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Strip Póker en Familia


Capítulo 2.



Mi hermano no se apartó ni un milímetro, seguía con su pene incrustado hasta lo más hondo de mi ser mientras yo sentía las entrañas llenándose con su semen.

-No te preocupes Nadia, yo después te doy una pastilla “del día después” –intentó tranquilizarme mi madre.
-¿Y eso es efectivo? –pregunté.

El tiempo del desafío aún no terminaba y yo no sabía si apartar a Eric de una patada o quedarme quieta y esperar a que terminen los ocho minutos más largos de mi vida. Temía que me hicieran repetir todo desde el principio.

-Sí, son muy confiables. Quedate tranquila.
-¿Y vos por qué tenés de esas pastillas? –pensé que ella se cuidaba con anticonceptivos diarios.
-Porque tengo dos hijas mujeres. Tengo que estar preparada para todo.
-Buena respuesta. ¿Cuánto tiempo falta?
-Unos tres minutos –me respondió la voz de mi tío Alberto.

¿Tres minutos? Me parecía una eternidad. Esperaba que la verga de mi hermano redujera su tamaño luego de tan tremenda eyaculación, pero el miembro se mantenía igual de firme y eso, por más que no me gustara admitirlo, me calentaba. Comencé a mover mi cadera muy lentamente, para que nadie lo notara, pero hacía que el pene salga y entre un poco. Mantenía los dientes apretados y resoplaba como una yegua odiándome a mí misma. Sentía una mezcla de ira con placer muy extraña. Me molestaba que sea Eric quien me pusiera de esta forma, pero no podía luchar contra mis instintos sexuales. Él acompañó mi rítmico y disimulado movimiento, era muy difícil que los demás lo notaran, pero yo podía sentirlo muy bien. Volví a cerrar los ojos y sentí algo tibio chorreando hasta mi culito. No sabía si se trataba de mis propios jugos o si era semen, la cosa es que se sintió muy rico.

-¿Te gusta? –me preguntó al oído en un susurro casi inaudible.
-Sí –contesté automáticamente como si fuera un simple gemido.

El pitido del cronómetro me arrancó de mis ensoñaciones. En cuanto mi hermano me sacó la verga pude ver que mi vagina estaba muy abierta, nunca la había visito así. Había disfrutado la experiencia, pero debía mantener mi orgullo intacto. Me paré y sentí el semen fluyendo hacia afuera, apenas vi algo blanco asomándose pasé los dedos de mi mano izquierda y quité el lechoso líquido.

-¡Mirá cómo me dejó! –rezongué mostrándole la mano a mi mamá, ella se limitó a sonreír; froté los dedos contra mi pierna para limpiarlos.

El semen bajando por mis entrañas, chorreando hacia afuera, me produjo un cosquilleo que me resultó muy placentero, nunca me habían acabado adentro. No quería sentarme, quería deja salir toda la lechita; aparentando disgusto manoteé mi vaso y rodé la mesa pasando por atrás de mis hermanos hasta llegar a la pequeña mesita donde estaban las bebidas, podía ver una considerable cantidad de espeso semen colgando entre mis labios vaginales pero ni siquiera lo limpié. Me quedé parada junto a la mesita con botellas preparando lentamente algún trago, mantuve las piernas algo separadas y la cola bien paradita. Todos conversaban sobre las reglas de póker, algo que a mí me interesaba muy poco en ese momento. La única que guardaba silencio era Mayra, que estaba sentada justo detrás de mí. La miré de reojo y noté sus ojos clavados en mi conchita, le estaba dando un buen espectáculo mostrándole como una gran cantidad de blanco semen goteaba de mi agujerito cayendo al piso o bajando entre mis piernas. Yo pujaba suavemente con mi vagina para que saliera todo. Era una sensación increíble que sumada a la excitación y la borrachera, me estaba haciendo perder el juicio, de pronto me encontré imaginando a mi hermano tirándome sobre una cama para enterrarme su verga hasta el fondo y sacudirme con todas sus fuerzas, no podía creer que llegara al punto de incluir a Eric en mis fantasías eróticas.

Cuando regresé a mi silla me senté sobre mis propios fluidos y los restos de semen que aún salían de mi cuevita, me agradó esa sensación tibia y viscosa entre mis piernas. Escuché a mi tío haciendo un comentario sobre los grandes beneficios de la juventud, aparentemente se refería a que mi hermano ya la tenía bien dura otra vez, la miré y media sonrisa se me dibujó en la cara, esa verga había pasado por mí y si los cálculos no me fallaban, la mía sería la primer conchita que él había probado. Eric podía ser un brabucón y se creía mejor que los demás pero era pésimo tratando con mujeres, además su apariencia física no lo ayudaba. No era feo, pero estaba lejos de ser hermoso y esas cejas espesas ampliaban aún más la ilusión de chico bruto.

Esta vez me esforcé por ganar, quería ser yo quien eligiera el desafío, las cartas también me ayudaron bastante y si bien un póker de cincos no es la gran cosa, era el mejor juego de la mesa. Mi hermanita rezongó porque perdió, hubiera preferido que la derrotada sea mi madre, para poder vengarme de ella, pero como no tenía nada en contra de Mayra y la vi tan asustada, decidí ser suave.

-Tocásela a mamá –dije apiadándome de ella, un simple toqueteo parecía poca cosa a estas alturas.

Me miró sorprendida pero no dijo nada. Tal vez ella ya había llegado a su límite en estos jueguitos eróticos. Se puso de pie y caminó hasta posicionarse a la derecha de Viki quien abrió las piernas para su hija y le sonrió maternalmente. La pequeña bajó la mano lentamente y el cronómetro inició la cuenta regresiva justo cuando comenzó a tocar esa vulva carnosa y velluda. La expresión en el rostro de mi madre no se alteró para nada mientras los pequeños dedos de Mayra se introducían con gran facilidad en esa abierta concha. Comenzó con dos y los movió lentamente como si la estuviera masturbando. En ese momento pensé con qué frecuencia se masturbaría mi hermanita, yo nunca la había sorprendido haciéndolo pero la forma en que movía su mano me dejaba muy en claro que sabía perfectamente lo que hacía. A continuación introdujo un tercer dedo y aceleró los movimientos, la estaba penetrando con enorme facilidad.

Su madre la miraba con una sonrisa tierna. Los tres dedos de Mayra entraban y salían cada vez más rápido; desde mi posición podía ver también su colita y la parte posterior de su vagina, ésta chorreaba flujos sobre la cara interna de sus muslos. Avergonzada o no, la nena estaba caliente. Al centrarme nuevamente en la acción me percaté de que Viki tenía los ojos cerrados y daba toda la sensación de estar disfrutando a pleno de la masturbación a la que la sometía su hija menor. El tiempo se estaba terminando mi hermanita inició una frenética frotada al clítoris materno. Sus dedos se sacudían a gran velocidad y noté que mi madre respiraba agitadamente mientras gotitas de flujo vaginal salpicaban la silla, al parecer la estaba llevando a un orgasmo pero ese maldito cronómetro dio fin a todo juego. La jovencita regresó a su silla mientras se repartían cartas como si nada hubiera ocurrido, a mi madre le llevó unos segundos reponerse, daba la impresión de que miraba el cronómetro con cierto odio.

En la siguiente ronda de cartas la derrota de mi tío Alberto fue apabullante, recibió una de las peores combinaciones de cartas de la noche y Eric se puso muy contento al alzarse victorioso con un buen full. Me alegró que mi tío hubiera perdido ya que me daba la impresión de que lo estábamos dejando un poco fuera del juego.

