Él está nervioso. Hoy, la vecina se convirtió en mamá…
2 kilos 700 pesó el bebé. Fue parto natural e imagino que debe sentirse feliz, porque salió sanito.
El vecino nos ha llamado 3 veces para contarnos cómo están y mi marido, blanco como un papel, pensando que puede ser su hijo.
Y yo, mala, escribiendo lo de la semana pasada…

“Pero Marisol, hace un par de días se fue tu prima…” protestó esa noche.

¡Por eso lo amo tanto! ¿Cuántos maridos reclaman porque su esposa les pide que seduzcan a otras mujeres?
“¡Lo sé, amor!... pero me gustaría verte con Susana…”

A él, se le cae la cara.
“¿No podemos tomarnos unos días normales? ¿Solamente tú, yo y las pequeñas?” me preguntó.
Y esa comezón se me hacía más intensa…
“Si… pero lo encuentro más atractivo.” Le respondí. “Nunca te he visto levantándole la novia a alguien…”
“¡Marisol!”
“Sólo inténtalo… por mi… ¿Quieres?” le pedí.
Él sonrió, resignado…
“¿Y por qué no Nery?”
“No, si a Nery también.” Le expliqué, haciendo que se riera más. “Pero es que con Nery, es cosa que te deje a solas con ella un poco y te salta encima. Con Susana… es otra cosa…”
Me dio un beso tierno…

“¿Sabes que cuando te propuse matrimonio, no pensaba que haríamos esto?”

“Es que lo encuentro excitante, ¿Sabes? Porque ahora, tenemos límite de tiempo…”
Él se rió a carcajadas y yo también.
“Lo veo como uno de tus juegos. Tienes 6 días para completar la misión.”
“¿6 días?” preguntó, muerto de la risa.
“Sí, 6 días para seducir a las 2…”
Trató de ponerse más serio…
“¿Y qué te hace creer que puedo hacerlo?”
Le di un beso tierno…
“Porque he visto cómo te miran las 2… y eres tierno... Además, son argentinas y ellas son más liberales…”
Se volvió a reír.
“¡Eso podría considerarse como discriminación!”

Pero es que hemos leído relatos de argentinos y al parecer, es cierto.
En una ocasión, tras leer una serie de relatos que ocurrían en Buenos Aires, pusimos Google maps y buscamos “Hotel”…

Al mapa le dio sarampión…
“Pero yo creo que puedes…”
Y me miró con esos ojitos tiernos, que me hacen chorrear...
“¿Qué sacas tú de todo esto? ¿En qué te beneficias?”
¡Siempre me lo pregunta!
¡Me encanta que lo haga, porque nunca sé qué responderle!
“Pues… saber que estoy casada con el marido más codiciado…” le respondí.

Y al día siguiente, se puso en campaña…
Ese día se me grabó bien, porque Susi me hizo enojar bastante...

“¡Mari, que bueno que vinieron!... ¡Pensé que iba a estar sola otra vez!” nos recibió Nery, con un bikini color magenta, que destacaba su piel bronceada, su busto y su cola.
Mi marido la besó en la mejilla, pero ella se afirmó de su brazo, para arrimarse más a él…
A la distancia, Susi nos hacía señas, esperando una ola que le trajera de vuelta a la playa.
Mi marido en 2 tiempos armó la carpa para que las pequeñas descansaran.
A Nery se le encendió la cara, pensando que se iba a sentar con nosotros…

Sin embargo…
“¡Ruiseñor, voy a nadar un rato! ¿Te parece?”

“¡Esta bien!...” le respondí, mientras él me hacía un guiño. “Tú sabes lo que haces…”
Llegaba empapada Susana, sonriendo muy contenta a mi marido.
“¡Hola!” le dijo, muy cálida, pensando que iba a recibirla.
“¡Hola!” respondió, más parco, pero sacándose la camiseta y arrojándola a mis pies.
A ellas se les fueron los ojos directamente a sus amplios hombros…
“¡Che! A tu marido le gusta mucho el agua…” dijo Susana, sentándose decepcionada con nosotras.
“¡No menos que vos!” le respondió Nery.
“¡Dejamé ver tus nenas, Mari!” dijo Susana, sacándose el traje térmico y quedando en traje de baño lila.
Las pequeñas, como siempre, contentas de conocer personas nuevas…
“¡Son igualitas a vos!... ¡Y te ves tan pava!…” dijo Susana, restregándose la nariz.
“¡Gracias!... pero en enero cumplí los 20…”
“¡No digás, piba! ¿Te casaste tan jovencita?” exclamó Nery.

