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Semanas después, se llegó el cumpleaños de mi esposa, el pretexto ideal para organizar una comida en casa con la familia cercana y los amigos. Perla, mi mujer, se puso guapísima para tal ocasión, llevaba puesto un vestido gris ceñido al talle, medias negras y zapatos altos de punta de aguja; el vestido le llega por debajo del muslo y se ajusta de tal forma que le permite lucir su figura en forma envidiable.
Lleva el cabello recogido en un chongo que la hace lucir más alta y permite disfrutar de la visión de sus hombros desnudos y seguir con sus muy bien formados pechos. A sus 26 años luce francamente bellísima, siempre fue una mujer delgada y más bien con poco busto, pero tras su embarazo 3 años atrás, sus tetas quedaron de un tamaño perfecto.
Organizamos la comida con unos días de anticipación, e insistí en ofrecer sushi para los invitados, a Perla le encanta, en particular el sake, que consume en cantidades generosas. Los invitados, familiares y amigos, en total unas 15 personas, ya estaban en casa a eso de las tres de la tarde y poco a poco el recibidor y la sala de nuestra casa se fueron llenando de caras conocidas. La última en llegar fue Gaby, llega acompañada de un compañero del trabajo, un tipo que a todas luces se ve emocionado por su pareja, pero que no sabe que será solo un instrumento de mis más obscuros planes.
Sé que Gabriela sale ocasionalmente con algunos amigos, pero no se atreve a serme infiel, como dentro de la que cabe yo tampoco me atrevo a tener una tercera mujer en mi vida, es decir, soy un bígamo fiel a su esposa y amante.
Pasadas las ocho de la noche la mayoría de los comensales se disponen a retirarse, solo permanecen Claudia y Arturo, amigos de mi esposa, Gabriela y su acompañante Mauricio, mi mujer y yo mismo. A lo largo de la tarde me he encargado de calentar la cabeza de mi “rival” en el sentido de que Gabriela es una hembra súper caliente, dispuesta a todo incluso en la primera cita, el rostro de Mauricio luce emocionado, seguramente se imagina que esta noche tendrá suerte con mi cuñada, el monumento de mujer que le ha invitado al cumpleaños de su hermana.
Sirvo copas para todos, en particular la de mi mujer y la de Mauricio están mejor “servidas”. Pongo música muy suave, que invita a bailar y tomó de la mano a mi mujer en una sugerente invitación. Perla se levanta de su lugar, caminamos al centro de la sala y comenzamos a movernos; la abrazo fuertemente, por la cintura, la beso en los labios y acaricio muy lentamente su espalda, llego a sus nalgas y deslizo mis manos disimuladamente para acariciarlas en toda su extensión; Perla me dice al oído:
- Nos están viendo
- Y eso qué, estoy en mi casa con mi mujer y si quiero acariciarla soy totalmente libre
Ella me mira sorprendida y un tanto intrigada y me dice:
- ¿De veras no te importa que Mauricio y Arturo me miren?
Muy tranquilo respondo que en absoluto, me encanta presumir la hembra que tengo por mujer. Sigo acariciando sus nalgas muy despacio y la beso cada vez con más pasión. Nuestros invitados están sorprendidos, Arturo tiene los ojos como platos mientras que su mujer lo mira un poco molesta, aunque estoy seguro de que a ella también se le antoja un baile así de cachondo, siempre me ha parecido una mujer muy sexual. Por su parte Mauricio no decide entre mirar el espectáculo o atender a su espectacular pareja, que se ha sentado muy sugestivamente con las piernas ligeramente abiertas.
No puedo pasar al siguiente paso hasta deshacerme de Claudia y Arturo, no quiero que arruinen la fiesta. Opto por la agresión, y le digo en tono burlón a Claudia:
- ¿Qué es lo que te sorprende? ¿Acaso Arturo no te da servicio con regularidad?
Todos rompen en carcajadas, incluso Arturo. Claudia se ve muy molesta y atina a decir con voz irónica y triunfante:
- Si, pero no lo andamos luciendo frente a los demás.
Su respuesta me molesta, y reviro con un poco de sorna:
- Será entonces que no hay nada que lucir entonces… ¿no Arturo?
Perla me mira entre molesta y coqueta, acabo de compararla con su amiga y la he puesto muy por encima de ella. Arturo debe contener la risa, y Claudia hace lo que debe hacer: se levanta y pide a su esposo que se retiren, afirma que no le gusta discutir con borrachos. Si supiera que en toda la tarde-noche no he probado una gota de alcohol para estar al 100% en lo que se avecina…
Arturo me mira con un poco de molestia y se despide, Claudia de plano ni siquiera me voltea a ver, se despide de los demás y sale azotando la puerta. Creo que me propasé, pero ya mañana tendré suficiente tiempo para disculparme, al final de cuentas tengo el mejor de los pretextos: estoy borracho.
Sonrío a Gabriela y pregunto imperativamente
- ¿Acaso no bailas Mauricio?
Parece que solo necesitaba ese pretexto, inmediatamente se levanta y pide a Gabriela bailar con él. Se levantan y comienzan a bailar junto a nosotros. Yo sigo en mi tarea de acariciar descaradamente a mi mujer, ya no lo hago delicadamente, magreo con fuerza su magnífico trasero. Mauricio está asombrado, quizás se imagina que formará parte de una orgía o algo por el estilo, he sembrado tantas ideas en su cabeza respecto a Gabriela y luego al vernos así, tan “descarados” a mi mujer y a mí, seguro piensa que somos unos degenerados; y lo somos, pero no lo incluiremos en nuestro degenere.
Cada que mi mirada se encuentra con la de Gabriela, sonríe maliciosamente, luce muy emocionada con nuestro plan, mientras que Mauricio luce cada vez más acalorado y porque no decirlo, excitado. En cierto momento, en que Mauricio queda de frente a mí, le guiño un ojo y aprieto con más fuerza el culo de mi mujer, su vestido se levanta un poco y estoy seguro que él logra ver parcialmente sus blancas nalgas.
No puede más, baja sus manos al culo de Gabriela, me excita sobremanera mirar a otro hombre acariciar algo que es de mi uso exclusivo; Gabriela explota:
- Qué haces estúpido, no me toques, no me toques
Mauricio no sabe donde meter la cabeza, mi esposa pregunta que ha sucedido y Gaby responde casi llorando:
- Este idiota que se ha querido propasar conmigo y me ha acariciado las pompas…
Mi mujer luce furiosa y me mira rogándome que haga algo. Airadamente reclamo a Mauricio y lo saco de la casa casi a patadas, no está en condiciones de defenderse, intenta dar una explicación pero no se lo permito y en un dos por tres me he quedado a solas con mi mujer y mi amante.
Gabriela llora amargamente y Perla intenta consolarla, se sientan en un sillón (en el que hice por primera vez el amor a Gaby) la abraza, acaricia su cabello y le dice que no ha sido su culpa. Me siento junto a mi esposa y sigo con mi juego, esta vez me pegó a ella y comienzo a acariciar su cuello bajando disimuladamente mis manos a sus pechos; ella protesta, dice que su hermana se siente muy mal; Gaby le dice:
- No te preocupes Perla, sigan en lo que estaban, yo no voy a arruinar la noche. Mejor me voy.
Mi mujer responde:
- Ni hablar, ¿cómo que te vas?, que tal que el fulano anda por allá fuera esperándote. Mejor te quedas
- Pero no quiero importunar…
Sonrío y le digo que no importuna, si no le molesta ver como acaricio un poco a su hermana. Gaby sonríe y dice que no, que para nada, que hasta le gusta ver como lo hago…
Perla, un poco descompuesta por la revelación de su hermana, desconcertada solo atina a sonreir y al fin pensando un poco mas como hermana compungida por el estado de ánimo de Gaby, dice:
- Nada que…te quedas con nosotros.