-Quiero que bailes muy apretadito con mi mamá –pensé que mi hermano estaba siendo poco creativo, eso del baile ya se había hecho dos veces, aunque no entre mi tío y madre, pensé que se quejarían por su idea (mejor dicho, la falta de una) pero Alberto se puso de pie con una amplia sonrisa, estaba dispuesto a hacerlo.

Mientras la pareja de bailarines se acomodaba en la improvisada pista me di cuenta de que esta vez me tocaría ver todo de frente y sabía que ésta no era la mejor posición para mirar este tipo de bailes. De inmediato tomé mi vaso con vino algo caliente y fui hasta la cocina con la excusa de buscar hielo, escuchaba a mi tío pidiendo algo más “movidito” para el baile. Regresé justo cuando la música comenzó a sonar y para no interrumpir me senté en una silla de la otra mesa de la sala, la que usábamos para cenar. Sabía justo cómo debía ubicarme para no perderme lo más interesante, si es que algo así ocurría. Vi el gran culo de mi madre temblar un poco cuando el baile comenzó y supe que tenía mejor locación para el espectáculo.

La música era algo vieja, como de los años 80’, la que amaban mis padres y mi tío. El bailarín no se limitó a frotarse por detrás, ocasionalmente hacía girar a la dama dejándola a veces de espalda y otras veces de frente. Al principio todo parecía un baile normal, sin contar el hecho de que estaban desnudos y que había un gran par de tetas que se sacudía para todos lados. Las habilidosas manos de Alberto lograron inclinar a Viki hacia delante siguiendo el ritmo de la música. Ella quedó con la colita abierta apuntando al mástil erecto, nuevamente mi tío se valió de toda su sutileza para acomodar la verga con un simple toquecito y ésta se apretó contra la zona que mi hermana había estimulado. Todo ocurría muy rápido. Con un leve empujón el glande consiguió introducirse en la vagina, estaba segura, podía verlo perfectamente pero estuvo allí sólo unos segundos. El baile continuó y las pesadas manos de ese hombre maduro encontraron los tiernos pechos de su hermanita, en ese momento noté que el pene se frotaba contra la húmeda vagina y me pareció ver que era ella quien presionaba un poco hacia atrás, su experimentada vulva se abrió dejando entrar la verga hasta la mitad. Abrí mucho mis ojos por la sorpresa, de verdad estaba recibiendo dentro el pene de su hermano, aunque eso no era nada luego de lo que Eric me había hecho. Me dieron unas ganas locas de masturbarme pero no podía hacerlo ya que me verían fácilmente. La parejita bailó apretada, el falo entraba y salía despacio, al ritmo de la música pero en poco tiempo se salió.

Luego de un giro de 360° de mi madre, mi tío logró encajarse otra vez contra la rajita. La penetración fue rápida pero profunda, pensé que la dejaría adentro pero obligó a mi madre dar media vuelta quedando los dos de frente. Se fueron agachando juntos meneando las caderas, ella tenía las piernas bastante separadas y bajaba peligrosamente hacia el viril tronco que volvió a clavársele. Era imposible que los demás no vieran esto. Me quería tocar, no aguantaba más, si mi hermanita lo estaba haciendo yo también lo haría. La miré rápidamente pero la muy desgraciada estaba con las piernas cerradas y aferrada a su vaso. Noté un poco de tristeza o consternación en su mirada. Tal vez pensaba en retirarse del juego, no la culparía para nada si lo hiciera, porque a pesar de mi estado de excitación yo no podía dejar de repetirme que éramos familia y que no deberíamos estar haciendo estas cosas.

Con mucho esfuerzo logré resistir la tentación hasta que el baile terminó. La pareja regresó a sus lugares y tuve que hacer lo mismo aplaudiendo mientras caminaba. Al principio eso del baile me pareció una sonsera comparada con el resto de las cosas, pero ahora pensaba muy diferente, mi tío y mi madre habían aprovechado cada oportunidad que tuvieron para lograr una penetración. Mi papá sonreía divertido, no parecía molestarle que su propio cuñado se hubiera pasado con su esposa.

Fue Pepe quien se alzó victorioso en la siguiente partida y mi hermanita quedó en último lugar, la vi tomar un largo trago de vino con gaseosa, sus mejillas estaban sonrosadas y parecía un tanto nerviosa, al parecer mi padre también lo notó porque se apiadó de ella al imponerle un desafío.

-¿Por qué no nos mostrás cómo te masturbás?

Al principio del juego esto hubiera parecido demasiado para mi pobre hermanita, pero a estas alturas debía admitir que era lo más suave que podían darle, sin embargo la noté un tanto molesta, seguramente no le gustaría estar mostrando algo tan personal que hacía en su intimidad, si me lo hubieran pedido a mí lo hubiera hecho con mucho gusto, estaba tremendamente excitada pero ella subió los pies al travesaño de la silla sin mucho entusiasmo. Sus piernitas quedaron separadas mostrándonos una vez más esa preciosa rajita, debía admitir que era la más bonita de las tres. Llevó dos dedos a su clítoris y comenzó a moverlos lentamente mientras mi madre ponía el cronómetro en marcha. Aproveché la ocasión para mirar los tres penes erectos a mi alrededor, me mordí los labios pensando en si debería meterme alguno de esos otra vez. De a poco el ritmo de masturbación de Mayra se fue incrementando, cerró los ojos y se relajó un poco, se me hizo un nudo en la boca del estómago al pensar en todas las veces que esa dulce niña se había tocado de esa forma y que tal vez lo hubiera hecho estando yo durmiendo en la cama contigua. Podía sospechar tal cosa porque yo misma me masturbaba a mitad de la noche mientras mi hermanita descansaba a pocos metros.

La vi llevarse los dedos a la boca y lamer sus propios jugos, luego regresó a su sexo y lo castigó metiendo dos dedos en ese diminuto agujero, su respiración se agitó más y más, noté que mi hermano Eric se estaba tocando la verga mientras clavaba los ojos en la conchita de Mayra, no lo culpaba, a mí también me daban ganas de hacer lo mismo, es más, tenía unas ganas locas de estirar la mano hacia mi derecha y agarrársela. Miré a mi alrededor y me aseguré de que todos estaban concentrados en la pequeña así que hice eso que tanto deseaba, con un rápido movimiento aferré la dura verga de mi hermano y comencé a masturbarlo lentamente, él me miró completamente sorprendido pero ni siquiera volteé la cabeza, seguí con la vista fija en la vagina de mi hermanita disfrutando de la calidez de ese pene erecto entre mis dedos. El alcohol me estaba quitando la cordura, ya estaba imaginando que un día de estos me agacharía frente a Eric y le chuparía la verga. Sí, me la tragaría toda tal y como había hecho con la de mi padre, le haría el pete de su vida y dejaría que me bañe la cara con su espeso y tibio semen.

Impulsada por estas explicitas imágenes en mi cabeza aceleré los movimientos de mi mano derecha y con un dedo de la mano izquierda comencé a frotar mi clítoris mientras Mayra hacía lo mismo con el suyo. El pitido del cronómetro llegó mucho antes de lo que yo imaginaba y me apresuré a soltar el pene antes de que alguien se percatara de lo ocurrido. Mi madre me miró con una sonrisa cómplice, ella sabía muy bien lo que había sucedido pero intenté disimular tomando un trago de vino puro.

Mayra estaba más roja que nunca y su respiración tardó varios segundos en normalizarse, la chica nos había dado una buena lección de masturbación femenina, pero eso ya era el pasado, nadie hizo comentario alguno sobre sus habilidades innatas para la autosatisfacción. Repartieron las cartas como si estuviéramos en un casino.

Conseguí salir victoriosa gracias a las buenas cartas que llegaron hasta mis manos, en este momento prefería perder antes que ganar pero me alegré al ver que la peor combinación sobre la mesa era la de mi madre, aunque con el alcohol que recorría mi cuerpo me costó un poco calcular qué cartas eran peores. Al fin llegó el momento para vengarme de ella por obligarme a meterme la verga de mi hermano. Fui cruel y despiadada y no me arrepentí de mis palabras.