“¡Es que mírenlo!” le dije, mientras nadaba a toda potencia en el mar. “Es mi mejor amigo, fue mi primer novio, mi marido y ahora, es el padre de mis pequeñas…”
“Pero Mari… esa decisión es grande…” Dijo Susi, muy impresionada.
“Lo dices porque no lo conoces bien. Siempre me ha cuidado y me ha tratado como una princesa… y ya lo escucharon, él sabe de muchas cosas…”

“Y en la cama, ¿Qué tal es?”
“¡Nery!” dijo su hermana, muy enojada.
“Pues… en la cama…”
Aunque se veía enojada por la pregunta de su hermana, también estaba pendiente de mi respuesta.
“¡Es muy bueno!” les dije, con una tremenda sonrisa. “¡Lo hacemos todas las noches!... y él, simplemente es sensacional… ¡Hacemos de todo!... y cuando me la mete…”
“¿Qué?” preguntaba impaciente Nery. “¿Es enorme?”
“¡No tanto!... pero es gordita, así que cuando lo hacemos, siempre se queda atrapado…”
“¿Atrapado?” preguntó Nery, confundida.
“Mari… a lo mejor, no debís decir esas cosas de él…” dijo Susana, muy avergonzada.
“¡Tú debes saberlo, porque tienes novio!”
“¿Yo?”
“¡Claro! ¿Alguna vez lo has hecho hasta decirle que no quieres más?”
“Bueno… Giacopo y yo…”
“¿Vos le has dicho eso a tu marido?” preguntaba Nery, intrigada.
“Bueno… de decírselo, no soy tonta…” respondí, con una enorme sonrisa. “Pero en la semana, cuando tenía clases, no podíamos hacerlo más de 3 veces por noche…”
“¿3 veces?” exclamó Nery, con tremendos ojos.
Pero Susi no me creía…
“¡Mari, pará de mentir!”

“¿Por qué dices eso?”
“Entiendo que sea el primer pibe que te lo meta… ¡Pero pará de exagerar!”
“¡Pero si no estoy exagerando!... ni tampoco es el único hombre con quien he estado”
“¿Cómo decís?”
“Hace un tiempo, me metí con otro hombre… sólo para probar… pero era más brusco, y aunque lo tenía más grande… volví con mi marido…”
Y Susana se enojó.
“¡Me voy a surfear!” dijo, poniéndose el traje y tomando su tabla. “Tu marido es re entretenido, pero si vos creés que me entretengo escuchando tus mentiras…”

Me puse furia…
“Nery, ¿Puedes cuidar a mis niñas? Porque quiero nadar con mi marido…”
“¡Claro!” aceptó ella, un poco confundida.
Nadé en 2 tiempos a su lado…
“¿Pasó algo?” preguntó él.

¡Estaba enojado con él, con Susi y con todos!
“¿Qué estás haciendo acá?”
“¡Dejando que me vendas!”
“¿De qué hablas?” pregunté.
“Pues… cuando me he metido con tus amigas, siempre me han dicho que tú les cuentas lo que hacemos…”

“Pero Susana no me ha creído…” le dije, roja de vergüenza.
Él sonrió.
“¡Ah, ya!... ¿Y?”
“¡Tú sabes cuánto me desagrada que no me crean!”
“¿Y qué quieres que haga?”

