Los cuernos de Valeria...

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Hace ya unas semanas que Comencé a jugar al fútbol todos los jueves. Entré en el grupo a través de un amigo. De inmediato fui aceptado entre ellos como uno más. Al poco tiempo me enteré que Carlos, otro de los del grupo, vivía de paso desde mi casa hacia el lugar donde nos juntamos. Por el valor del combustible, el trastorno que significa mover dos vehículos y esas cosas quedamos en que yo lo pasaba a buscar. Durante un par de semanas así lo hicimos sin ningún tipo de problemas.
Ese Jueves, como todas las semanas, pasé por su casa para ir a nuestro infaltable partido. Con sorpresa me encuentro que, según Valeria, él no está y que el partido se había suspendido, pues un compañero de Carlos había tenido un accidente y él se había ido a cuidarlo a la clínica.
-¿pero, vos no sabías nada?- me preguntó Valeria con desconfianza
-no, acordate que soy nuevo en el grupo…- argumenté intentando aclarar mi situación.
-esos hijos de puta lo están cubriendo- gruñó Vale
-nooo, debe ser verdad, me voy a ir a la clínica a ver- dije
Mi plan inmediato era salir de allí lo más rápido posible, para no quedar pegado de un plan del que no era parte.
-no, esperá…- exclamó ella. Ahora se encontraba al borde del llanto.
-esperá, tranquilízate…no sabés…- dije intentado calmarla.
-si que lo se, se va con esa hija de puta…ya me tiene cansada- lloriquó ella ya con más insistencia
-¿estás segura?- pregunté yo sin saber cómo salir de ese atolladero.
-es una mina que vive a la vuelta del laburo de Carlos- exclamó casi fuera de sí
De pronto y como si fuera presa de un ataque de histeria se quitó la remera. Me encontré con el fabuloso par de tetas al aire y a plena vista mía. Rápidamente me puse de espaldas, intentando alejar mi vista de la tentación y para que no viera como se me había puesto la pija de inmediato. El silencio ganó la habitación; giré mi cabeza lentamente solo para encontrarme solo. Valeria había desaparecido. “lo único que falta, que esta pelotuda haga una boludéz y yo quede pegado con ella en bolas” pensé en lo peor.
-Vale…Valeria, esperá, tranquilízate- dije y salí en busca de ella hacia el interior de la casa. Al primer lugar que fui fue al baño, pero estaba desocupado. Luego hacia una de las habitaciones; un par de camas de una plaza me indicó que no era la pieza matrimonial. La tercera habitación era la correcta, pero precisamente fue donde nunca tuve que haber entrado…
Valeria estaba en bolas, tirada en la cama…
-quiero que me cojas- me dijo
-no, esperá, no es el camino-
-¡vos sos uno de ellos!- me acusó y de inmediato sacó una tableta de pastillas de no se que cosa.
Entré en pánico, de verdad pensé que tenía que detenerla; y después de todo no era tan amigo del tal Carlos. Pensé en hacer una obra de bien (para ella y para mi).
-no hace falta que tomés eso…el verte desnuda me está convenciendo- le dije como para entrar en clima. Su rostro se transformó y su cuerpo se relajó de inmediato mientras dejaba las pastillas en su mesa de noche
-¿de verdad?- preguntó ella mientras se llevaba el dedo índice a la boca y abría sus piernas para que ahora tuviera un perfecto panorama de su raja absolutamente depilada. El pequeño tatuaje de un grupo de estrellitas en su pelvis me llamó la atención, pude contar más de diez, demasiadas para un grupo familiar, incluso una de ellas era negra. Dejé de prestarle atención al dichoso tatuaje y me desanudé el pantalón deportivo y me quité la ropa, que quedó esparcida por el suelo. La verdad es que el cuerpo de Valeria no estaba para despreciarlo, y si encima estaba contribuyendo a salvarle la vida a Carlos…
Apenas mi verga se asomó al palo, ella se acomodó en la cama y comenzó a devorarme la pija, lo hizo con ansias, quizás demasiadas para mi gusto. Parecía descargar su frustración en mi verga; su boca se ajustaba con insistencia, sus manos se movían casi enloquecidas… Ponía demasiado énfasis y de verdad que no terminaba de “entusiasmarme”.
-esperá…más despacio…tranquilita- le rogué
Blandió mi verga como si fuera un garrote y me miró-
-no te entiendo- dijo en voz baja
-chupámela despacito, con más sensualidad- dije
Al toque ella obedeció, con su lengua comenzó a rozar la cabeza de mi pija, me miraba casi con miedo
-¿así te gusta?- preguntó
-si, eso me gusta- aprobé
Después se tragó mi pija nuevamente, pero con lentitud; su mano recorría el tronco de mi pija también lentamente.