El plan va de maravilla, estoy a un paso de hacer realidad mi más grande anhelo en muchos años, un buen plan y un poco de ayuda del alcohol funcionaron de maravilla. Ofrezco a Gaby otra copa y me la acepta, vuelvo a tomar de la mano a mi mujer y la llevo una vez más al centro de la sala; acaricio su cabello, la beso con pasión y mis manos se pierden más en su culo, la acaricio una y otra vez, ella por su parte, incomoda al principio, comienza a ceder un poco, al ver que Gaby fingiendo estar mareada sonríe un poco mientras nos observa, mi mujer clava su boca en mi cuello y comienza a chuparlo, me encanta cuando hace eso, es un indicador de que está poniéndose cachonda y a punto para que la posea.
Subo mis manos por su espalda y bajo lentamente el cierre del vestido hasta por encima de la cintura, intenta detenerme, pero hago caso omiso a sus reclamos; me dice con voz susurrante:
- Ahí está Gaby…
- Si lo se, no pierde ningún detalle.
Subo mis manos por su cintura, siento su suave piel desnuda en mis dedos, mis manos llegan a sus hombros y deslizo el vestido por el frente, liberando sus preciosos pechos solo cubiertos por un transparente brassiere; antes de que otra cosa suceda, beso inmediatamente sus pechos, se que le encanta y no podrá resistirse y mucho menos detenerse, el alcohol acompañado del sensual baile y los juegos previos han desinhibido a Perla y actúa siguiendo a sus instintos. Beso sus pechos con fuerza, paseo la lengua alrededor de su aureola una y otra vez, toma mi nuca y respira agitadamente, se que está a punto de pedirme que la posea ahí mismo.
Estoy muy cerca de conseguirlo. Deslizo su vestido hasta el suelo y ella está totalmente entregada: lo único que se te interpone entre nosotros son sus medias y su deliciosa ropa interior, una finísima tanga de tres hilos en los costados, un breve triangulo de encaje en la parte frontal y una mariposa del mismo encaje en la parte de atrás que se posa en el nacimiento de su rica colita. Meto las manos entre su ropa y su piel y la bajo con cierta brusquedad y la dejo ahí, desnuda frente a mí y frente a su hermana, mi amante, mi inesperada obsesión. Acaricio su cuerpo de arriba a abajo, luce magnífica, sus preciosas tetas, su abdomen, su cuello extendido, su sexo depilado recientemente. Mis manos recorren desesperadamente todo su cuerpo y ella está en otra dimensión, gozando de mis caricias como nunca lo ha hecho.
Meto un par de dedos en su coño, le encanta, me muerde el oído y me dice:
- Cógeme mi amor…pero en la recamara no quiero testigos….
No le contesto y sigo con mis caricias y lengüetazos en su cuello y en sus tetas; giro su cuerpo y queda frente a su hermana Gaby…que para entonces esta mirándonos con lujuria contenida y con las piernas cruzadas como quien asiste a un show swinger…o un table…
Mi esposa apenada cierra sus ojos mientras mordisqueo los lobulos de sus oídos, simultáneamente empalmo mi verga erecta a través de mi pantalón en medio de sus nalgas y comienzo a presionar como si fuera a penetrarla; a propósito no me afeite ese día y con mi barba rasposa comienzo a acariciar sus hombros y espalda alta, provocándole un ardor mezclado con el placer de sentirme en sus nalgas…que poco a poco comienza a olvidarse de la presencia de su hermana y a dar paso a la hembra en celo que siempre ha sido conmigo….
Sintiéndola cada vez mas caliente, levanto a mi mujer en vilo, me abraza con las piernas y hace más fácil mi labor; al parecer la presencia de su hermana no le importa en lo más mínimo. Volteo a ver a Gabriela y luce como una gata en celo, ha abierto sus piernas parcialmente y me deja ver casi hasta su sexo maravilloso, ha desabrochado los botones superiores de su blusa color blanco y sus pechos asoman tímidamente por debajo de la tela. Su falda color negro se ha deslizado hacia arriba dejando ver más de lo que uno puede siquiera imaginar. Me sonríe, sabe que estamos cerca de conseguirlo.
Con mi esposa abrazándome con las piernas, hago algo que generalmente me cuesta mucho trabajo pero que esta vez me sale a la perfección: la penetro estando yo de pie y ella montada en mí. Perla da un gritito que parece mas un gemido de aprobación por lo que haga, aunque sea frente a su hermana, tensa cada músculo, cada fibra y comienza a gozar como una loca de mi verga en su coño.
Después de acometerla varias veces, su respiración está increíblemente agitada, camino con ella, sin salirme un centímetro de su delicioso coño y la recuesto junto a su hermana, que con todo lo sucedido se ha desprendido de su blusa y ha dejado sus tetas expuestas ante la mirada atónita de mi esposa, que en su afán de coger no se había percatado de lo sucedido con su hermana.
Gabriela acaricia sus enormes tetas descaradamente, mirando a su hermana a los ojos; Perla, con mi verga metida hasta el fondo no atina a decir nada…me mira a mi y me dice:-dame mas papi, dame todo de tiiiiii…
yo sigo con mi movimiento en una posición mucho más cómoda y que por ende me permite llegar mucho más profundo en mi tarea. Perla gime plácidamente, me araña la espalda, se acaricia las tetas, está profundamente excitada por todo lo vivido.
Gaby ahora se ha quitado su falda y ha quedado luciendo su deliciosa y ya conocida tanga, luce simplemente espectacular cuando se pone en pie, me abraza por la espalda y comienza a acariciar mi pecho muy despacio, bajando paulatinamente sus manos por mi estómago y llegando a donde mi erecta verga perfora a su hermana menor. Acaricia la base de mi verga y el sexo de Perla en cada penetración. Mi mujer abre los ojos desorbitados por la sorpresa, pero no voy a detenerme así llegue un ejército entero y me pida hacerlo. Perla me mira de forma interrogante, las manos de Gabriela bajan por su abdomen y comienzan a acariciar las tetas de mi mujer, quien haciendo acopio del poco pudor que le queda cruza sus brazos sobre sus senos y gime:
-Noooo Gaby….que haces?, Noooooo, estas loca?.....
Gaby no dice nada solo acelera sus caricias y se lleva un dedo a la boca pidiéndole guardar silencio…Perla…sigue agitada y gimiendo dice:
-Nooooooo, Gaby…por favor…..Toño…amor no permitas que esto paseeeeee….- su voz delata que sus prejuicios ya no existen y su débil defensa, en nuestros oídos obra en sentido contrario, nos incita, nos vuelve mas atrevidos; Perla cede al fin…sus brazos se abren, pierde el control, cierra los ojos y se entrega al goce.
Gaby pasa de acariciar las tetas de su hermana, mi verga y posteriormente mi pecho y espalda, parece muy entretenida en su actividad pero se que es demasiado caliente y necesitará atención muy pronto. Saco mi pene de Perla, me pongo en cuclillas y comienzo a lamer su sexo con mucha habilidad, Gabriela me sigue en la tarea y pronto su lengua se encuentra con la mía con el delicioso sabor del coño de mi mujer; lo hacemos alternadamente, lamemos insistentemente el coño de Perla que esta vuelta loca de excitación y luego nos unimos en un apasionado peso en los labios; compartir los jugos de mi mujer es lo más sensual que he hecho en toda mi vida.
