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-Strip Póker en Familia (Capítulo 2)
-Strip Póker en Familia (Capítulo 3)
-Strip Póker en Familia (Capítulo 4) - 1



Strip Póker en Familia


Capítulo 4 (Parte 2)





Cuando me desperté me di cuenta que aún estaba en la cama de Eric y que supe de inmediato que ya era muy tarde, tal vez la mitad de la madrugada. Eric dormía a mi lado tranquilamente con un brazo cruzando mi cintura, por la escasa luz de la habitación pude notar que estaba babeando la almohada y tuve que contenerme para no reírme, seguía siendo el mismo Eric de siempre. No importaba lo bien que cogiera, él seguía siendo mi hermano y yo lo quería como tal, aunque ahora lo apreciaba un poco más que antes. Acaricié su áspero mentón cubierto por barba de unos días y lentamente fui levantándome, procurando no despertarlo. Cuando logré bajar de la cama busqué mi pantalón en la oscuridad y salí del cuarto desnuda de la cintura para abajo. El pasillo que daba a las habitaciones estaba desierto, sonreí y terminé de desnudarme dejando que mis grandes y erguidos pechos me señalaran el camino, los pezones apuntaban siempre hacia adelante y los seguí hasta llegar al baño. Abrí el grifo y llené la bañera con agua para luego zambullirme en ella. Me sorprendí al no sentirme sucia emocional ni espiritualmente, sólo me sentía sucia físicamente y se debía a la mezcla de líquidos corporales que se habían secado en mi cuerpo.

Recordé la partida de póker que mi madre planearía y ya podía afirmar, sin lugar a dudas, que Eric quería participar en ella, sin que me hubiera dicho nada, ahora ya sabía que yo no estaba enfadada con él y que estaba dispuesta a hacer muchas locuras, seguramente eso lo calentaba más y me jugaba las tetas a que ya estaba fantaseando con cogerse a mamá y a Mayra. Especialmente a Mayra, ya que era la única de las mujeres de la casa que aún no había hecho suya pero al menos había recibido una leve probadita.

Mientras divagaba y pensaba en todo esto la puerta del baño se abrió y vi entrar a mi tío Alberto, él se sobresaltó mucho al verme.

-No te asustes tío, no soy un fantasma –le dije con una sonrisa. Sus ojos como de cordero degollado se clavaron en mis tetas, las cuales sobresalían de la bañera.
-¡Nadia! Casi me matás del susto ¿qué hacés bañándote a esta hora?
-No me podía dormir ¿y vos qué haces deambulando?
-Vine a hacer pis –se quedó parado junto a la puerta sin moverse y sin dejar de mirarme, seguramente podía adivinar el resto de mi anatomía debajo del agua transparente.
-Bueno, hacé tranquilo –le dije mientras tomaba una barra de jabón y comenzaba a pasarla por mis grandes y macizas tetas.

Él titubeó unos instantes pero al final recordó que ya nos habíamos visto bien desnudos. Sacó su oscuro pene y casi al instante comenzó a orinar. Simulé estar concentrada en mi propio cuerpo pero de vez en cuando lo miraba de reojo, él hacía lo mismo conmigo, la situación me parecía de lo más divertida. Cuando terminó de hacer pis hizo algo que no me esperaba, se acercó al lavamanos, abrió el grifo y puso su pene cerca del chorro de agua, luego lo lavó.

-No sabía que los hombres se lo lavaran después de orinar –le dije.
-Normalmente no, pero a mí me gusta hacerlo, es más higiénico y sólo toma un segundo.
-¿Y después quién limpia el lava manos?
-Yo, siempre dejo todo limpio.
-Ah, me parece bien, porque ahí yo me lavo los dientes –ambos sonreímos.
-Nadia, te habrás metido cada cosa en la boca… -dijo como una de sus típicas bromas pero se detuvo en seco pensando que había ido demasiado lejos.
-La verdad que sí… cada cosa… -puse mis ojos en blanco recordando la vez que le hice la paja turca y lo cerca que había estado su verga de mi boca y también recordé cómo Mayra se la chupaba y cómo se tragaba el semen.

Sacudí mi cabeza volviendo a la realidad y me puse de pie, el agua comenzó a caer por todo mi cuerpo y mi tío quedó mirándome anonadado, inmediatamente su pene se puso rígido, como si le hubieran activado un interruptor. Ahora sus ojos viajaban por todas mis curvas, se deleitaban con mis pezones y se perdían en mi entrepierna sin dejar de moverse ni por un segundo.

-Sos muy parecida a tu mamá, cuando ella tenía tu edad era igualita a vos –dijo con las cejas arqueadas y la mano derecha aferrada a su miembro.
-¿Y también se te paraba cuando veías a mi mamá? –esto lo tomó por sorpresa, por primera vez en mi vida lo vi sonrojarse, él que siempre hacía bromas pesadas había recibido un comentario que lo dejaba con la guardia baja.
-¿Eh… por qué lo decís? –preguntó estúpidamente.
-Porque la tenés dura tío –le sonreí burlonamente- y porque a mí me dio la impresión de que no era la primera vez que veías desnuda a Viki- esto fue como en el póker, no tenía pruebas para sostener esta afirmación pero me la jugué igual esperando que él se lo creyera.
-Es cierto, no fue la primera vez… ni la segunda.
-¿Y cuándo la viste desnuda? –caminé con cuidado fuera de la bañera, podría haber tomado una toalla y comenzar a secarme pero preferí que mi tío se hipnotizara con toda mi desnudez.
-Hace muchos años, cuando éramos unos retoños, ella habrá tenido la edad de tu hermana o un poco más –noté que su verga se endurecía más.
-Contame cómo fue –le dije exagerando mi entusiasmo, pero sí me moría de ganas por saberlo, mi madre me había contado de los jugueteos con Eric pero no mencionó a su hermano y yo sabía muy bien que ya había mantenido relaciones sexuales con él aquella loca noche de póker y alcohol- ¿todavía te acordás?
-¡Claro que me acuerdo! No estoy tan viejo. Me acuerdo como si hubiera sido ayer. La primera vez fue una mañana en la que descansaba del trabajo, me acuerdo porque me levanté tarde –hablaba automáticamente, su atención seguía centrada en mi cuerpo, especialmente en mi clítoris que asomaba sugerentemente- cuando pasé caminando por delante de su cuarto la vi completamente desnuda. Ella se asustó porque creía que estaba sola en la casa, ese día me enteré que le gustaba andar desnuda, además hacía mucho calor, yo hubiera hecho lo mismo.

Noté que acariciaba su pene mientras me narraba lo sucedido, yo permanecía de pie frente a él como si llevara ropa, mis pezones se pusieron rígidos, producto de estar mojada en plena madrugada.

