¡Él es muy lindo y lo quiero mucho, mucho, mucho!
Me ha pedido que escriba un poquito, para bajar los nervios.
Les cuento que la próxima semana empiezo mi primera práctica profesional y eso me tiene bastante intranquila, porque estoy a cargo de 2 cursos de cuarto grado, con niños entre 9 y 10 años y me preocupa que no pueda controlarlos.

Pero él dice que lo haré bien, que soy creativa y que podré hacerme entender y dar una buena clase.
Lo otro que tengo que contarles (y que se me olvidó decirlo cuando me enteré) es que…
¡Mi hermanita también entró a la universidad!

Mi prima me dice que incluso sacó mejores puntajes que los míos y que le daba para estudiar pedagogía en Historia, en Lenguaje o en Educación Física…
Pero mi hermanita, siguiendo el consejo de otra personita que adoramos mucho ( ), decidió postular a la carrera de Traducción, en vista que la educación está tan mal pagada ahora.
Lo que me dejó más guau fue que mi hermanita dice que puede aprender inglés y japonés, por lo que ahora podremos ver más animé juntas y que más adelante, va a postular a las becas para estudiar en el extranjero y a lo mejor, venir a quedarse con nosotros y las pequeñas, lo que me parece genial.

Pero dejando las cabezas de pescado, les contaré de esos días maravillosos en Perth.
Su Hannah es lindísima. Es una chica “petite”: menudita y muy bonita, con unos ojos celestes preciosos y un cabello rubio muy elegante.
Me recordaba mucho a mi amiga Jess y a Ann, porque se nota que es una chica decente y muy “abrazable”, por lo bajita y delgadita que es.

Eso me preocupó el primer día que la conocí, porque mi marido dice que lo que más le gustaba de mí cuando éramos amigos era que yo no me aburría de sus abrazos y que le daba la sensación que podía defenderme.
También me dio envidia que ella pudiera entender todas esas cosas que hacen que mi marido ponga sus ojitos tan lindos, que tuviera tanto dinero y más encima, que fuera tan bonita.
Eso, aparte que también sentía como que me juzgaba y medía, si acaso yo era lo suficientemente buena para mi marido.

Por eso, esa noche me asusté, pensando que obviamente, él la querría más y que algún día, podía dejarme por ella.
Pero no fue así.

Me cuesta creerle que le guste tanto, porque yo misma sé que sin él, no sería mucho.
Él me apoya, me da fuerzas y me hace sentir que me la puedo y ya no puedo imaginarme la vida sin tenerlo a mi lado.

Pero bueno, al día siguiente, Hannah me declaró la guerra...
Nos iba a llevar a conocer la ciudad y aprovechar de estar un poquito más cerca de él.
Lo que no contaba, eso sí, que mi marido nunca deja de ser papá y le propuso que lleváramos también a sus sobrinos a pasear.
Porque claro, ella nos iba a mostrar la ciudad y aprovechar de estar más con mi marido.
El tal Douglas tenía que trabajar y el hermano de Hannah tenía que volver por la tarde a Adelaide, así que se iba a quedar arreglando sus cosas.

Y la tal Iris dijo que aprovecharía de tomar el sol y descansar, aunque me pareció bastante flojita.
Les diré que de todos ellos, la más simpática era Hannah, porque a pesar que no eran maleducados, sentía que nos dejaban marginados a mi marido y a mí de sus conversaciones, hablando de personas que no conocíamos y tampoco se veían interesados de preguntarnos cosas.
Además, tampoco me daban mucha confianza sus esposos, porque se veían de esas personas que se atrevían a tomar las cosas por la fuerza .

En fin, Hannah quería llevarnos a un museo interactivo y como también llevábamos a las pequeñas y a los niños, yo me tuve que sentar en el asiento de atrás del Jeep para cuidarlos y dejar a mi marido y a Hannah en el asiento de adelante.

Pero me fui conversando con Lucca.
La encontré tan linda y educada y me recordaba tanto a mi hermanita Juli, que no me molestaba para nada hablar con ella.
Me contaba que su tía favorita era Hannah, porque siempre les sacaba a pasear y jugaba con ellos, porque sus papás no tenían tiempo.
Yo la encontraba tan madura, porque sus hermanitos eran tan revoltosos y ella se veía tan tranquilita y me enteré que tenía 9 años.
Le conté que yo era Profesora de Historia y que este año me tocaría enseñarle a niños de su edad, por lo que le pedí algún consejo.