Mis manos ya recorren libremente ambos cuerpos, paso del coño y culo de Gabriela a las tetas de Perla y viceversa. De vez en cuando ingreso dos o tres dedos en el ano de mi cuñada. Ya en eso, dejo de lamer el sexo de mi esposa y dedico enteramente mi atención a Gabriela, beso cada parte de su cuerpo y preparo su sexo para lo que sigue: meto de un jalón mi verga en lo más profundo de Gabriela, ella está en 4 puntos, lamiendo el coño de mi mujer y desde donde estoy puedo ver las deliciosas tetas de Perla, sus piernas abiertas de par en par recibiendo lenguetazos por parte de su hermana, y aún más cerca su precioso culo moviéndose para mí.
Mi mujer abre los ojos y me mira extrañada, me estoy cogiendo a su hermana y está a punto de decir algo, pero su excitación es superior, se mueve al ritmo de la lengua de Gabriela, ronronea, grita. Saco mi verga del coño de Gabriela y la llevo a la boca de mi esposa, la abre sin protestar y comienza a comerla sin pensárselo dos veces. Gaby acaricia las tetas de su hermana una y otra vez, mete sus húmedos dedos en el interior de su coño y luego los lleva al de mi esposa, es maravilloso verlas como dos gatas en celo.
Tomo a Perla de la mano y la pongo de rodillas sobre la alfombra, la penetro sin previo aviso y ella chilla de placer; mientras tanto Gaby se pone frente a ella con las piernas abiertas y masturbándose. La cabeza de mi esposa está a escasos centímetros del coño de su hermana pero no se atreve a hacer lo que debe hacer.
La penetro con más y más fuerza, me sostengo de sus nalgas para penetrar con más profundidad y paulatinamente la voy empujando, a la vez, mi cuñada, levanta su pelvis para acercar y disponer en bandeja de plata su coño ardiente y ansioso de una lengua virgen (en esos menesteres claro); Perla no puede más y comienza a comerse el coño de Gabriela, ella toma su cabeza con ambas manos y la guía en sus movimientos, mi mujer está increíblemente excitada y grita cuando su labor se lo permite.
Gabriela pellizca sus pezones, empuja su impúdico sexo a la boca de Perla. Después de algunas embestidas más mi mujer tensa todos los músculos de su cuerpo y experimenta el más grande orgasmo que hayamos compartido en nuestras vidas.
No le doy cuartel, comienzo a lamer su ano mientras que Gaby se ha recompuesto y besa sus labios, Perla recupera el deseo inmediatamente y Gabriela lo nota, porque sin más mete tres dedos en su coño; mi mujer grita de placer.
Gabriela mi pide sentarme en el sillón e indica a mi mujer que chupe mi pene, juntas lo hacen por unos segundos. Acto seguido Gabriela se pone de espaldas a mí y se mete mi verga completa en el culo, de un jalón mis huevos chocan contra sus nalgas. Comienza a moverse con violencia, entra y sale con toda naturalidad puesto que su ano además de acostumbrado a recibir a mi pene esta ansioso de engullirme.
Mi esposa nos mira, y cuando está a punto de articular palabra Gabriela le grita
- Cómeme Perla, por favor cómeme…
Perla me mira y comienza a chupar simultáneamente el coño de su hermana y mis testículos cuando le es posible.
Mi cuñada la orienta un poco mas:
- Perla…acaricia tu coño con los dedos…..
Mientras Perla se masturba con ambas manos. La escena dura cerca de 5 minutos, cuando de pronto Gabriela comienza a moverse con más y más fuerza, indicándome con los movimientos de sus manos que está a punto de terminar e invitándome a hacerlo junto a ella. Mi mujer no cesa en su trabajo, lame y lame el sexo de Gabriela mirándome de reojo, como tratando de asimilar lo que está sucediendo…¡¡¡le esta comiendo el coño con delectación a su hermana, mientras su propio marido esta culeandosela en el sofá…!!!
Simultáneamente, como tantas veces lo hemos hecho, Gabriela y yo terminamos en un profundo orgasmo mientras mi mujer nos no se cansa de chupar nuestros sexos y masturbarse. Una vez que terminamos, saco mi verga de Gabriela, ayudamos a mi mujer a sentarse en el sillón y la recorremos toda con nuestras lenguas, no hay rincón de Perla que quede sin ser recorrido una y otra vez, ponemos especial atención en sus orificios, alternadamente Gabriela y yo compartimos entre su ano y su coño, mientras mi mujer está vuelta loca por las caricias que le estamos propinando. Minutos después, mi mujer experimenta su segundo orgasmo como preludio a los múltiples finales que tendremos a lo largo de la noche de pasión que compartiremos…
En los días posteriores a nuestro increíble trío, mi esposa no mencionó nada al respecto, pensándolo bien, prácticamente no me dirigió la palabra en poco menos de dos semanas, solo me hablaba para resolver problemas domésticos y asuntos de la oficina. Durante el transcurso de esa semana preferí no ver a Gaby, quería tener las cosas muy claras con mi esposa antes de cualquier movimiento. No obstante la deliciosa noche de pasión que los tres habíamos vivido, ya no estaba seguro de haber hecho lo ideal para mi matrimonio ni para mi relación con Gaby, antes de esa noche mi esposa no tenía sospecha alguna respecto a mi trato con su hermana y por ende podía pasar tiempo de sobra con ella y nadie podría reclamarme nada, sin embargo, después de lo ocurrido, eso era prácticamente imposible, ahora Perla sospecharía de cualquier encuentro "casual" con mi cuñada.
Viví unas semanas de perros, con la incertidumbre a flor de piel y sobresaltado con cada timbrazo del teléfono esperando que mi esposa finalmente rompiera el hielo; en un absurdo contrasentido, mi libido andaba por las nubes después de haber tenido a ese par de calientes mujeres y del remordimiento y sobresalto pasaba a la excitación febril.
Nada pasó hasta el sábado siguiente. Como siempre, me levanté muy temprano para jugar tenis con mis amigos, acto seguido tomamos un par de tragos en el bar del club y mas tarde, cuando iba de regreso a la casa, sonó mi teléfono, era mi esposa diciéndome que teníamos invitados a cenar y que no llegara tarde.
Apresuré el paso y llegué a casa más temprano de lo acostumbrado. Al entrar escuché a Perla cantando alegremente en la cocina, cuando la vi, no pude mas que sonreír lascivamente, se veía preciosa, llevaba puesto un vestido negro muy corto que bien podría ser un babydoll con un generoso escote que dejaba asomar desafiantes sus deliciosos pechos, medias negras de un material muy brillante que las hacía lucir aun más bonitas y unas altísimas zapatillas de punta que hacían sus piernas eternas... Llevaba el cabello recogido en un chongo con un broche en forma de rosa decorando el tocado. Supuse entonces que la vigilia había terminado, ya estaría dispuesta a retomar nuestra vida en común.
Me acerqué y la besé apasionadamente, diciéndole al oído las guarradas que tanto la excitan, seguí besándola algunos minutos y di el siguiente paso, la levanté en vilo y ella abriendo sus piernas rodeó mi cintura, apreté con fuerza sus nalgas por debajo del vestido, y me llevé una agradable sorpresa: llevaba puesto un delicioso liguero y cero ropa interior. Después de 2 semanas de inactividad, mi miembro salió disparado de su lugar buscando pelea, y mi esposa lo notó de inmediato porque comenzó a moverse pausadamente rozando su sexo contra el mío.
La levanté un poco más y la senté delicadamente en la barra de la cocina, la seguí besando y mis manos comenzaron a acariciar sus pechos por encima del vestido, acariciando accidentalmente su piel. Agaché mi cuerpo con el objeto de llegar a sus piernas, pero ella me detuvo abruptamente, diciendo que los invitados estaban por llegar.
Dio un brinquito desde la barra, acomodó de regreso su vestido y me regaló una coqueta sonrisa.