-Tenés que meterte la verga de Eric… por la cola –le dije con una sonrisa demoníaca.
-¡Ay hija! Pobre de mí colita. ¿A vos quién te dijo que si yo hago esas cosas?
-Y… con semejante cola… no creo que papá se haya aguantado las ganas tantos años –mi papá comenzó a reírse.
-Ni un día me aguanté, por suerte ella entregó –mi mamá le dio un golpecito en la mano con un exagerado gesto de asombro.
-Tampoco es tan así –se quejó- esa primera vez yo quería hacer todo para conquistar a tu padre, no es algo que hayamos hecho muchas veces.
-De hecho hace años que lo hicimos por última vez –mi padre se veía triste y parecía añorar los buenos momentos en el culito de mi madre.
-Bueno, está bien, lo voy a hacer –me sorprendió que no se negara, pero me había obligado a ser penetrada por mi hermano, no tenía argumentos para hacerlo -¿Cómo lo hacemos?– dijo poniéndose de pie; me pareció que se fijaba en aspectos técnicos para quitarle un poco el morbo a la situación, pero en mí tenía el efecto contrario –¡ya sé! –exclamó.

Fue hasta el garaje y regresó en pocos segundos con una colchoneta que supuestamente usábamos para hacer ejercicios, pero que últimamente el único que la usaba era mi papá, cuando debía acostarse debajo del auto para reparar algún desperfecto mecánico.

Tendió la colchoneta a mi izquierda, y a la derecha de mi papá. Era obvio que ella quería que yo vea todo claramente. Mi hermano parecía nervioso pero muy excitado. “Si boludón, le vas a dar por la cola a tu mamita” pensaba yo. Intentaba imaginar qué pasaba por la cabeza de mi madre, ¿era realmente consciente de que en unos instantes su propio hijo la penetraría analmente? Tendió la colchoneta y desapareció otra vez de nuestra vista, supuse que había ido a su habitación. Volvió con una botellita llena de un gel lubricante que yo nunca había visto en la casa, debía tenerla bien guardada. Le pidió a Eric que se recostara boca arriba en el pequeño colchón y él obedeció rápidamente. Con una mano, mi madre, comenzó a embardunar el pene con gel y ya sin más preámbulos se colocó sobre su hijo. También se puso boca arriba, pero no se tocaban, ella se sostenía con las manos y los pies sobre el suelo. Dejó las piernas bastante abiertas y vi que ya se había puesto gel atrás. Estaba decidida a hacerlo. Con esas grandes tetas y toda abierta parecía salida de una revista porno.

Acercó su cola y mi hermano guio el pene con la mano para que quedara justo debajo del agujero. Todos mirábamos impacientes. La cabeza de la verga presionó contra el ano pero no entró, ella empujó un poco hacia abajo pero se detuvo, al parecer le dolía o temía que el pene se clavara demasiado rápido. Luego de un par de intentos más comenzó a impacientarse.

-El tiempo no empieza a contar hasta que esté toda adentro –le recordé sólo para aumentar su sufrimiento.

Ella me miró un tanto preocupada, agarró la verga con la mano y apretando los dientes dijo “Fuerza” como pidiéndole a mi hermano que colaborara un poco, él levantó la pelvis y logró enterrar parte de la cabeza, pero al parecer a mi mamá le dolía porque se estaba poniendo roja. A pesar de que la verga no entrara la escena era muy caliente, comencé a tocarme la mojada conchita disimuladamente. Sólo tenía ojos para ese par tirado en el suelo y la verga intentando abrirse paso en precioso culito. Los huevos de mi hermano seguían hinchados y yo rogaba que aún tuvieran leche para llenar a su mamita. De pronto me atacó el impulso de chupar esos peludos testículos que colgaban de forma muy sugerente. Intentaba reprimirme pero el impulso era muy fuerte ¡Dios mío, quería chuparlos! Meterlos en mi boca, jugar con ellos, tragarme esa verga y no podía dejar de mandarme dedo. A pesar de que hoy fue la primera vez que chupé un pene, eso me dejó una sensación placentera en la boca, quería repetirlo. Miré el pene de mi padre y el de mi tío, estaba como loca, no me importaba cual, yo quería uno. En ese momento mi madre me distrajo diciendo:

-Así no vamos a poder. No lo tengo tan abierto como creen.

A pesar de que mi padre tenía una verga aún más grande que la de mi hermano, no había dejado tan abierto el culito de mi madre, supuse que era cierto que llevaban mucho tiempo sin practicar sexo anal. Me alegraba de haber elegido ese desafío, la haría sufrir un poco, como ella me lo hizo a mí. Aún tenía restos del semen de mi hermano en la conchita y me preguntaba si quedaría embarazada si me rehusaba a tomar el anticonceptivo, que enfermizo era todo esto. Tener un hijo de mi propio hermano sería uno de los peores castigos posibles, pero tal vez lo merecía, por permitir que me penetrara.

Victoria le pidió a su hijo que cambiaran de posición, se recostó boca abajo con las rodillas levemente flexionadas, Eric se posicionó tras ella y apuntaló su verga entre las grandes nalgas de mi madre, parecía completamente dispuesto a clavarla. Ella volvió a ponerse gel en la cola y mi hermano untó su pene. Volvió a apuntar hacia ese agujerito que se resistía. Lo pensé mejor y tal vez el pene no entraba porque mi mamá estaba intranquila y fruncía su culito. Al parecer no le agradaba tanto que la clavara su querido hijito. Toda esa seguridad que había demostrado hasta el momento se estaba desmoronando. Recordaba haber sentido lo mismo cuando estuve a punto de ser penetrada por Eric, una cosa era decidirse a hacerlo y otra muy distinta era saber que ese pene estaría realmente dentro. ¿Con qué cara miraría a su hijo si éste la penetraba analmente? Además debía incomodarle que Eric estuviera tan entusiasmado por hacerlo. En ese momento se me ocurrió que él debía masturbarse frecuentemente pensando en el culo de su madre.

Viki se aferró con ambas manos al borde de la colchoneta y bajó la cabeza, sus grandes tetas quedaros aplastadas bajo su cuerpo. Noté que inhalaba hondamente como si intentara juntar coraje. Con esto sabría lo que sentí cuando hizo que mi hermano me clave y que además, me acabe en la concha. Eric acercó la punta de la verga y la cara de mi madre se desfiguró. El centro de las cejas estaba arqueado hacia arriba y miraba con sus expresivos ojitos para todos lados, su expresión era de total preocupación. Hasta sentí pena por ella, estuve a punto de detenerlo todo cuando Eric se inclinó hacia adelante, ejerció un poco de fuerza y logró clavar la punta de la verga. Nadie en la mesa decía una palabra, todos aguardábamos expectantes.

-¡Uuhhh! –Exclamó Victoria intentando mantener una sonrisa en su rostro pero sus ojos mostraban pura turbación.

Eric se inclinaba más sobre la colita de su madre. Ella apretó fuerte sus dedos contra la colchoneta y supe que había entrado otra parte de la verga, seguía con su fingida sonrisa con la vista fija en ninguna parte, su hijo parecía dispuesto a clavarla. Otra vez exclamó ese “¡Uhh!” que indicaba que el pene seguía ganando terreno. Al parecer su borrachera se había disipado de golpe y ahora era consciente de lo que estaba haciendo. Me pregunté qué se sentiría tener una verga en el culo, sabía que debía doler pero en este momento estaba tan excitada que hasta me parecía atractiva la idea de que alguien quisiera metérmela por detrás.

