Rochi se levanto y se fue. Ese día no la volví a ver hasta la noche.
Yo, a caballo, la había buscado por todos lados. Solo me bastaba con mirarla, con robarle su escaparate exhibicionista para alimentar a mi autómata onanista.
Esa noche hubo asado que hizo el tío, que se tomaba dos botellas de vino como parte de aquel folclore. Rochi ya tomaba cerveza desde unos veranos anteriores, pero a mi me costaba el gusto amargo todavía. Para hacerme el maduro hacia un esfuerzo y brindaba con ella. Parecía un estúpido persiguiendo cada uno de sus movimientos, con la mirada, con mis manos, con todo mi cuerpo. Hasta la ayudé a hacer la ensalada mientras crujían las chispas calientes de las brasas en la parrilla.
Ahora el recuerdo es un poco lejano, pero creo que Rochi ya estaba un poco entonada, porque mientras yo lavaba los tomates ella pasaba por detrás mio, y dejando su mano muerta, me rozaba la cola con el revés de su mano. Se hacia la disimulada y se sonreía. Todos mis pensamientos eran una gigante bola de nieve que se agrandaba con cada segundo y cada movimiento de ella.
En la mesa nos sentamos enfrentados, como siempre.
Un poco mas lejos a mi derecha, los tíos y mis viejos que hablaban cosas que poco me interesaban. Esa noche, Rochi me tiraba una mirada después de cada bocado que se llevaba a la boca, esbozaba una mueca de sonrisa picara y seguía con su plato. En un momento sentí que ella me tocaba la pierna por debajo de la mesa, pero era "Sombra" el perro del casero que andaba mendigando un hueso. Lo mismo se despertó mi libido asesina, y esperaba ansioso que Rochi lo haga de verdad.
Eso no pasó, pero si que ella tomo mas cerveza de lo que su cuerpo aguantaba. Se notaba en su carcajada y porque empezó a gritar que quería ir al pueblo. El tío la paró en un grito y le dijo que no hable pavadas a lo que ella se ofendió y se paro de la mesa, agarró lo que quedaba de cerveza en la botella y se fue a la hamaca que colgaba debajo del sauce.
Yo me hice el grande un rato y trataba de escuchar sobre la hiperinflación, los Australes, Alfonsin y la reputa madre que no me importaba mas nada que las tetas de Rochi que en un vaivén de ebriedad habían quedado despatarradas a la luz de la luna.
Cuando la charla de política de la mesa había levantado temperatura, yo me levante sigiloso, como un perro que se roba un trozo de carne del fuego. Me acerqué a la hamaca y Rochi estaba acostada con los ojos cerrados. Le toque el hombro y me dijo, "dejame que estoy pensando", y empezó a reírse como borracha.

Al rato de no decir nada, me pidió que la acompañe a la pieza, que no podía ni caminar. Pasé su brazo por detrás de mi nuca para que me abrace y la cargue por la galería hasta el pasillo que daba a la sala de estar y luego el cuarto.
Al llegar la senté en su cama. Ella me pidió que le saque la remera para dormir mas cómoda. Yo hice caso omiso y mi pito adolescente ya estaba preparado para una nueva batalla. Rochi tenia un corpiño de algodón blanco que marcaban la redondez de sus tetas y acompañaban la suave protuberancia de sus pezones. Las marcas del bronceado se ataban cruzando por el pecho, donde empieza la nuca. Yo la tomé por las axilas para recostarla y mis muñecas rozaron sus tetas. Retuve el movimiento todo lo posible para que parezca algo normal, pero a ella no le importaba, estaba moribunda.
Cuando estuvo acostada, me dijo que le saque las zapatillas. Eso hice.

- Sacáme el pantalón y no te molesto mas - Dijo balbuceando las palabras.

Desaté el nudo que lo sostenía y, mientras ella levantaba minimamante la cola de las sabanas, yo metí mis dedos debajo del elástico y tropezaron con el fino pedazo de tela de su tanga, después recorrieron la suavidad de sus piernas mientras se los bajaba y eran acompañados por mi vista desaforada.

Tenia una bombacha blanca de algodón que hacia juego con el corpiño. También se veían marcas de bronceado en su cavado y la forma curva y apretada de su bulba que se mostraba desinhibida ante mi inocencia.