- ¿Quién viene a cenar? Dije sobresaltado, pues sentí en ese momento que Perla quería cobrarse con la misma moneda haciendo un trio con dos hombres….Puta madre…que sensación tan horrenda de celos…lo confieso.
Respondió con una frialdad hasta ahora desconocida para mí:
- Invité a Gabriela y a un amigo suyo.
Mi presentimiento se cumplió y la respuesta me dejó la cabeza llena de confusión, ¿Qué era lo que Perla buscaba?, ¿porqué buscar un encuentro con su hermana en esas condiciones? ¿Acaso quería repetir nuestra aventura?, pero de ser así, ¿Por qué la presencia de un invitado misterioso? Estaba seguro de que algo tramaba pero no atinaba a adivinar qué.
Un poco mas sobrepuesto, ayudé un poco en la preparación de la espléndida comida, haciéndome a la idea de que yo había provocado esa vorágine de pasión y sexo que ahora amenazaba con engullir mi vida en pareja…
Sin embargo, poco a poco comenzó a germinar en mi mente y en mi líbido la idea de un encuentro tipo swinger, y ya menos tenso y pensando en las nuevas sensaciones que nos aguardaban me dispuse a colaborar con la preparación de la cena.
Además del sexo uno de los principales atributos de mi esposa es la cocina. Preparó una crema de ostiones al vino blanco, colocó una fuente de camarones gigantes en el centro de la mesa y terminó de preparar el plato fuerte: un exquisito filete de salmón preparado al gratin y coronado con champiñones portobello rellenos de pequeños trozos de nuez.
La mesa era digna de un palacio, Perla se había esmerado en la preparación de los alimentos, pero especialmente en la selección del vino, una rareza del valle de Napa, combinación de uvas Sauvignon Blanc y Zinfandel que mi esposa y yo habíamos conocido en diferentes momentos de nuestras vidas pero que habíamos aprendido a disfrutar en común.
Por mi parte había descubierto esta delicia en un viaje mochilero por la costa este de Estados Unidos que hice con mi padre 18 años atrás, aún recuerdo las acaloradas discusiones que mi viejo sostenía con los gueritos que consideraban que su país era el mismísimo ombligo del mundo. Perla nunca quiso contarme cuándo había probado ese vino por primera vez, y para ser franco tampoco me interesaba demasiado, lo que me parecía un detalle sublime era que lo hubiera buscado en México para nuestra cena con su hermana, seguramente tendría planes muy especiales para nosotros.
Sonó el timbre y corrí como adolescente para abrir la puerta, ahí estaba ella, la deliciosa hembra que ocupaba la mitad de mis pensamientos: Gabriela. Desde nuestro primer encuentro se había vuelto increíblemente audaz en su arreglo personal, había renovado totalmente su guardarropa para llenarlo de minifaldas, pantalones ajustados, escotes y zapatillas muy altas.
Llevaba puesto un vestido muy similar al de mi esposa, pero en color verde botella, sus enormes pechos saludaban coquetamente por debajo de la tela y sus maravillosas piernas lucían unas deliciosas medias con un sensual calado. Cuando me dio su abrigo y volteó pude notar lo más atractivo de su vestido, el escote de posterior se pronunciaba hasta bien terminada su espalda, y dejaba entrever solo un poco de su magnífico trasero.
Me saludó con un cariñoso beso en la mejilla, rozando la comisura de mis labios, me dijo al oído:
- Te he extrañado mucho mi amor
Detrás de ella venía la mayor sorpresa de la noche: Esteban Torres Andaluz. Cuando lo vi la sonrisa de mis labios se esfumó y con voz más que formal lo saludé con un fuerte apretón de manos.
Esteban es el único amigo de mi esposa que puede sacarme de balance, fueron novios durante más de un año, de hecho cuando comencé a salir con Perla ellos tenían graves problemas en su noviazgo, y yo estuve ahí para confortarla y hacer mi labor para conquistarla, enamorarla y contraer matrimonio. En cierta ocasión, cuando aún éramos novios, Esteban me abordó camino a mi casa con un fuerte cerrón y me amenazó airadamente, llegamos a los golpes; poco tiempo después me pidió disculpas y ofreció su amistad, argumentando que prefería “la felicidad de Perla, aunque fuera lejos de él”.
Nunca me pareció honesto, acepté sus disculpas por tranquilizar a mi entonces novia, pero siempre me pareció que no pudo superar la ruptura con ella y su eventual casamiento conmigo.
Durante los años de nuestro matrimonio lo encontramos una vez en un centro comercial y otra en el aeropuerto, y nunca lo habíamos frecuentado; por eso, tenerlo sorpresivamente de visita en mi casa sin previo aviso y con la situación como estaba con mi esposa y mi cuñada, no me gustaba en lo más mínimo.
Perla salió del comedor y prácticamente corrió a abrazar a Esteban, a éste se le salían los ojos al mirar a mi esposa tantos años después luciendo tan hermosa. Estoy seguro de que puso especial atención en sus pechos; maldición, los celos estaban consumiéndome, y la noche apenas comenzaba.
Entendí entonces el juego de mi esposa, quería darme celos, seguramente estaba molesta por lo ocurrido, aunque al final de cuentas no tenía porque estarlo, si mal no recuerdo ella fue partícipe de nuestra aventura, el alcohol que había consumido era mínimo y bien pudo haberse detenido. Sin embargo entendía su molestia y sus celos, y si quería jugar a dar celos, yo llevaba las de ganar: Gabriela.
Pasamos a la sala, Esteban se sentó en un sillón junto con Gabriela, mientras que mi esposa ocupó un chase lounge frente a ellos. Por mi parte me dirigí a servir bebidas, tome una botella de vino y sendas copas de cristal cortado, regalo por cierto de Gabriela el día de nuestra boda. Coloqué las copas y el vino en una mesa al centro de la sala, Esteban se levantó para tomar la botella de la mesa y al verla dijo sorprendido:
- ¡No puedo creerlo, un Arietta 2002, y por si fuera poco Blanc!, ¡En verdad no puedo creerlo!
Mi esposa me dedicó una mirada triunfal:
- Claro, ¿te acuerdas?
La mirada de Esteban brillaba de gusto, por su puesto que se acordaba, y yo ahora caía en cuenta del porqué no sabía como mi esposa había conocido ese vino: Años atrás había hecho un viaje universitario a San Francisco y por supuesto que Esteban era su novio en la universidad, la conclusión era muy sencilla y dolorosa: habían conocido el vino juntos y justo hoy mi esposa había conseguido esas botellas para él, y no para mí como lo pensaba. Me sentí como un idiota, horas antes estaba muy contento por el detalle, pero ahora ardía en celos.
Gaby lo notó inmediatamente, y con una franca sonrisa comentó:
- La verdad a mi no me importa la marca, mientras tenga el efecto adecuado…
Al pronunciar estas palabras me miró fijamente y sonrió mostrando su hermosa dentadura. Serví las copas y entregué una a cada quién, tuve que sentarme en un sofá porque mi esposa estaba recostada en su lugar y no me dejó espacio.
- Por los viejos tiempos.
Mi esposa levantó su copa y dedicó una mirada cómplice a Esteban, que no atinó a decir nada seguramente porque sintió el peso de mi mirada. Gaby se levantó de su lugar y se sentó en el brazo de mi sofá, me gustaba mucho que me “defendiera” de los ataques de su hermana.
Durante cerca de una hora platicamos de todo un poco, durante todo ese tiempo mi mujer coqueteaba descaradamente con Esteban, ella estaba recostada de lado, sus piernas juntas, su pequeño vestido se deslizaba constantemente dejando ver más de lo que un esposo en condiciones normales permitiría, sus piernas se movían constantemente, su liguero asomaba lujuriosamente por debajo de la tela; su generoso escote dejaba ver la parte superior de sus pechos cuando se agachaba a tomar su copa que dejaba en una pequeña mesa a un costado. Esteban no perdía detalle, lucía acalorado, turbado por la situación, estoy seguro de que si Gaby y yo no estuviéramos ahí ya se hubiera abalanzado sobre Perla.