“Pues… quería que lo hiciéramos… aquí…”
Me robó un beso...
<3<3<3<3
“Pienso que es una de las mejores ideas que has tenido…” me dijo, susurrándome al oído. “Ese traje de baño te queda divino…”

Su color favorito es el azul, pero a él le encanta que vista de blanco. Dice que me sienta bien y que me hace ver más inocente.
Nos besábamos y sentía cómo se me alborotaban las cosas por debajo.
Te quería dentro de mí…
“¡Me encanta el sabor a tu leche, ruiseñor!” me decías, descubriendo una de mis copas y chupando, sin importarle nada. “¡Esas niñas no saben nada, comparadas contigo!”
“¿Tú piensas?”
“No, yo lo sé. Porque eres un ruiseñor tan pervertido. Hemos hecho tríos, te he dado por detrás e incluso ahora, que quieres hacerlo conmigo, aquí afuera…”
Tus palabras me derretían y el agua estaba tan tibia…
“¿Cómo puedes ser tan extraña, Marisol?... Pasan los días y me siento más feliz de casarme contigo…” Me decías, metiéndola con impaciencia.
¡Yo me sentía completa y en una nube!

Te empezaba a cabalgar tan rico y el agua nos envolvía como una sábana tibia y refrescante, que me daba la sensación de flotar.
¡Hacer el amor en el mar es una de las mejores experiencias que he tenido!

Sentía tus manos, recorriendo mi cuerpo, con la misma suavidad que siempre me has tratado. Estaba con las 2 copas descubiertas y sentía que saltaba tan raro, disfrutando como ese amigo que todas las mañanas beso se metía dentro de mí, causándome sensaciones tan intensas…
“Marisol… un día de estos… te voy a hacer la cola con este bikini… ¡Es tan delgado!..”
Me susurrabas al oído y me corría a mil por hora. No quería que pararas y me afirmaba fuerte a tu espalda, moviendo la cadera para encajarlo más y más.
Por tus hombros, divisaba a Susana, que se había bajado de la tabla y veía cómo yo decía la verdad.
No sabía si era mi satisfacción o tus movimientos, pero alcance uno de los orgasmos más intensos en esos momentos.
Y no parabas. Me afirmabas a la cintura, moviendo mis caderas rápidamente, mientras sentía como movías tu pelvis con frenesí.
Se sentía tan rico, que me dejé caer para atrás.
“¡Marisol!... ¡Tus pechos… están tan grandes… y se ven tan blanquitos!”
Otro orgasmo bestial…
¡Adoro que me digas que mis pechos son grandes! ¡Que digas que te gustan!
¡No tienes idea lo feliz que me haces!
Y ya te sentía venir, porque tu carita hace muecas tan raras cuando lo haces.
Y me aguantaba y me aguantaba, esperando que llegaras conmigo.
¡Y me llenaste, como siempre!
Estábamos agitados, como siempre y me besabas, como tú sabes hacerlo.
“¡Marisol, te quiero mucho!” me dijiste.
Y yo, lela contigo…
Era rico sentir cómo me besabas, con el saborcito salado a agua de mar, mientras tus manos me acariciaban con dulzura.
Yo te tenía presa y no te quería dejar salir. Pero te acordaste de las pequeñas y me llevaste flotando de una mano.
“¡Mari, sos una verdadera trolaza!” me dijo Nery, mientras me tendía en la toalla.
Las pequeñas seguían durmiendo tranquilitas en la tienda.
“¡Y vos, no gastas en telos!…” le dijo a mi marido.
“¡Si, discúlpame!” dijo él. “Es que el agua estaba rica y ella, animosa…”
“¡Pibe, no pidás disculpas, que hace tiempo que no veo pornos!” Le respondía, sonriendo.
Y siguieron conversando, mientras me quedaba dormida dichosa…
Cuando nos íbamos, Susana me pidió un momento a solas.
“¡Mari, disculpamé si te ofendí antes!” me dijo, muy arrepentida. “A lo mejor, vos no sabes cómo son la mayoría de las otras chicas, pero sos muy honesta e inocente.”

“¡Gracias!” le dije yo.
“Lo único que te aconsejo es que tratés de ser más reservada con eso…” dijo, colorada de vergüenza. “No vaya a ser que un día te levanten a tu marido y vos no te des cuenta.”

“¡No te preocupes!” le dije yo, tranquilizándola. “Él es muy honesto y siempre me cuenta todo.”
Ella se rió.
“¡No sabés la envidia que me das! Ya quisiera que Giacopo hiciera lo mismo conmigo…”
No sé si se refería a que fuera honesto con ella o hacer el amor en el mar.
Por lo menos, mi marido le ayudó con lo segundo…