No puedo explicar lo aburridas que son las clases a la mañana. Lo único en lo que pienso es cuantas horas faltan para salir de ahí. El último año se hacía de lo más tedioso, en especial para quienes eramos repitentes. Lo único que me divertía eran los pibes mirándome con deseo durante la clase. Mi mayor entretenimiento era provocarlos y aprovechar todo ese deseo en los recreos. Se podría decir que era una de las clásicas trolitas del aula.

Una de esas mañanas durante una de las largas y densas clases de historia como de costumbre yo me distraje con mis amigos del fondo. La profesora era una verdadera amarga. A cada rato nos chistaba interrumpiendo nuestra conversación. Tal vez pensaba que haciendo eso iba a lograr que me interesara en su somnífera lección.

- Se te ve la tanga mamita - me dice uno de los chicos que estaba sentado detrás mío.
- Te gusta? me la puse para vos - le respondí mirándolo por encima del hombro.
- Si perrita, me la regalas? - se jugó mi compañero. Supongo que no todos los días veía un hilo dental rojo como lo que traía puesto esa mañana debajo de la pollera tableada.
- No porque te vas a tocar si te la doy - le respondí con un tono sobrador

Los pocos que escucharon estallaron en una carcajada por mi respuesta y eso terminó de disgustar a la profesora que golpeó el borrador contra su escritorio y nos advirtió que era la última vez que interrumpíamos la clase. Nos quedamos callados aguantándonos la risa. Nos mirábamos y alguna risita por lo bajo se escapaba. Si esa vieja careta supiera cual fue el motivo de las carcajadas nos hubiera echado del aula sin dudas.

Mis compañeros a veces eran realmente unos calentones. No podía hacer una broma sin que se quedaran mirándome con ganas o diciéndome cualquier cosa. Estuvieron el resto de la hora jodiendo con el tema de mi tanguita roja. Recibí todo tipo de propuestas esa mañana. La verdad que la peor clase de todas por una vez fue la más divertida gracias a ese detalle.

Apenas sonó la campana del recreo salimos todos corriendo. Como de costumbre me fui afuera con mis amigos a fumar un cigarrillo a escondidas Nos reímos un poco de la ridícula de la profe y al poco tiempo saltó de nuevo el tema de mi tanga.
- Que pedazo de puta que sos! como vas a venir con eso a la escuela - me dijo el chino
- Ahora que estamos solos nos podes mostrar un poco más no? - sugirió Alan
- No se, no da - les dije yo con una sonrisa
- Dale, estas re linda - me insistió el chino tomándome de la cintura y pegándome a su cuerpo. Me mordí los labios y sentí a Alan apoyándome de atrás y diciéndome al oído
- Ya nos calentaste, ahora hacete cargo - Apenas terminó de decir eso me apretó las tetas y el chino me empezó a besar.

Ya me había excitado. Me tocaban toda. Sentí sus manos chocarse debajo de mi pollera. Me levantaron la pollera y me empezaron a tocar el culo mal. La imagen de mi cola bien entangada los calentó más todavía. Noté dos erecciones hermosas cuando pase mi mano por sus bultos. Me querían coger ahí mismo.
- Que buena estas perrita - me decía el zarpado del chino
- Sos hermosa - me siguió halagando Alan
Yo les agradecía besándolos intercaladamente y dejando que me toquen toda. Me tenían apretada contra una pared y los besos eran cada vez más calientes.

Era cuestión de tiempo para terminar de rodillas, cuando vi de reojo a Spada, nuestro preceptor, que venía directamente hacia acá. Los alejé a los chicos que no entendían nada y querían seguir besándome y tocándome pero creo que fue demasiado tarde.
- Qué esta pasando acá? - nos preguntó el viejo
- Nada nada profe, ya nos íbamos al aula - respondió asustado Alan
- No me respondieron. Usted tiene algo que decir señorita? - me insistió a mi
- Estábamos charlando. No se puede? - le contesté yyo
- Con el olor a pucho que tiene le recomiendo que responda de buena manera, acompáñeme- me ordenó, y me llevó para adentro.

Le tenía mucha bronca a ese tipo. Se hacía el bueno con todo el mundo y en realidad era un viejo verde. Siempre se la agarraba conmigo. Me tenía cansada esa diferencia que hacía permanentemente. Entramos en su despacho y comenzó a retarme como si tuviera 5 años. Yo estaba sentada de brazos cruzados y con las piernas cruzadas también, en actitud totalmente apática a todos sus reclamos. Se quejaba de mis faltas de respeto, de que no respetaba las normas, de que interrumpía las clases, básicamente de todo lo que hago.

Me aburrió más que si estuviera en clase. Por último me mandó al aula pero con una advertencia muy clara que no me dejó para nada tranquila
- Si mañana no venis con uno de tus padres no podes entrar - el muy desgraciado sabía que con todas las veces que me había rateado no tenía más faltas a esa altura del año.
- No le parece mucho? No se si pueden mañana - le respondí tratando de zafar.
En ese momento crucé las piernas para el otro lado y me subí un poco la pollera para mostrar un poco más. Lo miré con cara de puta y se puso colorado. Para completar me apreté los brazos para juntar bien mis tetas y hacer que mire directamente ahí y me acerqué bien.