-¿Te sorprendiste mucho al verla así? Ella debió de ser muy hermosa de joven.
-Sí que lo era… y lo sigue siendo. Te repito, era muy parecida a vos y me sorprendió que fuera tan… voluptuosa, pero esa no fue la única vez que la vi sin ropa, un tiempo después pasó algo de lo que ella también se debe acordar muy bien, yo llegué a la casa y la encontré… teniendo relaciones con un amigo en el sofá, esa vez…
-¿Cómo estaban? –lo interrumpí.
-¿A qué te referís?
-A cómo lo estaban haciendo –me producía mucho morbo imaginar a mi madre cogiendo con alguien.
-Este… -por un segundo creí que no me contaría- Viki estaba en cuatro en el sofá y el chico detrás de ella, al parecer el muchachito estaba muy emocionado por poder metérsela a semejante mujer, se movía como poseído y ella… y a ella parecía gustarle mucho… pero yo me enojé, me enojé porque me pareció una falta de respeto que lo estuvieran haciendo en plena sala de estar en la casa de mis padres, me enojé tanto que saqué a patadas al pelotudo ese.
-¿No será que te dio celos? Tal vez querías ser vos el que estuviera en lugar de ese pibe.
-No… yo… -abrió los ojos, nunca había visto a mi tío Alberto tan confundido.
-A mí podés contarme, con confianza… a mí me da la impresión de que Eric me mira de la misma forma y me gustaría tener una opinión masculina al respecto ¿nunca fantaseaste con tu hermana?
-Bueno… ella era muy hermosa y como te dije, la vi desnuda… y en pleno acto sexual, no es como verla sólo desnuda… ella se enojó conmigo por como reaccioné, me gritó de todo y no me habló durante varios días.
-Eso no me responde la pregunta ¿te calentabas con ella, si o no?
-Sí –dijo por fin agarrándose la verga con fuerza- creo que fue eso, me enojé porque no era yo el que… el que estaba ahí con ella.
-Seguramente disfrutaste mucho del juego de póker, pudiste verla desnuda una vez más y hacer varias cosas con ella…
-Eh… sí, estuvo bueno –la seguridad característica y prepotente de mi tío parecía desmoronarse.
-También pudiste metérsela.
-No, eso no…
-No me mientas, yo te vi saliendo de su cuarto aquella noche –le sonreí con simpatía- también escuché como gritaba ella… sólo tuve que sumar dos más dos.
-¿Y a vos te molestó eso? –de la punta de su pene goteaba líquido preseminal y yo sabía que la humedad de mi vagina no se debía solamente agua.
-Al parecer a mi papá no le molestó, así que a mí tampoco. ¿Te pone incómodo que te pregunte todo esto? Sólo te pregunto porque me da curiosidad.
-No, está bien, no me molesta.
-Intenté hablar sobre esto con mi mamá pero no tuve suerte –mentí- no sé qué pasó ahí dentro ¿vos me podrías contar?
-¿Estás segura que querés saber Nadia? Mirá que no es algo para estar contando.
-Es cierto, pero somos de la misma familia, vivimos en la misma casa y quiero creer que ya tenemos la confianza suficiente como para hablar de sexo sin tantos tabúes.

Bajé la tapa del inodoro y me senté sobre ella, él giró para quedar frente a mí. Creo que en ese momento perdió los estribos porque se me acercó rápidamente y cuando abrí la boca para decirle algo me atacó con su pene, obligándome a tragarlo, me agarró de la cabeza y el sabor amargo de su jugo preseminal me llenó la boca. Tan rápido como me embistió, retrocedió y lo miré a los ojos, boquiabierta.

-¡Epa! –fue lo único que atiné a decir.
-Perdón Nadia –parecía asustado- no sé qué me pasó…
-Está bien, no me molestó –sonreí libidinosamente- podemos hacer una trato, vos me contás qué pasó en el cuarto con mis padres y yo te la chupo.
-¿De verdad?
-Palabra de sobrina –levanté mi mano como si fuera un Boy Scout- si es que vos querés… -volví a sonreír y pasé un dedo alrededor de mi pezón derecho. Siempre me consideré una chica normal en cuanto al sexo se trataba, pero había descubierto que estas actitudes de “puta” me calentaban mucho, lo bueno es que nadie se enteraría de esto y podría seguir aparentando normalidad frente a mis amigos.

Él no lo pensó dos veces, esta vez me ofreció su dura verga dejándola a pocos centímetros de mi boca y cumpliendo con mi palabra comencé a lamerla e introduje el glande para poder apretarlo con mis labios, no me consideraba una experta en el sexo oral pero al menos ya tenía un mínimo de experiencia e intentaba hacerlo con buena actitud, demostrarle a este hombre que yo también disfrutaba al hacerlo.

-Este… no sé cómo contar esto –dijo mi tío evidentemente nervioso por la situación mientras mi lengua jugueteaba con la punta de su verga.
-Podrías empezar diciéndome qué pasó apenas entraste al cuarto de mis padres.
-Eh… sí –hizo una pausa, solía ser un hombre que hablaba mucho pero ahora le costaba encontrar las palabras- apenas entré vi que tu papá estaba con Viki en la cama… y…
-¿Y se la estaba metiendo por el culo? –tuve que sacarme el pene de la boca una vez más para acelerar el relato de mi tío.
-S… Sí, ¿cómo sabés?
-No lo sé, solamente me lo imaginé… después de lo que Eric le hizo a mi mamá en el juego de póker, me pareció lógico pensar que mi papá querría hacer lo mismo. Tío, vos siempre fuiste muy directo para decir las cosas, a veces hasta me molestaba tu forma de hablar, pero ahora no, de verdad. Podés contarme todo de forma directa, sin tantas vueltas –esperaba haberlo hecho reaccionar con esto y retomé mi tarea hundiendo el falo hasta lo más profundo de mi garganta.
-Está bien… voy a hacer lo que pueda –acarició mi cabeza- cuando los vi así yo también tuve ganas de hacer lo mismo, por suerte Viki estaba tan borracha que ni siquiera se sobresaltó al verme, al contrario, me hizo señas para que me acercara… yo estaba desnudo, como recordarás y la tenía tan dura como ahora –lo único que se escuchaba, además de su voz, era el sonido viscoso que producía el pene entrando y saliendo de mi boca- tu mamá actuó de forma inmediata, apenas me acerqué empezó a chupármela… ¡qué bien que la chupa esa mujer! vos lo hacés casi tan bien como ella. A Pepe pareció no molestarle el verme allí, él siguió con lo suyo y se nota que es un buen amante, ya entiendo por qué mi hermana se casó con él, parecía que la iba a partir al medio pero Viki lo recibía muy bien, me encantó ver como ese culazo se comía toda esa verga… ya quisiera tener yo una así, pero estoy muy orgulloso de la mía –cada una de esas palabras me encendía más aún y me incentivaban a chupar con mayor ímpetu- en un momento tu papá dijo que ella tenía que probar por los dos lados a la vez, yo nunca había estado en un trío pero en esa ocasión todo me importaba muy poco, yo estaba fantaseando con metérsela a Viki por donde sea. Ella me hizo acostar en la cama y cuando sentí esa conchita abriéndose para mí casi me vuelvo loco, se la mandé hasta el fondo de una sola vez y ella gritó, pero más gritó cuando tu papá la volvió a clavar por el culo, no gritaba porque le doliera, ya tenía todo bien dilatado, era obvio que le gustaba. Te voy a decir una cosa Nadia, si tu hermano te mira igual, dejá que te coja… no te das una idea de lo mucho que calienta eso, a mi Viki casi me hace acabar en un segundo, tuve que serenarme un poco para poder aguantar.

