Ella intuía que esa noche seria especial, lo presentía y por eso vistió su mejor ropa, ese vestido blanco regalo de su prima la acompañaría
El buscaba esa noche como cada noche conocer el amor
Se encontraron, cruzaron miradas y no hizo falta más, la charla fue mutando, transformándose de simples anécdotas a intimidades, frustraciones y sueños tan habituales a su corta edad.
El disfrutaba los roces de su cuerpo presintiendo formas.
Ella se sabía deseada y le gustaba despertar reacciones
Terminaron escapándose con rumbo incierto, dejándose llevar por las pasiones que nacen y simplemente mueren sin uno entender porque
La entrada a ese lugar significo el fin de la inocencia para ambos, no era simplemente pasión, había amor, profundo amor, el que se siente por un desconocido, cuando se ven aspectos queribles y entrañables.
Todo resulto rápido, extrañamente rápido, pero los dos estaban dispuestos a hacer de esa noche su noche, experimentar lo nuevo, adentrarse en el placer y poder ser felices después de haber brindado felicidad
El la desnudo lentamente, el vestido blanco cayo delicadamente sobre la alfombra testigo de tantos desnudos, recorrió con su mirada y cada detalle de su cuerpo lo recordaría para siempre, quito su corpiño quedando al descubierto sus pechos juveniles con pequeños pezones rosados totalmente erectos, necesitaba continuar, bajo lentamente el resto, la excitación de su sexo hizo que la prenda este humedecida y un ligero hilo de liquido acompaño la salida de la misma. Su pubis quedo al descubierto mostrando una delicadeza en su cuidado que lo acompañaría durante muchas noches en su recuerdo, una pequeña mata de vello pubiano enrulado y brillante finalizaba en dos delicados labios adolescentes, le hizo recordar esas fotos que espiaba cuando era muy chico.
Se había propuesto conocer su sabor y exploro cada centímetro de esa anatomía nueva para él. La beso tiernamente y el calor de su saliva lo embriago, mordió delicadamente sus lóbulos donde reposaban dos diminutos aros. Sintió la dureza de sus pezones, escuchaba los ligeros estremecimientos que indicaban que la maniobra era correcta, su vientre era suave y aterciopelado, el perfume había dejado espacio al aroma de mujer que jamás había aspirado y le generaba una excitación desconocida, beso interiormente sus muslos y la humedad atrajo su atención. Tenía frente a si ese tesoro que tanto había soñado, lo recorrió lentamente, con su lengua abría esos labios que se le ofrecían, las manos de ella en su cabeza lo obligaban a adentrarse más, recorría cada centímetro y al ingresar, su lengua se llenaba de la humedad de ella, subió delicadamente y llego a ese lugar secreto, jugo sintiendo como se hinchaba su clítoris, su lengua lo rodeaba, la presión hacia que su nariz se internara en la ligera mata de vello púbico. En el momento de mayor excitación ella lo aparto.
Ella simplemente era feliz, jamás nadie la había hecho sentir tanto placer, quería suspender el tiempo, quiso conocer su cuerpo. Lo recostó y lo beso amablemente, como un gato lamio su rostro terso por esa barba incipiente, su lengua se enredaba con sus pelos y le gusto. Lo mordía generando estremecimientos de dolor, usaba sus uñas para indicar que todo placer es acompañado con dolor. Daba círculos con los dedos dejando para el final el tesoro mayor. La excitación obligaba a apurarse, quería sentir su dureza. Bajo sus pantalones y al ver sus prenda interior dudo en seguir, la asustaba. Podia visualizar la forma de su pene totalmente erecto, esos segundos de pausa generaban mas excitación, quito lo que quedaba y apareció su pene, le llamo la atención una enorme vena que lo recorria y finalizaba en el prepucio circuncidado. Se notaba muy hinchado, sus deseos la obligaban a continuar. Tomo con sus manos el miembro totalmente tieso. Lo recorrió con su lengua finalizando en su prepucio que expulsaba ligeras gotas cuyo gusto fascino. Su boca tendia a secarse pero hacia esfuerzos para humedecer ese objeto que por primera vez conocía. Quiso seguir sintiendo en su boca la virilidad pero necesitaba ser penetrada.
Se recostó y el entendió el gesto. Se puso encima de ella y la penetro, fuerte y delicadamente al mismo tiempo. Los embates se hacían cada vez más fuertes y finalmente se sintió desbordada de su hombría, quedaron exhaustos los dos, simplemente abrazados, su miembro empezó a perder su tamaño pero seguía dentro de ella, el silencio se apodero y ambos quisieron llorar.
La culpa del placer los invadió. Sin palabras, sin recriminaciones, sabiendo que esa relación nunca podría ser. Volvieron a hablar de nimiedades, intercambiaron teléfonos y se despidieron,
Muy poco duro ese amor. Ella jamás lo olvidaría, el tampoco
Los años les demostraron que la felicidad son solo momentos, y ese momento formo parte de su felicidad.
Ella colgó su vestido blanco y durmió. El llego a su casa y durmió
Esa noche ambos habían perdido para siempre su inocencia
Fin