En un par de horas tomamos dos botellas de vino y cenamos. Durante toda la cena mi esposa no cesaba de elogiar a Esteban y recordar los momentos compartidos en su juventud, que estaba fuera de sí ante la conducta tan sugerente de mi mujer, por nuestra parte Gaby y yo permanecimos como espectadores de todo lo que decían. Me sentía fuera de lugar, lleno de celos, pero al mismo tiempo muy excitado, no sabía a donde nos llevaría todo esto, pero al menos algo estaba ocurriendo, a diferencia de las últimas dos semanas.
Nos levantamos del comedor y Perla me pidió preparar un café de la alta montaña de Veracruz que a todo el mundo encanta, Gaby fue conmigo en la cocina para ayudarme mientras que mi mujer y el sorprendido Esteban fueron a la sala.
- ¿Pero que le pasa a Perla?
No atiné a articular palabra, no me gustaba sentirme tan vulnerable, sin argumentos, y tampoco quería mostrarme demasiado celoso frente a Gabriela. Mientras servía el café, Gaby se situó a mi espalda y comenzó a acariciarla, y sin más pasó sus manos al frente y comenzó a tocar mi pene por encima de la ropa.
- No te preocupes mi amor, pronto nos desquitaremos…
Me hizo sentir muy bien, necesitaba un poco de ayuda y esas caricias y sus palabras fueron un gran aliciente. Regresamos a la sala, y cuál fue mi sorpresa al encontrar a mi esposa sentada junto a Esteban, pero literalmente junto a él, acariciaba descaradamente su pierna y reía a carcajadas. Cuando entramos él se sobresaltó, pero ella permaneció impávida, mirándome con un espíritu retador.
Tomé de la mano a Gaby y nos sentamos en el sillón frente a ellos. La plática subía paulatinamente de color, Perla hablaba de penes y vaginas como si de manzanas y peras se tratara. En cierto punto comentó:
- Mi marido es super liberal en lo que al sexo se refiere, estoy segura de que esta dispuesto a todo...
Esteban me miró, no se que esperaba que le dijera, ¿Acaso quería una propuesta indecorosa? Seguro ya estaba pensando en cogerse a mi mujer desde hace un rato, pero no sabía articularlo. Perla se encargo de ello:
- Es más, podrías darme un beso y a él te aseguro no le disgustaría…
Esteban me miró con los ojos desorbitados, no decía nada, pero con la mirada me estaba preguntando si podía hacerlo. El jueguito de Perla me estaba molestando de veras, pero también me estaba excitando. La idea de hacer el amor con mi esposa y mi cuñada tenía un morbo muy especial por tratarse de dos mujeres, además de todo hermanas, y por si fuera poco increíblemente hermosas. Sin embargo, el que otro fulano, y en especial un exnovio de mi mujer la besara y en mis propias narices era algo muy diferente.
El ego me derrotó, no iba a mostrarme débil frente a mi mujer y en cierta forma era justo, al final del camino yo andaba tirándome con regularidad a mi cuñada y había logrado hacerlo con las dos al mismo tiempo, si Perla quería experimentar iba a contar conmigo, y si quería vengarse, no sabía con quien se metía, ya que yo estaba dispuesto a llevar esto hasta sus últimas consecuencias.
Miré calmadamente a Esteban, y asentí con la cabeza.
- ¿De verdad?, ¿Quieres que la bese?
Comenzaba a retomar el control de la situación, Perla me miró entre sorprendida y excitada, estoy seguro de que no esperaba esa conducta, con un tono retador dije:
- anda mi amor, por mi no te detengas
Perla no supo que hacer, no se decidía a moverse y entonces un impulso inexplicable surgió de lo mas profundo de mi ser.
- Mira, yo te enseño...
Voltee a mirar a Gabriela, deslice delicadamente mi mano por su nuca y la atraje hacia mi, acerqué mi boca a sus labios y le di un profundo beso, mi lengua recorrió lentamente el interior de su cavidad bucal, era una verdadera delicia volver a probar su caliente saliva. Gaby acariciaba mi nuca y cuello, y recibía mi beso con cierta emoción.
Me separé de Gaby y dirigí mi atención a mi mujer y su sorprendido amigo, ella por su parte estaba sobresaltada y me miraba furiosa, Esteban no podía ocultar la lujuria en su mirada
- Vamos Esteban, hazle los honores a mi mujer
Esteban la miró y torpemente la besó, primero en la comisura de los labios y muy pronto sus bocas se encontraron en un apasionado beso. No movían sus manos, simplemente movían sus labios y respiraban agitadamente.

Por mi parte seguí con lo mío, volví a besar a Gaby, pero esta vez acaricié su cuello y fui mas allá, deslicé mi mano hacia sus pechos y los acaricie sin pudor alguno, primero lentamente y después con lujo de violencia, los apretaba con fuerza, estiraba sus pezones como tanto le gustaba, todo por encima de la ropa. Los suspiros de Gaby interrumpieron a nuestros compañeros que suspendieron su tarea para contemplar el magnífico magreo que le daba a mi cuñada.
De reojo pude ver sus reacciones, Esteban no cabía en si de emoción, y mi mujer nos miraba con una combinación de sorpresa, enojo y excitación. Estaba sentada en la orilla del sillón, sus pezones tremendamente erectos se notaban a través del vestido, tenía la boca semiabierta y la posición de sus piernas me permitían ver casi hasta su sexo desnudo.
Por mi parte estaba muy excitado, el ver a mi mujer besando a Esteban había provocado en mi una extraña mezcla de celos y deseo, no sabía hasta donde llegaría ese juego pero definitivamente lo estaba disfrutando.

Me levanté, caminé por detrás del sillón en que se encontraban Perla y Esteban y me detuve justo detrás de ella, la atraje hacia mi con fuerza logrando que se recargara en el respaldo del sillón
- Que te parece Esteban, esta muy guapa mi mujer no?
- Si, está mejor que nunca
- mmm y te falta ver sus tetas, después de tantas horas de gimnasio están de concurso...
Acto seguido tomé el vestido de Perla desde los hombros y lo deslicé hacia abajo dejando los hermosos pechos de mi mujer al descubierto, únicamente ocultos por la delgada tela del brassiere.
Intempestivamente detuvo mis manos con furia contenida
- No soy una puta, no me voy a acostar con cualquiera solo porque te acuestas con mi hermana
- Pero no soy yo quien lo quiere. ¿Tu invitaste a Esteban o no?
La tortilla había dado la vuelta, los desorbitados ojos de Esteban me hacían saber su sorpresa, miraba a Gaby y de vuelta a mi mujer pero no pronunciaba palabra alguna. Por su parte Gaby estaba sentada en el sillón en donde la había dejado, sonreía altanera, al fin se había revelado su secreto y estaba orgullosa de ello.
Mi mujer la miró y le dijo
- ¿Acaso crees que pienso que lo que pasó en mi cumpleaños fue un encuentro casual? ¿Un accidente?. Se que desde hace tiempo te acuestas con mi esposo, y lo que me hicieron no tiene nombre, me sedujeron y me hicieron consumar actos que nunca imaginé...
Esteban estaba con la boca literalmente abierta, no se imaginaba que la velada se tornaría en la revelación de un encuentro sexual entre mi esposa y su hermana.
Noté que en ningún momento Perla dijo que no le había gustado lo ocurrido, reclamaba el hecho moralmente hablando, pero en el fondo no negaba que le hubiese gustado. Actué en consecuencia.
