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Estoy contenta, este es mi primer post con el rango de Avanzado en Poringa!



Me niego a ser Lesbiana (Parte 7)



Euforia y Furia.



Estaba shockeada, el ver ese video en manos de Anabella me revolvió el estómago, no sólo porque ella me viera practicándole sexo oral a una mujer, sino también porque si había llegado al teléfono de una estudiante del colegio secundario quería decir que mucha gente lo había visto.

- ¿Cómo… cómo? No entiendo.
- Me apena decirte que esto se está esparciendo por todas partes – la voz de la monjita mostraba sincera pena – no sé de dónde salió ni quién es la chica que está con vos, pero ambas están en un problema.
- ¡La voy a matar!
- ¿A quién?
- ¡A mi novia!
- ¿Novia? – se quedó helada - ¿Tenés novia?
- Ya no. Después de esto no – los ojos se me llenaron de lágrimas, me sentía traicionada y humillada.
- Esperá Lucrecia, serenate un poquito. Te va a hacer mal…

Miró el video que continuaba reproduciéndose en el teléfono, justo iba por la parte en que yo lamía la cola de Lara. Los ojos de Anabella parecían dos huevos fritos.

- ¿Le estás…?
- Si Anabella, eso mismo. No me mires con esa cara. Me hacés sentir peor. Ya me estoy arrepintiendo de todo, de haber estado con ella… de pedirle que fuera mi novia, hasta me arrepiento de que me gusten las mujeres.
- No creo que esto te sirva de mucho, pero yo te aconsejé que no cayeras en esas tentaciones. Las mujeres nos están hechas para mantener relaciones sexuales entre sí. Mucho menos relaciones sentimentales.
- ¿Desde cuándo sos una experta en el sexo? No te ofendas Anabella, pero sos la menos indicada para opinar al respecto – estaba enojada con el mundo.
- Tenés razón. Te pido disculpas – detuvo el video y guardó el teléfono – no creas que te muestro esto para que te pelees con tu… novia. Ni siquiera sabía que lo era. Es que sentí la obligación de avisarte.
- Está bien. Hiciste lo correcto. No es tu culpa. De todas formas me hubiera enterado, mejor que sea lo antes posible. Perdón, estoy muy enojada y no quiero agarrármelas con vos.
- De hecho tengo otra cosa que decirte y puede que sí te enojes conmigo. Estás en todo tu derecho – miré el piso con los ojos abiertos al máximo, no estaba lista para recibir otra mala noticia.
- ¿De qué se trata? – pregunté sin mirarla.
- Estuve pensándolo bien y prefiero que ya no vengas a visitarme – lo de Lara fue una puñalada por la espalda, esta me dio directo en el pecho – es que me puedo meter en graves problemas si ven que pasamos tanto tiempo juntas, más si lo hacemos a solas. No va a pasar mucho tiempo hasta que alguna de las Hermanas comience a pensar mal de nuestra amistad.
- Pero… pero somos amigas. Te pido por favor Anabella, no me hagas esto. No ahora – lloraba intensamente esta vez me quería morir en serio.
- Siempre te voy a recordar como mi amiga. Mi primer amiga de verdad. Mi mejor amiga. Aunque sólo nos hayamos visto pocas veces. Pero es mejor ponerle fin ahora, antes de que nos metamos en problemas.

Me enojé mucho más, la rabia me lleno el cuerpo. La miré con una ira asesina.

- Vos tenés miedo. Todo el tiempo tenés miedo. Por eso no vivís. Ahora vas a dejar que el miedo te aleje de tu mejor amiga. Vos nunca tomás riesgos. Lo malo que te pasó ya quedó en el pasado pero vos seguís aferrada a una vida vacía y sin emociones.
- Entiendo que estés enojada…
- No me interrumpas, estoy hablando – enojada era poco, a eso había que sumarle dolida, traicionada, pisoteada, humillada y muchas cosas más – este es el momento en que más necesito tu amistad y vos me das la espalda – en ese momento recordé unas palabras que mi madre repetía a menudo - ¿A qué te suena si te digo: Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo?
- Gálatas 6:2 – no lo pensó ni un segundo – No se dejen engañar, las malas compañías corrompen las buenas costumbres – ni siquiera sabía de dónde era eso, como no dije nada, me respondió – Corintios 15:33

No podía competir con versículos contra una monja, pero al menos quería dejarle bien en claro lo que sentía en ese momento.

- ¡Andate a la mierda Anabella! – me levanté y me fui dando un portazo.

Esa tarde, antes de que la monja me llamara, había acordado verme con Lara en el patio de la Universidad, ya debía estar llegando tarde a mi cita. Fui hasta allá hecha una furia. Si la Madre Superiora se hubiese cruzado en mi camino le hubiera dado una patada en el mentón sólo por haberme presentado a Anabella.

Llegué al patio sin matar a nadie… por ahora. Vi a mi novia… mejor dicho, ex novia, sentada en uno de los bancos del patio, estaba de lo más tranquila.

- ¡Me cagaste Lara! – le grité apenas la tuve cerca - ¿Qué tenés en la cabeza, cómo se te ocurre mandar ese video? – noté el pánico en su rostro.
- Perdón es que yo…
- ¡Perdón nada! Ahora todo el mundo va a saber que soy lesbiana. ¿Te imaginás que pasaría si mis viejos llegan a ver eso? Me mandan a un internado en Groenlandia hasta que se me congele la concha – estaba tan enojada que ni me importó gritarle esa palabra.
- No pensé que…
- ¡Claro que no pensaste! Total a vos solamente se te ve la concha – se la dije otra vez - a la que se le ve la cara es a mí y bien clarito. No te quiero ver más Lara. Esta no te la perdono – sentía que mi vida se estaba derrumbando – no me hables ni me llames más.

Me alejé de ella a paso furioso, estaba tan descontrolada que se me bajó la presión y tuve que sentarme contra un árbol para no desmayarme. Metí la cabeza entre las piernas y de a poco fui recomponiéndome, pero la bronca y el dolor permanecían intactos.

- ¿Flaca estás bien? – me preguntó una chica. Cuando levanté la cara ella se sorprendió – vos sos la chica…
- ¿Me podés dejar en paz? – ni sabía quién era, pero ella ya me conocía. Seguramente al video lo había visto media Universidad y posiblemente ya estaba dando vueltas por toda la ciudad… y por internet.
- Perdón. Es que te vi mal. ¿No querés que llame a alguien?
- No, dejame sola.

