Recuerdo como si hubiese sido ayer el breve periodo de mis vecinos de al lado. Nunca estuvo tan movido ese tranquilo vecindario como la semana en la que se mudaron esos inadaptados justo al lado mío. 

Esa semana el edificio estuvo bastante alterado. Mucho ruido en el ascensor y en las escaleras, voces de varios desconocidos en los pasillos y muebles arrastrados hicieron que fueran días largos para mi. La tranquilidad de mi hogar se vio invadida por la mudanza de los nuevos vecinos. La mudanza fue de lo más escandalosa y la verdad eran tantos los tipos que pasaban con cajas y muebles que era difícil saber cuantas personas iban a vivir al lado mío.


El miércoles mientras salgo a tirar la basura, me crucé con dos tipos de barba y pelo largo con ropa negra y bolcegos. Traían unas cajas con varias botellas y el ruido se escuchaba desde lejos. Me di vuelta mientras dejaba las bolsas de basura y vi que el más flaco le daba codazos al otro. Ambos me miraron y saludaron bastante amables. Tenían un olor que parecía que volvían de una joda pero en realidad recién la empezaban. 


Una vez que terminé con la limpieza, decidí relajarme un rato. Puse música de piano llené la bañera con agua tibia y encendí unas velas en el baño para tener un momento de paz y tranquilidad. Me quedé un buen rato ahí desnuda bajo el agua pasando suavemente la esponja por cada rincón desde mi cuello hasta la punta de mis dedos. Mi humor cambió totalmente. Estaba tranquila y muy alegre. Me lave la cabeza y salí del agua. Como ya no tenía pensado salir me puse solo una tanga negra muy finita, tipo hilo dental, una remera blanca un poco estirada sin corpiño ya que tampoco esperaba visitas y quería estar cómoda y una calza roja solo para no andar en tanga. 


Mientras empezaba mi novela brasilera preferida y ya acomodada frente a la tele, siento un ruido fuerte como esos acoples de los micrófonos y enseguida el sonido de una guitarra eléctrica acompañada del mismo chirrido espantoso del acople. Pensé que era algún televisor que se le había subido el volumen pero unos segundos después escuché el mismo ruido y empezó a sonar más corrido la guitarra. Era un ruido horrible, seguramente el que tocaba no tenía mucha idea de música porque era espantoso.


Me enfurecí y al abrir la puerta de mi departamento pude escuchar claramente que el intento de música venía del lado de los nuevos vecinos. Que falta de consideración. No solo habían sacado de quicio durante los días previos con su ir y venir sumado a la falta de cuidados para todos sus movimientos de muebles y sus gritos y risas en los pasillos sino que ahora en el momento de mi programa favorito estos miserables no me dejaban escuchar nada.


Estaba furiosa así que de un portazo cerré la puerta para mostrar mi enojo y llamé al a policía. Me dijeron que enseguida enviarían a alguien. Como media hora después y cuando mi novela ya estaba por terminar llegaron. Lo que yo esperaba fuera un gran escarmiento fue un chiste de mal gusto. Apenas apareció el patrullero los incivilizados dejaron de tocar e incluso las voces de los gritos de borracho que abundaban se callaron. Cuando los dos oficiales se presentaron les hicieron la advertencia y se despidieron. Apenas cerraron la puerta me apuré a alcanzar a los uniformados y quejarme.
- eso es todo? faltó que les pidieran por favor, no les van a poner una multa o algo? - les dije furiosa
- mire señorita, más no podemos hacer, no había ruidos excesivos y les advertimos. Si tiene algún inconveniente le recomendamos dialogar con sus vecinos y llamar solo como última instancia, tenemos mucho trabajo- me recriminó el más corpulento de los policías. Luego se subieron al móvil y se fueron rápidamente.


