¡He creado un monstruo! Me refiero a Claudia. ¿Se acuerdan de todas las dudas que tenía respecto a ser infiel? ¿De como le costaba decidirse a ponerle los cuernos al marido?
Bueno, no solo se despojo de todos esos absurdos tabúes que tenía, sino que los revoleo a la mierda y se reveló como toda una bombacha veloz, de esas que no pueden estar con las piernas cerradas. Ok, yo también soy de esas, pero en mi caso pertenezco al Gremio desde mucho antes de casarme, en cambio ella..., pero mejor vayamos por partes.
Después del "service" completo y especializado que le dio el Cholo, mi amiguita quedó como loca. Haberse echado mas de un polvo en una misma tarde, cambió por completo la perspectiva que tenía del sexo. Hasta entonces, coger en su vida solo había servido para engendrar hijos, pero ahora, por primera vez, disfrutaba cogiendo.
Durante los primeros días, luego de la encamada con el Cholo, estuvo como shockeada, y aunque nuestros escritorios están a unos pocos pasos el uno del otro, no me daba ni cinco de bola, ni me miraba. Tampoco me acompañaba ya a la plaza a la hora del refrigerio. Pero eso sí, la sonrisa de oreja a oreja no se la borraba nadie.
Pasó esa semana, comienza la otra, y recién para el martes o miércoles empieza a hablarme de nuevo. Y aunque no se anima a decírmelo, se le nota que tiene ganas de reincidir.
-Che, estuve hablando con el Cholo y me preguntó por vos- le dije finalmente, sabiendo que ella no se atrevía a mencionarlo por sí sola.
-¿Ah sí?- asiente como si no le importara.
-Te manda saludos-
-Mandale también de mi parte- repone.
-¿Y porque no volvemos este sábado y se los das personalmente- le propongo así, de una.
Se produce un silencio tan largo que creí que no volvería a hablarme.
-Eso me gustaría, verlo, digo saludarlo, se portó muy bien conmigo-
Y con eso ya estuvo decidido. Al siguiente sábado (este que pasó) volvimos a San Justo. En esta ocasión Claudia estuvo mucho mas suelta y deshinibida. Tanto que se animó ella sola a chupársela, sin que él se lo pidiera, y debo admitir que en unos pocos días mejoró bastante su técnica.
"Practique con un pepino", me confesaría mas tarde.
La primera parte de la tarde transcurrió de lo mas normal, con ellos cogiendo en el dormitorio, y yo manteniéndome tras la puerta, curiosa y expectante. Me daban ganas de entrar y sumarme al garche, pero no sabía como ella podía llegar a reaccionar. No creía que se hubiese deshinibido tanto y tan rápido.
Por suerte fue el mismo Cholo quien resolvió el tema. Ya le había echado un par de polvos, cuando Claudia se la vuelve a chupar por enésima vez. Está en eso, dele mamársela, con la leche y la saliva chorreándole por las comisuras de los labios, que el Cholo me ve aguantándome las ganas detrás de la puerta y me hace una seña para que me una a ellos.
"¿Estas loco?", le digo girando el dedo índice junto a mi sien derecha, señalándole a Claudia, como dándole a entender que ella no iba a estar de acuerdo. Con los hombros me hace como que no le importa y me insiste para que me acerque.
Dejando de lado cualquier resquemor, entro y me pongo al lado de mi amiga, que está de rodillas en el suelo, mientras él permanece echado en la cama, así que ahora somos dos las que estamos postradas ante su magnánima erección.
Claudia lo mira sorprendida, pero él la tranquiliza con un ligero asentimiento. Comprendiendo lo que estoy buscando, ella se se saca la pija de la boca y sin soltarla me la da para que ahora sea yo la que se la chupe. Lo hago, le doy una larga y jugosa chupada y se la devuelvo. Ella se la chupa y me la vuelve a dar, así varias veces, como si estuviéramos en una cata de vergas, compitiendo a ver quien de las dos le hace el pete mas profundo. Por supuesto yo resulto ganadora, pero he de reconocer que Claudia demuestra bastante entusiasmo al intentarlo.