- Esas actitudes son totalmente innecesarias e intolerables. Retírese de una vez al aula, En otro momento seguiremos discutiendo esto - me respondió visiblemente incomodo.
Al parecer con dejarlo en evidencia mirándome ya había logrado mi objetivo. Volví a lo que quedaba de clase y al poco tiempo ya terminó mi tortura diaria y pude irme a casa.
Estaba muy contenta por haberme salido con la mía en el colegio. Apenas llegué me saqué la corbata del uniforme y me desabroché un poco la camisa. Tomé el control remoto y me recosté en el sillón a ver la tele. No había nadie en casa y me quedé profundamente dormida.

Me despertó la puerta pero decidí hacerme la dormida para seguir remoloneando en el sofá. Era Mariano, el marido de mi mamá que venía con esa pinta de destruido que tiene cada vez que llega del trabajo: La corbata torcida, el saco en la mano y la camisa sudada. Estaba por tirar su maletín en el sillón cuando me vio. No solo evitó darme un golpe, también se quedó mirándome. Por la posición tenía la pollera bastante levantada y desde donde estaba él seguramente se me veía la tanguita roja. Me pareció re viejo verde, pero seguí fingiendo que dormía y él miró sin disimulo

- Que orto que tiene la pendeja y mirá lo que se puso - susurró por lo bajo, mientras se frotaba la bragueta. Inmediatamente, la puerta se escuchó de nuevo y entró mi mamá. En ese momento me di vuelta y fingí que despertaba. Los saludé a los dos y me fui a bañar antes de la cena. El resto de la noche fue relativamente tranquila, salvo por algunas miradas que noté de Mariano. Parece que mi diminuta tanga lo había dejado impresionado. Me pregunte si sería la primera vez que me observaba así el muy guarro.

A la mañana siguiente como siempre a regañadientes me levanté para ir a la escuela pero para variar se me hizo un poco tarde y como no quería tener ningún problema con Spada por llegar tarde pregunté si alguno de los dos me podía llevar a la escuela de camino al trabajo.
- Gordo, yo tengo que pasar por lo del escribano ahora, la podes llevar vos que tenes horarios más flexibles? le preguntó, medio ordenandoselo mi mamá a su marido
- Si, no hay drama, estás lista? - me consultó como un nabo. Estaba con el uniforme puesto y la mochila al hombro.

De camino a la escuela venía todo muy callado. Yo mandando mensajitos y él manejando muy concentrado. Cuando hizo un cambio tomando la manija me rozó la pierna y como si le hubiera dado electricidad sacó la mano rápidamente y me pidió perdón. Evidentemente lo había dejado nervioso desde el día anterior y estar solo conmigo lo ponía muy tenso. Me pareció re divertido. Llegamos a la escuela y mientras buscaba mi mochila el muy amargo de Spada se acerca y le golpea el vidrio.

- Podría bajar para conversar unos temas de su hija? - le preguntó con cara de vigilante.
- Entro a trabajar en un rato - trató de evitar el rol paterno que siempre lo incomoda
- Es importante, no quisiéramos tener que tomar alguna medida que pueda evitarse - le insistió el muy pesado. Yo estaba muda mirándolo con cara de odio. Finalmente estacionó mejor el auto y bajó. Por lo bajo me preguntaba como haciéndose el padre
- En que lío te metiste? Si hubiera sabido la mandaba a tu madre - con cara de preocupado
- En nada, este es un ortiva - le respondí yo, que estaba re nerviosa.

Cuando entramos el muy desgraciado tenía una hoja con todas mis faltas, todas las veces que me había llamado la atención y los motivos de cada una de las reprimendas. Era larga y se la entregó a mi padrastro mientras le iba detallando cada punto en voz alta. Yo estaba roja como un tomate. No podía creer que me estuviera botoneando así.
- Como verá tenemos un problema grave con esta señorita - le aclaró el preceptor
- Si ya veo. vamos a tener que hablar seriamente - comentó con el ceño fruncido
- Déjense de joder. No es para tanto, son tonterías - los interrumpí
En ese momento uno de los tutores entró de repente para preguntar algo y muy disgustado Spada le aclaró que estaba en una reunión y que no lo interrumpiera. Puso la traba a la puerta y se sentó ofreciendo disculpas
- Lo ve? Desde las autoridades de la escuela están contemplando una suspensión y creo que estará de acuerdo que tenemos motivos de sobra - contraatacó el viejo.

No podía ser! Si pasaba eso mi vieja me mataba. Además iba a ser de lo más humillante.
Yo que siempre me burlaba de todos y era la chica más popular del aula iba a quedar en ridículo. Opté por usar mi mejor arma. Eran dos viejos verdes con una de las pibas más putas de la escuela encerrados a solas. La alternativa más obvia era usar eso a mi favor.
- Seguro que podemos encontrar alguna solución más discreta - les ofrecí a ambos, con media sonrisa y una mirada de lo más felina. Mariano se puso rojo al toque. El preceptor miraba muy extrañado y no atinaba que decir.