Lamí los testículos de mi tío y volví a chupar con fuerza su glande, la tragué completa tres o cuatro veces y luego lo miré a los ojos.

-Sé muy bien lo que se siente, Eric ya me cogió y no hablo sólo de la noche de póker.
-¿Qué? ¿De verdad lo hicieron? No lo puedo creer.
-¿Pensabas que me iba a quedar con las ganas después de lo que pasó? Yo no tuve la oportunidad de descargar esa noche –no le iba a contar lo de Mayra porque ya me parecía mucho pero me pareció que confesar lo de Eric lo incentivaría a seguir contándome.
-Entonces ya sabrás cómo me sentí yo esa noche con tu mamá… casi le arranco las tetas de tanto chupárselas –al escuchar esa palabra volví a mandar el pene dentro de mi boca- quería hacer mil cosas a la vez y al parecer a ella le pasaba lo mismo, se movía como loca de atrás para adelante, como frotándose contra mí, sólo que teniendo mi verga metida bien adentro y tu papá seguía ensartándola, ella gemía como una poseída… eso habrá sido lo que vos escuchaste desde tu cuarto. Nunca había visto a mi hermana de esa forma, parecía una puta, pero de las putas buenas, no de las baratas. La verdad es que fue una noche inolvidable, pero todavía faltaba la mejor parte. Cuando tu papá acabó le dije a tu madre que yo también quería ir por atrás, ella no tuvo ningún problema, me acuerdo perfectamente que me dijo “metela hasta el fondo”, muchas mujeres me han dicho eso pero viniendo de mi propia hermana… en esa situación… me voló la cabeza. No esperé ni un segundo, nos acomodamos enseguida y no me importó que tuviera el culo lleno de leche, no era momento de ponerse exquisitos, se la mandé a guardar hasta el fondo, como ella me lo pidió y volvió a gritar y gemir para mí, tu papá se acostó y desde ahí nos miraba. Pensé que tendría el culito muy abierto no sólo porque ya se la habían metido Eric y tu papá sino también porque este último la tiene bien grande, pero la verdad es que se sintió de maravilla, estaba dilatado, sí, pero podía sentir el roce cuando entraba y salía. Me puse como loco, le di para que tenga con fuerza, le apreté las tetas y la ensarté una y otra vez.

Por el tono de voz de mi tío me di cuenta que se estaba excitando cada vez más mientras me narraba lo ocurrido, en mí también tuvo un efecto parecido ya que comencé a masturbarme sin dejar de mamársela pero él volvió a perder los estribos, me tomó de un brazo y de un tirón me obligó a ponerme de pie, quedé con toda la boca ensalivada mirándolo a la cara pero casi al instante me hizo girar sobre mí misma y empujó mi espalda hacia adelante tan fuerte que me vi obligada a poner las manos contra la pared, no me quedó más alternativa que prepararme para lo que venía. Al principio me dolió un poco porque mi dilatación no era tan buena pero su verga no necesitó de más de dos embestidas para clavarse por completo en mi húmeda conchita. Ya estaba entregada y dispuesta, mi tío me cogería y como no podía evitarlo, decidí que lo disfrutaría tanto como pudiera.

Me agarró con fuerza las grandes tetas, sus gruesos dedos parecían envolverlas y su pelvis ya estaba rebotando una y otra vez contra mis nalgas, sentí el pene entrando y saliendo muy rápido y el placer comenzó a subir y a esparcirse por todo mi cuerpo. Solía mantener relaciones frecuentemente con mi ex novio pero esto era muy diferente, de un día para otro ya me había cogido a mi hermano y ahora lo estaba haciendo mi tío, mi sexualidad había mutado hasta este punto por culpa de un juego de cartas. Separé más las piernas permitiendo que me clavara más profundo, él mantenía la verga bien adentro y se movía tan rápido como podía. Las embestidas eran cortas pero se repetían con tanta celeridad que mi vagina apenas podía soportarlo, ya podía sentir mis jugos vaginales fluir y mojar la cara interna de mis piernas, agradecí tener buena lubricación porque mi tío no se detendría por nada del mundo. Quería gritar de placer pero recordé que todos estaban durmiendo, tuve que morderme el labio inferior para no hacerlo. No sabía si mi tío estaba pensando en su hermana o era consciente de que estaba cogiéndose a una de sus sobrinas, tal vez ambas.

Con tantas sacudidas llegué a temer que me golpearía la cabeza contra la pared pero aun así preferí seguir, de vez en cuando se me escapaba algún gemido, por más que intentaba ahogarlos, especialmente cuando la verga se deslizaba hacia adentro y se frotaba contra las paredes internas de mi cavidad vaginal. No quería que se detuviera pero la incómoda posición me estaba dificultando mucho las cosas, no podía dedicarme a gozar, hasta mis mojados pies se patinaban en el liso piso del baño.

-¡Ay tío! –Jadeé- pará un poquito.
-Es muy tarde Nadia, esta vez no pienso quedarme con las ganas.
-Es que me voy a caer –dije mientras recibía una y otra vez su verga desde atrás –al escuchar esto se detuvo sin sacar su miembro de mi cuevita, pude acomodarme mejor pero sabía que sería cuestión de tiempo volver a sentirme incómoda- si querés cogerme, hacelo bien –le pedí con el tono de voz de una puta en celo; me permitió apartarme y volví a quedar de frente a él.
-No sabía que tuviera una sobrina tan putita –ese comentario sólo me calentó más.
-Sí, soy muy puta –lo dije más para convencerme a mí misma pero no me costó mucho hacerlo, debía admitirlo, en cuestión de horas me había cogido a mi propio hermano y ahora le estaba pidiendo a mi tío que hiciera lo mismo.
-Vení para acá pendeja –me dijo con su típica rudeza de hombre de las cavernas y me jaló del brazo.