Me quedé doblemente envenenada pero por lo menos ya no se escuchaba ese desastroso solo de guitarra ni los gritos y risas de esos depravados de al lado. Volví a casa y me estaba por acostar pero tenía un dolor de cabeza terrible así que me tomé una pastilla. Apenas me dirigía a la cama cuando sentí otra vez esa maldita guitarra. Sentí que toda la sangre del cuerpo se me subía a la cara estaba apunto de enloquecer de rabia. Sin pensarlo dos segundos me di media vuelta, agarré las llaves de casa y antes de darme cuenta estaba golpeando con las dos manos cerradas la puerta de al lado. 


Escuche unas cuantas voces y de adentro se sintió una voz gruesa preguntando quien era. Yo al borde de un ataque de nervios le dije de un grito - Soy la vecina de al lado! Abrí ya! - y apenas terminé de decirlo abrió la puerta el barbudo mugroso que me había cruzado a la tarde con una botella de whisky en la mano.
- Que linda sorpresa - ironizó al ver mi cara y le dio un trago a la botella.
- Ah bueno, porqué no invitas a pasar a tu amiga? - le dijo un flaco con más pinta de adolescente que de rockstar tirado en el sillón con otros dos impresentables.
- No soy amiga de nadie! y entro si quiero porque en mi casa no me dejan estar tranquila así que yo no te voy a permitir que me jodas pendejo! - le dije tan enardecida que no me dí cuenta que mientras tanto había entrado y estaba al lado de él apuntándolo con el dedo.
Tomé conciencia de que estaba en el medio de la casa cuando escuché la puerta cerrarse detrás de mi. Me dí vuelta y vi que el grandote le daba vuelta a la llave. En ese momento los miré a los cuatro y me di cuenta de mi error.


- Creo que yo sé lo que le hace falta a esta para dormir tranquila - dijo un gordo de rulos con una remera de AC/DC que no le tapaba toda la panza. 
- Che morocha siempre andas mostrando los timbres, en calza y entangada?me parece que vos acá no buscas paz, queres guerra - me tiró sin ningún tacto el rubio que pelo largo que estaba en el otro sillón. 
Yo me empecé a asustar y me acerqué a la puerta de a poco.
- Chicos comportense miren como la pusieron a mi vecinita - dijo el musculoso que me había recibido. 
- Mejor me voy y hablamos mañana más tranquilos - traté de bajar un poco la tensión del momento. 
- No mamita, no entendés. Quiero arreglar este mal momento con los ruidos. No se te ocurre nada que pueda hacer? - Me terminó de decir mientras me agarraba da la cintura y se me ponía bien de frente con ese olor fuerte de alcohol y tabaco.


Ese exceso de masculinidad bruta y tosca en contacto conmigo me hizo sentir algo adentro que mi falta de corpiño delató en seguida. Una sonrisa perversa se dibujó en su cara. En medio de eso siento unas manos en mi panza y una algo grande y duro apoyado entre mis nalgas. El más chico vio la posibilidad y se mandó. Sentí su respiración en mi nuca y sus manos que empezaron a subir a mis pechos. Me mordí los labios y el animal que tenía en frente que se abrió el pantalón en el instante que mire hacia atrás me empujó hacia abajo desde los hombros


- Ahora te vamos a calmar pedazo de zorra - me dijo sin soltarme.
Abrí la boca un segundo y es pija gorda y dura se metió sin pedir permiso. En seguida empezó a bombear como si quisiera entrar por mi garganta.
En medio de esa brutalidad siento una segunda verga golpearme la cara. Miré de reojo y pude ver al pendejo que no contento con apoyarme ahora quería que se la chupe. 
- Dale puta, ahora chupasela al piojo ahora - me ordenó mi dominante vecino.
Sacó la suya y la verga flaca y larga del dichoso piojo entró a mi boca.
- Mirame cuando me la chupas puta - me mandó el flacucho con un aire de superioridad irritante. Yo obedecí y apenas centre mis ojos en los suyos succioné con fuerza y empecé a mover la lengua como yo sé. La cara de placer pibe fue excitante hasta para mi. 
De inmediato, el primero me tomo del pelo y volvió a meterme la suya. Quería probar lo mismo al parecer y como estaba ya un poco caliente le dí el gusto. Este otro ante el estimulante movimiento de mi lengua me agarró de la nuca y me ahogó haciéndome caer las primeras lagrimas.