Eric no tenía clemencia, seguía presionando hacia adentro, pero su verga se mantenía estática. La sacó toda y mi madre se alivió, pero eso fue la calma del ojo del huracán, lo peor estaba por venir. Él la clavó llevando todo su peso hacia abajo consiguiendo que la verga entrara completa, su cuerpo aplastó las nalgas de mi madre haciendo que éstas suban un poco hacia la espalda. Viki apretó los dientes y emitió un quejido de dolor, su cara se puso completamente roja, lo había hecho, el muy desgraciado le había metido toda la verga en el culo.

- ¡Uuuh, qué dura! –dijo ella con un jadeo

No cabían dudas, estaba toda adentro, por eso puse en marcha el cronómetro, ahora sólo debía esperar ocho largos minutos. Al parecer a mi mamá le dolía bastante porque apretaba los dientes y resoplaba a cada rato. Eric apoyó las manos en el piso a los costados de mi madre, quedando toda su pelvis apoyada en los glúteos de su progenitora. Esa blanca y suave colita parecía inflada bajo el peso del cuerpo de mi hermano. ¿Qué estarían pensando ambos en ese momento? Seguramente él estaría muy feliz por tener una excusa para clavarla en ese culito sin que nadie le reprochara nada, mi madre en cambio, debía estar contando los segundos mentalmente rogando que todo eso se terminara. Ni siquiera habían transcurrido dos minutos cuando el muchacho se hartó de ser tan pasivo. Le dio una fuerte embestida que la sacudió hacia adelante, ella sintió el impacto y volvió a mostrar esa forzada sonrisa, como si quisiera decirnos “Está todo bien, es solamente un juego” pero lo cierto es que le dolía. Otra acometida siguió a la primera y luego otra. Iban a un ritmo pausado. Empujaba, esperaba un segundo y volvía a empujar. Con cada sacudida la cabeza de mi madre se iba hacia adelante y luego regresaba a su lugar, yo creía que se le iban a salir los ojos. No dejaba de apretar con fuerza la colchoneta, sus nudillos se ponían blancos y su frente se estaba llenando de gotitas de sudor. Las penetraciones ya mantenían un ritmo lento pero constante, me extrañó que ni ella o mi padre dijeran algo. Pepe parecía disfrutar de la escena, él tenía la mejor posición para ver esa verga entrando y saliendo de ese agujerito. Lo que más me impactaba era cómo el ano de mi madre parecía envolver ese tronco de carne venosa y a su vez cómo éste se deslizaba con aparente facilidad.

Las embestidas comenzaron a ser cada vez más potentes y mi madre sufría con cada una, manteniendo siempre esa sonrisa tan forzada, aunque eso no quería decir que no doliera, o tal vez le dolía el orgullo al estar tendida en el suelo con su pequeño hijo enterrándosela por atrás. Podría haberles recordado que sólo debían quedarse quietos y esperar a que el tiempo se termine, pero si mi madre no decía nada, yo tampoco lo haría.

El estado físico de mi hermano era bastante bueno, lo que le permitía moverse con facilidad y sin mucho esfuerzo. Mi madre gemía, se quejaba y resoplaba cada vez que la pelvis del muchacho chocaba contra sus nalgas y esto ocurría cada vez con más frecuencia. Recién caía en la cuenta. ¡Se la estaba cogiendo! ¡Mi hermano se estaba cogiendo a mi mamá por el culo! En lugar de molestarme, me calentó mucho, sin darme cuenta siquiera subí los pies a los travesaños de las patas de la silla y quedé abierta y tocando frenéticamente mi clítoris.

Lo que más me calentaba era ver su carita, como si por fin se estuviera arrepintiendo de haber comenzado con este juego. La excitación de Eric iba en aumento, se notaba por el creciente ritmo de las penetraciones. El culo de mi madre temblaba como gelatina y sus uñas se hundían en la colchoneta. Esos continuos movimientos me tenían hipnotizada, no podía dejar de meterme los dedos y estimular mi botoncito. Me sobresalté al escuchar el pitido del cronómetro pero más me sorprendí al ver que mi hermano hacía caso omiso de a éste. No se detuvo, siguió clavándola contra ese agujerito una y otra vez. Miré a mi padre, tenía su gran miembro aferrado con su mano izquierda y miraba fijamente el culito de su esposa. Mi tío estaba en la misma situación, se masturbaba lentamente sin apartar la mirada. Volteé para mirar a mi hermanita y la encontré masturbándose igual que yo. A pesar de su gran vergüenza había momentos en los que parecía olvidar que estábamos todos a su alrededor. Ella maltrataba su conchita que ya estaba toda colorada. Me di cuenta de que se estaba metiendo un dedo en la cola. Lo metía y sacaba con gran facilidad. Casi por instinto se me dio por imitarla, separé más mis piernas y comencé a introducir un dedo, me ardía un poco y no era tan placentero que digamos, aunque noté como mi colita se abría de a poco y ya no dolía tanto. Mi hermano notó que me lo estaba metiendo por eso lo saqué rápidamente, aunque no dejé de pajearme.

Viki se limitó a gemir tras cada arremetida de su hijo. Siguió aguantando esas fuertes penetraciones que hacían vibrar todo su cuerpo y transformaban su hermosa carita en una máscara de placentero sufrimiento. Podía ver el gran pene aparecer casi en su totalidad y volver a perderse entre los glúteos en un segundo, me imaginaba cómo se abriría paso por el interior de ese agujerito y qué sentiría mi madre exactamente, tal vez le dolía pero en parte debía gustarle, de lo contrario hubiera apartado a mi hermano. Esto era un poco diferente, lo que hacían ya no se atenía a las normas del juego, estaban cogiendo por puro gusto, aun sabiendo que todos observábamos.

El tiempo fue pasando y el ritmo de mi hermano variaba, de a ratos le daba rápido y luego se movía un poco más lento, como intentando recuperar el aliento. Viki ya no mostraba tantos signos de dolor, de a poco fue levantando la cabeza y cerró sus ojos, al parecer su culito ya se estaba acostumbrando al intenso tratamiento “peneano”. Un minuto después ya podía afirmar que ella lo estaba disfrutando, sus jadeos sonaban de otra forma, ya no había rastros de dolor en ellos. Se estaba dejando llevar por la situación.

-Sí, así… así… ahh –la escuché decir entre sus gemidos.

Le estaba pidiendo a su hijo que la siguiera cogiendo y él obedecía, podía escuchar el chasquido que provocaba el cuerpo de mi hermano al chocar contra esas suaves nalgas. Le estaba dando una buena culeada a su madre delante de la familia, esto era incesto y no podía ser llamado de otra forma. ¿En qué momento nos habíamos convertido en esto? Ah sí, cierto… en el momento en que comenzamos a jugar Strip Póker.

Las embestidas de Eric se hicieron más fuertes. Ese culito debía estar muy rico, si yo fuera hombre y estuviera en esa posición, no me detendría por nada del mundo. Ella comenzó a masturbarse con una mano y parecía estar gozando de verdad, decidida a seguir cogiendo hasta quedar satisfecha. Ahora ella misma acompañaba el movimiento. Ver a mi madre de esa forma fue muy revelador e impactante para mí, pero a la vez me producía mucho morbo. Quería ver qué ocurría atrás con mayor claridad, por eso me puse de pie y rodeé la mesa por detrás de mi hermana con la excusa de llenar mi vaso con vino. Luego avancé unos pasos y allí pude ver cómo esa verga estaba dejando rojo y abierto el culito de mi madre. Nuevamente probé meterme un dedo en la cola pero me dolió un poco y lo saqué. Ahí caí en la cuenta de que estaba parada justo delante de mi tío, me dio cierto pudor que él me viera haciendo eso, pero intenté hacerme la boluda y seguí atenta al espectáculo. Un instante después sentí algo duro y húmedo hurgando en mi colita, era el dedo índice de mi tío Alberto, estuve a punto de quitar su mano pero preferí dejarlo, a ver qué pasaba. Lubricación era justo lo que mi colita andaba necesitando, la diferencia fue notoria, su dedo se introdujo hasta la segunda falange con facilidad. Sentí mi cola estirarse para darle paso y eso me dolió un poco, pero era tolerable. Me dio la impresión de que mi tío sabía lo que hacía.