Por suerte se fue. Estuve sentada sin moverme durante 20 minutos. Luego me subí a un taxi, fui hasta mi casa y me encerré en mi cuarto a llorar hasta que me quedé dormida. Había perdido a las dos personas que más quería en cuestión de pocos minutos.

Me pasé los siguientes días con una depresión tremenda. Con suerte me vestía para ir a la facultad, iba toda despeinada y desalineada. A veces ni siquiera concurría a las clases. Me quedaba en casa leyendo los libros que Lara me prestó, si bien me recordaban mucho a ella la trama me envolvía y me hacía pensar en otra cosa, al menos por un rato.

Una tarde, creo que era Lunes… o Jueves, estaba sentada en el patio de mi casa con los pies sobre el sillón y el mentón sobre las rodillas. Escuché unos pasos pero ni siquiera me volteé para ver de quién se trataba. Podía ser la mismísima Parca que me importaba muy poco.

- ¿Estás bien hermana? – era Abigail, hubiera preferido que sea la Parca. Cómo habrá sido de patético mi estado para que ella se acerque a hablarme.
- No, la verdad que no – ya ni me salía disimular.
- ¿Por qué, qué te pasó? – se sentó en un sillón frente a mí.
- Me pelé con mi… - casi digo novia – con mi pareja.
- ¿Con Lara? – si me hubieran apretado los pezones con tenazas no me hubiera sobresaltado tanto.
- ¿Cómo sabés? – tal vez vio el video y lo dedujo.
- Es que un par de veces las escuché mientras tenían sexo. Es que tu cama está contra la pared que da a mi cuarto.
- ¿Y a vos eso te molesta?
- No Lucre, para nada. Al contrario, me alegra que salgas con mujeres – su sonrisita era preciosa pero sus ojos se fijaban en uno con una intensidad que espantaba.
- ¿Por qué te alegra?
- Así tengo menos competencia. Vos te quedás con las mujeres y yo con los hombres.
- Prometeme que no le vas a contar a nadie, mucho menos a mamá – asintió con la cabeza – Yo no quiero muchas mujeres. A mí con una me basta. Sólo la quería a ella.
- ¿Segura? – maldita enana ¿Acaso podía leer la mente? No me extrañaría que fuera así – vos ahora estás hecha mierda porque pensás que Lara era el amor de tu vida, que era la única mujer que existía en el mundo, lo cierto es que el mundo está lleno de gente y siempre vas a conocer a alguien que sea tan o más interesante que ella. Puede que allá afuera haya muchas mujeres mejores que Lara esperando por vos.
- Gracias hermanita – estaba sorprendida – tus palabras son muy sabias ¿De dónde las sacaste?
- Es lo que le digo a todos esos boludos que se enamoran de mí. Se creen que por un… beso ya me voy a casar con ellos.
- ¿Beso? No creo que te estés refiriendo a besos Abi. ¿Qué andás haciendo? Vos sos muy chiquita.
- No soy chiquita, tengo 18 y tengo las cosas más en claro que vos. Eso te lo aseguro. Podré estar loca, pero sé sacarle provecho a mi locura. No me obligues a emplearla con vos.

Me apuntó a la cara con su dedo índice, su mirada era amenazante, un segundo después ya sonreía con ternura. Madre mía, la chica estaba como una cabra. Pero bueno, a veces los locos dicen grandes verdades.

- Está bien, no es necesario que me cuentes nada. Solamente te pido que te cuides.
- Mejor que se cuiden ellos… - miró al piso como si estuviera planeando cavar una tumba.
- Emm, sí. Supongo que eso también es importante. En fin, voy a intentar ponerme mejor. Gracias por tus palabras.
- ¿Querés que vaya a hacer entrar en razón a Lara? – me la imaginé torturando a la pobre muchacha. Colgándola con anzuelos de los pezones o cosas por el estilo.
- No Abi, no es necesario. En serio – le di un abrazo con la misma calidez y tranquilidad con la que alguien puede abrazar una granada de mano sin seguro – ya hiciste mucho por mí.

De verdad me reconfortó mucho hablar con ella, ese día empecé a responderles los mensajes a mis olvidadas amigas. Hasta fui a la casa de Jorgelina, una de ellas. Estuvimos tomando mates y riéndonos durante un buen rato. Ella era una chica bastante promiscua y todas lo sabíamos ya que ella hablaba del tema abiertamente. Era heterosexual al 100% por lo cual ni siquiera intenté avanzarla. Cuando vio mi video porno no se escandalizó ni dejó de hablarme, le parecía de lo más bien. Me dijo que la que armó una tremenda fue Cintia, esa chica que había echado a Tatiana de su casa. Se la había pasado hablando mal de mí y de toda lesbiana que conociera o no. Me alegré que no todas mis amigas fueran tan estúpidas como ella.

Jorgelina solía vestir ropa provocativa y no hice más que mirarle las tetas a través del prominente escote de su remera sin mangas. No eran tan grandes, pero si estaban bien definidas y bronceadas por el sol. Fue obvio que ella notó que mis ojos quedaban rebotando entre sus gomas, pero no me dijo nada. Hasta se inclinaba un poco hacia adelante como diciendo “Mirá tranquila, siempre y cuando sea solo mirar”. Eso último me lo dejó en claro cuando me dijo que me golpearía si intentaba seducirla, pero que yo podía andar con cuanta mujer quisiera.

Esa noche intenté masturbarme pensando en sus tetas, pero no logré concentrarme. Fue muy frustrante. Creí que un poco de sexo, aunque fuera sola, me haría poner mejor pero al parecer ya no disfrutaba tanto de la autosatisfacción o no estaba de humor como para hacerlo.

Me puse a recapitular todas mis acciones en los últimos tiempos, mi vida dio giros bruscos e inesperados. Tal vez todo sea mi culpa por ir tan rápido, por no medirme. Salté de cabeza hacia un mundo desconocido. O tal vez mi único error fue confiar en Lara… y creer que Anabella valoraba nuestra amistad. Estuve a punto de llorar una vez más cuando me llega un mensaje de texto al celular. Era Tatiana:

~ Hola Lucre, ¿Cómo te sentís, ya estás un poco mejor?

Ella también vio el famoso video y quedó indignada por la actitud de Lara, tanto que dejó de hablarle. A mí no me molestaba que mis amigas le hablaran, pero ellas lo decidieron así, aparentemente todas se pusieron de mi parte, excepto Cintia que se puso en contra de las dos. Tener el apoyo de mis amigas me reconfortó mucho.

