortada, mi miembro empezó a cobrar vida. Empezó a pellizcar sus pezones lentamente, cada vez más fuerte hasta que le dije que parara. Le hice ir a buscar dos broches para la ropa y les hice poner el huequito más chiquito apretando sus pezones. El temblor en su voz me hizo sentir la calentura y excitacion que iba llenando cada poro de su piel, con cada respiración se le dificultaba más el hablarme. Ahí empezó todo. A mi pedido empezó a acariciarse el clitoris, el cual ya estaba bien marcado en su sexo, y de a poco fue explorando con sus dedos su sexo ya encharcado. 

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