- Creo que el problema suyo es que está un poco celoso de que me porte mal pero no con usted - le dije sentándome en el escritorio con las piernas abiertas frente a él.
- E e esto no puede pa pa - trataba de responder entre tartamudeos pero con los ojos fijos en mi tanga blanca que se metía entre mis labios apretados, marcándome bien la concha.
- Shhh ya hablaste mucho por hoy - le dije pasando mi dedo por su boca mientras me acercaba hasta quedar a centímetros de besarlo. Saqué mi lengua y le roce los labios.
Cuando vi que ya era mío me di vuelta y lo miré a mi padrastro. Me levanté la pollera mostrándole mi cola entangada y vi la calentura en sus ojos.

Me aflojé el corbatín del uniforme y me empecé a desabrochar mostrandoles mis senos semidesnudos con una cara decididamente de puta regalada. Los dos se pararon evidenciando unas carpas tremendas en sus pantalones y se acercaron aún temerosos. Bajé mi corpiño dejando mis pezones al aire y les dije
- No sean tímidos - tomando una mano de cada uno y poniendolas en mis tetas. Los dos apretaron, mientras yo agarré de la corbata a Mariano y le comí la boca. Mi lengua terminó de calentarlo y pronto sentí su otra mano apretando mi cola. Spada acariciaba mis tatas de todas las formas posibles.

Me di vuelta y empecé a besar al viejo que me apretó la nuca demostrándome las ganas que tenía el muy degenerado. Pronto estaba siendo manoseada por los dos viejos que me besaban y hasta me pasaban la lengua por la cara, el cuello, e incluso el preceptor me chupaba las tetas haciendo que mis pezones se pongan bien duritos. Mis manos fueron bajando hasta sus bultos y acariciándolos bien por arriba del pantalón. Los escuchaba gozar de mis manos con algunos gemidos incipientes. Me agaché y bajandole el cierre a mi preceptor lo miré, me pasé la lengua por los labios y le pregunté
- Todavía piensa en suspenderme y perderse lo que sigue? - mientras lo terminaba de decír saqué su verga gorda y venosa poniendola cerca de mi boca que amagaba con chuparla
- No putita, vos seguí que no va a pasar nada linda - me suplicó

Con una alegría enorme, la empecé a chupar engullendola entera y saboreandola bien con mi lengua inquieta. El viejo largó un gemido que fue el primero de muchos, lo estaba haciendo gozar mucho. Movía la cabeza de adelante para atrás pero también la acomodaba de costado mirandolo a los ojos y eso parecia hacerlo volar.
Sentí otra verga rozando mi hombro. Miré hacia atrás y vi a Mariano masturbándose como un adolescente. Me tenté y se la devoré también. Esa mezcla de calentura y de culpa con la que recibía mi mamada me calentó el doble y mi movimiento fue más rápido e intenso que con la pija anterior.

Mientras chupaba un poco cada una, escucho que golpean la puerta y desesperado Spada gritaba - Estoy ocupado! Tengo una reunión! - mientras yo se la mamaba con ganas.
- Si tu mamá supiera lo puta que sos - me decía Mariano muy bajo mientras gozaba de mi boca. Me puso contra el escritorio y me la empezó a meter en seco. Casi se me escapa un grito muy fuerte, pero rápido de reflejos me tapó la boca. Me daba con todo y yo veía como el otro viejo se pajeaba frente a mi. Se paró en la silla para quedar más cerca de mi boca y me la metió para aprovechar lo regalada que estaba.

Tenía las dos pijas adentro y los dos viejos estaban muy calientes y agitados por la tremenda cogida a primera hora de la mañana. Sentí que el preceptor me agarraba fuertemente del cabello apretándome contra él y me advirtió
- Tragate todo putita, no me vas a ensuciar nada - Enseguida un estallido de leche me llenó la boca y me apuré a tragar. Succioné todo y los gemidos no se detenían. Ya no salía más leche así que la saqué y se la lamí mientras la brutal cogida de Mariano me sacudía toda.
- Tomá pendeja trola! - me dijo sacado. Me agarró del brazo y poniéndome al lado del escritorio con su pija hinchada frente a la cara me llenó toda la cara de leche. No paraba de salir. Tenía su semen por toda la cara, en la boca, frente, ojos nariz. Toda chorreando leche, me limpié los ojos y los miré pasando mi lengua al rededor de la boca

- Bueno, con esto creo que queda olvidada mi mala conducta no? - les dije recogiendo la leche con mis dedos.

- Qué mala conducta, vos sos una alumna modelo - dijo el preceptor
- Y una hija modelo también - Agregó Mariano. Me limpié la cara y la reunión terminó. Antes de salir, me saqué la tanga mojada y se la puse en el bolsillo a Spada. Este regalito es para usted. Le dije. Y le dí un beso con gusto a leche. Me bajé la pollera para esconder mi colita desnuda y me fui a clase.

Era una de las primeras mañanas que entre de buen humor al aula. Ahora ya sabía como hacer para pasarla bien desde primera hora.