Me soltó la cabeza un segundo y yo empujando con mis dos manos me la saqué de la boca y en medio de la tos mire a mi izquierda y vi al rubio con el pantalón abierto y la pija en la mano y a mi derecha el gordo en idéntica posición. Estaba arrodillada con las cuatro pijas al rededor de mi cabeza. En ese momento entré en pánico y me paré de golpe. Pero fue peor. El gordo metió esos dedos gordos adentro de mi calza besandome el cuello y el rubio hizo lo mismo del lado de atrás de mi calza mientras se pajeaba con la otra mano. El dueño de casa me sintió gemir y me metió un beso de lengua que parecía interminable. Mientras sus dos amigos exploraban adentro de mi calza por un lado y por otro y con sus dedos atravesando sin problemas mi diminuta tanga. El más chico estaba un par de pasos atrás pajeandose con la pornográfica escena que protagonizaba.


Sentía las lenguas del gordo y el rubio por mi cuello y sus dedos entrando en mi concha y tanteando mi ano. Era demasiada excitación, sentía las tres pijas chocar contra mi cintura y la del barbudo rozando mi ombligo.- Bueno morocha te toca volver a lo tuyo - pareció advertirme el rubio antes de hacerme arrodillar de nuevo. 
Me metió la verga que en este caso era muy grande casi entera adentro de la boca y con las dos manos en mi cabeza empezó a bombear rápido y constante. Por momentos aflojaba y trataba de meterla más adentro aún y haciendo que largos chorros de saliva con semen caigan de mi boca y cada vez más lagrimas de mis ojos.


El gordo celoso y ansioso interrumpió pidiendo como un nene que espera su turno
- Ahora me toca a mi loca, vení acá-
La panza inmunda me chocó la cara porque, preso del apuro y de la calentura, el tipo me metió toda la verga adentro de la boca y empujó hasta que entrara el tronco entero. Dio un largo gemido mirando al techo y empezó a hacer el mismo frenético movimiento de sus anteriores amigos. De más esta decir que en cuestión de minutos ya estaban los cuatro desnudos al rededor de mi cara metiendo sus vergas en mi boca a su antojo. Mientras tanto podía ver desde abajo como la botella de whisky pasaba de mano en mano. Estaban celebrando en grande la mamada compartida. 


De repente como era de esperar, el más pendejo de los cuatro, el flaco sin previo a viso explotó en una acabada tremenda mientras sacaba la pija de mi boca y me salpico sobre la boca, la nariz y parte de la frente me pasó la pija por las mejillas y se alejó. Los otros tres se calentaron mucho al ver mi cara con los chorros blancos resbalando por todos lados y me empezaron a meter la pija y a pajearse frente a mi. El gordo fue el segundo en acabar pero este adentro de mi boca y tan caudaloso y espeso como el anterior, el semen se trataba de escapar de mi boca. Mientras tragaba, los otros dos tenían mejores planes. El rubio bajó mi calza y me la sacó junto con mis zapatillas. Se acomodó el dueño de casa sentado en el sillón y mientras se la chupaba el blondo me empezó a panetrar con la nula delicadeza que habían tenido los cuatro esa noche. Me la metió de un fuerte envión y yo empecé a gritar como una puta. Era la más grande de las cuatro y estaba adentro mío hasta sentir sus huevos chocándome en cada empujon como queriendo entrar más y más adentro. 

Mis gritos retumbaban en la casa semivacía hasta que me calló el barbudo con su pija gruesa en la boca. Estaba tirado con la cabeza en el respaldo del sillón mirando para arriba y los fuertes sacudones que me daba su amigo más el movimiento de mi cabeza de arriba abajo lo hacían temblar de placer. 