-así bebé, con suavidad; tratá mi pija con cariño- le dije
Poco a poco yo me iba engranando, estaba adentrándome en un camino sin retorno; ella parecía guiarme con su mamada, sus besos y lengüeteadas. Su rostro se había trastocado por completo y mostraba placer al chuparme la pija.
No me gusta acabar con las chupadas, no siento placer al besar la boca que se llenó con mi leche, por eso la interrumpí cuando sentí que si seguía no iba a poder detenerme a tiempo.
-quiero cogerte- exclamé con fuerza
-está bien….está bien- respondió ella temerosamente, como si temiera que yo reaccionara mal.
-bajá un cambio, solo quiero darte pija, me estás volviendo loco
Se recostó boca arriba y yo me puse encima de ella, apenas puse mi verga entre sus piernas, ella gimió muy alto.
-¡que grande y dura la tenés!- se quejó
A los hombres nos pueden alabar cualquier parte de nuestro cuerpo, pero que nos digan que tenemos la pija grande y dura es lo máximo en elogios.
-¿y te gusta así de grande?-
-siii…siiii…dame más- habló casi sin volumen
-¿asique te gustan así de grandes?, ¡Que pasa, tu marido no la tiene así de grande?
-no…no….por favor…no parés- Su tono cambiaba, el principio de la oración fue demasiado alto, el “no parés” lo dijo casi sin voz.
“la estoy volviendo loca”, “a esta mina le gusta que la manejen” pensé. Levanté sus piernas mientras yo me apoyaba en mis rodillas, ella quedó casi inmovilizada mientras era yo quien ahora poseía el movimiento. Hundía mi verga en ella sin misericordia.
-ahhhh…ahhh…- repetía ella expresando la mezcla perfecta de dolor y placer
“el otro boludo la debe tener como un maní, para que le duela la mía…” pensé. La verdad es que me agrandé y profundicé mi juego. Perforé su raja una y otra vez, llevándola por el camino del orgasmo. Apenas sentí su primer temblor decidí cambiar nuevamente de posición. Saqué mi verga de la húmeda y caliente cueva, y ella me reprochó
-no...me hagás esto por favor- su rostro expresaba el enojo de dejarla a mitad de camino.
-ponete en cuatro- le ordené
Obedeció de inmediato y rápidamente se puso en posición. Estaba en el centro del colchón, yo me arrodillé detrás de ella y volví a perforarla. Valeria comenzó a copiar mi ritmo, se movía para mí, con su cuerpo ella me devoraba. Me quedé quieto y la dejé moverse, por un instante retomó el énfasis y de a poco fue montándose en un ritmo cada vez más frenético. No pude mantener mi inmovilidad, y comencé a embestir contra ella, con fuerza y salvajismo. Ahora era yo quien estaba casi fuera de control. Ella cayó de bruces sobre el colchón, mientras la cama crujía con insistencia por el castigo al que la estábamos sometiendo.
-por favor…por favor…- parecía rogarme con una especie de lloriqueo para que no me detuviera, que no la dejara a mitad de camino.
La agarré de las caderas con fuerza, esta vez dejé que transitara el sendero del orgasmo. Acabó con un quejido largo e insistente; su cuerpo temblaba, sus manos parecían querer buscar apoyo. Por momento arqueaba su espalda, elevando su cabeza y girándola hacia mí, por instantes volvía a caer de bruces. Todo esto se desarrollaba sin que ella dejara de gemir, de quejarse. Yo pasaba de tener mis manos a sus costados a acariciarle las nalgas. Ella gozaba con ese sometimiento; yo decidí darle más de lo que tanto disfrutaba ella. En pleno orgasmo apoyé mi dedo índice en su ano, que relajado y sumiso, se dejó penetrar. Mi dedo se hundió en el culo y ella pareció retomar el orgasmo que parecía desvanecerse. Se tomó la cabeza, como si intentara cubrirse mientras mi pija pasaba de su conchita a su culo. Fue necesario apenas un suave empujón y me adentré en sus carnes. Valeria ahogaba sus quejidos en el colchón al tiempo que yo le partía el culo. El placer le impedía moverse, ella totalmente entregada dejaba que yo llevara la iniciativa mientras se limitaba a quejarse, gemir y gozar.
Ahora sí me encontré al borde de acabar; intente contenerme lo más que pude, pero finalmente me derramé como si fuera un volcán. Mi semen invadió su culo y luego por el movimiento casi desesperado de mi parte, se derramó sobre el colchón. Su ano goteó un poco más, contribuyendo a que la mancha se hiciera más grande.