Me causó un poco de gracia el imaginar que Tatiana me viera como estaba ahora. Acostada al revés en mi cama, con mis piernas levantadas apoyadas contra la pared que daba al cuarto de mi hermana y sin nada abajo, pero arriba iba completamente vestida, hasta con corpiño. Seguía tocándome más por hacer algo con las manos que por verdadera excitación.

~ Hola Tati, todavía estoy un poco triste pero me alegra mucho que me escribas.

No quería llamar la atención pero tampoco quería mentirle. Si le decía que estaba espléndida no me creería.

~ Me imaginé. Tenés que hacer algo Lucre, divertirte un poco. ¿Hace cuánto no salís?
~ Hoy visité a Jorgelina, la pasé muy bien.
~ Si, me contó. Pero me refiero a salir a bailar, a tomar algo. A dar una vuelta.
~ Hace mucho que no hago eso.

Mi última salida fue al boliche gay, Afrodita, la noche en que tuve sexo con una desconocida, el recordarlo me estimuló un poco y la masturbación estaba llevando buen ritmo ahora. Me alegré por eso y me esforcé por recordar el sabor de esa vagina anónima.

~ Tenés que salir amiga. Divertirte un poco, aprovechá que hoy es sábado.
~ No sé, no estoy de ánimo. Con decirte que no puedo ni masturbarme, hace rato que estoy probando, voy bien un ratito y después decaigo.

No me molestaba hablar de temas sexuales con ella, Tati era básicamente mi tutora, mi sexóloga, sentía que podía contarle casi cualquier cosa.

~ Justo tenía algo para darte. A ver si esto te levanta el ánimo y te estimula para tu masturbación.

Me envió una foto, a primera vista supe de qué se trataba. Era una vagina, abierta con dos dedos y llena de pelitos prolijamente cortados. La piel era más pálida que la de Tatiana así que de inmediato supe que no era ella.

~ Qué buena foto ¿Quién es?
~ Una de tus admiradoras secretas. No sé quién es, sólo me pidió que te haga llegar la foto.
~ ¿De verdad? ¡Qué loco!
~ Si, después te cuento bien cómo fue. Vos me prometiste que saldrías conmigo al menos una vez si te definías como lesbiana.

Lo recordaba muy bien, no es que esté 100% definida como lesbiana pero no era argumento para quebrar una promesa.

~ Está bien, vamos a salir. Esta noche paso a buscarte por tu casa.
~ ¡Dale! Qué bueno. Igual salimos como amigas, no te sientas obligada a hacer nada.
~ Gracias, es bueno saberlo. Me deja más tranquila.

Arreglamos los últimos detalles para nuestra salida y me puse a mirar esa foto. La vagina era muy hermosa, estaba húmeda, señal de que estaba masturbándose en el momento que la tomó. No sabía quién podía ser pero me recordó a la chica llamada Samantha que me dejó su número de teléfono en el baño de la Universidad. Tal vez había averiguado quién era yo, con esto del video me volví toda una celebridad.

Me metí dos dedos fantaseando con esa chica, no sabía cómo era su rostro pero si era tan lindo como su vagina, sería preciosa. Ese clítoris rosado asomándose me fascinaba. Masturbarme y llegar al orgasmo me levantó mucho el ánimo y me alegró el día, además la idea de tener una admiradora secreta me emocionaba y levantaba mi ego.

Me bañé y me arreglé un poco. Me puse la pollera más cortita que tenía, era pegada al cuerpo y marcaba muy bien mis largas piernas, también me puse una linda y diminuta tanga negra. Me había comprado toda esta ropa para estar con Lara pero nunca tuve la oportunidad de usarla con ella. Una blusa negra tipo corset completaba mi vestimenta y marcaba bien mis pechos, sonreí al verme al espejo. No quería quedar como narcisista pero la verdad es que estaba bonita, lo único que no me agradaba era el color de mi cabello. Me encantaría que fuera negro.

Como saldría con el auto decidí que tomaría menos alcohol que la última vez. Llegué a la casa de Tatiana, era la primera vez que la visitaba. Me hizo pasar mientras se daba los últimos toques y me apenó bastante ver en qué condiciones vivía la pobre chica. Sabía que era hija única y que sus padres eran honestos y trabajadores, pero la precaria situación económica era evidente. La casa estaba limpia y ordenada pero era muy pequeña, tan sólo mi cuarto abarcaba casi la mitad de la vivienda. Se me hizo un nudo en la garganta. Me pregunté cómo harían para costear la Universidad, por más que Tatiana trabajara para reducir la cuota, ésta aún sería considerablemente alta. Por suerte a la chica le iba bastante bien en sus estudios.

- Estoy lista – me dijo pocos minutos después y ahí reparé en lo hermosa que estaba.

Su voluptuosa figura estaba finamente envuelta en un atuendo similar al mío, pero de color azul eléctrico. Su pollera era más suelta y la blusa se sostenía con dos finas tiritas de sus hombros. Estaba muy bien maquillada, era llamativa pero no vulgar. Sus gruesos labios estaban pintados de un rojo suave y tenía delicados brillitos y sombras alrededor de los ojos.

- ¡Wow! Estás hermosa Tati – lo dije con gran sinceridad.
- Gracias Lucre. Vos también.

Subimos al auto y comenzamos a recorrer las calles charlando un poco.

- Contame, ¿cómo es que te llegó la foto de mi “admiradora”?
- No hay mucho que contar. Me la mandó por mensaje, el número figuraba como “Desconocido” y decía algo así como: “Si conocés a la chica del video hacele llegar esta foto. Decile que es hermosa y que no me olvido de lo que me dijo una vez.”
- ¡Ya sé quién es! O sea, en realidad no sé.
- Ah claro. Entiendo.
- Tiene que ser la chica del baño. La que me dejó su número de teléfono. Se llama Samantha.
- ¿Qué baño?

Le relaté lo ocurrido con Lara en el baño de la Universidad.

- ¿Y vos nunca la llamaste? Es evidente que la chica está muy interesada en vos Lucre. Deberías llamarla.
- Lo voy a pensar.

Llegamos a la puerta de Afrodita, el boliche gay. Tatiana sólo lo conocía de nombre, era la primera vez que venía. Me sorprendió un poco pero luego recordé que el lugar era bastante caro, cada trago costaba una fortuna, así que no dije nada. Al pararme en la entrada reconocí a uno de los guardias de seguridad, era el que me ayudó con el inconveniente con esa lesbiana que parecía hombre.