Salimos del baño en silencio mirando hacia todos lados pero el pasillo estaba desierto y la penumbra nos ocultaría si nos apresurábamos. Llegamos hasta su cuarto, al fondo del pasillo y ni bien entramos encendió la luz y sin que me lo pidiera me tendí boca a arriba en su cama manteniendo las piernas separadas, cerró bien la puerta y se quitó el pantalón corto que llevaba puesto quedando tan desnudo como yo, si bien no era un hombre atractivo y tenía algo de panza en ese momento me pareció una de las personas más excitantes que había visto y esto se debía al hecho de que se trataba del hermano de mi mamá. Se arrojó sobre mí clavando su tiesa verga en mi conchita tan hondo como pudo y comenzó a taladrarme. Todo el peso de su humanidad me sofocaba pero me hacía sentir más pervertida, quería que me parta en dos, arañé su espalda mientras él continuaba entrando y saliendo una y otra vez, no sabía con qué frecuencia mantenía relaciones sexuales este hombre pero parecía que no lo hubiera hecho en años, me cogía con la fiereza de un preso que recupera la libertad luego de varios años y prueba por primera vez a una mujer luego de todo ese tiempo. Tal vez lo hacía de esa forma porque yo le pedí que me cogiera bien y no podía quejarme, tampoco podía gritar ni gemir, me costaba mucho contenerme y tenía miedo que el traqueteo de la cama alertara a algún otro de los miembros de mi familia, esto no supondría el fin del mundo pero de todas formas debería dar algunas explicaciones, sería un verdadero problema si en algún momento mi padre aparecía por esa puerta, tal vez se enojara tanto al ver a su cuñado bombeando dentro de la conchita de su hija mayor que perdería la cabeza, todo este riesgo me producía aún más morbo y me gustaba imaginar que sucederían cosas muy malas si nos descubrían. Mordí mis labios con tanta fuerza que sentí un leve sabor metálico a sangre, tuve que abrir la boca y dejar salir un gemido.

-Gritá putita, gritá –me decía mi tío Alberto haciéndome delirar de placer, no sé por qué me gustaba tanto que él me tratara de esa forma si yo misma afirmaba que odiaba que me dijeran puta, pero ahora la sola mención de la palabra me revolvía placenteramente el pecho.
-No, nos van a oír –susurré desesperada; él aceleró el ritmo, su verga entraba en mí con todo el peso de su cuerpo y mis piernas se sacudían en el aire- la puta madre, ¡ay!
-Cómo te gusta la verga pendeja –una vez más esas extrañas sensaciones, como de mariposas revoloteando en el interior de mi cuerpo.
-Me encanta la verga, la quiero toda –nunca hubiera imaginado que mi tío fuera tan salvaje en la cama, por lo general era un hombre bonachón y bromista pero ahora estaba hecho un semental degenerado y malhablado.
-Date vuelta y te parto al medio, puta.
-Sí, partime –le supliqué.

Se levantó lo justo y necesario para que yo pudiera ponerme boca abajo, con mi cuerpo estirado bajo el suyo levanté la colita, él volvió a clavarla en mi concha.

-No, por ahí no…
-¿No? ¿Querés que te rompan el culito, eh?
-Sí… -jadeé y abracé una almohada- que me lo rompan.

Luego del tratamiento anal intensivo al que me sometió mi hermano pocas horas atrás no costó mucho trabajo meter la verga de mi tío adentro, se sintió de maravilla, comencé a gemir con la boca pegada a la almohada mientras mi tío trabajaba como un taladro neumático en mi cuevita trasera. Podía sentirla dilatarse más y más y casi ni me dolía, era puro placer y roces internos, el aro con el cual iniciaba mi ano se sentía tenso y estirado y era donde mejor se sentía el recorrido de toda la verga.

-Qué culito más rico tenés pendeja.
-Más rico lo tiene Mayra –sabía que mencionar a mi hermana tendría un gran efecto en mi tío- rómpeme el culo como si se lo hicieras a ella.
-A tu hermanita se lo voy a dejar bien abierto, el orto de esa pendeja es impresionante –me calentaba escucharlo hablar así de mi dulce pero morbosa hermanita.

Se sacudió detrás de mí golpeando su pelvis contra mis nalgas, las abrí con mis manos y una nueva embestida llegó mucho más profundo haciéndome gritar de placer, por suerte este grito de perdió contra la almohada, rogaba que mis padres no oyeran nada pero por suerte su habitación era la más lejana a la de mi tío. Pocos segundos más tarde sentí cómo me llenaba con su semen bien cargado, me fascinaba sentirlo correr por mi interior. Él quedó acostado sobre mí sin sacar la verga y así nos quedamos durante un largo rato intentando recuperar el aliento, él no era ningún jovenzuelo, me imaginaba que todo esto había supuesto un enorme esfuerzo de su parte.

-La verdad que te pasaste tío –lo felicité sinceramente- qué buena cogida… la puta madre.
-Hablando de puta madre, ¿no sabés si Victoria querrá repetir lo del jueguito ese de póker? –sonreí al escuchar esa pregunta.
-Yo creería que sí, pero no estoy segura –me gustaba hacerme la misteriosa- dejame averiguar… vos le tenés tremendas ganas al culo de Mayra.
-No es ningún secreto… pero el tuyo no se me iba a escapar. No sabía que ya hicieras estas cosas.
-Digamos que estoy en una etapa en la que quiero probar cosas nuevas… y ésta era una de esas –su verga aún conservaba rigidez y me agradaba sentirla dentro aunque no nos estuviéramos moviendo.
-Si me das un ratito para reponerme, te doy una segunda pasada.
-Eso me encantaría, sino no me iba a quedar otra que volver solita a mi cuarto y hacerme una paja.
-De eso me puedo encargar yo también.

Al decir esas palabras deslizó ambas manos bajo mi cuerpo, con una me apretó una teta y con la otra buscó mi conchita, estaba tan empapada que seguramente había formado una mancha de humedad en las sábanas. Comenzó a tocarme suavemente y sumo a esto unos ricos besitos en el cuello, era como tener un masajista sexual personal, cerré los ojos y me relajé, me dejé llevar y me perdí en un estado asombroso que se encontraba entre el sueño, la vigilia y la lujuria. Permanecí de esa forma durante algunos minutos hasta que me sobresaltó la tremenda acometida que me dio contra el culito. Supe que su vega se había vuelto a despertar y que me daría esa prometida segunda pasada. Me pregunté cómo me quedaría el culo luego de recibir tanta verga en una sola noche pero extrañamente esto en lugar de preocuparme me causaba más morbo.

-Uy, cómo me gusta que me den por el culo –dije levantando la colita tanto como pude para recibir toda la longitud del miembro de mi tío adentro. Al placer anal debía sumarle el que me producían los incansables toqueteos en mi clítoris.
-Pero qué curioso, tu mamá dice lo mismo. Ya sé a quién saliste tan putita.

