Era virgen, pero la tenía enorme II

SEGUNDA PARTE

Después del primero, tuvimos varios encuentros más. Cada vez tenía más confianza en él mismo y se hacía a la idea de que yo le permitía hacer lo que él quisiese. Estaba listo.


Espere a que mi madre saliera de viaje, para tener la casa sola y poder disfrutar con más calma. Llego el tan ansioso día: “Mi madre se irá ¿quieres venir?”. Claramente dijo que sí. 

Al llegar de la escuela comencé mi “ritual de belleza”. Me puse un conjunto agradable a la vista, unas medias negras hasta el muslo y ropa casual, una blusa de botones con el fin de causar desesperación. Llego el chico, notaba su nerviosismo, no sabía cómo iniciar. Luego de una plática banal, me puse de pie y le tome de la mano para dirigirlo a mi cuarto, no opuso resistencia. Comenzamos a besarnos, ya teníamos más confianza. Intentaba quitarme la blusa, sus manos eran torpes al desabrochar los botones, lo hizo lo más rápido que pudo hasta encontrarse con el premio: mis pechos. Ansioso besaba uno y el otro lo apretaba con fuerza, mientras yo le quitaba su playera. Sus labios se dirigieron a mi cuello, me fascina esa sensación. 

De un empujón me tiro a la cama y se puso sobre mí, lo acariciaba, me acariciaba, le besaba, me besaba. Me empezó a desabrochar el pantalón y de unos cuantos jalones los aventó. Quede sobre la cama y él me admiro por un momento, se le escapo un pequeño “wow”. 

Ya sin pantalones, le indique que se acostara. Su bóxer parecía que iba a reventar, yo estaba ansiosa por ver esa bella erección frente a mí. Inicie con el trabajo oral, casi de inmediato él se estremeció. Quería hacer un buen trabajo para que el me recompensara momentos más tarde; así que ya no fui tan “tímida” como otras veces. Lo succione profundo, jugueteaba con mi lengua y subía y bajaba de manera rápida. Sus suspiros y caras me excitaban demasiado. 

Me puse de pie junto a la cama, dispuesta a quitarme la ropa interior; pero él me detuvo: “Déjame hacerlo a mi”. Quede desnuda, únicamente con las medias puestas. Me contemplo un momento, le agradaba la vista. Ya estado sobre la cama, abrí mis piernas; le había dicho que lo dejaría hacerlo sin condón un rato para que sintiera como de verdad se siente. Se coloco en posición y yo con mi mano apunte su verga hacia mi entrada, de un solo empujón la metió toda, se me escapo un pequeño grito a lo que él pregunto si estaba bien; me dio algo de risa, pero le dije que continuara. 

De manera casi instintiva movía sus caderas, metiendo lo más adentro que podía. No había sentido un miembro tan grande dentro de mí, era una combinación de dolor y placer. Él lo estaba disfrutando de lo lindo, se le escaparon varios “Que rico”. Se detuvo abruptamente “si no me detengo ahora ya no lo haré” dijo y busco el condón para ponérselo. Era mi turno de cabalgarlo, movía mis caderas de manera sexy, la penetración era muy profunda, ambos disfrutamos. Lleve mi cuerpo hacia adelante y mis pechos quedaron en su cara, lo cual él aprovecho demasiado bien. En esta posición elevo sus caderas a lo cual yo no podía evitar mover las mías, encontramos un ritmo y nos sumergimos en placer. Me erguí y comencé a “saltar” sobre él, la vista de mis pechos rebotando le gustaba; así que los empezó a apretar con fuerza después sus manos bajaron a mis caderas y con gran fuerza me movía hacia adelante y hacia atrás. Estábamos por explotar. 

Me volví a recostar y ya sin dudarlo él me penetro, elevo mis piernas y sus manos se apoyaron en ellas, me doblo de una manera que no me creía capaz de hacer, lo cual provoco que la penetración fuera más profunda. Ambos gemíamos, sudábamos, nuestra respiración agitada y entrecortada. Aumento la velocidad, apoyaba más su cuerpo sobre el mío, más, más y más. Hecho la cabeza para atrás, abrió la boca y yo sentía como su eyaculación salía. Oficialmente, ya no era virgen. 

1 comentario - Era virgen, pero la tenía enorme II

josegroso
quiero una maestra asi...
van p