Amigos, me ha llegado a las manos este relato erótico... 
Después de mirar repetidamente que coño es un "eritreo" , he decidido que os lo dej aqui para aquellos que sean curiosos... XD

PD: Eritreo natural de Eritrea, país sudafricano.


Relato erótico: El lado salvaje del eritreo



El lado más salvaje del eritreo

Si hay una fantasía sexual que predomina en la mente de las mujeres, es acostarse con un negro. No hace mucho tiempo escuché una frase un tanto soez, pero a la vez muy curiosa, en un programa de televisión acerca de este tema: “Una mujer no es completa hasta que un negro se la meta”. Yo me puedo dar con un canto en los dientes porque en el verano (parece que es sólo en verano cuando pasan las cosas más excitantes) de 2011 tuve la oportunidad de intimar con un hombre africano, por primera vez.


Yosef vivía en un edificio de apartamentos muy próximo al lugar donde yo trabajaba por aquel entonces. Era de un pequeño país llamado Eritrea, situado en el cuerno de África y fronterizo con Etiopía, nación a la que tuvo que hacer referencia para poder ubicar su lugar de origen en un mapa. Tenía el pelo rapado al 1, era alto y fibroso y, por supuesto, negro, aunque no muy oscuro.


Me parecía un hombre muy sexy y me encantaba quedar con él cuando salía de trabajar para que me contara cosas de su país, del que yo no sabía nada. En ocasiones me preparaba comida típica y bebíamos té, hasta que una cosa llevó a la otra y nos acostamos. Yosef era un chico dulce, incluso tímido, pero en la cama mostraba su faceta más “tigre africano”.


Una noche que yo salía de trabajar, me dirigí a su apartamento, como muchas otras. No obstante, ese día andaba un poco nerviosa porque era la primera vez que nos veíamos después de haber tenido sexo. Cuando llegué a su puerta, me sorprendió que estuviera abierta. Me dijo que pasara y cerrase, a lo lejos. Anduve hasta llegar a su habitación y ahí estaba él, dentro de la cama. Tenía el torso desnudo, aunque enseguida me daría cuenta de que no era lo único. Me indicó que me metiese con él bajo las sábanas. Divertida y un poco sorprendida por la estampa, me quité los zapatos y me acerqué a él.


Estaba completamente desnudo y empalmado. Me rodeó con sus brazos y nos besamos. Tenía los labios gruesos y suaves, y comenzó a llenarme de besos la cara y el cuello. Yo continuaba pegada a él, sintiendo su miembro erecto, que presionaba contra mi cuerpo. Ni un minuto más consintió que siguiese vestida.


Se puso sobre mí y me sujetó los brazos por encima de la cabeza, mientras me mordía los pezones. Su pene rozaba levemente mi sexo y eso me estaba excitando mucho. Se abalanzó, de nuevo, sobre mi cuello, dándole pequeños bocados, sin soltarme los brazos. Yo trataba de levantar mis caderas hacia él para sentir su polla lo más cerca posible de mí. Él se dio cuenta de mis intenciones y jugueteó con ella en los alrededores de mi vagina. En muchos momentos, se quedaba al borde del abismo y parecía que iba a deslizarse en mi interior, pero finalmente decidía continuar su camino por la superficie. Ese jueguecito me estaba poniendo muy mala y sólo quería que me follara ya.


En una de esas, volví a levantar mis caderas y, por fin, sentí su pene dentro. Me moví desde abajo, intentando saborear esos primeros momentos de su miembro en mi ser, hasta que él tomó las riendas y empezó a penetrarme con ansia.


Me agarró los pechos con tanta pasión que pensé que me los iba a arrancar. El sexo sacaba de él su lado más fiero. Se colocó de rodillas en la cama y me puso las piernas en sus hombros, levantándome el trasero, de modo que la penetración fuese más profunda. Sus embestidas se combinaban con azotes que no hacían sino ponerme aún más cachonda.


Cuando estaba a punto de terminar, sacó su pene y eyaculó sobre mi tripa, descargando todas sus fuerzas en ella. Me limpié con un pañuelo que tenía encima de su mesa y nos echamos en la cama, bajo la luz tenue de la habitación y al abrigo de sus besos que, ahora, eran dulces de nuevo.


Anónimo