Habiendo algo de confianza con él, mi esposa le dejó entrever que era posible llegar a la cama si el aceptaba que yo estuviera presente.

Yo no podía creer que algo así estaba por ocurrir, ya que era a esa altura mi mayor fantasía.

Acordaron entonces el encuentro, con la condición de que si alguno se sentía incomodo frenábamos todo.

La otra condición era que yo no participaba activamente, solo miraba. Lo cual era justamente lo que deseaba.

La noche pactada llegamos a un hotel los tres, repasando previamente las reglas.

Ya en la habitación, se produjeron unos momentos de cierta tensión, de alguna manera nadie se animaba a dar el primer paso.

Me senté en una silla algo alejada y ellos se sentaron en el borde de la cama, casi de espaldas a mí. Entonces el amigo de mi esposa le paso la mano sobre el hombro y la atrajo hacia el, comenzando a susurrarle cosas al oído y a darle pequeños besos en la mejilla.

Estuvieron así un ratito hasta que de pronto advertí que la otra mano estaba acariciando la entrepierna de mi mujer, la cual se dejaba hacer, incluso entreabriendo tímidamente los muslos para que el avanzara hacia su concha.

En ese momento sentí la primera emoción de la noche, un estremecimiento de excitación que me recorrió el cuerpo hasta llegar a los testículos. Me costaba creerlo, pero ahí estaba, frente a mi, mi mujer con los dedos de otro tipo abriéndose paso bajo su tanga.

Al cabo de unos minutos de caricias y besos se separaron para tirarse entonces sobre la cama, ya completamente desinhibidos. Entre juegos y risas se quitaron algo de ropa. Mientras mi esposa se acomodaba recostada a las almohadas y levantaba la cola para que le quitaran la bombacha me miró sonriente y divertida.

En ese momento yo había abierto mi pantalón y tenia el pene, completamente parado entre mis manos.

Parece que te está gustando, ¿verdad? - Me dijo.

Claro, mucho. - le contesté yo - ¿y a vos?

También!! Y me va a gustar más todavía dentro de un rato.

Siguieron entonces los juegos, y su amigo se dedico a chuparle la concha durante un rato, cosa que ella retribuyo luego chupandole la pija a él.

Ese fue otro momento de gran excitación, era una locura, mi esposa con la pija de un tipo en su boca, viendo el miembro brillar por la saliva de ella. Era calentura mezclada con celos, rabia, arrepentimiento, no se. Pero la excitación era más grande que todo lo demás.

Tuve que hacer un esfuerzo para no terminar en ese momento mi paja.

Como pueden imaginarse aun faltaba un momento especial, verla cuando se tendió boca arriba con las piernas abiertas y las rodillas flexionadas esperando la penetración.

Me acerque a ella y le dije

¿Deseas tenerla adentro?

Siiiiiii !! – me dijo – ¿Estas disfrutando? ¿Ya te pajeaste?

Todavía no terminé, para disfrutar esta parte.

Entonces él se agarro la pija y la apuntó a su conchita mojada.

Al entrar ella lanzó un gemido delicioso, moviendo sus caderas para recibir lo mas adentro posible a su amante.

Notar como se movía buscando disfrutar de la penetración fue demasiado para mi y la paja llegó a la culminación en medio de un tremendo orgasmo.

Ella debió sentir los jadeos que acompañaron mi eyaculación porque dio vuelta la cara hacia mi y me miró con una gran sonrisa. En medio de la calentura todo es disfrutadle. Creo que lo mejor de la experiencia fue eso, la humillación de que sonriera viéndome ahí al lado, con mis manos chorreando semen mientras otro hombre la penetraba invadiendo hasta el ultimo rincón de su cuerpo.

Ellos siguieron cogiendo y ella ya se olvidó si yo estaba o no, se dedicó completamente a gozar y a pedir más y mas placer