- Hola linda – me saludó. Era un hombre de hombros exageradamente anchos, sus brazos parecían barriles y su cabeza era como un huevo, la llevaba completamente afeitada – que bueno verte por estos lados otra vez. Si llegás a tener algún problemita, avisame.

Sospeché que estaba intentando ligar conmigo, lo cual me enfureció un poco.

- No te hagas ilusiones. Soy lesbiana – le dije. Sonó tan raro viniendo de mi boca.
- No te las hagas vos. Soy gay. Me llamo Miguel.
- ¡Uy, perdón! Es que... – genial Lucrecia, una persona tiene un gesto desinteresado y honesto con vos y lo tratás como si fuera trapo de piso – yo me llamo Lucrecia y ella es Tatiana – intenté arreglar un poco las cosas.
- Todo bien. No pasa nada. Espero que se diviertan. Están muy lindas las dos – era un amor. Tres toneladas de puro amor gay.

Ingresamos al boliche y analizamos el entorno. Instintivamente busqué a esa desconocida con la que había tenido sexo, pero no la vi por ninguna parte. Me alegré porque tenía miedo de que se enojara conmigo por rechazarla. Nos acercamos a la barra y pedí dos “Sex on the beach”

- Tenés que probar esto Tati, está buenísimo.

Nos pusimos a tomar despacio mientras intentábamos deducir quién era gay, quién lesbiana, quién bisexual y hasta marcamos a algunos como heterosexuales, ya que el boliche no discriminaba.

- Ese pelotudo vino a levantar lesbianas – dijo Tati señalando un muchacho algo retacón con barba de unos días y piel bronceada por el sol.
- Bueno, con nosotras va muerto – lo dije porque el tipo en cuestión venía caminando hacia nosotras.
- ¿Cómo andan criaturitas bellas? – nos dijo ni bien estuvo parado delante nuestro, su actitud era soberbia en extremo.
- Bien gracias – contesté sin entusiasmo y di unos sorbos al trago.
- Si están buscando a un buen candidato para un trío dieron con el hombre justo.
- Que sutil, que humilde – me estaba enojando con él – pero no buscamos eso, gracias.
- Vamos linda, no te pongas así, vas a ver que te gusta cuando pruebes – intentó acariciarme el pelo pero lo aparté de un manotazo.
- Hey amigo, no molestes a las chicas.

Esas palabras vinieron de un muchachito rubio con el cuerpo de un dios griego. Parecía tener unos 25 años. Era hermoso, no exagero al decir que me recordaba un poco a Brad Pitt. Lo extraño es que mi instinto heterosexual no se activó para nada. Admitía que el chico era lindo sólo porque era más que obvio y sé reconocer la belleza en las personas. Creo que Tatiana opinaba igual que yo.

- ¡Qué te metés, puto de mierda! No me digas amigo porque te voy a romper la cara.
- Calmate loco – la voz del rubio era varonil, no sabía por qué este idiota afirmaba que era gay – nadie te hizo nada. ¿No sabés que la regla de este lugar es no molestar a la gente?
- Yo no estoy molestando, estoy invitando a las chicas a una linda fiestita.
- Estás molestando flaco – dijo Tatiana – mi amiga ya te dijo que no.
- Creo que ya te lo dejaron en claro – dijo el rubio con voz suave.
- ¡Que no te metas, anda a que te rompan el culo por ahí, puto de mierda! – empujó al muchacho y éste ni siquiera se enojó – andate antes de que rompa la cara, putito.

En eso una gran sombra eclipsó las luces del boliche y una enorme silueta calva apareció a espaldas del brabucón. Era Miguel.

- ¿Tenés algún problema flaco? – su voz resonó como un trueno de Zeus.
- ¿Eh? No, no. Ninguno – se puso pálido al voltear y ver a ese gigante – es que el maricón este me está molestando – gran error, me reí porque me imaginaba lo que vendría.
- Ah mirá vos – dijo el guardia de seguridad – yo también soy maricón – su mano derecha se cerró como una tenaza en el cuello del imbécil - ¿tenés algún problema con los maricones? – lo levantó sin problemas hasta ponerlo a la altura de sus ojos. Intentó hacer pie pero no encontró más que aire bajo las suelas.

El tipo se meó encima. Literalmente. La orina manchó todos sus pantalones. De más está decir que no pudo ni responder a la pregunta de Miguel. Un minuto más tarde lo vi volando por la puerta de entrada hacia la calle. Un empleado de limpieza tuvo que acercarse a trapear el suelo.

- Gracias por ayudarnos – le dije a nuestro héroe rubio, porque el calvo no volvió, se quedó custodiando la puerta.
- De nada, me molestan mucho este tipo de imbéciles que vienen a un boliche gay pensando que las mujeres se les van a regalar.
- ¿Hace mucho que venís? – le pregunté.
- Si, bastante. Me llamo Rodrigo – nos tendió su mano – no se asusten, no estoy intentando “engancharlas” yo soy la pareja de Miguel. El pelado ese que…
- Si, lo conozco. Tiene buen gusto ese Miguel – sonreí porque la pareja me pareció muy tierna.
- Vos le podrías haber pegado tranquilamente a ese estúpido – aseguró Tatiana.
- Puede que sí, pero no sería correcto. Para eso están los guardias de seguridad. Además me encanta ver como Miguel siempre viene a ayudarme – se acarició el pelo y sonrió. Era todo un Adonis.
- ¿Hace mucho son pareja? - quise saber.
- Unos cuantos meses, en realidad no somos una pareja fija. Estamos juntos todo el tiempo que podemos pero cada cual hace su vida.
- ¿Hasta están con otros hombres?
- A veces sí. Ninguno de nosotros posee al otro. La verdad es que nos llevamos muy bien. Por cierto, ese es el mejor trago del boliche. Buena elección.

En ese momento supe que había ganado un nuevo amigo. Lo invitamos a tomar con nosotros. La charla fue muy divertida. Hasta le di mi número de teléfono para que podamos seguir conversando alguna otra vez, le dije que si quería podía visitarme junto con Miguel, a mi madre le encantaría tener una pareja de fortachones homosexuales rondando por la casa. Seguramente después llamaría un exorcista para que la limpie de pecados y demonios. Un rato más tarde Rodrigo se fue a hablar con otro chico, era cierto que a Miguel no le molestaba porque en cuanto los vio besándose, sonrió. Qué extraña pareja.

