PARTE II

Después de haber encontrado esas nuevas fotos en la PC, instantáneamente tuve una erección como nunca antes, y en el momento no medí las consecuencias posibles por el pronto regreso de la novia de mi primo. De manera involuntaria llevé mis manos por dentro de mi pantalón y saqué toda la verga afuera. La tenía dura e hinchada. De la cabeza manaba líquido seminal, que comenzó a salir en mayor cantidad a medida que me masturbaba y contemplando principalmente la foto en que se veía a Luciana en tanga blanca, con su culo color leche, gordo. Imaginaba que mi primo había sido el que se las había tomado. Me excitaba por demás pensar en tener durmiendo a esa hembra con todo el culo al aire al lado.
Sentía que acabaría en cualquier momento mucha cantidad de semen. No me importaba, o no llegué a pensar que mancharía todo el lugar. Pero sentí correr el ascensor, y entonces advertí que se podría tratar de la novia de mi primo, ya de regreso.
Pero lamentablemente no me equivoqué. Apenas pude acomodar mi verga dentro del pantalón. Luciana ya estaba echando llave al departamento. Apagué la computadora abruptamente. Cuando me encontró, la sesión se estaba cerrando y yo estaba transpirado, sin embargo vino a mi encuentro con una sonrisa, y por primera vez me saludo con un beso amistoso sobre el cachete.
A pesar de todo no pude recompenerme. Luciana se movía por la casa como si nada. Yo me había quedado atónito ante lo que acababa de ver, con la verga dura, repleto de dudas sobre si lo sucedido había sido un acto adrede de su parte. Durante todo el almuerzo tuve la sospecha de que ella se reía de mí, que controlaba la situación. Estaba sentada enfrente mío y llevaba una remera deportiva ajustada que le marcaba todas las tetas. Cuando se paró para juntar la mesa, pude adivinar la tanga minúscula que llevaba debajo de su pollera floreada de tela liviana.
Después todo fue para peor. La tarde se puso negra y a la ciudad llegó una de esas tormentas furiosas de la antesala del verano. Antes de que se largase, Luciana comentó que era la tarde ideal para dormirse una buena siesta, y luego me invitó a ver TV al sillón del living. No entendía como si quería dormir antes pretendía ver TV. Ella me explicó que esa era la única forma que tenía de dormirse rápido. Tampoco entendí por qué no lo habría hecho sola en su cuarto, y no conmigo en el sillón, pero de eso no dije nada.
Una vez que estuvimos sentados, dejamos correr la película Forrest Gump, la cual acabaña de comenzar. Cinco minutos después, ella se excusó y salió para su cuarto. Inmediatamente entendí que se estaba yendo a recostar. Entonces me relajé, me sentí cómodo en mi soledad, y comencé a pensar en lo que había presenciado frente a la pantalla de la PC hacía unos momentos.
Mi tranquilidad no duró mucho. Sentí el abrir de la puerta de la habitación y a Luciana caminando por el pasillo. Casi no tuve tiempo de acomodarme. Tenía el pene hecho una piedra y mi short era de tela de avión, de modo que sí o sí se notaria. Pero me olvidé de todo cuando ví cómo estaba Luciana. Se había cambiado la remera ajustada por una musculosa holgada – sin duda la que usaría para dormir – la cual tenía tanto el escote como los huecos de las mangas muy pronunciados, de modo que a veces, según sus movimientos, se podía contemplar el perfil de sus tetas (no llevaba sostén) blancas y erguidas. Lo mejor estaba en el pantalón que usaba como pijama. Era de tela delgada, color rosa, y extremadamente corto. Apenas llegaba a donde terminaba la curva de su culo gordo, el cual le hacía presión sobre cada pliegue de la prenda, de modo que esta vez, más que nunca, pude contemplar la anatomía perfecta y alevosa de sus nalgas.
Inmediatamente comprendí que algo estaba mal. El parámetro de ello fue pensar si aquella escena hubiera tenido lugar si mi primo hubiera estado en ella. De seguro que no, ella se hubiera mostrado más recatada como era habitual. Por mi parte me sentía incómodo, sin saber como sobrellevar esa situación en la cual la novia de mi primo estaba a mi lado en el sillón, viendo TV con los pies sobre un cojín, y comenzando a quedarse dormida.