- Gracias primito...sos un genio - Me dijo Rochi mientra agarraba mi mano con las suyas y se las apretaba en el pecho.
Me quede inmóvil unos segundos hasta que su abrazo fue perdiendo la fuerza de la tangibilidad. Ella entraba irremediablemente en su mundo onírico y yo en el mio de fantasías.
El camino del morbo empezó justo donde ella lo había propuesto. Mi mano izquierda había quedado entre sus tetas, y con la derecha me empezaba a tocar por sobre el traje de baño.
De a poco fui corriendo mi mano sin despegarla de su cuerpo. Pronto estuve sobre su teta derecha y después la izquierda. Ella no se inmutaba. Yo envalentonado por la profundidad de su sueño, descubrí sus pezones. Los acaricie con la calentura de un hombre y con la sorpresa de quien descubre. Mi pija estaba tan dura como toda la temporada estival.
Desprendí mis bermudas y saque la pija. Ya no me importaba si se despertaba, o tal vez era lo que quería. Me estaba pajendo vehementemente y explorando sus tetas. Primero me acerqué para sentir su respiración que a cada segundo era mas pesada, después pasé mi lengua por sus pezones. Ella no se movía.

Ahora me estaba pajeando muy fuerte. Me arrodillé en la cama y le pasaba la cabeza húmeda de mi pija por sus tetas. No sabia si tocarle la concha, porque me iban a dar unas irremediables ganas de acabar y porque ella se podría despertar.

Aminoré un poco las caricias sobre mi y las vertí sobre ella. Mi pija seguía turgente, gloriosa. Su tierno cuerpo rosado y dormido se movía milimetricamente, y me producía la fantasía de que ella se despierte y me la agarre y se la meta en la boca, o que me pida desesperada que la coja.
Otra vez nada de eso, y si su cuerpo desvanecido, sudoroso, duro de juventud y blando de relajación.
Le pase la pija por la panza, y después por la bombacha. Se la deja mojada. Con la mano izquierda, siempre arrodillado al lado de ella, volví a pajearme y con la mano derecha le acariciaba la concha, muy pero muy suavemente. Ella otra vez se movió y mi corazón galopaba.
Me animé a correrle la bombacha y ahí estaba todo eso mágico que solo había estado vivo en mis fantasías. La prolongación majestuosa de algún dios bondadoso y el infierno mismo todo junto quemándose en un olla donde vamos todos a morir.
Tenia algunos pelitos evidentemente recortados con tijera y unos labios en forma de mariposa. Una mariposa rosa, como todo su esencia. Me puse saliva en los dedos, y de a poco fui entrando. Ella seguía supuestamente dormida, pero empezó a abrir y flexionar sus piernas. No abría los ojos, pero mas entraban mis dedos en su concha y mas levantaba las rodillas. Cuando tuve dos dedos dentro de ella, ella ya estaba como una ranita dada vuelta.
Con mi mano izquierda entrelace los dedos con los de su mano derecha y me la traje para refregarmela por la pija.

Nunca había durado tanto, ya habría acabado tres veces en otra oportunidad, pero eso me volvía loco y me gustaba hacerlo durar. Ella empezó a respirar mas fuerte y se metió la mano izquierda bajo la bombacha. Nuestras manos se encontraron en el mismo sitio rebozante de humedad. Yo ya sentía mi leche que venia pidiendo salir durante minutos cuando Rochi abrió los ojos bien grandes y me empezó a mirar la pija con una cara desconocida de calentura.

Mirándome se soltó de la mano entrelazada y se agarró de la otra que tenia entre las piernas, y mientras me la empujaba mas adentro de su concha con la otra me empezó a pajear fervorosamente.

Yo no puede aguantar mas, con la mano libre le metí los dedos en la boca mientras empezaba a acabar. Rochi se tiraba mi leche encima suyo mientras yo temblaba como un idiota. Fueron contracciones profundas y disparos cargados de semen que cubrieron la humanidad de mi prima que presionaba con fuerza mi mano para entrar mas y mas dentro suyo.

Ay! que lindo acabas primito! me llenaste de leche! - Dijo con voz de dormida o de borracha.

Avergonzado me fui para el baño, pero con la certeza que en los días siguientes todo iba a empeorar...¡Para mi bien!

Mi prima me espia.
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La conchita no la doy.
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Una despedida como todas
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La hermana dormida.
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El experimento.
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En una playa nudista
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