Podía ver la conchita de mi madre goteando como una canilla descompuesta mientras la verga se deslizaba hacia el interior de su culito con enorme facilidad. ¿Qué le estaba pasando ahora? Supuse que la calentura le estaba haciendo olvidar quién se la estaba metiendo, así como yo ni siquiera pensaba en los problemas morales que provocaba que sea mi tío el que me estaba colando un dedo por atrás. Ahora me hacía una leve idea de lo que podía estar sintiendo mi madre, era un dolor dulce. Alberto aprovechó que ya me tenía dispuesta para usar su otra mano en mi conchita. Me masturbaba por los dos agujeritos con gran maestría y mi clítoris se ponía feliz al sentir esas rápidas sacudidas que hacían saltar mis fluidos para todos lados. Él tenía la impagable oportunidad de toquetear a su sobrina a discreción sin miedo a que alguien le recriminara algo. Sentí un segundo dedito en mi colita, éste me dolió más pero también aumentó el placer. Tuve que reprimir un gemido. Los movió en mi interior brindándome sensaciones que nunca había experimentado. Estaba muy excitada.

Mi hermano seguía dándole por el culo a su madre y ésta gemía suavemente. En ese momento mi tío se puso de pie y me aferró por la cintura, yo tenía la mente divagando por otros lados así casi ni noté cómo me inclinaba hacia adelante y me arrimaba su dura verga por la conchita. Apenas sentí su glande entrando, empujé hacia atrás con mi cola para que se metiera entera. Nunca me había sentido tan promiscua en mi vida ¿qué me estaba pasando? Una vez leí que si un grupo de personas comete malos actos es muy probable que el resto los siga, las personas se dejan influenciar por las acciones. Yo estaba viendo a mi hermano cogiéndose a mi madre y me servía de excusa perfecta para dejar que mi tío me la metiera.

Alberto me agarró con fuerza las tetas mientras comenzaba a bombearme la conchita. Mi padre no se percató de lo que estábamos haciendo ya que nos daba la espalda y miraba fijamente a su hijo y esposa sin soltarse el pene. Miré a Mayra y me sorprendí cuando nuestros ojos se encontraron, parecía enfadada conmigo, había dejado de masturbarse, supuse que para ella esto ya había llegado demasiado lejos, decidí mirar hacia otro lado para que no me carcomiera la culpa.

Cuando horas antes me puse la tanga para salir de fiesta quería que alguien me cogiera esa misma noche, aunque no lo hubiera admitido abiertamente, pero nunca imaginé que ese alguien podría llegar a ser mi tío, pero allí estaba, recibiendo toda su verga en mi interior y totalmente entregada a él. En ese momento vi algo que me sorprendió muchísimo. La conchita de mi madre se estaba llenando de un líquido blanco. Primero pensé que mi hermano ya había acabado pero no era así, ese líquido blanco definitivamente salía del interior de su conchita, primero fue un poco y luego vi una cantidad mayor fluyendo desde el agujerito. Yo había leído sobre eso en alguna parte, al parecer había mujeres que eran capaces de expulsar un líquido muy similar al semen y del mismo color, pero sin espermatozoides. Nunca creí que lo vería en vivo alguna vez. El espeso fluido blanco chorreó de forma continua hacia afuera durante unos segundos formando un hilo que cayó sobre la colchoneta negra Esto era demasiado para mi frágil y excitada mente, me incliné hacia adelante aferrándome al respaldo de la silla que había dejado mi madre y me dediqué a disfrutar de la cogida que me estaba regalando mi tío. Podía sentir la cabeza de su verga rozando las paredes internas de mi cavidad vaginal mientras grandes cantidades de flujo manaban hacia afuera.

De pronto la verga en mi concha se salió, pensé que había sido un accidente pero enseguida la sentí contra mi culito. No sabía qué hacer. Ahí me di cuenta que mi tío sólo se la había lubricado, él quería entrar por atrás. Recordé que si estaba tensa me dolería más, intenté relajarme, de todas formas, si me dolía, podría detener todo. Me inclinó más hacia adelante y comencé a masturbarme. El glande comenzó a frotarse contra mi entrada posterior. Cuando ya estaba totalmente dispuesta y entregada él se apartó y escuché que regresaba a su silla, no entendía nada. En ese momento vi que mi hermano le estaba sacando la verga del culo a mi madre, ella se quedó tendida en la misma posición con su ano colorado y abierto. De su vagina seguía saliendo esa especie de cremita blanca, a los pocos segundos su culo expulsó un poco de semen bien cargado que fluyó hasta su conchita seguido por otra cantidad igual. ¿De dónde sacaba tanta leche mi hermano? Tal vez hacía mucho que no descargaba. Regresé a mi asiento antes de que alguien notara lo que había pasado con mi tío, aunque el ceño fruncido de Mayra hizo que me sintiera culpable. Tenía toda la sensación de que le estábamos produciendo un daño psicológico irreparable a la pequeña.

Mi madre se puso de pie con dificultad y nos sonrió tímidamente, era raro que ella actuara así, normalmente era muy segura de sí misma. Se fue caminando casi como un pato hasta el baño más cercano, pobre, debía dolerle mucho el culo después de semejante empernada. Pensé que todo el juego se había ido al carajo, que ya a nadie le importaría seguir con las cartas pero vi que mi padre ya las estaba repartiendo otra vez. ¿De verdad pensaban seguir jugando? La única explicación que encontraba es que las cartas servían de excusa para realizar morbosas actuaciones y hasta yo misma estaba interesada en participar en algunas y creo que mi hermano también, a pesar de que su pija había quedado muerta. Mi tío hablaba de lo bueno que estaba el vino, la charla en la mesa era totalmente ajena a lo ocurrido. La negación era el tema más recurrente para la conversación.

Esta jornada había pasado de inocentes jueguitos sexuales a sexo duro y explícito. De haber sabido que llegaríamos tan lejos me hubiera negado desde el principio, pero ahora era muy tarde, ya estaba adentro y no podía salir. Mi madre regresó, se la veía un poco más fresca, al parecer se había dado una ducha rápida ya que llevaba el pelo completamente mojado y traía consigo una toalla blanca con la que aún se secaba el cuerpo. En la siguiente tanda de cartas mi hermanita quedó en último lugar y la victoriosa fue mi madre, con un full bastante bueno. Ella cambiaba de posición a cada rato en la silla, debía dolerle bastante lo que Eric le hizo pero ahora teníamos otra cosa en mente ¿Qué desafío le daría a su hija más pequeña? Mayra parecía un hermoso tomate. Estaba toda roja y con los ojos bien abiertos, se la veía preciosa. Me daban ganas de pellizcarle los cachetes… y los pezones también, ¿por qué no?

Nuevamente vi a Victoria dudar, ella no podía ser cruel con la más dulce y tierna de sus hijitas, no me producía ningún tipo de celos esa diferencia de trato, yo hubiera obrado de la misma forma al tratarse de Mayra.

-Tenés que tocársela a tu tío Alberto –dijo mi madre luego de pensar unos instantes; mi tío pareció alegrarse con la idea de que su rica sobrinita le haría una paja, pero la jovencita no estaba para nada feliz.