A medida que esto fue sucediendo, mi mirada comenzó a desviarse del televisor a su cuerpo: aunque holgada, la remera era corta, por lo que la parte inferior de su abdomen quedaba al descubierto. Era chato, de piel tersa. Unas imperceptible línea de delgados y suaves pelillos rubios se extendían desde el ombligo, hasta perderse por debajo del elástico del pantalón. Pronto se quedó dormida, lo supe por su respiración, entonces contemplé con más detenimiento. Aunque relajada, sus piernas extendidas se mostraban firmes, carnosas. La línea de sus caderas se abultaba por la pomposidad de sus nalgas aplastadas en ese entonces contra el sillón.
Rato más tarde, en tanto ella parecía sumida a un sueño profundo, yo estaba en una especie de éxtasis ciego. Mi verga se marcaba como un tronco por debajo de mi pantalón, y ya no me importaba lo que estuviera dando la TV. En ese momento miraba descaradamente a la novia de mi primo, que dormía a mi lado, en el mismo sillón en el cual había estado recostada cuando le tomaron aquella primer foto que encontré en su pc.
En el momento en que noté que se movía para ponerse en posición fetal, mi corazón se convirtió en un nudo en la tráquea. Y cuando contemplé el resultado de aquella maniobra, sentí que podría eyacular en seco allí mismo. De un segundo al otro, su culo gordo quedó enfrente de mi visión. El pequeño pantalón dejaba ver como cada uno de esos enormes cachetes se diferenciaban uno del otro, y eran separados por una tanga -seguramente clara- que se evidenciaba en la parte superior de esa manzana voluptuosa. Lo mejor, lo que para mí fue la mejor de la sorpresa, fue que el pantalón era tan corto, que en esa posición una parte de esos cachetes mínima sobresalían por lo bajo, de modo que por fin, la piel suave y blanca de ese monumental culo estaba para mí, en vivo y en directo.
Por un momento quedé petrificado, analizando la situación, plenamente consciente de los riesgos de todo eso, analizando la distancia que me separaban del contacto con ella: eran sólo unos centímetros. No recuerdo cuál fue el instante que dejé de lado alguno de mis temores, pero lo cierto es que de pronto me vi con la palma de mi mano izquierda depositada sobre el lado externo pantorrilla, y con la de la derecha aferrando fuertemente mi miembro. Con la acción de la primera, se achicaba el espacio entre mi cuerpo y el de Luciana; eran unos milímetros los que nos alejaban. Luego de un rato -por mi movimiento involuntario o el de ella- como dos imanes que se atraen, la piel de mi menique estaba rozando los capitales invisibles de su piel, justamente en la zona de su cuerpo que no podían contener los pantalones. Fue ahí, cuando comenzó a escucharse cierto movimiento, la fricción de un material de tela sintética: me estaba masturbando sobre mi pantalón, si haberlo notado.
En verdad, no sé si primero que me ocurrió fue escuchar el sonido. Más bien lo entendí como un incentivo para que Luciana se despertase. Seguramente lo hubiera estado escuchando desde antes que yo, desde antes que se diera vuelta sobre sus hombros y me mirara.
- Qué hacés?-
-¿Qué?
-Que qué estabas haciendo te digo.
Ella hablaba tranquila, en un tono bajo, aún algo dormida, pero firme. No dejaba de mirarme mientras se daba vuelta para volver a su posición original.
- que hice? Estaba mirando tele, acá. No sé. Medio que me estaba quedando dormido.
-Qué fue ese ruido Jorge. Tu pantalón.
-No sé qué decís Luciana.
Entonces, sin ningún preámbulo ni actitud decididamente de su parte, todo salió a la luz.
- Me viste las fotos Jorge.
-Qué fotos?
- Básta, no te hagas que eso si me enoja. En mi computadora
Eso sí me enoja? Y el resto no? Fue lo que me pregunté instintivamente. Como sea, el camino que había tomado con mis respuestas no era el correcto.
Insistió ante mi silencio.
- Jorge, viste mis fotos en la computadora. Me viste la cola.
- Te juro que fue sin querer.
- No me importa. No está bien.
- Ya sé, bueno. No te enojes. Ya me olvidé. Pensá en todas las veces que te vi en maya.
En parte, algo de mi terror se había ido; en ello influyó haber recordado que dos de las fotos habían aparecido como “por arte de magia”. Yo estaba en falta, pero de alguna forma podía defenderme.
- Si, ya se bueno. El problema no es cómo me veas. El problema es que te pongas así. No está bien Jorge, soy la novia de tu primo mayor sabés?
- Así cómo Luciana?