- A ver subite acá - me agarró de los hombros brazos y me levantó. El otro flaco resignó mi concha para su amigo y este último me sentó arriba de su verga y apretandome las nalgas me la metió con fuerza haciendo que mis gritos de pasión volvieran. Entre más gritaba más intensa era la cogida, más potente más rápida. Me dio vuelta y me dijo.
- Si hasta acá te gustó esto te va a encantar. Apenas me giré la pija del rubio me llenó la boca y para estar seguro con sus largos dedos me tenía agarrada la cabeza de ambos lados. 


Cuando más ahogada estaba con esa terrible pija sentí que mi vecino apoyaba su pija en mi ano y empezaba a presionar más rápido de lo que lo lees y se empezaba a meter ahí casi sin dilatación. Empujaba con mis manos para soltarme y poder decirle algo pero el rubio me tenía agarrada fuerte y solo llegaba a manotear desesperada en un intento vano por soltarme. Incluso con la gran pija en mi boca mis gritos eran desgarradores. Mis ojos se abrieron como huevos fritos y entró fuertemente ante la resistencia natural de mi culo haciendo que mis grito fuera mayor. Pronto mi interior empezó a acomodarse al grosor de esa pija y al sentir esto empezó un movimiento que fue aumentando muy pronto hasta ser semejante al anterior.


No se en que momento el flacucho chico se metió debajo mío porque lo sentí recién cuando empezó a chuparme las tetas levantando mi remera. En cuanto lo miré se sonrió como con complicidad y sentí su pija rozando mi concha buscando la entrada. En ese mismo instante siento como mi boca recibía la acabada de la mejor pija de la noche. Traté de tragar todo lo que pude pero la doble penetración me obligó a abrir la boca y que la caliente leche se derramara por mi pera y mi cuello hasta mi pecho. Gritaba con toda libertad y con el doble de pija dentro mío. Podía ver de reojo al gordito haciendose la paja al verme y eso me calentaba más.


Ya estaba totalmente zorra y ellos los sabían. El pibe se abrazó fuerte de mí y empezó a cogerme muy fuerte mientras el mayor no solo me estaba dando con todo por el culo sino que me apretaba fuerte las caderas y me daba chirlos muy fuertes que me iban dejando toda roja. Al igual que la primera vez el piojo como lo llamaban, sacó la pija de prisa y acabó muy de golpe sobre mi panza y luego frotó su pija con algo de leche por mi cara y calló rendido en la alfombra. 


Mi vecino que demostró ser el más resistente de los cuatro, se empezó a mover en forma espasmódica anunciando la acabada que tras salir de mi culo su verga liberó sobre mi espalda en largos chorros que llegaron hasta mi cabello. 
- Ahora estás más tranquila putita? - me dijo mientras caía agotado sobre el sillón.
- Todavía no - y así como estaba fui caminando hasta el lugar en el que el gordo se masturbaba todavía y separando mis nalgas con las dos manos me senté metiendo esa pija manoseada en mi culo y mirándolo con una sonrisa cómplice por arriba de mi hombro empecé a cogerlo yo haciendo un movimiento suave y circular que lo hizo delirar. Estaba toda pegajosa por las acabadas de los otros tres y pronto tendría una más sobre mi. 


El gordo me miraba incrédulo, podía ver como hacía fuerza con todo su cuerpo para no acabar, apretó los dedos de los pies y gimió muy fuerte y mi culo se llenó de calor y apenas me levanté empezó a caer la espesa sustancia entre mis piernas. Así llena de leche como estaba los fui besando uno a uno y luego me vestí como pude y me fui para mi casa pero tuve que volver porque olvide mi llave en la casas de los vecinos. Bromearon sobre mi regreso y me dieron la llave que estaba caída. Cuando salgo decidida a dormir me encuentro a mitad del pasillo con los mismos policías de antes que me preguntan
- Otra vez llamaste vos- y tras verme de cerca el otro tiró
- No. Parece que esta vez vos fuiste parte de los ruidos molestos. Yo los miré con una media sonrisa y abrí la puerta de mi casa invitándolos a pasar. Al final con la noche que tuve y después de cuatro había tiempo para dos más y yo tenía ganas todavía de seguir causando muchos más ruidos molestos.