- No negarás que fue delicioso, nunca habías terminado tantas veces como esa noche.
Gaby sonrió maliciosamente, se sabía en parte responsable del goce de su hermana.
- No se trata de eso Antonio, me lo hubieras propuesto, me hubieras dicho antes de Gabriela.
- ¿Entonces hubiera sido diferente?
El silencio invadió la sala de mi casa, nadie se atrevía a interrumpirlo por temor a las consecuencias.
- Si, me gustó mucho, pero...
Interrumpí...

- Entonces cual es el problema, acaso quieres equilibrar la balanza? Yo no tengo hermanos, pero si quieres le decimos a una de mis hermanas a ver si se animan
Perla sonrió, finalmente la estaba suavizando.
- ¿Quieres acostarte con otro? ¿Por eso lo invitaste?
- Si, me gustó tanto hacerlo con Gaby y contigo que quisiera repetirlo, pero me siento traicionada y no podría hacerlo hasta estar en igualdad de condiciones
Me encontraba gratamente sorprendido, entonces podríamos repetir nuestra aventura. Ahora lo único que necesitaba era superar los celos y el ego personal y dejar a mi esposa coger con otro hombre. Era una difícil pero excitante encrucijada, y de antemano sabía lo que ocurriría, solo tenia que dar el paso decisivo.
Bese a mi esposa en los labios, acaricié sus hombros desnudos y mis manos se escurrieron entre la tela del bra y su piel, apreté sus pechos un par de veces y los liberé de su prisión, quedaron ahí, frente a las narices de Esteban y de Gaby.
Levanté a Perla del sillón y dejé caer su vestido hasta el piso. No vestía mas que el liguero y las zapatillas, sus blancas nalgas se veían esplendidas y su sexo recién depilado lucía espectacular. Besé cada uno de sus pechos y miré a Esteban, el idiota estaba impávido, le estaba ofreciendo a mi mujer prácticamente desnuda y dispuesta a todo y sin embargo el ni siquiera se movía, acaso esperaba que lo invitara a actuar?
No fue necesario, Perla se le acercó así como estaba, de pie, luciendo su desnudez y poniendo sus pechos prácticamente en su boca. Esteban no pudo mas, atrajo hacia si a mi esposa agarrándola de las desnudas nalgas y comenzó a besar sus pechos, parecía desesperado, su lengua recorría toda su superficie pero ponía especial atención en sus pezones. Perla se dejaba hacer y parecía disfrutarlo mucho.
Comencé a recorrer con mi lengua sus hombros y espalda, una y otra vez la recorrí de arriba a abajo y de un lado a otro, su respiración se entrecortaba y pude notar cuando Esteban comenzó a acariciar su delicioso sexo por que Perla dio un pequeño respingo y empezó a decir:
- mmmm, no se detengan, sigan
Pareció ser la invitación que Gaby esperaba para entrar en acción, porque se puso en pie y se acercó a su hermana, jalándola violentamente de los cabellos para plantarle un beso de antología mientras acariciaba sus pechos, permitiendo a sus manos encontrarse con las de Esteban y las mías.
El cuerpo desnudo de mi mujer era acariciado por 6 manos y 3 lenguas, ella parecía estar fuera de si, ya no suspiraba, gritaba de placer, su cuerpo parecía derretirse por el calor generado, se contorsionaba en todas direcciones, ya cuando Esteban besaba su vientre o metía hasta 3 dedos en su vagina, ya cuando Gaby la besaba con fuerza o acariciaba su cabellera, ya cuando yo besaba sus hombros o introducía un dedo humedecido con saliva de su propia hermana en su apretado culito.
Esteban se puso en pie y bajó sus pantalones y ropa interior hasta quitárselos dejando ver una regular erección, tomó asiento una vez más y siguió con su excitante labor. Tomé de la cabeza a Perla y la empujé lentamente hacia el pene de su nuevo amante sin dejarla doblar las piernas. Lucía increíble, su cuerpo formaba un ángulo recto, sus piernas cubiertas por las medias estaban totalmente estiradas y su torso doblado hacían lucir su culo deliciosamente, sus sensuales zapatillas daban a la escena un toque único.
Perla comenzó a chupar ávidamente el pene de Esteban, el se reclinó totalmente en el sillón y acariciaba sus cabellos ayudándola en el sube y baja. Gaby había empezado a recorrerme con sus manos, bajó el cierre de mi pantalón y sacó mi verga totalmente erecta, sin más la dirigió al trasero de su hermana, metió dos dedos en su vagina y los sacó prácticamente empapados, embarró los flujos de Perla en mi pene y lo dirigió a su sexo. De una sola embestida penetré a mi mujer que inmediatamente comenzó a moverse a mi ritmo, sus nalgas iban y venían, era delicioso ver ese blanco trasero levantado más de lo normal por las zapatillas. Gaby acariciaba alternadamente las tetas de Perla y su sexo, me besaba en los labios, nuestras lenguas se entrelazaban cadenciosamente.
Perla chupaba hambrienta el pene de Esteban que se había liberado de su camisa y gesticulaba disfrutando plenamente tan deliciosa felación. Las manos de Perla recorrían su pecho y de vez en vez acariciaban su propio sexo y mis testículos. Jadeaba con intensidad, abria un poco sus piernas para permitirme llegar mas profundo, y al hacerlo podía sentir que tocaba su fondo infinito.
Esteban intentó acariciar a Gabriela pero esta se alejó de él y me abrazó por la espalda, acariciaba mi cuello, mi pecho, mi estomago y de vez en vez daba pequeñas nalgadas al trasero de su hermana, que con el esfuerzo y los golpes habían tomado una coloración rosada. Desabrochó mi camisa y la tiró al suelo, terminó de quitar mis pantalones y boxers y al hacerlo recorrió con su lengua mis nalgas y piernas. Ella era la única que estaba totalmente vestida, y yo no veía el momento de desnudarla completamente y presumir a nuestro compañero conjuntamente a los dos monumentos que calentaban mi cama.
Perla tenso los músculos de sus piernas y quedó totalmente inmóvil, sabia que estaba a punto de terminar y aceleré el ritmo de mis embestidas, su sexo era taladrado a gran velocidad y comenzó a gritar como una loca...
- mas mas mi amor, mas mas
Esteban se quedó sorprendido, Perla había dejado de complacerlo para preparar el que probablemente sería el mejor orgasmo de su vida. Se agitó una, dos, tres veces y comenzó a gritar…
- agggggg ayyy papiiiiiiii aghhhh
Cuando su cuerpo se relajó supe que había terminado, me detuve, no quería terminar aun, me faltaba mucho por delante.
Se incorporó, volteó hacia Gabriela y le dijo:
- Dame un condón, hay un paquete en la cajonera de la recepción.
Gabriela mi miró interrogante, si quería que aprobara la petición no lo iba a hacer:
- Que me des un condón carajo!!!
Gaby fue al mueble en cuestión y volvió inmediatamente.
Mi mujer estaba irreconocible, autoritaria, tenía el control de la situación y a todos nosotros sorprendidos. Tomó el preservativo y lo colocó cuidadosamente en el pene erecto de Esteban, se puso entonces de espaldas a él y sin previo aviso, como si de una operación quirúrgica se tratara, fue bajando su humanidad e insertándolo en su caliente sexo, usaba una mano para dirigirlo y con la otra se apoyaba en una de sus rodillas, cuando hubo terminado comenzó a moverse de arriba a abajo con violencia, se podía escuchar el sonido provocado por el choque de sus carnes con las piernas de este suertudo que se estaba cogiendo a mi esposa en mis narices.