Ella no supo qué decirme, pero se vio muy contenta que le preguntara una cosa así y se puso más cariñosa conmigo.
Llegamos al museo, que era gigante y vimos muchas cosas científicas: Cómo se producían los terremotos, las olas en el mar, cómo volaban los aviones…

Más mal me sentí, porque Hannah me estaba ganando…
Entonces, hubo un momento que vieron que había un planetario. Aunque había uno en Santiago, mi marido nunca había ido y a él, las estrellas y las constelaciones le llaman mucho la atención.
Me miró con esos ojitos complicados, porque no podíamos ir todos y alguien tenía que cuidar a las pequeñas…
Así que le di la mejor de mis sonrisas y le di permiso para que fuera con Hannah.

Pero entonces, Lucca quiso quedarse conmigo, haciéndome compañía.
Dijo que sus hermanos la tenían cansada y quería jugar un poco con mis pequeñas, si acaso no me molestaba.
Hablamos de muchas cosas: de por qué no usaba maquillaje, de qué tanto comían las pequeñas y de las caricaturas de la tele.
A ella le llamó la atención que yo siguiera viendo eso, pero le dije que me había casado con un “príncipe azul”, que le gustaba ver esas cosas también y que incluso, a veces también jugábamos.
Al poquito rato, salieron ellos y mi marido me dio un tierno piquito. Me hizo una caricia en la cara y me dio las gracias, por haberle dejado ir.

Yo estaba feliz, porque me seguía queriendo…
Pero caminamos todo el día por el museo y obviamente, nos cansamos. Hannah se sentó a mi lado, pero no me dijo nada.
Las 2 mirábamos al mismo chico que nos gustaba, que con mucha ternura le mostraba a mi flaquita seria un molino de agua.
“Tienes mucha suerte de haberle conocido…” fue lo único que me dijo.

Y la entendía muy bien, porque mi esposo es de esos pocos hombres buenos que les gusta ser papás y que nada cuesta imaginártelo criando tus hijos…
Pero luego de recorrer el museo, nos invitó a comer helados a todos.
Volvimos a la mansión cuando estaba anocheciendo y pensamos que el día había terminado, pero él nos tenía otra sorpresa…
Dan ya se había marchado y mi marido les propuso a Douglas y a Iris salir a bailar a una discoteca.
El esposo de Hannah dijo que estaba muy cansado (¡Lo que alegró bastante a su esposa! XD) e Iris dijo que quería acostarse temprano…

Lo más seguro, que con alguna otra persona…

La cosa fue que mi marido, su amante y yo salimos a bailar…
Y créanme, soy la primera en decir que él es tieso y no baila tan bien, pero sí le pone empeño.

Nos sacó a bailar una pieza a cada una.
No sé de dónde sacará tantas energías, pero la pasamos excelente y es por eso que no me canso de mi marido, porque siempre me sorprende.

Quería preguntarle tantas cosas a Hannah, sobre cómo la trataba a él en la faena o cuáles son sus cosas favoritas que le hace mi marido…
Pero él me había pedido que no lo hiciera y le hice caso. Pero de tanto bailar, la rivalidad que me tenía como que se desvaneció.
Mientras mi esposo iba a buscar unas bebidas para nosotras, aprovechamos de conversar y le felicité por su suerte de casarse en el día de los enamorados.
Me explicó que como Douglas es abogado, no le fue muy difícil organizar la ceremonia y conseguirse un juez de paz para que los casara.
Yo le conté que, aunque era muy romántico, no cambiaba por nada la manera que lo hizo mi marido.
Ella me puso mucha atención, porque también sabe que él se sale de la norma y le conté que nos casamos en el día de mi cumpleaños.

Al principio, yo creía que era por nuestro viaje.
Pero después me explicó él que incluso si no hubiésemos tenido que viajar, se habría casado conmigo el día de mi cumpleaños.
Le conté que él siempre me dice que “me ha entregado el resto de su vida” y que no había mejor día para entregármelo que el día de mi cumpleaños…

Cuando le dije eso, puso una tremenda cara y yo la entendía bastante bien.
Además, lo encontraba lo más apropiado para nosotros, porque es muy parecido al final del manga de “Full Metal Alchemist”, cuando Edward también le ofrece el resto de su vida a Winry, siguiendo las leyes del “Intercambio equivalente”.

¡Ya lo ven! ¡Somos otakus hasta para esas cosas!
Y entonces, mi marido nos trajo los refrescos…
“¡Ahora vuelvo!” nos dijo y se marchó al instante.
Pensé que se le habían olvidado las servilletas o algo así, cuando de repente, se apagan las luces y se ilumina un escenario.
Las otras chicas se ponen a gritar como locas y escuchamos que el anunciador dice que va a empezar el concurso de baile…

¡Mi sorpresa fue enorme cuando vi que el participante número 4 era mi marido!
Las 2 estábamos nerviosas y no decíamos mucho, pero lo único que queríamos que se bajara del escenario y que no hiciera el ridículo.