Esta segunda ronda de estocadas y embestidas contra mi agujerito posterior fue tan placentera como la anterior y duró un poco más de tiempo, ya no fue necesario que me diera con tanto ímpetu, mi colita ya estaba sentida y con movimientos lentos podía gozar enormemente. No llegué a notar el momento en que acabó por segunda vez dentro de mí pero esta vez no me quedé tanto rato bajo el peso de su cuerpo, de hacerlo me hubiera sofocado, ya llevaba demasiado tiempo allí.

Me despedí de mi tío y él casi ni me respondió, ya se estaba durmiendo otra vez, sonreí satisfecha al saber que lo había dejado agotado casi sin moverme, sólo me ofrecí para él y lo dejé hacerme lo que quisiera. Regresé al baño, cambié el agua de la bañera y me lavé una vez más antes de irme a dormir a mi propio cuarto, a pesar de las horas de sueño en la cama de Eric, me quedé dormida poco después de apoyar la cabeza en la almohada. Sólo recuerdo haber escuchado a mi hermana respirando agitadamente a mi lado, supuse que la muchachita se estaba masturbando pero ya no tenía energía para unirme a ella.


*****



Luego de lo ocurrido con mi tío ya podía estar más que segura de que al menos otros tres miembros de mi familia querían repetir el juego de Strip Póker, de hecho podía afirmar que tenían tantas ganas como yo de hacerlo, pero aún faltaba mi padre, no sabía por qué me costaba tanto hablar del tema con él, tal vez porque lo veía como una figura de autoridad o porque era con el que más fantaseaba y me ponía sumamente nerviosa al tenerlo cerca, no podía decirle a mi madre que organice un sábado de póker sin antes estar segura de que para mi papá no había sido sólo una noche de locura y descontrol que no se debía repetir jamás.

En uno de los intentos por retomar mi vida normal accedí a tener una cita con un pibe que venía insistiéndome desde hacía unas semanas, él no me caía mal pero sus invitaciones habían llegado en mal momento, cuando yo tenía cosas mucho más importantes en la cabeza, supuse que verlo durante un rato no estaría mal y quién sabe, en una de esas me hacía olvidar un poco de mi familia. Nos reunimos en un barcito que estaba mucho más cerca de su casa de la mía, supuse que me había citado allí para que tengamos la opción de trasladarnos hasta su propiedad, tal vez esto me hubiera molestado en otras circunstancias pero últimamente estaba viendo el sexo con otros ojos y acostarme con él ni siquiera me parecía descabellado, además era apuesto. No se trataba de ningún galán de cine pero si era agradable a la vista y su sonrisa era muy simpática y sincera. Como era de noche acompañamos la charla con algunos vasos de cerveza, al principio todo marchaba de maravilla, yo estaba dispuesta a todo aunque no lo conociera muy bien, me lo había presentado una amiga que teníamos en común y supuse que ella conocía mis preferencias en cuanto al sexo masculino pero al parecer mi amiga no me conocía tanto como yo pensaba, el tipo me pareció de lo más pesado, muy arrogante y vanidoso. Debía admitir que parecía inteligente pero arruinaba esta buena cualidad cada vez que intentaba idolatrarse a sí mismo. Llegué a pensar que se trataba del polo opuesto de Eric, mi hermano podía ser algo bruto y limitado pero era humilde y honrado, nadie podía decir que fuera mala persona, hasta las miles de veces en las que yo me molestaba con él era porque cometía errores estúpidos, no porque hiciera las cosas con maldad buscando perjudicar al otro.

Mientras mi ilusión se desvanecía llegué a la conclusión de que ya no quería acostarme con este individuo y poco a poco las ganas de marcharme se hicieron evidentes.

-Estás inquieta, ¿pasa algo? –me dijo él después del cuarto vaso de cerveza.
-Es que ya es muy tarde y me tengo que ir –le contesté de forma automática, en ese momento me percaté de lo poco que había abierto la boca durante la charla, que en realidad se pareció más a un monólogo.
-¿No querés que te lleve? O en una de esas querés ir a un lugar más tranquilo, acá hay mucha gente.
-No, está bien. Me pasan a buscar –mentí mientras me ponía de pie, abrí mi bolso y saqué algunos billetes- tomá, para que pagues las cervezas.
-No te preocupes, yo invito.
-Perfecto –dije guardando otra vez el dinero, estaba molesta con él por haberme hecho perder el tiempo- me voy porque ya me deben estar esperando.
-Estas segura de que no querés que te lleve, vine en el auto y mi casa está…

No me quedé a escuchar sus últimas palabras, éstas se perdieron entre el murmullo de la gente y luego éste quedó opacado por el repiquetear de la lluvia. No lo podía creer, llamarla lluvia era quedarse corta, esto era un diluvio ¿en qué momento había comenzado a llover? Antes de venir vi que estaba nublado y recordaba que mi madre me había dicho que llevara un paraguas pero ¿quién hace caso a las madres en estas cosas? Uno siempre las ignora hasta que se dan cuenta de que tienen razón. Me quedé bajo el toldo del exterior del bar y me apresuré a llamar a mi casa, en pocos segundos una voz gruesa me saludó, era mi papá.

-Hola papá, ¿podrías venir a buscarme? Está lloviendo a cántaros y conseguir un taxi con este clima va a ser un poco difícil.

Uno de los grandes defectos de mi ciudad era que en los días en los que uno necesitaba más un taxi, como cuando llovía, más difícil era hallarlos ya que muchos preferían no trabajar para no arruinar sus vehículos al pasar por una calle completamente inundada. Por suerte no tuve que darle muchas explicaciones a mi padre, le di la dirección y me dijo que en pocos minutos pasaría a buscarme. Cuando terminé de hablar con él miré hacia adentro del bar a través de la puerta de vidrio y el muchacho vanidoso me miraba con el ceño fruncido mientras tomaba uno de los dos vasos de cerveza que tenía en la mesa, en ese momento recordé que habíamos pedido una siguiente ronda antes de que yo me levantara y me fuera. No sólo estaba distraída sino que los cuatro vasos que tomé ya me estaban afectando un poco, mi tolerancia al alcohol no era muy buena y no me avergonzaba decirlo. Me alejé unos metros del bar para no tener que verle la cara al pibe y no tuve más remedio que quedarme bajo la lluvia, la cual me empapó en un abrir y cerrar de ojos, me molestó muy poco, hacía calor y necesitaba algo fresco para que me quitara esa espantosa sensación de mareo. Mientras aguardaba por mi padre me percaté de que tendría varios minutos a solas con él, el bar estaba como a media hora de viaje en auto y no sólo debería esperar ese tiempo bajo la lluvia sino que también debería pasarlo con él a solas. Me invadió el recuerdo de su cuerpo desnudo, especialmente el de su pene erecto dentro de mi boca, los minutos pasaban y yo no hacía más que pensar en eso, lo cual era bastante contraproducente, no sólo me estaba excitando sino que también me recordaba que aún debía tener una charla complicada con él para averiguar si quería o no una nueva ronda de Strip Póker.