Mi esposa no cesaba de moverse, subía y bajaba y se veía que realmente estaba disfrutando del suceso. Gaby y yo estábamos un tanto desconcertados, pero increíblemente excitados, jamás pensé que ver a mi esposa cogiendo con otro me podría excitar en lo más mínimo, pero ahora que estaba ocurriendo experimentaba una sensación indescriptible, escuchar sus ronroneos, sus gritos, era simplemente espectacular.
Mientras tanto Gaby se agachó y comenzó a chupar mi miembro erecto, empezó pasando su lengua por la punta, intentó introducirla en la uretra lo que me causó un grito de placer, después de tres o cuatro intentos, siguió recorriendo mi glande por toda la orilla, se había vuelto una experta en el sexo oral, recorría lentamente de un lado a otro y con sus labios rozaba suavemente mi piel, con sus manos acariciaba alternadamente mis testículos y mis nalgas. De pronto, introdujo completamente mi verga en su boca hasta provocarse arcadas por el contacto con la parte posterior de su paladar y comenzó con un frenético mete y saca que me volvió literalmente loco.
Gaby estaba totalmente vestida, no se había despeinado un cabello y solo podía sospecharse lo que había estado ocurriendo por lo sonrojado de su rostro y el maquillaje y cabello fuera de su lugar, la hice ponerse en pie y deslicé los tirantes de su vestido por sus brazos, dejando al descubierto sus enormes tetas cubiertas por un delicado brassiere negro con increíbles transparencias en sus pezones, seguí deslizando hacia abajo y su delicada ropa interior fue revelada, se veía como nunca, era una diminuta tanga color negro con transparencia justo en su depilado sexo, parecía que las hermanas se habían puesto de acuerdo, porque sus vellos lucían muy parecidos.
Deslicé su vestido a todo lo largo de sus piernas y ella me ayudó levantando alternadamente cada uno de sus pies.
Después de algunos minutos de ver a mi mujer moviéndose como una posesa en el miembro de Esteban, tuvo un tremendo choque de conciencia: el exnovio de mi esposa se la estaba cogiendo en mi propia casa y yo era un espectador del numerito. Una oleada de celos y furia se dejó sentir por todo mi cuerpo, no sabía a ciencia cierta que haría pero debía tomar cartas en el asunto inmediatamente.
Violentamente tomé a Perla por los cabellos separándola con facilidad de su amante. Esteban me miró un tanto desconcertado y quizo reclamar por la interrupción; antes de que articulara una palabra di un fuerte puñetazo en su rostro, quería vengar el agravio y en ese momento lo único que funcionaría sería que corriera sangre. Perla intentó reaccioner pero bastó una mirada para mantenerla quieta en el sofá en donde había caído después del empellón.
Esteban se levantó furioso y se puso en guardia. Era una escena ridícula: dos hombres desnudos dispuestos a liarse a golpes por una mujer. Intentó contactar con su puño izquierdo en mi rostro pero logré esquivar el golpee y recibirlo con un impacto en el estomago que lo dejó un momento sin respiración. En su segundo ataque logró impactar mi mejilla izquierda, pero una vez más el salió perdiendo, ya que con el puño totalmente cerrado y a gran velocidad golpee su nariz, que inmediatamente empezó a sangrar copiosamente.
Llevó ambas manos a su rostro intentando contener la hemorragia, pero para mí no era suficiente: con una rápida combinación abajo y arriba golpee su estómago y su cara. El intentó cubrirse en vano porque mis golpes eran certeros. Me regodeaba en la ira y en mi capacidad para impartir semejante castigo ante su atrevimiento de haberse cogido a mi esposa.
Perla me miraba desafiante mientras que Gaby no podía ocultar su satisfacción y excitación.
Esteban se incorporó como pudo, tomó su ropa y se vistió con rapidez. Airadamente le dije…-hay de ti cabron si me entero que hablaste o divulgas lo que pasó aquí..-
Salió sin despedirse y ni Perla ni Gabriela se movieron un ápice.
Miré a mi esposa con una sonrisa de triunfo dibujada en mi rostro y le dije:
- Ahí está tu macho, se ha ido con la cola entre las patas...
Perla no dijo nada, solo me miró con un dejo de tristeza en los ojos.
Me dirigí entonces a Gaby, la atraje hacia mí con fuerza y la besé profundamente en los labios. Mientras lo hacía acariciaba su cuerpo, seguí besándola en una deliciosa batalla en la que nuestras lenguas eran protagonistas y víctimas: en todo este tiempo Gaby había adquirido gran destreza para proporcionarme placer con su boca en cada terminal nerviosa de mi cuerpo, y justo en ese momento me volvi consciente de semejante cualidad.
La alejé un poco de mí, levanté inmediatamente su brassiere, sus tetas brincaron y yo me agaché para comenzar a lamerlas y besarlas, pasé mi lengua por toda su extensión y besé con dedicación sus erectos pezones.
Gabriela suspiraba cada vez con más fuerza, pero no me correspondía, solo se dejaba hacer. Perla por su parte nos miraba con fiereza, había en su mirada un gran enojo combinado con una especial sensualidad, después de todo se había quedado a medias y estaba seguro de que su coño quería más.
La miré directo a los ojos y ella desvió la mirada y le dije:
- Ahora te toca a tí contemplar el numerito, cuando quieras puedes acompañarnos.
- Estás loco, yo no voy a jugar tus juegos
Sin embargo, seguía ahi.
Seguí besando las tetas de Gaby mientras dos de mis dedos habían movido a un lado la tela de su ropa interior a la altura de su sexo, para posteriormente refugiarse en su interior. Los movía frenéticamente en torno a su clítoris en todas direcciones para que Gabriela alcanzara una mayor excitación si esto fuera posible.
Gaby acariciaba mis cabellos y de vez en cuando tiraba de ellos intensamente, mientras me decía casi suplicante:

- Métemelo ya, cógeme mi amor.
La llevé hasta el sofá en donde yacía desnuda su hermana y la hice sentarse, no sin antes deslizar su ropa interior por sus piernas y hasta sus tobillos para retirarlas del todo. Se sentó a la derecha de Perla que se quedó completamente inmóvil. Abrí sus piernas hasta lograr que su pierna izquierda rozara disimuladamente a mi mujer, y entonces me sumergí en el centro vital de mi cuñada, recorriendo muy despacio con mi lengua de arriba a abajo su vagina totalmente abierta, humedeciéndola con mi saliva y combinándola con sus jugos sexuales en una deliciosa mezcla que bien podría ser un elixir afrodisíaco de alto octanaje.
Mis manos se entretenían en sus tetas, amasaba y sentía cada accidente en su piel. Ella por su parte guiaba mi accionar atrayendo mi cabeza en la dirección precisa para proporcionarle más placer.
Su pierna seguía rozando a mi mujer que seguía impávida ante el espectáculo, sin embargo pude concluir que Perla estaba muy excitada: sus pezones desafiaban la gravedad y apuntaban directo al cielo. Discretamente deslicé una mano por su rodilla y comencé a acariciarla, no protestó; después de unos segundos decidí aventurarme y comencé a acariciar su muslo con sumo cuidado, siguió en lo mismo; el momento era ideal, y debía jugarme el todo por el todo, por lo que elevé mi mano a su sexo, acariciando suavemente al principio para después insertar uno y luego dos dedos. Inmediatamente reaccionó con un fuerte movimiento de caderas hacia adelante y hacia atrás, y un casi imperceptible gemido.
Ahí las tenía otra vez, a la una le introducía mi lengua fálica mientras que a la otra le introducía mis dedos, ambas a mis pies y mis deseos, dispuestas a cumplir mis más pervertidas fantasías y anhelos.