Tatiana se paró más cerca de mí, supe que con eso le estaba diciendo a las demás chicas del boliche que ella estaba conmigo. La tomé por la cintura y la acerqué más. Seguimos conversando como buenas amigas, todo parecía bastante normal hasta que giré para dejar mi vaso vacío sobre la barra, su carita sonriente quedó muy cerca de la mía. Agaché la cabeza por pudor. Estaba divina. Sus cachetes regordetes me parecían de lo más simpáticos. Se volteó más hacia mí y acarició mi cabello. No se movió, esperó. Cuando yo me decidí, la besé. Fue mi primer beso a una mujer en público. Sentí una enorme liberación, allí nadie me juzgaría. Su boca sabía al trago que estábamos tomando, sus besos eran deliciosos. Acaricié la parte trasera de una de sus piernas hasta llegar a su cola, era muy suave y tibia, supe que llevaba ropa interior pequeña porque su nalga estaba completamente desnuda. Dejamos de besarnos pero no nos separamos. En ese momento habíamos puesto la firma de lo que haríamos esa noche.

- Te prometo que esta vez no me voy a echar para atrás – la hice sonreír.
- ¿Querés que vayamos a un lugar privado?
- ¿Como ese? – señalé los cubículos que podían cubrirse con una cortina.
- No, eso no es tan privado como lo que tengo en mente.
- ¿Entonces, a dónde querés ir? – aún conservaba una buena dosis de ingenuidad.
- A un telo Lucre.

Se me aceleró el corazón, nunca nadie me había invitado a ir a uno de esos lugares. Jamás había visto uno ni siquiera por fuera. Que sea una mujer tan bonita la que me lo pida me generó más morbo. Me gustaba lo prohibido, al menos lo que para mí estuvo prohibido durante años.

- Me encanta la idea. Vamos – ya estaba decidida.

Pagué los tragos consumidos y salimos tomadas de la mano. En la puerta saludé a Miguel y le di las gracias por todo. Nos deseó buena suerte y subimos al auto.

Las calles estaban llenas de gente y tuve que manejar despacio. Tati me acarició la pierna derecha para mantenerme a temperatura ideal. Su mano buscaba constantemente mi ropa interior. Hubo un par de peatones que notaron las caricias de mi amiga pero no me importó, al contrario, la situación me divertía mucho. Tuve que confesarle que nunca fui a un telo y no sabía dónde podía encontrar uno. Ella me dio indicaciones hasta que llegamos a un sitio oscuro y de mala muerte. No me gustó para nada.

- No te ofendas Tati, pero me da un poco de miedo entrar a ese lugar. Parece la casa de Jack el Destripador ¿No hay otro mejor?
- Mejores hay muchos, pero son carísimos.
- No te preocupes. Yo invito. Vamos a pasarla bien en grande – le guiñé un ojo.
- Pero vos ya pagaste los tragos.
- Hoy invito yo. En serio Tati, no te preocupes.

Me llevó un par de minutos convencerla. Accedió porque la amenacé con llevarla a su casa. A continuación me guio hasta el hotel más bonito que se le ocurrió, estaba bastante alejado de la zona céntrica, por no decir en la otra punta de la ciudad. Cuando llegamos noté la gran diferencia, tenía una entrada propia para vehículos y todo estaba muy bien decorado. Ni siquiera tuve que bajarme del auto para reservar una habitación, estaba nerviosa y ansiosa. Reservé una que figuraba como “Tradicional” pero que también era de las más bonitas, según el recepcionista.

- Pedile preservativos, esos los compro yo – me dijo alcanzándome un billete.
- ¿Preservativos, acaso tenés miedo de que te deje embarazada? – me reí como tonta, no entendía nada.
- Ya vas a ver para qué son.

El muchacho que nos atendió supo que éramos dos mujeres pero no le resultó extraño que compráramos los dichos profilácticos.

La habitación era preciosa. La decoración era exquisita y luces rojizas generaban un ambiente increíble. De hecho casi todo era rojo pasión. Estaba encantada. Cuando ya estaba por tirar a Tatiana arriba de la cama, ella me detuvo.

- Esperá, me quiero dar un baño. No me tardo nada. No espíes.

Se metió al baño y escuché la ducha, mi ansiedad crecía sin control, esta chica me estaba volviendo loca, supuse que lo hizo a propósito, para que me carcomiera la cabeza. Me puse a mirar todo, la cama era gigante, allí podrían dormir cuatro o cinco personas fácilmente. Al menos personas de mi tamaño. Noté una especie de camilla similar a las que usan para hacer masajes, supuse que para eso estaba. Los cuadros eran bonitos y parecían originales. Nada de copias impresas. Eso le daba mucho prestigio al lugar. Valía la pena haber pagado tanto.

Tatiana salió envuelta en una toalla, hasta llevaba el cabello húmedo. No podía ver mucho más de lo que me mostraba cuando tenía el vestido, ya no llevaba maquillaje y estaba igual de hermosa. Le dediqué una amplia sonrisa y le dije que yo también quería darme un baño. No quería quedar como una roñosa. En menos de cinco minutos salí envuelta en mi toalla, no sé para qué, porque se me cayó al piso ni bien abrí la puerta. Me quedé paralizada y sorprendida.

Sobre la cama estaba Tatiana, completamente desnuda y con las piernas abiertas mostrándome su vagina, la cual estaba abriendo con sus manos.

- Esta me la debés – me dijo mirándome a los ojos – no sabés cuánto lo esperé.

Con el corazón repiqueteando me tiré sobre la cama. El colchón era muy suave. Pensé que iríamos de a poco pero su actitud me volvió loca. Abrí la boca y di una frenética chupada a su concha, estaba toda viscosa. ¡Era deliciosa! Separé más sus piernas y pasé mi lengua. Mis movimientos eran pausados pero intensos. Otra chupada, otra lamida. Tatiana gemía. En ese instante todos mis problemas se desvanecieron. Sus grandes muslos me envolvieron y quedé pegada a su carnosa almejita. Me llené la boca con sus jugos, me sentía como un monito hambriento comiendo una rica fruta madura. Era una excelente forma de dar inicio a nuestra velada sexual. Manaba tanto líquido que me vi obligada a dejarlo salir de mi boca de a poco para poder seguir chupando, mi cara estaba llena de saliva y flujo vaginal, las sábanas estarían igual dentro de poco. Fue soltando de a poco mi cabeza para abrir nuevamente las piernas. Para no seguir sorbiendo tanto, aunque si me gustara hacerlo, froté su clítoris con mis labios moviendo la cabeza rápidamente de un lado a otro, esto pareció gustarle mucho.

