Un día de trabajo como cualquier otro, en una tarde de invierno, me dirigí a una empresa cliente del estudio en el que me desempeño como auditor para controlar la contabilidad de esa firma. Debo admitir que iba bastante entusiasmado y un tanto nervioso por la confesión que estaba dispuesto a realizar. Recientemente había tenido un encuentro con una ex novia del cual surgió una sesión fotográfica que por morbo había publicado en un sitio para adultos de Internet. Por supuesto que el trabajo fue realizado cuidando la identidad de mi amante pero sin su consentimiento.

Al llegar me llamó la atención que en la oficina sólo se encontraba la contadora ya que el resto del personal estaba en un curso de capacitación. Romina, mi ex novia, una sensual petisa, de pechos respingados y cola redonda, me esperaba sin saber lo que pronto le contaría.

Gracias a la soledad del lugar y ya que hacía un par de días que no nos veíamos, aprovechamos para comernos las bocas y meternos unas cuantas manos durante unos minutos. Tal vez podría valerme de la calentura de Romina, por estar haciendo algo indebido, para tratar de explicar el por qué de mi accionar incorrecto abusando de su confianza. Pero realmente no sabía que decir y preferí esperar.

Cuando estuvimos casi ahogados de tantos besos sin respiro se produjo una pausa necesaria y ella me ofreció un café para agasajarme.

En el momento que se alejó, abrí el explorador y me dirigí al sitio en cuestión. Mejor que hablar era actuar, pensé. Seleccioné el post de sus fotos y esperé el regreso de mi amante. Minutos después ella trajo dos tazas de café en una bandeja. La apoyó sobre el escritorio y observó el monitor de la PC.

- ¿Qué hacés -preguntó sorprendida-?
- Mirá bien.

Me quitó el mouse y comenzó a ver la secuencia de fotos artísticamente retocadas para parecer tomadas con una máquina instantánea.

- ¡Boludo! ¿Son mis fotos?
- Si. Pero no te preocupes. Tuve cuidado de que no puedas ser reconocida.
- Noooo...

Miró incrédula durante unos minutos y luego descendió a la sección de comentarios. Noté que su expresión comenzaba a cambiar. La adrenalina que le producía el hecho de ser la primera vez que se sentía expuesta eróticamente, y las obscenidades y expresiones de deseo que leía en las opiniones sobre sus fotos, fueron haciendo subir la temperatura de mi ex. No perdí tiempo y me acerqué desde atrás apoyando mi pija, que empezaba a endurecerse, sobre su apetecible culo.

- Mirá lo que pone este -dijo sonriente-.
- ¿Te gusta?
- La verdad están lindas las fotos. Yo me daría. Jajaja.
- ¡Qué bueno! Podríamos hacer una nueva sesión en este mismo momento -dije mientras masajeaba sus hermosos pechos-.

A pesar de los nervios por la posibilidad de que llegara alguien, y tal vez por el morbo de esa situación, asintió. Rápidamente tomé el celular y comenzamos a capturar algunas imágenes.

Al principio sólo fueron unas poses sugerentes con ropa, luego se fue animando a más, y se quitó la polera de lana, quedando sólo con una camiseta de nylon blanca que traslucía sus pezones ya erectos con sus amplias areolas.

- Mmmmm. ¡Cómo me gustan esas tetas!
- ¿Si? No son muy grandes -afirmaba con cara de nena mientras las levantaba sutilmente con sus manos-.
- Dale, mostráselas a la cámara, a ver qué opinan los comentaristas después.

Se ruborizó pero no se detuvo. Luego se volteó y se bajó lentamente el pantalón, luciendo una vedetina que resaltaba la redondez de sus glúteos, la cual no duró en su lugar más de lo que me tomó hacer una captura ya que mi excitación me hizo arrancársela de un tirón.

Ahora, con toda la majestuosidad de su cola a merced de mi cámara, le separé los glúteos con una mano para tomar fotos de sus partes más íntimas mientras ella obedecía mis instrucciones posando como una experta modelo inclinándose sobre un escritorio. Con ese escenario yo admiraba y fotografiaba los jugos que ahora empezaban a humedecer su carnosa vulva, lo cual llevó la tentación a un punto sin retorno, y al tener esa deliciosa cola abierta y predispuesta, acerqué mi boca y sin pudor comencé a darle una tanda de besos negros que la hicieron gemir y retorcerse de placer. Por supuesto que mi labor no se detuvo y continué tomando autofotos para recordar para siempre esas escenas.

Al cabo de unos minutos, y con su orificio anal totalmente lubricado por mi saliva, bajé el cierre de mi pantalón, corrí hacia abajo el bóxer para liberar a mi miembro totalmente empalmado y de forma suave lo apoyé entre sus glúteos. Ante esta situación ella trató de resistirse, preocupada por el riesgo de ser descubiertos, pero la sujete firmemente, y con mi mano izquierda libre comencé a masturbarla lentamente tratando de excitarla más.

- Así te gusta putita.
- ¡Sí! Pero nos pueden ver...
- Pero yo ya no puedo parar, ¿y vos?
- Noooo. Mmmmmm. Seguí. Metémela.

Ya rendida al placer, empujé firmemente mi pene sobre su apretado ano y Romina continuó con sus jadeos ahora mezcla de dolor y deseo. Unos segundos después, los jugos que mojaban mi mano me mostraron la oportunidad de introducirle mis dedos en su vagina a la vez que tomaba unas últimas fotos de esa penetración anal que tanto placer me daba.

- Más fuerte... Rompeme el culo -dijo lujuriosamente-.

Tuve que contenerme para no terminar abruptamente, pero la sesión de fotos había finalizado. Dejé a un lado el celular para poder acariciar y apretar sus pechos y, de tanto en tanto, pellizcar sus enrojecidos pezones mientras el bombeo se hacía más intenso.

Cuando ya me encontraba cerca de acabar, apresuré la masturbación sobre su empapado clítoris para tratar de que llegáramos juntos al orgasmo. Los gemidos se escuchaban más fuertes y nuestros cuerpos comenzaron a moverse frenéticamente, mi amante tuvo un largo orgasmo que provocaba rápidas contracciones de su esfínter incrementando mi excitación a un nivel casi insoportable y, como consecuencia, no pude evitar eyacular inmediatamente en lo más profundo de su ser.

Permanecimos inmóviles durante un minuto y luego, ya relajados, nos vestimos rápidamente y nos propusimos encontrarnos nuevamente en un hotel para hacer una nueva sesión de fotos. Ahora era tiempo de trabajar.