Ya para entonces se la chupamos a dúo, subiendo y bajando cada una por su lado, lamiendo y sorbiendo con avidez ese terrible pedazo de pija que cada vez parece endurecerse mas. Estamos en eso, concentradas en saborearlo, en disfrutarlo, cuando el Cholo nos hace una jugada. La saca de repente y con Claudia nos encontramos boca a boca, sin nada de por medio. No sé de quién fue la iniciativa, pero nos besamos, no con un chupón pero sí con un pico, suave aunque incitante, tras lo cual se la seguimos chupando como si nada, con nuestros labios casi pegados, incluso le chupamos juntas el glande, una mitad cada una, picoteándonos con la hinchada cabeza latiendo entre nuestras labios.
Entre lenguetazos nos disputábamos los gotones de leche que fluían del agujerito de la punta, relamiéndonos gustosas cuando salíamos triunfantes.
Debo admitir que no reconocía a mi amiga, la mujer cohibida e insatisfecha había quedado en el pasado, ocupando su lugar una hembra sedienta de sexo. El brillo en sus ojos, el rubor de sus mejillas, la sinuosidad de sus labios, los gestos que esbozaba, todo era pura lujuria, pura calentura.
Como a ella ya se la había cogido, ahora era mi turno. Así que me puse en bolas, y me subí sobre esa recia poronga por la cual mi amiga ya estaba enloqueciendo.
Sentirlo adentro me nubla los sentidos, me transporta a un Universo paralelo en donde todo es placer y sensualidad y la pija del Cholo reina soberbia y orgullosa.
Cierro los ojos y me concentro en la cabalgata, disfrutando los golpes en mi útero, la fricción contra mis gajos, el repiqueteo de sus huevos..., siento la lengua del Cholo pintándome de saliva los pezones, mordiéndomelos, chupán..., un momento, no es el Cholo, ¡es Claudia la que me come las gomas!, la que me muerde, la que me chupa.
Se sienta sobre el cuerpo del Cholo, frente a mí, las piernas a ambos lados de su cuerpo, de modo que mientras me saborea, nuestro amante en común le chupa la concha.
No la pasa mal el tipo, ¿eh? A una se la coge y a la otra se la come. Un atracón de conchas se está dando...
No sé como vamos a mirarnos el lunes en la oficina, ya no siendo solo compañeras de trabajo, sino también de garche.
Incitadas por el Cholo nos ponemos en cuatro, una al lado de la otra, casi pegadas, para que pueda cogernos a las dos al mismo tiempo.
Primero se la mete a Claudia, se la garcha un rato mientras a mí me mete los dedos, haciéndome delirar con unos movimientos que me ponen la concha en un estado crítico. Luego me coge a mí y le mete los dedos a ella, manteniéndonos contentas a ambas por igual.
Ahora sí, está desatado, ese es el Cholo que conozco, fiero, agresivo, rompedor. Y aunque no quiera, Claudia va a pagar las consecuencias.
Luego de darme a mí unas cuantas embestidas, se pone detrás de ella y empieza a pasarle la punta de la pija por toda la cola. Ya intuyo lo que pretende, le va a romper el culo, así que me siento a un costado dispuesta a presenciar el inevitable sacrificio de mi amiga.
Pese a que no está habituada a recibir por atrás, en ningún momento elude los avances del Cholo, es mas, hasta parece incitarlo, empinando la cola y moviéndola de un lado a otro.
Cuando está caliente, el Cholo es un tipo de temer, por lo que le pega una fuerte nalgada para que deje de moverse.
-¡Ay bruto...!- grita Claudia, no solo por el golpe, sino porque también le mete los dedos en el culo, no uno, sino dos.