- Ay si Lucre, que bien que la chupás.
- Y eso que hasta hace poco era virgen.
- Vení hermosa, dame esa conchita que te la quiero comer toda.

No me iba a negar a su pedido, pero tampoco quería dejar de chupar. Me senté sobre ella y bajé la cabeza hasta que volvió a quedar entre sus piernas. Enseguida comencé a delirar de placer, las chupadas que me dio en el clítoris fueron mucho más enérgicas de lo que esperaba.

- Ahhh, Ahhhhh, Ahhhh Ay mamita querida – la chica tenía experiencia en sexo lésbico, no podía concentrarme en mi tarea de lamerle la rajita. Su lengua no paraba ni un segundo, se metía por cada recoveco de mi sexo – Ay Tati, Siiii. Me encanta.

Me esforcé por darle placer al mismo tiempo que ella me lo daba a mí. Aferrada a sus muslos hundí mi boca en el centro de la división de su vagina, que se abría como una flor en primavera. Nos perdimos en el tiempo paralelo del sexo, no sabría decir si estuvimos chupándonos mutuamente 15 minutos o una hora, lo que sí sé es que ambas lo estábamos disfrutando a pleno, sus labios vaginales me encantaban, eran mucho más gruesos que los míos o los de Lara, y se sentían sumamente suaves entre mis labios.

Tati me dio unos empujoncitos en las piernas indicándome que me apartara, me acosté sobre la cama y le sonreí.

- No puedo creer que estemos haciendo esto – me dijo.
- ¿Por qué no?
- Es que desde que apareció tu video con Lara te volviste la fantasía de todas las lesbianas de la Universidad y me parece muy loco que me hayas elegido a mí como… compañera sexual.
- Ay Tati, que tierna – me acerqué y la besé, teníamos las bocas llenas de flujos vaginales – pero si vos sos tan linda. Creeme que desde el día en que empecé a aceptar mi gusto por las mujeres que fantaseo con vos, especialmente después de lo que hicimos en el vestuario. Fue muy especial para mí.
- Tengo otra cosa que puede ser muy especial. No sé si lo habrás probado. Buscá los preservativos.

Intrigada y entusiasmada fui a buscar la cajita, dentro había tres. Tatiana rebuscó entre los cajones de las mesitas de noche hasta que extrajo un objeto. Me senté en la cama y vi de qué se trataba. Sonreí con la boca abierta, era un consolador color violeta.

- Me imagino que acá los deben limpiar muy bien, pero es mejor no arriesgarse, pasame uno de los preservativos.

Hice lo que me pidió, era la primera vez en mi vida que abría uno de esos paquetitos, estaba entusiasmada, me sentía como una niña con juguete nuevo. ¡Esperen! Pero si yo era una niña con un juguete nuevo.

- ¿Alguna vez usaste un dildo? – me preguntó
- ¿Así se llaman? pensé que era un consolador. Nunca usé uno.
- Es lo mismo. Abrí las piernas – dijo cuando ya le había colocado el profiláctico.

Mis nervios eran evidentes, nunca me había metido nada en la vagina más que dedos. Ella no se demoró. Posó la punta del juguetito sobre mi clítoris y comenzó a acariciarlo con él. Luego jugó entre mis labios, supe que intentaba dilatarme con cuidado. Apreté mis tetas y mantuve las piernas bien abiertas, quería disfrutar de cada momento. En eso percibo que el dildo está haciendo su primer intento por penetrarme, creo que generé tantas expectativas que me puse nerviosa y mis músculos vaginales se contrajeron. Sentí un poco de dolor pero por suerte Tatiana se detuvo casi al instante. No dejé de pellizcar mis pezones y ella lo intentó una vez más, pero sólo pudo introducir una pequeña parte y yo sentía que mi estrecha vagina no tendría lugar para el resto.

- Mejor probemos de otra forma – dijo mi compañera sexual – no quiero lastimarte.
- ¿Cómo hacemos entonces? Porque yo de verdad quiero saber qué se siente tenerlo adentro.

Colocó el consolador sobre el colchón, apuntaba al techo y ella lo sostenía firmemente con una mano desde la base.

- Sentate arriba y vas bajando tranquila. No te pongas nerviosa que no es tan grande.

Le sonreí y me coloqué en cuclillas sobre el pene plástico. Mis pies se hundieron un poco en el colchón pero me sostuve con la fuerza de mis rodillas. Cuando la puntita estuvo en mi abertura vaginal comencé a bajar lentamente, esta vez fue muy diferente, sentí la dilatación y la penetración al mismo tiempo, aunque sólo fueron un par de centímetros.

- Ahora subí otra vez – me indicaba mientras acariciaba mi clítoris.

Me elevé hasta que salió y bajé otra vez. La sensación fue mucho más placentera y suave. Tenía las manos en las rodillas y los ojos cerrados, quería concentrarme en esas nuevas sensaciones. De a poco noté que el dildo me penetraba más a medida que yo repetía la acción de subir y bajar. Las caricias de mi amiga me incentivaban a seguir y la lubricación de mi sexo sumada a la del preservativo, me facilitaban mucho la tarea. Ni siquiera el pene del desgraciado que me desvirgó era tan grande como este dildo. Todo esto era nuevo para mí y no quería apresurarme. Me fui acostumbrando a tenerlo dentro y dejarlo salir de a poco.

Pasados un par de minutos ya podía moverme más rápido. Me percaté de que literalmente estaba teniendo sexo empleando un consolador, las penetraciones ya eran limpias y se hacían cada vez más profundas, cuando el concepto de acto sexual se hizo presente en mi cabeza comencé a gemir y a moverme más rápido. Ya no era una prueba. Bajé tanto como mi estrecha vagina me lo permitió pero me levantaba asustada, hasta que en un momento pasó. Por mi calentura no medí los movimientos y bajé más de lo esperado, el dildo se me metió hasta que mis labios vaginales besaron la mano de Tatiana.

- ¡Ahhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhhh!

Me gustó tanto que lo repetí una y otra vez, subiendo lo más que podía y bajando hasta donde daba. Podía sentirlo muy dentro de mi cavidad. Me enamoré de esa sensación. Todo me parecía inmejorable, pero Tati me tenía reservadas un par de sorpresas. Bajé una vez más y ella empujó desde abajo hacia arriba.