Seguí con mi deliciosa labor por un par de minutos más, no estaba dispuesto a hacer nada extra con Perla hasta que ella misma lo pidiera. No tuve que esperar mucho, sin previo aviso, Perla tomó una de las manos de su hermana y la llevó a sus tetas, Gabriela como era de esperarse no protestó y acarició los pechos de mi mujer con ahínco, Gaby parecía más exitada que nunca, seguramente la idea de no volver a coger los tres había rondado su cabeza, pero ahora todo había cambiado, estábamos juntos una vez más y los disfrutábamos muchísimo.
De pronto, Gabriela alejó mi cabeza de su concha, me atrajo hacia sus labios y me dio un profundo beso, para después levantarse y ponerse a horcajadas encima de Perla; el espectáculo era inigualable, el culo de Gaby lucía imponente, sus sexos se rozaban uno con otro, sus tetas se tocaban casi imperceptiblemente y sus labios.... Se dieron un larguísimo beso en los labios, era un beso lleno de pasión pero ciertamente también de amor, como si estuvieran reconciliándose, después de todo eran dos hermanas que se querían mucho desde niñas y ahora habían descubierto una nueva forma de demostrarse sus emociones, sus manos recorrían el cuerpo de la otra como explorando nuevos rincones jamás visitados, las piernas, las nalgas, los pechos, el cuello, el rostro, era un espectáculo digno de la mejor escena pornográfica jamás filmada: el amor filial y el placer carnal en su máxima expresión.
Por primera vez Perla era conciente de estar cogiendo con su hermana y se notaba que lo disfrutaba muchísimo; su rostro reflejaba además de placer un dejo de felicidad inesperada.
Aproveché el momento para contemplar el espectáculo, pero no iba a quedarme fuera de él por mucho tiempo, así es que me puse en cuclillas para después acercarme el ano de Gabriela y comenzar a acariciarlo primero con mis manos y posteriormente con mi lengua; ella reaccionó de inmediato y comenzó a moverse al ritmo de mis caricias bucales.
En cada movimiento dejaba al descubierto el sexo de mi mujer, cosa que yo aprovechaba para dar lenguetasos furtivos en tan sabroso manjar; Perla reaccionaba con pequeños gritos de placer ahogados por los besos de Gaby.
Me puse en pie y acerqué mi pene a sus rostros, ambas se abalanzaron sobre él como dos leonas lo harían con un buen pedazo de carne, lo besaron simultáneamente sin dejar de besarse. Las sensaciones físicas combinadas con el factor psicológico me tenían en un grado de excitación nunca antes experimentado, sentía que estaba a punto de correrme pero podía controlarlo sin ningún problema.
Volví a alejarme de ellas y se quedaron en lo suyo; con mi pene totalmente lubricado con su saliva me arrodillé detrás de Gabriela, y de una sola embestida penetré su culo que estaba perfectamente abierto después del masaje previo.
Un grito se ahogó con los besos de su hermana, escuché que intentaba decir:
- Que grande está, está más grande que nunca.
Probablemente era cierto, probablemente la excitación había hecho que mi pene se inflamase a límites insospechados.

- Tienes que sentirlo Perla, está riquísimo...
Materialmente Perla levantó a su hermana de su regazo forzándome a salir de su culo, y la obligó a sentarse para después corresponderle el abrazo previo poniéndose sobre ella con las piernas abiertas. Siguieron besándose y yo entendí el mensaje a la perfección pero hice caso omiso. Perla un poco desesperada me dijo:
- Métemelo Toño, por favor culéame yaaaaaa!!!!
Yo hice como que no escuchaba y comencé a besarlas por todo el cuerpo. Perla insistió...
- Anda mi amor, métemelo, quiero sentirte ya...
Seguí con lo mío, quería hacerla sufrir por lo que sucedido con Esteban. Tomó sus nalgas con sus manos y las abrió lo más que pudo, mostrándome su delicioso ano dispuesto a dar batalla...
- Dámelo ya, no seas cabron, métemelo por favor...
Con una sonrisa triunfal le dije:
- ¿Quién es tu macho? Yo o aquel cabron que se corri a madrazos?
- Claro que tuuuuuu, papito, eres el único hombre en mi vida, perdóname por favor, no volverá a suceder... estaba ardida de celos, pero ahora solo ardo de deseo por que me rompas el culooo!!!
Jejejejee, sonreí triunfal en mi interior, todo había caído en su lugar después del trago amargo, textualmente mi mujer me había dicho que era el único hombre que la había hecho berrear en su vida, sin embargo estaba montada en su hermana, lo que significaba que Gaby podía estar incluida en nuestra vida sexual, y quizás, solo quizás no solo Gaby, sino alguna que otra amiguita que pudiésemos enganchar....
Con la certeza de que nuestras aventuras apenas comenzaban y con el mejor afrodisiaco del mundo: el poder, me abalancé sobre su culo abierto y la penetré lentamente. Cada centímetro de mi verga en su ano la hacían gemir de placer, al parecer si estaba más grande que de costumbre porque Perla repetía casi suplicando:
- Despacito mi amor, me duele, me duele....se tierno papito por Diossss…..que ricoooo
Al escuchar esto lo que tenía que hacer fue inmediato, la penetré de un solo golpe, ella gritó tan fuerte que Gaby le tapó la boca para evitar que algún vecino nos escuchara. Comencé un frenético mete y saca que llevó a Perla a un estado de excitación nunca antes experimentado, sollozaba por el dolor pero gemía de placer, se movía a mi ritmo mientras que su hermana la acariciaba toda, poniendo especial atención en sus tetas.
De vez en vez y cuando la física se lo permitía, Gaby acariciaba mis nalgas y las jalaba aún más hacia ella. Yo sabía que pronto tendría que atenderla otra vez, porque su incontenible volcán sexual no podía estar más de unos minutos sin energía.
Perla seguía moviéndose con fuerza, y justo cuando sentí que su orgasmo estaba próximo me salí de ella, por más que intentó retenerme en su interior le fue imposible por la posición. Hice que se levantara y de inmediato penetré a su hermana en el coño, dejando a Perla fuera de la acción. Mientras penetraba a Gaby cada vez con más velocidad, miraba a Perla directamente a los ojos, parecía no entender porque la había hecho un lado así es que tuve que decírselo directamente:
- Quiero que te masturbes para nosotros...
Su mirada fue de sorpresa, pero obedeció inmediatamente, comenzó por acariciar sus tetas con una mano mientras que con la otra acariciaba tímidamente su sexo, le dije entonces:
- Hazlo bien mi amor, quiero te masturbes para nosotros....
Muy decidida se acarició con más fuerza, tocando sus pechos, pellizcando sus pezones, y de pronto introduciendo un par de dedos en su vagina, se recostó en el sillón dejando su coño al aire, lo que nos permitía contemplarla totalmente abierta.
Levanté a Gaby y la arrodillé frente al coño de su hermana, la penetré desde atrás y con la fuerza su boca quedó a tan solo unos centímetros, su reacción fue instintiva y comenzó a dar lenguetasos en la vagina de Perla, que una vez más gemía de placer por su propia masturbación y por la sesión de sexo oral que Gaby le estaba obsequiando.
Después de algunos minutos, pude sentir en las fibras de Gabriela que estaba a punto de terminar, por lo que aceleré el ritmo, y les dije:
- Son unas deliciosas putas...
El efecto fue inmediato, Perla comenzó a gemir más fuerte y Gaby movía sus caderas a gran velocidad, ambas llegarían al clímax casi simultáneamente. Perla me miraba a los ojos y podía adivinar en su mirada el deseo.
Una después de la otra llegaron al orgasmo y se quedaron quietas por un par de minutos, tiempo que aproveché para sentarme en el sillón y ponerme cómodo para lo que se avecinaba...