Se los entierra bien adentro y empieza a moverlos, dentro y fuera, abriéndole lo mas que puede el ojete.
El Cholo es un culeador consumado, cuando te coge, te la mete por los dos agujeros, en eso no hay tutía, yo ya lo conozco largo y tendido, y si la perdonó a Claudia aquella primera vez fue porque se lo pedí expresamente. Pero ahora que había vuelto por mas, ya no tenía escapatoria. Ni aunque se lo suplicara iba a dejarle el culito virgen de nuevo. Por suerte ella no se opone, hasta parece estar deseando que se lo rompa.
Que otro tipo que no es tu marido, te rompa el culo, es el apogeo de la infidelidad, es como poner los cuernos a la enésima potencia, eso es lo que yo pienso, y al parecer ella piensa lo mismo. ¿Que mejor revancha para con su ineficaz y sometedor marido que volver a casa con el culito bien roto?
El Cholo le pone la cabeza de la pija justo en la entrada del culo y ella suelta un suspiro, pero no se aparta, se mantiene bien afirmada en brazos y piernas, con los ojos cerrados, mordiéndose los labios, dispuesta a aguantar lo que se venga. Y lo que se viene es la terrible poronga del Cholo. La agarra fuerte de la cintura y empuja hacia adelante, creo que no va aguantar, que en cualquier momento va a salir corriendo, entre gritos y pedidos de auxilio, pero una vez mas logra sorprenderme. Grita, sí, y mucho, pero no sale corriendo ni pide ayuda, lo que pide es..., ¡mas..., mas..., mas...!
-¡Rompemelo bien roto hijo de puta..., ayyyyyy..., siiiiiiiiiii..., ahhhhhhhh..., hacemelo de goma...!-
La pija se abre paso entre las nalgas de mi amiga, pero no entra de una. Resignado el Cholo la saca y se escupe en la mano para lubricársela con saliva, también le escupe en el agujero del culo. Entonces vuelve a intentarlo, se coloca en posición, como un depredador frente a su presa, y contaataca.
Resulta estimulante ver como labura el Cholo, con la paciencia de un orfebre, manejando los tiempos y la fuerza, un verdadero artesano anal trabajando en otra de sus obras maestras. No sé si era conciente de ello o no, pero Claudia estaba ante otro momento trascendental en su vida, el primero había sido cuando decidió ponerle los cuernos al marido, el siguiente era éste. Se los aseguro yo, no es lo mismo enfrentarse a la vida con un culo sano que con uno bien roto, y mas aún cuando te lo rompen tan bien.
Ya tiene la mitad de la pija adentro, cuando Claudia se deshace en un grito cargado de dolor que denota el desgarro del cual está siendo víctima. Es entonces que parece arrepentirse y trata de salirse, pero el Cholo la retiene por la fuerza, empujando todavía mas hacia adentro.
-¡Noooo..., dejá hijo de puta, dejame...!- le grita tratando de apartarlo como sea, a golpes y patadas, pero el Cholo no se amilana tan fácilmente.
Supongo que habrá estado un millón de veces en esa situación, con una mina que primero quiere y luego, cuando empieza a doler, dice que no, por lo que se mantiene firme en su cometido.
La agarra con fuerza de los brazos, se los tira para atrás y la aplasta con su cuerpo contra el colchón. Mi amiga ya no tiene escapatoria.
-¡Nooooo..., noooo..., nooo..., no...!- grita, aunque en forma cada vez mas tenue y resignada.
Para entonces ya la tiene toda adentro. No saben como la envidio, ya que la sensación de esa primera rotura anal es algo que jamás podré vivir de nuevo. Afortunadas las que experimentamos ese doble desvirgue, aunque en mi caso fue a las apuradas y con alguien que no merecía llevarse la virginidad de mi culito.
Ya mas calmada, Claudia ahora parecía disfrutar el encule, aunque con algunas muestras de dolor todavía. Como fuera, ya no se resistía, lo cual aprovechaba el Cholo para darle mas y mas fuerte.