Como vine con la intención de caerle bien a este muchacho opté por ponerme una blusa blanca bastante escotada, la cual estaba hecha sopa, el pibe me había mirado las tetas durante toda la charla y ahora me sentía molesta conmigo misma por haberle regalado semejante espectáculo pero allí recordé el consejo de Mayra, si debía hablar de ese tema tan delicado con mi padre, debía hacerlo con un buen escote, eso haría que su atención se disipara, me dije que ya tenía un punto a favor. Comencé a pensar en qué podría decirle, cómo podría iniciar la charla ¿y si él no se fijaba en mis pechos y sólo prestaba atención a la calle? No quería que tuviéramos un accidente por distraerlo pero alguna miradita de reojo me favorecería y también alimentaría un poco mi ego, me causaba mucho morbo saber que yo podría excitar a mi propio padre, nerviosa y llena de dudas actué de forma imprudente e impulsiva. Desabroché mi corpiño y me lo quité por debajo de la blusa, luego lo guardé dentro de mi bolso procurando que no mojara mi teléfono celular. Miré mis pechos y me quedé sorprendida, la tela blanca ya era casi transparente y mis pezones se traslucían mucho, para colmo estaban erectos y parecía que en cualquier momento agujerearían la tela. No tuve tiempo para arrepentirme, en ese momento vi la camioneta negra de mi padre doblando la esquina y deteniéndose frente a mí, me hizo señas para que suba abriéndome la puerta y me apresuré a hacerlo.

-Perdón, te voy a mojar toda la camioneta –me disculpé apenas tomé asiento y cerré la puerta.
-No te preocupes, tu hermano la ensucia toda, un poco de agua no le vendría nada mal… -se detuvo en cuanto vio mis voluminosos pechos traslucirse bajo la tela de la blusa, fue tan obvia su mirada que no pude disimular.
-Maldita lluvia, me mojé toda –mi cabello aún seguía chorreando agua- lo peor es que se me marca todo.
-¿Qué hacés así vestida? –preguntó mientras ponía la camioneta en marcha.
-Es por culpa de la lluvia, creeme que no se nota nada cuando la blusa está seca, se usa así, sin corpiño –sabía que no me discutiría eso ya que no sabía nada de moda femenina.
-De todas formas, te veo más arreglada de lo normal –sus ojos espiaron rápidamente mis blancas tetas, supuse que se centraban más que nada en la amplia parte central, la cual la empapada tela de la blusa ni siquiera cubría.
-Ah, eso es porque vine ver a un chico… -comenté restándole importancia a lo sucedido- tomamos algo juntos pero no me cayó tan bien como yo esperaba, por eso te pedí que vinieras a buscarme. Por cierto, tardaste mucho menos de lo que yo creía –hice memoria y no debían haber pasado más de quince minutos desde que lo llamé por teléfono.
-Es que estaba en la casa de un socio arreglando unos detalles para mañana, estamos con una obra bastante grande en un edificio de… -me miró otra vez, mis pezones se notaban bastante a pesar de la escasa luz en el interior del vehículo- ¿tenías pensado hacer algo más que tomar algo con este chico? –no sabía si me lo preguntaba por deber de padre o por puros celos, al menos estaba charlando con él y supe que debía ser yo la que llevara la conversación a un territorio más íntimo y personal.
-No te voy a mentir, en un momento pensé que podía pasar algo más, creo que hasta vine con esa intención –me temblaban un poco las manos, nunca había hablado de estas cosas directamente con mi padre- pero después lo pensé mejor y me dije que no valía la pena hacerlo con un tipo así, era demasiado egocéntrico para mi gusto.
-Comprendo –dijo mi padre con la vista al frente como si no comprendiera nada, tal vez su cabeza estaba intentando procesar la información.
-¿Te parece mal que venga a ver a un chico con esas intenciones?
-Vos ya sos grande y podés hacer lo que quieras.
-Es que en realidad ni siquiera sé si quería –intentaba actuar con normalidad a pesar de estar virtualmente desnuda de la cintura para arriba- por un lado quería hacerlo pero por el otro sabía que al chico ni siquiera lo conocía y no me animaba, dejando de lado que al final me cayó mal.
-Las mujeres siempre son indecisas con esos temas –bromeó y lo vi sonreír- los hombres somos más básicos, por naturaleza. Si hay sexo de por medio es difícil que nos neguemos.
-No creas que todas las mujeres piensan muy diferente a los hombres, yo no veo el sexo como algo malo… me gusta y me atrae pero a veces me acuerdo que tampoco es bueno hacerlo con alguien que uno no conoce, lo lindo es tener cierta confianza con la otra persona, conocerla mejor… eso calienta más –miré por la ventana de mi lado para no tener que cruzar la mirada con él pero lo vi por el espejo retrovisor exterior, sus ojos volvieron a clavarse en mi escote en un fugaz movimiento- pero en un principio quería hacerlo con este pibe porque tenía ganas de volver a probar algo.
-¿Qué cosa?
-Me da vergüenza decirlo… bah, en realidad me da miedo que te moleste.
-¿Por qué debería molestarme? Podés contarme.

Me di cuenta de que viajábamos a velocidad moderada ya que la lluvia no menguaba, supuse que tendríamos un largo viaje hasta casa y una vez más me invadió el típico nerviosismo que me producía estar a solas con mi padre, especialmente luego de lo que pasó ese sábado, aquella vez la lluvia contribuyó mucho para que mi vida cambie totalmente, tal vez ahora la lluvia me ayude a seguir adelante con estos cambios que tanto me atraían.

-Quería volver a probar el sexo oral con un hombre –me apresuré a decirlo para desligarme lo más rápido posible de la frase- nunca lo había probado y me resultó atractivo –eso era una inequívoca indirecta hacia mi padre.
-Ah, comprendo –era una de sus típicas respuestas que sólo evidenciaban la confusión que tenía. Froté mis brazos con las manos, si bien hacía calor el agua de la lluvia había enfriado considerablemente mi cuerpo- en la guantera debe haber una toalla de mano, con eso te podés secar un poco.

Abrí la guantera y efectivamente había una toalla que aparentaba ser blanca, no estaba en las mejores condiciones pero supuse que mi padre y mi hermano la usarían para secarse las manos luego de trabajar y era lógico que estuviera en ese estado. Primero me sequé las gotitas de agua acumuladas en mis brazos, luego la cara y el cabello lo mejor que pude y pasé a la parte que más llamaba la atención de Pepe, introduje la toalla por mi escote para secarme los pecho, actué como si estuviera sola, sin siquiera mirarlo pero sabía muy bien que él si me estaba mirando a mí. Extraje mi pecho izquierdo completamente y pasé la toalla una y otra vez por él, luego repetí la acción en mi teta derecha, dejando ambas fuera de la estirada remera, de vez en cuando miraba hacia la calle pero como estábamos transitando una zona poco frecuentada no había curiosos que repararan en mis melones blancos. El saber que esto podría estar provocando a mi padre comenzó a encender una pequeña llama de lujuria en mí y ésta fue creciendo poco a poco. Volví a guardar mis atributos dentro de la blusa sólo para que se mojaran otra vez pero ya había dado un buen espectáculo y el marcado bulto en la entrepierna me lo demostraba, tuve que esforzarme para no esbozar una sonrisa.