Luego de meditar unos segundos y de hacer mala cara, acercó un poco su silla a la de mi tío y extendió la mano tímidamente mientras ese erecto miembro la esperaba. Titubeó unos instantes y cuando creí que al final lo haría se levantó de la silla y se fue corriendo hacia el pasillo que daba a las habitaciones. Todos nos quedamos boquiabiertos, pobrecita Mayra, la habíamos llevado a un punto de quiebre con nuestros desubicados juegos. De inmediato la seguí, para ver cómo estaba y mi madre me acompañó.

La encontramos tirada boca abajo en su cama, llorando. La pena y la culpa me invadieron, me sentía una estúpida por haber permitido que todos esos juegos llegaran tan lejos y más por no haberle preguntado a mi hermanita cómo se sentía. Mi madre la consoló y logró que nos mirara. Allí quedaron las dos, tan desnudas como yo, sentadas en la cama. La pequeña se quitaba las lágrimas de la mejilla con el dorso de la mano.

-Contame qué te pasa hijita –le rogó mi madre.
-Está todo bien Mayra, podés decir lo que sientas –le dije intentando tranquilizarla.
-Es que… es que –comenzó diciendo entre llantos– me tratan como a una boluda –con mi madre nos miramos anonadadas, no era eso lo que esperábamos escuchar y no estábamos segura de lo que significaba.
-¿Por qué lo decís? –preguntó Viki.
-Porque a todos les dan desafíos muy zarpados –ahí estaba el problema, habíamos llegado muy lejos– y a mí me ponen puras boludeces –me quedé con los ojos como platos– a ella le llenaron la concha de leche y nadie dijo nada –me señaló acusadoramente con el índice– a vos te rompieron el culo y está todo bien –nunca la habíamos escuchado hablar de esa manera, estaba indignada y enfadada– y cuando me toca a mí me piden que solamente se la toque al tío, como si yo fuera una nena estúpida.

Madre mía, la chica se enojaba porque le parecía poca cosa que la manden a pajear al tío. Pero en algo tenía razón, nuestras pruebas estuvieron muy cargadas de sexo, en ese momento caí en la cuenta de que sólo la habíamos mandado a “tocar” o a bailar, sí parecía un tanto sonso luego de las cosas que habían ocurrido. Ahora recordaba su baile con mi hermano, él la esquivaba y ella misma buscaba el roce. Hasta estuvo a punto de lograr una penetración anal. De hecho, en parte lo logró. Meter ese glande en un culito tan chiquito, sin gel lubricante, no era tarea fácil. Eric también la veía igual que nosotros, como si la chica fuera de porcelana y pudiera romperse si no se la trataba con delicadeza.

-Perdón hija, no lo había visto de esa forma. No te enojes con nosotros, es que vos sos la más chiquita y nos cuesta verte como una mujer, más que nada en temas sexuales.
-Pero ya soy una mujer –se quejó– y sexualmente activa –a mi madre se le desfiguró la cara por segunda vez en la noche, mi expresión no era muy distinta a la suya.
-¿Y se puede saber con quién estuviste? –le preguntó.
-Eso no les importa.
-Me importa, porque soy tu madre –se lo dijo dulcemente; Mayra meditó unos segundos.
-Estuve con el profesor del gimnasio –una vez más casi nos da un infarto sincronizado a mi madre y a mí.

Mi hermanita concurría a un gimnasio a pocas cuadras de casa donde utilizaba los típicos aparatos para ejercitarse, no necesitaba mejorar su forma pero ella disfrutaba de la actividad física. El susodicho profesor era un tipo grandote que debía medir casi 1,90 metros y estaba alrededor de los 35 años. Un hombre demasiado grande, en todo sentido, para ella.

-¿¡Qué!? ¡Degenerado de mierda, lo voy a matar! –mi madre pocas veces reaccionaba así.
-¡No mamá! No te metas, él no es ningún degenerado, yo lo busqué. Además fue algo de unos días nomás, ya se fue a trabajar a otro gimnasio y no lo veo más.
-¿Pero esto cuándo pasó? –pregunté intrigada; mi hermana ya estaba a pocos meses de los 19 años, pero igual la veía muy chiquita como para incurrir en el sexo con hombres maduros.
-No fue hace mucho, unas dos semanas.
-¿Pero cómo fue que llegaron a eso? ¿Dónde hicieron… -ahora lo que más nos importaba era saber qué había ocurrido.
-Ya te dije, yo lo provoqué… hasta que un día no se aguantó más, y bueno… me cogió –lo decía con una naturalidad tremenda, me imaginaba a mi hermanita, tan bajita y menudita siendo desvirgada por un tipo tan grandote, no podía imaginarme qué caras pondría ella mientras se la estaban clavando, yo la veía tan dulce y tímida que no podía concebir lo que me decía, pero al verla desnuda podía entender el increíble atractivo que tenía su cuerpo, al hombre le habrá costado enormemente resistirse a sus encantos -la primera vez fue en el gimnasio, cuando no había nadie y las otras veces fuimos a un telo –¡yo no había pisado un telo en mi vida y a la pendeja ya se la habían garchado en uno! Me di cuenta que fallé como hermana, compartíamos la misma habitación y ni siquiera sabía en qué andaba ella. Mi madre estaba pálida. Pensé que le daría un cachetazo a Mayra, pero me sorprendió una vez más.
-¿Lo disfrutaste? –le preguntó con voz calmada.
-Sí, mucho. Él nunca hizo nada que yo no quisiera, me pidió algunas cosas y cuando le dije que no, no volvió a insistir.
-¿Cosas como qué? –esta vez fui yo quien preguntó.
-Me quería dar por la cola, por ejemplo –señaló su respingado traserito– pero le dije que no.
-Ah bueno, al menos sé que seguís virgen por un agujerito –acotó mi madre. “No tan virgen” pensaba yo recordando cómo se había metido el glande de mi hermano– bueno Mayra, te vuelvo a pedir disculpas, hicimos mal en tratarte de esa forma, vos tenés el mismo derecho a “jugar” que todos nosotros –¿de verdad veía todo como un simple juego?
-Está bien, pero prométanme que me van a tomar en serio de ahora en más.

Se lo prometimos y regresamos a la sala donde los tres hombres hablaban de quién sabe qué cosas, pensé que los encontraría con las pijas flácidas pero no, sólo la de mi hermano descansaba en su posición natural, las otras dos continuaban apuntando hacia arriba.

-¿Qué pasó? –preguntó mi padre cuando nos vio.
-Mayra se estaba haciendo pis, fue hasta el baño –dijo mi madre para no explicar lo que sucedió realmente.
-Sí, no sé por qué me siguieron –acotó la pequeña.
-¿Y por qué tardaron tanto? –quiso saber mi hermano cuando estábamos por sentarnos.
-Porque estábamos viendo quién meaba más lejos –le contesté dándole un golpe en la cabeza– y los demás comenzaron a reírse.
-Bueno, sigamos –mi madre seguía llenando su vaso con vino– pero quiero cambiar un poco el desafío.
-Mejor –dijo mi tío– porque ya me está por explotar.
-¿De verdad? –le preguntó su hermana.
-Sí, uno no es de palo. En cualquier momento tengo que salir corriendo a buscar una toalla –noté una sonrisa picarona en los labios de mi madre.
-Ahora el desafío es… -miró fijamente a mi hermana manteniendo media sonrisa en sus labios– que Mayra se tiene que tomar la leche de Alberto –los tres hombres voltearon al unísono para mirarla.
-¿No será mucho hermana? –mi tío parecía preocupado pero excitado a la vez; su verga daba leves espasmos sacudiéndose.
-No sé, que eso lo decida Mayra ¿Te animás? –miró a mi hermanita como diciéndole “Vos querías que te tomáramos en serio”.