-¡Ahhhhh..., siiiiiiii..., siiiiiiiii..., ahhhhhh..., me estás rompiendo toda..., ahhhhhhh..., sos un..., hijo de..., puta...!-
Ya no había reproche ni negación en su voz, solo placer y dolor combinados en un cóctel maravilloso.
Ahora sí, teniendo toda su colaboración, el Cholo la pone de nuevo en cuatro, y entra a darle con todo, agrandando aun mas ese nuevo acceso que acaba de inaugurar. Claudia gime, jadea, y hasta llora, aguantándose de la mejor manera los cimbronazos con que el Cholo le sacude todo el cuerpo. Ahora es él quien empieza a bramar como un toro embravecido. Está a punto de acabar, reconozco esas señales. Acelera en ese último tramo, como queriendo romperle hasta el último vestigio de virginidad, aunque por la forma en que entra y sale la pija, dudo que le quede algo. Entonces se la saca, se arranca de un tirón el forro y le acaba encima. La leche golpea con fuerza en las nalgas de Claudia, algunos lechazos le llegan incluso hasta la nuca, permitiéndole regocijarse en esa cálida y tonificante emulsión. Resulta gracioso ver como la leche que se le acumula en el agujero del culo empieza a burbujear debido al aire que le sale de adentro.
El Cholo le palmea la cola, satisfecho, y viene hacia mí. Aunque la tiene medio morcillona después de tan cuantiosa eyaculación, se la menea y ya está listo de nuevo.
-¿Creías que te ibas a salvar?- me dice en tono desafiante.
-Lo que creía era que me ibas a dejar con las ganas- le digo y me pongo en cuatro, la cola bien abierta y ofrecida a su excelsa virilidad.
A mí me entra mas fácil, obvio, ni me tiene que lubricar, aunque a diferencia de Claudia, me culea sin forro y me acaba adentro, rociándome los intestinos con esa densa efusividad que me embriaga hasta el alma.
Claudia me mira y se sonríe, imagino lo que está pensando. Compañeras de trabajo, de garche y ahora culeadas por el mismo tipo. ¡Esas son amigas, carajo!
Nos duchamos juntas con el Cholo, ya que olemos a puro sexo y no podemos volver a nuestros hogares oliendo así, después de todo somos mamás y esposas que deben mantener cierta imagen.
Mientras nos enjabonamos, me doy cuenta que ellos se muestran muy cariñosos, demasiado diría. No es que me ponga celosa, pero empieza a preocuparme que mi amiga no sepa diferenciar el sexo de otros sentimientos. El cholo es para garchar nada mas, quién busque algo mas va por el camino equivocado.
-No sabés como me arde el culo- me dice Claudia ya en el auto y de regreso a capital, sentadita de costado para evitar las punzadas que de seguro debía de sentir.
Es ahí cuando me cuenta de su práctica oral con un pepino, debido al elogio que le hice sobre su forma de chuparla. La notaba ya mas suelta, mas distendida, como aceptando el hecho de haberse convertido en una mujer infiel.
Durante la semana estuve escribiendo el relato en el tiempo libre que me quedaba entre la Compañía y mi casa. El lunes transcurrió de lo mas normal, el martes también, con Claudia riéndose como una tonta por cualquier boludez. Pero ya el miércoles no vino a trabajar, ni siquiera avisó. Le mandé varios mensajes pero no los contestaba, y cuando llamaba a su celular me salía que estaba apagado.
Ya empezaba a preocuparme, a pensar cualquier cosa, que el marido había descubierto que le ponía los cuernos y la había fajado, no sé, la cuestión es que a eso de las tres de la tarde, cuando ya me estaba por dar un surmenage, recibo un mensaje suyo que dice: "Estoy en lo del Cholo, dont worry..."
El surmenage me dió igual, les diré.