- ¡Ahhhhhh! ¡Se me clavó todo! ¡Ahhhhh! ¡Ay Tati, ahhhhh!

No lo podía creer el consolador se perdió por completo dentro de mi vagina, ella lo mantuvo dentro con su mano y de inmediato se lanzó a chuparme el clítoris. La succión de su boca me volvió loca, además lo acompañaba bombeando el dildo en mi interior, éste salía apenas un centímetro y ella volvía a meterlo.

- ¡Asiiii asiiii! ¡Ahhhhhhhhh!

Estaba descontrolada, nunca había estado tan excitada en mi vida, bueno, tal vez si con Lara, pero en este momento no quería pensar en ella. Dejé que Tati me diera placer durante varios minutos, en todo ese tiempo permanecí en cuclillas aunque las rodillas me dolieran. Pero ya no aguanté más, quería sentir mi placer prohibido, el que tanto me avergonzaba y que sólo me atreví a confesárselo a mi ex novia. Con un rápido movimiento me puse en cuatro sobre la cama, Tatiana sacó el dildo de mi vagina la cual dejó salir una buena cantidad de flujo sexual.

- ¡Metemelo en el culo! – rogué sin medir mis palabras - ¡metemelo!
- ¿Estás segura Lucre?
- ¡Si, dame por la cola! – separé mis nalgas y bajé la cabeza.
- Te va a doler.
- No me importa.

Pero Tatiana que era sabia en materia sexual no me hizo caso del todo. Metió otra vez el consolador en mi vagina y se limitó a lamerme la cola. Eso me encantó, pero no era lo que yo había pedido. Estuve a punto de reclamarle cuando sentí que me metía un dedo por el agujerito negro. ¡Qué placer! Ya con eso me bastó. Lo movió dentro, lo sacó y lo volvió a clavar mientras hacía lo mismo con el juguete sexual y exploté en un orgasmo. Mi vagina se llenó de líquidos, no lo noté, pero lo supe después, cuando vi las sábanas mojadas. Mis gemidos se incrementaron al máximo, ya no gemía. Gritaba. El saber que nadie en ese lugar se quejaría de mis expresiones sexuales me sirvió para descargarme, hice katarsis, fue como tachar todos los problemas de mi vida de una vez. Quería gritar, necesitaba gritar. Lo hice hasta que caí rendida en la cama.

Tatiana me abrazó de inmediato por un costado, la calidez de su cuerpo y la suavidad de sus grandes tetas me trasladaron a un mundo de paz y armonía. Me besó. La humedad de su boca me tranquilizó mucho. Su beso era apasionado, más que los que nos habíamos dado en el pasado. Movía su cabeza de un lado a otro sin desprenderse de mis labios. Busqué a tientas su vagina y comencé a masturbarla. Un hombre no podría darme tanto placer, no lo creía posible. No sentiría esa calidez, esa suavidad, ese deseo inmenso, esa lujuria. Allí fue cuando supe que las mujeres estaban en un escalón superior. Ya no diría que disfrutaría de mujeres hasta que consiguiera el hombre ideal, ahora sabía que la prioridad en mi vida sería el sexo femenino y si algún día encontraba un hombre que valiera la pena, pues muy bien, pero no lo buscaría.

- Perdón Tati, me puse como loca. Dije una estupidez. ¡Qué vergüenza! – recordé mi desesperado pedido.
- ¿Vergüenza, por qué?
- Porque… ¿Cómo te voy a pedir que me metas eso en la cola? – estaba sonrojada – no pienses que me gustan esas cosas… yo…
- Lucrecia, no tenés que explicar nada. Si te gusta el sexo anal está todo bien. Es normal. Pero te recomiendo que lo hagas de a poco, con calma. No podés meterte esto de una vez – me enseñó el dildo – te podés lastimar.
- ¿De verdad pensás que no es una locura?
- Y… si es una locura tengo que admitir que estoy loca. Porque a mí me encanta que me metan eso en el culo – sacudió el pene de plástico para todos lados.
- ¿En serio? – me senté en la cama y le sonreí, esa sí que era una buena noticia - ¿Puedo…?
- Sí que podés. Es más, eso te quería pedir.

Sin hablar más se puso en cuatro apuntando sus grandes nalgas hacia mí. Estaba más ansiosa que nunca. Me mandé de una y comencé a chuparle el culito, le pasé la lengua con ganas, con placer, sintiendo en mi lengua el contacto directo con ese misterioso agujerito.

- ¡Ahhhh! Se nota que te gusta, nunca me lo habían comido así.

Eso me incentivó. Comencé a dar lamidas largas partiendo desde su vagina hasta llegar a donde comenzaba su espalda.

- ¿Lo meto? – pregunté.
- Si, yo ya estoy acostumbrada… y estoy re caliente – me reí – metemelo.

Posicioné el consolador en la entrada trasera y apreté, el grito de placer de Tatiana fue tan fuerte como los de mi orgasmo. Lo pude meter hasta la mitad, lo saqué un poco y lo hundí más, en tres intentos logré meterlo completo, no podía creer que su culito se esté tragando todo el consolador.

- ¡Aaaaarrghhhh! ¡Ayyyyyy! ¡Ahhhhhhh! – empecé a bombear con fuerza - ¡Pará Lucre, pará! ¡AHHHH! ¡Me vas a partir la cola! ¡Ahhh!

Me detuve en seco dejando el dildo enterrado allí.

- ¡Ay Tati, perdón! No sabía… no me di cuenta – me entraron unos nervios tremendos - ¿Te lastimé? ¡Perdón!
- No me lastimaste – dijo jadeando, se sostenía las nalgas con las manos y yo apenas podía ver la base del consolador asomando por su ano – sólo lo hiciste muy fuerte de entrada. Al principio… - suspiró – al principio tenés que ir despacio. ¡Ay, cómo me duele!
- ¡PERDON! ¿Lo saco?
- No, no. Dejalo, si lo sacas va a ser peor. No lo muevas, ya me voy a acostumbrar.

Me acosté a su lado y le acaricié la cabeza, su cara de sufrimiento me partió el alma, estaba toda transpirada. Le di unos besitos suaves como disculpándome por mi falta de tacto. Eso surtió un buen efecto en ella, de a poco se fue calmando y me acompañó con los besos y las caricias.