Las mejillas de la pequeña se sonrojaron una vez más, al parecer esto era producto de la calentura y no de la vergüenza, nosotros habíamos interpretado mal el mensaje. Finalmente se puso de pie sin decir nada, automáticamente mi tío se levantó con un saltito, parecía muy entusiasmado y no paraba de escanear con la mirada ese cuerpito de mujer. Hasta yo me sentía extrañamente provocada al verla así. La muchachita se puso de rodillas ante el gran falo peludo y venoso que quedó apuntando a su dulce carita. Era una prenda sin límite de tiempo, terminaba cuando ella hubiera tragado todo el semen. A mí me daba un poco de asco, si no me animaba a chupar vergas, mucho menos a tragar leche, pero esta noche había experimentado muchos cambios permanentes en mi vida sexual, ya veía el sexo y el placer de una forma muy diferente.

Mi tío comenzó a masturbarse frente a su sobrinita, me impactó un poco esa imagen, era un tanto perversa y sexy a la vez. Mayra lo miraba con sus ojazos bien abiertos y aguardaba con su boquita preparada. Todos guardábamos silencio, lo único que podía escuchar era el chasqueo de la verga de mi tío y la de Eric también, el pibe se estaba dando duro a medio metro de mí pero su pene se sacudía como el cuello de una gallina sin llegar a ponerse duro, decidí ayudarlo un poco con esta tarea y extendí mi mano hacia él para acariciársela suavemente, él apartó sus torpes dedos y me dejó trabajar, no era experta en la materia pero había provocado más de una erección en mi vida y tenía cierta idea de cómo hacerlo.

El primer chorro de semen dirigido hacia la boquita de mi hermana llegó cuando nadie lo esperaba, pensé que eso asustaría a Mayra pero ella estaba lista y lo recibió directamente adentro. Se acercó hasta que el glande quedó apoyado en su labio inferior y las descargas siguieron, podía ver que la leche era muy blanca y espesa, más aún que la de mi hermano. La escena me excitó tanto que comencé a masturbarme con la mano izquierda, cosa que rara vez hacía, intenté igualar la velocidad de movimiento en ambas manos mientras continuaba estimulando el miembro de Eric, éste ya estaba ganando rigidez.

Mayra se metió todo el glande en la boca y comenzó a chuparlo a la vez que tragaba toda la leche que le habían dado, la niña parecía disfrutarlo a pleno. Mi tío la agarró suavemente de la cabeza y la dejó chupar tranquila. Me preguntaba si él alguna vez había fantaseado conque mi hermana le haga un pete, porque se lo veía muy entusiasmado. Ella cerró los ojos y tragó una buena porción de esa verga. Mi hermano posó su mano izquierda tímidamente sobre mi pierna, no tenía tiempo para que él tomara coraje, le agarré la mano y la guie hasta mi concha, me metió los dedos de una forma tosca que me hacía doler un poco, pero también me daba mucho placer. La pequeña le estaba mamando la verga a su tío y a pesar de que la prueba ya había sido superada, no parecía que fuera a soltarlo. Escuché cómo le daba fuertes chupones en la punta cuando lo sacaba de su boca; me preguntaba dónde había aprendido a chupar así, aunque me daba una idea. Por fin se detuvo y todos la aplaudimos, eso sirvió para terminar disimuladamente los toqueteos entre mi hermano y yo. En ese momento me pregunté qué pasaría muchos días después de esto. ¿Mi hermano y yo volveríamos a tocarnos de esa forma, me metería su verga otra vez? ¿Mayra le chuparía algún día la verga a su tío? No podía responder a todas estas preguntas pero un intenso calor me recorrió el cuerpo.

Era increíble, en pocos segundos ya estábamos los seis sentados otra vez repartiendo esas cartas que decidían nuestra suerte sexual, uno pensaría que a esas alturas nadie le daba importancia al póker, pero lo cierto es que nos interesaba más que nunca, nos esforzábamos por ganar… o perder. Sabía que la estrategia de todos sería más o menos la misma, si las cartas parecían buenas entonces intentábamos conservar las mejores, pero si en general eran malas, eran las peores las que quedaban en nuestras manos, así lo hice esta vez y me dio un buen resultado. Perdí. La ganadora fue mi hermanita y esperaba que ella me diera algún desafío interesante.

-Tenés que chupar dos vergas a la vez –me dijo levantando dos dedos- y tenés que hacer acabar al menos a uno antes de que terminen los ocho minutos.
-Yo no estoy para otra ronda –acotó mi tío- así que tendrán que ser Eric y Pepe los afortunados.
-Me parece bien –dije con una sonrisa, estaba tan cachonda que ya no me importaba nada, quería verga y tendría dos.

En cuanto me puse de pie me pareció buena idea ponerme de rodillas sobre la colchoneta, así al menos evitaría estar sobre el frío y duro suelo. Mi cabeza se meneaba de un lado a otro como si fuera un velero meciéndose con el viento, aunque lo que producía el movimiento, en este caso, era el alcohol. Dos grandes falos masculinos quedaron ante mis ojos a pocos centímetros de ellos. Una sonrisa de borracha lujuriosa se dibujó en mi rostro y aferré con una mano cada una de esas vergas, me calentó mucho sentirlas tan duras. Decidí comenzar por la de mi hermano ya que aún no la había probado, al menos no con la boca. Le di un lengüetazo al glande y luego me lo tragué, estaba completamente desinhibida, me sentía una puta y lo estaba disfrutando, no era sólo por el tamaño de esos miembros sino porque éstos pertenecían a mi hermano y a mi padre, lo cual me producía un morbo extra.

El tiempo pasaba y yo ya estaba mamando la verga de mi padre, ésta era más grande y me daba más trabajo pero ya estaba aprendiendo a meterla en mi boca y darle unas buenas lamidas. Sacudí mi cabeza de atrás hacia adelante con fuerza llenando todo su tronco con mi saliva y luego, con un rápido movimiento, pasé a chupar la de mi hermano. Esto sólo lo había visto en películas porno y no podía creer que lo estuviera viviendo en carne propia y que además lo estuviera disfrutando tanto. Estos hombres se acordarían toda su vida de mi mamada, puse mucho esfuerzo cada vez que tuve una verga dentro de mi boca, incluso lamí esos velludos testículos, en ese momento pensaba en la cogida que me dio mi tío Alberto y en cómo se sintió el pene de Eric cuando lo tuve dentro. Quería que me cojan, todos mis prejuicios sobre el sexo con familiares se habían desmoronado por completo. Me encontraba chupando intensamente la pija de mi papá cuando sentí algo tibio y espeso que inundaba mi boca, había logrado hacerlo acabar y me sentí estupendamente bien, con mi boquita fui capaz de provocarle un orgasmo a mi padre. No abrí la boca en ningún momento, si Mayra pudo tragar todo el semen de mi tío sin quejarse, yo también podía hacerlo, pero me resultaba difícil porque esa *** de carne no dejaba de expulsar leche y yo no podía tragar tan deprisa, el líquido blanquecino comenzó a brotar hacia afuera por la comisura de mis labios, el sabor me agradó mucho y sentía que me estaba llenando el estómago con el semen de mi propio padre. En un momento me ahogué y tuve que sacar el pene de mi boca salpicando leche y saliva, de todas formas los tres integrantes de la mesa aplaudieron porque yo había logrado el objetivo.

Me puse de pie con la boca y los pechos salpicados de blanco y casi al instante sentí los dedos de mi hermano hurgando en mi conchita, no le di importancia y dejé que me los metiera mientras yo simulaba estar limpiándome con el dorso de mi mano, lo que en realidad hacía era lamer lo que recolectaba. Eric se colocó a mi espalda y con un suave empujón me obligó a inclinarme hacia adelante, hasta ese momento estaba todo bien, cuando sentí su dura verga restregándose contra mi húmeda conchita no dije nada pero de pronto la sentí en el agujerito de mi culo. Cuando mi tío hizo lo mismo no me molestó, porque no tenía nada en contra suya, pero ahora que lo hacía mi hermano se me dio por recordar mi orgullo, ya le había entregado la concha, no le entregaría también el culo.