¡Fue un martirio interminable las 3 canciones que pusieron!
Los chicos que habían salido tenían más facha, más músculos y más movimientos que mi marido…
“Y el participante número 4 viene de Sudamérica, del lejano país de Chile. ¡Démosle un fuerte aplauso a…!”

¡Quería gritar! ¡Llorar! ¡Abrazarlo y llevármelo!
Hannah también…
¡Y empezó a tocar la música!…

¡Ni siquiera era de las rutinas que él baila!
Y más encima, las otras chicas se esperaban un “latin lover”, cuando mi marido es…
Pues, lo más distante a eso posible.

¡Y se quedó quieto!
Lo estaban empezando a pifiar…

Lo que más me acuerdo, eso sí, que miraba al suelo…
Y de repente, se empieza a mover.

Mueve los brazos, como serpiente.
Nada espectacular, pero se nota que sigue el ritmo…
Y cambia la melodía y hace esos movimientos tiesos que hace él, pero rapidísimo…

Unos pasos de los 70, unas rutinas de aerobox…
¡Y a las chicas les gusta y le empiezan a gritar!

Hannah y yo nos miramos, como si nos preguntáramos “¿Eso lo hace contigo?”…
¡Y no podemos parar de verlo!
¡Se ve tan cool!
¡Tan mino!

Y cuando empieza a dar sus giros, las chicas babean porque su colita está tan durita que dan ganas de apretar…
¡Y sigue dando esos pasos tan raros, pero a las chicas les gusta, porque lo hace con tanta seguridad y estilo, a su manera, que casi ni se nota que hace el ridículo!

Al final, pasa el tiempo y un tremendo estruendo se siente, porque todas gritamos por mi marido…
Cuento corto, mi marido sacó el tercer lugar, ganando 75 dólares y las chicas, reclamando porque se merece el segundo o el primero.
Él vuelve a la mesa y nosotras, con la boca abierta…
“¡Listo! ¡Ahora podemos pagar las bebidas!” nos dice, mientras que más de 20 chicas me lo cachurean o le tiran sonrisitas.
Se nos estaba haciendo tarde y al poquito rato nos fuimos.
Le preguntamos en el camino dónde había aprendido eso y nos dice que lo escuchó por ahí, que le gustó la canción y se dejó llevar por el ritmo.

Llegamos a la casa, nos despedimos de Hannah y me lo llevo corriendo a nuestra habitación.
Revisión rápida de las pequeñas y…
¡Afuera pantalones y se la chupo sin parar!

Se la envolví entre mis pechos y él lo disfrutaba una enormidad.
Yo estaba caliente por ella…
“¿Así que fue pura improvisación?” le preguntaba, mientras le amasaba y le daba lamidas ansiosas.
Él suspiraba muy feliz…
Me daba un poco de cosquillas cuando pasaba entre mis pechos, pero más ansias me daban por probar su puntita rosadita en la boca y darle un besito tierno.
También se la agarraba con las 2 manos y le pasaba la lengua de la base a la puntita jugosa sin dejarle descansar.

Ese olorcito rico a embutido me estaba volviendo loca y se la chupeteaba un montón…
Se quejaba más rico cuando se la envolvía con los pechos, porque eso Hannah no puede hacerlo con él.
Y se ponía más grande, más caliente y más gordita…

Me estaba costando tragarla entera, pero tenía determinación y espíritu de lucha esa noche.
Si mi marido me había atendido bien la noche anterior, lo mínimo que podía hacer yo era devolver la mano…
O la boca, en ese caso.

De pura curiosidad, me la saqué de la boca para medirla y me cubría perfectamente, del mentón hasta la frente.
Y claro, él aprovechaba de cachetearme con su enorme dedo de carne por las mejillas.

Se la meneaba furibunda, porque lo hacía a propósito y se la apretaba un poquito, metiéndomela en la mejilla.
Cuando empieza a suspirar más fuerte y a quejarse.
Yo sé que eso significa y le meto a chupar con todas mis ganas.
Hasta la garganta y puedo sentir cómo se sacude, como si fuera una tremenda manguera.


El líquido que me tira me deja flotando en las nubes y quema poderosamente mi boca. Lo trago, sin desperdiciar una sola gotita.
Le miro y está tranquilito, haciéndome cariño en la cabeza…
Y yo, pues la chupo otro poquito…
“¡Marisol, ya está bien!” me dice.

Yo le sonrío y no le hago caso, restregándole mis pechos sobre ella.
Tenía ganas de jugar, andaba contenta y siendo honesta, hambrienta y antojadiza también…
Así que no le dejé en paz hasta sacarle jugo 2 veces más…