En ese sentido, mis excusas irían hasta la última consecuencia. Ella hizo un silencio de sobreentendido. Después, solita, me develó un enigma.
- Mirá, esas fotos que viste me las sacó un ex novio. Te pido por favor que te olvides de esto y no digas nada.
- Claro que sí, ya me olvidé. Pero porque estás dormida en las fotos?
- Le gustaba sacarme fotos con la ropa que uso para dormir.
Esa última frase me quedó resonando a tal punto que me fui de la conversación haciendo silencio. Esa ropa usaba la novia de mi primo para dormir, unas diminutas tangas, que se veían más pequeñas en su culo. En un solo instante pensé en quién sería realmente esa chica tan recatada y formal en la vida familiar, pero que sin embargo, para el deleite o el sufrimiento de sus novios, los acompañaba en el sueño usando esas prendas de infarto, dándoles el culo en una generosa posición cucharita, e incluso ofreciendo el objeto del morbo a aquel tipo (que no era mi primo) que le sacaba fotografías que ella aún conservaba. Estaba confundido y profundamente excitando. Sino me la hubiera tragado toda en el momento de mayor angustia, creo que un hilo de baba me hubiera caído por la comisura. Me dolían las sienes, sentía ardor en los pulmones-
- Jorge.
-Qué?
- Que te pregunto que si de verdad no vas a decir nada, es algo del pasado que quedó ahí.
- No, no digo nada.
-Además es como vos decís.
Hablaba como sola, como quien necesita convencer y en su manera propone un pacto tácito.
-que dije?
-Que ya me viste así muchas veces en la pileta.
- Si, claro.
- Es normal, nadie se va a morir que me veas así, ya me viste mil veces.
-Si, no te hagas drama.
-Querés?
-Que quiero qué?
Se río, se le iluminaron los ojos.
- Dale tonto, verme como en la foto. Pero a nadie sabés? Decime “a nadie”.
- A nadie Luciana.
-Bueno, dale. Sentante ahí.
Con un gesto me indicó que me dirija hacia la silla que estaba en frente del sillón.
-Agarrá la cámara si querés?
-qué?
- No te gustan las fotos?- Fue lo que dijo al momento de dirigirse al sillón y darme la espalda para el espectáculo que se venía. Antes de reaccionar la contemple: enfrente mío tenía a la novia de mi primo, de pie, un poco reclinada con todo el culo carnoso apuntando en mi dirección, con esos pantaloncitos que parecían castigados por la presión de tanta carne. Ahora, por primera vez, lo contemplaba de frente, evidenciado para mi deleite.
- Bueno, ahí voy.
-Para.- Reaccioné, miré para mis costados hasta dar con una cámara de foto que estaba sobre la mesa ratona. La encendí desesperadamente y esperé.
El instante en que Luciana introdujo sus pulgares por debajo del elástico del pantalón y comenzó a bajarlo con el culo respingado, fue para mí una eternidad. Comencé a ver cómo aparecían las tiras de una tanga clara, color amarillo pastel, que le coronaba de manera perfecta la redondez y la voluptuosidad de ese culo blanco, profundo, que iba apareciendo a medida que se quitaba la prenda. Cuando lo tuvo todo afuera yo ya no tenía respiración. Ahí nomás, como pude, le tomé la foto. Definitivamente, todo lo hablado con anterioridad, cargaba algo de mentira. Lo presenciado en nada se comparaba con todas las veces que la había visto en maya. Jamás en ninguna circunstancia la había contemplado tan con el culo al aire. Eso no pudiera haber pasado por desapercibido, ni para mi ni para nadie que hubiera compartido con ella el espacio de la pileta o de la playa.
Cuando sintió el click, Luciana se volvió a vestir.
-Bueno, listo. A ver como quedó?
En toda la siguiente secuencia no pude pronunciar palabra. Ella se había acercado y junto a mi miró el display de la cámara.
- No, che. Me la sacaste muy de cerca.- Me regañó.


- Mirá, acá tengo una que salgo más linda. – No pude comprender a qué se estaba refiriendo. Ella tomó la cámara y pasó las fotos hacia atrás. Cuando encontró la que quería. Me la mostró sin decir palabra. Se la veía recostada en la cama boca abajo, con una remera blanca, y el acolchado retirado, dejando al descubierto su culo que ostentaba una pequeña tanga roja.



Esa foto, de seguro sería reciente. Inmediatamente me pregunté quién se la habría tomado, y aumentaron mis sospechas sobre una doble escencia en la novia de mi primo, que por esos días estaba descubriendo.