No pude hacer menos que sonreír al verlo así, él no tenía forma de cubrirse o disimular, miré fijamente esa loma asomando de su pantalón para indicarle que ya había notado su erección. Me temblaba todo el cuerpo y no era sólo por el frío, estaba sumamente nerviosa y mi cabeza trabajaba a toda prisa, me estaba desesperando por dar el siguiente paso pero temía a las consecuencias, lo peor de todo era esa maldita sensación de ya haber llegado demasiado lejos, una cosa era que mi padre me viera desnuda frente a toda mi familia en las mismas condiciones y otra muy diferente era exhibirme ante él estando sólo nosotros dos espacio tan reducido.

-Me dijeron que algunas mujeres creen que hacer bien lo del sexo oral pero en realidad no saben hacerlo -dije como si estuviera hablando conmigo misma- ¿eso es cierto?
-No lo sé -titubeó- creo que depende mucho de la actitud de la mujer. Si cree que todo lo hace bien sin siquiera preguntar ya está cometiendo un error.
-Entonces supongo que hago bien en preguntar, porque yo no creo haberlo hecho bien.
-¿Al hombre que se lo hiciste le gustó? -noté que aferraba con fuerza el volante, estaba tan nervioso como yo.
-No lo sé. ¿Te gustó? -me miró con los ojos de un perro callejero- porque la primera vez que lo hice fue con vos... durante el juego de póker.
-¿Lo decís en serio?
-Si papá, nunca lo había hecho. No sé qué imagen tendrás de mí pero no soy muy promiscua -al menos no lo era antes de jugar al póker con mi familia.
-No dije eso, pero como tenías novio... pensé que en algún momento habían hecho eso.
-La verdad es que a mí me daba un poco de asco, por eso nunca me animé a hacerlo, pero esa noche no me dio nada de asco. Al contrario, me gustó. Me agradó saber que con eso podía hacer que un hombre disfrute mucho.

Su bulto seguía creciendo, supuse que estaba recordando lo ocurrido en aquella ocasión, para colmo su pantalón era de una delgada tela deportiva y no disimulaba en lo más mínimo el gran tamaño de su miembro. Disimuladamente froté mi entrepierna por arriba de mi pantalón, éste era de jean y se ajustaba mucho al cuerpo, especialmente al estar tan mojado, desprendí el botón porque ya me estaba incomodando demasiado.

-¿Vos pensás que lo hice bien? –volví a preguntarle, sabía que él no estaría bien preparado para una pregunta tan directa pero en su defensa puedo decir que pocos padres en el mundo hubiesen podido conservar la cama si una de sus hijas lo estaba interrogando sobre sexo oral utilizando como ejemplo algo que había pasado entre los dos.
-No estuvo mal –contestó mirando fugazmente mi entrepierna, apenas se asomaba mi bombachita mojada por donde había abierto el pantalón.
-No estuvo mal pero tampoco estuvo bien.
-No dije eso.
-Pero así lo entiendo yo –no se lo dije con enfado- sé que todavía me falta mucho por aprender en materia sexual.
-Por ser la primera vez… estuvo muy bien –sus nervios lo estaba traicionando, ya prácticamente no hablaba sino que balbuceaba.
-Te cuento que en el primer intento me puse muy nerviosa… por todo eso de que somos familia –ni siquiera yo sabía si elegía las palabras correctas.
-Es lógico –apenas pude entender lo que dijo.
-Pero la segunda vez ya no me importó tanto, ya me daba igual… para colmo también estaba Eric –mi cuerpo reaccionó placenteramente al recordar de qué forma chupé una y otra vez sus penes- fue un juego muy divertido –sonreí- ¿no te parece? –no me respondió sólo se limitó a mirar una vez más mis pechos antes de poner la vista al frente otra vez; decidí que era hora de jugársela toda, ya estaba muy metida en todo esto y hubiera sido una cobardía retroceder, avancé ya sin medir las consecuencias- me caliento mucho de sólo acordarme, nunca había tenido dos vergas para mí sola- el corazón se me aceleró vertiginosamente y mis manos temblaban apoyadas sobre mis piernas- y mucho menos tan grandes, me costó un montón metérmelas en la boca –su miembro se sacudió dentro del pantalón, eso me valió más que mil palabras- pero no me importó, estaba muy borracha y caliente, yo me las quería comer todas, quería sentirlas hasta el fondo de mi garganta –tragué saliva- quería hacerlos acabar a los dos y quería… -miré una vez más su bulto- ah, a la mierda con todo.

Con el corazón latiendo a toda prisa me incliné hacia el lado del conductor, con un rápido movimiento le bajé el pantalón lo suficiente como que su verga dura y venosa quedara libre y bajé la cabeza, la tragué hasta la mitad y la saqué lentamente de mi boca apretando mucho los labios. Se escuchó el típico chasquido de un chupón cuando salió completa y volví a tragarla sin darle tiempo a mi padre para reaccionar, estaba increíblemente excitada y por fin estaba probando otra vez ese grueso tronco que me traía loca, intentaba chuparlo lo mejor posible y aparentemente a Pepe no le molestó porque se limitó a presionar mi cabeza hacia abajo mientras continuaba manejando, su hija le estaba haciendo un pete y se veía dispuesto a disfrutarlo. Supe que ya no era momento de hablar más, él no era un hombre de palabras, él hablaba con acciones y yo le estaba hablando en su propio idioma mientras ensalivaba todo su glande y lo recorría alrededor con mi lengua. Introduje una mano en su pantalón para poder agarrar sus testículos, los apreté sin emplear mucha fuerza y comencé a subir a y bajar mi cabeza una y otra vez, de vez en cuando debía sacarla del todo para tomar aire y podía ver hebras de saliva colgando de mis labios o de la verga. Sentí una áspera mano de dedos gruesos presionando una de mis tetas por dentro de la remera, se había colado por mi escote y ya me estaba pellizcando un pezón, con un rápido movimiento me las ingenié para que mis pechos quedaran colgando fuera de la blusa sin dejar de mamar.