-¡No salí! –me quejé; él intentó penetrarme y comenzó a dolerme la cola- ¡no pará, me vas a hacer mal, salí!
-Eric, no molestes a tu hermana –lo retó mi madre.
-Solamente estoy jugando –se defendió.
-Entonces volvé a la mesa, porque el juego es acá –esta vez fue mi padre el que hizo valer su autoridad; Eric me soltó de mala gana.
-Creo que ya es hora de ir a dormir –dijo Victoria- además ya se terminó el vino.
-Si se terminó el vino yo me voy a dormir –mi tío apoyaba la moción.
-Pero yo quiero seguir jugando –fui yo quien habló.
-Ya es tarde Nadia, otro día lo seguimos.

Intenté convencerlos de que reanudemos el juego, incluso Eric se puso a mi favor pero no hubo caso, los adultos habían tomado una decisión y ésta era irrevocable. Resignados abandonamos la mesa dejando todo tal y como había quedado con la promesa de limpiar cuando nos levantáramos, fue un tanto extraño que cada uno caminara desnudo hasta su cuarto ante la vista de toda la familia, pero en ese momento lo que menos sorprendía era la desnudez.

Antes de acostarme enjuagué mi boca con abundante agua, no quería irme a dormir con el sabor al semen de mi padre. Cuando me acosté me moví inquieta, me sentía cansada y mareada pero no podía relajarme, aún estaba cachonda, quité la sábana que me cubría y abrí las piernas, comencé a masturbarme con los ojos cerrados, impulsada por la lujuria que residía en mí, me importaba muy poco que Mayra estuviera mirando.

Me sobresalté al sentir un movimiento extraño en mi cama, al abrir los ojos vi que mi hermanita se había sentado a pocos centímetros de mí.

-¿Querés que te ayude? –me dijo casi susurrando.
-Sí, vení.

¿Qué decía, estaba invitando a mi hermana a que me hiciera una paja? Ni yo lo podía creer pero necesitaba que alguien me diera placer y ella era la persona que tenía más cerca. Se acostó a mi lado y casi al instante sentí sus pequeños dedos jugueteando con mi clítoris. Esto era mucho mejor que tocarse sola. Supuse que yo debía devolverle el favor, si ella no estuviera tan excitada como yo jamás hubiera propuesto tal cosa. Me agradó sentir su húmeda y suave rajita entre los dedos, ésta era más pequeña que la mía pero también más abultada en la zona del monte de venus. No pasó mucho tiempo hasta que comenzamos a meternos los dedos mutuamente, ella lo hacía muy bien y yo quería demostrarle que también tenía mucha experiencia en masturbación.

-¿Querés que te la chupe? –me preguntó luego de unos segundos; su cálida vocecita me hacía perder la razón.
-No sé… no hace falta que hagas eso…
-Si vos me lo pedís, yo lo hago.
-No te lo voy a pedir –continué moviendo los dedos en su sexo.
-Como quieras, ya sabés, si querés, pedimelo.
-No me pidas permiso porque no sé qué contestarte. Hacé lo que vos quieras.
-Ok.

Se quedó en su lugar pero no dejó de meterme los dedos, mi respiración se estaba agitando y en ese momento nos llegó un inconfundible ruido desde el cuarto contiguo, eran los gemidos de mi madre, éstos no se medían en lo más mínimo, nunca la había escuchado así.

-¿Le estará dando por el culo? –preguntó Mayra sin dejar de masturbarme.
-Seguramente, después de lo que hizo Eric papá no se iba a quedar con las ganas.
-Decime la verdad Nadia, ¿te gustó cuando Eric te la metió?
-Al principio no, pero después me gustó mucho –nos quedamos en silencio durante un rato mientras movíamos nuestros dedos y escuchábamos los ruidos sexuales producidos por nuestros padres.
-Me gustan tus tetas –me dijo

Ni siquiera tuve tiempo a contestarle algo, en ese preciso instante pegó su boca a mi pezón izquierdo y comenzó a succionarlo con ganas. Metí dos dedos bien adentro de su vagina y los moví para indicarle que me gustaba lo que estaba haciendo. Mi calentura iba en aumento constante mientras ella pasaba su lengüita por mis pechos.

-Mayra…
-¿Si?
-Chupamela.

No esperó ni un segundo, se deslizó hacia abajo con un rápido movimiento mientras yo separaba más mis piernas, sentí un beso justo contra mi clítoris y me estremecí tanto que mi espalda se arqueó y tuve que aferrarme con fuerza a las sábanas. Solté un grito de placer que fue opacado por otro de mi madre. Me habían hecho sexo oral en algunas ocasiones pero nunca lo hizo una mujer, tenía que admitir que Mayra tenía talento, me la estaba comiendo intensamente y seguramente se estaba tragando todo el jugo que salía de mi vagina. Cuando fui consciente de que estaba teniendo sexo con mi hermana el morbo me hizo estallar en un orgasmo, la pequeña recibió en la cara todo lo que saltó de conchita y no dejó de lamer y chupar ni por un instante.

-Date vuelta –le dije entre jadeos.

Ella giró su cuerpo rápidamente y se colocó encima de mí. Su conchita rosada quedó abierta a pocos centímetros de mis ojos, no la hice esperar, abrí la boca y comencé a chupársela. Estaba deliciosa, muy cargada de flujos y morbo… mucho morbo. Pensé que cuando estuviera casa dentro de muchos años aún recordaría la noche en que tuve sexo con mi propia hermanita. Luego de pocos segundos sentí un chorro constante de líquido fluyendo desde el agujerito de su vagina hacia mi boca, me pegué a él y comencé a succionar intensamente. Sentí que me chupaba el clítoris hasta casi arrancarlo y eso me llevó a un segundo orgasmo. Nos llevó un buen rato calmarnos y sólo dejé de lamerle la rajita cuando supe que ambas estábamos completamente satisfechas.

-Esto fue intenso –le dije mientras nos sentábamos en la cama.
-Siento que cumplí un sueño.
-¿Cómo es eso?
-Sí Nadia, no es la primera vez que fantaseo con chupártela. ¿Nunca te pasó a vos?
-La verdad que no… pero no te pongas mal, es que nunca me sentí atraída por otra mujer… hasta hoy.
-Eso vale mucho para mí –se abalanzó sobre mí y me dio un corto beso en la boca- bueno, vamos a dormir a mi cama, ésta quedó toda mojada.
-Es cierto. Andá a acostarte, yo voy al baño y vuelvo.

Tanto sexo y alcohol me produjo unas increíbles ganas de orinar. Fue un alivio el poder hacerlo. En cuanto salí del baño para regresar a mi cuarto vi a mi tío Alberto saliendo del dormitorio de mis padres, él pasó caminando a pocos metros de mí pero no me vio.

Me acosté junto a Mayra y abracé su menudo cuerpecito. Pensé en lo que había visto, si mi madre estuvo cogiendo frenéticamente y mi tío también estaba en ese cuarto es sólo podía significar una cosa. Tuvieron un trío. No podía imaginarme a mi mamá con dos hombres a la vez. ¿La habrían penetrado los dos al mismo tiempo? Seguramente así fue, eso explicaría a qué se debían sus desesperados gritos de placer, le habían metido dos vergas. Me costaba creer que mi familia hubiera cambiado tanto en una sola noche de juegos y eso me hacía sentir rara. No por lo que hab