- Sos linda Lucre. La estoy pasando genial con vos.
- ¿A pesar de que casi te rompo el culo?
- Si, porque si bien me dolió mucho, también me gustó. Aunque no lo haría de nuevo. Me siento invadida analmente, y eso me calienta.
- A mí también me calienta – le dije mientras me tocaba la vagina - ¿por qué será que me gusta tanto?
- Porque tenés deseo por lo prohibido. Por eso es que te acostás con mujeres.
- Puede ser – acaricié el centro de su viscosa rajita con mi mano libre - ¿Te sentís mejor?
- Mucho mejor. Date vuelta, con los pies apuntando para allá – me señaló la pared que tenía frente a sus ojos.

Nuestras piernas se entrecruzaron y de inmediato supe qué haría. Se posicionó hasta que nuestras vaginas quedaron juntas y empezó a balancearse. Me encantó sentir la humedad y el calor de su sexo sobre el mío. Con la punta de mis dedos apreté el consolador que aún tenía metido por completo, eso pareció gustarle. La acompañé con los movimientos de mi cadera mientras bombeaba su culito con el dildo. A las dos nos gustó tanto esa posición que ya no la cambiamos. Seguimos frotándonos mutuamente con fuerza, ella se sacudía como si estuviera cogiendo con un hombre, no había penetración, más que la de su cola, pero el placer era infinito, nuestros clítoris se besaban y se acariciaban como grandes amantes. Dimos rienda suelta a nuestros gemidos, era como si quisiéramos que los que escucharan supieran que se trataba de dos mujeres. Aunque dudaba que alguien pudiera oírnos porque nosotras no escuchábamos ningún ruido proveniente de afuera.

Nuestras vaginas estaban tan mojadas que podíamos frotarnos tan rápido como nuestros cuerpos nos lo permitieran. Apoyé mi cabeza contra el colchón y me pellizqué los pezones, no daba más, supe que Tatiana tuvo un orgasmo porque me baño la rajita con sus flujos, fue hermoso. A pesar de esto no dejó de moverse, siguió hasta que yo también llegué a clímax sexual, en cuanto esto ocurrió se echó de cara contra mi vulva y sorbió todo lo que salió de ella. Pataleé, gemí y suspiré. Cuánto placer obtenía de ella, pero había una cosa que quería probar a la que no le había dedicado tanto tiempo.

- Vení para acá – le dije arrojándome sobre ella.

Me prendí de sus grandes tetas, comencé a chuparle los rugosos pezones mientras con una mano metí y saqué el dildo de su cola. ¡Qué buenas tetas! Eran mucho más grandes que las mías. Lamiendo esas ubres me fui tranquilizando de a poco, noté que Tati ya estaba extasiada por lo que saqué el pene de plástico violeta y lo dejé sobre la cama. Trepé hasta su boca y le di un rico beso, eso dio por finalizado nuestro encuentro sexual.

- La pasé genial Tati. Sos mi bella genio. Aprendí un montón con vos.
- Y lo que todavía nos falta por aprender a las dos… - me acarició el pelo – gracias por darme esta oportunidad Lucre, fue una de las mejores noches de mi vida.
- Nada de oportunidad, me acosté con vos porque te tenía ganas, es así de simple.

Sonreímos y comenzamos a vestirnos. Tiramos a la basura el preservativo usado y lavamos bien el consolador, porque no éramos ningunas cochinas. Nos repartimos los dos profilácticos sobrantes para guardarlo como recuerdo de nuestra primera vez juntas.

Abandonamos el hotel, pude manejar muchísimo mejor que en mi última salida nocturna, había tomado poco alcohol y a esta hora de la noche ya ni lo sentía. Llevé a Tatiana hasta su casa mientras charlábamos.

- ¿Hablaste con Lara? Te pregunto ahora porque no quería sacar el tema antes – le dije.
- No le hablé. Estoy muy enojada con ella, lo que te hizo me dejó sin palabras, fue todavía peor que lo que me hizo Cintia a mí, porque ella me echo de su casa en plena noche, pero Lara te expuso públicamente. Fue un gesto horrible de su parte, no me lo esperaba de ella – sonaba verdaderamente indignada.
- Yo tampoco me lo esperaba, me dolió en el alma. Muchísimo – no pude contener mis lágrimas.
- No llores Lucre, ya está. Ya pasó. Sé que la querías mucho…
- No sólo la quería, la amaba. Lo peor es que todavía la sigo amando.
- ¿Cómo sabés que la amás de verdad? Estuvieron poco tiempo juntas.
- Si es cierto, pero fueron momentos muy intensos, además tengo que admitir que desde que la conocí le tengo un cariño muy especial. Es como mi segunda mitad, pero no lo vi así hasta que nos pusimos de novias – tuve que estacionar el auto porque de lo contrario iba a chocar – la extraño mucho – Tati me abrazó con fuerza, supe que ella también estaba llorando – perdón, no era mi intención arruinar la noche de esta forma.
- No Lucre, para eso salí con vos, para que puedas descargarte, sexual y emocionalmente.
- Gracias Tati, sos la mejor. Sos una amiga que vale oro.
- Vos también sos una gran amiga y muy noble. Además estás re buena y cogés muy bien - Eso me hizo reír mucho
- Vos también Tati, las dos cosas.
- Prometeme una cosa Lucre. Ahora que te definiste sexualmente y que tenés muchas admiradoras, llamá a alguna. Salí con alguien, conocé gente nueva.
- Hoy salí con vos.
- Si, pero no es lo mismo. Yo no sirvo para relaciones fijas, necesito estar libre. Estar con quien yo quiera cuando quiera. Podés hacerlo conmigo todas las veces que quieras y voy a ser tu amiga siempre, pero tal vez necesitás alguien que te contenga y que sea tu compañera de viaje.
- Que lindas palabras amiga. Te prometo que voy a llamar a esta tal Samantha mañana mismo. A ver qué tal está… si está tan buena como la foto que me mandó, entonces vamos bien.
- Si, totalmente.

Pude retomar el viaje y la dejé en su casa. Nos despedimos con un lindo beso en la boca. Esa misma noche, cuando ya estuve en mi cuarto, me puse a buscar esa tarjetita con el número de teléfono de mi nueva “admiradora”. La encontré en el cajón de mi ropa interior y la dejé junto a mi celular sobre la mesita de noche. Al día siguiente la llamaría.

Me fui a dormir, o al menos a intentarlo. A pesar de lo lindo que la pasé con Tatiana me di cuenta de que extrañaba mucho a Anabella y sobre todo a mi Lara.


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- Me niego a ser Lesbiana (Parte 8)