- Cuál fue la foto que más te gustó?
-La que vi, que estas dormida con una bombacha blanca.- balbuceé de una manera ridícula.
- ves Jorge? No está mal que me mires, el problema es que te pongas de esa manera.- Luciana recuperó su tono severo.
- cómo me pongo?
- Mirá como estás?
Y miré. Descubrí que de algún modo tenía razón. Además de tartamudo estaba completamente empalmado. Así parado como estaba, se me notaba la verga como una viga horizontal que crecía por debajo de mi pantalón.
- Bueno, se terminó acá. Ahora nos vamos a dormir la siesta. Y las fotos me las quedo yo
Me sentí más confundido que nunca. Que habría querido decir con lo de ir a dormir? No pude seguir haciéndome preguntas y la acompañé a ella por el pasillo, siguiéndola de atrás.
Llegó a la puerta de su habitación, se tomó del marco y me miró. El corazón se me detuvo.
- Bueno, tipo 6 me despierto.- Y volví a respirar. Se metió adentro y cerró la puerta. Yo me sentía devastado, me dolía la cabeza. En la ciudad se había hecho de noche en plena tarde, llovía a cántaros y había truenos. Cerré la puerta, me quité el pantalón y me derrumbé en la cama.
Con una mano aferrando mi verga adolorida comencé a traquilizarme, y a tratar de comprender la situación. No me representaba cómo podía continuar todo aquello. Menos podía definir que era lo que podía y quería hacer yo. Algo estaba muy mal, y algo me resultaba un regalo de la suerte.
Diez minutos más tarde sentí accionarse el picaporte. En la penumbra distinguí la forma clara de las piernas de Luciana. El destello de un relámpago me hizo verla de espaldas en el momento que se volvió para cerrar sigilosamente la puerta. No llevaba nada más que la musculosa, y la tanga blanca diminuta, la cual yo había visto en la foto que más me gustó. Otra vez se hizo la oscuridad y, otra vez, yo dejé de respirar.
La sentí cerca, oí su respiración. No había escuchado sus pasos. Era evidente que estaba tratando de hacer el menor ruido posible. Como si yo estuviera dormido y no quisiera despertarme. Después sentí que apoyaba una de las rodillas en el colchón, en tanto pasaba la otra pierna por encima de mí. La novia de mi primo estaba a punto de móntame. Y yo, instintivamente, llevé mis manos a esas caderas y a ese culo, que estaban a pocos centímetros de entrar en contacto con la piel de mis piernas y mi calzón.
- No.- Fue terminante. Me tomó fuerte de las muñecas y las llevó a la altura de mis hombros. En ese mismo acto de reprimenda, Luciana bajó su culo. Y sentí su peso, la frialdad de su piel, la sensibilidad de mi verga a través de la cual distinguía cómo se encajaba perfectamente entre sus cachetes y los labios de su concha.
- Calladito.- me susurró al oído, y comenzó a frotarse suavemente contra mí. En el primer empujón hacia atrás, con la fuerza de su culo y la contracción de sus músculos, corrió toda la piel de mi glande hacia atrás y afloró la cabeza de mi verga babosa por fuera del calzoncillo: Evidentemente, ella la sintió apoyada contra su panza, tal vez por eso se erguió quedando sentada sobre mi pija, y ahora más que nunca con su culo aplastándome los huevos.
Los movimientos no pararon, pero fueron breves. Comenzaron a hacerse más cortos y rápidos. La repiración de ella se notaba más agitada y entrecortada. Una vez más, volvió a recostarse contra mi, y llevó su boca a mi oído.
- Qué ancha es…- dijo muy por debajo, como para sí misma, y en su garganta escuché como un quejido sordo, como que aspiró el aire de golpe involuntariamente, en el mismo momento en que su culo daba una última embestida y los labios de su vagina se clavaban en la base de mis huevos. Ahí fue cuando saqué afuera toda mi leche. Sentí que por el prepucio salían chorros a presión. Llegué a mancharme toda la panza, el pecho, y un salpicón llegó a mi cara.
Cuando pude recuperarme y abrir los ojos. Luciana ya no estaba en la habitación. Antes de quedarme dormido la escuché en el baño, abriendo el grifo de la ducha. Más tarde, al ir a orinar tras despertar, descubriría la tanga de ella embebida en flujos, y la musculosa que llevaba toda manchada por mi semen.

CONTINUARÄ