No me limité a chupársela, también empleaba alguna de mis manos para masturbarlo tan rápido como la incómoda posición me lo permitía. La mano derecha de mi padre pasaba de la palanca de cambios a mi cuerpo, no se conformó con tocar mis tetas, buscó mi entrepierna pero no podía tocarla mientras yo estuviera inclinada hacia su lado por lo que me senté normalmente en el asiento del acompañante, la lluvia seguía cayendo copiosamente y me pareció que ahora conducía más lento que antes, estaba segura de que él demoraría el viaje de regreso lo más posible. No me animaba a mirarlo a la cara, cerré mis ojos y aferré su verga con mi mano izquierda, en cuanto comencé a masturbarlo sentí que sus dedos se escabullían hábilmente dentro de mi ropa interior, con mi mano libre intenté bajarme un poco más el pantalón pero era una tarea difícil, por suerte él logró llegar hasta mi clítoris y apoderarse de él, sus rugosos dedos me inundaban de placer, en poco tiempo comencé a jadear y luego recordé que estábamos los dos solos en el auto, nadie podría oírnos. Di rienda suelta a mis gemidos y deslicé mi cuerpo un poco hacia adelante, pegando mi espalda al asiento y alejando mi cola del respaldar, separé un poco más las piernas y esto permitió que mi papá pudiera introducir un dedo en mi húmeda y viciosa vagina, gemía más por morbo psicológico que por placer físico pero todo se amalgamaba de forma tan perfecta que era muy difícil decir dónde comenzaba uno y dónde lo hacía el otro.

Estaba gozando enormemente pero Pepe apartó la mano, cuando abrí los ojos vi que estaba manipulando la palanca de cambios, esto me dio la oportunidad de regresar a mi tarea, me incliné una vez más hacia él y me tragué su verga tanto como pude, ese sabor entre amargo y dulzón me volvía loca. Me esmeré mucho para darle todo el placer posible, él no decía una palabra y decidí dejar las cosas de esa forma, al fin y al cabo ambos estábamos disfrutando. Chupé, lamí, tragué y salivé durante largo rato, movía mi cabeza de arriba abajo variando el ritmo y la fuerza con la que lo hacía, a veces mantenía mi boca tan abierta como podía y hacía entrar y salir esa dura y larga verga casi hasta atragantarme, mi boca producía sonidos extraños cuando yo intentaba respirar, tuve que serenarme un poco, tomar aire y luego volver a la acción haciendo todo lo posible por respirar por la nariz. Sentí envidia de mi madre quien podía comerse esa suculenta verga a diario pero no era sólo el tamaño lo que me calentaba, ella no podía sentir lo mismo que yo, él no era su padre, era su marido.

Levanté la vista porque me percaté de que nos habíamos detenido, me sorprendía al ver que nos encontrábamos en el garaje de mi propia casa, las puertas se abrían y se cerraban de forma automática, lo cual era ideal para días de lluvia. Hice un rápido cálculo mental y supe que había estado varios minutos mamándole la verga a mi padre. Tal y como hice antes, evité mirarlo a los ojos, supuse que allí no nos descubriría nadie y bajé la cabeza una vez más para continuar chupando, esta vez él pudo toquetearme con mayor comodidad y se las ingenió para llegar hasta mi entrepierna y frotar mi clítoris con la punta de sus dedos. Mi instinto sexual me decía que estaba haciendo un buen trabajo ya que la verga parecía estar palpitando dentro de mi boca, me llené de júbilo cuando sentí ese viscoso y espeso líquido blanco que escupía el pene de los hombres cuando llegaban al clímax. Mi intención fue tragarme todo el semen que saliera pero tengo que admitir que fue una tarea bastante difícil con semejante pedazo de carne metido en mi boca, tuve que dejar salir un poco del néctar masculino el cual chorreó por mi barbilla. Seguí lamiendo el glande y pasé la lengua alrededor de todo el tronco hasta dejarla limpia y tan rápido como todo había comenzado, terminó.

No quería tener que ver a mi padre o intercambiar palabra alguna con él, me apresuré a guardar mis tetas dentro de la blusa, la cual ya estaba un poco más ceca, prendí torpemente el botón de mi pantalón, tomé mi bolso y bajé de la camioneta sin mirar hacia el asiento del conductor. Me dirigí a la puerta que comunicaba el garaje con mi casa y entré dando largas zancadas, en cuanto llegué al pasillo que llevaba a las habitaciones me crucé con mi madre, quien estaba vistiendo una bata de baño, como llevaba el cabello seco supe que aún no se había duchado pero pensaba hacerlo pronto.

-¡Nadia! Me asustaste –me dijo deteniéndose en seco para no chocar contra mí- ¿qué pasó? –Me miró de arriba abajo, mi estado debía dejar en evidencia lo ocurrido- ¿qué tenés en la boca? –sabía que se refería al semen de mi papá pero no hacía falta que se lo explicara, pronto lo deduciría.
-Nada, no importa. Espero que mantengas tu promesa, te aseguro que tenés vía libre para organizar una nueva noche de póker y espero que sea mucho mejor que la anterior –le sonreí ampliamente y ella también lo hizo, involuntariamente- ah, y no te vayas a enojar con papá, es todo culpa mía –se lo dije para dejarle las cosas más en claro.

Ella intentó decirme algo más pero pasé a su lado como si fuera una flecha y me dirigí directamente hacia mi cuarto, por suerte no había nadie dentro, cerré la puerta detrás de mí y me desnudé tan rápido como pude, creo que hasta rasqué un poco la blusa al quitármela. Me tiré en la cama y me tapé con las sábanas hasta el cuello, esa leve calidez me reconfortó al quitarme un poco el frío que sentía en los brazos al haberme mojado con la lluvia pero eso no era lo que me importaba en ese momento, inmediatamente dirigí mi mano derecha a mi entrepierna y comencé a masturbarme sin reparo alguno, me metí dos dedos y arqué tanto mi espalda que ésta quedó separada del colchón durante unos segundo, luego caí y llevé la mano izquierda a mi barbilla, los restos de semen aún seguían allí, recolectándolos con los dedos los trasladé hasta mi boca y fui saboreándolos lentamente mientras me castigaba la conchita. Estiré dos dedos y los deslicé por mi rajita apretando mi clítoris entre ellos mientras imaginaba todo lo que podría pasar en una nueva sesión de Strip Póker junto a mi familia, en estos últimos días había tenido al menos un encuentro sexual con cada miembro de la casa pero para mí esto era apenas parte del juego previo, aún me quedaba lo más importante, me moría de ganas por sentir la verga de mi padre penetrándome o ver qué clase de pervertidos juegos sexuales se animarían a jugar los demás.

Con la certeza de que yo no era la única enferma en la casa me sentía mucho más tranquila y daba rienda suelta a mis deseos más sucios y lujuriosos, llegué a meterme dos dedos por la cola mientras recordaba lo que había hecho con Eric y me imaginaba lo que podría hacerme después pero la próxima vez lo haríamos delante de todos y quien sabe, tal vez podríamos llegar a vivir la noche más especial y sexual de nuestras vidas. Tuve un intenso y profundo orgasmo con esta idea en mente.



Continúa en el siguiente post:

- Strip Póker en Familia (Capítulo 5) - 1



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