Yo estaba agotado, casi extenuado. Me incorporé al costado de la cama mientras mi verga parecía descansar un segundo. Ella se quedó en la misma posición, con su culo en alto y desbordado de leche. Vi una silla que no había advertido, de esas que nunca faltan en los dormitorios y que suelen utilizarse para poner la ropa, pero ésta estaba vacía. Me senté para acelerar mi recuperación. Ella me miró con picardía…
-¿querés más?- me preguntó pícaramente
--vení, sentate arriba mío- dije con ánimo de que fuera ella quien “trabajara” ahora.
De verdad que no entendí lo que pasó, de pronto estalló en llanto…
-yo no soy una puta, ¿sabés?, me obligás a coger y ahora querés que me siente en tu verga, sos un degenerado…andate de mi casa- me gritó
Debajo de su almohada sacó un enorme cuchillo que blandió ante mis ojos, tal como había hecho antes con mi pija.
Pude arriesgarme a enfrentarla, a intentar dominarla, pero decidí que lo mejor era escapar por la tangente, tenía la puerta de la habitación a un lado y la ropa en mi camino. Agarré mis cosas y salí disparado. En pocos segundos ganaba la calle, obviamente solo con el pantalón puesto y con la remera en mis manos, pero seguro y a salvo de aquella loca.
Llegué a mi casa sin poder dilucidar aún lo sucedido. Decidí llamar a mi amigo, “el negro Pérez”, quien fuera el que me hizo entrar al grupo. No atendía el teléfono, por lo que me quedé ensimismado en mis pensamientos. Un rato después me devolvió el llamado.
-¿Qué pasó hermano que nos dejaste plantados?- me preguntó
-pero…. Valeria, la esposa de Carlos me dijo… es decir, él no estaba cuando lo pasé a buscar- dije intentando aclarar la situación.
El negro Pérez es mi amigo, y solemos juntarnos a tomar un café cuando alguno de los dos necesita algún consejo de amigo.
-nos juntamos en el café, dame una hora…- dijo y cortó.
Ahora estoy sentado a la mesita de siempre, el mozo que ya me conoce me trae el café que ni siquiera necesito pedirle. El Negro asoma por la puerta del local, me mira, sacude su cabeza y se ríe abiertamente de mí.
-caíste como un pelotudo, yo debí darme cuenta, pero no sospeché cuando Valeria me dijo que se te había roto el coche- me dijo mientras se sentaba.
-te juro que no entiendo una mierda- le dije
-yo lo pasé a buscar hoy. ¿viste el tatuaje de las estrellas que Valeria tiene arriba de la concha?-
-si, el montón de estrellas con la estrellita negra- dije con espanto…
-si hermano, esa estrella negra soy yo- dijo riendo
-y las otras…- comencé a dilucidar el entramado de la situación
-las otras son los demás del grupo. ¿Cuántas son?- me preguntó
-¡que se yo, más de diez!- le dije
-que hija de puta, se cogió a todo el grupo- dijo sin admiración el Negro
-¿Y nadie dice nada, nadie la manda al frente?- pregunté
-Valeria es editora de video en un canal de cable, no sabés de lo que es capaz de hacer la hija de puta- me dijo él
-pero si no nos filmamos- me defendí temeroso
-jajajaja, ¡vos no filmaste, ella sí!, ¿viste la estatuita del búho que tiene en la pieza?, bueno ahí tiene la cámara-
-pero ella me dijo que Carlos le ponía los cuernos, que le había dicho de un amigo…-
-Internado- me interrumpió
Me derrumbé, por un instante me ganó la desolación
-voy a hablar con Carlos- dije recuperándome
-y ella va a mostrar el video…que por otra parte te lo va a mandar para que lo mires-
-Pero allí….-
-Pero allí vas a ver como la violaste; la mina lo edita, ¿entendés?, estás hasta las bolas-
-¿y ahora qué hago?-
-absolutamente nada, vos te quedás en el molde y ella también. Lo único que hace es cogerse a los amigos del marido, una vez y listo-
-¿Y Carlos?- pregunté
-él no sabe nada, ella lo descubrió una vez, hace un tiempo con una minita, y ahora se venga; ahhh me olvidaba, y ahora vas a pasar a formar parte de esa constelación de estrellas en su concha- se rió
-que hija de puta, que puta hija de puta- me contagié de la risa de mi amigo.
-y lo que es peor es que Carlos cree que esas estrellas son sus logros en el trabajo- continuó su risa
Volví a casa aún sorprendido de lo que es capaz un ser humano, sobre todo si ese humano pertenece al “sexo débil”. De ahora en más voy a cuidarme como de mearme en la cama antes de cogerme una mina…lo prometo. Todo por culpa de Valeria, a la que le faltan los cuernos para parecerse al mismo diablo.




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